"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 25 de febrero de 2021

El trampolín comunista de Hitler

 

El trampolín comunista de Hitler

Este lunes, entre los diversos temas sobre los que hablamos Anghara y yo en Pontevedra, surgió el de las causas del auge del nazismo en Alemania. Lo ocurrido con Hitler es, desde luego, un ejemplo claro de hasta qué punto una democracia se puede ir al garete bajo el empuje de los liberticidas. Eso fue lo que ocurrió en las postrimerías de la República de Weimar, cuando totalitarios de uno y otro signo se unieron para echar abajo un régimen que ya de por sí tenía bastantes carencias en términos democráticos. Para arrojar luz sobre esto, ahondaré a continuación en un tema que ya apunté en septiembre del año pasado y sobre el que os prometí entonces que escribiría un artículo: la estrategia de acercamiento de los comunistas alemanes a los nazis en las vísperas del ascenso de Hitler al poder.

Para saber lo que ocurrió debemos situarnos en la Alemania de entreguerras. Desde 1919 preside la República de Weimar -como jefe del Estado- Friedrich Ebert, del Partido Socialdemócrata (SPD), que ocupará el cargo hasta 1925. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la instauración de la República, el régimen ha vivido constantes intentonas golpistas por parte del Partido Comunista de Alemania (KPD), formado en 1918, contra los sucesivos y efímeros gobiernos de coalición encabezados por socialdemócratas, centristas y populares.

La sociedad alemana sufre una fuerte violencia política que se materializa en la creación de milicias: las Sturmabteilung (SA) practican la violencia a las órdenes del Partido Nacional-Socialista (NSDAP) desde 1921; el Rotfrontkämpferbund (más conocido como “Rot Front”) ejerce la violencia a las órdenes de los comunistas desde 1924; finalmente, ese mismo año se forma el Reichbanner Schwarz-Rot-Gold (del que ya os hablé aquí en 2007), que agrupa a socialistas, católicos del Zentrum y demócratas de otras tendencias en defensa de la República de Weimar frente a las milicias de los partidos totalitarios.

El KPD pone en su punto de mira a los socialdemócratas

Siguiendo las consignas de la Internacional Comunista (Komintern) y las afirmaciones hechas por Stalin en 1924 (“la democracia social es un objetivo del ala moderada del fascismo”, “el fascismo y la socialdemocracia no son antípodas, sino gemelos”), el Partido Comunista tacha de “social-fascistas” a los socialdemócratas y los señala como sus principales enemigos, a pesar de la creciente amenaza que representa el Partido Nazi.

El resultado de esas consignas es la ola de violencia revolucionaria organizada por miembros del KPD y por sus milicias del Rot Front en mayo de 1929 en Berlín, unos incidentes que llevaron a movilizar a 13.000 policías armados en los distritos obreros de Wedding y Neukölln tras declarar en ellos el estado de emergencia. Al cabo de tres días, el estallido rojo se saldan con 33 muertos, 200 civiles heridos y 50 policías en el hospital. A raíz de estos graves hechos, y de acuerdo con el gobierno prusiano de coalición liderado por el SPD, el comisionado de la policía de Berlín, el socialdemócrata Karl Zorgiebel, decide ilegalizar el Rot Front en la capital alemana. En mayo de 1927 Zorgiebel ya había disuelto la rama berlinesa del Partido Nazi, expulsando a sus milicias -las SA y a las SS- de las calles, una prohibición levantada en marzo de 1928, dos meses antes de que los nazis se lleven su peor derrota electoral antes de su ascenso al poder.

El KPD usa el nacionalismo para atraer a nazis a sus filas

La política de confrontación del KPD con los socialdemócratas es tal que los comunistas no dudan en aliarse ocasionalmente con los nazis en contra del SPD, a pesar de que por entonces el Rot Front y las SA ya han protagonizado encontronazos sangrientos. De 241 cuestiones votadas en el Reichstag y en el parlamento estatal de Prusia en 1929 y 1930, nazis y comunistas votan juntos en el 70% de las ocasiones. Esta coincidencia no es fruto de la casualidad. En 1919 ya se había formado en las filas comunistas de Hamburgo un grupo conocido como “nacional-bolchevique” que apostaba por sumar esfuerzos con las fuerzas burguesas en la denuncia del Tratado de Versalles, que sometió a Alemania a fuertes indemnizaciones por la Primera Guerra Mundial.

En 1923, el dirigente comunista ucraniano Karl Radek intenta convencer a la Komintern de tomar el ejemplo del fascista alemán Albert Leo Schlageter, fusilado ese mismo año por cometer actos de sabotaje contra las fuerzas de ocupación francesas en la región alemana del Ruhr. Radek pone a Schlageter, convertido en un mártir por los nazis, como un ejemplo de compromiso con una idea: que la amplia mayoría del sentimiento nacional de las masas no se debe al capital, sino que pertenece al terreno del trabajo: “la insistencia en la nación en Alemania es un acto revolucionario”, señala Radek a la Komintern.

En agosto de 1930 la idea fructifica con fuerza: el Comité Central del KPD adopta su primer texto programático desde el publicado en su fundación, y lo hace bajo el título de “Programmerklärung zur nationalen und sozialen Befreiung des deutschen Volkes” (declaración programática para la liberación nacional y social del pueblo alemán). En él, el KPD afirma que “el éxito parcial de la propaganda nazi es el resultado de doce años de la política traidora de la socialdemocracia”, una traición que los comunistas explican en la “entrega total a los imperialistas”, citando a Francia y Polonia, los países más beneficiados por la derrota alemana de 1918. El programa acusa al líder socialista Hermann Müller de ser “el agente voluntario del imperialismo francés y polaco”, y señala -en una declaración que podría firmar cualquier militante nazi- a “la paz robo Versailles” como “el punto de partida de la esclavitud de todos los trabajadores de Alemania”.

El contenido nacionalista de ese programa significa la puesta en práctica de una nueva estrategia, conocida como “Scheringer-Kurs”, dirigida a atraerse a militantes nacional-socialistas descontentos. De hecho, el panfleto intentaba presentar a Hitler como un traidor por “guardar silencio sobre la situación de la población campesina alemana del sur del Tirol, que gime bajo el yugo del fascismo italiano”. Y añade: “Hitler y su partido han vendido los intereses nacionales de las masas trabajadoras de Alemania de la misma manera a los vencedores de Versalles, al igual que la socialdemocracia alemana incesantemente durante doce años”. El manifiesto termina con gritos como “¡Abajo el fascismo y la socialdemocracia!” y “¡Viva Soviética Alemania!”.

Esa estrategia nacionalista del KPD tuvo su máxima expresión en la creación del Scheringer Staffel en Linden, un distrito izquierdista de Hannover. La unidad estaba encabezada por Richard Scheringer, teniente del ejército alemán juzgado y encarcelado en 1930 por formar parte del Partido Nazi. En marzo de 1931, tras abandonar la prisión, Scheringer vuelve a ser noticia por su paso al Partido Comunista. La mencionada unidad llega a usar uniformes de las SA adornados con símbolos soviéticos, dentro del empeño de Scheringer por atraer al KPD a nazis desencatados. El KPD usa el ejemplo del teniente ex-nazi para animar a otros miembros del NSDAP a pasarse a las filas comunistas, apelando al discurso anticapitalista común a ambos partidos.

Una moción de censura conjunta de nazis y comunistas

La deriva nacionalista del KPD llega al punto más extremo de colaboración entre las dos formaciones totalitarias el 18 de octubre de 1930, cuando el parlamento alemán vota y rechaza una moción de censura propuesta por el Partido Nazi y el Partido Comunista contra el gobierno centrista de Heinrich Brüning, que meses antes había prohibido toda muestra de simpatía en las fuerzas armadas hacia nazis y comunistas, por entender que ambos partidos buscan subvertir el estado democrático mediante la violencia para instaurar una dictadura de partido único. La víspera de la votación, el líder socialdemócrata Hermann Müller intenta tomar la palabra en el Reichstag, siendo constantemente interrumpido por el violento alboroto montado por los diputados nacional-socialistas y comunistas. El diario soviético Pravda no duda en elogiar a los nazis diciendo que su comportamiento es “mucho más proletario” que el de los socialdemócratas.

