"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 8 de mayo de 2020

Ratzinger: el mayor peligro para la Iglesia es la masonería


Cuando era cardenal, el Papa Benedicto dijo que la masonería es el mayor peligro para la Iglesia

La conversación ocurrió "unos años antes de que se convirtiera en Papa".

4 de mayo de 2020 - El Dr. Robert Moynihan, el editor en jefe de la revista católica Inside the Vatican, reveló el 23 de abril que una vez tuvo una conversación con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (que luego se convirtió en el Papa Benedicto XVI) sobre el "mayor peligro para la Iglesia", y cuenta que Ratzinger dijo: "Es la masonería". Estas palabras tienen una importancia especial a la luz de las recientes palabras del Papa Benedicto sobre la "dictadura mundial de ideologías aparentemente humanistas" que están fomentando un "miedo al poder espiritual del Anticristo".

Consideremos primero el informe completo de Moynihan sobre esa memorable conversación. 

"Recuerdo una conversación que tuve con el entonces cardenal Ratzinger unos años antes de que se convirtiera en Papa", escribe Moynihan en su sitio web. "Estábamos en su apartamento, no lejos de la puerta de Santa Ana. Estábamos discutiendo su conflicto con el cardenal Walter Kasper sobre la cuestión de la Iglesia Universal y la Iglesia particular, que estaba muy presente en los medios de comunicación en ese momento. Le pregunté al cardenal dónde estaba el mayor peligro para la auténtica fe católica. "¿Está en nosotros mismos, en nuestros propios pecados y debilidades. ¿Es esto lo que es el mayor peligro para la Iglesia o es otra cosa, algún enemigo externo?"


Moynihan continúa: "Me miró directamente a los ojos y después de un momento de pausa, como si estuviera reflexionando, dijo: 'Es la masonería'."

"Nunca olvidé esa conversación ya que fue un punto fijo que llevó a la conclusión de una larga serie de preguntas que me habían preocupado hasta esa reunión y que me han preocupado desde entonces."

Este informe nos llega porque el Dr. Moynihan recibió una carta de uno de sus lectores preocupado por el hecho de que en los últimos tiempos, los masones están haciendo intentos de socavar la prohibición de la Iglesia Católica sobre la masonería.

Esta revelación del Dr. Moynihan es especialmente importante a la luz del hecho de que el Papa Benedicto XVI, en recientes comentarios a su biógrafo Peter Seewald, habló del "poder espiritual del Anticristo" del que muchos temen, especialmente cuando se opone a la agenda moderna de aborto, homosexualidad y fertilización in vitro. Habló de una "dictadura mundial de ideologías aparentemente humanistas".

"Hoy en día, uno está siendo excomulgado por la sociedad si se opone a ella [esta 'dictadura']", dijo Benedicto a Seewald para su nuevo libro Benedicto XVI: una vida (publicado primero en alemán por Droemer Verlag).

"La sociedad moderna está en medio de la formulación de un credo anticristiano, y si uno se opone a él, está siendo castigado por la sociedad con la excomunión", continuó diciendo. "El temor a este poder espiritual del Anticristo es entonces más que natural, y realmente necesita la ayuda de las oraciones de toda una diócesis y de la Iglesia Universal para resistirlo."

Para entender de dónde provienen ciertos elementos de esta "dictadura mundial", podemos recurrir al obispo Athanasius Schneider, quien dio, en 2017, una charla sobre los 300 años de historia de la masonería. Dio esta charla para la organización Kirche in Not, una Fundación Pontificia. El obispo Schneider ha tenido la amabilidad de proporcionar a LifeSiteNews un manuscrito en inglés de esta charla.

En esta charla, el obispo Schneider describió las características de la masonería basándose en múltiples fuentes académicas. Después de describirlas en detalle, concluyó: "De hecho, la masonería es la perfecta anti Iglesia, donde todos los fundamentos teológicos y morales de la Iglesia Católica se convierten en su opuesto! Un francmasón le dijo a su hermana en una charla privada lo siguiente: "¿Sabes lo que somos los masones de hecho? Somos la anti-Iglesia.'"

Según el obispo Schneider, la masonería también promovió "la llamada 'revolución sexual' de 1968". Él lo explica: "Los dos Gran Maestros de las dos organizaciones masónicas más grandes de Francia, Frédéric Zeller y Pierre Simon, estuvieron con algunos de sus miembros activamente comprometidos en las revueltas estudiantiles de París en mayo de 1968. El mencionado Gran Maestro Pierre Simon se convirtió entonces en asesor del ministro Simone Weil, que legalizó el aborto en Francia".

Exponiendo más a fondo este tema, el obispo Schneider afirma que los masones fueron cruciales en la promoción del aborto, el "matrimonio" entre personas del mismo sexo y la eutanasia en Francia. 

Aquí, Schneider señala que "en 2012, el periódico parroquial Le Figaro publicó un amplio dossier sobre la masonería y Le Figaro dejó que los principales miembros masónicos hablaran en su foro de periódicos. Uno de estos funcionarios masónicos declaró abiertamente que las leyes sobre la legalización del aborto, el llamado "matrimonio del mismo sexo" o "matrimonio para todos" y de la eutanasia se prepararon en los idealistas "laboratorios" masónicos y que fueron entonces, con la ayuda de los grupos de presión y de sus miembros en el parlamento y en el gobierno, impulsaron la legislación". 

El obispo Schneider también da la referencia exacta a este número del periódico francés, diciendo que "esto se puede leer en el periódico Le Figaro del año 2012 (supplément LE FIGARO, 20-21 Juillet 2012)".

El entonces cardenal Ratzinger estaba ya en los años 80 tan preocupado por la naturaleza y el trabajo de la masonería que elaboró una declaración para la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que era entonces Prefecto, que repetía la antigua prohibición de la Iglesia sobre la masonería. Es decir, reiteró que los católicos no pueden ser miembros de la masonería. El 26 de noviembre de 1983, Ratzinger firmó un documento que decía: "Por lo tanto, el juicio negativo de la Iglesia con respecto a la asociación masónica permanece inalterado ya que sus principios siempre se han considerado irreconciliables con la doctrina de la Iglesia y, por lo tanto, la pertenencia a ella sigue estando prohibida". Los fieles que se inscriben en las asociaciones masónicas están en un estado de grave pecado y no pueden recibir la Sagrada Comunión."

Este documento nació porque el nuevo Código de Derecho Canónico que se promulgó ese año bajo el Papa Juan Pablo II sorprendentemente carecía de una prohibición explícita de la masonería. No menciona a la masonería por su nombre cuando dice: "Una persona que se une a una asociación que conspira contra la Iglesia debe ser castigada con una pena justa; una persona que promueve o toma el cargo en tal asociación debe ser castigada con un interdicto."

El Dr. Ingo Dollinger jugó un papel importante en la restauración de la prohibición de la masonería en 1983. Era un sacerdote alemán de Augsburgo que había dirigido las discusiones entre la Conferencia Episcopal Alemana y las logias masónicas entre 1974 y 1980, al final de las cuales se encontraba la declaración de los obispos alemanes de que la pertenencia a una logia masónica es "incompatible" con la fe católica (ver este  informe para una descripción más detallada del padre Dollinger). Según su secretario privado, Dollinger, tras ver la ambigüedad del Código de Derecho Canónico de 1983, se dirigió entonces al cardenal Ratzinger, quien creó una comisión para que emitiera la aclaración mencionada, con la aprobación del Papa Juan Pablo II.

