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martes, 24 de marzo de 2020

El virus chino: pandemia, totalitarismo y desinformación I

Tal y como los soviéticos en Chernóbil, el gobierno chino es culpable de haber mantenido en secreto lo que se ha convertido en amenaza global
OPINIÓNASIACOLUMNISTASDESTACADO
Por Guillermo Rodríguez González Actualizado Mar 22, 2020
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La falta de libertad en China ha puesto al mundo de rodillas. (Foto: Flickr)
La hipersensibilidad chovinista extrema con que el totalitarismo comunista chino respondió al calificativo de “virus chino” en boca de Donald Trump era previsible. Pero no se limitó a la “indignación” previsible la hipócrita respuesta. Siguió una inmediata y agresiva campaña de desinformación y propaganda que intenta atribuir el origen del virus a servicios de inteligencia estadounidenses. Los comunistas chinos cuentan con la orgullosa idiotez de infinidad de izquierdistas antiestadounidenses en el mundo –e incluso en los propios Estados Unidos– para difundir su desinformación.

Lo que combaten es la verdad, que va desde lo más obvio, como que la mutación de coronavirus que se ha extendido como pandemia es en efecto un “virus chino” en el mismo sentido que un oso panda o un gusano de seda. El virus muta en China, y en China salta de especie al entrar en la cadena alimenticia humana. Nada nuevo, ni en China ni en otro lugar. Así es como las nuevas enfermedades contagiosas surgen y se diseminan. Eso es intrascendente, excepto para los esfuerzos de desinformación y propaganda del Beijing. Esfuerzos desesperados a nivel interno y global.

Censura, desinformación y pandemia
La realidad, hoy conocida por parte de la población de la China sojuzgada –menos que en los brutales y absurdos tiempos de Mao, pero todavía sojuzgada por un totalitarismo más sutil, lo que lo hace más poderoso en recursos al tiempo que lo somete a mayores riesgos de fragilidad política y económica– y todos los que en el mundo no ven a otro lado como tontos útiles, es que el virus surge en Wuhan y es rápidamente detectado por médicos entre noviembre y diciembre del año pasado. El más notable de ellos –héroe, mártir y símbolo de la tragedia, aunque no el único– fue Li Wenliang, un médico que en las muy censuradas redes cerradas de la Internet china informó públicamente lo que estaba ocurriendo. Había un nuevo virus de rápido contagio y el peligro de epidemia debía ser contenido de inmediato. La respuesta del Partido y el Estado –que no olvidemos, en el China y pese al empleo de un capitalismo a medias (en realidad mercantilismo en que los grandes empresarios son, sin excepción, miembros del partido y a quien no lo sea jamás se le permitiría manejar una gran corporación privada china) siguen siendo una misma cosa profundamente totalitaria– fue la censura y la persecución.

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No contuvieron el virus porque estaban ocupados conteniendo la información –tal y como los soviéticos en Chernóbil– aunque con las peculiaridades del caso, se persiguió a los médicos que difundían información por “atentar contra la armonía social” encarcelándolos incluso por la supuesta “difusión de información falsa” cuando la información falsa que impidió contener la epidemia en su foco inicial la difundieron el Partido y el Estado totalitarios que encabeza el muy “ofendido” –por la verdad– presidente Xi. No sólo prohibieron y persiguieron la difusión de una verdad urgente, sino que inventaron a capricho e impusieron por la fuerza falsedades. La muerte del Doctor Li es el mejor ejemplo de ello. Persiguieron a quien llegó rápidamente a ser seguido en la peculiares redes chinas por más de mil millones de chinos que supieron que algo estaba pasando antes que su gobierno lo acallara, sino que impusieron en un primer momento como “verdad científica del partido” sin soporte científico real alguno, que la única forma de contagio era el contacto directo con animales portadores. A los médicos se les obligó a tratar pacientes potencialmente infectados, sin las precauciones más elementales, en nombre de la “armonía social” y la “ciencia” del partido. Y eso mató a un joven médico que hizo lo correcto.

Conteniendo la verdad por menes Beijing creó la pandemia
El virus se habría podido contener en donde surgió. Porque toda esta historia de torpeza y capricho totalitario duró casi dos meses –o tal vez más, la información sigue siendo fragmentaria para las etapas iniciales, y si algo no es creíble sobre esos momentos, es la cambiante versión de Beijing y sus tontos útiles–. Durante esos meses, en lugar de contener la epidemia se contuvo la verdad. Tal censura fue la que permitió, y de hecho garantizó, que la epidemia se extendiera rápidamente por el país y saliera rápidamente de él, iniciando lo que en poco tiempo sería la pandemia que hoy padece el mundo. Tardíamente el gobierno de Xi Jinping admitiría la realidad, y más rápidamente pasaría severas medidas de cuarentena y control social para contener lo que antes había negado que era parte del problema.

De un lado, la efectividad de las medidas –y de los mecanismos preexistentes de control social mediante los que se aplican– no llega al grado que anuncia la propaganda. Sí, son más que capaces de forzar una severa cuarentena y de construir y dotar rápidamente hospitales de emergencia. Pero empezaron tarde y con deficiencias serias que se empeñan hoy en ocultar tal y como ocultaron el virus inicialmente, garantizando así la pandemia global.

