"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 21 de mayo de 2020

El apocalipsis trata de todo sobre la usurpación de la Iglesia de mi Hijo en la Tierra por Sus enemigos

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MADRE DE LA SALVACIÓN: EL APOCALIPSIS TRATA DE TODO SOBRE LA USURPACIÓN DE LA IGLESIA DE MI HIJO EN LA TIERRA POR SUS ENEMIGOS
Viernes 2 de mayo de 2014 a las 19:00 hrs.

"El Libro de la Verdad, junto con la Cruzada de Oraciones, os mantendrá enfocados en mi Hijo. Aquellos siervos consagrados leales a Él os alimentarán con el Alimento de Vida, cuando en ninguna parte pueda ser encontrado".

Mi hija, cuando la gente oye la palabra "apocalipsis", puede introducirse terror en sus corazones. Esto se debe a que muy pocos están realmente informados en cuanto a lo que esto representa. Estos tiempos han sido anunciados, como la parte final del Plan de mi Padre para unir al mundo y liberarlo de las garras del maligno, que han sido su dominio durante tanto tiempo.

La señal más importante de que el tiempo está cerca será justo antes de la Segunda Venida de mi Hijo, cuando Su crucifixión sea revivida toda de nuevo. Estas serán las señales. Así como Él fue azotado, así también Su Cuerpo - Su Iglesia en la Tierra - a través de la corrupción e infestación lo será. Entonces, tal como las espinas fueron colocadas sobre Su Cabeza, así también ellas van a ser colocadas sobre las cabezas de los líderes de Su Iglesia. Las manos de Sus siervos consagrados serán clavadas, como si fuera a la Cruz, en donde ya no serán utilizadas, en los tiempos que se avecinan, como instrumentos de los Santos Sacramentos. Del mismo modo que los clavos penetraron los Pies de mi Hijo, así también, se les prohibirá a los verdaderos servidores de Dios guiar/dirigir a las almas a lo largo de la verdadera Senda del Señor. La Crucifixión de la Iglesia de mi Hijo sobre la Tierra continuará hasta que ésta muera y, en ese día, el Cuerpo de mi Hijo, Jesucristo, ya no estará presente en la Sagrada Eucaristía. Cuando la Iglesia de mi Hijo sea destruida, entonces ¿qué camino van a seguir sus seguidores? Por tanto, si no seguís el Camino de mi Hijo, no seréis capaces de encontrar vuestro camino hacia Su Reino.

Cuando la Iglesia de mi Hijo haya sido tomada y el enemigo se siente en el trono, vosotros siempre deberéis manteneros fieles a mi Hijo. No seréis capaces de hacer esto, si aceptáis las leyes del mundo secular, como si fueran un sustituto de la Verdad.

El Libro de la Verdad, junto con la Cruzada de Oraciones, os mantendrá enfocados en mi Hijo. Aquellos siervos consagrados leales a Él os alimentarán con el Alimento de Vida, cuando en ninguna parte pueda ser encontrado. Para entonces, vosotros seréis capaces de contar los meses, como si fueran semanas y las semanas, como si fueran días porque, al sonido de la trompeta, la Nueva Jerusalén se levantará de las cenizas y la persecución terminará.

El apocalipsis trata de todo sobre la usurpación de la Iglesia de mi Hijo en la Tierra por Sus enemigos. Se referirá a la lucha por las almas. El castigo tratará sobre la Advertencia de Dios a la humanidad para abrirles sus ojos a la Verdad. El Ejército Remanente ayudará a mantener viva la llama de amor a(por) mi Hijo y, al mismo tiempo, llevará un gran respiro a las almas, del castigo que, de otro modo, les ocurriría, si no fuera por la Misericordia de mi Hijo.

Vuestra Amada Madre
Madre de la Salvación.

jueves, 9 de abril de 2020

Las sectas y el Apocalipsis.


FUENTE: Montilla Digital





Reproducimos a continuación un artículo que ha publicado recientemente el medio español Montilla Digital, escrito por Aureliano Sáinz.

Hay un cuadro en el Museo del Prado que, junto a “El jardín de las delicias” del Bosco, me parece de lo mejor que se expone en esa enorme pinacoteca. Se trata de “El triunfo de la muerte”, del pintor flamenco Pieter Brueghel que realizó en 1562. Cuando Brueghel lo realizó, habían transcurrido más de dos siglos desde que la denominada como peste negra asolara Europa, pero la memoria de esta devastación humana permanecía en el recuerdo de las generaciones posteriores.

