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jueves, 30 de abril de 2020

¿Espiritualidad contra religión? 5 claves para entender nuestro mundo actual.


FUENTE: Aleteia

El sacerdote mercedario Antonio Vázquez Fernández, catedrático emérito de Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), falleció el pasado 20 de abril después de una fructífera vida intelectual que se plasmó tanto en el aspecto docente –fue uno de los fundadores de la Facultad de Psicología de esa universidad, de la que llegó a ser decano– como en el investigador –con numerosos libros y artículos publicados–.

Como ha señalado Alfonso Salgado, actual decano de Psicología en la UPSA, el padre Vázquez “es una de las figuras mundialmente prestigiosas en el estudio científico de la Psicología de la experiencia religiosa”. Fue discípulo de Antoine Vergote (1921-2013), de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), y quien promovió que el propio Vergote fuera nombrado en 2005 doctor “honoris causa” por la UPSA.

Precisamente en 2005 escribió un artículo, poco conocido dentro de su abundante producción intelectual, en el que resumió las características de la época actual en cuanto al fenómeno religioso. Titulado “De las religiones a la espiritualidad”, fue publicado en la revista Iglesia Viva. Lo que publicamos aquí es el artículo de resumen que ha aparecido en el portal Aleteia, escrito por Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

En su trabajo, Vázquez destacaba cómo nuestra época contemporánea ha sido calificada como “entrada en una nueva era –la de Acuario, al salir de la de Piscis, pero también postmoderna e incluso postcristiana– y emergencia de un nuevo paradigma”. Y desde ahí, planteaba los datos principales para hacer un diagnóstico de nuestro tiempo desde el punto de vista de la religión.

1. Nuestra sociedad se ha secularizado

El primer rasgo es “la progresiva secularización de la sociedad occidental”, que supone por parte de esa sociedad “la conciencia de una autonomía de lo humano, acompañada de una racionalidad crítica, que pretende no necesitar de la fe religiosa para resolver sus problemas político-sociales, y cada sujeto humano se siente libre y dueño de su destino”.

Esto también tiene sus efectos para los creyentes, para las propias comunidades religiosas. En el caso del cristianismo, la secularización trae consigo para las iglesias la necesidad de “una sincera purificación de sus posibles deseos e intentos de convertir la palabra de Dios en un poder mundano de sometimiento o dominación de una libertad y dignidad personal irrenunciables”.

El padre Vázquez recordaba, en este momento, una tentación siempre presente en ciertas mentalidades eclesiales, según la advertencia de su maestro Vergote: “el creyente cristiano deberá renunciar quizás también a querer arreglar los problemas políticos y sociales desde las leyes y códigos de sus credos”.

2. Un despertar de lo religioso

Sin embargo, han aparecido nuevas formas de espiritualidad, un fenómeno que resulta contradictorio: “por un lado se detecta una especie de indiferencia y frialdad crecientes ante lo religioso, representado especialmente por las grandes iglesias y sus prácticas, y, por otro, un nuevo despertar de lo sacral más bien desvinculado de las instituciones religiosas, de modo particular entre la gente joven”.

Para llegar a este cambio, el psicólogo echa la mirada décadas atrás, cuando en España se pasó de una vida eminentemente rural en un contexto de contacto directo con la naturaleza, a una existencia centrada en las ciudades y el predominio de la técnica.

3. La revolución de la postmodernidad

En este punto, Antonio Vázquez hacía un repaso de algunos autores significativos del pensamiento postmoderno (especialmente Baudrillard y Lyotard), que dan una idea de los rasgos fundamentales de la cultura actual. En primer lugar, estamos en una sociedad del simulacro, donde destaca “una realidad virtual conde desaparecen los límites entre real y ficticio”.

De dar importancia a la realidad, se pasa a fijarse en su narración, que también se intenta deconstruir, y así se niega “el valor de las grandes narraciones histórico-culturales, incluidas las religiosas, de un modo preferente las judeo-cristianas, para quedarse únicamente con las ‘pequeñas historias’ y ‘pequeñas narraciones’ inconexas”.