Así, esta declaración del CDF de 1983 insistiendo en que la masonería es incompatible con la fe católica es una prueba más de que el cardenal Ratzinger, de hecho, estaba al tanto de la labor de la masonería. Por lo tanto, es importante saber que incluso pensó, al menos en algún momento de su vida, que la masonería era el mayor peligro para la Iglesia.


https://www.lifesitenews.com/blogs/when-he-was-a-cardinal-pope-benedict-said-freemasonry-is-the-greatest-danger-to-the-church
(https://religionlavozlibre.blogspot.com/2020/05/ratzinger-el-mayor-peligro-para-la.html?fbclid=IwAR3xtwryzfVwnZFsFXbrtpU-lYmoKBzkD7e_zsbTbN5GfBMLYHEJZ-CUKpc)

lunes, 2 de abril de 2018

11 años después resuenan las palabras de Benedicto XVI en Ratisbona sobre el Islam

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Gabriel Ariza 26 agosto, 2017

Lea el discurso íntegro de Benedicto XVI en Ratisbona, el 12 de septiembre de 2006, en el encuentro con el mundo de la cultura, titulado ‘Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones’

Eminencias,
Rectores Magníficos,
Excelencias,
Ilustres señoras y señores:


Para mí es un momento emocionante encontrarme de nuevo en la universidad y poder impartir una vez más una lección magistral. Me hace pensar en aquellos años en los que, tras un hermoso período en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad como profesor en la universidad de Bonn. Era el año 1959, cuando la antigua universidad tenía todavía profesores ordinarios. No había auxiliares ni dactilógrafos para las cátedras, pero se daba en cambio un contacto muy directo con los alumnos y, sobre todo, entre los profesores. Nos reuníamos antes y después de las clases en las salas de profesores. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y naturalmente también entre las dos facultades teológicas eran muy estrechos. Una vez cada semestre había un dies academicus, en el que los profesores de todas las facultades se presentaban ante los estudiantes de la universidad, haciendo posible así una experiencia de Universitas —algo a lo que hace poco ha aludido también usted, Señor Rector—; es decir, la experiencia de que, no obstante todas las especializaciones que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones, colaborando así también en la común responsabilidad respecto al recto uso de la razón: era algo que se experimentaba vivamente. Además, la universidad se sentía orgullosa de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionabilidad de la fe, realizan un trabajo que forma parte necesariamente del conjunto de la Universitas scientiarum, aunque no todos podían compartir la fe, a cuya correlación con la razón común se dedican los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón no se alteró ni siquiera cuando, en cierta ocasión, se supo que uno de los profesores había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad estaba fuera de discusión que, incluso ante un escepticismo tan radical, seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que esto debía hacerse en el contexto de la tradición de la fe cristiana.

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos.[1] Probablemente fue el mismo emperador quien anotó ese diálogo durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402. Así se explica que sus razonamientos se recojan con mucho más detalle que las respuestas de su interlocutor persa.[2] El diálogo abarca todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero también, cada vez más y necesariamente, en la relación entre las «tres Leyes», como se decía, o «tres órdenes de vida»: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. No quiero hablar ahora de ello en este discurso; sólo quisiera aludir a un aspecto —más bien marginal en la estructura de todo el diálogo— que, en el contexto del tema «fe y razón», me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre esta materia.

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de fe». Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: «Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba».[3] El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (συν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma racional no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona».[4]

En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios.[5] El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad.[6] En este contexto, Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su propia palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si él quisiera, el hombre debería practicar incluso la idolatría. [7]

A este propósito se presenta un dilema en la comprensión de Dios, y por tanto en la realización concreta de la religión, que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda consonancia entre lo griego en su mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia. Modificando el primer versículo del libro del Génesis, el primer versículo de toda la sagrada Escritura, san Juan comienza el prólogo de su Evangelio con las palabras: «En el principio ya existía el Logos». Ésta es exactamente la palabra que usa el emperador: Dios actúa «συν λόγω», con logos. Logos significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero precisamente como razón. De este modo, san Juan nos ha brindado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra con la que todos los caminos de la fe bíblica, a menudo arduos y tortuosos, alcanzan su meta, encuentran su síntesis. En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de san Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que en sueños vio un macedonio que le suplicaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos» (cf. Hch 16, 6-10), puede interpretarse como una expresión condensada de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y el filosofar griego.

En realidad, este acercamiento había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios pronunciado en la zarza ardiente, que distingue a este Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres, y que afirma de él simplemente «Yo soy», su ser, es una contraposición al mito, que tiene una estrecha analogía con el intento de Sócrates de batir y superar el mito mismo. [8] El proceso iniciado en la zarza llega a un nuevo desarrollo, dentro del Antiguo Testamento, durante el destierro, donde el Dios de Israel, entonces privado de la tierra y del culto, se proclama como el Dios del cielo y de la tierra, presentándose con una simple fórmula que prolonga aquellas palabras oídas desde la zarza: «Yo soy». Juntamente con este nuevo conocimiento de Dios se da una especie de Ilustración, que se expresa drásticamente con la burla de las divinidades que no son sino obra de las manos del hombre (cf. Sal 115). De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía desde sí misma al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después tuvo lugar especialmente en la literatura sapiencial tardía. Hoy sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento —la de «los Setenta»—, que se hizo en Alejandría, es algo más que una simple traducción del texto hebreo (la cual tal vez podría juzgarse poco positivamente); en efecto, es en sí mismo un testimonio textual y un importante paso específico de la historia de la Revelación, en el cual se realizó este encuentro de un modo que tuvo un significado decisivo para el nacimiento y difusión del cristianismo.[9] En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fusionado con la fe, Manuel II podía decir: No actuar «con el logos» es contrario a la naturaleza de Dios.

Por honradez, sobre este punto es preciso señalar que, en la Baja Edad Media, hubo en la teología tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraste con el llamado intelectualismo agustiniano y tomista, Juan Duns Escoto introdujo un planteamiento voluntarista que, tras sucesivos desarrollos, llevó finalmente a afirmar que sólo conocemos de Dios la voluntas ordinata. Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual habría podido crear y hacer incluso lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que pueden acercarse a las de Ibn Hazm y podrían llevar incluso a una imagen de Dios-Arbitrio, que no está vinculado ni siquiera con la verdad y el bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien, dejan de ser un auténtico espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inaccesibles y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraste con esto, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente —como dice el IV concilio de Letrán en 1215— las diferencias son infinitamente más grandes que las semejanzas, pero sin llegar por ello a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho de que lo alejemos de nosotros con un voluntarismo puro e impenetrable, sino que, más bien, el Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, «rebasa» el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también san Pablo, es «λογικη λατρεία», un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rm 12, 1). [10]

Este acercamiento interior recíproco que se ha dado entre la fe bíblica y el planteamiento filosófico del pensamiento griego es un dato de importancia decisiva, no sólo desde el punto de vista de la historia de las religiones, sino también del de la historia universal, que también hoy hemos de considerar. Teniendo en cuenta este encuentro, no sorprende que el cristianismo, no obstante haber tenido su origen y un importante desarrollo en Oriente, haya encontrado finalmente su impronta decisiva en Europa. Y podemos decirlo también a la inversa: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, creó a Europa y permanece como fundamento de lo que, con razón, se puede llamar Europa.

A la tesis según la cual el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana se opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, la cual domina cada vez más las discusiones teológicas desde el inicio de la época moderna. Si se analiza con atención, en el programa de la deshelenización pueden observarse tres etapas que, aunque vinculadas entre sí, se distinguen claramente una de otra por sus motivaciones y sus objetivos.[11]

La deshelenización surge inicialmente en conexión con los postulados de la Reforma del siglo XVI. Respecto a la tradición teológica escolástica, los reformadores se vieron ante una sistematización de la teología totalmente dominada por la filosofía, es decir, por una articulación de la fe basada en un pensamiento ajeno a la fe misma. Así, la fe ya no aparecía como palabra histórica viva, sino como un elemento insertado en la estructura de un sistema filosófico. El principio de la sola Scriptura, en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal como se encuentra originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto que proviene de otra fuente y del cual se debe liberar a la fe para que ésta vuelva a ser totalmente ella misma. Kant, con su afirmación de que había tenido que renunciar a pensar para dejar espacio a la fe, desarrolló este programa con un radicalismo no previsto por los reformadores. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso a la realidad plena.

