"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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lunes, 5 de mayo de 2014

SUBUD: secta panteísta de corte esotérico-oriental


Este nombre es un acróstico de la frase sánscrita "Susila Bodhi Dharma" (La vida humana conforme a la ley de la Iluminación), aunque hay gente que se confunde y cree que viene de su fundador Muhammad Subuh Sumohadiwijojo (1901 - 1987).
Esta secta fue fundada en 1933 en Java. Los seguidores del fundador de la secta elaboraron la leyenda fundacional sobre la que se construyó el mito de la secta, según la cual, el fundador de la secta recibió, en un momento determinado, la "Gran fuerza de la vida" o bien, estuvo en contacto con el "poder de la luz de Dios". Este “contacto” (¿?¿¿¿) fue transmitido posteriormente a ciertos amigos y parientes que formaron el embrión de la secta.
La obra del fundador de la secta fue difundida en Occidente a partir de 1956 por el lingüista inglés Husein Rofé, pero fue sobre todo un seguidor del ocultista y satanista Gurdejieff,  llamado John G. Bennett, quien contribuyó grandemente a divulgar las ideas y los métodos de Subuh en Occidente, contribuyendo a la difusión y acrecentamiento de la Nueva Era.
La secta ha extendido sus tentáculos en por al menos 70 países, entre los que destaca Holanda, la antigua potencia colonizadora de Java. Esto es algo muy corriente entre las sectas que se mueven desde Oriente hacia Occidente; una especie de colonización a la inversa.
Para unirse al Subud hay que tener más de 17 años y pasar por un periodo de prueba de tres meses. Una de las grandes “ventajas” del SUBUD es que no obliga a sus fieles a abandonar su anterior religión, de modo que permiten ser Subudista y musulmán al mismo tiempo, lo que le da un aire de tolerancia o “ecumenista” muy atractivo en nuestros días. De hecho el Subudismo asegura que ayuda a ser mejor musulmán o mejor cristiano o mejor budista.
Su símbolo son 7 círculos concéntricos cortados por 7 líneas radiales en forma de rueda, que representan la perfección. Sus creencias son una mezcla un tanto pintoresca de islamismo, hinduismo y budismo, con algún que otro toque cristiano. Esto es algo muy común en la red de la Nueva Era.
Los subudistas insisten en que no enseñan nada y en que no son una religión, sino tan solo un camino para llegar al conocimiento del poder de Dios, que tan cerca tenemos y no somos capaces de ver. En palabras de su fundador, SUBUD solo es “un símbolo de la posibilidad que tiene la humanidad de vivir de una manera correcta”. Aseguran sin embargo que a Dios no se le puede comprender con la mente y advierten que hace falta paciencia y sinceridad.

Sin embargo, como podemos darnos cuenta, para un católico, es incompatible el hecho de pertenecer a esta secta y el profesar la religión católica, pues la creencia en Jesucristo no admite la creencia en el panteísmo, tal como lo profesa esta secta.

Después de la muerte de Subuh, sigue vigente lo que los sectarios han inventado y han dado en llamar “transmisión del poder de la luz de Dios” (inexistente, por otra parte) que inició el fundador, y que solo puede hacerse a través de algunos iniciados (llamados Ayudantes Internacionales). Mediante esta transmisión se alcanza el mismo nivel de iluminación que alcanzó el fundador.
Los subudistas pretenden fusionarse con Dios a través de una especie de proceso de ida y vuelta en el que deben privarse de todo lo que impide acercarse a Dios para poder finalmente aislarse junto a Él. Y esto lo consiguen a través de su rito básico, al que llaman LATIHAN (Latihan kejiwaan quiere decir Ejercicio espiritual).
El LATIHAN consiste en sesiones de contemplación, de una media hora, en las que se colocan las manos en los flancos y se mueven rítmicamente la cabeza, el tronco etc. Estas sesiones no se deben practicar más de tres veces a la semana, los grupos deben estar compuestos por miembros del mismo sexo y hay que estar dirigido por algunos Ayudantes Internacionales. También se leen pasajes de ciertos libros sagrados, y sus efectos deberían ser los de “el abandono en Dios”, la mejora de las relaciones sociales y familiares, y la paz interior.
Sin embargo los mismos subudistas advierten que para aguantar las sesiones de LATIHAN hay que ser una persona equilibrada. No se le aconseja a pacientes psiquiátricos, alcohólicos o drogadictos. De modo que por lo menos no estamos ante una de esas sectas que intentan aprovecharse de los que están en un mal momento emocional.
Además el LATIHAN no se puede enseñar o imitar, sencillamente surge (se recibe) cuando alguien ha recibido la luz de Dios, y solo ocurre por voluntad del mismo Dios que permite que le adoremos. Se trata en definitiva de sacar a Dios de e nuestro interior, de abandonarse para "poder distinguir las diferentes fuerzas que hay en el hombre" y "conocer la química del reino espiritual". Una vez conseguido esto, será fácil realizar nuestro verdadero ser y eliminar el falso.

Sobre Dios son declaradamente Panteístas, es decir que Dios se identifica con el Universo, y está en todo lo que vemos. También creen que cuando se alimentan se hacen partícipes de las características con las que Dios se manifiesta en ese alimento. En cuanto a los libros sagrados, todos tienen la misma consideración: Biblia, Corán, Baghavadvita etc. Y por supuesto Cristo, Mahoma, Confucio y Buda están al mismo nivel. 

Aquí hay un criterio para un católico, suficiente para no participar en esta secta: para un católico, Cristo es el Hombre-Dios, el Redentor de la humanidad, el único Salvador, y nunca puede estar a la misma altura de Mahoma, Confucio y Buda.

Aunque es verdad que no se trata de una secta destructiva, como muchas otras, sí es cierto que se trata de una secta y con esto ya es suficiente para que un católico se aleje de su práctica.