Describir la multiplicidad de escenas que se plasman en este cuadro con una visión netamente apocalíptica es penetrar en el horror de la muerte de la que no se libra nadie, puesto que los esqueletos, en medio de un paisaje sin hierbas y de árboles secos, con sus guadañas siegan la vida de todas las personas que encuentran, mientras que las llamas del infierno arrasan el horizonte.

En vano, uno de los personajes desenvaina la espada como queriendo hacer frente a un ejército de esqueletos que no pueden morir porque ya están muertos. Otro, inútilmente, se esconde debajo de la mesa, pretendiendo escapar del campo de visión de quienes no tienen ya ojos pero que localizan a cualquiera, dado que los miembros de ese ejército alcanzan a todos los seres vivientes. Ni las canciones de amor, ni los juegos de azar, ni el máximo poder que encarnan los reyes sirven para hacer olvidar la terrible última hora que a todos espera.

Para la gente de aquella época, las espantosas epidemias que azotaban a la población no eran el resultado de ningún virus, esos organismos que hoy sabemos que tienen la estructura más sencilla de los seres vivos. Por entonces, se estaba lejos de conocer sus existencias, por lo que las pandemias se atribuían a la ira divina como resultado de los pecados cometidos por el hombre, según se clamaba desde todos los púlpitos de diferentes credos religiosos.

De este modo, el significado último de la muerte había que encontrarlo no en las leyes de la propia naturaleza, puesto que todos los seres vivos, incluidos los humanos, fallecen, sino en el pecado cometido por Adán y Eva al desobedecer el mandato divino de no comer del árbol del conocimiento. Una vez desterrados del Paraíso, ambos dos y todas sus descendencias vivirían bajo el dolor y la muerte, que solo acabaría, según las iglesias milenaristas y los movimientos sectarios, cuando llegue el Apocalipsis anunciado en el evangelio de San Juan.

Una visión del final de la vida humana imbuida por las ideas religiosas que durante la Edad Media y siglos posteriores aterrorizaban a una población cuya vida de sufrimientos marcaba a gran parte de su existencia, pero que se resignaba ante el temor de lo que acontecería tras la muerte. Una vez hecha una breve presentación del cuadro de Brueghel, y del que acabamos de ver un fragmento de tan magnífica obra, cabe preguntarse: ¿A cuento de qué traigo este terrible e impactante cuadro en estos días en los que la pandemia del coronavirus amenaza a una importante parte de la población del planeta?

He acudido a este cuadro para indicar que, en medio de la catástrofe sanitaria que sufrimos y de las múltiples informaciones que recibimos, las sectas y muchas iglesias evangélicas, mayoritariamente procedentes de Estados Unidos, están sacando provecho de esta gran crisis apelando al lógico miedo que por estas fechas asoma en la gente. Miedo que se convierte en verdadero pánico en ciertos sectores que no logran apaciguar la angustia y el terror que sufren ante la idea y la presencia de la muerte que ahora está más presente que nunca.

Tengo que apuntar que el miedo es un sentimiento primario que nace con nosotros como medio de defensa y de supervivencia y sin el cual no sobreviviríamos. Pero una cosa es el temor ante las amenazas reales o previsibles y otra es el que nace de ideas que se nos insuflan, especialmente en la infancia, etapa en la que comienza la formación de la persona y en la que todavía que no se tienen los recursos cognitivos para poder defenderse de aquellos relatos que pueden llegar a aterrorizar las mentes infantiles.

Muchos de esos miedos están construidos sobre la idea de la muerte, hecho crucial en la existencia de los seres humanos. De ahí que las sectas se nutran de personas inseguras, cargadas de miedos, con importantes problemas en sus autoestimas y que no dudan en renunciar a la libertad para entregársela a un líder, a un gurú o a una organización que te dicta todo lo que tienes que hacer a cambio de ofrecerte una supuesta seguridad, sobre todo en momentos de gran incertidumbre como acontece en los tiempos que vivimos.

