"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 19 de noviembre de 2020

La Asociación Médica Mundial llama a luchar contra las pseudoterapias

  FUENTE: El Periódico – Efe


 


 


La Asociación Médica Mundial se planta contra las falsas terapias. La entidad ha aprobado una nueva ‘Declaración sobre pseudociencias y pseudoterapias’ en el campo de la salud, en la que reclama mano dura contra estas disciplinas que pueden suponer “importantes riesgos y daños” para los pacientes. El manifiesto pone en el punto de mira de esta denuncia los “actos y actividades de que pongan en riesgo la salud pública”, y que, según reza el manifiesto, deberían denunciarse ante autoridades competentes. Lo cuenta Valentina Raffio en El Periódico.


 


La iniciativa plantea un conjunto de 13 peticiones dirigidas a autoridades sanitarias nacionales, miembros de la profesión sanitaria y médicos. La primera y principal petición reclama una “regulación adecuada y rigurosa” que “aborde los riesgos y reduzca los daños potenciales que puedan ocasionar las pseudoterapias y las pseudociencias”. Esto, en la práctica, supondría acabar con el limbo legal en el que se tambalean estas falsas disciplinas curativas.


 


Contra los festivales pseudocientíficos


 


El manifiesto señala directamente a los “actos de intrusismo profesional”, “las actividades que pongan en riesgo la salud pública” y la “publicidad engañosa en los sitios de Internet no acreditados” entre los principales focos en los que prolifera la faceta más peligrosa de las pseudoterapias. Es el caso, por ejemplo, de los 'festivales de pseudoterapias' en los que, por ejemplo, se promueve el uso de un símil de la lejía como supuesta terapia contra el cáncer, el autismo o hasta el covid-19. Este tipo de eventos se han celebrado durante años bajo el amparo de la “libertad de expresión”, aunque las autoridades sanitarias hayan denunciado reiteradamente no ampara a los postulados que ponen en riesgo la salud de las personas.


 


La iniciativa también pide que “cuando se descubra que una práctica es dañina o se aplica de manera poco ética, debe existir un mecanismo que detenga inmediatamente o limite considerablemente cualquier tratamiento denominado complementario o alternativo para proteger la salud pública”. Según datos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), al menos un 5 % de los españoles reconoce haber sustituido un tratamiento real por una pseudoterapia. Esta práctica, según señalan los expertos, podría suponer un daño para los pacientes. Y, en los peores casos, incluso podría llevarlos a la muerte.


 


La reivindicación, pues, iría en la misma línea va en la misma línea que el 'Primer manifiesto global contra las pseudoterapias', lanzado recientemente con el apoyo de 2.750 médicos y científicos de todo el mundo. Y del Plan Para Proteger al Paciente Contra las Pseudoterapias que el Gobierno empezó el año pasado y que, hoy por hoy, sigue en un cajón.


 


Un sentir unánime


 


Según leemos en Efe, la 71ª Asamblea Médica Mundial (AMM), que se ha reunido hace unos días en Córdoba, ha reclamado una regulación “adecuada y rigurosa” acorde con las mejores prácticas que aborde los riesgos y reduzca los daños potenciales que puedan ocasionar las pseudoterapias y las pseudociencias. La iniciativa, impulsada desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), recoge que las corporaciones profesionales médicas, las sociedades científicas, las asociaciones de pacientes y las autoridades nacionales deben de llevar a cabo una campaña de concienciación pública sobre el riesgo de las pseudoterapias y las pseudociencias.


 


El coordinador del Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias de la Organización Médica Colegial, Jerónimo Fernández Torrente, ha resaltado que el sentir de la profesión médica es “unánime y firme en contra de estas propuestas”. La Declaración de Córdoba de la AMM recoge que el ejercicio médico precisa un fundamento en la mejor evidencia probada científicamente, disponible y actualizada, de tal forma que las diferencias entre la medicina convencional y otras prácticas que no están sustentadas en la evidencia científica “configuran el complejo universo de las pseudociencias y pseudoterapias”.


 


Además, pueden comportar “importantes riesgos y daños potenciales” porque los pacientes puede que “abandonen las terapias médicas o medidas de prevención que se han demostrado efectivas por prácticas que no han demostrado valor curativo”. Finalmente, los médicos inciden en que todos los actos de intrusismo profesional, las actividades de pseudoterapias y pseudociencias que pongan en riesgo la salud pública de la población deben denunciarse ante las autoridades competentes, incluida la publicidad engañosa y los sitios de salud en internet no acreditados que oferten servicios o productos que pongan en riesgo la salud de los pacientes.

martes, 17 de noviembre de 2020

Los médicos españoles, preocupados por el auge de las pseudoterapias contra el coronavirus

 

FUENTE: Varios medios


El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (Organización Médica Colegial, OMC) califica como “de extrema gravedad” la situación derivada de la segunda ola del covid-19 en el país y rechaza el auge que han tomado las pseudociencias durante la pandemia. Así lo ha asegurado el presidente de la organización, Serafín Romero, durante la presentación de Asamblea General de la Asociación Médica Mundial (AMM), que este año se celebraría en Córdoba, pero que la situación sanitaria ha obligado a que por primera vez se celebre de manera virtual. Lo cuenta Fabiola Mouzo en El Día de Córdoba.


 


Uno de los objetivos de la asamblea es, precisamente, el estudio de la pseudociencia y pseudoterapia y los peligros que estas practican conllevan y que “se han incrementado” durante la pandemia. El coordinador del Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias de la OMC, Jerónimo Fernández Torrente, ha asegurado de que “se ha incrementado el ofrecimiento de terapias alternativas para curar el covid-19, terapias fraudulentas o supuestas terapias incluso con productos tóxicos”, ha alertado.


 


En este sentido, el profesional ha informado de que rechazan los movimientos negacionistas del virus, los antivacunas y los denominados médicos por la verdad porque sus prácticas “atentan contra la salud pública”. Así, Serafín Romero ha detallado que en el caso de los colegios de Madrid, Alicante, Barcelona y Pontevedra “han abierto expedientes a médicos que han hecho uso de estas prácticas” y ha explicado que mucho de estos están en trámite judicial y otros en proceso de resolución. No será hasta finales de año cuando se tengan las cifras exactas de cuántos facultativos han sido sancionados por estas prácticas.


 


Ha sido inevitable que las últimas noticias en relación a la pandemia se pusieran sobre la mesa. El Consejo General ya alertaba, desde agosto, “de que se nos estaban yendo de las manos” y del estado de agotamiento físico, psíquico y emocional de los profesionales sanitarios y de los médicos en particular, por lo que “era necesario implementar un plan común y una serie de medidas que han tenido que tomarse cuando esto ya nos había sobrepasado”.