Cuando Stalin da orden a los Partidos Comunistas de aliarse con anarquistas, socialistas e incluso con la izquierda burguesa para formar “frentes populares” contra el surgimiento del fascismo (estrategia que tiene un éxito electoral en Francia y España), ya es demasiado tarde para los alemanes. El SPD se niega a colaborar en la llamada “Acción Antifascista” con un KPD que había puesto su punto de mira en los socialdemócratas durante años, llegando al extremo de apoyar a los nazis en el Reichstag. Los comunistas habían hecho lo posible por desestabilizar la República de Weimar -de lo cual sacaron tajada los nazis-. Habían ayudado al NSDAP a debilitar a los socialdemócratas y, para más inri, la estrategia destinada a atraerse a nazis descontentos a sus filas acaba en fracaso. La apuesta nacionalista del KPD no deja de ser un discurso artificial que, antes bien, lleva a muchos militantes comunistas a pasarse a las filas nazis, donde se profesa el nacionalismo en estado puro conjugado con las consignas obreristas muy similares a las del comunismo.

En las elecciones de noviembre de 1932 el KPD alcanza los 100 escaños a costa del SPD y en plena consolidación del Partido Nazi como fuerza mayoritaria con 196 representantes. De poco le valdrá ya al KPD haber obtenido tan buenos resultados: tres meses después, Hitler se vale del incendio del Reichstag como pretexto para ilegalizar el Partido Comunista. En julio de 1933 tanto los socialdemócratas del SPD como el Zentrum y los demás partidos -a excepción del NSDAP- correrán la misma suerte.

Artículos relacionados:

– Cuando nazis y soviéticos lucharon y desfilaron juntos en Polonia
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martes, 13 de octubre de 2020

Hitler, Stalin y el kirchnerismo: la patética coherencia de Time

 Para la publicación norteamericana, una joven legisladora kirchnerista es ejemplo de dirigencia política del futuro

Marcelo Duclos por Marcelo Duclos 12 octubre, 2020

Uno puede discutir si hay una reivindicación o no de un personaje al nombrarlo como personalidad del año. Sin embargo, lo cierto es que, si uno elige visibilizar y darle un espacio central a tal personaje, eso implica de alguna manera avalar su entidad. Claro que negar la importancia de figuras como Joseph Stalin o Adolf Hitler en su momento hubiese sido absurdo. Pero que una publicación del mainstream norteamericano los pueda poner en su portada, con cierta neutralidad o destacándolos es llamativo y cuestionable.

Aunque no mucha gente lo sepa, la popular revista Time eligió al carnicero soviético en dos oportunidades: Stalin fue llevado a la tapa del mencionado medio como personaje del año en 1939 y 1942. Y el eventual aliado de los Estados Unidos no fue el único genocida en gozar de esa mención. El psicópata de Hitler fue el elegido en 1938, un año antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Los dislates de Time a través de los años continuaron, aunque sin menciones ni reconocimientos a responsables de matanzas masivas de seres humanos. Hablando de dar entidad al que carece de cualquier mérito, cabe recordar que el año pasado la joven sueca Greta Thunberg fue la personalidad escogida.

Este año la revista decidió darle publicidad a otro personaje que, a diferencia de la sueca, si no fuese por esa mención, no la conocería nadie fuera de la Argentina (o de Buenos Aires). Para Time la legisladora Ofelia Fernández es una de los diez líderes más destacadas de la próxima generación. El mérito que la histórica publicación le encuentra a la joven referente kirchnerista es haber llegado a la legislatura con 19 años y llevar la causa del aborto como principal bandera política. Los lectores norteamericanos la conocieron gracias a este artículo, que asegura que en Argentina es un referente de la juventud. En lo más mínimo…

Fuera del núcleo duro del kirchnerismo, la llegada de la abortista Fernández a su banca (gracias a la lista sábana) lo único que generó fue indignación general. Su único “logro” en su temprana militancia política fue la toma de su escuela y una presentación en sociedad, al momento de su candidatura, absolutamente burda. En un discurso público dijo que la tibieza de la burguesía le secaba la “concha” (vagina). Pero para Time, Ofelia es el ejemplo de liderazgo juvenil del futuro. La verdad es que no tiene nada que ofrecer, y aunque utilice la violencia y un discurso de mal gusto, lo importante después de todo es que no es más que otra adolescente socialista del montón.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Perón, un militar admirador de Mussolini y de Hitler que llegó a la política a través de un golpe de Estado

En "1943″, que Sudamericana publicará en octubre, la historiadora María Sáenz Quesada cuenta cómo era la Argentina antes del derrocamiento del gobierno de Ramón Castillo, repasa la formación del líder justicialista y sus consideraciones sobre lo que ocurría en Europa. Infobae publica un adelanto

Por María Sáenz Quesada

En los años de la Concordancia, los oficiales del Ejército Argentino dividieron su actividad entre lo profesional y lo político. Respon­dían así a los estímulos que les llegaban desde los institutos mi­litares, las publicaciones especializadas y los estudios sobre el terreno en los sucesivos destinos en que se desempeñaron; asi­mismo, en los tiempos convulsionados de entreguerras, fueron sensibles al mundo externo de la política nacional e internacional. Ese fue el caso de Juan Domingo Perón, dueño de una buena foja de servicios profesionales, cuando el golpe de Estado del 4 de ju­nio de 1943 le abrió las puertas de la política. Como su acceso al poder se vincula con la actividad de la logia militar Grupo de Oficiales Unidos (GOU), en este capítulo se verá en primer lugar su trayectoria profesional hasta 1943, seguida por la fundación del GOU, proyecto político según el cual el Ejército se constituía en custodio de la República.

Un oficial de porvenir

Egresado del Colegio Militar en 1913, donde no se destacó como es­tudiante, Juan Domingo Perón revistó en la infantería. Entre sus destinos figuraban Paraná, Santa Fe, Chaco —durante la huelga de La Forestal—, Jujuy, Neuquén, Mendoza y Comodoro Rivada­via. Sus sucesivos jefes le pronosticaron un excelente porvenir. De su desempeño como instructor en la Escuela de Suboficiales dijeron: “Nervio, actividad, eterno buen humor, parece un niño y sin embargo su pasta es la del verdadero soldado, despierta en el más apático el deseo de trabajar. Vive para la compañía, es un atleta campeón de espada, absolutamente sincero y leal”. En cartas dirigidas a sus padres, que vivían en una estancia en Chubut, el joven subteniente revela una temprana vocación por la historia argentina y fuertes sentimientos antibritánicos. “Fui con­trario siempre a lo que fuera británico, y después de brasil, a nadie ni a nada tengo tanta repulsión”, escribía en noviembre de 1918. Todo esto lo llevó a apoyar la neutralidad del país en la Primera Guerra Mundial, contra la opinión de sus padres, partidarios de los Aliados (la Entente). Más tarde manifestó su oposición al presiden­te Hipólito Yrigoyen; justificaba su enojo en “todo el daño que este infame causó en desmedro de la disciplina de nuestro tan querido Ejército, que siempre fue modelo de abnegación y de trabajo honra­do”. El descontento hacia el gobierno radical era común en el ámbito militar, no solo por haber reincorporado en las filas a oficiales dados de baja por participar en las intentonas revolucionarias, sino tam­bién por el uso de las fuerzas armadas en tareas de represión y en las intervenciones a las provincias. Según el joven oficial, Yrigoyen no tenía “la talla moral de un Mitre o de un Sarmiento”, cuando el bien disciplinado Ejército era “la admiración de Sudamérica”. Perón, que simpatizaba con las corrientes nacionalistas y ar­gentinistas de la época, criticaba las consecuencias de la inmigración al advertir que “la honradez criolla” desaparecía: [...] contaminada por el torbellino de gringos muertos de ham­bre que diariamente vomitan los transatlánticos en nuestro puerto; después, uno oye hablar a un gringo y ellos nos han civilizado; oye hablar a un gallego, ellos nos han civilizado; oye hablar a un inglés y ellos nos han hecho los ferrocarriles; [...] no se acuerdan de que cuando vinieron eran barrenderos, sirvientes y peones.

