"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 24 de abril de 2020

Se cumplen 27 años de la masacre de la secta de los Davidianos de Waco (Texas).


FUENTE: La Nación





Hace 27 años, un 19 de abril de 1993, se producía una masacre en Texas, Estados Unidos, ideada por el líder religioso David Koresh. Este hombre afirmaba ser la reencarnación de Cristo y tenía sus seguidores con los que conformaban la secta de los Davidianos de Waco, una rama escindida de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, según informa el diario argentino La Nación.

Koresh, quien se llamaba en realidad Vernon Howell, estaba al frente de este grupo desde 1988 gracias a su carisma y facilidad para recitar pasajes del Nuevo Testamento y así justificar sus actos tan particulares. De esta forma, había atraído al rancho a decenas de devotos que habían llegado de países como Israel, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Filipinas.

¿Cuáles eras las particularidades de esta secta? Los hombres y mujeres vivían separados, ya que tenían desprecio por los placeres de la carne y el alcohol. Sin embargo, esto no se aplicaba a Koresh, quien era un gran bebedor de cerveza, y no sólo esto: también se había atribuido el derecho a tomar como esposa a todas las mujeres de la secta que se le antojaran, incluidas las menores de edad. Por ello, a los 33 años, su particular teoría de la poligamia le había permitido tener 15 esposas.

La prensa de Texas ya había informado de la conducta de Koresh, quien fue acusado de haber convertido el rancho de Monte Carmelo en un harén, donde abusaba sexualmente de niñas menores de 14 años. El 28 de febrero de 1993 efectivos del Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de Estados Unidos, alertados por estas denuncias intentó penetrar en las instalaciones, pero todo terminó en un sangriento tiroteo con los davidianos. El enfrentamiento tuvo un saldo de cinco miembros de la secta y cuatro agentes de la ATF muertos (otros 16 uniformados resultaron heridos).

“Si el FBI trata de penetrar en el rancho del Apocalipsis, sus agentes serán consumidos por el fuego”, amenazó el líder. A las 05.30 de la mañana del 19 de abril de 1993, después de 51 días de asedio, David Koresh fue notificado telefónicamente por el FBI de que sus efectivos iban a tomar el complejo. Los agentes del FBI iniciaron el operativo, pero en el momento de derribar los muros se produjo una gran explosión que prendió fuego el lugar. Posteriormente se confirmó la presencia de explosivos y armas de fuego en el interior del rancho. El saldo final fue el de 76 miembros de la secta muertos, con Koresh incluido. Sólo ocho personas lograron sobrevivir.

jueves, 23 de enero de 2020

Katyn: 75 años de mentiras y de negacionismo comunista sobre la masacre de 22.000 polacos


Este viernes se cumplen 75 años del anuncio, por parte de Alemania, del descubrimiento de unas fosas comunes en el bosque de Katyn, que contenían los cadáveres maniatados de miles de polacos.
AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad
La matanza se produjo a causa de una orden firmada por Stalin
Como recordaréis, Alemania y la URSS habían invadido Polonia en septiembre de 1939, repartiéndose el país en virtud del protocolo secreto adjunto al Pacto Pacto Ribbentrop-Mólotov, un protocolo por el que Hitler y Stalin se repartían Polonia, las Repúblicas Bálticas y Finlandia. En la zona de ocupación soviética el NKVD, la policía secreta de Stalin, instaló prisiones en Białystok, Grodno, Brześć, Głębokie, Wilejka, Baranowicze, Pińsk, Łuck, Równo, Drohobycz, Tarnopol, Stanisławów y Lwów. En ellas fueron recluidas miles de militares y civiles polacos, desde prisioneros de guerra hasta miembros de la resistencia polaca, incluyendo a intelectuales, empresarios, sacerdotes y diversos elementos que fueron etiquetados como «contrarrevolucionarios». El 5 de marzo de 1940 Stalin firmó una orden, redactada por Lavrenty Beria, jefe del NKVD, ordenando la ejecución de esos prisioneros, que se llevó a cabo en los meses de abril y mayo de 1940. En la orden de Stalin se especificaba la cifra de prisioneros que debían ser asesinados: 18.632. Esta cifra incluía:
  • 1.207 oficiales del Ejército polaco.
  • 5.141 policías.
  • 347 personas clasificadas como espías y saboteadores.
  • 465 funcionarios y propietarios de fábricas y de terrenos agrícolas.
  • 5.345 miembros de la resistencia polaca y prisioneros tachados como elementos contrarrevolucionarios.
  • 6.127 fugados.

