"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 5 de marzo de 2020

El trato a la mujer en la Iglesia Palmariana, reflejado en la serie “El Palmar de Troya”.

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FUENTE: ABC

«“Estoy flipando”. Yo no había escuchado eso en mi vida. “Estoy flipando”. ¿Qué será “flipar”?». Es el testimonio de Xavi Perals, uno de los ex seguidores de la Iglesia Palmariana, durante la segunda parte de la serie documental «El Palmar de Troya» (Movistar+), cuyo cuarto y último episodio se emitió el pasado 27 de febrero en el canal televisivo #0 (de la plataforma española Movistar+). Lo cuenta el diario ABC.

«Para mí, El Palmar de Troya se puede definir de tantas maneras... Se puede definir como teatro monumental; se puede definir como una verdad y una mentira; religiosidad mal entendida; pero la más común es la de secta», sentenció Perals al cierre de la segunda entrega, que también relató cómo Clemente Domínguez se autoproclamó Papa tras la muerte de Pablo VI y profundizó en el papel de las mujeres en la Iglesia Palmariana.

El refugio de dos mujeres

«Yo puedo caer mejor o peor, pero en mí no hay trampa ni cartón. Yo soy lo que veis. Puedo gustar más o menos... Dios me libre de las aguas mansas que las corrientes las veo venir... Pues yo soy así». Esta es la carta de presentación de Nieves Triviño, la que fuera monja de la Iglesia Palmariana y se casara con su ex papa Gregorio XVIII, el también ex convicto Ginés Hernández; ambos fueron noticia en 2018 por intentar acceder al recinto de la secta de la que él apostató. «Yo iba a jugar con los niños de mi edad. Como venían de toda España y de parte del extranjero... “¡Vamos a El Palmar!”. Era como ir de fiesta. Éramos una gran familia», recordó ella.

Durante su entrevista, contó que siempre le había gustado llamar la atención –acabó siendo portada del semanario Interviú– y cómo los novicios y sacerdotes no podían evitar mirarle y sonreírle. Sin embargo, su madre –que la obligaba a sentarse junto a ella en la última fila de la iglesia– concertó un matrimonio a su hija, todavía menor de edad, con un chico irlandés del que ella no estaba enamorada. ¿Solución? «Me fui de monja».

Durante su estancia allí, según ella misma confesó, rezaban continuamente «desde las seis [de la mañana] hasta las doce de la noche». Y es que, según varios entrevistados, el mayor problema de las monjas –pero también de los obispos– era la privación del sueño, pues no les permitían dormir todo lo que necesitaban. Por culpa de ello, muchas se quedaban traspuestas durante las rápidas y continuas misas que celebraban al día, por lo que tenían que despertarse a codazos entre ellas.

La otra mujer entrevistada fue la alemana Monika Hagen que, de niña, se desplazaba a El Palmar de Troya (Sevilla) en autobús: «Al llegar, era una impresión muy grande ver el fervor, la gente y tantos religiosos jóvenes entregados». Fue con 14 años cuando una niña que entonaba los cánticos («Tenía una voz de ángel») le hizo querer unirse a la secta. Aunque extrañada por la rapidez del proceso, Hagen hizo sus votos con 16 años después de 11 meses en la comunidad. Sin embargo, la realidad era que la joven se había refugiado en El Palmar porque no quería regresar con su familia.

Ambas mujeres relataron a cámara también cuáles eran los votos que hicieron. «De obediencia, castidad y pobreza. Obedeces a los superiores, a las reglas; te sometes siempre y en todo. No posees nada y ser muy puras». Otra regla, según Hagen, es que una nunca podía enfadarse, aunque la acribillasen a codazos.

El patriarcado de El Palmar

«Ahora se habla mucho de patriarcado... y el patriarcado en El Palmar está vivo y latente. El fin de la mujer en El Palmar es la procreación». Así de tajante se mostró Triviño al preguntarle por cómo era la vida de las monjas. «A la mujer se la machacaba por el mismo hecho de ser mujer; tiene que estar callada, no tiene voz», recordó el teólogo católico Luis Santamaría, de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). El periodista entrevistado, Manuel Molina, contó incluso una leyenda que decía que «las religiosas tenían prohibido lavarse con frecuencia» con el objetivo de «evitar que fueran excesivamente atractivas para los hombres de la orden».

«He llegado a escuchar que tenían que autoflagelarse y colocarse un cilicio en el cuerpo para que se hicieran daño», amplió una Triviño que recordó disponer solo de una «camita» con una caja de frutas de madera como «mesita de noche». Pero las religiosas no solo sufrían los castigos de la superiora («sin poder salir de tu habitación»), sino también las disparatadas decisiones de Clemente Domínguez, una vez se autoproclamó Papa. «Un día tomó la decisión de ponerle velo negro a las monjas y no se les podía ver el rostro para nada», contó Xavi Perals.

jueves, 27 de febrero de 2020

El ex papa de la Iglesia Palmariana afirma que la secta compró armas.

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FUENTE: El Confidencial
El antiguo pontífice de la Iglesia Cristiana Palmariana, Ginés Jesús Hernández, narra en una entrevista exclusiva, realizada por Pepe Barahona y publicada en El Confidencial, su experiencia en prisión después de la reyerta que provocó su última entrada en las dependencias de la secta.

La noche antes de que todo cambiara, Ginés y Nieves Triviño cenaron con unos amigos. Hacía tiempo que ambos celebraban su normalidad como dos vecinos más de Monachil (Granada), el pueblo al que él se había mudado por amor después de abandonar su condición de Papa de la Iglesia Palmariana, una secta para muchos. Apenas quedaba resto en él de Gregorio XVIII, el nombre que adoptó como pontífice de esta escisión de la Iglesia romana tras la muerte de Pablo VI. Era sábado 9 de junio de 2018, aunque la cena se alargó hasta pasada la medianoche.