 


Ante el incremento del presupuesto en el Ministerio de Sanidad, el Consejo lo ha calificado como “escaso” y aseguran que la sanidad española necesita una inyección de 25.000 millones de euros para hacer frente a la situación actual, agravada por el covid-19. En cuanto al decreto que propició la huelga general de médicos, Romero ha sentenciado que “es el fracaso del entorno en el cual se tiene que desarrollar todo lo relacionado con el tema profesional”. Para Romero, los médicos no van a consentir “el sacrificio su sistema de formación, motivo de reconocimiento fuera de España”.


 


Por eso, según leemos en Redacción Médica, en un artículo firmado por Jesús Arroyo, uno de los objetivos de la asamblea de médicos era la de “redactar una propuesta de declaración a raíz de la preocupación a nivel mundial por el auge desproporcionado y los riesgos y consecuencias negativas de estas prácticas”. En la presentación de esta Asamblea de la AMM, Serafín Romero ha subrayado que “los médicos hemos asumido la responsabilidad de denunciar todas las pseudoterapias que pongan en peligro la salud pública”.


 


En esta línea, Jerónimo Fernández Torrente ha evidenciado que por culpa de la pandemia del coronavirus Covid-19, este tipo de prácticas se han “incrementado”. En este punto, Fernández Torrente ha recordado que “son los Colegios los que tienen la responsabilidad y el compromiso de actuar contra todas aquellas prácticas que no tengan detrás una evidencia científica y que atenten contra la salud pública, mediante aperturas de expediente disciplinario”.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Las pseudoterapias: a pesar de algunos apoyos, siguen causando muertes.

 

FUENTE: Consalud.es


Un total de 2.750 expertos, entre científicos y personal sanitario, de 44 países han firmado el primer Manifiesto Internacional contra las Pseudociencias en la salud. El manifiesto ha sido organizado por 11 asociaciones en una colaboración internacional, y está escrito en 11 idiomas con un mensaje claro: las pseudociencias matan. Algo todavía más evidente en tiempos de pandemia, donde la sustitución de medidas sanitarias y la proliferación de falsos tratamientos por culpa de prácticas pseudocientíficas, le ha costado la vida o ha producido intoxicaciones alrededor de todo el mundo.


 


En España la mayoría de los colegios profesionales rechazan con contundencia las pseudociencias y pseudoterapias, salvo el Colegio Oficial de Médicos de Valencia, que no condena este tipo de prácticas, tal y como se refleja en la trayectoria de apoyo seguida en los últimos años. Es el caso de uno de sus consejeros (vocal del Colegio desde hace varias legislaturas), el doctor Rafael Torres, ex presidente de la Asociación Española de Médicos naturistas, según informa Consalud.es.


 


El Colegio Oficial de Médicos de Valencia se trata del único Colegio Oficial de nuestro país que cuenta con un defensor de las pseudociencias. Una defensa que ejerce férreamente a través de su página web alabando técnicas como la ozonoterapia, terapia neural y otros tratamientos basados en Medicina Naturista, entre cuyos principios Rafael Torres destaca que “es el paciente y no el médico el responsable de su salud”. No se trata únicamente de que no funcionen estas pseudociencias, sino que ponen en peligro miles de vidas cada año en todo el mundo, tal y como indica el manifiesto con el que abríamos estas líneas.


 


En este se recogen algunas de las muertes que se han producido por el uso de pseudoterapias en todo el globo: “Matan a miles de personas, con nombres y apellidos. Como Francesco Bonifaz, de 7 años, a quien su médico le dio homeopatía en lugar de antibióticos. Murió en Italia. Como Mario Rodríguez, de 21 años, que fue tratado con vitaminas para su cáncer. Murió en España. Como Jacqueline Alderslade, de 55 años, cuyo homeópata le dijo que dejara su medicación para el asma. Murió en Irlanda. Como Cameron Ayres, de 6 meses, cuyos padres no quisieron darle “medicina científica”. Murió en Inglaterra. Como Victoria Waymouth, de 57 años, a ella le recetaron un medicamento homeopático para tratar sus problemas cardíacos. Murió en Francia. Como Sofía Balyaykina, de 25 años, que tenía un cáncer curable con quimioterapia, pero le recomendaron un “tratamiento alternativo” de picaduras de mosquitos. Murió en Rusia. Como Erling Møllehave, de 71 años, en su caso un acupuntor le atravesó su pecho con una aguja y dañó su pulmón. Murió en Dinamarca. Como Michaela Jakubczyk-Eckert, de 40 años, cuyo terapeuta le recomendó la Nueva Medicina Germánica para tratar su cáncer de pecho. Murió en Alemania. Como Sylvia Millecam, de 45 años, su sanadora de la Nueva Era le prometió curar su cáncer. Murió en los Países Bajos”.


 


La directiva europea 2001/83/CE ha permitido que cientos de miles de ciudadanos europeos sean engañados a diario. Se les ha ofrecido a importantes lobbies la posibilidad de redefinir qué es un medicamento, y ahora venden azúcar a personas enfermas y les hacen creer que puede curarles o mejorar su salud. Esto ha ocasionado muertes, y lo seguirá haciendo, hasta que Europa admita una realidad indiscutible: el conocimiento científico no puede doblegarse ante los intereses económicos de unos cuantos, máxime si eso implica engañar a pacientes y vulnerar sus derechos.


 


Europa se enfrenta a otros problemas de salud pública muy serios. La medicalización excesiva de la población, la generación de bacterias multirresistentes o los problemas de financiación de los sistemas públicos de sanidad ya son demasiado graves como para añadir, además, la presencia de gurús, falsos médicos o incluso médicos titulados que dicen poder curar el cáncer (o cualquier otra enfermedad) manipulando chakras, comiendo azúcar o aplicando “frecuencias cuánticas”.


 


Europa debe luchar de forma activa por erradicar las estafas de salud pública que implican las más de 150 pseudoterapias presentes en nuestro territorio. La vida de miles de ciudadanos depende de ello. De hecho, según estudios recientes, el 25.9% de los europeos han utilizado pseudoterapias en el último año, es decir, 192 millones de pacientes engañados.


 


El peligro real de las pseudociencias


 


Un claro ejemplo del peligro que suponen las pseudociencias, especialmente en el escenario de pandemia en el que nos encontramos, lo vemos con el agricultor y divulgador de estas Josep Pàmies. En los últimos meses ha estado difundiendo sin ningún tipo de control su peligrosa teoría negacionista en Cataluña. Ha cobrado nuevamente protagonismo mediático por sus mensajes acerca de la cura de la Covid-19 mediante remedios naturales. Recomienda el MMS o la seta reishi entre otros productos para evitar los contagios por coronavirus. “Con el MMS solucionamos el coronavirus en pocos días”, aseguraba el pasado mes de febrero. Cabe señalar el MMS es un producto cuya venta únicamente está autorizada como desinfectante.