Oficial de Estado Mayor

Ya oficial de Estado Mayor y profesor de historia militar en la Escuela Superior de Guerra, Perón escribió artículos sobre his­toria y teoría bélicas. Su libro, Apuntes de historia militar, tuvo varias ediciones. Entre los pensadores militares que influyeron en su preparación académica figuraba Juan Lucio Cernadas, quien lo introdujo en la lectura de Carl von Clausewitz, Colmar von der Goltz y Ferdinand Foch y en la concepción amplia de la doctrina de guerra que incluye “la nación en armas”. El coronel José María Sarobe fue el jefe al que más admiró. Según Carlos Piñeiro Iñíguez, esta relación tuvo carácter discipular. El libro en el que Sarobe proponía tareas pendientes de unificación aduanera y una coope­ración basada en el eje Argentina­-Brasil resultó un antecedente de la relación de Perón y Vargas años después, en la que revirtió la antipatía hacia el país vecino manifestada en sus cartas juveniles. En la presidencia de Justo, Perón se desempeñó como ayudan­te del ministro de Guerra, general Manuel Rodríguez. Agregado militar en Chile en 1936, sus informes fueron valorados por el general Luis César Perlinger: pudo sortear el fracaso de la misión de espionaje que inició en Santiago y que recayó en su sucesor en el cargo, el entonces mayor Eduardo Lonardi. Enviado a Italia en 1939 en misión de estudio, Perón mereció muy buenas califi­caciones. Regresó dos años después y fue destinado a Mendoza. Ascendido a coronel llegó a buenos Aires en diciembre de 1942, a la inspección de Tropas de Montaña. una sola sombra en esta foja: en 1940, el general Juan Monferini reclamó tribunal de ho­nor porque Perón y el coronel Enrique Rottjer, autores de la obra Las operaciones en 1870, no lo incluyeron en las citas bibliográ­ficas. La sanción que mereció fue leve, y nada obstaría para que ese año obtuviera excelentes calificaciones.

Agustín P. Justo, presidente de la Nación entre 1932 y 1938. 
Agustín P. Justo, presidente de la Nación entre 1932 y 1938.
En la conspiración del 6 de septiembre

Su historia política fue más intensa que lo revelado en la foja. Según su propio relato, Perón se incorporó a la conspiración del general José Félix Uriburu en 1930. Era entonces ayudante del co­ronel Francisco Fasola Castaño, jefe de ideas nacionalistas. Asistió a reuniones secretas, a las que concurrían, entre otros oficiales, Juan bautista Molina, Álvaro Alsogaray, Pedro Pablo Ramírez, urbano de la Vega, José Humberto Sosa Molina, Miguel Mascaró y Franklin Lucero; allí se hablaba del hartazgo de la oficialidad con yrigoyen, de la prensa nacionalista, de lo conversado entre uriburu y Leopoldo Lugones y de otros temas. Aunque todo le pareció muy improvisado, el capitán Perón si­guió adelante. El destino que le asignó el “Estado Mayor” de Uri­buru fue la Escuela de Suboficiales. Perón intuyó el fracaso de su misión, se consideró desligado del compromiso y fue expulsado del grupo revolucionario. Se acercó entonces al teniente coronel Descal­zo y al coronel Sarobe, que formaban parte del sector liberal de la conspiración que orientaban el general Justo, los socialistas inde­pendientes y el diario Crítica. La intención de este grupo era derro­car a Yrigoyen con el objetivo de convocar a elecciones y retornar al sistema constitucional cuanto antes. A ese efecto, Descalzo redactó un programa de acción, y Perón lo imprimió en mimeógrafo.

En un relato sobre los sucesos del 6 de septiembre, escrito a pedido de Sarobe, en enero de 1931, dice Perón:

Solo un milagro pudo salvar la revolución. Ese milagro lo rea­lizó el pueblo de Buenos Aires, que en forma de una avalancha humana se desbordó en las calles al grito de “viva la revolu­ción”, que tomó la Casa de Gobierno, que decidió a las tropas en favor del movimiento y cooperó en todas formas a decidir una victoria que de otro modo hubiera sido imposible.

En este texto, la palabra “pueblo” se identifica con los grupos juveniles de clase media y alta, movilizados por los partidos de la oposición y por los nacionalistas. Como observó Carlos Fayt, el autor se manifiesta como un frío oficial de Estado Mayor, dispues­to a no exponer inútilmente su vida y su carrera, partidario del orden y de las jerarquías, que actúa en defensa de la Constitución y que aprenderá la lección acerca de cómo, con quiénes y bajo qué condiciones puede organizarse una acción revolucionaria. 8 Años después, Perón explicó que era muy joven y se había equivocado al sumarse al golpe militar. No obstante, siguió la misma línea del grupo de oficiales justistas que en un principio fue relegado por Uriburu. Destinado a La Quiaca, considerado un castigo, aprove­chó la oportunidad para profundizar su conocimiento del lugar y de su gente.

José Félix Uriburu
José Félix Uriburu
Cartas a Sarobe

En 1931, el coronel José María Sarobe fue designado como agre­gado militar en la embajada argentina de Japón. Era una forma elegante de alejarlo. En esas circunstancias, Perón le escribía dando cuenta de lo que sucedía en el país. En abril de 1931 le informó a Sarobe sobre la actividad de la Legión Cívica Argen­tina, “una especie de milicia ciudadana que cooperaría en caso de alteración del orden”, apoyada desde la Escuela Superior de Guerra. Dijo también que debido al fracaso del gobierno en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, que le dieron un nue­vo triunfo al radicalismo, volvió Justo al centro de la escena: “El general Justo parece ser en estos momentos el árbitro de la situación [...] no creo que otra persona pueda salvar al gobierno provisional”. A continuación, lamentaba el desorden en el cuadro de oficiales, consecuencia negativa de la revolución, y proponía más disciplina:

Será necesario que los hombres que vengan a gobernar vuel­van las cosas a su lugar. Esto no tiene otro arreglo que dupli­car las tareas. El año 1932, por lo menos, debe ser para los oficiales, en general, un año de extraordinario trabajo de todo orden, solo así podrá evitarse el mal que produce en el Ejército la ociosidad, la murmuración y la política. Será necesario que cada militar esté ocupado en asuntos de su profesión, de diana a retreta. De lo contrario, esto irá de mal en peor.

Perón calificó de “inicuo” el frustrado levantamiento radical de Gregorio Pomar en Corrientes. Con respecto a las elecciones presidenciales de noviembre de 1931 en las que la fórmula radical fue vetada, y compitieron Justo­-Roca contra Repetto-­De la Torre, se burló de Lisandro de la Torre y concluyó: “En general, la gente que piensa entiende que la única solución es el general Justo, y creo que será Presidente”. Casado con María Aurelia Tizón, joven de clase media porte­ña, hija de inmigrantes de origen gallego y vasco, Perón desplegó una intensa actividad de propaganda en la campaña electoral del justismo y justificó su trabajo político en la ya citada correspon­dencia:

Muchos oficiales que no entendemos nada de política esta­mos en plena tarea de movilización de familiares y amigos. Pensamos que hoy no es una falta intervenir en favor del candidato de nuestra predilección y lo hacemos con la con­veniente y necesaria discreción. yo tengo a todos los varones de la familia y amigos civiles ocupados en la propaganda política activa y siento que las mujeres no voten porque, en ese caso, de la familia nomás me llevaba más de veinte votantes [...] Varios amigos curas que tengo, a quienes he encargado que hagan propaganda, me han dado un alegrón porque me hicieron una reflexión muy acertada: los curas votan y propician al candidato más probable que permita asegurarles la estabilidad.

Destaca Rosendo Fraga en esta carta las tres ideas que serán centrales en la concepción política de Perón más de una década después:

[...] el valor electoral de tener a la iglesia a favor, la potenciali­dad política de la mujer y el concepto dualista respecto al pro­fesionalismo militar, que implica por un lado subordinación, pero que no excluye simultáneamente la toma de posición frente a los acontecimientos políticos.

En la presidencia de Justo, el mayor Perón fue ayudante de campo del ministro de Guerra, Manuel A. Rodríguez, y de su sucesor, Eleazar Videla. De allí salió para destinos en Chile y en italia.

Bartolomé Descalzó: el fascismo sazonó sus ideas

Bartolomé Galíndez relata que a mediados de 1955 conversó lar­gamente con Descalzo, que había sido amigo de Perón y después se distanció, como tantos otros. A la pregunta de si encontró a lo largo del tiempo un signo que revelara al hombre de la revolución de junio de 1943, recibió esta respuesta:

Perón fue siempre un muchacho pobre y ahorrativo a la vez: tenía en su cuenta corriente una pequeña suma de dinero. Sus hábitos eran normales y sus procederes correctos. Se cuidaba en las comidas pues durante una época padeció del hígado. Desempeñaba sus funciones con dedicación como todo buen oficial. Esto, hasta que fue designado agregado militar en Chi­le. Ahí se despertó su primera ambición. Se trasladó a Italia y el fascismo sazonó sus nuevas ideas.

Benito Mussolini, haciendo el saludo fascista ante la multitud desde un balcón
Benito Mussolini, haciendo el saludo fascista ante la multitud desde un balcón
Cartas romanas

En cartas escritas por Perón desde Italia —conocidas gracias a la laboriosa investigación del doctor ignacio Martín Cloppet— se re­velan sus sentimientos y reflexiones en la etapa en que simpatizó con el fascismo. Arribó a Génova en abril de 1939, a bordo del tran­satlántico Conte Grande, meses antes de que estallara la guerra. Destinado al Comando de la División Andina Tridentina (Merano, Bolzano), a la división de infantería de montaña de Pinerolo en el Piamonte y a la Escuela de Alpinismo de Aosta en los Alpes, también fue asignado brevemente a la embajada en Roma.