Los restos de un oficial polaco cuyo cuerpo fue hallado en las fosas del bosque de Katyn
Los soviéticos organizaron la matanza como una operación de bandera falsa
La matanza de los prisioneros se organizó en tres campos especiales: Kozelsk (más de 4.410 ejecutados, según la documentación soviética), Starobelsk (más de 3.739 ejecutados) y Ostashkov (al menos 6.314 ejecutados). Finalmente, y según los datos recopilados por el Instituto de la Memoria Nacional de Polonia, fueron ejecutados al menos 21.768 prisioneros polacos en Katyn, Kharkov, Smolensk, Kalinin, Moscú y otras localizaciones. El objetivo de la masacre era liquidar a la cúpula intelectual y social de la República de Polonia, para que así el país fuese más fácil de someter a las nuevas autoridades comunistas.
Como ya os conté aquí en febrero, uno de los encargados de las ejecuciones fue el oficial del NKVD Vasily Blokhin, que hoy en día es considerado el asesino más prolífico de la historia: asesinó personalmente a 7.000 prisioneros polacos, en su mayoría miembros de la Policía Estatal y del Cuerpo de Protección Fronteriza de Polonia, asesinados en la prisión del NKVD en Kalinin, siendo enterrados sus cadáveres en fosas comunes en Miednoje. Para las ejecuciones se emplearon pistolas alemanas Walther, que los alemanes habían entregado en grandes cantidades a sus aliados soviéticos en la invasión de Polonia. Blokhin consideraba más fiables y cómodas estas pistolas que las soviéticas Tokarev TT-30 para la ejecución masiva de prisioneros, pero lo que determinó la elección de esas armas fue que eran las pistolas reglamentarias de la Gestapo, de forma que si se descubría la masacre, la URSS podría culpar a Alemania alegando las pruebas de balística. Estamos, así pues, ante una gran matanza que fue planificada por los soviéticos como una operación de bandera falsa.

Una de las fotos difundidas en 1943 de los cuerpos hallados en las fosas del bosque de Katyn
Stalin dijo a Sikorski que los prisioneros había huido a Manchuria
El hallazgo de las fosas de la matanza de Katyn fue posible debido a que los alemanes invadieron la URSS en 1941, y los lugares donde se perpetraron las ejecuciones quedaron bajo el dominio del Tercer Reich. Con el permiso de los alemanes, la Cruz Roja Polaca examinó el lugar, identificando a más de 4.000 oficiales polacos que habían sido capturados por los soviéticos en 1939. El hallazgo de las fosas provocó un terremoto político en el bando aliado. El Primer Ministro del Gobierno polaco en el exilio, el general Wladyslaw Sikorski, había viajado a Moscú el 3 de diciembre de 1941 y le había preguntado a Stalin por el paradero de miles de oficiales polacos que habían sido hecho por los prisioneros en 1939 y que no habían vuelto a sus casas. Stalin había mentido a Sikorski, diciendo que esos prisioneros se habían escapado y se habían ido a Manchuria, a más de 6.000 kilómetros de Polonia. Tras conocerse el hallazgo de las fosas de Katyn, la URSS cambió su versión y Stalin culpó a los alemanes de la masacre.

