"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)

jueves, 9 de abril de 2020

México: dos brujos se dan a la fuga tras estafar a varias personas.


FUENTE: El Sol de Parral





La estafa esotérica de los brujos y videntes es un fenómeno trasnacional. En todos los países se sucede un goteo de fraudes protagonizados por los “profesionales” de las “ciencias ocultas”. La última noticia que hemos conocido por los medios ha sucedido en Hidalgo del Parral (Chihuahua, México), donde una víctima acudió al “centro espiritual” y se topó con una casa abandonada, una lona y estantes vacíos; les había pagado ya una importante suma de dinero.

¿Desaparecieron los brujos por arte de magia o terrenal? Nadie vio ni escuchó el escapismo o tal vez sí eran brujos. Puede ser todo. La casa de los conjuros está vacía. Los “Hermanos Sandoval” ya no realizan ahí sus trabajos desde el pasado 30 de marzo, después de hacer sus últimas “limpias”… a los bolsillos de por lo menos 7 incautos. La casa de la colonia Las Américas fue sede de la mayor estafa de los últimos años en Parral –quizá sólo después de la del ex gobernador de Chihuahua–. Más de un millón de pesos (cerca de 38.000 euros) fue suficiente motivo para huir, según relata Christian Baeza en El Sol de Parral.

Los autodenominados “Hermanos Sandoval”, bajo el amparo de engaños, promesas de milagros, charlatanería envuelta en trabajos de espiritismo y brujería, sirvieron para estafar a por lo menos 7 personas, según se sabe hasta el momento. Se piensa que pueden ser más, pero hasta ahora sólo ellos han denunciado.

El pasado 2 de abril, los “Hermanos Sandoval” fueron señalados por una persona de haber cometido fraude, después de que les entregara 221.000 pesos en total (más de 8.000 euros) a los supuestos embaucadores, aquellos a los que desde hacía seis meses visitaba con regularidad. Para su sorpresa, el pasado 29 de marzo decidió realizar una llamada al “Maestro” Sandoval con el fin de indicarle que iría a verlo, pero éste nunca le contestó, por lo que decidió acudir hasta su “centro espiritual”.

En el lugar sólo encontró una casa vacía, una lona, un par de cortinas, las repisas donde antes se encontraban las velas… Esas que curaban todo tipo de males, ya se había apagado, se extinguieron junto con la fe del denunciante. Una puerta abierta que da a la nada… al vacío, al engaño. Vecinos del sector de Las Américas, que dijeron conocer a los ahora fugitivos, indicaron que eran personas sin malicia, pues se acercaban a conversar, y rara vez se les veía discutir o ser señalados de estafadores.

Sin embargo, todos concordaron en una cosa: “nadie vio nada”. Ésta es la respuesta que el Ministerio Publico y los afectados recibieron por parte de los vecinos de los Hermanos Sandoval, quienes, desde el pasado 29 de marzo, abandonaron su recinto sagrado como ya lo han hecho otras veces, luego reaparecerán con otro nombre y quizá con otra identidad. Esta historia se repite a lo largo de los años.

Fue tan sigilosa su salida que nadie sabía que ya no estaban. No vieron nada los vecinos, menos aún sospechar que se hubieran ido sin despedirse. Según datos proporcionados por la Fiscalía, ni el mismo dueño supo cuándo abandonaron el lugar. Nadie vio una mudanza, a los hermanos sacar sus cosas de la vivienda. Simplemente desaparecieron.

México fue un campo fértil para la secta estadounidense Nxivm.


FUENTE: Milenio





Por cortesía de la editorial Grijalbo, el medio mexicano Milenio ha publicado el prólogo que Alfredo C. Villeda escribió para el libro Nxivm. La secta que sedujo al poder en México, de Juan Alberto Vázquez.

El inglés medieval, en alguna variante de su época, comenzó a usar en el siglo XIV la palabra secta, que desde el latín tiene una con-notación religiosa, como un cuerpo eclesiástico organizado, pero también se refería a una facción con una forma específica de vida poco ortodoxa. Secte y secta se convirtieron en sect para distinguir a un culto percibido a menudo como extremista, de acuerdo con el diccionario Merriam-Webster, mientras que en español la tercera acepción de la Real Academia define, a partir del latín también, una “comunidad cerrada que promueve o aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos”.