La teología liberal de los siglos XIX y XX supuso una segunda etapa en el programa de la deshelenización, cuyo representante más destacado es Adolf von Harnack. En mis años de estudiante y en los primeros de mi actividad académica, este programa ejercía un gran influjo también en la teología católica. Se utilizaba como punto de partida la distinción de Pascal entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de afrontar este asunto [12] y no quiero repetir aquí todo lo que dije en aquella ocasión. Sin embargo, me gustaría tratar de poner de relieve, al menos brevemente, la novedad que caracterizaba esta segunda etapa de deshelenización respecto a la primera. La idea central de Harnack era simplemente volver al hombre Jesús y a su mero mensaje, previo a todas las elucubraciones de la teología y, precisamente, también de las helenizaciones: este mensaje sin añadidos constituiría la verdadera culminación del desarrollo religioso de la humanidad. Jesús habría acabado con el culto sustituyéndolo con la moral. En definitiva, se presentaba a Jesús como padre de un mensaje moral humanitario. En el fondo, el objetivo de Harnack era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, librándolo precisamente de elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como por ejemplo la fe en la divinidad de Cristo y en la trinidad de Dios. En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento, según su punto di vista, vuelve a dar a la teología un puesto en el cosmos de la universidad: para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y, por tanto, estrictamente científico. Lo que investiga sobre Jesús mediante la crítica es, por decirlo así, expresión de la razón práctica y, por consiguiente, puede estar presente también en el conjunto de la universidad. En el trasfondo de todo esto subyace la autolimitación moderna de la razón, clásicamente expresada en las «críticas» de Kant, aunque radicalizada ulteriormente entre tanto por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno de la razón se basa, por decirlo brevemente, en una síntesis entre platonismo (cartesianismo) y empirismo, una síntesis corroborada por el éxito de la técnica. Por una parte, se presupone la estructura matemática de la materia, su racionalidad intrínseca, por decirlo así, que hace posible comprender cómo funciona y puede ser utilizada: este presupuesto de fondo es en cierto modo el elemento platónico en la comprensión moderna de la naturaleza. Por otra, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, en cuyo caso sólo la posibilidad de verificar la verdad o falsedad mediante la experimentación ofrece la certeza decisiva. El peso entre los dos polos puede ser mayor o menor entre ellos, según las circunstancias. Un pensador tan drásticamente positivista como J. Monod se declaró platónico convencido.

Esto implica dos orientaciones fundamentales decisivas para nuestra cuestión. Sólo el tipo de certeza que deriva de la sinergia entre matemática y método empírico puede considerarse científica. Todo lo que pretenda ser ciencia ha de atenerse a este criterio. También las ciencias humanas, como la historia, la psicología, la sociología y la filosofía, han tratado de aproximarse a este canon de valor científico. Además, es importante para nuestras reflexiones constatar que este método en cuanto tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema a-científico o pre-científico. Pero de este modo nos encontramos ante una reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que es preciso poner en discusión.

Volveré más tarde sobre este argumento. Por el momento basta tener presente que, desde esta perspectiva, cualquier intento de mantener la teología como disciplina «científica» dejaría del cristianismo únicamente un minúsculo fragmento. Pero hemos de añadir más: si la ciencia en su conjunto es sólo esto, entonces el hombre mismo sufriría una reducción, pues los interrogantes propiamente humanos, es decir, de dónde viene y a dónde va, los interrogantes de la religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la «ciencia» entendida de este modo y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo. El sujeto, basándose en su experiencia, decide lo que considera admisible en el ámbito religioso y la «conciencia» subjetiva se convierte, en definitiva, en la única instancia ética. Pero, de este modo, el ethos y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto totalmente personal. La situación que se crea es peligrosa para la humanidad, como se puede constatar en las patologías que amenazan a la religión y a la razón, patologías que irrumpen por necesidad cuando la razón se reduce hasta el punto de que ya no le interesan las cuestiones de la religión y de la ética. Lo que queda de esos intentos de construir una ética partiendo de las reglas de la evolución, de la psicología o de la sociología, es simplemente insuficiente.

Antes de llegar a las conclusiones a las que conduce todo este razonamiento, quiero referirme brevemente a la tercera etapa de la deshelenización, que se está difundiendo actualmente. Teniendo en cuenta el encuentro entre múltiples culturas, se suele decir hoy que la síntesis con el helenismo en la Iglesia antigua fue una primera inculturación, que no debería ser vinculante para las demás culturas. Éstas deberían tener derecho a volver atrás, hasta el momento previo a dicha inculturación, para descubrir el mensaje puro del Nuevo Testamento e inculturarlo de nuevo en sus ambientes respectivos. Esta tesis no es simplemente falsa, sino también rudimentaria e imprecisa. En efecto, el Nuevo Testamento fue escrito en griego e implica el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento. Ciertamente, en el proceso de formación de la Iglesia antigua hay elementos que no deben integrarse en todas las culturas. Sin embargo, las opciones fundamentales que atañen precisamente a la relación entre la fe y la búsqueda de la razón humana forman parte de la fe misma, y son un desarrollo acorde con su propia naturaleza.

Llego así a la conclusión. Este intento de crítica de la razón moderna desde su interior, expuesto sólo a grandes rasgos, no comporta de manera alguna la opinión de que hay que regresar al período anterior a la Ilustración, rechazando de plano las convicciones de la época moderna. Se debe reconocer sin reservas lo que tiene de positivo el desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los progresos que se han logrado en la humanidad. Por lo demás, la ética de la investigación científica —como ha aludido usted, Señor Rector Magnífico—, debe implicar una voluntad de obediencia a la verdad y, por tanto, expresar una actitud que forma parte de los rasgos esenciales del espíritu cristiano. La intención no es retroceder o hacer una crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Porque, a la vez que nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, vemos también los peligros que surgen de estas posibilidades y debemos preguntarnos cómo podemos evitarlos. Sólo lo lograremos si la razón y la fe se reencuentran de un modo nuevo, si superamos la limitación que la razón se impone a sí misma de reducirse a lo que se puede verificar con la experimentación, y le volvemos a abrir sus horizonte en toda su amplitud. En este sentido, la teología, no sólo como disciplina histórica y ciencia humana, sino como teología auténtica, es decir, como ciencia que se interroga sobre la razón de la fe, debe encontrar espacio en la universidad y en el amplio diálogo de las ciencias.

Sólo así seremos capaces de entablar un auténtico diálogo entre las culturas y las religiones, del cual tenemos urgente necesidad. En el mundo occidental está muy difundida la opinión según la cual sólo la razón positivista y las formas de la filosofía derivadas de ella son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo consideran que precisamente esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón constituye un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas. Con todo, como he tratado de demostrar, la razón moderna propia de las ciencias naturales, con su elemento platónico intrínseco, conlleva un interrogante que va más allá de sí misma y que trasciende las posibilidades de su método. La razón científica moderna ha de aceptar simplemente la estructura racional de la materia y la correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el cual se basa su método. Ahora bien, la pregunta sobre el por qué existe este dato de hecho, la deben plantear las ciencias naturales a otros ámbitos más amplios y altos del pensamiento, como son la filosofía y la teología. Para la filosofía y, de modo diferente, para la teología, escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad, especialmente las de la fe cristiana, constituye una fuente de conocimiento; oponerse a ella sería una grave limitación de nuestra escucha y de nuestra respuesta. Aquí me vienen a la mente unas palabras que Sócrates dijo a Fedón. En los diálogos anteriores se habían expuesto muchas opiniones filosóficas erróneas; y entonces Sócrates dice: «Sería fácilmente comprensible que alguien, a quien le molestaran todas estas opiniones erróneas, desdeñara durante el resto de su vida y se burlara de toda conversación sobre el ser; pero de esta forma renunciaría a la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida». [13] Occidente, desde hace mucho, está amenazado por esta aversión a los interrogantes fundamentales de su razón, y así sólo puede sufrir una gran pérdida. La valentía para abrirse a la amplitud de la razón, y no la negación de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. «No actuar según la razón, no actuar con el logos es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II partiendo de su imagen cristiana de Dios, respondiendo a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la gran tarea de la universidad.

Notas

[1] De los 26 coloquios (διάλεξις. Khoury traduce «controversia») del diálogo («Entretien»), Th. Khoury ha publicado la 7ª «controversia» con notas y una amplia introducción sobre el origen del texto, la tradición manuscrita y la estructura del diálogo, junto con breves resúmenes de las «controversias» no editadas; el texto griego va acompañado de una traducción francesa: Manuel II Paleólogo, Entretiens avec un Musulman. 7e controverse, Sources chrétiennesn. 115, París 1966. Mientras tanto, Karl Förstel ha publicado en el Corpus Islamico-Christianum (Series Graeca. Redacción de A. Th. Khoury – R. Glei) una edición comentada greco-alemana del texto: Manuel II. Palaiologus, Dialoge mit einem Muslim, 3 vols., Würzburg-Altenberge 1993-1996. Ya en 1966 E. Trapp había publicado el texto griego con una introducción como volumen II de los Wiener byzantinische Studien. Citaré a continuación según Khoury.

[2] Sobre el origen y la redacción del diálogo puede consultarse Khoury, pp. 22-29; amplios comentarios a este respecto pueden verse también en las ediciones de Förstel y Trapp.

[3] Controversia VII 2c: Khoury, pp. 142-143; Förstel, vol. I, VII. Dialog 1.5, pp. 240-241. Lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión. Al citar el texto del emperador Manuel II sólo quería poner de relieve la relación esencial que existe entre la fe y la razón. En este punto estoy de acuerdo con Manuel II, pero sin hacer mía su polémica.

