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jueves, 31 de octubre de 2019

Cardenal Sarah, a los católicos ante la crisis en la Iglesia: «¡No dudéis! ¡Manteneos firmes! ¡Perseverad!»

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El cardenal Rober Sarah nació en Guinea Conakry hace 74 años. Actualmente es prefecto de la Congregación para el Culto Divino
FacebookTwitterGoogle+LinkedinWhatsappEmailJavier Lozano / ReL23 octubre 2019TAGS:Iglesia católicaLaicismoLibrosRazones para creerSacramentos
Tras libros de gran profundidad, espiritualidad y discernimiento como La Fuerza del Silencio o Dios o nada, el cardenal Robert Sarah publica Se hace tarde y anochece (Palabra), un certero análisis de la crisis moral de Occidente pero también en el seno de la Iglesia Católica, donde habla con meridiana claridad de la mundanización de la Iglesia y el grave problema cultural e identitario que afecta a un Occidente sin Dios. Pero no se queda ahí y el actual prefecto para la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos propone también los medios para evitar el infierno de un mundo sin Dios. No ofrece una fórmula mágica sino la santificación personal de los cristianos, empezando por los propios pastores.

El cardenal Sarah recalca en su obra que “en la raíz de la quiebra de Occidente hay una crisis cultural e identitaria. Occidente ya no sabe ni quiere saber qué lo ha configurado, qué lo ha constituido tal y como ha sido y tal y como es. Hoy muchos países ignoran su historia. Esta autoasfixia conduce de forma natural a una decadencia que abre el camino a nuevas civilizaciones bárbaras”.

"¡No dudéis!"

La Iglesia Católica no es ajena a esta crisis sino que también le afecta gravemente. En este momento de escándalos eclesiales como los casos de abusos y la secularización interna, el cardenal afirma que “los cristianos se estremecen, vacilan, dudan”. Y a ellos les dice: “¡No dudéis! ¡Manteneos firmes en la doctrina! ¡Perseverad en la oración!”.

Este cardenal guineano de 74 años recuerda que “el diablo intenta hacernos dudar de la Iglesia. Quiere que la veamos como una estructura humana en crisis. Pero la Iglesia es mucho más que eso: es la prolongación de Cristo. El diablo nos insta a la división y al cisma. Quiere hacernos creer que la Iglesia ha cometido traición. Pero la Iglesia no traiciona. ¡La Iglesia, llena de pecadores, está libre de pecado! Siempre habrá en ella luz suficiente para quienes buscan a Dios”.

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Puede adquirir aquí el último libro del cardenal Sarah

Sarah reconoce abiertamente que la Iglesia ha sido “deshonrada” y que “sus enemigos están dentro de ella”. Pero por eso mismo pide que “no la abandonemos”. ¿Qué hacer entonces?, se pregunta.  A su juicio, “ante el aluvión de pecados dentro de la Iglesia, nos sentimos tentados de tomar las riendas. Nos sentimos tentados a purificar la Iglesia con nuestras propias fuerzas. Y sería un error. ¿Qué podríamos hacer? ¿Un partido? ¿Un movimiento? Esa es la tentación más grave: una división tapada con oropeles. Con la excusa de hacer el bien, nos dividimos, nos criticamos, nos destrozamos. Y el demonio se ríe. Ha conseguido tentar a los buenos bajo la apariencia del bien. La Iglesia no se reforma con la división y el odio. La Iglesia se reforma comenzando por cambiar nosotros mismos. No dudemos, cada uno desde nuestro sitio, en denunciar el pecado, empezando por el nuestro”.

Una crisis de fe dentro de la Iglesia

En Se hace tarde y anochece, el prefecto vaticano considera que en la Iglesia lo que hay es una crisis de fe que se manifiesta de maneras diversas. De este modo, el cardenal Sarah advierte que “el activismo corroe la oración, la auténtica caridad se transforma en una solidaridad humanitaria, la liturgia queda a merced de la desacralización, la teología se convierte en política, hasta la noción de sacerdocio entra en crisis”.

Precisamente, uno de los grandes males en la Iglesia es la “trágica dicotomía” y la “incoherencia dramática” entre la fe que se profesa y la vida concreta. En esta crisis de la Iglesia, el purpurado cree que se ha entrado en una nueva fase: la “crisis del magisterio”.