Las cartas a su cuñada, la profesora María Tizón Erostarbe, contienen interesantes observaciones. De la escala en los puertos brasileños dice Perón:

La impresión que tengo de Brasil, salvo de Río de Janeiro que es una ciudad moderna, es que están un siglo atrás de nosotros, como los chilenos. Aquí los negros y allá los rotos y los indios. República Argentina hay solo una, y buenos Aires, hasta ahora, inigualable.

Ya en Roma quedó deslumbrado.

Italia en lo que he visto es una maravilla. Gente buena, mucho orden, trenes lujosos y muy buen servicio. Hoteles ba­ratos, comida cara. Roma grandiosa: he visto ya hoy mucho y mañana seguiré viendo. Hay para rato. No es ciudad para divertirse, es para visitar y recorrer los siglos de historia que uno se ha morfado en el colegio y estudios [...] Mucha gen­te de uniforme, mucha tranquilidad, la agitación de guerra que nosotros sentimos allá es obra de la prensa, propaganda de los miserables yanquis, franceses y compañía. Aquí hay mucho orden, disciplina, patriotismo y se trabaja mucho [...] Mañana salgo de turista inglés a las 8:30. Voy a misa canta­da en San Pedro y luego turismo.

Perón visitó a la madre de un sacerdote amigo, que vivía en un pueblito edificado sobre la cumbre de un cerro, cerca de Nápoles, ciudad que no le gustó. De esa excursión dijo:

Casi todas estas “citadinas”, “borghos”, “paesi”, como los lla­man aquí según el grado de su importancia, son los resabios de la Edad Media que aún quedan. Qué suerte, María, que en nuestro país la Edad Media no se hizo presente.

A la distancia estableció comparaciones:

Lo mejor de Italia: Roma; lo mejor de Roma: lo histórico y el Vaticano; lo mejor del mundo: buenos Aires [...] Lo mejor de Buenos Aires: sus habitantes, con todos sus defectos y macanas [...] La única desgracia que apreciamos en nuestro pueblo proviene del exceso de bienestar. Creo sin duda que estos países han llegado a un grado de organización, orden y trabajo, difícil de igualar [...] Hoy he comprobado que la necesidad es un factor poderoso para hacer virtuosos a los pueblos [...] Con todo prefiero pertenecer a un pueblo sin necesidades, especialmente si ese pueblo es nuevo como el nuestro y tiene aún por delante un gran porvenir para forjar. De Europa, al contrario de lo que muchos piensan, no creo que tengamos nada que aprender en el orden material, pero es honrado reconocer que tenemos mucho que imitar en el orden espiritual.


"1943", el libro de María Sáenz Quesada que publicará Sudamericana en octubre
Mussolini, el modelo fascista

Esa Europa estaba a punto de precipitarse en una guerra total, en la que el militar argentino tomó partido por los fascismos a contrapelo de las simpatías de sus referentes liberales del jus­tismo, que fueron aliadófilos. En cartas a su cuñada definió al fascismo como “un gran movimiento espiritual contemporáneo, lógica reacción contra un siglo de materialismo ‘comunizante’”. Narró que había asistido a una concentración de 70.000 mucha­chas de toda italia.

Comienza la obra de la mujer y de la mujer joven [...] Este gran hombre que es Mussolini sabe lo que quiere y conoce bien el camino para llegar a ese objetivo. Si las fuerzas desatadas al servicio del mal se oponen a sus designios, luchará hasta morir, y si lo matan, quedará su doctrina, aunque yo siempre he tenido más fe al hombre que a las doctrinas.El panorama social de italia es igual al de los demás países: Un capitalismo sin grandes recursos, pero que mueve lo que tiene para crear valores; un laborismo sufrido y pujante, que en combinación con el capitalismo elabora valores y crea rique­zas donde la naturaleza ha negado gran parte de sus dones. La dirección a cargo de otra clase nueva (el fascismo) que gobierna y administra, vale decir dirige el capital, el trabajo y las fuerzas espirituales que no descuida. Lo más difícil es mantener la justa proporción que debe exis­tir, en todos los regímenes, entre la parte de la población que produce (capital y trabajo) y la que dirige (que no produce). Hasta ahora el fascismo mantiene esta justa proporción, pero si las necesidades político­-internas lo llevan a aumentar el personal que dirige, caerá en la burocracia, que un país pobre como Italia no podrá resistir. Nuestro régimen burocrático que ya es una rémora, lo aguan­tamos porque la Argentina es inmensamente rica, pero un país europeo sin colonias para exprimir, como lo hace Inglaterra, Francia, etcétera, no puede cosechar una burocracia sin sucumbir.

Como se aprecia en esta correspondencia, Perón estaba con­vencido de que el fascismo era el mejor sistema de gobierno para equilibrar las relaciones entre capital y trabajo y pensaba, como la mayoría de sus compatriotas, que la Argentina era un país inmen­samente rico, en condiciones de soportar la mala administración de sus recursos. Estas reflexiones políticas constituían el componente intelectual de la estadía romana, matizada por una vida social in­tensa, la relación sentimental con la joven Giuliana dei Fiori, los destinos militares en el norte y el aprendizaje del idioma.

Adolf Hitler 
Adolf Hitler
Hitler y los grandes valores morales

Al comenzar la guerra, Perón le escribió a su cuñada desde el apostadero de Merano, en Bolzano, en el norte de Italia, próximo a la frontera austríaca. Esbozó un inteligente análisis de las posibilidades de los bandos enfrentados y de la actitud que la Argentina tendría que asumir: “Tarde o temprano habrá que embanderarse en una de las dos tendencias... Solo se trata de saber elegir”. Con respecto a su visión del conflicto, en el Frente oriental, “se des­prende que, por mal que siga el asunto, cuando reciban ustedes esta carta, Alemania habrá terminado con los polacos, mediante la ocupación de casi todo su territorio”. En el Frente occidental, constituido por Bélgica, Francia y Luxemburgo:

Alemania les meterá fuerzas superiores a los nueve millo­nes de hombres, que Francia e Inglaterra no podrán poner aunque se esfuercen mucho [...] Mi pálpito es que, si contra lo que pienso, el conflicto no se generaliza y dejan solos a Alemania, Francia e Inglaterra, las operaciones continenta­les están terminadas antes de mayo de 1940 con la derrota absoluta de los franceses a ingleses. Quedaría después en pie Inglaterra en el mar y ahí está a mi entender la dificultad de los alemanes, que en este elemento no podrán vencer nunca a Inglaterra.

En síntesis, le tenía fe al Führer y estaba convencido de que mientras “los grandes valores materiales están del lado de los aliados, los grandes valores morales están del lado de los alema­nes". La historia dirá después cuál de estos valores tiene la supre­macía de la influencia en la guerra”. Sin duda, Perón acertó en cuanto al éxito militar de la primera fase de la guerra, así como en prever la dificultad que tendría Alemania para enfrentar al imperio británico en los mares. otras previsiones fueron menos felices. En cuanto a los “grandes valores morales del nazismo”, la guerra iría desnudando la tragedia que se escondía tras los discursos patrióticos. Desde lo personal, Perón quería quedarse el mayor tiempo posible en Europa. No obstante llegó la orden de que todos los oficiales argentinos en misión de estudio en los países en guerra volvieran al país. Perón lo hizo en un largo recorrido que lo condu­jo a España, donde visitó los lugares históricos de la guerra civil, como el Alcázar de Toledo. De su estadía en Roma queda una fotografía, tomada en un día de fiesta patria en la embajada argentina. En el centro, los diplo­máticos; en la segunda fila se asoma el rostro sonriente de Perón; delante del grupo, unos niños sentados, entre ellos, Magdalena, la pequeña hija del embajador en el Vaticano, Enrique Ruiz Guiñazú. Está claro que las impresiones que Perón recibió en los dos años que duró su destino en el exterior influyeron en forma de­cisiva en su visión del mundo y en su propio concepto del papel que quería desempeñar en el futuro argentino, cuya grandeza descontaba.
(https://www.infobae.com/sociedad/2019/09/29/peron-un-militar-admirador-de-mussolini-y-de-hitler-que-llego-a-la-politica-a-traves-de-un-golpe-de-estado/?fbclid=IwAR39VBFXbO_IDXhQrn1m7SfaiYk7eCsIwZudeHZv7eL7OTviLI20JykQ0L0)

domingo, 21 de abril de 2019

Es peligroso ignorar el fascismo inherente a las sectas socialistas

Nuestra ignorancia del socialismo es peligrosa.