[4] Controversia VII 3 b-c: Khoury, pp. 144-145; Förstel vol. I, VII. Dialog 1.6, pp. 240-243.

[5] Solamente por esta afirmación cité el diálogo entre Manuel II y su interlocutor persa. Ella nos ofrece el tema de mis reflexiones sucesivas.

[6] Cf. Khoury, o.c., p. 144, nota 1.

[7] R. Arnaldez, Grammaire et théologie chez Ibn Hazm de Cordoue, París 1956, p. 13; cf. Khoury, p. 144. En el desarrollo ulterior de mi discurso se pondrá de manifiesto cómo en la teología de la Baja Edad Media existen posiciones semejantes.

[8] Para la interpretación ampliamente discutida del episodio de la zarza que ardía sin consumirse, quisiera remitir a mi libro Einführung in das Christentum, Munich 1968, pp. 84-102. Creo que las afirmaciones que hago en ese libro, no obstante del desarrollo ulterior de la discusión, siguen siendo válidas.

[9] Cf. A. Schenker, “L’Écriture sainte subsiste en plusieurs formes canoniques simultanées”, en: L’interpretazione della Bibbia nella Chiesa. Atti del Simposio promosso dalla Congregazione per la Dottrina della Fede, Ciudad del Vaticano 2001, pp. 178-186.

[10] Este tema lo he tratado más detalladamente en mi libro Der Geist der Liturgie. Eine Einführung, Friburgo 2000, pp. 38-42.

[11] De la abundante bibliografía sobre el tema de la deshelenización, quisiera mencionar especialmente: A. Grillmeier, “Hellenisierung – Judaisierung des Christentums als Deuteprinzipien der Geschichte des kirchlichen Dogmas”, en: Id., Mit ihm und in ihm. Christologische Forschungen und Perspecktiven, Friburgo 1975, pp. 423-488.

[12] Publicada y comentada de nuevo por Heino Sonnemanns (ed.): Joseph Ratzinger-Benedikt XVI, Der Gott des Glaubens und der Gott der Philosophen. Ein Beitrag zum Problem der theologia naturalis, Johannes-Verlag Leutesdorf, 2. ergänzte Auflage 2005.

[13] 90 c-d. Para este texto se puede ver también R. Guardini, Der Tod des Sokrates, Maguncia-Paderborn 19875, pp. 218-221.
(https://infovaticana.com/2017/08/26/11-anos-despues-resuenan-las-palabras-benedicto-xvi-ratisbona-islam/)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Benedicto XVI: “Cuando la fe disminuye, crece la superstición”




Al padre Gary Thomas, exorcista de la diócesis de San José (California, Estados Unidos) – cuya formación en 2005 en el rito del exorcismo en Roma llevó al libro de Matt Baglio de 2010 “The Rite: The Making of a Modern Exorcist” y al film de 2011 “El Rito”, con Anthony Hopkins –, le gusta citar al papa emérito Benedicto XVI: “Cuando la fe disminuye, crece la superstición”.

Si queremos identificar los factores culturales que han llevado al interés creciente y a la práctica del satanismo y de otras actividades ocultas, debemos comenzar constatando el ocaso de la fe cristiana en Occidente.

El padre Jeffrey Grob, exorcista de la archidiócesis de Chicago (EE.UU.), me describió en una reciente conversación telefónica este fenómeno como un “desencanto hacia la religión organizada”. Los occidentales en general son personas impacientes e “incluso los católicos pueden ir detrás de curanderos y de alternativas a Dios, en el afán de encontrar soluciones instantáneas”.

Monsignor Patrick Brankin, exorcista de la diócesis de Tulsa, concuerda en el hecho de que el ocaso de la fe cristiana y el aumento concomitante del secularismo están promoviendo la actividad demoniaca: “En los últimos años estamos verificando más acción demoniaca”, afirmó, atribuyendo esta tendencia a una sociedad cada vea más laica, que se vuelve a las tablas Ouija, a la brujería, a la astrología, a la adivinación y a otras prácticas ocultistas que “abren las puertas al demonio”.

Los tres exorcistas creen que, respecto a hace 25 o 30 años, hay un aumento significativo del número de personas implicadas en el ocultismo, a través del satanismo, el paganismo, la idolatría o cualquier otra modalidad.

En “The Occult Roars Back: Its Modern Resurgence” [El renacimiento moderno del ocultismo], Richard Kyle, profesor de Historia y de Estudios Religiosos del Tabor College de Kansas (EE.UU.), cita a varios expertos académicos que escribieron sobre las causas del gran aumento del interés por el ocultismo. Jeffrey Russell, por ejemplo, observa que a nivel histórico “el interés por lo oculto crece significativamente en los periodos de rápido colapso social, cuando las tendencias estables dejan de dar respuestas prontamente aceptables y las personas se vuelven a otras referencias buscando garantías”.

Para Kyle, sin embargo, hay también una base de factores típicamente americana para el aumento del interés por lo oculto, propuesta por Catherine Albanese, que “subraya cómo mucha gente haya sido preparada por la cultura americana para volverse hacia sí misma y al universo buscando certezas religiosas. La tradición protestante ha tendido a apoyar la importancia del conocimiento o de la creencia en la religión. Después, el ala liberal del protestantismo modificó esta perspectiva, enfatizando la presencia de Dios en todas partes y subrayando el optimismo americano en relación con la bondad innata de la naturaleza humana. El carácter difusor del liberalismo y su falta de límites claros han ayudado a las personas a adaptarse a la idea de vivir cómodamente sin directrices religiosas rígidas”.

Albanese observa también que “la organización urbana y corporativa de la sociedad” ha fragmentado todo el sentido de la vida comunitaria. En su lugar, “la astrología ha dado a las personas un sentido de identidad” y “las ha ayudado a establecer relaciones seguras con los demás. La autoayuda ha hecho adoptar a las personas ciertas medidas para obtener la prosperidad, la salud y la felicidad en sus situaciones cotidianas. Los videntes han ofrecido curaciones físicas y orientación espiritual para hacer frente a los problemas de todos los días”.
Ted Baehr, fundador y editor de Movieguide y autor de casi una docena de libros, habló en el II Congreso Mundial de las Familias sobre el tema “Defender a los niños de la violencia de los medios de comunicación”. El experto citó al investigador Harold Bloom, de la Universidad de Yale, que analizó “el surgimiento de la América post-cristiana en su libro 'The American Religion', y afirma que el dios que adoramos somos nosotros mismos. El autor afirma que la verdadera religión de Norteamérica es el gnosticismo, una herejía elitista que combina filosofías místicas griegas y orientales y declara la necesidad del acceso a conocimientos especiales para llegar a lo más alto de los cielos”.

La intervención de Baehr incluye definiciones de las creencias que actualmente compiten con el cristianismo para obtener seguidores en Estados Unidos y en gran parte del mundo: el humanismo secular, el panteísmo, el materialismo, el nihilismo, el romanticismo, el existencialismo, el nominalismo, el idealismo, la New Age y el ocultismo.

Richard Kyle ofrece  una definición sencilla y moderna del ocultismo: “En primer lugar, el ocultismo es misterioso, va más allá del alcance del conocimiento común. En segundo lugar, es secreto y comunicado sólo a los iniciados. En tercera instancia, lo oculto se refiere a lo mágico, a la astrología y a otras presuntas ciencias que reclaman el conocimiento del secreto, de lo misterioso o de lo sobrenatural”.

¿Cuanto se ha difundido la creencia en lo oculto? Una investigación de la Gallup de 2005 ha revelado que tres americanos de cada cuatro creen en el ocultismo.

Considerando que nuestra cultura proporciona un terreno fértil para el crecimiento del satanismo y de las prácticas ocultas, miremos lo que hemos sembrado en ese suelo receptivo. Ted Baehr subraya el hecho obvio de que muchos niños no son criados en una relación de intimidad con Dios, sino entre influencias como “Natural Born Killers”, “Halloween” y “Scream”. ¿Es una exageración? Moy probablemente no. Consideremos las series televisivas de los últimos años: “The Vampire Diaries”, “True Blood”, “Buffy l'Ammazzavampiri”, “Brujas”, “Sabrina, vida de bruja”, solo por poner algún nombre, o películas de éxito como “El Exorcista” o “Rosemary's baby”, que palidecen si se comparan con filmes de la saga “Crepúsculo”, que han ingresado a nivel mundial 3.300 millones de dólares, y a las de Harry Potter, que han recaudado 7.700 millones de dólares.