Sin el corporativismo que se suele dar entre los pastores, el cardenal afirma que “hoy reina una auténtica cacofonía entre las enseñanzas de los pastores, los obispos y los sacerdotes, que parecen contradecirse. Cada uno impone su opinión personal como si fuera una certeza. De ahí nace una situación de confusión, ambigüedad y apostasía”.

Un llamado a los obispos y sacerdotes

Y por ello cree que debido a esto “en el espíritu de muchos fieles cristianos se han inoculado una enorme desorientación, un profundo desarraigo e incertidumbres destructivas”. A esta confusión se suma –explica en el libro- que los que deberían transmitir la verdad divina “no dudan en mezclarla con las opiniones de moda, incluso con la ideologías del momento”.

En este sentido, el cardenal encargado de cuidar la liturgia en la Iglesia hace un llamamiento: “Querría suplicar a los obispos y a los sacerdotes que cuiden la fe de los fieles”. Y añade que en medio de esta tempestad “no es el momento de lanzarse detrás de las novedades de moda que corren peligro de desvanecerse antes de haber podido tocarlas siquiera. Hay que seguir el rumbo sin desviarse, esperar a que se despeje el horizonte. Me gustaría decirles a los cristianos: ¡no os inquietéis! En vuestras manos está el tesoro de la fe de la Iglesia. Lo habéis heredado de siglos de contemplación, de la enseñanza constante de los papas. De él se puede alimentar vuestra vida de fe sin ningún temor”.

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Ante los intentos de acabar con una Iglesia jerárquica, Sarah responde que “la visión horizontal de la Iglesia conduce inevitablemente al deseo de que sus estructuras imiten las de las sociedades políticas”. Sin embargo, la Iglesia “no es un partido, no es una asociación, no es un club: su estructura profunda y sustantiva no es democrática, sino sacramental y, por lo tanto, jerárquica”.

Distorsionar esta visión acaba provocando que “los cristianos ya sólo ven en sus obispos a hombres en busca de poder. Lo que se comenta es la influencia de este o la carrera de aquel. ¿Cómo es posible que olvidemos que en la Iglesia el gobierno es un servicio?”.

La solución pasa por la santidad

Citando a Ratzinger, el purpurado africano considera que “lo que necesita la Iglesia para responder en todo tiempo a las necesidades del hombre es santidad, no management”. Y por ello advierte del grave riesgo que supone la rutina y la tibieza.

En este libro-entrevista con Nicolas Diat, Robert Sarah cree que se ha llegado “a un momento crucial de la historia de la Iglesia”. Dos perspectivas se abren: “O bien seguimos pretendiendo salvar la Iglesia con reestructuraciones que no hacen sino añadir una sobrecarga excesivamente humana a su esencia divina, o bien decidimos dejarnos salvar por la Iglesia ¡-o, mejor aún, por la acción de Dios en ella- y encontrar después los medios para convertirnos”.

No descarta que se esté a la víspera de una gran reforma en la Iglesia cono la gregoriana del siglo XI o la del concilio de Trento del XVI. “Yo, por mi parte, creo que son los santos quienes cambian las cosas y hacen que la historia avance. Las instituciones van por detrás: no hacen sino prolongar la acción de los santos”, agrega.

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Hay "esperanza" aunque será un "duro combate"

Pero el cardenal también habla de qué hacer y llama a la “esperanza”, que no es un “plácido optimismo” sino que nace de estar unido a Dios. “Necesitamos que se alcen hombres y mujeres con coraje y energía espiritual para hablar y actuar, sembrando en torno a ellos semillas de sensatez, de verdad, de amor y de paz. ¡Sí, la esperanza es un duro combate!”.

Es por tanto la llamada a la santidad la clave para solventar esta crisis en la Iglesia, pero también considera que “quizá sea el miedo a hablar del infierno lo que nos hace tan pusilánimes a la hora de predicar nuestra vocación divina a la santidad”.

Según Sarah, la fuente más honda de la esperanza se encuentra en la Eucaristía. “Cada vez que comulgamos se hace realidad temporalmente lo que en el cielo será pleno y definitivo. En la comunión saboreó a Dios y Él me diviniza. Por eso la liturgia es fuente de gozo y de juventud”.