Las pandemias de rápida expansión son un riesgo en un mundo interconectado. Pero pandemia tuvimos ya a principios del siglo XX con la llamada gripe española, en un mundo mucho menos interconectado. Si algo tiene en común con la actual pandemia es que el caldo de cultivo de su expansión fue censura y desinformación. La gripe española surge y se extiende a finales de la primera guerra mundial, cuando las potencias en guerra censuraban toda información “sensible”. De hecho, por eso y no otra cosa se le denominó “gripe española”. España, país neutral y prontamente afectado, fue la fuente primaria de información en la prensa de los neutrales. El origen era otro, pero no es sobre aquella vieja pandemia que tratamos aquí. Tratamos del que la censura y desinformación del totalitarismo chino son causas indiscutibles de la expansión global de una epidemia que pudo ser contenida en origen. Libertad de prensa en todo el mundo es de vida o muerte para todos.
(https://es.panampost.com/guillermo-rodriguez/2020/03/21/el-virus-chino-pandemia-totalitarismo-y-desinformacion-i/?fbclid=IwAR2a3SA0qK87afJd7vOslJUDvhFlfzZj_h3L_OwWJBIrmNWQP_i12ndWYaE)

sábado, 16 de marzo de 2019

Secta marxista y totalitarismo son inseparables

Resultado de imagen para marxismo y satanismo
¿Qué hace a los marxistas insistir una y otra vez en fracasados totalitarismos criminales?
Por Guillermo Rodríguez González  El Mar 16, 2019
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La doctrina detrás de la “dictadura del proletariado” es totalitaria y pseudoracional.
(Foto: Flickr)
El marxismo es la cosmovisión de Marx y Engels, quienes, al igual que sus seguidores, rara vez fueron claros.
Entre esas raras claridades está una carta a J. Weydemeyer en 1852 en la que Marx sostiene que “no soy yo quien merece el mérito por el descubrimiento de la existencia de las clases en la sociedad moderna, al igual que de la lucha que se dedica a ella. Los historiadores burgueses habían puesto delante de mí, el desarrollo histórico de esta lucha de clases y, algunos economistas burgueses me describieron la anatomía económica. Lo que yo aporto es la demostración de que la existencia de las clases sociales sólo va unida a las fases históricas a través del desarrollo de la producción, que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado”.

El marxista más importante –tras el profeta y su patrón– sería el que lograse imponer esa dictadura “del proletariado” sobre una nación, con un totalitarismo que no colapsara tan rápidamente como la reverenciada comuna de París. Y fue el aristócrata Vladimir Ulianov, alias Lenin. Él afirmaba que “la doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y armónica, dando a los hombres una concepción del mundo íntegra, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés”.

No mencionó Lenin las ciencias naturales, aunque Marx y Engels creían haber establecido ahí avances definitivos. Engels (con “Dialéctica de la Naturaleza y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” y su crítica a Eugen Duhring) estableció una epistemología “científica” marxista, luego incuestionable dogma soviético para prosperidad de charlatanes como Lysenko (dogma al que rindieron pleitesía retorica físicos autorizados ignorarlo para dotar a la URSS de bombas atómicas).

En 1902 adelantó: “personas verdaderamente convencidas de haber impulsado la ciencia no reclamarían libertad para las nuevas concepciones al lado de las viejas, sino la sustitución de estas últimas por las primeras”.

En 1922 –ya dictador con una brutal policía política– respondió a la exigencia de libertad de crítica en su socialismo: “Permitidnos poneros delante de un pelotón de fusilamiento por decir eso. O bien evitáis expresar vuestros puntos de vista o, si insistís en expresar en público vuestras opiniones políticas (…) seréis los únicos culpables de que os tratemos como a los elementos peores y más perniciosos”.

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Es obvio que hablamos de una fe dogmática primitiva, fanática y pseudoracional. Y de una religión que niega serlo. ¿Cuál es el núcleo central de esa cosmovisión que todo marxista compartiría como dogma de indiscutible veracidad? Pues lo que ellos denominan “dialéctica material de la historia”. Sin eso no hay marxismo, y para los marxistas fuera de eso no hay explicación de nada.

Marx no sistematizó la terminología sobre dialéctica material de la historia, materialismo dialectico o materialismo histórico. Se refería a su dialéctica marxista como “ciencia”. El marxismo denominará “ciencia” a afirmaciones sin demostración alguna, establecidas por Marx en unas absurdas leyes históricas deducidas de su filosofía dialéctica.

La sistematización en materialismo dialéctico y materialismo histórico es de Georgi Plejánov. Recordemos que contra las profecías de Marx, su revolución llego al poder en la atrasada Rusia, no en capitalismos maduros. El primer dictador de ese primer totalitarismo marxista, Lenin, consideraba a Plejánov el padre del marxismo ruso. Y el segundo, Stalin, partiendo de Engels define el materialismo dialéctico como la aplicación de las leyes dialécticas a la naturaleza y el materialismo histórico como la extensión de las mismas a la historia.