Y aunque no sean muy visibles, para que comprendamos el significado que tienen las sectas en nuestro país, acudo a los datos que nos proporciona Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), quien nos dice que en España se encuentran funcionando unas 350 conocidas (puesto que hay otras que funcionan por la red) que cuentan con unos 400.000 adeptos. Una cifra verdaderamente sorprendente, pues refleja el alto número de personas psicológicamente vulnerables y dependientes de esos grupos sectarios que supuestamente las ofrecen seguridad y un sentido a la vida en estos tiempos de miedo y de angustia.

El propio Luis Santamaría nos indica que “el miedo es el arma más poderosa para los grupos que llevan años pronosticando el fin del mundo. Ahora aprovechan esta pandemia para reforzar sus argumentos, empleando la manipulación para atraer a personas que pasan por un momento de vulnerabilidad. Pero ahora, con lo que estamos viviendo y ante la incertidumbre general, estos grupos se presentan como el arca de Noé diciéndote: o con nosotros o con la muerte”. Bajo una infinidad de nombres: Testigos de Jehová, Iglesia Adventista del Séptimo Día, Iglesia Universal del Reino de Dios, Asamblea de la Victoria de Dios en Cristo, la Iglesia Mundial del Poder de Dios y un largo etcétera se extienden por distintos países, tanto de España como de Latinoamérica.

Por suerte, en la actualidad, una parte significativa de la población de nuestro país atiende a las informaciones y consejos que proporcionan los científicos y el personal sanitario especializado, de modo que adopta las precauciones debidas sabiendo que se trata de un virus que ha saltado de animales salvajes al ser humano, por lo que no disponíamos de las defensas naturales que nos protegieran de las infecciones que, tristemente, han acabado en pandemia. Pensar de este modo es lo razonable; acudir a gurús y a sectas que nos ofrezcan falsas protecciones y esperanzas no deja de ser absurdo y peligroso.

sábado, 7 de abril de 2018

San Vicente Ferrer: "En aquel tiempo -antes del fin- las mujeres vestirán como los hombres y los hombres vestirán vilmente como mujeres”

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Moda Hombre 2018.

¿El mensaje de santidad de San Vicente Ferrer, llamado “el predicador del Apocalipsis, es para nuestros días? Todo parece indicar que sí, sobre todo, en lo relativo a sus sermones sobre el Juicio Particular y a la proximidad del Juicio Final. Una profecía suya muy conocida es la siguiente: “Veréis una señal y no la conoceréis, pero advertid que en aquel tiempo las mujeres vestirán como los hombres y se portarán según sus gustos y licenciosamente y los hombres vestirán vilmente como mujeres”.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El Vaticano y el fin del mundo: el Apocalipsis que no será



“El apocalipsis que no será”. Así se titula el artículo que ha publicado estos días en italiano el célebre diario de la Ciudad del Vaticano,L’Osservatore Romano, escrito por el jesuita argentino José G. Funes, director del Observatorio Vaticano. Por la fecha y el encabezado, cualquier lector puede suponer el asunto que aborda y su propósito: despejar las dudas al personal sobre lo relativo al fin del mundo del próximo 21 de diciembre desde la ciencia en diálogo con la fe.
Un artículo, por cierto, muy interesante, y que a día de hoy no ha sido traducido al castellano (esperaremos a la edición semanal del domingo por si hay suerte). Supongo que el padre Funes no se habrá extrañado al ver los titulares que ha provocado su colaboración en el diario oficioso de la Santa Sede, porque creo que es uno de los empleados vaticanos más “utilizados” por los medios de comunicación para tomar sus declaraciones y presentarlas como la voz oficial de la Iglesia entera, o al menos de la Sede romana. “El Vaticano descarta el fin del mundo” ha sido lo más repetido, junto a otros como “El Vaticano también desmiente…” o “La Iglesia rechaza la profecía…”. Es verdad que siempre hay algún medio que prefiere ser serio y simplemente dice lo que hay: “Astrónomo vaticano descarta…”. Mucho mejor.
¿Y qué dice en ese artículo el bueno del padre Funes? Enmarca la preocupación por el fin del mundo en las grandes cuestiones metafísicas de la humanidad y resume la profecía maya que anuncia para el 21 de diciembre “un alineamiento de los planetas y del sol con el centro de la Vía Láctea y una inversión de los polos magnéticos del campo terrestre”. ¿Y dedica largos y sesudos párrafos a desmentir tal afirmación? No, nada de eso. El jesuita, que une a sus licenciaturas en Filosofía y Teología un doctorado en Astronomía, y que tiene autoridad en el tema, no pierde el tiempo ni malgasta líneas del rotativo vaticano: “No vale la pena discutir el fundamento científico de estas afirmaciones (obviamente falsas)”.