Hitler y Stalin, líderes de dos sanguinarias sectas comunistas, sólo opuestas en la superficie:
el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores y jefe del Partido Comunista Soviético, respectivamente.
La secuela de muerte, destrucción, odio y muerte es inherente y pertenece a la esencia misma de las sectas socialistas.

05/12/2018
Una encuesta reciente de la Victims of Communism Memorial Foundation reveló que el 51 por ciento de los millenials estadounidenses preferirían vivir en un país socialista o comunista que en un país capitalista. Sólo el 42 por ciento prefiere lo segundo.

El veinticinco por ciento de los milenialls que saben quién era Vladimir Lenin lo ven favorablemente. Lenin fue el primer primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La mitad de los millenials nunca han oído hablar del comunista Mao Zedong, que lideró el Partido Comunista Chino de 1949 hasta su muerte en 1972 y fue responsable de la muerte de 45 millones de chinos.

El número de personas que murieron a manos de Josef Stalin puede llegar a los 62 millones. Sin embargo, casi un tercio de los millenials piensan que el expresidente George W. Bush es responsable de más asesinatos que Stalin.

Por cierto, Adolf Hitler, jefe del Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán, fue responsable de la muerte de unos 20 millones de personas. Los nazis aparecen en un pobre tercer puesto en términos de los asesinos en masa más prolíficos de la historia. Según la investigación del profesor Rudolph Rummel, el siglo XX, el siglo más brutal de la humanidad fue testigo de la destrucción de la vida de 262 millones de personas a manos de sus propios gobiernos.

Los jóvenes que no estaban vivos durante la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas de la Guerra Fría podrían ser perdonados por no conocer los horrores del socialismo. Algunas de sus creencias representan que han sido adoctrinados por sus maestros de K-12 y profesores de universidad.

Había tal odio izquierdista hacia Bush que no está descartado que a ese 32 por ciento de los millenials les enseñaran sus maestros y profesores que Bush asesinó a más gente que a Stalin.

Los comunistas, socialistas y marxistas de Estados Unidos tienen poco conocimiento de la historia socialista. Bradley Birzer, profesor de historia en Hillsdale College, lo explica en un artículo para The American Conservative titulado “Socialistas y fascistas siempre han sido primos que se besan“.

Joseph Goebbels escribió en 1925: “Sería mejor para nosotros acabar con nuestra existencia bajo el bolchevismo que soportar la esclavitud bajo el capitalismo”. Este sentimiento nazi podría ser compartido por el senador Bernie Sanders y su camarada, la representante electa Alexandria Ocasio-Cortez. Goebbels agregó: “Creo que es terrible que nosotros y los comunistas nos estemos golpeando en la cabeza”.

Cuando las tragedias de los regímenes socialistas -como las de Venezuela, la URSS, China, Cuba y muchos otros- son señaladas a los izquierdistas de Estados Unidos, consideran a Suecia como su modelo socialista. Pero están totalmente equivocados con respecto a Suecia.

Johan Norberg lo señala en su documental “Suecia: “¿Lecciones para América?” A los estadounidenses les sorprendería saber que el experimento sueco con el socialismo fue un coqueteo relativamente breve, que duró unos 20 años y terminó en desilusión y reforma.

La revista Reason informa:

“Suecia comenzó a hacer retroceder al gobierno a principios de la década de 1990, recobrando el espíritu empresarial que la convirtió en un país rico para empezar. Los altos impuestos y una generosa gama de beneficios del gobierno siguen existiendo. Pero ahora también es una nación de vales escolares, libre comercio, inmigración abierta, regulación de negocios ligeros y sin leyes de salario mínimo”.

Los vales escolares, la regulación ligera de los negocios y la ausencia de leyes de salario mínimo son prácticas profundamente ofensivas para los izquierdistas de Estados Unidos.

Nuestros jóvenes no son los primeros estadounidenses en admirar a tiranos y asesinos. W.E.B. Du Bois, escribiendo en el National Guardian en 1953, dijo: “Stalin era un gran hombre; pocos hombres del siglo XX se acercan a su estatura.” Walter Duranty llamó a Stalin “el mayor estadista viviente” y “un hombre tranquilo y discreto”.

Incluso había admiración izquierdista por Hitler y por su compañero fascista Benito Mussolini. Cuando Hitler llegó al poder en enero de 1933, George Bernard Shaw lo describió como “un hombre muy notable, un hombre muy capaz”. El presidente Franklin Roosevelt calificó a Mussolini de “admirable” y quedó “profundamente impresionado por lo que [había] logrado”.

En 1972, John Kenneth Galbraith visitó la China comunista y elogió a Mao y al sistema económico chino. Su colega de la Universidad de Harvard, John K. Fairbank, creía que Estados Unidos podía aprender mucho de la Revolución Cultural, diciendo: “Los estadounidenses pueden encontrar hoy en la vida colectiva de China un ingrediente de preocupación moral personal por el prójimo que tiene una lección para todos nosotros”.

¿Son los estadounidenses que admiran a los regímenes más brutales del mundo mal educados o estúpidos? ¿O tienen algún tipo de plan enrevesado?

Artículo original de Walter E. Williams, publicado en The Daily Signal el 5 de diciembre de 2018.
(http://bles.com/opinion/noticias-ignorancia-socialismo-peligrosa.html)

jueves, 17 de julio de 2014

Hitler y los Nazis eran anticristianos y creían en la brujería, en el horóscopo y en la astrología


Hitler -y sus seguidores, como Himler, en la foto- tomaba sus decisiones basado en las consultas a los brujos y astrólogos

“El día en que un horóscopo predijo la llegada de Hitler al poder”. Con estas palabras titula el diario español ABC un artículo en el que Manuel P. Villatoro cuenta cómo una «astróloga profesional» anunció en 1914 que un hombre nacido el mismo día que el Führer «daría el ímpetu definitivo al movimiento de liberación alemán». Lo reproducimos a continuación.
Son muchas las ciencias ocultas que, a día de hoy, se sabe que utilizaron los nazis en un intento de ganar la guerra y crear un nuevo orden mundial. Y es que Adolf Hitler era un fiel seguidor de prácticas tales como la parapsicología o las predicciones llevadas a cabo por personas que afirmaban estar en relación con el «otro» mundo. Sin embargo, y a pesar de su contacto con éstas prácticas, el Führer no pudo disimular su sorpresa cuando leyó un horóscopo realizado en 1914 por una «astróloga profesional» en el que, entre otras cosas, se afirmaba que un hombre nacido el mismo día y año que él sería el encargado de dar «el ímpetu definitivo al movimiento de liberación alemán».
Ésta historia, que el tiempo se ha olvidado bajo la alfombra durante años, es una de las docenas de relatos que el periodista Óscar Herradón cuenta en su nuevo libro, Los magos de la guerra (editado por «Libros Cúpula»), un extenso tratado que -según explica el propio autor a ABC- pretende desempolvar el importante papel que tuvieron la magia y la astrología en la lucha por la conquista del mundo durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor español se ha acercado a la apasionante historia de aquellos nazis que, cubiertos por un aura de misterio y ocultismo, usaron todos los medios a su disposición (terrenales y sobrenaturales) para combatir contra sus enemigos. Por supuesto, el autor también se ha ocupado en su texto de la defensa paralela que hacían de estas artes ocultas los aliados.
Una curiosa carta
Corría por entonces 1923, una época dura para Alemania ya que, tras haber sido derrotada en la Gran Guerra, se veía obligada a pagar con descontento las llamadas «reparaciones de guerra» a sus antiguos enemigos. En ese territorio germano hastiado fue donde germinó la semilla del Partido Nacional Socialista Alemán y la de su joven líder, Adolf Hitler, un antiguo soldado de apenas 34 años que, poco a poco, se iba abriendo paso hacia la cumbre de la política. No obstante, y a pesar de que empezaba a dejar su huella en la sociedad, el futuro Führer no era en aquellos días más que un desconocido cabecilla local con un futuro incierto, aunque prometedor.
Precisamente el 30 de septiembre de ese mismo año, el líder recibió una curiosa misiva de una de sus «fans». «Hitler recibió una carta de una de sus miles de admiradoras, de nombre María Heiden, quien se hacía eco de la publicación de un horóscopo que de él había realizado Frau Elsbeth Ebertín, quien pertenecía a una importante estirpe de astrólogos alemanes y que utilizaba innovadoras técnicas astrológicas que todavía hoy emplean los profesionales de los astros tanto en Europa como en Estados Unidos», señala Herradón en su nuevo libro.
Nacida en 1880 y experta en las ciencias ocultas, Ebertín era conocida por ser la primera astróloga profesional de Alemania y contaba con un extenso currículum -entre sus clientes, de hecho, se había encontrado el rey de Bulgaria-. Al ser famosa en todo el país, Hitler leyó atentamente el horóscopo que había redactado la mujer. Curiosamente, éste estaba fechado en 1914 (año en que el futuro dictador se hallaba dándose de tiros en las trincheras de media Europa en plena Primera Guerra Mundial) y se refería a un hombre nacido el 20 de abril de 1889 –el mismo día y año en que el joven Adolf había venido al mundo-.