De cultos y sectas algo sabe Estados Unidos, donde incluso figuras de alto perfil público son seducidas por falsos profetas con una característica en común: son maestros de la manipulación, lo que les permite ampliar de forma exponencial sus filas con gente dispuesta a ser parte de una comunidad fuera de lo común, a la que aportan sus distintas habilidades. De la Cienciología a los davidianos, pasando por la familia victimada de Sharon Tate, la tradición exhibe un crisol de barbaridades y abusos cometidos en nombre de sujetos particulares: L. Ron Hubbard, David Koresh, Charles Manson...

Estos personajes ejercen una fascinación descomunal en el imaginario. Nadie puede poner en duda que sus historias son extraordinarias en el sentido de poseer una alta dosis de circunstancias insólitas, tantas como las que rodean a los asesinos seriales, en los que esa nación es pródiga también, y basta recordar el magnetismo de uno célebre a la fecha como Ted Bundy, un auténtico rockstar entre esas trastornadas mentes asesinas. La combinación de novedad, interés público, oportunidad y atención general hace de estos sujetos un banquete periodístico, y los medios, por eso, no pueden ser ajenos a ellos.

Ese factor reunió en el verano de 2019 a decenas de periodistas en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, donde fue enjuiciado Keith Raniere, el gurú del culto Nxivm, atrapado en Puerto Vallarta, México, hallado culpable de siete acusaciones por crimen organizado, fraude cibernético, tráfico sexual, obstrucción de la justicia, pornografía infantil, trabajo forzoso y robo de identidad. En las maratónicas seis semanas del proceso judicial, el investigador periodístico Juan Alberto Vázquez, instalado en la Gran Manzana, cubrió aquellas jornadas para Grupo Milenio, pero su curiosidad e inquietud naturales lo llevaron a indagar a profundidad en este episodio con la pregunta clave: ¿por qué?

En las siguientes páginas el lector encontrará, además, respuestas a varios enigmas que se quedaron en el aire después del juicio, así como detalles de otros medianamente resueltos con la sentencia: desde el oscuro origen de una leyenda urbana sobre el IQ del líder sectario, hasta su encumbramiento rodeado de esclavas sexuales asociadas en el grupo Dominus Obsequious Sororium (DOS), que significa “Maestro de las Compañeras Obedientes”, seis de las cuales tenían una pornocita de reconciliación con él cuando un comando policiaco lo capturó, todas ellas marcadas con pluma cauterizadora en sus caderas. Eran de su propiedad.

Durante sus cuarenta años fuera del alcance de la justicia, Raniere creó, en 1998, un imperio con ramificaciones en varios países y México fue un campo fértil, uno que Juan Alberto conoce y en el que busca a los personajes involucrados: juniors, periodistas, empresarios y políticos cuyos nombres aparecen no sólo en el juicio, sino en documentos oficiales, tanto del FBI como de la Fiscalía asignada al caso, que el reportero ha consultado. Pero México es también el eje conductor de esta historia criminal en la que, en cierto punto, las figuras de conspiradores y víctimas se entrecruzan y adoptan ambos estatus.

Fraudes piramidales, orgías, citas clandestinas, viajes suntuosos, trata de personas, textos incriminatorios en mensajería instantánea y manipulación de mentes débiles y vulnerables pasan a lo largo de 17 capítulos en los que el autor documenta el contexto que hizo posible esta trama de excesos. En estos están involucrados, como toda secta, un líder carismático, rebaños de ingenuos seguidores en busca de alivio a sus inseguridades por medio de la autoayuda, así como una red de complicidades desde las esferas del poder empresarial y político con ríos de dinero de por medio, invertidos y reinvertidos en faenas criminales de múltiple signo con apoyo de hipnosis, instrucción neurolingüística y sofisticados métodos de defraudación en línea.

Así es como Juan Alberto nos cuenta este pasaje de un gurú del coaching en la era digital, sustentado en una secta criminal cuyas bases, por método, son la discriminación y el sometimiento de la mujer, cuyo ocaso coincide con la explosión del movimiento feminista internacional #MeToo. La Historia y sus caprichosos ciclos.

Argentina: una madre abandona a sus hijos porque dice que está en una secta y puede matarlos.