 


Josep Pàmies es conocido por publicitar y sostener que ingerir clorito de sodio cura el autismo, un compuesto declarado ilegal por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) desde 2010 por sus efectos adversos y que, actualmente, es un químico industrial que se utiliza como lejía para blanquear el papel, entre otros.


 


Existe la creencia de que hay un conflicto entre la libertad de elección de un tratamiento médico y la eliminación de pseudoterapias, pero no es cierto. Según el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, toda persona tiene derecho a la asistencia médica. Mentir a los enfermos para venderles productos inservibles que pueden matarlos incumple el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz sobre su salud. Así que, aunque un ciudadano tiene derecho a renunciar a un tratamiento médico estando correctamente informado, también es cierto que nadie tiene derecho a mentirle para obtener lucro económico a costa de su vida.


 


El peligro de las pseudociencias no solo está en la sustitución de tratamientos efectivos por otros engañosos. Además, existe un obvio retraso en la atención terapéutica en todos aquellos enfermos que, ante los primeros signos de una enfermedad, reciben productos falsos en lugar de medicamentos. Muchas veces, cuando llegan a la medicina, ya es demasiado tarde. También, varias de estas prácticas tienen efectos graves por sí mismas y pueden producir daños, e incluso la muerte, debido a sus efectos secundarios.


 


El mal argumento utilizado como defensa por los pseudoterapeutas y los defensores de las pseudociencias, es que la medicina también provoca efectos secundarios. Es verdad, pero la gran diferencia radica en que las pseudociencias no pueden curar o mejorar una enfermedad por lo que estamos ante una falsa dicotomía. De lo único que se trata es de engañar a una persona enferma que asume los riesgos de las consecuencias de su enfermedad entre las que puede estar la muerte por no recibir un tratamiento efectivo.


miércoles, 21 de octubre de 2020

Manifiesto internacional contra las pseudoterapias apunta al engaño y las muertes que causan.


FUENTE: El País

“Papá, me he equivocado”, lamentó Mario Rodríguez. “Todos aprendemos de nuestros errores”, reconoció Rosa Morillo. En ambos casos, manifestaban en voz alta su equivocación poco antes de fallecer. Morían por culpa de enfermedades graves, pero tras renunciar a su tratamiento médico por probar con homeopatía y otras pseudoterapias. En España hemos conocido más casos similares, poco antes de que el Gobierno se decidiera a lanzar una campaña contra las pseudociencias. Pero el fenómeno de los engaños con falsas terapias es global y como tal se aborda por primera vez con el manifiesto internacional que se ha publicado ayer, 19 de octubre, impulsado por diez asociaciones y firmado por 2.750 médicos y científicos de 44 países.


El manifiesto denuncia que “no es admisible que las leyes europeas amparen la tergiversación de la realidad científica para que miles de ciudadanos sean engañados, e incluso mueran”, en referencia a la normativa que mantiene a la homeopatía como medicamento, aunque no ha probado su utilidad médica más allá del placebo. “Hay que tomar medidas para frenar las pseudoterapias porque no son inocuas y producen miles de afectados”, demanda el comunicado, difundido en una docena idiomas. Y reclama: “Europa debe trabajar en la dirección de crear leyes que ayuden a detener este problema”. Lo cuenta Javier Salas en el diario español El País.


“No es coherente que desde Europa se eleve la preocupación por el fenómeno de la desinformación y a la vez se ampare uno de sus tipos más peligrosos: la desinformación en temas de salud”, denuncian los firmantes del manifiesto. “Por todo ello, las personas que firman este manifiesto animan a los gobiernos de los países a los que pertenecen a poner fin a un problema que utiliza falsamente el nombre de la ciencia y que ya le ha costado la vida a demasiada gente”, concluye. Además de la homeopatía, mencionan el reiki, la Nueva Medicina Germánica, el biomagnetismo, la iridología, la terapia ortomolecular “y un largo etcétera” que, según denuncian, “están ganando terreno y causando víctimas”.


Esta iniciativa llega en plena pandemia de covid, una crisis que a la que también afecta seriamente el fenómeno de las pseudociencias. No son solo las manifestaciones contra las medidas sanitarias, las teorías de la conspiración o el peligroso resurgimiento del movimiento antivacunas. Un estudio reciente citaba más de 800 muertes, casi 6.000 hospitalizados y 60 cegueras causadas por bulos de falsos remedios que han llevado a personas mal informadas a tomar productos nocivos en países como Irán, Turquía o India. En España, se han reportado 26 intoxicaciones por consumir un brebaje tóxico y prohibido, el MMS, que sus defensores promocionan como curalotodo.


“Cuando hay ansiedad y miedo, la gente tiene más tendencia a apuntarse a todo lo que le dé cierta seguridad”, asegura la viróloga Margarita del Val, directora del grupo Salud Global del CSIC de investigación sobre el coronavirus, que es una de las científicas más destacadas que firma el manifiesto. “Seguramente más de una pseudoterapia se está aprovechando de la covid, porque en muchos casos la gente solo habrá vivido un catarro que se ha curado enseguida y pensarán que es por el producto, el falso remedio”, asegura De Val, en referencia a que muchos contagiados solo viven unos leves síntomas antes de curarse por completo.


“Es momento de que desde Europa demostremos que efectivamente creemos en el progreso. Resulta inadmisible que en pleno siglo XXI exista una normativa que permita engañar a los enfermos vendiéndoles azúcar (homeopatía) como si fuera un medicamento”, critica la científica Elena Campos, presidenta de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP). Según explica Campos, son múltiples los países de nuestro entorno que están poniendo límites al negocio de la homeopatía, “con lo que entendemos que existe masa crítica suficiente como para proceder a la revisión de la normativa europea, de manera que se proceda a la protección efectiva de los pacientes y usuarios”. “Debemos decirles a nuestros gestores que no vale sólo con la palabra, que se requieren hechos”, exige Campos, tras recordar que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, avisó en marzo de que los bulos sanitarios cuestan vidas.


“A la gente le hacen mucho mal, son personas normales a las que convencen para tomar unos productos o realizar unas prácticas que siempre tienen intereses económicos detrás. Y lo que es peor, dejan la medicina que tiene evidencia y eso les genera más dolor, más sufrimiento y más problemas”, denuncia Del Val. La viróloga lamenta que estas prácticas le hacen mal a la ciencia, porque aseguran que sirven para curar algo sin demostrar nada: “Y a nosotros nos cuesta mucho trabajo llegar a demostrar algo”. “Es importante explicar por qué funcionan las cosas: por ejemplo, hay que pedirle transparencia a las farmacéuticas, si hay problemas deben contarlos y ser muy claros, porque lo peor que pueden hacer es crear suspicacias”, señala la investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.