Casi no durmieron. De madrugada, ambos se subieron al BMW X5 de color blanco que él conducía —pagado con las donaciones de los fieles, lo único que se llevó al salir— y pusieron rumbo a Sevilla. Pasaron las tres horas que hay entre Monachil y El Palmar de Troya escuchando música por la radio. Ambos son aficionados al flamenco, aunque Ginés sólo recuerda que trataba de tranquilizar a Nieves, su esposa desde meses después de su renuncia como Papa.

A las seis de la mañana, todavía de noche, Ginés aparcó el coche en el pueblo, a un kilómetro escaso de la imponente Catedral Basílica de Nuestra Madre del Palmar Coronada. Ambos fueron andando hasta el lugar en el que, como estaba pactado, estarían escondidas las llaves de la entrada, una gran cruz blanca donde algunos fieles rezan. Y entraron.

P. ¿Por qué regresó al Palmar?

R. Alguien en quien yo confiaba, el padre Felipe, me pidió ayuda para salir. Aseguraba que estaba a disgusto allí, que tenía mucha información muy valiosa y me pidió que lo sacara. Ahora sé que fue una encerrona.

La traición del padre Felipe

Él mismo, el padre Felipe, el organista de la orden, diseñó el plan de huida. Él era un cura repudiado por los jerarcas de la Iglesia. Famosas eran sus juergas nocturnas de estraperlo, que llegaron a costarle la expulsión. Tiempo después del exilio forzoso, fue perdonado y aceptado de nuevo en la Iglesia. No por caridad; fue una jugada para evitar un litigio sobre herencias que él había denunciado en los juzgados. Su regreso fue un pago por su silencio.

El padre Felipe llevaba meses comunicándose con Ginés. Al principio fue sus ojos y sus oídos dentro. Le informaba de la agenda del nuevo Papa, el suizo Josef Odermatt, Pedro III; de todo cuanto sucedía tras los altos y gruesos muros del Palmar. Jamás sospechó de él. Tampoco Nieves, que desde que dejó la orden como monja había almorzado con él en varias ocasiones. “Cuando lo echaron, llegó a estar en mi casa con otros padres expulsados —recuerda la mujer del ex papa—; ha comido con mis hijas, le he prestado dinero… No lo vi capaz de traicionarnos. Pese a todo, quise acompañar a Ginés”. “Además, ¿por qué iba a entrar yo en El Palmar? Yo tengo un estatus en mi pueblo, soy funcionaria, tengo familia…”, razona la animadora sociocultural en el Ayuntamiento de Monachil, Granada.

La conversación entre Ginés Jesús Hernández (61 años), Nieves Triviño (53) y los periodistas de El Confidencial tiene lugar en Monachil, un pequeño pueblo situado a espaldas de Sierra Nevada. En el televisor del salón se ven las imágenes de “El Palmar de Troya”, una serie de no ficción estrenada días antes en el canal #0, de Movistar, que narra el origen de esta secta religiosa fundada por Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral en 1971 después de que cuatro niñas aseguraran haber visto a la Virgen en un lentisco de la finca La Alcaparrosa.

Esta cita con los medios es la primera que ambos ofrecen después de su paso por la cárcel por los hechos que se relatan, siempre bajo la versión de ambos. Él estuvo 11 meses en prisión provisional, ella apenas 30 días. Una vez sentenciados los hechos, el Juzgado de lo Penal número 10 de Sevilla los condenó a seis (él) y cinco años (ella) por dos delitos: robo con violencia e intimidación en grado de tentativa y delito de lesiones con agravante de disfraz. Y al pago de 32.973,06 euros por los daños causados a Albero Ramón, el padre Silvestre. Hubo acuerdo entre las partes.

La sentencia acuerda el decomiso y la destrucción de dos caretas de payaso, dos pasamontañas de color negro, bridas de color negro, un rollo de cinta americana de color gris, dos alicates corta cables, una petada, una navaja y un martillo.

P. ¿Caretas de payaso?

R. [Nieves]. No se usaron, estaban precintadas. Guardadas en la mochila. Pero, Ginés, diles la verdad. Diles por qué las llevabas.

Ginés sonríe.

“Bueno, os lo cuento yo”, sigue Nieves. “Porque el gilipollas, ¡el muy gilipollas!, acababa de ver La casa de papel”, confiesa. “Escúchame, escúchame”, responde Ginés. “Yo no iba encapuchado. Y me daba igual que me grabaran las cámaras”, reconoce.

“Lo que el Papa decía, se hacía”

A las 06:30 del domingo 10 de junio de 2018, Ginés y Nieves entraron a hurtadillas en el Palmar. Ambos se escondieron en un terreno de árboles frutales. Al ser día festivo, no habría actividad en la zona. Lo pactado con el padre Felipe era salir al alba, cuando los curas todavía no se habían despertado. Poco antes de las 8 de la mañana, Ginés llamó a su cómplice. Su respuesta dejó descolocado al ex pontífice. “Él incumplió su palabra, no estaba esperándonos. Me informó de que había habido un problema y que debíamos esperar dentro hasta la tarde, el momento idóneo para salir”, relata el ex papa.

Ginés y Nieves se guarecieron del sol de junio bajo los árboles. Comieron de los frutales y, escondidos de quienes fueron sus súbditos, hablaron del papel que hasta hace pocos años él había tenido como máxima autoridad de la orden. “Yo pude haber acabado con la Iglesia Palmariana”, confirma Ginés. “Fui tonto, debí haber tenido mucha más sangre fría. Pude haber puesto todo a mi nombre. ¿Quién me lo iba a rebatir? Nadie. No podían. ¡Yo tenía poderes absolutos!”, razona a El Confidencial.