FUENTE: El Liberal





Por segunda vez, una joven madre abandonó a sus hijos –tras violar una medida judicial y haberlos sacado de la casa de los abuelos paternos– por temor a matarlos, ya que pertenece a una secta, según reveló ella misma. La causa judicial comenzó el pasado 29 de marzo, cuando la acusada –de 30 años, residente en la ciudad de La Banda (Santiago del Estero, Argentina)– se fue de la casa donde vivía con sus cuatro hijos y los vecinos, al advertir el hecho, llamaron a la policía y pusieron en resguardo a los menores, según informa El Liberal.

En ese entonces, la Dra. Marta Elena Ovejero ordenó que la mujer sea aprehendida. Cuando los efectivos la localizaron, ella contó que se fue de la vivienda para preservar la integridad de los niños, ya que en la secta a donde va le piden hacer cosas que pueden ser peligrosas para los menores. La mujer quedó tras las rejas. Varios días después la Justicia ordenó la libertad de la acusada, pero la Dra. Ovejero –coordinadora de la Unidad de Violencia de Género e Intrafamiliar– solicitó que los menores quedaran al cuidado de su abuela paterna y que se dé intervención a la Dinaf.

El pasado 3 de abril, la Dra. Ximena Jerez –fiscal de turno por la mencionada unidad– recibió una denuncia por parte de la ex cuñada, quien contó que la acusada fue a la casa donde estaban los menores, sacó a dos de ellos y se los llevó. Tras ser ubicada, la mujer sostuvo que tenía a los niños en su poder, que estaba en la casa de una amiga en Vilmer y que no podía regresar por el aislamiento social preventivo obligatorio decretado por el Ejecutivo Nacional. Finalmente regresó a su casa con uno de los niños, y más tarde fue a la casa de su ex suegra y buscó al resto de sus hijos. Los familiares alertaron a la policía de la situación, temiendo por la integridad de los pequeños.

Ante la ausencia de uno de los menores y el miedo por lo que les pudiera hacer, la Dra. Jerez ordenó que la policía ubique a todos los niños y los restituya a la casa de la abuela paterna. Cuando la policía se llevó a los niños, la mujer entró en una crisis y debió ser asistida por miembros de una iglesia. La fiscal solicitó que sea trasladada al CIS Banda para recibir contención psicológica. Además, la representante del Ministerio Público Fiscal solicitó colaboración nuevamente a la Dinaf, para que tome conocimiento del estado de los menores.

Las sectas y el Apocalipsis.


FUENTE: Montilla Digital





Reproducimos a continuación un artículo que ha publicado recientemente el medio español Montilla Digital, escrito por Aureliano Sáinz.

Hay un cuadro en el Museo del Prado que, junto a “El jardín de las delicias” del Bosco, me parece de lo mejor que se expone en esa enorme pinacoteca. Se trata de “El triunfo de la muerte”, del pintor flamenco Pieter Brueghel que realizó en 1562. Cuando Brueghel lo realizó, habían transcurrido más de dos siglos desde que la denominada como peste negra asolara Europa, pero la memoria de esta devastación humana permanecía en el recuerdo de las generaciones posteriores.

Describir la multiplicidad de escenas que se plasman en este cuadro con una visión netamente apocalíptica es penetrar en el horror de la muerte de la que no se libra nadie, puesto que los esqueletos, en medio de un paisaje sin hierbas y de árboles secos, con sus guadañas siegan la vida de todas las personas que encuentran, mientras que las llamas del infierno arrasan el horizonte.

En vano, uno de los personajes desenvaina la espada como queriendo hacer frente a un ejército de esqueletos que no pueden morir porque ya están muertos. Otro, inútilmente, se esconde debajo de la mesa, pretendiendo escapar del campo de visión de quienes no tienen ya ojos pero que localizan a cualquiera, dado que los miembros de ese ejército alcanzan a todos los seres vivientes. Ni las canciones de amor, ni los juegos de azar, ni el máximo poder que encarnan los reyes sirven para hacer olvidar la terrible última hora que a todos espera.

Para la gente de aquella época, las espantosas epidemias que azotaban a la población no eran el resultado de ningún virus, esos organismos que hoy sabemos que tienen la estructura más sencilla de los seres vivos. Por entonces, se estaba lejos de conocer sus existencias, por lo que las pandemias se atribuían a la ira divina como resultado de los pecados cometidos por el hombre, según se clamaba desde todos los púlpitos de diferentes credos religiosos.