La increíble predicción
La predicción comenzaba así: «Un combatiente nació el 20 de abril de 1889 y en su nacimiento el Sol se encontraba a 29 grados de Aries (…) Es posible que pronto contribuya al ímpetu que pondrá la piedra a rodar. De acuerdo con las constelaciones estelares, en definitiva, el hombre debe ser considerado con seriedad, y está destinado para el papel de un líder en futuros conflictos. Casi parece que, quien yo tengo en mente, fue escogido por el destino bajo esta fuerte influencia de Aries, para sacrificarse él mismo por el pueblo alemán y soportar todo con valentía y bravura (…), pero al menos dará el ímpetu a un movimiento de liberación alemán, que entonces irrumpirá de repente de una manera elemental».
Treinta años antes de la subida de Hitler al poder, Ebertín había dado en el clavo. Con todo, el horóscopo continuaba, aunque aderezado con algo de nacionalismo: «El pueblo alemán sólo podrá regresar a ser él mismo de nuevo en los campos políticos y religiosos mediante algunos líderes espirituales enviados por Dios, en especial por el grupo de individuos que creen en Dios y tienen una sensibilidad cosmológica, y quienes se encuentran por encima de los partidos políticos. (…) Una vez que el momento correcto en el tiempo llegue (…) entonces las estrellas, que ahora brillan en lugares ocultos, aparecerán como meteoros brillantes de gran belleza».
Según parece, la profecía agradó al joven Adolf Hitler, quien, a partir de ese momento, la usó como forma de propaganda afirmando que su destino estaba escrito en las estrellas. Realmente parecía estarlo, pues Ebertín –fuera por los astros o por pura suerte- acertó en el futuro que esperaba al líder del partido Nacional Socialista, quien se alzó con el poder de Alemania en 1933 e inició una de las guerras más sangrientas de la historia el 1 de septiembre de 1939 tras invadir Polonia.
«En la práctica, los nazis utilizaron las “profecías” que aventuraban un triunfo del Reich de los Mil Años y que hablaban en tono mesiánico del advenimiento de Hitler en su propio beneficio, como arma propagandística, y un departamento secreto comandado por Goebbels, el temible ministro de Propaganda nazi, llevó a cabo una reescritura de algunas Cuartetas de Nostradamus a través del astrólogo suizo Karl Ernst Krafft, que falleció precisamente en un campo de concentración nazi, el de Buchenwald. Todo esto lo cuento extensamente en la obra», afirma Herradón en declaraciones a ABC.

«Los Magos de la guerra»
Los magos de la guerra es uno de los múltiples ensayos que Herradón ha llevado a cabo sobre la Segunda Guerra Mundial. En él, este periodista explica en primer lugar cómo utilizaron la magia los seguidores de Hitler en un intento de ganar la contienda. «La influencia del esoterismo y las ciencias ocultas en el Partido Nazi se remonta a sus propias bases, puesto que está demostrado que el ideario del NSDAP se basa, en no poca medida, en postulados de sociedades secretas nacionalistas –völkisch– que durante el periodo anterior a la Primera Guerra Mundial tenían gran influencia en ciertas zonas de Alemania y Austria. Organizaciones como la Orden de los Nuevos Templarios, en cuyas bases ya se clamaba por el exterminio de los judíos y, para estos exaltados, “otras razas inferiores”», explica el escritor en declaraciones a ABC.
Sin embargo, el mayor de todos estos grupos dedicados al esoterismo y la magia negra era la Sociedad Thule, la cual estaba comandada por el barón Rudolf Von Sebottendorff (quien, como señala el escritor en el libro, posteriormente financió a los grupos nazis que fueron surgiendo con el paso del tiempo). «Se sabe que a Thule pertenecieron personajes tan relevantes en los primeros años del nazismo como Dietrich Eckart, Karl Harrer y Rudolf Hess, más tarde mano derecha de Hitler en el Partido nazi, uno de los personajes más imbuidos por lo esotérico dentro del Tercer Reich junto a Heinrich Himmler, líder de las SS. De todos ellos hablo en la obra», completa Herradón a ABC.
Tampoco se libraron de esta guerra mágica los aliados, quienes, con los británicos al frente, protagonizaron todo tipo de extrañas prácticas para combatir al invasor alemán. «En el bando aliado hicieron lo propio y el llamado “Black Team” de Churchill, del que formaban parte personajes como el también astrólogo Louis de Wohl, utilizaron los horóscopos y las cartas astrales como un “arma” más en las operaciones clandestinas que llevaron a cabo los servicios de Inteligencia», finaliza el autor.

Personajes para el recuerdo
A su vez, en Los magos de la guerra, el lector podrá hallar la historia de varios personajes determinantes en esta guerra ocultista. En el bando nazi, por ejemplo, destacó Erik Jan Hanussen. Conocido como «el profeta del Tercer Reich», este alemán ascendió rápidamente en el escalafón de Hitler –de hecho, se convirtió en uno de sus ocultistas y astrólogos de cabecera con el paso de los años- hasta que fue asesinado misteriosamente por sus propios acólitos.
Los aliados, por su parte, también tuvieron su propio espía amante de las artes ocultas. Éste fue Aleister Crowley, un personaje odiado en su país de origen pero que se convirtió en una pieza esencial de la guerra mágica británica. Tampoco fue desdeñable la aportación del ilusionista Jasper Maskelyne, un hombre que, según cuenta la leyenda, logró hacer desaparecer de la vista de los nazis el Canal de Suez y la ciudad de Alejandría con sus trucos para evitar el bombardeo enemigo.

Tres preguntas a Óscar Herradón
- ¿Cree, tras el estudio realizado, que fue útil el uso de las ciencias ocultas en la II Guerra Mundial?
- Es difícil asegurar hasta qué punto fue útil en el desarrollo de la guerra el uso de las fuerzas ocultas y la astrología, puesto que nos adentraríamos en un delicado terreno, muy complejo, sobre la realidad o no del «poder» de dichas disciplinas, en la que entran en juego numerosos factores e intereses enfrentados. De lo que no cabe duda es de que los servicios secretos de ambos bandos, tanto los aliados como los nazis, supieron hacer un efectivo uso de la llamada «lucha mágica» como una forma más de confundir al enemigo, de alentar a sus propias tropas, infundiendo moral con «falsas profecías».
La importancia por tanto de los horóscopos, las cartas astrales que se trazaron o los vaticinios –fueran o no fruto de una verdadera facultad supranatural, lo que cuesta creer–, fue decisiva en diversas operaciones clandestinas que tuvieron a los «magos de la guerra» como piezas imprescindibles de ese juego de contraespionaje y propaganda negra, camuflaje en el campo de batalla e incluso ceremonias rituales que, en muchos casos, eran temidas por la población.

- ¿Qué personaje tratado en este libro no podrá olvidar jamás?
- Es difícil que algún día pueda olvidar siquiera a alguno de los personajes que salpican cada página del libro, puesto que he dedicado muchísimas horas a conocer sus avatares, sus heroicidades –en algunos casos– y sus crímenes –en otros–. Por afinidad con su pasión por derrotar al nazismo me quedaría con el ilusionista inglés Jasper Maskelyne y por la singularidad de su vida y sus hazañas «mágicas» con Erik Jan Hanussen.
Pero sin duda alguna, al margen de Hitler, uno de los personajes que jamás podré olvidar es a Heinrich Himmler, al que defino como «el mago negro del Tercer Reich», líder de las SS, la Gestapo, toda la policía alemana, responsables de los campos de concentración, jefe de los Ejércitos del Vístula e incluso ministro del Interior del Reich. Sus atrocidades –él fue uno de los principales responsables del Holocausto y también de los terribles experimentos médicos en los campos de la muerte nazis– dejan una huella indeleble en la memoria de aquel que se acerca a su persona, un individuo contradictorio, enfermizo e iluminado que, sin embargo, se erigió en el burócrata más eficaz del complejo organigrama del Tercer Reich y por tanto en el más sanguinario de los hombres del Führer.
Fue, además, el nazi más entregado al misticismo y a una pasión por lo oculto rayana en la locura, llegándose a creer la reencarnación del emperador medieval Enrique «el Pajarero» y el responsable de crear una de las fuerzas militares más temibles de la historia humana, la Orden Negra, un ejército de hombres «arios» que sembró el terror en Europa. Es difícil olvidar su paso devastador por la Historia.