P. ¿Y se arrepiente de no haberlo hecho?

R: Sí. Me arrepiento de no haber deshecho la orden del Palmar. Pude haberlo hecho en apenas dos meses. Así de fácil [chasca los dedos, rápido].

P. ¿Por qué no lo hizo?

R. Porque yo quería salir de ahí. Pero fui tonto. No imaginé la maldad de esta gente. Me han acusado de robar joyas, de haberme llevado el BMW, de robar dos millones de euros… Pero ¿cuándo han visto ellos dos millones de euros juntos? Por mi mano sí han pasado muchos millones. Durante mi papado llegué a pagar en obras más de seis millones de euros. He dejado en metálico en la caja fuerte, en negro, 300.000 euros. Allí quedaron. Me los pude haber traído, pero no me los traje. En el banco quedaron 270.000 euros. Y ahí se quedaron. No me los traje. No he robado. Y si ellos dicen que lo robé, ¿por qué no me denunciaron?

P. ¿Se arrepiente de algo más?

R. Me arrepiento de no haber cogido para mí todo lo que hubiese querido. Lo que el Papa decía, se hacía. No había más. ¿Quién me iba a rebatir?

Meses después de su renuncia, Ginés sufrió el robo en su casa. Curiosamente, los ladrones sólo se llevaron un disco duro en el que él guardaba toda la información que había recopilado durante años. El contenido de ese archivo, además de comprometer a los actuales jerarcas, era rico en imágenes. Algunas de ellas, recuperadas después, se pueden ver en la serie de Movistar.

“¡Satanás, te vamos a matar!”

“El padre Felipe iba a darme documentación que me faltaba y que era muy importante para mí porque me quita responsabilidad de lo que bajo mi gestión hubiera ocurrido; era una forma de defender con pruebas mis acciones como Papa”, apunta Ginés. Por eso aguardaron con interés bajo los frutales el momento en el que, como les indicó el padre Felipe, empezara la misa privada para los religiosos. A las 16:30, encontrarían la puerta del monasterio abierta.

El nuevo plan establecía que Ginés y Nieves esperaran en unos servicios de la planta baja hasta las 18:00. Después de tocar el órgano, el padre Felipe pondría una excusa para ausentarse de la oración y se reuniría con sus compinches. Juntos saldrían, Ginés y Nieves ocultos, en una de las furgonetas que traen y llevan a los fieles a los cultos desde el pueblo, aprovechando que todos los fieles estarían en misa.

A eso de las cuatro de la tarde, Nieves sintió miedo, pero se lo calló. Cuenta que de entre los frutales salió una serpiente. “No una bicha de campo, una serpiente grande —puntualiza la ex monja—; y puede que fuese la sugestión, pero pensé en decirle a Ginés que nos fuésemos”. Pero ya era tarde, toda la zona estaba tomada por los fieles. Debían seguir el plan del padre Felipe. Y eso hicieron. Accedieron, como estaba previsto, por la puerta del monasterio, que les habían dejado abierta. Se ocultaron en los servicios y a las seis de la tarde, al oír el tañido de las campanas que anuncian el inicio de los cultos, salieron para emprender la huida.

Pero por el camino se toparon con un imprevisto: el padre Silvestre. Luego llegaron otros: el padre Andrés, el padre Jesús y el padre Liberio. Le preguntaron: “Ginés, ¿qué haces aquí?”. Él respondió: “He venido a por lo que es mío”. Y se le abalanzaron. Ginés sufrió un hemitórax derecho con laceración pulmonar; Nieves, varias heridas de arma blanca en el costado derecho y en la cara

“Se lanzaron a por mí. Me tiraron sobre una mesa, en la antigua imprenta, y todos los papeles salieron volando. Nieves se quedó paralizada. En el suelo me enganché con el padre Andrés, al que le rompí una pierna. Ellos empezaron a darme patadas. Nieves trató de quitármelos de encima. Ellos gritaban: ‘¡Satanás, te vamos a matar!’. Recuerdo que vi a Nieves en una pared, desplomada y blanca. ‘¡¿Qué habéis hecho?! ¡¡¿Qué habéis hecho?!!’, les gritaba. Y entonces, estando en el suelo, noté un puñetazo agudo en el costado. Les pedí que pararan. Hasta que noté humedad en el torso y me llevé la mano a las costillas. Vi caer la sangre a borbotones. Ellos también la vieron y se apartaron. Fui como pude a ver a Nieves. Tenía una herida en el costado derecho, como yo. Empecé a gritar pidiendo una toalla húmeda para taponarle la herida. No la trajeron. Y grité más fuerte. Todos me obedecieron. Luego ya sólo recuerdo a la Guardia Civil entrando. Luego el helicóptero. Después ya nada”.

La tesis de Ginés concuerda con la de su esposa, que asiente durante todo el discurso. “Yo pensé que me moría”, apunta Nieves. El padre Silvestre también resultó herido. Según la sentencia, él fue el autor del apuñalamiento al matrimonio. “Pero fue el padre Liberio el que me apuñaló con un cúter, no con una navaja como todo el mundo dice”, afirma el ex papa. Ginés sufrió un hemitórax derecho con laceración pulmonar; Nieves, varias heridas de arma blanca en el costado derecho y en la cara; el padre Silvestre, otras tantas heridas de arma blanca en varias partes de su cuerpo; y el padre Andrés, una fractura de tibia y peroné izquierdo.

De 'Papa enamorado’ a 'Papa reo'

La siguiente vez que Ginés y Nieves se vieron fue en los calabozos del juzgado de Utrera, Sevilla. Ambos hablaron desde la distancia, separados por los barrotes. La juez determinó prisión provisional para los dos. Ella fue a parar a la cárcel de Alcalá de Guadaira y él a la de Sevilla I.