Otros de los firmantes del manifiesto tienen una trayectoria notable, como es el caso del médico y experto en pseudoterapias Edzard Ernst; el director del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS), François Leulier; el médico y antiguo vicepresidente del Senado de Bélgica, Louis Ide; o el activista indio y refugiado internacional por su defensa del pensamiento crítico, Sanal Edamaruku, explican los organizadores en una nota. La mayoría de los firmantes, más de un millar, son de España, un país que ha vivido en los últimos años un debate social muy importante sobre este problema. Un debate que desembocó, en buena parte gracias a las denuncias de familias como la de Mario y Rosa, en que el gobierno de Pedro Sánchez lanzara un plan para combatir las pseudoterapias en 2018.


lunes, 11 de mayo de 2020

Miguel Pastorino, sobre las pseudoterapias: “ideas que se vuelven peligrosas si se llevan a la práctica”.


FUENTE: Paula


Desde yoga con cabras hasta sanación con cristales, las propuestas enfocadas al bienestar inundan el mercado con promesas que hacen fruncir el ceño a buena parte de la comunidad científica. En la revista uruguaya Paula, han querido contar con un académico, que separa la paja del trigo y recomienda ir con cuidado.

Terapias peligrosas para la salud

A fines de enero, mientras daba un discurso en el Sheldonian Theatre de Oxford, el director del Servicio Nacional de Salud de Inglaterra (NHS), Sir Simon Stevens, llamó la atención sobre la alta disponibilidad on-line de productos y procedimientos de riesgo para la salud. No contento con la denuncia, el analista en políticas públicas se despachó sin pelos en la lengua contra la más reciente iniciativa de Goop, la firma de la actriz convertida en gurú del lifestyle, Gwyneth Paltrow.

“En medio de controversias por huevos vaginales de jade y velas con aromas inusuales, Goop apareció con una nueva serie de TV, en la que Gwyneth Paltrow y su equipo prueban tratamientos faciales vampíricos y respaldan a un trabajador del cuerpo, que afirma curar traumas fisiológicos agudos y sus efectos colaterales, simplemente moviendo sus manos a dos pulgadas de distancia del cliente”, sentenció Stevens. En el mismo discurso, el especialista resaltó los considerables peligros para la salud que algunas de estas terapias implican y advirtió acerca de la falta de evidencia científica que las avale.

El cuestionamiento de la NHS no fue el único, y pronto se sumaron varias voces de alerta. El programa de Paltrow, emitido por Netflix, consta de seis capítulos unitarios dedicados a tratamientos no convencionales. Dada la controversia, Netflix publica un descargo al inicio de cada entrega, advirtiendo al espectador acerca del carácter no médico de la serie. Sin embargo, muchos lo encontraron entretenido, informativo y hasta útil. Es que cuando se trata de la salud y del bienestar, la búsqueda de respuestas no siempre va por el camino de la ciencia.

De las sectas tradicionales a la nueva situación

Apuntando a esta temática, Julia Helena Romei, de la revista Paula, habló con el licenciado en Filosofía y magister en Comunicación Miguel Pastorino, quien además estudió de forma interdisciplinaria las ciencias de la religión y es miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

− ¿Cómo surgió su interés en el estudio de las llamadas terapias alternativas?

− En realidad, empecé mucho más interesado en el estudio de lo religioso y sobre todo de la historia de las creencias; también enseño sobre la relación entre ciencia y religión, y resulta que históricamente, sobre todo a mediados del siglo XX, el fenómeno sectario se estudiaba como grupos religiosos aislados, con líderes carismáticos. Pero las ciencias sociales abandonaron el término secta porque empezó a ser usado en forma discriminatoria y no daba cuenta del fenómeno. Por ejemplo, un grupo minoritario con una religión nueva era tildado de secta simplemente por ser una minoría extraña al contexto.

Para no discriminar a estos nuevos movimientos religiosos, el término desapareció de la Academia en el ámbito de las ciencias sociales; mejor dicho, de la sociología y de la antropología de la religión. ¿Quiénes lo mantienen? Los que se dedican a la psicología de la religión y hablan más bien de conductas sectarias, comportamientos sectarios o grupos de abuso; utilizan esa terminología. Esa misma gente que yo estudiaba de pronto cambió el lenguaje.

Entonces empecé a conocer; de hecho, participé en un congreso de la Universidad Autónoma de Madrid en el que se presentaron investigaciones actuales sobre el fenómeno sectario, y la mayoría estaba en el campo de la psicología. Las investigaciones eran sobre grupos no religiosos donde se daba el mismo fenómeno. Por poner un ejemplo, la famosa secta de Osho, del que hay un documental muy bueno en Netflix, que se llama “Wild Wild Country”, muestra la manipulación psicológica de un colectivo y lo que puede llegar a lograr.

Eso hoy ya no se encuentra tan fácilmente en grupos religiosos, aunque no quiere decir que no exista. Donde más proliferaron las denuncias y los casos de personas estafadas emocionalmente y de familias afectadas, es en un amplio abanico de pseudoterapias extrañísimas que se mezclan con terapias orientales serias, en las que se vuelve difícil discernir la acupuntura de una técnica inventada ayer que cura con energía extraterrestre. El tema es quién pone hoy claridad en el límite difuso entre lo que son terapias reales y creencias mágicas, o lo que se ofrece como terapia y es un discurso religioso.

Necesidad de discernimiento

− ¿Están en el mismo cajón las disciplinas orientales?

− No. Desde el punto de vista científico se puede tener dos posturas. Hay una mirada desde la ciencia médica que dice que todo lo que no esté validado por el método científico no se lo puede considerar confiable, y ahí quedan afuera las terapias como la acupuntura, la homeopatía, todo. Desde ese paradigma todo es pseudociencia.

Después, hay otra postura un poco más amplia que dice que hay un montón de tratamientos que no tienen validación científica desde el paradigma de la ciencia occidental, pero no pone en la misma bolsa a una práctica milenaria como la medicina china con alguien que ayer abrió un boliche y cura con energía extraterrestre y dos ángeles que lo visitan, y además roba palabras de la ciencia para que sea más pomposo. Entonces, de repente te encontrás con un Centro Holístico Terapéutico.

− Términos como epigenética o mismo la psiconeuroinmunoendocrinología abren esa puerta…

− Eso es lo que pasa. La psiconeuroinmunoendocrinología está dentro de la psicología científica, y hay autores en ese ámbito muy serios, pero hay veces que entra dentro de la Academia la teoría casi esotérica; es muy difícil de delimitar. Creo que estamos en un campo donde tiene que ver la honestidad intelectual de quien se dedica a estas cosas. A mí me ocupa lo que la gente consume en la vida cotidiana, y ahí no es tan clara la distinción entre lo serio y la estafa.

El gobierno español tiene una campaña al respecto que se llama #coNprueba y circula un videíto en el que alguien va a un local a arreglar su celular roto, y quien lo atiende agarra el iPhone, impone sus manos y hace unos pases mágicos. Ante una situación semejante uno pensaría en ir a alguien serio, entonces la campaña del gobierno pregunta: “¿por qué hacés eso con tu salud?”.