Podemos también recordar videojuegos de rol de fantasía ocultista, como “Dungeons & Dragons”, de 1974, y sus muchos “herederos”, todos ligados al mundo de la brujería.

Estudios psicológicos revelan que el 60% de los adolescentes con dependencia química indica la música “death metal” como género preferido. Los textos glorifican el satanismo y el ocultismo, la anarquía, la violencia, el abuso de mujeres y niños, el asesinato, las drogas, el suicidio, el incesto, la violación y la necrofilia. Richard Ramirez, famoso asesino en serie conocido como “Night Stalker”, estaba obsesionado con la banda de heavy metal (o “death metal”) AC/DC. Satanistas adultos son conocidos por “reclutar” nuevos miembros en conciertos de este tipo de música y en convenciones de jugadores de videojuegos.

El dr. Baehr observa que la mayor parte de los niños expuestos al satanismo y al ocultismo a través de los medios de entretenimiento no se adhiere automáticamente a estos grupos, pero se vuelve insensible a los males que representan, y una minoría significativa acaba por volverse asustada y paranoica. Añade que “puede haber consecuencias a largo plazo asistiendo a material antisocial”, y que “por desgracia entre el 7% y el 11% de los adultos y hasta el 31% de los adolescentes dice querer copiar lo que ve”.
Existe también otra forma como nuestra cultura promueve la posesión demoniaca. Como explicó el padre Thomas, las personas atacadas por los demonios a menudo tienen heridas en el alma por haber sufrido abusos físicos o sexuales en  la infancia, lo que cambia su percepción de la vida y de sí mismas y su capacidad de relacionarse con los demás. “Los demonios”, dice, “están siempre buscando seres humanos con relaciones fragmentadas”.

Los demonios pueden poseer u oprimir a una persona a través de sus sentidos; necesitan una apertura que haga a la víctima vulnerable. Las “aperturas” más comunes, según el padre Thomas, incluyen el vicio de la pornografía en Internet y el uso de cocaína, metanfetaminas y otras drogas que provocan alucinaciones.

La obra “The Kingdom of the Occult”, de Walter Martin et al., traza el perfil de adolescentes de sexo masculino atraídos hacia el satanismo y el ocultismo por el hecho de ser personas psicológicamente heridas, rebeldes, hedonistas y nihilistas, que usan drogas, son solitarias y no alcanzan sus propios objetivos. Se sienten “impotentes, aisladas y víctimas”, y el satanismo les da una sensación de control, de status y de pertenencia a un grupo.

Los adultos son a menudo atraídos hacia los cultos satánicos por su elitismo, por su secretismo, por el hedonismo, por la pornografía, por la prostitución y por el deseo de adquirir poderes mágicos.

Padre Thomas indica que no debemos temer los ataques demoniacos. Tu hijo o nieto que juega a juegos de rol i tu hija o nieta que “ama” a algún personaje de “Crepúsculo” no se despertará de repente con los ojos en blanco y hablando arameo de forma fluida. El Padre Thomas recomienda sin embargo cuatro medios diarios para defendernos: una vida vivida en base a los principios morales, vida de oración, vida de fe y vida sacramental.

Haremos todos muy bien en seguir estas recomendaciones.
(artículo extraído de: http://www.aleteia.org/es/sociedad/articulo/de-que-manera-nuestra-cultura-alimenta-el-ocultismo-y-el-satanismo-5822959465791488?page=3)

sábado, 2 de marzo de 2013

Benedicto XVI y las sectas




Con motivo de la renuncia de Benedicto XVI al pontificado, Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), ha publicado una serie de tres artículos en el blog que esta institución tiene en el portal InfoCatólica exponiendo el magisterio del ahora Papa emérito sobre el fenómeno de las sectas. Los reproducimos unidos a continuación.

El pasado mes de septiembre participé en un congreso internacional que se celebraba en Marruecos y que abordaba la religión en el mundo contemporáneo y la nueva religiosidad. Allí tuve una ponencia titulada “Las sectas en el magisterio de Juan Pablo II” (en la que analicé medio centenar de afirmaciones del Papa polaco sobre este fenómeno). Después de presentarla en inglés, comencé con temor el turno de preguntas, por lo complicado que podría ser para mí contestar de forma improvisada en un idioma que no domino muy bien.

Recuerdo que la primera pregunta fue la siguiente, más o menos formulada así: “Usted nos ha expuesto lo que dijo el Papa anterior sobre el asunto de las sectas. ¿Coincide con lo que dice Benedicto XVI? ¿Qué dice el Papa actual sobre este tema?”. Mi respuesta, necesariamente breve porque no me había parado a recopilar de manera sistemática las intervenciones del pontífice alemán, fue que se da una continuidad en el análisis magisterial del fenómeno de las sectas, por lo que yo sé, debido sobre todo a la coincidencia de las fuentes que informan al obispo de Roma, que son las Iglesias locales representadas por sus obispos. Y aclaré que habría que esperar al final de su pontificado para poder hacer una valoración completa.

Ahora, después del anuncio que ha pillado por sorpresa a todo el mundo, el de la próxima renuncia al ministerio de sucesor de Pedro por parte de Benedicto XVI, ya es el momento de echar una mirada a su magisterio y comprobar qué ha dicho sobre el fenómeno sectario y la nueva religiosidad. Es verdad que quedan varios días de pontificado, así que habrá que esperar a su finalización el próximo 28 de febrero. Pero ya puede hacerse un primer acercamiento, no exhaustivo ni en profundidad, pero sí bastante panorámico, de lo que este Papa ha manifestado sobre el tema en sus enseñanzas (encíclicas, exhortaciones, discursos, mensajes, etc.).

Un prólogo: la homilía anterior al cónclave

Si se trata de ver cómo ha analizado Benedicto XVI el fenómeno de las sectas en la sociedad actual y su desafío a la Iglesia, no cabe aquí todo lo que dijo y escribió con anterioridad, siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre estos temas. Porque fueron frecuentes sus alusiones a la nueva religiosidad, al ocultismo e incluso al satanismo, sobre todo en sus artículos y entrevistas. Algo normal si se tiene en cuenta la amplitud de miras de un estudio exhaustivo de la sociedad y la cultura, del mundo globalizado en el que está presente la fe cristiana. Y no podemos pasar por alto algo que dijo como Joseph Ratzinger, pero que sirve como transición al papado, ya que fue su última intervención pública antes de acceder a la sede de Pedro: su homilía en la Misa pro eligendo Pontifice, previa al último cónclave, y que presidió el 18 de abril de 2005 como decano del Colegio Cardenalicio.

En ella trazó un panorama crítico de la situación contemporánea, y se recuerda por el uso de la expresión “dictadura del relativismo”. Frente a ella, presentó a Cristo como la única verdad. Pues bien, ese pasaje lo empezó diciendo: “¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc.”. Y, a continuación, añadió: “Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14)”.

Así podemos observar cómo, en un momento trascendental en la vida de la Iglesia católica, el entonces cardenal Ratzinger, con una encomienda de gran responsabilidad durante la sede vacante tras la muerte de Juan Pablo II, y al comentar la Palabra de Dios proclamada en la eucaristía, se fijó en el pasaje paulino de la segunda lectura para llamar a la unidad de la fe y de los diversos carismas comunitarios en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, ante los vaivenes doctrinales y las divisiones originadas por el pecado. Se trata, pues, de una valoración negativa de la religiosidad alternativa, no sólo representada por una referencia directa a las sectas, sino también por la inclusión del “vago misticismo religioso” y del “sincretismo”. Como puede verse, aparece entremezclado este fenómeno ciertamente ambiguo con el del extremo contrario, el secularismo. Esto será una constante en su magisterio.

Entrando ya en su pontificado, tenemos que echar una ojeada, en primer lugar, a las encíclicas que ha escrito. En ninguna de las tres aparece el tema de las sectas, ni directa ni indirectamente. Por lo que se ha dicho estos días, parece que ha quedado pendiente su cuarta carta encíclica, la dedicada a la fe. Habrá que estar atentos, porque es un ámbito en el que sí podría caber una alusión a la nueva religiosidad, aunque desconozco cuál será su valor magisterial si se publica tras la renuncia del Papa, tal como ha señalado el portavoz de la Santa Sede.