El general Wladyslaw Sikorski, Primer Ministro del Gobierno polaco en el exilio
El Reino Unido y Estados Unidos apoyaron la mentira de Stalin
Sikorski se reunió con el Primer Ministro británico, Winston Churchill, el 15 de abril de 1943, indicándole que había pruebas que apuntaban a la autoría soviética de la matanza. Churchill se puso del lado de Stalin y aconsejó a su homólogo polaco no remover el asunto, en un intento de no tensionar las relaciones entre los aliados. Con todo, Sir Owen O’Malley, embajador británico ante el Gobierno polaco en el exilio, remitió a su Gobierno un informe sobre la masacre de Katyn el 24 de mayo de 1943, confirmando la culpabilidad de los soviéticos. El informe fue acogido con irritación por Churchill y su gabinete, que habían decidido apoyar públicamente la versión soviética. Estados Unidos también dio por buena la mentira de Stalin, llegando a ocultar varios intentos de que se conociese la verdad, como el informe sobre Katyn redactado por el teniente coronel John H. Van Vliet en 1945, que fue clasificado y desapareció misteriosamente de los archivos del Pentágono. El propio teniente coronel destapó lo ocurrido en 1950.
La muerte de Sikorski en extrañas circunstancias
A pesar de las presiones de los británicos y los americanos, Sikorski pidió que la Cruz Roja Internacional llevase a cabo una investigación de lo ocurrido. Churchill y Roosevelt se opusieron, creyendo que una investigación bajo la jurisdicción alemana no tendría garantías de veracidad. A raíz de esa petición de Sikorski, la URSS rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno polaco en el exilio el 25 de abril de 1943, acusándole de colaborar con los alemanes. El 4 de julio Sikorski y su hija morían al estrellarse su avión nada más despegar de Gibraltar, un hecho que dejó descabezado al Gobierno polaco en el exilio y a las fuerzas militares polacas en Occidente. Las extrañas circunstancias del accidente -si es que lo fue- y lo oportuno que resultó para Stalin hacen que aún hoy éste sea uno de los hechos más controvertidos de la Segunda Guerra Mundial, sin que todavía se haya determinado exactamente a qué se debió la caída del avión. Los documentos secretos del Gobierno británico sobre el accidente no se desclasificarán hasta 2050.

Vista aérea de las fosas del bosque de Katyn, tras su hallazgo en 1943
La dictadura comunista de Polonia censuró la verdad durante décadas
Tras el final de la guerra, Stalin impuso en Polonia un gobierno títere de la URSS. Aunque el Gobierno comunista polaco conocía los documentos del NKVD ordenando la masacre de prisioneros polacos, insistió en seguir apoyando la versión soviética. La versión real de lo ocurrido fue objeto de censuras y represalias. La enciclopedia de la República Popular Polaca ni siquiera incluyó una entrada sobre Katyn, y en la cruz en homenaje a los prisioneros de Katyn que se colocó en el cementerio de Powązki, en Varsovia, no se inscribió ninguna fecha, ya que la auténtica (1940) habría señalado a los soviéticos. A pesar de ello, los defensores de la verdad sobre lo ocurrido siguieron luchando por darla a conocer. El 21 de marzo de 1980 hubo una manifestación contra las mentiras sobre Katyn en la Plaza del Mercado de Cracovia, durante la cual se suicidó Walenty Badylak, un antiguo soldado del Armia Krajowa, la principal organización de la resistencia polaca, fiel al Gobierno polaco en el exilio.
La Casa Blanca guardó silencio hasta que la URSS reconoció su autoría
En diciembre 1952, el Congreso de Estados Unidos organizó una comisión especial sobre la masacre de Katyn, que emitió un documento, el informe Madden, en el que reconocía la autoría soviética y recomendaba al Gobierno de Estados Unidos presentar ese caso ante la ONU, algo que no llegó a ocurrir, ya que la Casa Blanca guardó silencio al respecto hasta que la URSS reconoció los hechos, una actitud totalmente incomprensible. En cuanto a la URSS, durante décadas negó la verdad sobre lo ocurrido e insistió en culpar a los alemanes. El 13 de abril de 1990 la URSS admitió por fin la verdad y culpó de lo ocurrido al estalinismo. Durante una visita del dictador comunista polaco Wojciech Jaruzelski a Moscú, Mijaíl Gorbachov le entregó los documentos de los archivos soviéticos que demostraban que la matanza había sido cometida por miembros del NKVD soviético. El 25 de agosto de 1993, tras la caída de la Unión Soviética, el presidente ruso Boris Yeltsin pidió perdón a Polonia por la matanza durante una visita al cementerio de Powązki en Varsovia.