El peligro del pensamiento mágico

− ¿Qué diferencia hay entre estas pseudoterapias y los curanderos de toda la vida?

− Muchas veces ninguna, solamente hay una adaptación al mundo posmoderno. Se pasan a un vocabulario pseudocientífico, cosas del pensamiento religioso mágico. Antes se hablaba de ángeles y demonios, y hoy son buenas y malas vibras o energías. Es lo mismo; se atribuye a una realidad imposible de demostrar sus efectos sobre la vida. Se está en el plano de las creencias y no de la ciencia. El antiguo adivino hoy es sensitivo; el que antes incorporaba espíritus actualmente se denomina canalizador o channeler, y no sólo de muertos, sino de extraterrestres y otras entidades. Es decir, que el lenguaje es modificado para hacerlo percibir como algo novedoso y científico, pero a veces son cosas que ya conocíamos de antaño.

− ¿Qué riesgos tiene esto?

− Para mí lo grave es que esto muchas veces se convierte en un problema de salud pública. En Uruguay hay libertad de cultos y bajo el artículo 5 de la Constitución, cada uno puede creer lo que quiera, profesarlo y ofrecerlo públicamente, siempre y cuando no vaya contra la moral, el bien público y no le haga daño a la gente. ¿Qué pasa cuando alguien ofrece una terapia que aprendió en un fin de semana con un péndulo y una varilla, y compite con alguien que hizo una carrera de años en la Universidad?

A su vez, ¿qué garantía tiene la persona de que está en manos de alguien en quien puede confiar? Ojo, a veces hay personas muy honestas y convencidas de esto, que hasta ejercen gratis, y este punto no es fácil: una cosa son las personas y otras son las ideas, y hay ideas que se vuelven peligrosas si se llevan a la práctica, por más que se tenga una buena intención. Un ejemplo, hay una doctrina teórica de origen esotérico, que entró en el mundo de las terapias, que es la famosa ley de atracción.

− La del libro El secreto.

− Exacto, y sostiene que si pensás positivo te va positivo. En el fondo argumenta que la mente crea la realidad y entonces si te va mal en la vida, es tu culpa. Ese tipo de espiritualidad no se ofrece como interpretación, sino que se vende como ley; la autora lo equipara a la ley de la gravedad; es decir, que no es cuestionable, y la gente así lo consume.

− Es una carga demasiado pesada sobre la persona...

− Efectivamente, y además genera una espiritualidad individualista, donde los problemas de los demás son de ellos y genera una negación de la injusticia social. Hay cuestiones que no dependen de mi mente. Yo uso un ejemplo medio duro para ilustrar esto: ¿la gente que muere de hambre en algunos países es porque no visualiza positivamente la comida? Claro que no. Esto implica no distinguir verdades parciales de dogmas.

La negación de la realidad

− ¿Cuál es el problema de ser positivos a toda costa?

− En el fondo es un mundo del confort incapaz de aceptar el límite de la enfermedad, del dolor y de la muerte, que en definitiva son los grandes dilemas del ser humano y que han generado las grandes preguntas filosóficas de la humanidad. ¿Qué pasa? Si yo vivo en una sociedad que sólo busca el confort y la solución a cada problema y la técnica, necesito encontrar una salida rápida. El tema es que estoy negando la realidad.

Acá se genera también un problema con la salud, y es que a veces en el discurso estos terapeutas dicen: ‘usted siga consultando al médico’, pero hemos investigado un montón de casos en que por el propio adoctrinamiento de la terapia se convierte en un peligro. Por ejemplo, vas a un seminario donde te enseñan que todas las enfermedades son emocionales y eso es verdad en parte, porque esto no es blanco o negro. Somos una unidad como seres humanos y muchos de nuestros males tienen una raíz emocional y nuestra vida emocional afecta nuestra vida orgánica. Eso no se puede negar. Ahora, afirmar dogmáticamente que toda enfermedad tiene un origen emocional, incluyendo el coronavirus, es ridículo.

− ¿Esa premisa es la de la biodescodificación?

− Exacto, es uno de los postulados de lo que se llamó la nueva medicina germánica, de donde derivaron después la bioneuroemoción y la biodescodificación, que son creencias con lenguaje pseudocientífico, pero que no tienen validación científica. De hecho, el Colegio de Psicólogos de Cataluña hizo un comunicado fuerte sobre la bioneuroemoción con preocupación. ¿Por qué? Porque obviamente hay gente buenísima haciendo estas cosas, pero, ¿qué pasa cuando tenés una enfermedad que necesita tratamiento y te convenciste de que el problema era emocional, por lo que dejás el tratamiento? Claro, nadie te obligó…

− ¿Qué se le argumenta a alguien que dice: ‘esto me hace bien y no me hace daño’?

− Muchos médicos se manejan con gran apertura, es decir que las terapias no validadas científicamente se catalogan como complementarias y no alternativas. Si a la persona le hace bien, adelante. Salvo que la estén manipulando y la estén metiendo en un mecanismo sectario. Ahí le están haciendo daño y el individuo no se entera. Ese es otro problema. Hay situaciones en las que detrás de sentirse bien o encontrar una respuesta, hay manipulación. Hay grupos que abusan y han radicalizado esta idea de lo emocional; le dicen a la gente que tiene que entrar en cuarentena porque están contaminados por las emociones de sus familiares, y que necesitan distanciarse de ellos, entonces no les dirigen la palabra por meses. Esta es una forma de aislar a la persona en su propia casa, sin necesidad de llevársela al campo.

Ahora, si bien muchos médicos avalan el doble camino de las complementarias, sin abandonar nunca el tratamiento médico, aún en el ámbito profesional hay mucha discusión. Brian Weiss es un médico psiquiatra que publicó libros de espiritualidad queriendo legitimar científicamente la reencarnación, cuando no es legitimable científicamente lo que él hace; quiere pasar un tema religioso por científico.

La responsabilidad de la ciencia y la religión

− ¿Qué pasa con la medicina ortodoxa que da lugar a todo esto? ¿Qué no está encontrando la gente?

− Creo que ahora se está de vuelta, pero hay un paradigma antropológico muy mecanicista que estuvo presente en el estudio de la medicina general, y que examina al ser humano casi como quien examina órganos y no personas, sobre todo en la híper especialización. Hace años que ya se está de vuelta porque se tomó consciencia de que quien va al médico no es un hígado enfermo sino un ser humano que tiene muchas cosas. Algunas cuantas falencias en los tratamientos de los problemas de la salud generan que las personas busquen otros caminos.