Verbum Domini: las sectas y la Palabra de Dios

Un lugar importante donde se ha referido al fenómeno de las sectas es la exhortación apostólica Verbum Domini, que publicó en noviembre de 2010 después del trabajo que había hecho el Sínodo extraordinario de los obispos sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. En este documento, cuando Benedicto XVI llama en su n. 73 a “un particular esfuerzo pastoral para resaltar el puesto central de la Palabra de Dios en la vida eclesial”, acogiendo la propuesta sinodal de una animación bíblica de toda la actividad pastoral para que las personas puedan encontrarse con Dios, tiene en cuenta los efectos secundarios queridos de este cambio de actitud: “será también el mejor modo para afrontar algunos problemas pastorales puestos de relieve durante la Asamblea sinodal, y vinculados, por ejemplo, a la proliferación de sectas que difunden una lectura distorsionada e instrumental de la Sagrada Escritura”.

La referencia es clara, y apunta a las sectas de impronta cristiana, las que se basan en la Biblia y confunden a los fieles cristianos con una interpretación errónea. Y es aquí donde el desafío para la Iglesia es diáfano, y el Papa lo señala de forma directa: “allí donde no se forma a los fieles en un conocimiento de la Biblia según la fe de la Iglesia, en el marco de su Tradición viva, se deja de hecho un vacío pastoral, en el que realidades como las sectas pueden encontrar terreno donde echar raíces”. Para evitar este vacío pastoral el obispo de Roma propone dos vías: una mayor preparación de los agentes (sacerdotes y laicos) y la difusión de pequeñas comunidades –vinculadas a las parroquias o a los nuevos movimientos eclesiales– donde se conozca, se lea y se ore la Palabra de Dios.

Un desafío en África

Después de haber visto cómo aborda Benedicto XVI el desafío que las sectas plantean a la pastoral de la Iglesia desde el punto de vista de la Sagrada Escritura, acerquémonos a otra exhortación apostólica postsinodal en la que también aparece el tema. Estamos hablando, pues, de un documento con el mismo valor magisterial que tenía el anterior. Se trata de la exhortación Africae munus, publicada en 2011, dos años después de la celebración de la asamblea especial para África del Sínodo de los obispos. El tratamiento del fenómeno sectario en este texto puede sorprender a muchos, ya que está extendida la idea de que el continente más afectado por las sectas desde la perspectiva eclesial es América del Sur, pero aquí nos damos cuenta de la magnitud de este problema en África.

El Papa alemán dedica un número completo de Africae munus a este tema. Así, leemos que “en África han surgido también en los últimos decenios muchos movimientos sincretistas y sectas” (n. 91), y que “a veces es difícil discernir si son de inspiración auténticamente cristiana o simplemente fruto del capricho de un líder que pretende poseer dones excepcionales”, dando pie a la confusión de la gente. ¿Los factores que provocan este florecimiento? Se refiere a tres, tanto sociales como eclesiales: “estructuras estatales en elaboración, la erosión de la solidaridad familiar tradicional y una catequesis insuficiente”. Es en este contexto en el que “numerosas sectas explotan la credulidad y ofrecen un respaldo religioso a creencias religiosas multiformes y heterodoxas no cristianas. Destruyen la paz de los cónyuges y sus familias a causa de falsas profecías y visiones. Seducen incluso a los políticos”. El panorama es, pues, bastante negativo.

Después de este sintético repaso de la realidad y juicio severo, Benedicto XVI plantea a la Iglesia la necesidad de actuar, de responder al desafío de las sectas. “La teología y la pastoral de la Iglesia debe individuar las causas de este fenómeno, no sólo para frenar la ‘sangría’ de fieles de las parroquias que se van a otros grupos, sino también para constituir la base para una respuesta pastoral apropiada, en vista de la atracción que estos movimientos ejercen sobre ellos. Esto significa, una vez más: evangelizar en profundidad el alma africana”. Como dijo repetidamente Juan Pablo II en tantas ocasiones, lo verdaderamente importante no es que las sectas sean una competencia religiosa para la Iglesia católica, sino que han de verse como un resorte para plantearse en serio el reto de la nueva evangelización, de hacer que la persona pueda tener una experiencia de encuentro con Cristo.

En otro lugar de la exhortación, cuando se dirige de forma directa a los jóvenes africanos, enumera algunas realidades negativas ante las que se encuentran, cuando señala que “pueden tentaros reclamos de todo tipo: ideologías, sectas, dinero, drogas, sexo fácil o violencia” (n. 63). Y les advierte, seguidamente: “estad alerta: quienes os hacen estas propuestas quieren destruir vuestro porvenir”. Como antídoto, el Papa los llama a una madurez integral, explicando que “para alcanzar el discernimiento, la fuerza necesaria y la libertad para resistir a esas presiones, os animo a poner a Jesucristo en el centro de toda vuestra vida mediante la oración, y también mediante el estudio de la Sagrada Escritura, la práctica de los sacramentos, la formación en la Doctrina social de la Iglesia, así como a participar de manera activa y entusiasta en las agrupaciones y movimientos eclesiales”.

Aunque no emplee más el término “sectas”, sí se refiere en este documento a otras realidades relacionadas, y que podemos englobar bajo el término complejo y amplio de “nueva religiosidad”. En primer lugar, habla en el n. 90 de las denominadas “iglesias autóctonas africanas” o grupos cristianos independientes, que han surgido del seno de las Iglesias históricas asumiendo rasgos propios del alma del continente. Es un verdadero desafío ecuménico, porque introducen elementos nuevos en este empeño por la búsqueda de la unidad de los cristianos, y es necesario el discernimiento. Aunque el pontífice no lo comenta, es cierto que se hace difícil distinguir el carácter cristiano o no de cada movimiento, si se ha de catalogar como comunidad eclesial, como secta o como realidad sincretista.

Además, Africae munus contiene una valoración de las llamadas “religiones tradicionales africanas” (n. 92), siguiendo los criterios principales del acercamiento católico a las religiones no cristianas. Benedicto XVI señala que se trata de una amalgama de elementos espirituales que forman el humus en el que viven su fe los cristianos africanos, por lo que es preciso conocer “los verdaderos puntos de ruptura”, distinguiendo qué es cultura y qué es culto en cada momento y lugar. Eso sí, hay que rechazar de forma tajante “los elementos mágicos, causa de división y ruina en la familia y en la sociedad”. Junto a esta valoración negativa encontramos también una llamada a aprovechar lo que no contradiga a la fe cristiana, con vistas a la inculturación del evangelio, por lo que la Iglesia podría examinar “ciertos elementos de las culturas tradicionales africanas que son conformes con las enseñanzas de Cristo”.

Acto seguido, en el n. 93 el Papa observa la vinculación entre esta religiosidad africana y el fenómeno contemporáneo que se constata de “un cierto recrudecer de la hechicería. Renacen los temores y se crean lazos de sujeción paralizante. Las preocupaciones sobre la salud, el bienestar, los niños, el clima, la protección contra los malos espíritus, llevan en ocasiones a recurrir a prácticas tradicionales de las religiones africanas que están en desacuerdo con la enseñanza cristiana”. Se señala, a continuación, cuál es el reto, y cuál ha de ser la respuesta de la Iglesia: “el problema de la ‘doble pertenencia’ al cristianismo y a estas religiones sigue siendo un desafío. Para la Iglesia en África, es necesario guiar a las personas a descubrir la plenitud de los valores del Evangelio, mediante la catequesis y una profunda inculturación. Conviene determinar cuál es el significado profundo de las prácticas de brujería, identificando las implicaciones teológicas, sociales y pastorales que conlleva este flagelo”.

Palabras para Iberoamérica

Hemos visto la forma en la que Benedicto XVI ha aludido a las sectas en relación con la Palabra de Dios (exhortación Verbum Domini) y en el concreto contexto africano (exhortación Africae munus). Si, como he señalado en los artículos anteriores, se trata de las referencias de valor magisterial más destacado, no son las que ganan en cantidad. Éstas, como puede adivinar el lector que tenga algún conocimiento de la realidad de la Iglesia católica en el mundo, son las referentes a Iberoamérica (concretamente al continente suramericano, descontando a España y Portugal).

A lo largo de su pontificado, y sobre todo en los encuentros que ha tenido el pontífice con los obispos de aquella región en sus visitas ad limina apostolorum, las palabras del Papa sobre el fenómeno de las sectas y su desafío a la comunidad eclesial se han repetido, y aunque no tienen el mismo valor doctrinal que las exhortaciones apostólicas postsinodales, nos muestran, sin embargo, la preocupación de Benedicto XVI por este tema. Y, como dice una conocida expresión entre los vaticanistas, “de Roma viene lo que a Roma va”, es decir, que en las palabras del obispo de Roma puede adivinarse el eco de lo que previamente le han comunicado sus hermanos de las otras Iglesias locales.