- ¿Ha encontrado alguna situación relacionada con el ocultismo, la astrología… que, a día de hoy, siga sin tener explicación?
- Existen numerosos episodios en relación a la llamada «guerra mágica» que siguen sin poder explicarse al cien por cien, primero, porque aquellas acciones se llevaron a cabo a través de espías y en departamentos secretos cuya principal función era, evidentemente, pasar desapercibidos y que sus operaciones no trascendieran, y, por otro, el hecho de que muchos de los informes que los servicios de Inteligencia de los países que estuvieron involucrados en la guerra todavía no han sido desclasificados. Hay que tener en cuenta que, poco después de la derrota del nazismo, el gran enemigo de los Estados Unidos, Inglaterra y las demás democracias fue la Unión Soviética. La Guerra Fría creó una barrera en la información que afectó también a los expedientes sobre los nazis.
El mismo vuelo de Rudolf Hess, episodio en el que tuvieron no poca influencia las creencias astrológicas del nazi y el hecho de que frecuentara círculos ocultistas –y que recojo ampliamente en el libro– continúa rodeado de claroscuros, aunque todo parece indicar que aquella fracasada misión fue un golpe maestro de la Inteligencia británica. No obstante, sí, quedan capítulos de la Segunda Guerra Mundial donde el misterio continúa siendo el elemento principal. Espero que algún día podamos desvelarlos completamente.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Secta Ahneberbe: neopaganismo nazi para destruir al cristianismo


Cómo el nazismo creó una secta neopagana para destruir el cristianismo

A las 9:18 AM, por Luis Santamaría

Desde buscar el origen de la raza aria hasta planear viajes para robar todo tipo de reliquias y obras de arte. Estas eran algunas de las tareas para las cuales fue fundada laAhnenerbe, una organización que, aunque oficialmente fue creada para dar valor a las tradiciones alemanas, acabó convirtiéndose en un grupo de estudio de las ciencias ocultas con una finalidad clara: destruir el cristianismo e instaurar una nueva religión nazi en Alemania. Así comienza el reportaje que firma Manuel P. Villatoro en el diario ABC.
«El 1 de julio de 1935 se creó la Deutsches Ahnenerbe, o “Sociedad de Estudios para la Historia Antigua del Espíritu"», explica el escritor José Lesta en su libro El enigma nazi (editado por Edaf). Por aquella época, Hitler ya había sido nombrado Canciller de Alemania y el Partido Nazi dominaba toda la política del país. Sin embargo, el Führer quería enfrentarse al mundo y sabía que necesitaría varias cosas: toda la ayuda necesaria para vencer (ya fuera usual o paranormal) y, sobre todo, que la sociedad aceptara el nazismo como una creencia indiscutible. Ambas tareas serían encomendadas a esta nueva secta paracientífica.

El nazi obsesionado por el ocultismo
El encargado de crear la Ahnenerbe fue uno de los miembros del Partido obsesionado por el ocultismo: Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS nazis (un cuerpo de soldados de élite dedicados, entre otras cosas, a la protección de Hitler). «Himmler era con toda seguridad el más fanático creyente en las ciencias ocultas, profesando una fe ciega en “las fuerzas desconocidas que nos rodean"», afirma el escritor.
«Ya en el poder se hizo con la dirección de las temibles SS. Un cuerpo de élite o de monjes guerreros, como a él le gustaba denominarlos, con los que formaría una auténtica Orden Negra que seguiría los preceptos del antiguo paganismo germano y los dogmas de fe del nazismo como creencia religiosa», explica Lesta.

«Himmler dio la orden para la constitución de la sociedad inspirado por Hermann Wirth, profesor holandés especialista en el estudio del germanismo. El primer departamento de la organización fue creado directamente por Wirth, y prestaba particular atención al estudio del antiguo alfabeto rúnico que tanta importancia tendría en la simbología del nazismo», completa el experto. De hecho, tal era su admiración por el lenguaje rúnico que escogió como símbolo para la Ahnenerbe uno de estos emblemas; el de la vida.

Objetivos oficiales y organización
«Los objetivos de la sociedad eran fundamentalmente tres: investigar el alcance territorial y el espíritu de la raza germánica, rescatar y restituir las tradiciones alemanas, y difundir la cultura tradicional alemana entre la población», determina Lesta.
Tras la formación de la sección dedicada al estudio de las runas vinieron varias más. «En 1936 se constituyó el departamento de lingüística, en 1937 el de investigación sobre los contenidos y símbolos de las tradiciones populares, y un año después el departamento de arqueología germánica. Este último se haría famoso por sus extrañas expediciones», sentencia Lesta.
«Estas actividades, extraordinariamente diversificadas hacían que se multiplicaran los departamentos en el seno de la sociedad. Llegó a tener 43, dedicados a danzas populares y canciones tradicionales, estilos regionales, folclore, leyendas, geografía sagrada, ciencias paranormales, etc.», aclara el escritor.
«Andre Brissaud escribe que los trabajos de la sociedad eran “asuntos secretos del Reich", y comprendían desde temas clásicos como “la lengua y literatura germánicas” hasta temas tan curiosos como el “yoga y el zen, doctrinas esotéricas e influencias mágicas sobre el comportamiento humano"», sentencia el experto en su libro.

De todas las premisas necesarias que había que cumplir para formar parte de la Ahnenerbe, la principal era la de contar con el título de doctor universitario. Por su parte, el sistema de trabajo consistía en la organización de diferentes grupos de estudio a cargo de un coordinador.
Sin embargo, no todas las secciones de la Ahnenerbe tuvieron la misma repercusión. Entre las más conocidas, se encontraba la rama ocultista. «La sección esotérica estaba a cargo deFriedrich Hielscher y Wolfram Sievers (en la foto); así mismo el famoso escritor Erns Jünger y el filósofo judío Martin Bubercolaboraron con ella», explica el escritor.

El origen, los asesinos de Thule
Pero, en contra de lo que pudiera parecer, esta sociedad no nació de la nada, sino que basó su estructura y la mayoría de sus ideas en una organización conocida como la sociedad Thule. Este grupo, que estuvo operativo desde la primera década del siglo XX hasta la creación de la Ahnenerbe, destacó porque contaba con un líder que se autodenominaba el precursor del anticristo.
Un joven Adolf Hitler pasaría a formar parte de esta organización una tarde de 1922. «Para entrar se debía facilitar una fotografía que el Gran Maestre examinaba para descubrir en los rasgos antropométricos huellas de sangre extranjera. Asimismo, tenían que jurar pureza de sangre hasta la tercera generación», sentencia Lesta.
Sin embargo, por lo que destacaba esta secta era por su particular forma de hacer justicia en las calles de Baviera, su sede principal. «Sólo entre 1918 y 1922 se contabilizaron (en este estado) 354 crímenes y asesinatos políticos. Según J.M. Romaña, las fuerzas de seguridad estaban siempre al corriente de esta “justicia paralela”, y es que muchos de los oficiales de la policía eran adeptos de la sociedad Thule», explica el experto.
«Además, también se daban muchos casos de personas desaparecidas siempre en extrañas circunstancias. Y entre estos individuos, la mayoría de los cuales eran judíos o comunistas, debemos buscar a las víctimas de los “sacrificios” que fueron asesinadas en rituales de magia astrológica”», señala el escritor, que apostilla por otro lado que aún no se han encontrado datos totalmente concluyentes que demuestren la existencia de estos rituales.

Finalidad: acabar con el cristianismo
Entre las prioridades de la Ahnenerbe se encontraba el acabar con el cristianismo y dar forma a una religión propia del nazismo: «Una de las consignas subterráneas del régimen nazi era eliminar progresivamente la influencia que para el pueblo alemán tenían los ritos de la Iglesia Católica», determina el escritor.
Para ello, la organización disponía de uno de los mayores y más conocidos personajes dentro del ocultismo nazi: el «sumo sacerdote» Friedrich Hielscher. Aunque se conoce poco de este maestro de lo paranormal, las investigaciones coinciden en que era temido por todos los oficiales alemanes.
«Para que nos hagamos una idea, el jefe de la Gestapo (policía secreta alemana) le profesaba una profunda devoción. Heinrich Himmler hablaba de él en respetuosos susurros y le consideraba la figura más importante de Alemania después de Hitler. Si Alemania llegara a ganar la guerra, seguramente Hielscher saldría a la luz, convertido en el sacerdote supremo de la nueva religión, con Hitler como divinidad encarnada», afirma el experto.