"Nos tiene que abrasar nuestro amor a la fe"

Renovar nuestra fe es el camino a seguir y “es hora –añade el cardenal- de arrancar a los cristianos del relativismo ambiente que anestesia los corazones y adormece el amor”. Y agrega que “es hora de que la fe se convierta en el tesoro más íntimo y más valioso de los cristianos”.

“Queridos hermanos obispos, sacerdotes y todos los bautizados: nos tiene que abrasar nuestro amor a la fe. No debemos empañarla ni diluirla con compromisos mundanos. No debemos falsificarla ni corromperla. ¡Nos jugamos la salvación de las almas: las nuestras y la de nuestros hermanos!”, afirma el cardenal.

Y recuerda igualmente: “No escondamos más la luz debajo del celemín, ¡no ocultemos el tesoro que hemos recibido gratuitamente! ¡Tengamos la audacia de anunciar, testimoniar, de catequizar! No podemos seguir llamándonos creyentes y, en la práctica vivir como ateos. La fe ilumina toda nuestra vida, no sólo nuestra vida espiritual”.
(https://www.religionenlibertad.com/cultura/960516385/Sarah-a-los-catolicos-ante-la-crisis-en-la-Iglesia-No-dudeis-Manteneos-firmes-Perseverad.html?fbclid=IwAR0lvDNmewIQ9Uh__BKIujJV7g9ApuykbtRhaKEOgmuElsKskG8p864K9nU)

martes, 29 de octubre de 2019

La verdadera crisis de Hispanoamérica es la secta comunista


Maduro y Díaz-Canel, dos tiranos.

El Foro de Sao Paulo, viendo su retroceso y fracaso rotundo por la vía democrática, ha decidido volver a la lucha armada
OPINIÓNDESTACADOIDEOLOGÍA
Por Escritor Invitado Actualizado Oct 25, 2019
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Chávez se volvió presidente creando una crisis inexistente, acompañado de toda la vieja vanguardia marxista de Venezuela. (Twitter)
Por Gian De Biase

Desde hace unos años que empezaron a retroceder todos los gobiernos de izquierda, puesto que su intención totalitaria quedó más que clara cuando el manto de hierro, que mantenía el elevado precio del petróleo, se desplomó ante los ojos de todos. ¡El Rey estaba desnudo! Maduro, excanciller y vicepresidente del teniente Hugo Chávez, era ahora conocido como un tirano ante los ojos del mundo. Los venezolanos salían del país cual riachuelo desbordado en invierno que se convierte en río, y este se transformaría en una marea de más de seis millones de venezolanos por todo el mundo. El comunismo quedaba al descubierto.

Estos gobiernos de izquierda marxista tenían a sus respectivos partidos aglutinados en el Foro de Sao Paulo, reemplazo del poder de Moscú soviético en Iberoamérica. Ahora La Habana sería quien diera las órdenes, el único régimen totalitario marxista que existía en el continente después del desplome de la Unión Soviética, creación del tiranuelo Fidel Castro.

Al conseguir el apoyo del teniente Chávez, quien intentó dar un golpe de Estado en Venezuela creando una falsa sensación de descontento económico, cuando el asunto de fondo en la Venezuela democrática era precisamente la corrupción, la falta de seguridad y, por último, la inestabilidad económica, que jamás será más importante que la seguridad de las personas.

Medios, intelectuales, periodistas, empresarios, todos aplaudieron al que tenía la misión de asesinar al presidente Carlos Andrés Pérez (CAP) y había fallado, al que se acababa de reunir con Fidel en La Habana. Todos alabaron a Chávez, nuevo salvador de Venezuela y líder del pueblo. Mientras que personajes como Óscar Yáñez y CAP habían advertido a finales de los años noventa que sí elegían a Chávez iban directo a un régimen totalitario marxista.

Y así fue. Chávez se volvió presidente creando una crisis inexistente, acompañado de toda la vieja vanguardia marxista de Venezuela dijo públicamente que no era socialista, que no iba a expropiar empresas, que ese modelo no servía. Fue aplaudido por todos, y apenas llegó al poder demostró su marcado gusto por la violencia, la censura y la persecución de sus opositores. Era capaz de dejar sin casa o sin vida a cualquiera que tuviera la suficiente capacidad de enfrentarlo, e incluso cualquiera que pudiera hacerle sombra.