De este modo, el significado último de la muerte había que encontrarlo no en las leyes de la propia naturaleza, puesto que todos los seres vivos, incluidos los humanos, fallecen, sino en el pecado cometido por Adán y Eva al desobedecer el mandato divino de no comer del árbol del conocimiento. Una vez desterrados del Paraíso, ambos dos y todas sus descendencias vivirían bajo el dolor y la muerte, que solo acabaría, según las iglesias milenaristas y los movimientos sectarios, cuando llegue el Apocalipsis anunciado en el evangelio de San Juan.

Una visión del final de la vida humana imbuida por las ideas religiosas que durante la Edad Media y siglos posteriores aterrorizaban a una población cuya vida de sufrimientos marcaba a gran parte de su existencia, pero que se resignaba ante el temor de lo que acontecería tras la muerte. Una vez hecha una breve presentación del cuadro de Brueghel, y del que acabamos de ver un fragmento de tan magnífica obra, cabe preguntarse: ¿A cuento de qué traigo este terrible e impactante cuadro en estos días en los que la pandemia del coronavirus amenaza a una importante parte de la población del planeta?

He acudido a este cuadro para indicar que, en medio de la catástrofe sanitaria que sufrimos y de las múltiples informaciones que recibimos, las sectas y muchas iglesias evangélicas, mayoritariamente procedentes de Estados Unidos, están sacando provecho de esta gran crisis apelando al lógico miedo que por estas fechas asoma en la gente. Miedo que se convierte en verdadero pánico en ciertos sectores que no logran apaciguar la angustia y el terror que sufren ante la idea y la presencia de la muerte que ahora está más presente que nunca.

Tengo que apuntar que el miedo es un sentimiento primario que nace con nosotros como medio de defensa y de supervivencia y sin el cual no sobreviviríamos. Pero una cosa es el temor ante las amenazas reales o previsibles y otra es el que nace de ideas que se nos insuflan, especialmente en la infancia, etapa en la que comienza la formación de la persona y en la que todavía que no se tienen los recursos cognitivos para poder defenderse de aquellos relatos que pueden llegar a aterrorizar las mentes infantiles.

Muchos de esos miedos están construidos sobre la idea de la muerte, hecho crucial en la existencia de los seres humanos. De ahí que las sectas se nutran de personas inseguras, cargadas de miedos, con importantes problemas en sus autoestimas y que no dudan en renunciar a la libertad para entregársela a un líder, a un gurú o a una organización que te dicta todo lo que tienes que hacer a cambio de ofrecerte una supuesta seguridad, sobre todo en momentos de gran incertidumbre como acontece en los tiempos que vivimos.

Y aunque no sean muy visibles, para que comprendamos el significado que tienen las sectas en nuestro país, acudo a los datos que nos proporciona Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), quien nos dice que en España se encuentran funcionando unas 350 conocidas (puesto que hay otras que funcionan por la red) que cuentan con unos 400.000 adeptos. Una cifra verdaderamente sorprendente, pues refleja el alto número de personas psicológicamente vulnerables y dependientes de esos grupos sectarios que supuestamente las ofrecen seguridad y un sentido a la vida en estos tiempos de miedo y de angustia.

El propio Luis Santamaría nos indica que “el miedo es el arma más poderosa para los grupos que llevan años pronosticando el fin del mundo. Ahora aprovechan esta pandemia para reforzar sus argumentos, empleando la manipulación para atraer a personas que pasan por un momento de vulnerabilidad. Pero ahora, con lo que estamos viviendo y ante la incertidumbre general, estos grupos se presentan como el arca de Noé diciéndote: o con nosotros o con la muerte”. Bajo una infinidad de nombres: Testigos de Jehová, Iglesia Adventista del Séptimo Día, Iglesia Universal del Reino de Dios, Asamblea de la Victoria de Dios en Cristo, la Iglesia Mundial del Poder de Dios y un largo etcétera se extienden por distintos países, tanto de España como de Latinoamérica.