Como punto de partida tenemos que señalar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), que se celebró en mayo de 2007 en Aparecida (Brasil), y que inauguró el mismo Papa. En enero de ese mismo año, al dirigirse a la Pontificia Comisión para América Latina, Benedicto XVI afirma que “los hombres y mujeres de América Latina tienen una gran sed de Dios”. Es por ello, sigue diciendo, que “cuando la fe no se alimenta de la oración y meditación de la Palabra divina; cuando la vida sacramental languidece, entonces prosperan las sectas y los nuevos grupos pseudo-religiosos, provocando el alejamiento de la Iglesia por parte de muchos católicos. Al no recibir éstos respuestas a sus aspiraciones más hondas, que podrían encontrarse en la vida de fe compartida, se producen también situaciones de vacío espiritual”.

Un mes después, les dice a los nuncios del continente, reunidos en el Vaticano para preparar el gran evento eclesial, que la presencia consolidada de la Iglesia católica en la región debe hoy tener en cuenta, entre otras cosas, “el proselitismo de las sectas y la creciente influencia del secularismo hedonista posmoderno”. Para responder a lo que denomina una vez más “desafío de las sectas”, el pontífice alude al “cuidado de los valores y la conciencia para formar laicos maduros, la educación de los jóvenes con planes vocacionales apropiados, el compromiso por informar en modo adecuado la opinión pública sobre las grandes cuestiones éticas según los principios del Magisterio de la Iglesia y una presencia eficaz en el campo de los instrumentos de comunicación”.

Todo esto se refiere al período preparatorio de la Conferencia del CELAM. Cuando Benedicto XVI viajó en mayo a Brasil, ya en el avión un periodista le preguntó por el avance de las sectas en el continente, lo que supone una “hemorragia” de fieles católicos. De forma improvisada, como suele hacer en estas ocasiones, el Papa afirmó que el “éxito de las sectas demuestra, por un lado, que hay una difundida sed de Dios, una sed de religión, las personas quieren estar cerca de Dios y buscan un contacto con Él. Y naturalmente, por otro lado, aceptan también a quien se presenta y promete soluciones a sus problemas de la vida cotidiana”. ¿Pistas del obispo de Roma? Ser más misioneros y más dinámicos al ofrecer respuestas a esa sed de Dios que tiene el ser humano, y ayudar a las personas para encontrar condiciones justas de vida, tanto en las situaciones concretas de pobreza como en las grandes cuestiones de la justicia social.

No entraremos en el análisis de lo que se dijo en la reunión episcopal continental sobre el tema, ya que se sale del objeto de este artículo, porque no es magisterio papal, pero sí a las palabras de Benedicto XVI en su visita. Por ejemplo, en su discurso a los obispos brasileños reunidos en la Catedral de São Paulo leemos que “entre los problemas que abruman vuestra solicitud pastoral está, sin duda, la cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda explicación”. Añade que “las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas –que es motivo de justa preocupación– e incapaces de resistir a las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciables porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata”.

Por fin, en su discurso de inauguración de la V Conferencia del CELAM, en el santuario mariano de Aparecida, después de señalar los principales logros positivos de las Iglesias locales iberoamericanas, el pontífice afirma que se percibe “un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo, al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudorreligiosas”.

Y al igual que este evento tuvo un prólogo, también contó con un epílogo. Un mes después de su vuelta a Roma, Benedicto XVI recibió a los representantes de la Fundación “Populorum Progressio” para América Latina y el Caribe. En su discurso leemos que “frente a la secularización, la proliferación de las sectas y la indigencia de tantos hermanos, es apremiante formar comunidades unidas en la fe, como la Sagrada Familia de Nazaret, en las que el testimonio alegre de quien se ha encontrado con el Señor sea la luz que ilumine a quienes están buscando una vida más digna”. Y, como curiosidad, en un encuentro con sacerdotes italianos en el verano de ese mismo año, les dijo en el diálogo que encontró en Brasil una Iglesia con notable vitalidad, donde “no sólo crecen las sectas”.

Después de todo esto, y como ya he dicho al comienzo, las referencias repetidas del Papa a este tema como preocupación pastoral las encontramos en el contexto de los discursos a los obispos iberoamericanos en sus visitas ad limina apostolorum, es decir, sus viajes periódicos a la Santa Sede –normalmente cada cinco años– para encontrarse con el sucesor de Pedro. A los prelados de Puerto Rico (julio de 2007) les habla del cambio religioso de los últimos tiempos, refiriéndose al “avance de las sectas o de otros grupos religiosos de amplia difusión actual” entre la población juvenil, que necesita por eso “una sólida formación religiosa”.

Cuando es el turno de los obispos costarricenses (febrero de 2008), les dice: “conocéis bien los riesgos de una vida de fe lánguida y superficial cuando se enfrenta a señuelos como el proselitismo de las sectas y grupos pseudorreligiosos, la multitud de promesas de un bienestar fácil e inmediato, pero que terminan en el desengaño y la desilusión, o la difusión de ideologías que, proclamando ensalzar al ser humano, en realidad lo banalizan”.

A los pastores de las diócesis de Guatemala (marzo de 2008) les indica que “la firmeza de la fe y la participación en los sacramentos hacen fuertes a vuestros fieles ante el riesgo de las sectas o de grupos pretendidamente carismáticos, que crean desorientación y llegan a poner en peligro la comunión eclesial”. Ante los obispos hondureños (junio de 2008) constata una vez más que “la difusión del secularismo, así como el proselitismo de las sectas, es fuente de confusión para muchos fieles, y provoca además una pérdida del sentido de pertenencia a la Iglesia”, lo que debe traer consigo una reacción eclesial de “impulsar una extensa y audaz labor de evangelización, que se apoye, más que en la eficacia de los medios materiales o de los proyectos humanos, en el poder de la Palabra de Dios, acogida con fe, vivida con humildad y anunciada con fidelidad”.

Continuamos con los obispos de Panamá (septiembre de 2008), a los que el Papa señala, entre los desafíos principales de la Iglesia en su país, “el acoso de innumerables sectas”, y traza una vez más el camino a seguir: sembrar la Palabra de Dios en los corazones para una mejor maduración en la fe. Y saliéndonos del género pero no del contexto geográfico, hay que destacar el discurso de Benedicto XVI al embajador de El Salvador ante la Santa Sede, cuando presenta sus credenciales en octubre de 2010, y el pontífice afirma que “sería extraño que los discípulos de Cristo fueran neutrales ante la presencia agresiva de las sectas, que aparecen como una fácil y cómoda respuesta religiosa, pero que, en realidad, socavan la cultura y hábitos que, desde hace siglos, han conformado la identidad salvadoreña, oscureciendo también la belleza del mensaje evangélico y resquebrajando la unidad de los fieles en torno a sus Pastores”.

Tras analizar de forma sintética las palabras de Benedicto XVI sobre las sectas y la nueva religiosidad a lo largo de su pontificado de casi ocho años constatamos, pues, una línea continua de pensamiento y una llamada clara a la nueva evangelización, con sus diversos acentos según los lugares y situaciones, como respuesta a lo que es un claro desafío a la acción misionera de la Iglesia. Como en el resto de temas, su magisterio ha sido brillante y apropiado para la situación del mundo actual y el papel de la comunidad cristiana en él. En el centro, siempre, Dios.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Benedicto XVI preocupado por el aumento de sectas


09-12-2012
El Papa Benedicto XVI expresó este domingo su preocupación por el aumento del secularismo y las sectas en América, así como por las "dolorosas situaciones" de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por el narcotráfico, y por las desigualdades y bolsas de pobreza existentes en ese continente. El Papa Benedicto XVI expresó este domingo su preocupación por el aumento del secularismo y las sectas en América, así como por las "dolorosas situaciones" de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por el narcotráfico, y por las desigualdades y bolsas de pobreza existentes en ese continente. El Papa realizó estas declaraciones ante varios miles de fieles que asistieron en la basílica de San Pedro a la misa de apertura del congreso "Ecclesia in América", que reúne desde hoy y hasta el 12 de diciembre en el Vaticano a 250 participantes, entre ellos un centenar de personalidades del continente americano. El pontífice subrayó que este congreso pretende ahondar en las propuestas surgidas del Sínodo de Obispos para América celebrado en 1997 en el Vaticano y dijo que muchos de los problemas existentes en aquel momento siguen presentes en el continente.
Entre esos problemas citó el secularismo y los "diferentes grupos religiosos" (sectas), que se expanden por todas las latitudes del continente, "dando lugar a numerosas problemáticas". También consideró "urgente" la educación y la promoción de una cultura en favor de la vida, "ante la difusión de una mentalidad que atenta contra la dignidad de la persona y no favorece ni tutela la institución matrimonial y familiar".
"¿Cómo no preocuparse por las dolorosas situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio de armamentos?", se preguntó el papa.
Benedicto XVI también mostró su preocupación por "las lacerantes desigualdades y las bolsas de pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales". Fuente: Efe