P. ¿Cómo fueron sus pasos por prisión?

R. [Nieves]. Fue humillante, pero me trataron todos muy bien. Vas viendo que se van abriendo unas puertas, y que se cierran otras.

R. [Ginés]. No estuve mal, allí dejé a muchos amigos.

Cuenta Nieves que a Ginés le pusieron de apodo “el Chapo” por el respeto que el ex papa generaba entre los internos del módulo de respeto de Sevilla I. En los 11 meses que estuvo entre rejas, el que fuera Gregorio XVIII acabó formando parte de la comisión de conflicto, resolviendo disputas entre los otros reclusos. También daba clases de ajedrez y de primeros auxilios. “En ese módulo de respeto está la norma de que nadie te puede preguntar por los delitos que cometiste, pero a mí me conocían todos”, recuerda.

P. ¿Cómo le llamaban?

R. Pues Papa o padre, pero con respeto. Hubo quien se quiso pasar con la guasa y le paré los pies.

P. Confiésese, Ginés. ¿Recibió ofertas sexuales?

R. Maricones también hay en prisión, pero no. El que quería juerga, la tenía. Pero ofertas a mí, ninguna.

P. ¿Veía la droga moverse?

R. Sí, aunque era de máximo respeto, había droga. Medicinas… Nunca vi una pelea, solo rifirrafes.

P. ¿No trató nunca de llevar a esos presos por el buen camino?

R. La gente me tenía mucho respeto. He ayudado a muchos. Y he dejado a muchos amigos allí.

P. ¿Alguien le pidió que le confesara y absolviera sus pecados?

R. No, para nada. Pero ¡yo qué iba a actuar de confesor! No te entra en la cabeza que yo abandono el Palmar porque no creo en mi sacerdocio. Respeto a todo el mundo. ¿En qué posición estoy yo respecto a la religión? Pues en que no creo en nada. No sé en quién creer.

P. ¿En qué le cambió la cárcel?

R. En cambiar mi percepción de la realidad. No todos los que están allí son malos, ni todos los malos que hay en el mundo están allí. He visto a delincuentes, he visto a asesinos… aunque allí todo el que entra es inocente. He visto a mucha gente buena.

P. ¿Lo peor de la cárcel?

R. Las falsas esperanzas. Fueron alargando mi salida meses y meses.

La última confesión: “Hay armas en El Palmar”

En los meses que Ginés estuvo en la cárcel, cuenta que recibió la visita de agentes de la Guardia Civil interesándose por las actividades de la Iglesia Palmariana que él había denunciado ya en los medios: violaciones, sexo con menores, intentos de suicidio, blanqueo de capitales, robo… “Pedí la exculpación de Nieves, que todo lo que contase no me salpicara y mi libertad provisional, pero la fiscal se negó y no colaboré”, recuerda Ginés.

P. ¿Y qué información era?

R. [Sonríe]. Esa no la voy a revelar. Sólo puedo decir que está relacionado con armas.

P. ¿Lo del tanque?

R. No, era un elefante. Me lo querían regalar. No es broma. Siendo yo Papa. Querían regalármelo. E insisto, no es broma.

P. ¿Es cierto que en el Palmar querían iniciar una guerra?

R. Si buscas en la Biblia Palmariana o lees los escritos del papa Clemente encontrarás que la gran conquista judeocristiana palmariana empezaría en Sevilla, traspasaría los Pirineos, pasaría por Europa y plantaría el estandarte de la Santa Faz en la Plaza Roja de Moscú. Eso está en la doctrina palmariana.

P. ¿Y se daban pasos para conseguirlo?

R. No quiero hablar de ese tema.

P. ¿Se estaba armando un ejército?

R. Tuve que pararles los pies a fieles de Alemania y de Suiza que… Sólo puedo decir que en el Palmar había armas, y muchas. Y muchas. ¡Armas! Y muchas. En el mercado negro se podía conseguir lo que el Papa quisiese.

P. ¿Todavía quedan?

R. Y sé en el lugar en el que se guardan.

P. ¿Esto se va a ver en la serie de Movistar?

R. No. Y trataron de sacarme esta información, pero no lo consiguieron.

P. ¿Qué tiene que pasar para que el ex papa cuente todo lo que sabe del Palmar?

R. A mí ya no me interesa lo que pase en el Palmar porque se caerá por su propio peso. Lo que me da rabia es que todo el mundo esté con fábulas y no quieran oír la verdad. ¿Qué va a ocurrir cuando yo diga que sé dónde están las armas? Pues que ya las habrán cambiado de sitio. Ya hace cuatro años de mi renuncia. Y sí, había armas y yo ordené sacarlas del Palmar. Yo. Pero ya no están en el recinto. También sé el lugar en el que mandé llevarlas.

P. ¿Cuántas armas puede haber?

R. ¡Uffff! Fusiles, ametralladoras, pistolas, munición… Pero ahora que no venga la Guardia Civil a pedirme que colabore. ¡Que os den por culo! Tuvieron su oportunidad.

P. ¿Qué haría falta para que hablara?

R. Me tendrían que quitar los penales, toda la condena. A mi mujer y a mí. Y condenar a quien nos apuñaló.

El final de la Iglesia Palmariana

Ginés y Nieves vuelven, meses después de su salida de prisión, a recuperar la normalidad, otra vez. Ni siquiera la nueva serie de Movistar ha desestabilizado la tranquilidad de la pareja, que vive en su nueva casa en Monachil junto con las dos hijas que la ex monja tiene de un matrimonio previo. Ella sigue trabajando como funcionaria del ayuntamiento de su pueblo. Él no quiere ni hablar de la que fue su vida durante décadas, aunque mantiene el contacto con varios miembros que en su día también salieron. Le piden que monte algo nuevo. Un cisma de otro cisma.