Por suerte, en la actualidad, una parte significativa de la población de nuestro país atiende a las informaciones y consejos que proporcionan los científicos y el personal sanitario especializado, de modo que adopta las precauciones debidas sabiendo que se trata de un virus que ha saltado de animales salvajes al ser humano, por lo que no disponíamos de las defensas naturales que nos protegieran de las infecciones que, tristemente, han acabado en pandemia. Pensar de este modo es lo razonable; acudir a gurús y a sectas que nos ofrezcan falsas protecciones y esperanzas no deja de ser absurdo y peligroso.

Los dos grupos “cristianos” de Corea que contribuyeron a propagar el coronavirus, en el punto de mira.


FUENTE: Aleteia

En este tiempo de pandemia del Covid-19, los medios de comunicación de todo el mundo han informado sobre dos grupos cristianos de Corea del Sur que han sido protagonistas de un contagio en masa en aquel país entre febrero y marzo de 2020. Se trata de la Iglesia de Jesús Shincheonji y de la Iglesia Central Manmin, que aborda en este artículo, publicado en Aleteia, Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

Al igual que ha sucedido en otros países, alguna información sensacionalista ha querido hacer responsables a estos movimientos de una práctica consciente de infección a gran escala de la población, cosa que resulta rotundamente falsa. Si bien es cierto que su actuación concreta ha sido negligente y han fallado en las precauciones necesarias, sería un error estigmatizar a las iglesias evangélicas –y a las agrupaciones religiosas en general– por ello.

Los lugares de culto, por ser espacios de interacción de muchas personas, han sido escenario de algunos episodios importantes de contagio antes de que se procediera a las medidas de confinamiento y cuarentena en muchos países. Ha sucedido también con algunas iglesias católicas y templos de otras confesiones religiosas.

Curiosamente, los dos grupos coreanos puestos en el punto de mira de la atención pública no son iglesias evangélicas, como se les ha denominado. Una mirada con cierta profundidad nos muestra a dos sectas que, a pesar de tener una clara impronta cristiana, se han puesto al margen de esta fe tal como se vive en el protestantismo –y en el resto de las confesiones cristianas–, proponiendo nuevas figuras mesiánicas.

La Iglesia Shincheonji: de las trabas a las disculpas

El primer grupo que apareció en los medios de comunicación fue la Iglesia de Jesús Shincheonji, también llamada “El Templo del Tabernáculo del Testimonio”, porque una adepta del movimiento fue la responsable de contagiar a un importante número de personas por asistir a los cultos en la ciudad de Daegu en febrero sin saber que tenía neumonía y Covid-19.

El Gobierno coreano pidió a la secta que suspendiera sus actos públicos, pero ésta se negó en un principio, lo que obligó a poner en cuarentena a casi 10.000 de sus miembros. Además, las autoridades tuvieron muchas dificultades para poder encontrarlos y hacerles las pruebas diagnósticas correspondientes. Finalmente, el líder del grupo, Lee Man-Hee, pidió perdón públicamente el pasado 5 de marzo, reconociendo el error y prometiendo que “haremos todo lo posible, ofreciendo todos nuestros recursos, a la hora de apoyar las medidas del Gobierno para controlar la epidemia”.

Su líder se presenta como el pastor prometido

Lee Man-Hee fundó la Iglesia Shincheonji (que significa “Nuevo Cielo y Nueva Tierra”) en 1984, después de haber abandonado otra secta coreana de origen cristiano que había caído en una gran corrupción. Interpretando todo como cumplimiento de las profecías bíblicas, se presentó como el “pastor prometido”, llamado a restaurar el verdadero cristianismo y a cumplir la verdadera alianza establecida por Jesús, algo en lo que han fracasado el resto de confesiones cristianas.

Se trata de un movimiento milenarista, que basándose en el libro del Apocalipsis anuncia la inminencia de la llegada del “milenio”, una era de mil años de paz y de reinado de Cristo a la que asistirá el propio Lee –que ahora tiene 88 años de edad– y en la que vivirán todos sus seguidores: los 144.000 predichos por el último libro de la Biblia y otra gran multitud con vestiduras blancas.

El crecimiento del grupo ha sido muy importante en los últimos tiempos. Según los datos ofrecidos por la propia secta, si en 2007 eran 45.000, en el año 2018 han llegado a la cifra de 200.000 adeptos, la mayor parte de ellos en Corea del Sur, aunque también se han establecido en otros países. Al igual que hacen otros grupos, opera a través de varias asociaciones que ha creado, la principal de las cuales es Heavenly Culture, World Peace, Restoration of Light (HWPL).