Cadáveres de los oficiales polacos en las fosas de Katyn en 1943
Comunistas y nacionalistas rusos siguen negando la verdad sobre Katyn
A pesar del reconocimiento oficial de la verdadera autoría de la masacre por parte de la URSS, muchos comunistas y nacionalistas rusos siguen negando la verdad y culpando a Alemania. Ésa es la posición oficial, entre otros, del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), una formación política que sigue ensalzando al genocida Stalin, e incluso del Partido Comunista Polaco. En Rusia se puso en marcha un portal web, katyn.ru, dedicado a intentar justificar la versión soviética de la masacre. Entre otras cosas, esa web ha tachado de «difamatoria película antirrusa» el largometraje «Katyn» dirigido en 2007 por el cineasta polaco Andrzej Wajda, que relata con gran veracidad los hechos reales de la matanza. Además, en diversos blogs y foros de Internet de la extrema izquierda se siguen defendiendo las mentiras de Stalin sobre la matanza, incluso tachando la verdad sobre lo ocurrido como «mentiras del fascismo».
Un miserable artículo del líder de Podemos sobre Katyn
Otros comunistas afirman que no hay pruebas concluyentes al respecto e intentan restar importancia a la matanza. En un artículo escrito en 2010 para la revista Viento del Surel hoy líder del partido ultraizquierdista español Podemos, Pablo Iglesias Turrión, escribió: «Aunque la mayoría de las fuentes coinciden en atribuir la responsabilidad de las ejecuciones de Katyn al ejército soviético, todavía se mantiene cierta polémica alrededor de la autoría de la masacre. Algunos historiadores y politólogos, especialmente en Rusia, sostienen que la versión soviética original que acusaba a la Wehrmacht del crimen resulta más verosímil.» Según Iglesias, que «la responsabilidad concreta de aquella matanza fuera o no de la URSS es secundario a nuestros propósitos« (el artículo hablaba sobre la película «Katyn» de Andrzej Wajda), e intentaba restar importancia a la posible autoría soviética afirmando que «en aquel contexto los crímenes de guerra no eran extraños a ningún bando». El artículo terminaba con una declaración en la que Iglesias demostraba su afinidad a la mentira comunista sobre aquella masacre: «No nos merecemos que, como en Katyn de Wajda o como en las televisiones y radios dominadas por los propagandistas de la derecha, la Historia la interpreten los vencedores«. Lo que no se merecen las víctimas de Katyn y sus familiares es que tantos años después, algunos fanáticos totalitarios sigan negando la verdad sobre aquella masacre cometida por los soviéticos, una forma de negacionismo que merece ser equiparada con la que llevan a cabo los nostálgicos del nazismo.
http://www.outono.net/elentir/2018/04/12/katyn-75-anos-de-mentiras-y-de-negacionismo-comunista-sobre-la-masacre-de-22-000-polacos/?fbclid=IwAR14lIeOoVKNbWCtN-e0M-IqeDMGbSs5XhnUUO9p5wF8e_rxcY1Au--slko()

miércoles, 6 de marzo de 2019

Un pacto satánico en el origen de la masacre de una familia en Pennsylvania

rito stanico pennsylvania 


Shana Decree, 45, e la figlia di 19, Dominique, accusate del massacro di 5 persone
SATANISMO
Nessuno aveva risposto quando l'assistente sociale aveva suonato alla palazzina di due piani: né Shana con le sue tre figlie, né la sorella con le sue bambine. Era tutto in silenzio, perché cinque persone, due donne e tre bambini, erano morte da due giorni. Una famiglia distrutta in quello che, agli investigatori, appare un patto satanico di omicidio-suicidio collettivo, legato a un culto con cui erano entrati in contatto su internet.