La demanda de una información sin límites trae consigo una “pérdida de intimidad”, algo que se ve en los “realities” de la televisión. Frente al predominio anterior de la razón teórica, ahora se defiende un “pensamiento débil”. Y se defiende “un cierto retorno al paganismo… en más o menos contraposición contra el monoteísmo, sobre todo cristiano”. Por eso, “se ha perdido la unidad del Todo y sólo quedan conjuntos de fragmentos. El propio ‘nosotros’ quedaría hecho añicos, al no existir ya un principio universal de unidad e identidad”, de manera que se da un pluralismo fraccionado donde “todo vale y tiene cabida”.

4. La búsqueda espiritual fuera de las Iglesias

El padre Vázquez reconocía en 2005 que “lo que sí es cierto es que las iglesias se vacían sobre todo de jóvenes”. Para entenderlo, afirmaba, no sólo hay que mirar a la pérdida del sentido de lo sagrado, sino también a una realidad positiva: “el camino del deseo y anhelo positivo de un encuentro vivo con el misterio… fuera de los muros protectores –y oprimentes– de la institución y del dogma, intentando a tientas el descubrimiento de una nueva espiritualidad”.

Aunque también advertía de los errores a los que puede llevar una búsqueda así: la confusión de “libertad con simple espontaneidad, creatividad con rareza, regresiva fusión indiferenciada con recobrada unidad con el Absoluto de carácter cósmico y transpersonal…”. Sin olvidar lo que se ha llamado el retorno de los brujos, “cuando se va perdiendo la auténtica fe religiosa”.

¿Y dónde veía ese retorno negativo? En fenómenos que resumía en esta enumeración de ejemplos contemporáneos: “parapsicología pseudocientífica, horóscopos, adivinos y futurólogos, gurús salvadores, magias negras, ritos satánicos… profusión de apariciones; y ese complejo movimiento de mil caras llamado New Age”.

5. La Nueva Era, en el centro

El psicólogo mercedario se basaba en este momento del análisis en José María Mardones, otro gran intelectual español que centró el tema de la nueva espiritualidad “en la New Age como expresión más representativa de la postmodernidad”, y que desgranaba los elementos principales de esta corriente sincretista.

Su primera seña de identidad es “su proclamación de un nuevo paradigma científico de carácter holográfico que junto con la física cuántica presentaría analogías con las visiones místicas del universo divino”. En segundo lugar estaría “un hiper-ecumenismo de matriz oriental, donde las peculiaridades únicas de la fe cristiana quedarían reducidas o, mejor, ‘fundidas’ y ‘confundidas’ en una de tantas ‘creencias’”.

La Nueva Era también destaca por “una nueva psicología”, que se basaría sobre todo en la “psicología transpersonal”. Otro elemento fundamental es “el retorno a una especie de esoterismo ocultista y a la utilización de médiums, como lo hacía el viejo espiritismo, chamanismo, y el actual brote de angelismo”. Y, por último, la New Age trae consigo “el reencantamiento de la Naturaleza o retorno de la pagada sacralización de la diosa y madre Gaia y del universo”.

Desde todos estos datos, Antonio Vázquez resumía hace 15 años la cultura actual en cuanto a lo religioso: “el contexto situacional en el que se produciría el fenómeno de las nuevas espiritualidades, y su confrontación con las religiones establecidas, sería la postmodernidad, en conexión con el ya aludido proceso de reencantamiento sacral de la vida, la tierra y el cosmos”, de forma que lo espiritual pretende sustituir a lo religioso. Un análisis que conserva hoy toda su vigencia.

jueves, 15 de agosto de 2013

Fetichista, supersticiosa y violenta: así es la «espiritualidad» de Nicolás Maduro

Fetichista, supersticiosa y violenta: así es la «espiritualidad» de Nicolás Maduro

Nicolás Maduro con el gurú indio Sathya Sai Baba en Nueva Delhi

El biógrafo del presidente de Venezuela, Roger Santodomingo, describe para ABC cómo es la personalidad del mandatario y analiza los entresijos de sus maniobras políticas

«Recuerdo que su despacho estaba lleno de amuletos e incluso tenía trenzas rojas», dice el biógrafo del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, Roger Santodomingo, y autor del libro «De verde a Maduro».

El periodista Santodomingo, quien entrevistó durante más de diez horas al presidente y a su círculo más íntimo, menciona que «Maduro fue criado en dentro de una gran espiritualidad», en este sentido recuerda la relación que tuvo con Sathya Sai Baba, líder espiritual de la India, con seguidores en todo el mundo. «Él y su mujer, Cilia Flores, eran fieles adeptos del gurú», dice el reportero y añade que su despacho está lleno de amuletos y que algunos «provienen de Sai Baba», una persona que solo aceptaba «la fe ciega».