Con los petrodólares venezolanos, se financiaron partidos políticos de izquierda marxista por todo el mundo. No solo eso, se financian hoy en día, pero con dinero del narcotráfico, negocio actual de los regímenes comunistas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, que consiguieron a través de la FARC en Colombia. Cabe mencionar otros negocios, como la trata de personas, el mercado negro de órganos y de armas, la prostitución infantil en La Habana, entre otras oscuridades.

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El Foro de Sao Paulo, viendo su retroceso y fracaso rotundo por la vía democrática, ha decidido volver a la lucha armada. Por eso han invertido en rearmar a las FARC y en crear falsas causas revolucionarias, como en La Araucanía en Chile, donde grupos marxistas se hacen llamar “indigenistas” para incendiar personas vivas dentro de sus casas y expropiarle sus propiedades para plantar marihuana y hacer cocaína. De ahí que el nuevo modus operandi de la izquierda sea la piromanía, ya sea en el Amazonas boliviano, en La Araucanía chilena o incendiando vagones del metro de Santiago.

En Perú el Frente Amplio, partido de izquierda marxista, intentó derrocar al presidente vía el Congreso. En Colombia las FARC vuelven a las armas y los estudiantes salen a hacer destrozos, estudiantes que se declaran a favor de la revolución y de Cuba. En Ecuador el presidente sincera la economía y los mismos estudiantes marxistas salen a quemar Quito.

En Chile, los jóvenes adoctrinados por el Partido Comunista, los cuales lanzan molotovs a diario a los carabineros (policía chilena), los cuales no se pueden defender porque aparece el Instituto de Derechos Humanos, organización con clara tendencia de izquierda, a procesarlos, porque los menores de edad pueden incendiar a Carabineros, su colegio y todo lo que les plazca.

Estos mismos jóvenes, el día miércoles 15 de octubre de 2019, habían abierto los diarios de Chile, ya que lograron lo que deseaban, incendiar el Instituto Nacional, luego de haberlo tenido tres meses en paro, supuestamente a favor de la gratuidad, asunto que ya es un hecho en Chile. Más tarde, estos mismos jóvenes llegarían a incendiar el metro Universidad de Chile, a escasos metros de su colegio y empezaría una de las mayores revueltas marxistas desde que retornó la democracia en Chile. El comunismo se había tomado las calles.

Maduro anuncia desde Venezuela que el plan del Foro de Sao Paulo, ahora conocido como Grupo de Puebla, puesto que el presidente Bolsonaro los echó de Brasil y el masón comunista de AMLO los recibió en México, otro país camino a convertirse en otra Venezuela. Esto demuestra la increíble capacidad que hoy tiene el comunismo sobre nuestros países y que son capaces de incendiar completa todas las capitales de Hispanoamérica si no se cumple lo que ellos ordenan.

La verdadera crisis de Hispanoamérica es el comunismo, esta ideología que se viste de racionalismo y sensatez, cuando realmente es el triunfo del odio, la envidia, el resentimiento, la mediocridad y la vaguedad. Son personas profundamente incultas, llenas de oscuridad y con sed de revancha vengativa contra la sociedad. Puesto que jamás serán responsables de sus acciones, prefieren culpar al resto.

Este resentimiento ancestral, dejado en herencia de nuestros libertadores liberales hispanoamericanos, los cuales también generaron una crisis ficticia con España para separarse del Imperio y fundar repúblicas al estilo francés, sin saber siquiera si sería bueno o malo, solo con el ímpetu de separarse del padre cual hijo rebelde y descarriado.

Es ahora, debe renacer la Hispanoamérica viva, esa que esta llena de tradiciones españolas y americanas, la que cree en Dios, la que trabaja el campo, la que comercia en la ciudad, la de los buenos modales y educación, a pesar de la humildad, la que siempre ha levantado nuestros países. Esto es un llamado para la restauración de la tradición.

Gian De Biase es politólogo y analista internacional.
(https://es.panampost.com/editor/2019/10/25/crisis-hispanoamerica-comunismo/?fbclid=IwAR0FwjqfxbpHCXnXCcAxl-0Om2gvHVgdmQYK2L5LhcTWhfjxfR5OREM9R9Q)