Una donna di 45 anni, Shana Decree, e la figlia di 19, Dominique, sono state accusate della morte dei loro parenti, a Morrisville, un paesino di ottomila abitanti in Pennsylvania. Quando, alle 4 di mattina di lunedì, i poliziotti sono entrati nella casa delle due donne, dopo la segnalazione dell'assistente sociale che non era riuscita a contattare le due famiglie, la polizia ha trovato i corpi dei figli di Shana, Naa'Irah, 25 anni, e Damon jr, 13, la sorella della donna, Jamilla, 42, e le sue gemelline di 9 anni, Imani e Erika.

Erano tutti in una camera da letto, uno accanto all'altro. Attorno, foto sparpagliate della famiglia, specchi rotti, bicchieri infranti e porte sfondate. La morte risalirebbe alla notte tra sabato e domenica. "Erano finiti in qualche storia di culti religiosi e hanno voluto metterci dentro anche i bambini", ha raccontato una parente delle vittime.

Shana e la la figlia Dominique sono state trovate dalla polizia, distese sul letto, in stato confusionale. La donna ha prima raccontato che era stato l'ex fidanzato della sorella, con due sconosciuti, a essere entrato in casa e aver ucciso tutti, tranne loro; poi ha cambiato versione raccontando di aver assistito a un rito collettivo di omicidio-suicidio a cui lei e la figlia si erano sottratte.

La polizia le ha incriminate per i cinque omicidi e per il reato di aver progettato la loro morte. Rinchiuse in carcere, non è stata fissata neanche una cauzione considerata la gravità delle accuse per quello che è considerato il caso più atroce nella storia della contea. "Stiamo cercando di capire se si è trattato di un rito collettivo e di che tipo". ha spiegato il capo della polizia di Morrisville, George McClay. "Di certo - ha spiegato affranto- i ragazzi non potevano essere consenzienti: di sicuro non lo erano le due bambine di 9 anni". 

(https://www.agi.it/estero/rito_stanico_pennsylvania-5068397/news/2019-02-28/?fbclid=IwAR21dv1K7AoUyGw7SkXTdkM9UZENgmoN0JxdiSxh8LIv1TyR9kV7zFEGDlU)

martes, 19 de noviembre de 2013

Se cumplen 35 años de la masacre del Templo del Pueblo en Guyana


por Luis Santamaría 


Era el 18 de noviembre de 1978; 919 seguidores del reverendo marxista-pentecostal estadounidense Jim Jones, fundador del “Templo del Pueblo” en su país, fueron asesinados a balazos, obligados a tomar cianuro o a suicidarse en Guyana, donde Jones había conducido a la secta ante las crecientes sospechas que despertaba en los Estados Unidos. Así comienza el artículo publicado por el medio argentino AIM Digital en la efeméride.