P. ¿A qué se dedica ahora el ex papa?

R. Actualmente, estoy en paro, recibo el desempleo penitenciario. 430 euros. Y vivimos con la nómina de mi mujer. Porque trabajo… con 61 años que voy a cumplir. Nadie me va a dar trabajo con mi currículo. Al salir estuve unos meses de autónomo, pero… Poco y nada.

P. ¿Cuánto han pagado los de Movistar?

R. Dinerito, y poco. No quise hacerlo. Lo hice por Nieves. Recibo muchas llamadas, muchas ofertas. Tampoco voy a dar más entrevistas. Sólo a vosotros.

P. ¿Qué no ha contado nunca del Palmar?

R. Que todas las construcciones están sin legalizar. Mañana mismo pueden ir y derribarlo. Como El Algarrobico. Hablé con el alcalde del Palmar de Troya para legalizar todo a cambio de unos terrenos en el pueblo. Solo está legalizado, de hace muchísimos años, el pozo de la Virgen y una de las cinco naves. El resto, nada.

P. ¿Veremos caer el Palmar de Troya?

R. Seguro que sí, no creo que tarde mucho. Mi pena es no habérmelo cargado yo antes. Esa es la pena que tengo.

martes, 18 de febrero de 2020

El entonces arzobispo de Sevilla: la Iglesia Palmariana, “un fenómeno de superstición y de histeria colectiva”.

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FUENTE: ABC

La familia de Charles Manson todavía no había irrumpido en la mansión de Polanski para perpetrar su tristemente conocida masacre, del mismo modo que ni Neil Armstrong ni nadie habían pisado el satélite de la Tierra. Sin embargo, algo raro, algo lunático, se percibía en el ambiente ya en 1968, el año del mayo francés, de la muerte de Martin Luther King y del asesinato de Bobby Kennedy, pero también de la «aparición de la Virgen María, un toro con cuernos verdes y un hombre ahorcado» en la finca de La Alcaparrosa, a un kilómetro de El Palmar de Troya. Lo cuenta Lucía M. Cabanelas en el diario español ABC.

Peregrinaciones, un altar y varios milagros se sucedieron tras esa visión de cuatro niñas en la aldea sevillana, sentando las bases de la iglesia palmariana, un imperio religioso que se expandió por el mundo, rompió con el Vaticano y nombró a sus propios papas. Medio siglo después de su génesis y su posterior perversión, envuelta en escándalos, abusos sexuales y anécdotas inverosímiles, el documental «El Palmar de Troya» se adentra en la inexplorada congregación que el Arzobispo de Sevilla definió en su día como «un fenómeno de superstición y de histeria colectiva».

A través de cuatro capítulos de cincuenta minutos, esta producción original de no ficción que Movistar+ emite semanalmente a partir del 6 de febrero construye «la compleja historia de una de las sectas más cerradas y dañinas». Cuenta para ello con recreaciones «basadas en los testimonios de los entrevistados» y archivos inéditos, entre los que se incluyen audios de los éxtasis del autoproclamado primer Papa de la orden, Clemente Domínguez, además del testimonio de adeptos reclutados cuando eran niños y de otros como el ex convicto Ginés Hernández (el ex papa Gregorio XVIII) y Nieves Triviño, su mujer y ex monja de El Palmar.

ABC de Sevilla entrevistó al ya ex papa, al que acusaron de robar el «papamóvil», pero que se defendió diciendo que «el BMW» era suyo. Tal y como recoge Javier Macías, Ginés Hernández se casó con Nieves Triviño e incluso posó desnudo junto a ella en Interviú. Toda una estampa en la que aparecían como Adán y Eva, con la ex monja mostrándole la manzana del pecado... Con el tiempo, confesó que la iglesia palmariana era un montaje y una farsa.

Domínguez, fundador de la orden cismática de la Iglesia junto con el abogado Manuel Alonso –con quien se rumoreó que mantuvo relaciones–, convenció a los adeptos de la validez de la causa de la secta al aparecer con llagas en las manos por la crucifixión, una cruz en la frente e incluso la lanzada que le infligieron en el abdomen a Cristo.

Los estigmas del primer Papa de El Palmar de Troya, conocido en Sevilla como «La voltio», no fueron su única excentricidad. En 1972, Clemente Domínguez, que según contó su secretario en Telecinco «llegó a gastar entre 100 y 200.000 euros en salir de fiesta una noche», viajó junto a sus adeptos a Alba de Tormes, el pueblo natal de Santa Teresa de Jesús, donde llamó «ramera» a la Santa, le acusaron de intentar robar sus reliquias e insultó a las monjas y a Juan Pablo II. «Tenían que habernos dejado matarles porque insultar a la Santa es como hacerlo a nuestra madre», dijo uno de los vecinos que persiguió al fundador de la orden y a su séquito de obispos, obligados a huir después de que los albenses volcaran (e incluso quemaran) sus vehículos.

Otro de los casos más turbios en los se vio envuelta la secta fue cuando, hace ya casi cuatro décadas, un palmariano se mutiló los genitales. Además del cercenamiento, el novicio cubano, de 26 años, intentó suicidarse y se clavó las púas de un cilicio en los ojos, tal y como recoge Macías.

A pesar de que los truculentos ejemplos sobre la mala praxis de la orden fundada por Clemente Domínguez, que se definía como «un miserable pecador», se suceden, la serie documental no pretende ser «una enumeración de aberraciones de la secta de El Palmar», tal y como reconoció el director, Israel del Santo, sobre esta radiografía de los 50 años de vida de una congregación casi impenetrable, con más adeptos en Irlanda o Alemania que en Sevilla. «Se lo curran para ver cuál es el caso más turbio. Cuando crees que lo tienes todo, aparece otro con un caso más sorprendente todavía», asegura a ABC.