Ahnenerbe, la organización que robó la Navidad
Para lograr acabar con el cristianismo, Hielscher creó a través de Himmler una religión basada en la sangre y el valor de los soldados alemanes. A su vez, hizo que las fiestas paganas se superpusieran a las cristianas, de esta forma, pretendía que los católicos dieran de lado a sus creencias y abrazaran la nueva religión de la Ahnenerbe.
«Himmler y su Estado Mayor personal, constituido por hombres de su más absoluta confianza, concibieron un calendario festivo para la Orden Negra de las SS que establecía unas fechas sagradas a lo largo del año. En ellas, las SS renovaban sus compromisos de honor y lealtad para con el Führer y la orden», afirma Lesta en el texto.
«Estas festividades servían para sustituir a las fiestas cristianas por otras que estuvieran más próximas a la tradición germano-pagana», explica el escritor. Una de las celebraciones más llamativas que se llegó a suprimir fue la de la Navidad. De hecho, el día en que se recuerda el nacimiento de Jesús se cambió nada menos que por una jornada en la que se reverenciaba al sol.
«Efectivamente, en el 25 de diciembre se conmemoraba el “día del nacimiento del sol invencible” –el Sol Invictus, que para los romanos representaba el nacimiento de Mithra-, es decir, el día en que este astro, después de ir acortando su presencia desde el solsticio de verano, parecía recobrar nuevamente sus fuerzas tras el periodo agónico del otoño y la muerte invernal», sentencia el experto.
A su vez, otras fiestas pasaron a ser suprimidas en favor de las nuevas creencias nazis: «Otros períodos del año habían sido igualmente reciclados en forma de fiestas neopaganas. La Pascua se transformó en la fiesta de “Ostara”, por ejemplo», determina Lesta. En este caso, los miembros de las SS celebraban el comienzo de la primavera recordando a la diosa de la fertilidad que da nombre a esta celebración.


Los nuevos matrimonios nazis
Además, la Ahnenerbe buscaba que el rito del matrimonio cristiano fuera sustituido en favor de una ceremonia creada por los nazis. «Hace poco se ha revelado una filmación inédita que muestra la ceremonia llevada a cabo por una pareja para contraer matrimonio bajo el ritual de las SS», comenta el escritor.
«En ella, se ve claramente que la sala en la que se celebra la ceremonia esta presidida por una gigantesca bandera negra con una S rúnica grabada en plata. Previamente los cónyuges habían realizado su matrimonio civil y en el curso del acto el oficial superior –el propio Himmler en este caso- les entrega el pan y la sal, símbolos de la tierra y de la fertilidad», sentencia Lesta.
Por supuesto, para que se celebrara la unión de la feliz pareja era también necesario demostrar la pureza de sangre, es decir, que ambos eran alemanes. Como curiosidad, también destaca que, como principales regalos del matrimonio, no solía faltar un ejemplar del Mein Kampf («Mi lucha»), la autobiografía de Adolf Hitler. Tras cumplir todos estos preceptos, el marido y la mujer estaban listos para vivir felices en el Reich.

Bautismo y muerte en las SS
Dos de los ritos que se practicaban en las SS y que la Ahnenerbe pretendía que se extendieran con el tiempo a toda la sociedad alemana eran los de un curioso bautismo y una extraña forma de dar el último adiós a aquellos miembros de la Orden Negra tras su muerte.
En el primero de los casos, Lesta deja claro su funcionamiento: «Durante el bautismo del hijo de un afiliado a la Orden Negra se les hacía entrega de una medalla con signos rúnicos para el recién nacido, y se pronunciaba la fórmula de ingreso del bebé en la comunidad de las SS».
Por otro lado, el castillo que servía de sede para la Ahnenerbe guardaba en su interior una curiosa estancia dedicada a venerar los restos de sus miembros. «En la cripta, se hallaba la sala de los muertos, un recinto abovedado y circular. Albergaba en su centro una pira y en los muros doce habitáculos en los que se ordenó que se levantaran trece alturas alrededor de una gruesa mesa de piedra», destaca el experto.
«Se hizo para el momento en que un miembro de tan restringido círculo de elegidos en las SS dejara este mundo. Entonces, se debían colocar sus cenizas en la correspondiente urna encima de uno de esos altares, justo después de que el escudo de armas del fallecido acabara de ser pasto de las llamas, y todo para que fuesen veneradas al mejor estilo religioso por el resto de los supervivientes», completa el experto.
«En el techo de la bóveda, justo encima de la pira, se encuentra todavía una esvástica y cuatro aspilleras por las que el humo del ritual fúnebre debía ascender, formando una columna», sentencia Lesta.

Oraciones en una extraña lengua
Finalmente, una última y curiosa práctica de este grupo (y secta) pudo observarse cuando el tribunal aliado juzgó por crímenes contra la humanidad en Nuremberg a dos de los principales líderes de la Ahnenerbe, Hielscher y Sievers. Y es que ambos mostraron una extraña actitud durante el proceso.
«El prisionero (Sievers) escuchó con extraña indiferencia su condena a muerte y, acompañado por Hielscher, se hincó de rodillas mientras este entonaba los cánticos de una misa negra. Un himno final de adoración a los poderes del mal que aguardaban a su alma al otro lado de la tumba», comenta el experto.
«Tal y como relatan sus cuidadores de celda: “Pronunció oraciones en una lengua desconocida, oraciones de un culto que nadie conocía y del que no habló jamás», afirma el escritor en el texto.


Preguntas a José Lesta
1-¿Quién fue el ideólogo de esta organización?
Hay muchas hipótesis al respecto ya que la información documental sobre esta vasta organización se encuentra aún soterrada en Rusia y, muy escasamente, en Estados Unidos. Siguiendo los escritos y los comentarios del famoso y polémico escritor Ernst Junger, que perteneció colateralmente al círculo interno de la orden secreta, sabemos que el «sumo sacerdote» era Friedrich Hielscher, seguido de Wolfram Von Sievers. Este último tuvo una fugaz pero llamativa aparición en los juicios de Nuremberg, ya que su mentor -Hielscher- había desaparecido. En cualquier caso, la fundación y el impulso oficial desde el partido nazi, le correspondió al jefe de las SS,Heinrich Himmler, que profesaba una gran admiración por los dos personajes.
2-¿En qué proyectos de carácter paranormal participó la Ahnenerbe?
No hay prácticamente información detallada al respecto; sin embargo, sí sabemos que los trabajos preliminares de exploración en ese campo se dieron, ya que uno de los cuarenta y tres departamentos de que constaba la Ahnenerbe, el dedicado a lo que denominaban ciencias esotéricas, intentaba desarrollar «métodos de concentración con técnicas como observar una manzana partida en dos durante largos períodos de tiempo», realizar practicas de Yoga y Zen, etc. Esto último fue relatado por testigos como el científico Willy Ley, uno de los padres de la astronáutica y cohetería moderna.
3-¿Se podría decir que fueron los ideólogos de la religión nazi?
Aunque Alfred Rossenberg es considerado como uno de los «filósofos» del nazismo con su trabajo El mito del siglo XX, es indudable que la Ahnenerbe era el núcleo del entramado ideológico que pretendía formar toda una nueva cosmovisión de las creencias del pueblo alemán, y eso incluía la religión y sus tradiciones más preciadas. Además tenía algo único en ese terreno: un incondicional apoyo gubernamental, y una cantidad ilimitada de recursos con los que difundir a la población la nueva fe. Incluso se instauró un nuevo calendario donde las fechas anuales más importantes, como la Navidad, fueron cambiadas por festividades y ritos pagano-germanos.
4-¿Qué repercusión tuvieron en el nazismo?
En una ocasión, Hitler le espetó a Herman Rauschning, mandatario nazi, lo siguiente: «si cree usted que nuestro partido se reduce únicamente a un partido político… es que no ha entendido nada». Sin embargo, la influencia de todo ello fue ignorada por los historiadores de postguerra. En la actualidad eso ha cambiado drásticamente, pero aún así siguen ofreciendo un papel secundario a dichas creencias. Me sigue pareciendo una posición ya superada. Los historiadores modernos deberían saber que el primer dinero para la fundación del partido de Hitler provino de una sociedad secreta, que algunos personajes pertenecientes a logias masónicas alemanas ayudaron a que miembros del NSDAP accedieran a elitistas círculos de la alta sociedad berlinesa, o que, como sí está aceptado, varios mandatarios del régimen profesaban los credos de la nueva fe.