Una cosa interesante es que no sólo la ciencia, también las religiones tradicionales dejaron vacíos en la gente, porque uno se da cuenta de que en estas cosas la gente no sólo busca curación, sino también un camino espiritual, un sentido de trascendencia. Busca sanidad en un sentido muy amplio. También aquí la crisis de las religiones institucionales abrió la cancha a los modelos alternativos y ahí es donde entró todo.

− ¿El pensamiento mágico que mencionó?

− Primero eso; hay un aumento en ese pensamiento, en la irracionalidad y en la desconfianza en la ciencia que es producto de la crisis del pensamiento científico del siglo XX, después de dos guerras mundiales. Hay muchas razones para ese crecimiento. ¿Y qué sucede? Si la única verdad la tenía la ciencia y ni ella la tiene, ¿dónde está la verdad? Entonces, hoy no le importa a nadie la verdad, sino lo que es útil. Lo que dicen algunos analistas de la cultura, es que el problema de hoy es un pragmatismo excesivo. Lo que importa es que las cosas me sirvan, da igual si son buenas o malas, falsas o verdaderas; ese no es mi problema. Es una especie de resignación: ‘yo no lo puedo entender todo, pero si me soluciona, adelante’.

La necesaria mentalidad crítica

− ¿Si en tiempos de coronavirus alguien dice que para evitar el contagio hay que comer jengibre o ducharse con agua fría, eso vale tanto como lavarme las manos o aislarme?

− Ojalá hagas las dos cosas. Creo que en esto hay que ser críticos y sumar aquellas cosas que vemos que no nos hacen daño. Tiene que haber apertura mental, pero sin caer en la ingenuidad. Creo además que en Uruguay, la falta de estudios religiosos por un exceso de laicismo –una cosa es no hablar de Dios y otra es no saber de religiones– hace que muchas personas no distingan un culto budista serio, de una caricatura creada hace dos días.

El mindfulness, por ejemplo, aplica técnicas del budismo zen que fueron secularizadas a Occidente, y por lo tanto detrás de eso hay un método serio milenario que ayuda a bajar la ansiedad y al que ahora se le agregó investigación científica. Ahora, si tu instructor de mindfulness te dice que te va a imponer las manos, ya es otro problema.

− ¿Hay reglas para discernir entre una cosa y otra?

− Yo a veces lo llamo diferenciar entre el charlatán y la persona honesta. Hay cosas que se repiten, pero no creo que sean las únicas. Son cosas ante las que uno podría sospechar. La primera es si alguien dice que tiene el método infalible para curar todo. Lo que cura todo, no cura nada, pero se vende como el secreto mejor guardado. Estas propuestas en general no tienen una investigación científica seria sobre su método, ni publican en revistas como Science o Nature; se basan sólo en testimonios.

Cuando se les pregunta por esto, contestan: ‘yo esto lo doy gratis porque el negocio de la comunidad científica es que no se sepa’, y recurren a la teoría conspirativa de que la industria farmacéutica entraría en crisis si su poción mágica la tuviera todo el mundo. Para mucha gente eso es creíble. En lo que se le parece a los fenómenos sectarios, también es en el delirio de persecución.

− ¿Ese es el argumento del movimiento antivacunas?

− Y así es como rebrotan enfermedades erradicadas como el sarampión debido a padres que deciden no vacunar a sus hijos. Otra característica que ya mencioné es la utilización del lenguaje pseudocientífico y hermético: usan prefijos como psico, o neuro y lo pegan con astrología, que no es ciencia. Sí es una creencia muy antigua, el horóscopo asirio tiene 4.500 años, pero no es ciencia. Entonces, al usar esos prefijos pareciera que se trata de una nueva ciencia, y eso es una forma de engañar.

Además, el tono en general es siempre soberbio: ‘nosotros somos los de mente abierta, ustedes son cerrados’. En eso es muy parecido a las sectas; ‘los de afuera no nos entienden, nosotros somos los iluminados’. Por eso se da ese discurso persecutorio y mesiánico del líder.

Otra cosa muy importante a tener en cuenta, incluso cuando se trata de un profesional, es que si induce a la dependencia, es abuso. Si en lugar de ayudar a la persona a salir, a valerse por sí misma y a ser más libre y más responsable, la infantiliza y genera una dependencia en la que el terapeuta casi se vuelve un papá y termina dirigiéndole la vida, está haciendo daño. En relación a esto de la dependencia, hay casos muy reiterados de abuso sexual, en los que la persona no se siente violentada porque lo percibe como parte del tratamiento. Es una cosa muy compleja.

Daños importantes

− ¿Quién define quien es terapeuta?

− Ese es el problema, lo puede usar cualquiera para lo que sea, porque todo es terapia, hasta cosas mágicas como las hadas. Para finalizar, podría decir que un tema recurrente es que el terapeuta nunca tiene la culpa de lo que sale mal. Argumentan que es por falta de actitud, de fe o de espíritu positivo. Esto lo ves en algunos grupos fundamentalistas neo pentecostales, que le dicen a la gente que Dios no les concedió el milagro porque les faltó ofrendar más dinero, o no tuvieron la suficiente fe. La carga de la culpa siempre la tiene la persona, con lo que la hace pedazos.

El problema es que mientras los individuos viven esta inducción de dependencia, se van sintiendo bien. Los públicos más vulnerables son aquellos que necesitan sentirse más especiales, o por lo menos encontrar un nuevo proyecto de vida… Tenemos la ingenuidad de pensar que quienes son víctimas de estos tipos de abuso son personas con poca formación y en realidad, cualquiera puede verse afectado por una situación de vulnerabilidad: un familiar enfermo, un divorcio reciente, un fracaso laboral. Cualquier cosa que requiera contención emocional y una respuesta rápida, es terreno fértil para alguien que quiere abusar.

Igualmente, en esto no hay que caer en los extremos. No sirve salir a condenarlo todo, porque se puede meter injustamente en la bolsa a gente que hace cosas muy serias, ni decir ligeramente, ‘todo esto hace bien para la calidad de vida’. Hay que abrir los ojos porque permanentemente hay historias de gente dañada.

Hay una investigación de la psicóloga Carmen Almendros, de la Universidad Autónoma de Madrid, que da cuenta del porcentaje de personas que entraron a este tipo de terapias y salieron devastadas psicológica y emocionalmente. Otro punto es que a muchísimos no les pasa nada, lo llevan bárbaro, no les afecta y son los que dan testimonio de lo buenísimo que está. Y a veces, no reparan que hay personas con una fragilidad o vulnerabilidad distinta.

− ¿Por qué los saberes antiguos ahora tienen tan buena fama?

− Es cierto que la mentalidad científico-técnica marginó a las sabidurías ancestrales, y hoy hay una revalorización –para mí excesiva– de ese conocimiento. Hay muchas prácticas como el tai chi chuan, un arte de combate que los chinos crearon dentro de los monasterios taoístas. Esa disciplina claramente era un camino místico y fue parte del desarrollo de su cultura. No es una cosa que inventaron ayer; la aprendieron en los bosques observando animales…

− Es decir, que se entiende en su contexto.