«Una de las cosas que se manifiesta bien en la serie es la gradualidad de esa turbidez. Lo más duro llega desde el final de Clemente hasta Ginés, cosas que tienen que ver sobre todo con un abuso psicológico, porque el abuso sexual que siempre se ha comentado en El Palmar no es una sola violación sino más un control mental y condicionamiento. Es lo que dice uno de los psicólogos del documental, que me parece que lo explica perfectamente: ‘El consentimiento sexual solo se puede dar en libertad y ahí no son libres’. Eso es muy turbio», cuenta, por su parte, el subdirector de «El Palmar de Troya», Daniel Boluda.

«La serie es una tragicomedia, con muchas situaciones divertidas, pero que nos va a llevar a un sitio en el que a nadie le hubiera gustado estar», explica Del Santo, cuyo trabajo de investigación duró más de tres años. Uno de los puntos más difíciles de la elaboración de esta producción, que continúa la apuesta de Movistar+ por la no ficción después del éxito de «ETA, el final del silencio», de Jon Sistiaga, fue el acceso a testigos de primera mano que conocieron e incluso fueron seguidores u obispos de esta organización que se hace llamar «Orden de los Carmelitas de la Santa Faz».

Gente que ha hecho un esfuerzo notable y ha vencido el miedo. «Algunos entrevistados son activistas de El Palmar, los hay enfadados después de haber estado tantos años ahí, pero otros sienten vergüenza porque no entienden cómo les engañaron», cuenta Boluda, para quien la moraleja de este trabajo es que esto «le pudo haber pasado a cualquiera».

A través de los testimonios de los entrevistados, entre los que se encuentran los profesores de las niñas a las que supuestamente se les apareció la Virgen en marzo de 1968, un vidente que tras una aparición fue enviado a advertir a Clemente de que cesara la estafa o sufriría un accidente –que terminó produciéndose y le hizo perder los ojos– y teólogos católicos, «El Palmar de Troya» se cuela donde nadie antes lo había hecho antes con profundidad, reconstruyendo la totalidad de la historia, desde sus orígenes en Utrera hasta la actualidad, con fieles en lugares de Canadá y otras partes del mundo.

Tampoco acaparó especial interés la muerte del padre Tobías, un obispo palmariano irlandés que fue expulsado de la orden y falleció durante una ceremonia. «No tratamos ese caso. Tenía una depresión muy heavy», concede Boluda. Un controvertido suceso que, a pesar de no aparecer en el documental, sí está reflejado en el libro A Pope of their Own, de Magnus Lundberg, que asegura que sufrió abusos sexuales que le provocaron daños mentales.

Su familia denunció la muerte del hombre, de 49 años, incrédulos ante el modo de actuar de la secta, que no llamó a ninguna ambulancia y cuyo certificado de defunción firmó el médico de la propia congregación. Aunque pidieron explicaciones, no pudo comprobarse si la causa del deceso del padre Tobías había sido un repentino infarto, como se dijo, porque su cuerpo ya había sido enterrado en la cripta de la basílica.

Director de la serie: la Iglesia Palmariana “es una de las sectas más tóxicas, dañinas y peligrosas del mundo”.

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FUENTE: Deia

 Hasta tres años de investigación, meses y meses de estancia en el municipio de El Palmar de Troya (Sevilla), y muchas horas de entrevistas –”hemos tenido que tirar de paciencia”, admite Israel del Santo– han servido para crear una serie documental sobre la secta que nace a raíz de que en 1968 unas niñas asegurasen que se les había aparecido la Virgen, tal como explica Marta Hernández para introducir esta entrevista a Del Santo en el periódico Deia.

“El Palmar de Troya” consta de cuatro episodios de unos 50 minutos de duración cada uno, en los que aparecen testimonios reales de ex miembros de esta congregación o archivos e imágenes inéditas, como audios –que ponen los pelos de punta– de Clemente Domínguez, el fundador de esta iglesia palmariana y autoproclamado Papa Gregorio.

A ello, se suman recreaciones que consiguen meter al espectador en el ambiente de “una de las sectas más tóxicas, dañinas y peligrosas del mundo”, como opina el propio director de la serie, que es un recorrido por cincuenta años de historia –la secta sigue aún activa–, de suciedad, de personajes surrealistas, de situaciones grotescas, de abusos de todo tipo... Todo transmitido bajo el sello personal de Israel del Santo, que cambia de registro totalmente tras sus anteriores proyectos, ya que, por ejemplo, en “Conquistadores. Adventum” recreó las tres décadas entre el primer viaje de Cristóbal Colón y la circunnavegación de Juan Sebastián Elcano.

- ¿Qué encontrará el público en esta serie documental?

- Es un tema retorcido y rebuscado… Es la primera vez que se juntan todas las piezas para contar la historia de El Palmar de Troya, que suele ser un tema recurrente en televisión, de vez en cuando, pero sobre el que no se profundiza. Nosotros hemos renunciado a las cámaras ocultas o a las entrevistas cortas. Es un pueblo que está acostumbrado a ver reporteros, pero nosotros hemos dedicado mucho tiempo a las entrevistas. Es una serie que es una tragicomedia. Es divertida de ver, pero lo que se cuenta es terrible. Esta es una de las sectas más tóxicas, dañinas y peligrosas del mundo.

- ¿Cómo ha sido mezclar lo terrorífico de la historia con los puntos de humor?

- El subdirector, Daniel Boluda, pone lo terrorífico, y yo, el humor (risas). Balancear eso ha sido uno de los retos más difíciles. Parece que, si vas a la risa, le faltas al respeto al terror, y si te centras en el terror, estás renunciando a una parte fundamental, que es el esperpento de algunos momentos. Por lo que combinar las dos cosas ha sido una labor importante.