De los EE.UU. a la Guyana
El Templo del Pueblo fue una secta fundada por James Warren Jones (Jim Jones), un norteamericano nacido en Lynn (Indiana), que poseía, desde muy niño, un don innato para la oratoria. En 1956 Jones, junto a su esposa Marceline Baldwin Jones, fundó el Templo del Pueblo en Indianapolis. En ese entonces tenía apenas 25 años y predicaba la justicia social y la unión de todas las razas en su grupo, tal como leemos en el diario peruano El Comercio.
En 1965 la secta alcanzó una cantidad considerable de adeptos. Por tal motivo, Jones decidió mudarse junto con sus seguidores a Redwood Valley, un pequeño pueblo situado a las afueras de San Francisco, en California. La realización de actividades sociales de apoyo a los menos favorecidos y su discurso a favor de la igualdad racial resultaban muy atractivos para jóvenes y adultos. El Templo del Pueblo parecía una gran familia y todo aparentaba marchar bien.
Sin embargo, se comenzó a filtrar información sobre actividades inusuales al interior de la secta. Se decía que Jones podía curar enfermedades y que obligaba a las personas a pertenecer a la comunidad en contra de su voluntad. Pero estos rumores no fueron comprobados. Los miembros de la congregación donaban gran parte de su dinero para el bienestar de la comunidad. Ante el aumento de las historias sobre el Templo del Pueblo, Jim Jones comenzó a gestar la idea de mudarse nuevamente. Esta vez el destino sería Guyana.
El reverendo Jim Jones obtuvo gran adhesión de numerosas personas, entre ellas muchos negros, que lo acompañaron a Guyana con toda su familia y allí encontraron la muerte cuando esperaban una vida mejor, más libre y natural. La matanza de Guyana es gran parte producto de la locura de Jim Jones, de la que ya venía dando muestras cada vez más evidentes, de su necesidad de control absoluto de sus seguidores, a los que continuamente acusaba de intentar abandonarlo o traicionarlo y de los que exigía un culto incondicional a su personalidad.
No se la puede dejar de relacionar con la situación social de los Estados Unidos, en particular para los negros, que generaba y genera la necesidad de escapar hacia una realidad menos circunscripta a intereses puramente materiales presentados pragmáticamente como los únicos dignos de atención y al final como los únicos “reales”.
En medio de la jungla, a 180 kilómetros de la capital de Guyana, quedaron diseminados 919 cadáveres. Entre ellos, casi trescientos niños. Todavía hoy los investigadores siguen buscando respuestas a esa locura colectiva, que dejó sólo ochenta y cuatro sobrevivientes.
La costa noreste de Sudamérica fue el lugar que eligió el líder del Templo del Pueblo para establecerse con sus seguidores. Había dejado California porque estaba convencido de que una guerra nuclear era inevitable. Estaba convencido, también, de que la remota Guyana quedaría a salvo de la supuesta hecatombe. Allí, entonces, fundó Jonestown (Pueblo Jones), una granja de 140 hectáreas. Sus más fervientes seguidores eran su esposa y su hijo de 19 años.
Entre sus fieles había un 70 por ciento de negros y un 25 por ciento de blancos. El resto eran mulatos, mestizos, y asiáticos. Seguían pautas socialistas y de armonía racial según la prédica inicial de Jones, de la que se fue apartando cada vez más.

Cómo se llegó a la tragedia
Jones era un evangélico pentecostal que leía a Marx y exhibía la Biblia como arma de lucha. En 140 hectáreas, los miembros de la secta cultivaban hortalizas y frutas, criaban pollos y cerdos, fabricaban su propio calzado, educaban a sus niños y atendían a los enfermos y ancianos.
La masacre ocurrió horas después de que el senador norteamericano Leo Ryan, tres periodistas y un desertor de la secta fueron asesinados a tiros en una emboscada tendida en la cercana pista de aterrizaje de Puerto Kaituma, cuando se hizo evidente a Jones que su “puesta en escena” para confundir al senador había fracasado y que las condiciones de esclavitud en que mantenía a sus seguidores habían sido descubiertas.
En el ataque de los guardias de Jones quedaron once heridos. Entre ellos el diplomático norteamericano Richard Dwyer, de la embajada de Estados Unidos en Guyana. Ryan y sus acompañantes habían llegado unas horas antes con el propósito de investigar supuestos malos tratos que recibían algunos miembros de la secta. Nada hacía prever la masacre cuando bajaron del avión: Jones recibió a la delegación con un espectáculo musical. Pero las fotografías que sacó uno de los periodistas que después fue asesinado ya muestran su cara de extraviado, su sonrisa demencial. La tragedia comenzó cuando mucha gente quiso irse con los norteamericanos.
Jones envió hombres armados para que no pudieran llegar al avión. La orden era matarlos a todos. Dejaron de disparar porque creyeron que estaban todos muertos o porque se les acabaron las balas. También murió el senador, que quizá sobrevaloró la protección que supuso le daba su condición de representante del pueblo, que no tuvo valor a los ojos de Jones.