Habitualmente cuentan con grandes templos que tienen espacio para el culto y dependencias para otras actividades. Su culto semanal se basa en dos encuentros que tienen lugar los miércoles y los domingos. En cuanto a su organización interna, la Iglesia Shincheonji está dividida en “doce tribus” que la administran territorialmente.

La secta siempre ha sido objeto de polémica, ya que las confesiones cristianas coreanas la acusan de hacer proselitismo entre sus miembros. Al tratarse de un grupo con mala imagen social, los reclutadores de la secta suelen acercarse a los creyentes de otras confesiones –incluso acudiendo a sus cultos– ocultando su pertenencia y empleando otros nombres tras los que está el Tabernáculo.

Otra fuente de controversia: la Iglesia Manmin

A finales de marzo, los medios coreanos informaban de una serie de contagios de Covid-19 vinculados a otro grupo de origen cristiano. En concreto, al menos 25 adeptos de la Iglesia Central Manmin estarían infectados, según el Gobierno metropolitano de Seúl, mientras que las autoridades sanitarias hacían las pruebas preceptivas a otras muchas personas vinculadas con el movimiento. Desde comienzos del mes de marzo, la Iglesia Manmin suspendió los cultos presenciales por la situación de pandemia y los sustituyó por retransmisiones a través de Internet, pero algunos de sus miembros continuaron reuniéndose precisamente para la grabación y producción de dichos contenidos.

Al igual que Shincheonji, este grupo es uno de los muchos que han surgido a lo largo del siglo XX en Corea del Sur proponiendo una nueva visión del cristianismo, con acentos particulares añadidos por su fundador. En concreto, la Iglesia Central Manmin (que significa “Toda la Creación”) fue fundada en 1982 por Jaerock Lee (ahora con 76 años) con un pequeño número de miembros, después de haber experimentado una sanación milagrosa en una iglesia evangélica.

La secta cree en la inminencia de la segunda venida de Cristo. Mientras tanto, Lee es capaz de realizar “señales y maravillas con el Poder Más Alto de la Creación”, de forma que está equiparado en poder a Jesús. Sus seguidores afirman que muchos asistentes a sus cultos de tipo neopentecostal “han experimentado milagrosas sanidades y las poderosas obras del poder de Dios”, incluso siguiendo esos cultos a través de televisión o Internet.

La secta también ha experimentado un rápido crecimiento, pasando de ser 3.000 en 1987 a 133.000 en 2015, según sus propias estadísticas. Su difusión ha sobrepasado con mucho las fronteras coreanas e incluso asiáticas, ya que sus misiones han llegado a América, África y Europa a partir del año 2000, con grandes eventos.

La polémica ha acompañado a la Iglesia Manmin desde sus comienzos, sobre todo en sus relaciones con las confesiones protestantes más importantes. En 1990 Jaerock Lee fue excomulgado por la Iglesia de Santidad, y en 1999 su secta fue expulsada del Consejo Cristiano de Corea por razones doctrinales –aunque la Unión de Iglesias Presbiterianas de Corea refutó estas acusaciones años más tarde–.

Su líder, en prisión

La secta no sólo ha protagonizado controversias en el plano más religioso, sino también en el criminológico. Cuando en 1999 un canal de televisión coreano emitió un documental que daba a conocer episodios oscuros de Jaerock Lee y de su grupo, cientos de adeptos asaltaron la emisora provocando grandes daños y el suceso hizo necesaria una gran intervención policial. Posteriormente hubo una fuerte condena judicial.

Pero lo que más repercusión ha tenido, a nivel mundial, es la condena a Lee a 15 años de prisión por 42 cargos de delitos sexuales. Esto sucedió en noviembre de 2018, cuando un juez del Tribunal del Distrito Central de Seúl lo declaró culpable de haber violado a 8 mujeres que fueron “incapaces de oponer resistencia” al estar “sometidas a la autoridad religiosa absoluta del acusado”, según recogía la agencia AFP de las palabras del magistrado.