- También habrá sido complicado condensar todo lo que dan de sí tres años de investigación...

- Sí, es una historia muy compleja de contar en cuatro horas porque son cinco décadas. Uno de los retos, además, era contar todo esto sin un narrador, que fueran los propios testimonios los que ejercieran como tal. El otro gran reto era hacer convivir todo de manera visual: los testimonios, las recreaciones, lo obtenido del trabajo de investigación, las cintas de cassete, las cintas de súper 8… Pero una vez que estaba todo junto cuadraba bien. Encajaba y funcionaba.

- ¿Qué mensaje ha intentado lanzar con este trabajo?

- Es un retrato cronológico y emocional que hemos querido tratarlo desde el respeto. Y yo creo que tiene un perfil de denuncia. Por desgracia, las autoridades no han prestado atención a esta secta, que en los ochenta, llega a tener un capital enorme.

- ¿Cuáles son los casos o los sucesos en el seno de esta secta que más le han impactado?

- Se lo curran para ver cuál es el caso más turbio. Cuando crees que lo tienes todo, aparece otro con un caso más sorprendente aún. Hay cosas que se ven en la serie que tienen que ver con el abuso psicológico, el control mental y condicionamiento que son terribles. Es lo que dice uno de los psicólogos del documental, que me parece que lo explica perfectamente: “El consentimiento sexual sólo se puede dar en libertad y ahí no son libres”. Y eso es muy turbio.

Pero tampoco formaba parte de nuestro plan hacer una enumeración de aberraciones a lo largo de cinco décadas, sí centrarnos en lo más importante que lleva a cabo una secta, que es el abuso psicológico. Otra cosa es que sí mostremos en el documental algunos ejemplos de ello, pero es para hacer entender al espectador esto, no como enumeración de aberraciones.

- Han conseguido hablar con el actual 'Papa' y entrar en la basílica de El Palmar. Pero eso no lo ha incluido en el documental. ¿Por qué?

- Conseguí sentarme con el actual Papa, que es una de esas experiencias únicas gracias a este trabajo que tenemos… Fue muy emocionante. Llegamos a muy buen entendimiento y me invitó al oficio posterior. Fui un par de días. Pensé que iba a ser fácil, pero son cuatro horas rezando; me puse en la parte izquierda, con los hombres, y pensé que, si los críos que tenía al lado, que el más mayor tendría unos 12 años aguantan de rodillas, yo también.

Al cabo de dos horas, un niño me trajo un cojín y ya estuve mejor. Pero nunca le propuse participar, aunque seguramente habría dicho que no, porque no cumple los requisitos como los demás: que realmente tiene una historia que contar. Quizás si le entrevistamos dentro de cinco años porque ha decidido irse su testimonio sí sea maravilloso o necesario, ahora va a hablar desde el punto de vista de Papa de los palmarianos.

- ¿Qué piensan de esta secta los vecinos de El Palmar que no pertenecen a ella? ¿Cómo es la vida en ese pequeño municipio?

- Siempre se han llevado bien los palmarianos con los no palmarianos. Claro, los palmarianos no hablan con los demás, entonces ahí no hay problema. Incluso, el alcalde tiene muy buena relación con la cúpula de los palmarianos. Ellos tienen muy normalizado este tema. Se han acostumbrado a ello. A las cuatro de la tarde suenan las campanas de una basílica gigante en un pueblo muy chiquitito y se llena el camino de palmarianos que van allí a rezar y no salen hasta las ocho. Es parte del pueblo. Pero hay que aclarar que esta iglesia palmariana tiene más adeptos en Irlanda o Alemania que en Sevilla. Es algo muy global. Sabemos de fieles también en Canadá, Filipinas, Paraguay… No solo ocurre en un pueblecito a 30 kilómetros de Sevilla. Es algo que llega muy lejos.

- ¿No se ha encontrado voces en contra de la secta dentro de El Palmar entonces?

- Hay que tener en cuenta que cuando Clemente y compañía deciden construir una basílica a imagen y semejanza de la de El Pilar, de repente, El Palmar es el pueblo de España con menos paro. Se produce una simbiosis maravillosa, porque de repente todo el mundo tiene trabajo y se construye una basílica en quince años, con carpinteros, albañiles, proveedores, servicios… Y a raíz de aquello, se han acostumbrado y viven en paz y armonía desde hace mucho tiempo. De alguna manera, la iglesia palmariana, además, ha puesto a esta aldea en el mapa.

Sí hay gente que te habla mal de los palmarianos, pero también te dicen: en el 68 pasó algo. Distinguen eso de lo que montaron luego; trazan esa línea. También conocimos a varias de las niñas que dijeron haber visto a la Virgen, que tienen ahora 65 años, y hemos conversado mucho con ellas. No han participado en el documental porque esa no era la historia. Y dos de ellas van todas las tardes a la basílica a rezar. Son fieles, simpatizantes. No son internas, sí tienen distancia con los palmarianos.

- ¿En qué momento está ahora la iglesia de El Palmar?

- Está, que ya es bastante logro… Han pasado de cerrarse en sí mismos y de ser totalmente impermeables a tener Instagram, que tienen sólo 130 followers y dos somos Dani (el subdirector) y yo. Y bueno, esto ya es más una elucubración, pero sí parece que tiene un problema de número de fieles, y, por lo tanto, de ingresos.

- ¿Considera que un proyecto como este podría tener cabida en la televisión en abierto?

- Hoy en día en las televisiones, todos sueltan la frase de: “Estoy haciendo una televisión distinta”. Pero realmente quienes lo dicen y, además, lo hacen son muy pocos. Como Movistar, hay muy pocos. No sé si hay más, de hecho. Por suerte, proyectos como este se pueden hacer aquí. ¿En Televisión Española, hacer algo sobre el Palmar de Troya? Teniendo en cuenta que los que deciden ya eran mayores cuando nació el Palmar de Troya... Pues creo que no.