“Suicidio revolucionario”
Jones se dio cuenta de que había llegado a una situación sin salida. Por eso decidió apelar al suicidio revolucionario, como lo llamaba. Explicó a su gente que su sociedad había sido destruida, y que era preferible matarse antes de seguir viviendo y tener que soportar lo que vendría después. Les aseguró que, de todos modos, se encontrarían en otra vida, después de una reencarnación.
Algunos tomaron el veneno voluntariamente; otros fueron obligados a hacerlo. Un periodista que sobrevivió al ataque de los guardias de Jones, Charles Krause, contó: “Ellos mandaron hombres armados para matarnos. Asesinaron a Ryan y a otras cuatro personas, hirieron a unas nueve o diez. Pero su blanco principal era Ryan”.
Cuando se le preguntó si lo sucedido en Guyana era suicidio colectivo o asesinato en masa, Krause respondió: “yo creo que hubo un poco de cada cosa. En principio, los chicos no se suicidan. Hubo personas que fueron obligadas a hacerlo. Pero, al mismo tiempo, creo que hubo alguna gente que se suicidó por su voluntad”.
El doctor Leslie Mootoo, jefe médico y bacteriólogo del gobierno de Guyana, fue terminante: “no creo que más de doscientas personas hayan muerto voluntariamente en Jonestown. Cianuro y jugo de frutas fue el postre letal elegido por el reverendo para que lo tomaran sus seguidores”.
Pese a todo, uno de los sobrevivientes, Michael Carter, dijo que algunos de los fieles fueron muertos con una inyección intravenosa de cianuro. “Nosotros estábamos dispuestos a no suicidarnos. Y decidimos que era mejor morir de un balazo que tragar ese maldito cianuro”, confió Carter. Jones había mandado preparar el cianuro en una gran olla al aire libre, de la que salía el característico olor a almendras amargas que quedó para siempre en el recuerdo de los sobrevivientes.
“Corrimos hacia la jungla cuando aún quedaban cien personas vivas. Nos tiraron varias veces, pero no nos dieron. Aquello era algo espantoso: el reverendo Jones estaba de pie en su podio, rodeado de guardias y ayudantes. Parecía no importarle que la gente gritara, llorara o implorara.
El reverendo estaba feliz, mientras repartía las dosis de veneno en vasos, o las hacía dar en inyecciones intravenosas a quienes se resistían a tomarlo. No debería hablarse de suicidio masivo, sino de asesinato masivo”.

El líder también murió
Según Carter, Jones entregaba el brebaje a cada uno mientras decía: No griten y mueran con dignidad; Lo veré en otra vida, hermano; Hagan tomar a sus hijos primero; Por fin hemos conseguido la paz. Jones fue hallado con un balazo en la cabeza. Pero aún se discute si fue asesinado o se suicidó.
La psicóloga Margaret Singer, de la Universidad de California, estudió el perfil de psicópata de Jones y también investigó sobre la relación que el reverendo había establecido con sus fieles. Él tenía control sobre la información, sobre sus cuerpos y sobre sus mentes, sobre su vida entera. Había instalado en Jonestown un sistema de altoparlantes omniprensente que hacía escuchar su voz, en los últimos tiempos desencajada y con mensajes delirantes, a toda hora sin que nadie pudiera escapar al sonido.
Él los engañaba y los manipulaba, y al final mató a cientos de personas, muchas de las cuales se negaron a obedecerle. Loco, delirante, capaz de confundir a Cristo con Lenin y de creerse el único Dios sobre la Tierra, el reverendo murió balbuceando el nombre de su madre. Su esposa Marcie estaba a su lado. Jones tenía 47 años.