Explica cómo entendían los mayas el espacio y el tiempo, el cosmos y la historia (con carácter cíclico y repetitivo), y señala los enigmas que nos quedan por entender del cosmos, ya que “no conocemos la naturaleza física de la materia oscura ni de la energía oscura”. El sentido de lo que existe, añade, lo da la fe. Y alude al libro del Apocalipsis y a la resurrección final: Cristo es el futuro –bueno, muy bueno– de la humanidad.
La verdad es que en poco espacio José G. Funes ha sido capaz de aclarar las cosas de forma sencilla, con una postura en la que encuentran coherencia el conocimiento científico y el sentido religioso, algo tan necesario en nuestros días. No ha necesitado toda una colección de “fragmentos de apocalipsis”, como uno que me sé yo, para desmontar falsedades y afirmar, de forma propositiva, la verdad de la fe cristiana.
Pero muchos periodistas, en este tema, han perdido una oportunidad. ¿Cuál? La de poder emplear titulares como los que he citado más arriba, pero con propiedad. Y me explico: el pasado 18 de noviembre, en su alocución semanal en la oración del Ángelus, Benedicto XVI comentó –como es su costumbre– el evangelio proclamado en la eucaristía del día, que precisamente era una parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos (Mc 13, 24-32), leído en el penúltimo domingo del año litúrgico.
El Papa dice –y el que avisa no es traidor– que “es probablemente el texto más difícil del Evangelio”. Por su temática (el futuro de la realidad, indeterminado) y por su lenguaje (simbólico y apocalíptico). Que nos lo digan a los curas, que tuvimos que predicar ese domingo sobre un texto supuestamente sombrío y pesimista, que presenta una catástrofe cósmica como señal anunciadora del día final. Sin embargo, subraya el pontífice, en este contexto terrible destaca la figura de Jesucristo como centro de todo lo que existe: “es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de los trastornos del mundo, permanece como el punto firme y estable”. Él es la Palabra de Dios por la que todo ha sido creado, y es el criterio de interpretación de toda la realidad.
Por eso llega un momento de su alocución en el que Benedicto XVI afirma: “Jesús no describe el fin del mundo, y cuando utiliza imágenes apocalípticas, no se comporta como un ‘vidente’. Al contrario, Él quiere apartar a sus discípulos –de toda época– de la curiosidad por las fechas, las previsiones, y desea en cambio darles una clave de lectura profunda, esencial, y sobre todo indicar el sendero justo sobre el cual caminar, hoy y mañana, para entrar en la vida eterna”. ¡Muy bien dicho! Aquí está la clave.
¿Pensaba el Papa en la profecía maya y los 40 millones de entradas de Google que, según el padre Funes, revelan una preocupación social? No lo sé. Más allá de la contingencia y del carácter anecdótico de algo que va a pasar a la historia dentro de escasos días, cuando llegue la fecha esperada, Benedicto XVI ha reafirmado la fe y la esperanza de los cristianos: pasará todo, menos la Palabra que es Cristo. Por eso, junto a la fe y a la esperanza también se encuentra la caridad. Porque ante Jesús “cada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. De acuerdo con esto seremos juzgados”.
En un mundo relativista e inestable, donde el sufrimiento causado por la naturaleza o por el egoísmo humano sigue enfrentándonos al misterio del mal, el Papa recuerda que “necesitamos también un fundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza”, que es el mismo Cristo, Señor del cosmos y de la historia. Toca final feliz, que no quiere decir algo de película romántica o infantil. Feliz de verdad. Esto no vende tanto para publicarlo en los medios, pero es la respuesta definitiva de la fe a los miedos que, con fundamento o sin él, sigue teniendo el hombre de todos los tiempos. ¿Habrá un fin del mundo? Sí. Porque, como continuaba el título del artículo del director del Observatorio Vaticano –que antes no he copiado en su integridad–, no es el momento del apocalipsis… “al menos por ahora”.
Luis Santamaría del Río
(extraído de infocatolica.com)

martes, 20 de noviembre de 2012

Secta Verdad Suprema: reencarnacionistas y apocalípticos, propagadores de muerte




Verdad Suprema
Autor: Oscar Gerometta 
Verdad Suprema
... 25 centros con 10.000 adeptos en Japón... Centros en USA, Sri Lanka, Rusia y Alemania...