Benedicto XVI preocupado por el aumento de sectas



Preocupado y meditabundo
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09.12.2012 16:37

El Papa Benedicto XVI expresó este domingo su preocupación por el aumento del secularismo y las sectas en América, así como por las "dolorosas situaciones" de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por el narcotráfico, y por las desigualdades y bolsas de pobreza existentes en ese continente.
El Papa Benedicto XVI expresó este domingo su preocupación por el aumento del secularismo y las sectas en América, así como por las "dolorosas situaciones" de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por el narcotráfico, y por las desigualdades y bolsas de pobreza existentes en ese continente.
El Papa realizó estas declaraciones ante varios miles de fieles que asistieron en la basílica de San Pedro a la misa de apertura del congreso "Ecclesia in América", que reúne desde hoy y hasta el 12 de diciembre en el Vaticano a 250 participantes, entre ellos un centenar de personalidades del continente americano.
El pontífice subrayó que este congreso pretende ahondar en las propuestas surgidas del Sínodo de Obispos para América celebrado en 1997 en el Vaticano y dijo que muchos de los problemas existentes en aquel momento siguen presentes en el continente.
Entre esos problemas citó el secularismo y los "diferentes grupos religiosos" (sectas), que se expanden por todas las latitudes del continente, "dando lugar a numerosas problemáticas".
También consideró "urgente" la educación y la promoción de una cultura en favor de la vida, "ante la difusión de una mentalidad que atenta contra la dignidad de la persona y no favorece ni tutela la institución matrimonial y familiar".
"¿Cómo no preocuparse por las dolorosas situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio de armamentos?", se preguntó el papa.
Benedicto XVI también mostró su preocupación por "las lacerantes desigualdades y las bolsas de pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales".
Fuente: Efe

jueves, 13 de diciembre de 2012

El Vaticano y el fin del mundo: el Apocalipsis que no será



“El apocalipsis que no será”. Así se titula el artículo que ha publicado estos días en italiano el célebre diario de la Ciudad del Vaticano,L’Osservatore Romano, escrito por el jesuita argentino José G. Funes, director del Observatorio Vaticano. Por la fecha y el encabezado, cualquier lector puede suponer el asunto que aborda y su propósito: despejar las dudas al personal sobre lo relativo al fin del mundo del próximo 21 de diciembre desde la ciencia en diálogo con la fe.
Un artículo, por cierto, muy interesante, y que a día de hoy no ha sido traducido al castellano (esperaremos a la edición semanal del domingo por si hay suerte). Supongo que el padre Funes no se habrá extrañado al ver los titulares que ha provocado su colaboración en el diario oficioso de la Santa Sede, porque creo que es uno de los empleados vaticanos más “utilizados” por los medios de comunicación para tomar sus declaraciones y presentarlas como la voz oficial de la Iglesia entera, o al menos de la Sede romana. “El Vaticano descarta el fin del mundo” ha sido lo más repetido, junto a otros como “El Vaticano también desmiente…” o “La Iglesia rechaza la profecía…”. Es verdad que siempre hay algún medio que prefiere ser serio y simplemente dice lo que hay: “Astrónomo vaticano descarta…”. Mucho mejor.
¿Y qué dice en ese artículo el bueno del padre Funes? Enmarca la preocupación por el fin del mundo en las grandes cuestiones metafísicas de la humanidad y resume la profecía maya que anuncia para el 21 de diciembre “un alineamiento de los planetas y del sol con el centro de la Vía Láctea y una inversión de los polos magnéticos del campo terrestre”. ¿Y dedica largos y sesudos párrafos a desmentir tal afirmación? No, nada de eso. El jesuita, que une a sus licenciaturas en Filosofía y Teología un doctorado en Astronomía, y que tiene autoridad en el tema, no pierde el tiempo ni malgasta líneas del rotativo vaticano: “No vale la pena discutir el fundamento científico de estas afirmaciones (obviamente falsas)”.


Explica cómo entendían los mayas el espacio y el tiempo, el cosmos y la historia (con carácter cíclico y repetitivo), y señala los enigmas que nos quedan por entender del cosmos, ya que “no conocemos la naturaleza física de la materia oscura ni de la energía oscura”. El sentido de lo que existe, añade, lo da la fe. Y alude al libro del Apocalipsis y a la resurrección final: Cristo es el futuro –bueno, muy bueno– de la humanidad.
La verdad es que en poco espacio José G. Funes ha sido capaz de aclarar las cosas de forma sencilla, con una postura en la que encuentran coherencia el conocimiento científico y el sentido religioso, algo tan necesario en nuestros días. No ha necesitado toda una colección de “fragmentos de apocalipsis”, como uno que me sé yo, para desmontar falsedades y afirmar, de forma propositiva, la verdad de la fe cristiana.
Pero muchos periodistas, en este tema, han perdido una oportunidad. ¿Cuál? La de poder emplear titulares como los que he citado más arriba, pero con propiedad. Y me explico: el pasado 18 de noviembre, en su alocución semanal en la oración del Ángelus, Benedicto XVI comentó –como es su costumbre– el evangelio proclamado en la eucaristía del día, que precisamente era una parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos (Mc 13, 24-32), leído en el penúltimo domingo del año litúrgico.
El Papa dice –y el que avisa no es traidor– que “es probablemente el texto más difícil del Evangelio”. Por su temática (el futuro de la realidad, indeterminado) y por su lenguaje (simbólico y apocalíptico). Que nos lo digan a los curas, que tuvimos que predicar ese domingo sobre un texto supuestamente sombrío y pesimista, que presenta una catástrofe cósmica como señal anunciadora del día final. Sin embargo, subraya el pontífice, en este contexto terrible destaca la figura de Jesucristo como centro de todo lo que existe: “es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de los trastornos del mundo, permanece como el punto firme y estable”. Él es la Palabra de Dios por la que todo ha sido creado, y es el criterio de interpretación de toda la realidad.
Por eso llega un momento de su alocución en el que Benedicto XVI afirma: “Jesús no describe el fin del mundo, y cuando utiliza imágenes apocalípticas, no se comporta como un ‘vidente’. Al contrario, Él quiere apartar a sus discípulos –de toda época– de la curiosidad por las fechas, las previsiones, y desea en cambio darles una clave de lectura profunda, esencial, y sobre todo indicar el sendero justo sobre el cual caminar, hoy y mañana, para entrar en la vida eterna”. ¡Muy bien dicho! Aquí está la clave.
¿Pensaba el Papa en la profecía maya y los 40 millones de entradas de Google que, según el padre Funes, revelan una preocupación social? No lo sé. Más allá de la contingencia y del carácter anecdótico de algo que va a pasar a la historia dentro de escasos días, cuando llegue la fecha esperada, Benedicto XVI ha reafirmado la fe y la esperanza de los cristianos: pasará todo, menos la Palabra que es Cristo. Por eso, junto a la fe y a la esperanza también se encuentra la caridad. Porque ante Jesús “cada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. De acuerdo con esto seremos juzgados”.
En un mundo relativista e inestable, donde el sufrimiento causado por la naturaleza o por el egoísmo humano sigue enfrentándonos al misterio del mal, el Papa recuerda que “necesitamos también un fundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza”, que es el mismo Cristo, Señor del cosmos y de la historia. Toca final feliz, que no quiere decir algo de película romántica o infantil. Feliz de verdad. Esto no vende tanto para publicarlo en los medios, pero es la respuesta definitiva de la fe a los miedos que, con fundamento o sin él, sigue teniendo el hombre de todos los tiempos. ¿Habrá un fin del mundo? Sí. Porque, como continuaba el título del artículo del director del Observatorio Vaticano –que antes no he copiado en su integridad–, no es el momento del apocalipsis… “al menos por ahora”.
Luis Santamaría del Río
(extraído de infocatolica.com)