− Claro. Es como los indígenas con la ayahuasca en el Amazonas; lo hicieron para curar. Otra cosa muy distinta es que un centro en Montevideo haga experiencias de alucinación; son ámbitos diferentes. Hay hasta grupos que patentaron técnicas de yoga, milenarias, pero les cambiaron de nombre y las venden como nuevos métodos antiestrés. Por eso, si me preguntan, yo recomiendo que vayan a escuelas tradicionales sean de yoga, tai chi o lo que sea, porque ahí van a estar con alguien serio; también en esto hay que discernir. Creo que culturalmente hay una necesidad, un hambre, y como hay demanda, hay oferta.

miércoles, 29 de enero de 2020

Cuando las pseudoterapias se aprovechan de la etiqueta de lo “cuántico”.

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FUENTE: Diario Médico
Con el título “Pseudociencia, el lado oscuro: Cuantico cuentico”, el Diario Médico ha publicado un artículo de Emilio Molina, que explica que la denominada “medicina cuántica” es una pseudoterapia y que si alguien mezcla lo cuántico con la salud está engañado. El autor es vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP) y colaborador del Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias de la Organización Médica Colegial (OMC)

“Lo que falta a los oradores en profundidad os lo dan en longitud”. Montesquieu describe en pocas palabras un mal que atañe a las pseudoterapias en general: la profusión de explicaciones profusas para avalar delirios. Explicaciones que a un entendido les producen desdén y vergüenza ajena, pero a un lego pueden deslumbrar. La esencia de la charlatanería, vaya.

En este ámbito de las explicaciones peregrinas ha ido habiendo una evolución en las últimas décadas. La llegada y auge de la New Age nos legó toda una suerte de términos usados pseudocientíficamente (pero por supuesto bellos y convincentes, incluso poéticos) como vibración, resonar, armonía, energía, cristales, conciencia, holismo o paradigma. El uso de esta última es, probablemente, uno de los mejores indicadores de alerta de que podemos estar ante un charlatán.

Las pseudociencias siguen, por supuesto, arrastrando todos estos términos y muchos más por el estilo, términos que en su día –los años sesenta del siglo pasado– emergieron como una contestación ante una sociedad entendida como beligerante, artificial, machista y fascista. En contraprestación, surgieron como un alegato a la paz, al regreso a la naturaleza, al feminismo y a un comunismo de corte hippie.

Con las décadas, y el devenir del avance científico, estas “palabras mágicas” sociales han sufrido cierto desgaste. Aunque siguen teniendo plena vigencia y salud en determinados círculos de fomento de la irracionalidad, para el ciudadano de a pie tienen un toque etéreo que no termina de cuajar en un entorno en el que estamos cada vez más acostumbrados a términos más “duros”.

Y aquí es donde entra con fuerza el mundo de lo cuántico. Por resumir mucho, la física cuántica es un compendio de herramientas matemáticas que modelan los comportamientos del mundo subatómico (hasta escalas que pueden llegar a unos cuantos átomos). Tras fórmulas con nombres como “función de onda” u operaciones poco oídas como el “Hamiltoniano”, la mecánica cuántica permite representar y manejar los antintuitivos resultados de las evoluciones de aquello muy pequeño, donde la física clásica deja de ser descriptiva y entran en juego propiedades mucho más fundamentales de la materia y la energía.

Dicho de otro modo: la física cuántica no es muy distinto conceptualmente a la aplicación de las leyes de Newton o Kepler a la hora de intentar explicar y predecir la mecánica celeste, por ejemplo, solo que a escalas infinitesimalmente pequeñas. No hablan del devenir personal, ni de la prosperidad, ni de la salud, ni de un millón más de cosas con las que los chamanes del siglo XXI intentan darle pompa y boato a sus propuestas.

Por ejemplo, la bioneuroemoción se saca de la manga que el espectador determina la realidad con su pensamiento por una delirante interpretación del denominado “experimento de la doble rendija”. Lo que este experimento realmente viene a concluir es, aproximadamente, que una partícula se comporta como una onda mientras no existan interferencias energéticas que provoquen que la distribución de probabilidad que describe la onda (de posición, momento lineal u otras características) se concrete en un valor definido de la misma.

Como estas interferencias, en dicho experimento, se provocan en forma de fotones emitidos y recibidos por un dispositivo de medida (una cámara, vaya), y a dicho dispositivo se le refiere como “observador”, se ha distorsionado el mensaje de que un dispositivo de medida altera aleatoriamente el sistema medido, para convertirlo en que un observador consciente modifica la realidad a su voluntad. Y esto lo cuentan así en las versiones menos disparatadas de sus explicaciones sui géneris del fenómeno.

Hay propuestas para hartar: desde la “curación cuántica” del infame Deepak Chopra hasta la “inmortalidad cuántica” que ha llegado a provocar suicidios por la premisa de que, al intentar suicidarse, uno se despertará en un universo en el que las cosas le irán mejor. Un buen momento de este artículo para recordar que la desinformación es peligrosa en cualquiera de sus expresiones, por inocua que pueda parecer.

Por supuesto, propuestas como la homeopatía no se quedan atrás de esta denominada “querencia por lo cuántico” (traducción libre del más establecido “quantum woo” inglés), de la que desde hace un tiempo vengo recopilando en Twitter con la etiqueta #ChorradasCuánticas, por si alguien gusta de ver más plasmaciones. En el caso de la homeopatía, es el Deus ex machina que se han sacado algunos para intentar dar una pátina de verosimilitud al desmantelado hasta la saciedad mito de la “memoria del agua” (que a su vez explica, según ellos, el funcionamiento terapéutico de las pastillas de azúcar remojadas con agua, lactosa o alcohol rebajado en el que se diluyó hasta la desaparición total un producto que, a su parecer, produce los mismos síntomas que se quieren tratar).

No importa que, por parte de físicos y químicos –incluyendo entidades como la Real Sociedad Española de Física y hasta varios premios Nobel de estas áreas– vengan diciendo por activa y por pasiva que la física cuántica no avala en absoluto ninguno de estos sinsentidos. Es un mensaje atractivo que, a día de hoy, se sigue difundiendo incluso por parte de “médicos homeópatas” colegiados (que, irónicamente, llegan a denunciar judicialmente por supuestas injurias y calumnias a críticos como quien esto escribe por señalar públicamente que están difundiendo desinformación con un temerario desprecio hacia la verdad y hacia su deontología, con la permisividad y connivencia de sus Colegios Médicos). Busquen por “nanopartículas” o “electrodinámica cuántica” junto a “homeopatía” para más ejemplos de estos abusos discursivos pseudocientíficos para defender lo indefendible.