No es la primera vez que la «espiritualidad» del presidente de la República de Venezuela salta a la palestra. La semana pasada afirmó que a veces dormía en el santuario del difunto expresidente Hugo Chávez «para inspirarse». El periodista señala que Maduro es una persona fetichista quien tiende a darle «un valor mágico» a todo aquello que lo rodea. «Para él la cercanía con el cadáver tiene un poder simbólico y comunicacional», afirma Santodomingo.

«Maduro persigue un fin político, busca que la gente se burle de él»
Sin embargo, el reportero no duda el tildar de «artificial» la «espiritualidad» del jefe de Estado venezolano, y asegura que persigue un fin político ya que pretende convertir la Revolución Bolivariana en una religión política en la que endiosa la figura de Hugo Chávez. Santodomingo analiza algunos errores geográficos cometidos por el presidente, como decir que «Madrid era la capital de Francia», y llega a la conclusión de que muchos de sus fallos son intencionados. «Maduro busca ser víctima y que la gente se burle de él», en parte para relacionarse con muchos de sus votantes de las clases más desfavorecidas, y en parte para desviar la atención sobre su continua acumulación de «poderes políticos».
El biógrafo también afirma que Nicolás Maduro siempre tuvo una personalidad «violenta» y que es «más impulsivo» que Hugo Chávez pero que por otra parte es un «tipo con el que se puede charlar tranquilamente y quedar para tomar un trago».

Su parte violenta comenzó en su temprana adolescencia. Cuando estudiaba bachiller en el colegio Jose Avalos en Caracas pertenecía a varios grupos de izquierda radical, tales como el movimiento Ruptura, en el que entre sus filas también se encontraba el histórico guerrillero venezolano, Douglas Ignacio Bravo Mora, quien participó en los golpes de estado del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992. El movimiento no era tan solo un grupo estudiantil, sino que protagonizaban numerosas actividades de choque, tales como «pintadas a pie de calle y violentas protestas», según afirma Santodomingo quien añade que el presidente era un «mal estudiante debido a su actividad política».

Pero gracias a su rebeldía consiguió que la Liga Socialista, grupo político revolucionario de Venezuela, le becara para cursar estudios durante un año en la República de Cuba. Estudió del año 86 al 87, cuando tenía 25 años, en los cuadros del partido comunista. Tras su paso por La Habana volvió a Venezuela donde continuó con su violenta afiliación política. Participó en varios intentos anteriores al golpe de Estado del 27 de noviembre de 1992 contra el gobierno del entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez. «Él era partidario de liquidar al presidente Pérez». Posteriormente, apareció al lado de Hugo Chávez como su delfín.

Orígenes colombianos
La biografía de Nicolás Maduro es quizás una de las más complejas de armar, por el propio silencio del presidente y por el misterio que envuelve su posible origen colombiano que podría costarle la presidencia del Ejectivo. Recientemente, el opositor Aberlado Díaz probó que su difunta madre Teresa de Jesús Moros de Acevedo nació en Cúcucta, Colombia. «En todas las entrevistas Maduro evitaba hablar de su madre» afirma a ABC el periodista. Sin embargo, dice que el mandatario «admiraba a su padre (Nicolás Maduro García», el cual era un líder político que pertenecía al Movimiento Electoral del Pueblo, un partido político venezolano de izquierda que nació el 10 de diciembre de 1967.

«Nunca he visto fotos de Maduro con su madre, pero sí con su padre acudiendo a reuniones políticas». Su madre era ama de casa y tenía «buena relación con el presidente», asegura Santodomingo. El periodista dice que no pudo comprobar con documentos el origen del mandatario porque en el momento en el que escribió su perfil no estaba en duda que fuese venezolano. Lo que sí comprobó en su ivestigación es que el presidente se refugió precisamente en Cúcuta después del intento del golpe de Estado de abril del 2002, que buscaba derrocar a su mentor, Hugo Chávez. «Primero huyó al Estado venezolano de Zulia, donde buscó auxilio en casa del entonces chavista y ahora opositor Padre Palmar. Después estuvo en Cúcuta, Colombia, hasta que se reafirmó el gobierno de Chávez», apunta el biógrafo.

(extraído de: abc.es)