Verdad Suprema

Denominación: Verdad Suprema: Aum, Aum Shinry-Kyo 

Clasificación: Grupo de origen oriental, sincretismo hindo-budista-cristiano

Fundador: Shoko Asahara

Fecha: 1984 

Síntesis doctrinal: 

Su doctrina conjuga elementos tomados del yoga, diversas ramas del budismo y la doctrina cristiana. 

Enseñan y practican el relativismo ético. 

Distinguen cuatro estratos en su antropología: 
- Sensorial 
- Astral 
- Causal de las ideas 
- Verdad con la libertad plena 

Para alcanzar el plano superior es preciso pasar por varias reencarnaciones. 

Los miembros de Aum pueden alcanzar este estado en una solo existencia mediante el "tantrayana", un camino de ripo tántrico. 

Anuncian que una tercera guerra mundial tendrá lugar entre 1999 y 2003. 

Asumen la idea de la batalla apocalíptica del Harmagedón. 

Los únicos que sobrevirían a la catástrofe sería un pequeño grupo. 

Los miembros se dividen en "zaike" o laicos, y "shukke" o adeptos consagrados que dejan su familia. 

Hay tres clases de ofrendas: 
- Dinero y bienes. 
- Confrontar a los demás. 
- Propagar la verdad 


Difusión: 


Sede Central: Kamikuishiki (Japón)
25 centros con 10.000 adeptos en Japón.
Centros en USA, Sri Lanka, Rusia y Alemania 

Japón investiga las sectas sucesoras de la Verdad Suprema

A las 9:00 AM, por Luis Santamaría 

Categorías : Verdad Suprema
Un equipo de la agencia japonesa de Inteligencia inspeccionó ayer, 1 de noviembre, cerca de una treintena de sedes de las sectas “Aleph” y “Hikari no Wa", sucesoras de la extinguida Verdad Suprema, responsable de los atentados con gas sarín en Tokio en 1995 que costaron la vida a 13 personas. Lo cuenta la agencia Efe.

Los agentes irrumpieron en 21 instalaciones de “Aleph", nombre con el que se refundó Verdad Suprema para mantener sus actividades, y en otras ocho de “Hikari no Wa", un grupo escindido en 2007 de la primera, detalló la agencia local Kyodo. Los cerca de 30 emplazamientos están situados en 15 provincias niponas y ciudades como Kioto, Osaka, Nagano o Tokio, donde tuvo lugar el gran atentado de Verdad Suprema en 1995. El ataque se produjo cuando varios miembros de la secta esparcieron gas sarín en los vagones de cinco trenes del metro tokiota en plena hora punta de la mañana del 20 de marzo de aquel año, lo que causó 13 muertos y unos 6.300 intoxicados.
La agencia de Inteligencia por la Seguridad Pública nipona, encargada de las investigaciones y de recopilar y analizar información sobre las dos sectas, realizó la última inspección de este tipo y a gran escala en sus sedes en agosto de 2011. Esta nueva redada se produce después de que la policía lograra detener a principios de este año, y tras 17 años de búsqueda, a los últimos tres fugitivos de Verdad Suprema que quedaban en libertad después del fatal atentado.

A Verdad Suprema también se le atribuye el asesinato del abogado Tsutsumi Sakamoto, que trabajaba contra las actividades de la secta, y su familia, en 1989 en la ciudad de Yokohama, a pocos kilómetros de la capital nipona. Tanto el fundador de Verdad Suprema, Shoko Asahara, cuyo nombre real es Chizuo Matsumoto, como otros 12 miembros se encuentran en el corredor de la muerte en Japón, después de ser declarados culpables de diversos crímenes, entre ellos el ataque de Tokio.
El régimen de vigilancia estatal en Japón, revisado en enero de este año, permite a los inspectores de la agencia revisar instalaciones y obligar a las dos organizaciones a facilitar los nombres y direcciones de sus líderes durante los próximos tres años.Se cree que “Aleph” cuenta actualmente con cerca de 1.300 miembros repartidos en todo el archipiélago, mientras que “Hikari no Wa” cuenta con cerca de 200 miembros.