Quien sepa un poco del mundo de las pseudoterapias será consciente de que hay varias de ellas que, para explicar convenientemente por qué lo son, hay que entrar en muchos grises. La denominada “medicina cuántica” no es una de ellas: si alguien mezcla lo cuántico con la salud (y no está hablando del funcionamiento interno de las avanzadas máquinas de diagnóstico como el PET), está engañado o intentando engañar a otro. En distendidas palabras del tuit de la Real Sociedad Española de Física (que en 2016 emitió un comunicado a petición mía sobre el asunto que aquí trato), “la medicina cuántica es una trangallada”.

El nuevo Gobierno de España y la polémica lucha contra las pseudoterapias.

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FUENTE: Varios medios
"Corresponde al Ministerio de Ciencia e Innovación la propuesta y ejecución de la política del Gobierno en materia de ciencia, desarrollo tecnológico e innovación en todos los sectores”. Así define este lunes el Boletín Oficial del Estado (BOE) las funciones de un departamento que volverá a dirigir en España Pedro Duque y que tendrá que afrontar grandes retos, según leemos en Consalud.es. Una encomienda que se hará desligada del área de Universidades, ministerio de reciente creación que pasa a manos de Manuel Castells tras ser propuesto por Unidas Podemos.

Más allá de los debates iniciales, una de las primeras cuestiones que debe acometer el ministro de Ciencia es continuar impulsando el 'Plan para la protección de las personas frente a las pseudoterapias', una iniciativa que creó en la anterior legislatura de la mano de la hasta ahora titular del Ministerio de Sanidad, María Luisa Carcedo, y que busca aislar a algunas prácticas que se prestan actualmente bajo la calificación de “médica o sanitaria” pero que no ha demostrado la suficiente evidencia científica.

Desde su puesta en vigor, el plan ha denominado ya a 73 de estas prácticas como pseudoterapias por no presentar ningún ensayo clínico y ha analizado otras cinco que podrían serlo. Un plan que, desde su comienzo, ha sido valorado positivamente tanto por el sector sanitario como por el científico. Junto a ello, otros objetivos de esta iniciativa son transmitir a la ciudadanía “información veraz” así como tratar de “evitar la publicidad engañosa”. Entre las acciones que se pondrán en marcha, destacan la eliminación de las pseudoterapias de los planes de formación sanitaria y de los centros sanitarios o la actuación en ámbitos como internet, redes sociales o jornadas divulgativas.

Críticas al plan

Por otro lado, fuentes cercanas al Ministerio de Sanidad muestran su incomodidad por la gestión del llamado “Plan para Proteger al Paciente de Pseudoterapias”. Antes del mes de marzo está previsto que se conozcan las conclusiones del informe que está realizando la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud (REDETS) y consideran que hay tres “puntos débiles” en el procedimiento: la posible “parcialidad” de los evaluadores, la metodología seleccionada y un posible conflicto legal, tal como explica Consalud.es.

En primer lugar, respecto a los expertos reclutados por el Ministerio, este grupo de trabajo no se ha presentado de manera pública y oficial. Algunos de ellos que comentan informalmente e incluso en redes sociales formar parte de este grupo, ya se han declarado abiertamente contrarios a las terapias que están analizando. En los últimos días algunos de ellos han realizado valoraciones subjetivas, incluso descalificaciones, sobre las terapias naturales y complementarias; lo que podría llegar a suponer un conflicto de intereses y un descrédito para la imagen del Ministerio.

En cuanto a la metodología, creen que se ha ido a una fórmula de “mínimos” dejando fuera diferentes tipologías de estudio adaptadas a las terapéuticas que se están analizando. Así, aunque en la práctica clínica hay numerosas publicaciones y evidencias científicas que avalan la utilidad de estas terapias en la salud y bienestar de los pacientes, estos datos no se están teniendo en cuenta. El criterio de selección de información que están siguiendo los evaluadores, y que se ha hecho público por el Ministerio en algunas instancias, incluye estudios con el diseño de ensayos clínicos controlados y aleatorizados o revisiones sistemáticas de ensayos clínicos, publicados en los últimos cinco años en revistas indexadas, en los idiomas español, inglés o francés.

Lo “delicado” del punto anterior, señalan dichas fuentes, es que derivara en un conflicto legal con algunas de las terapias que se están analizando, ya que según la legislación en el RD 1277/2003 la acupuntura, homeopatía y medicina natural se incluyeron dentro del Plan de Terapias Naturales. No parece razonable que ahora se cuestione estas terapéuticas cuando ya hay una legislación que las regula de manera formal y cuando son terapias avaladas por la Organización Mundial de la Salud en su Estrategia sobre medicina tradicional 2014-2023 (pág.57). Lo que podría conducir a que algo que se supone de tanta relevancia, según las molestias que se ha tomado la anterior ministra para ello, se despache de una forma tan opaca como esta.

La reacción de los homeópatas

El pasado 15 de enero, la Asamblea Nacional de Homeopatía (ANH) de España ha felicitado al nuevo ministro de Sanidad, Salvador Illa, por su designación para el cargo y ha señalado que confía “en que en esta nueva etapa se respete la libertad de los pacientes y médicos de utilizar la homeopatía”. Asimismo, ha pedido que “se respete ante todo la ley” y ha insistido en que “tanto la legislación española como la europea ya definen y regulan claramente los medicamentos homeopáticos, así como el ejercicio de esta terapéutica por profesionales sanitarios”. En el caso de la legislación nacional, se hace a través del Real Decreto 1277/2003, que establece las bases generales sobre autorización de centros, servicios y establecimientos sanitarios. Lo leemos en Servimedia.

La ANH estima que “mejorar la regulación de sector –formación, investigación y ejercicio profesional– es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el nuevo ministro en los próximos años”. El presidente de la ANH, el doctor Alberto Sacristán, ha señalado que es “un momento ideal” para sentarse, escucharse y abrir “un nuevo camino” en el que no se olvide a los “millones de usuarios que ahora confían en unos medicamentos que son supervisados y recomendados por profesionales de la salud”. “La defensa de la libertad de optar libremente por la homeopatía entre personas formadas e informadas es fundamental”, ha recalcado.

La organización ha reiterado su predisposición a formar parte de los equipos de trabajo que desde el Ministerio se constituyan para evaluar, analizar o debatir en aquellos asuntos en los que la homeopatía pueda estar involucrada. “Son los médicos homeópatas los únicos capacitados para valorar, en cada caso concreto, el lugar que puede ocupar la homeopatía y elegir los medicamentos más adecuados para cada paciente en función de su patología”, sostiene, al tiempo que recalca que es el canal farmacéutico la “mejor garantía de seguridad” para profesionales y pacientes. Asimismo, incide en que la Organización Mundial de la Salud recomienda, en la estrategia de salud 2014-2023, “la integración de las medicinas tradicionales y complementarias (entre ellas la homeopatía) en los servicios sanitarios de los distintos países”.