Lo clave del materialismo histórico son los conceptos de “fuerzas materiales de producción” y “relaciones sociales de producción”, la “ciencia” marxista de la historia simplemente afirma que unas misteriosas fuerzas materiales de producción ocasionan unas misteriosas relaciones de producción. ¿Qué son unas y otras? Marx jamás lo aclaró. Únicamente las asoció a la tecnología afirmando cosas como: “al hacerse con nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y al cambiar su modo de producción, su medio de ganarse la vida, cambian el resto de todas las relaciones sociales, el molino manual te da la sociedad del señor feudal; la máquina de vapor, te da la del capitalista industrial”.

Para los marxistas serían las fuerzas materiales las que determinan las ideas y no al revés. Creen que es la infraestructura material la que origina la superestructura ideológica. No lo contrario. Que las clases dominantes son encarnación de relaciones de producción y su pensamiento únicamente puede ser superestructura ideológica, como si las clases dominantes el lugar de cerebros tuvieran glándulas forzadas a secretar superestructura. También creen que las clases en ascenso revolucionario encarnan –en la misma forma– a fuerzas materiales de producción oprimidas por la superestructura ideológica. Y que tales contradicciones las soluciona la historia con sucesivas revoluciones, hasta la última y definitiva. La de ellos.

Marx pretende encajar ahí toda la historia y profetizar el futuro. La historia real no encaja y el futuro no fue el profetizado. Pero los marxistas siguen adorando lo que llaman “la historia” como al dios de una religión atea. Después de todo, afirman que en cada clase únicamente se pueden “pensar” superestructura. Excepto por el proletariado, la clase elegida del fin de la historia y el advenimiento del socialismo. Lo que no puede explicar Marx –y no llega siquiera a plantearse– es que él mismo, al igual que la casi totalidad de los pensadores marxistas, no fueron proletarios. Eso es el absurdo núcleo central en torno al que giran la infinidad de absurdas variantes ortodoxas, heterodoxas o heréticas de la totalitaria religión marxista. Y es eso, no lo accidental, lo que desde el poder únicamente puede ocasionar destrucción material y moral inconmensurable.


Guillermo Rodríguez González 252 Posts 0 Comments
Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela. Síguelo en @grgdesdevzla.
(https://es.panampost.com/guillermo-rodriguez/2019/03/16/la-insistencia-del-marxismo-con-el-totalitarismo/?fbclid=IwAR0rSotMOIWIlIEjeuX8HpF3JyKeXmf2jVBKJPKIZBlGuzPuPxFEn6ZHRxA)

viernes, 8 de diciembre de 2017

El paganismo pan-indigenista de Evo Morales abre camino al totalitarismo


Cuando el hombre desplaza a Dios de su corazón y lo reemplaza con falsos ídolos,
busca desesperadamente aferrarse a esta vida y a sus placeres terrenos, como 
lo es el poder temporal. Pero en esta vida, Sr. Evo Morales, nada es para siempre...

Aleteia Team/Aleteia Bolivia | Dic 07, 2017

Los obispos bolivianos se pronunciaron ante el fallo que permite la repostulación de Evo Morales

“Sin respeto a las leyes no hay democracia”. Así se titula el duro comunicado emitido este miércoles por la Conferencia Episcopal Boliviana tras el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) de Bolivia que habilita la repostulación del presidente Evo Morales en las elecciones del año 2019.

“Con esta sentencia, que autoriza la reelección indefinda del presidente y del vicepresidente del Estado Plurinacional y otras autoridades, entramos en una época en que los gobernantes, aprovechándose del poder judicial, interpretan según sus intereses las leyes y la más importante de ellas, la Constitución Política del Estado”, señalan los obispos.

Además de señalar que se ha ignorado el trabajo de búsqueda de consensos, los obispos fueron aún más contundentes:

“Se han roto los principios básicos de la democracia: el respeto a las leyes, a la institucionalidad y a la separación de los poderes del Estado, lo que abre el camino al totalitarismo y al dominio del más fuerte, con el consiguiente menoscabo de la libertad del pueblo”, expresan.

“Esta sentencia significa un retroceso en la democracia del país, justo en el año que se cumplen 35 años de su conquista por parte del pueblo boliviano”, agregan los obispos.

Por último, los obispos exhortan “a las autoridades judiciales elegidas a devolver la credibilidad en la justicia y trabajar en la renovación del orden judicial”.

Desde hace semanas en Bolivia el tema de la repostulacion de Morales a la Presidencia es objeto de debate y con este pronunciamiento los obispos vuelven a cuestionar el proceder que dio lugar a tal instancia.

Un nuevo capítulo en la serie de intercambios y choques entre las autoridades bolivianas y la Iglesia local. Además, sucede a pocos días de una nueva reunión que Morales tendrá con el papa Francisco en el Vaticano, prevista para el próximo 15 de diciembre.
(https://es.aleteia.org/2017/12/07/en-bolivia-se-abre-camino-al-totalitarismo/)