De esta forma, se consideró probado que Jaerock Lee había violado decenas de veces durante varios años a las 8 mujeres que lo acusaron. “En sus sermones, el acusado directa o indirectamente sugirió que era el Espíritu Santo”, afirmó el juez, añadiendo que para las víctimas el líder “era un ser divino con poderes divinos”. Desde entonces, la Iglesia Manmin parece estar dirigida por la “pastora interina” Soo Jin Lee –hija del fundador–, aunque la información oficial de la secta afirma que el líder sigue siendo el “pastor sénior” Jaerock Lee, sin referencia alguna a su presidio.

domingo, 5 de abril de 2020

España: denuncian ante la Fiscalía el vídeo de la falsa predicción de una vidente.

Que es una vidente ? Sobre natural videntes. Clarividentes ...
FUENTE: Efe

La Asociación para la Prevención y Estudio de Delitos, Abusos y Negligencias en Informática y Comunicaciones Avanzadas (APEDANICA) ha denunciado ante Fiscalía en Barcelona, el pasado 30 de marzo, un vídeo de una vidente que en un programa televisivo pronosticó una mortandad para 2020, al considerar que la grabación es falsa, tal como informa la agencia Efe.

Según ha explicado APEDANICA en un comunicado, en el vídeo, que supuestamente corresponde a una emisión del día 24 de diciembre pasado del programa “Toni Rovira y Tú” del canal 25TV, la vidente “Nube de María” pronostica que en 2020 habría “muchas pérdidas de seres queridos”, que la Tierra sufriría una “reestructuración” y que el “oxígeno” iba a “castigar” a los humanos. La asociación ha asegurado que duda, “y mucho”, de que tal vídeo fuera grabado el 24 de diciembre, “por un cúmulo de indicios” que apuntan a que fue registrado “hace mucho menos tiempo”.

En el escrito, APEDANICA habla de un “engaño viral” y sostiene que el vídeo en cuestión “no es más que un presunto fraude con una inusual publicidad que, en las actuales circunstancias del estado de alarma por el coronavirus, puede ocasionar graves perjuicios a la sociedad en conjunto”. Es por todas estas cuestiones que APEDANICA ha solicitado a la Fiscalía que abra diligencias de investigación, por si la difusión del vídeo pueda constituir delito.

El músico y actor estadounidense Jared Leto podría haber fundado una secta.

Cuando el liderazgo se vuelve peligroso: líderes de sectas
FUENTE: El Intransigente

El actor y músico estadounidense Jared Leto ha sido a menudo una figura cuestionable, principalmente cuando empezó a vestirse, hablar y caminar como Jesucristo. A lo largo de los años el artista ha sumado tanto detractores como fieles seguidores con su banda, “30 Seconds To Mars”. Pero un inquietante giro en su carrera podría indicar que la celebridad se ha arriesgado a ir aún más allá formando su propia secta, tal como informa El Intransigente.

La estrella ha comenzado un culto donde invita a sus fans a unirse a él en una isla aislada. El propio Jared Leto la ha denominado como una secta: “Sí, esto es una secta, #MarsIsland” escribió el ex Joker a través de la página de Twitter de su banda. La gente que frecuenta la isla también la llama así. Mars Island es el nombre del lugar donde Jared invita a sus confiados seguidores a unirse a él, por un precio, por supuesto.

La descripción oficial de la isla es la siguiente: “Mars Island es una experiencia de tres noches con todo incluido. Relájate y restáurate con yoga, date un chapuzón en la piscina, asiste a una proyección a medianoche o mira las estrellas”. Además de las mencionadas experiencias también se puede asistir a dos presentaciones íntimas con la banda “30 Seconds To Mars”.

Ahora, todo esto podría parecer muy inocente y un genuino retiro donde los fanáticos pueden pasar el tiempo con Jared Leto. Sin embargo, no es la isla en sí misma el aspecto preocupante, sino es el propio Jared Leto. La mayoría de los líderes de sectas son generalmente psicóticos y empiezan a creer que en realidad tienen un poder superior. Por el momento, no se puede constatar cuánto hay de juego y cuándo de veracidad en la iniciativa. Por último, el costo de la experiencia arranca a partir de unos razonables 995 dólares (sin incluir vuelos o viajes a la isla). Sin embargo, ese número puede ascender a la asombrosa cifra de 6.499 dólares, que incluye la experiencia VIP exclusiva con Jared Leto.