La historia de la Iglesia Palmariana, un grupo peligroso que sigue existiendo.

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FUENTE: El Español

30 de marzo de 1968. Cerca de Utrera (Sevilla), en un secarral a un kilómetro de la desconocida zona del Palmar de Troya, cuatro niñas acuden a coger flores. Cuando vuelven todas dicen que allí ha pasado algo raro, una visión, un milagro. Cuentan que han visto un toro con cuernos verdes, un hombre ahorcado y a una señora muy guapa que creen que era la Virgen. Los relatos de todas aquellas chavalas no coincidían, pero no importaba, en una época crucial para España, en pleno tardofranquismo y en un país y una zona de fervor religioso, aquello fue una chispa suficiente para encender un fenómeno. Así comienza el artículo de Javier Zurro en El Español.

Aquella aparición, que como todas suele comenzar con unos niños, convirtió la zona en un lugar de peregrinación. Pero pronto evolucionó, y allí surgieron videntes que entraban en éxtasis en aquella zona, provocando que miles de curiosos se acercaran a la zona a ver el espectáculo y que se colocara la primera piedra de lo que posteriormente se convertiría en la basílica de una religión propia con tintes de secta. Entre aquellos personajes, uno fue fundamental, Clemente Domínguez, al que desde el comienzo se veía pulular por allí y tomar notas, y que junto a su amigo Manolo creó un negocio de todo aquello.

En verano de 1969 Clemente pasó de curioso a vidente, y comenzaron sus apariciones. Se había ganado la confianza de todo el mundo, y era la persona más carismática de la zona, de aquellos que pasaban horas y días allí esperando nuevos milagros. Lo único que ocurría allí eran momentos de supuesto éxtasis en los que los ‘videntes’ decían lo que les transmitía Jesús, la Virgen o Dios. Pero eso cambió con él. Apareció con estigmas, los fotografió, y aunque nadie estudió si eso era real o no, todos lo creyeron. Se le llegaron a aparecer 70 santos diferentes, y sus devotos dicen que un día perdió 15 litros de sangre en un acto sobrenatural.

Con todo ese currículum era normal que se convirtiera en el líder de todos aquellos seguidores que no contaban con que Clemente crearía de aquella aparición divina un negocio y una iglesia paralela a la católica, que llegó a excomulgarle por desafiarles y formar una secta llamada ‘La orden de los Carmelitas de la Santa Faz’.

Toda la historia del Palmar de Troya y lo que ocurrió dentro de esta nueva religión es lo que cuenta la nueva serie documental de Movistar+ (“El Palmar de Troya”) que ha llegado el jueves 6 y para la que sus directores (Israel de Santo y Daniel Boluda) han investigado durante tres años. Sólo así era posible tener acceso a material inédito, fotografías, grabaciones y testimonios tan importantes como creyentes y seguidores de la secta, detractores y hasta del último Papa que tuvo, Ginés Hernández, que comenzó una relación con una de las monjas de su orden y acabaron presos por intentar llevarse por la fuerza el dinero de su secta.

Una de las características más peculiares de esta orden es que tiene Papas autoproclamados, algo que nace en 1976, cuando tras la muerte de Franco –y años después del Concilio del Vaticano II– la orden se posiciona del lado reaccionario. No quieren cambios en la sociedad, tampoco en la Iglesia. Así que desafían el orden establecido y consiguen que un arzobispo vietnamita les ordene sacerdotes y les consagre obispos sin el consentimiento del Vaticano. Por ello serán excomulgados. Muchos creen que realmente creían en los valores pre concilio, aunque otros creen que Clemente vio aquí una posibilidad de oro para aumentar su negocio y su estafa.

Él mismo se autoproclamó Papa y creo una religión propia de la que excomulgaron a todos los socialistas, a Juan Pablo II o a la Familia Real, y que tenía sus propios santos, entre ellos Francisco Franco, del que incluso hay una estatua con una aureola en el Palmar. Ya en noviembre de 1976 comenzaron los primeros problemas. Jesús Hernández, que había sido nombrado obispo, se separó de esa congregación y declaró a la prensa que Clemente Domínguez y su mano derecha Manuel Alonso se estaban enriqueciendo con todo aquello. Daba lo mismo, era el comienzo de una historia truculenta en la que cada persona que salía contaba una historia más escabrosa que la anterior. Dentro de sus dominios parecía que no pasaba el tiempo, y que las normas de una época feudal se mantenían.

Los que conseguían salir de sus fauces denunciaban abusos sexuales, estafas… Pero dos casos se llevan la palma. El primero ocurrió en 1982, cuando un novicio de la orden se cortó los testículos con un trozo de espejo roto y luego los tiró por el retrete. También se mutiló el pene y clavó puás de su cilicio en sus ojos. Aunque quizás lo que más ha marcado han sido las acusaciones de abusos sexuales. Muchas veces en forma de rumores, pero posteriormente han sido los propios sacerdotes de la secta los que lo han denunciado, es el caso del padre Tobías, que había abandonado la Orden y denunciado abusos sexuales hace más de 20 años.

Su caso fue muy sonado, pero más su trágico final. En 2016, con 49 años, le convencieron para que regresara a El Palmar. Dos días después, misteriosamente, sufrió un infarto y murió. Su familia llegó a demostrar que había habido negligencia, ya que nunca llamaron a una ambulancia y su certificado de defunción sólo estaba firmado por el médico de la propia orden del Palmar. Cuando pidieron una autopsia les dijeron que el cuerpo ya había sido enterrado allí. Historias sombrías de uno de los lugares más oscuros de nuestro país, donde la visión de cuatro niñas provocó el nacimiento de una secta que más de 50 años sigue en activo.