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miércoles, 26 de junio de 2019

Holodomor, el genocidio ucraniano perpetrado por la secta comunista soviética


Víctima del Holodomor

Holodomor, también llamado Genocidio Ucraniano u Holocausto Ucraniano, es el nombre atribuido a la hambruna que asoló el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, durante los años de 1932-1933, donde perecieron entre 7 y 10 millones de personas por lo que se la considera la mayor catástrofe mundial del Siglo XX provocada por el hombre.[1]

Teniendo como referencia la definición jurídica de genocidio, se verificaría la naturaleza genocida del Holodomor al confirmarse de haber sido una hambruna planificada por el régimen comunista de la URSS comandado por Iósif Stalin.

Si bien otras hambrunas también fueron provocadas en otras regiones de la Unión Soviética, el término Holodomor es aplicado específicamente a los sucesos ocurridos en Ucrania.

Hacia marzo de 2008, el parlamento de Ucrania y diecinueve gobiernos de otros países han reconocido las acciones del gobierno soviético como un acto de genocidio. La declaración conjunta de las Naciones Unidas de 2003 ha definido la hambruna como el resultado de políticas y acciones crueles del régimen totalitario que causaron la muerte de millones de personas. El 23 de octubre de 2008, el Parlamento Europeo adoptó una resolución en la que se reconocía el Holodomor como un crimen contra la humanidad.

Sumario
1 Etimología
2 Artículos de opinión
3 Referencias
4 Artículos relacionados
5 Enlaces externos
5.1 Videos
Etimología
La palabra Holodomor proviene del ucraniano, y significa matar por hambre. El término fue utilizado por primera vez por el escritor Oleksa Musienko en un reportaje presentado a la Unión de Escritores Ucranianos de Kiev en 1988.

En el cuarto sábado del mes de Noviembre, en Ucrania y en las comunidades ucranianas de todo el mundo, se conmemora el acontecimiento y se rinde homenaje a las víctimas del Holodomor.

Artículos de opinión

Víctima del Holodomor
Holodomor

por Denes Martos


¿Alguno de ustedes oyó alguna vez el término "Holodomor? ¿Saben qué significa?

La expresión es ucraniana y consiste, en realidad, del acople de dos palabras: "holod" que significa "hambre", y "moryty" que significa "causar sufrimiento, matar". "Holodomor" significa, pues, "muerte por hambre". Pero aclaremos una cosa: no se refiere a una muerte por inanición causada por circunstancias catastróficas que se hallan fuera del control del ser humano como podría haber sido antaño una sequía muy prolongada o una plaga imposible de controlar. Se refiere a la deliberada, resuelta y decretada decisión de matar a alguien por hambre. Y no se refiere a una historia de ficción ni a un drama literario nacido de la frondosa fantasía de algún autor de novelas. Se refiere a un hecho histórico concreto; a algo que realmente ocurrió en la Rusia soviética y especialmente en Ucrania durante los años 1932/1933.

Para entenderlo en toda su magnitud tenemos que hacer un poco de Historia.

Rusos y ucranianos han tenido durante muchos años una relación bastante tormentosa. La siguen teniendo hoy mismo con una parte importante de su población que quisiera ser independiente del coloso ruso mientras la otra parte, igualmente importante, se considera parte de él.

Cuando la Revolución Bolchevique de Lenin triunfa en Rusia, en 1917, Ucrania no se integra ni alegre ni automáticamente al nuevo imperio comunista ruso. Ya en 1921/1923 el nuevo régimen experimenta con el arma del hambre cuando aprovecha una gran sequía para aplastar la resistencia ucraniana. Ocho años después de la muerte de Lenin ocurrida en 1924, Stalin decide quebrar definitivamente esa resistencia que había comenzado a generar un renacimiento del nacionalismo ucraniano y fomentaba las aspiraciones a lograr un Estado independiente. Stalin, un "especialista" en cuestiones de nacionalidades siempre opinó que la "cuestión ucraniana" era, en esencia, una cuestión campesina y que el campesinado constituía la principal fuerza del movimiento nacional ucraniano.

Por otra parte, el gobierno soviético se encontró con serias dificultades provenientes del sector agrario no solo en Ucrania sino prácticamente en toda Rusia. En 1928 la agricultura soviética tuvo un déficit de unas 2 millones de toneladas de grano. El gobierno adujo que el grano estaba siendo acaparado y ordenó la requisa de 2.5 millones de toneladas. El resultado fue que la requisa desanimó a los productores y se produjo incluso menos grano que antes. La respuesta del gobierno vino al año siguiente, en Noviembre de 1929, cuando el Comité Central del Partido Comunista decidió la colectivización forzosa de la producción agraria. Obviamente la medida produjo grandes resistencias en todas partes y, no en menor medida, en la zona de Ucrania. Los campesinos, obligados a incorporarse a las granjas colectivas y a entregar su producción al Estado – a precios establecidos por el Estado y según cuotas de producción también dictadas por las autoridades – intentaron resistirse guardando para sí al menos lo indispensable para su subsistencia.

Así las cosas, el 7 de Agosto de 1932 el gobierno soviético con la firma de Stalin promulgó una ley que autorizaba a ejecutar lisa y llanamente a quienes se "apropiaran indebidamente" de lo que ahora ya era "propiedad estatal" o bien, y en el mejor de los casos, a condenar a 10 años de prisión (mínimo) a los infractores si se daban "causas atenuantes". La ley tuvo como consecuencia una ola de arrestos y ejecuciones masivas. Se condenaron incluso a niños sorprendidos en el momento de tomar un puñado de granos de las tierras que solo hacía poco habían pertenecido a sus padres. Además, la imposición de las llamadas "multas en especie" sobre campesinos individuales y aldeas enteras que no habían cumplido con las exageradas cuotas de producción impuestas por el Estado le permitió al gobierno soviético confiscar – además del grano – todo otro alimento existente. Y por si esto fuera poco, en el mismo mes de Agosto de 1932 se prohibió el comercio minorista con lo que los campesinos quedaron imposibilitados hasta de comprar pan.

Durante el otoño de 1932 se confeccionaron listas adicionales que prohibieron la venta de productos tales como querosén, fósforos y otros productos de primera necesidad en concepto de castigo a granjas colectivas y a individuos que se hallaban atrasados en la entrega de las cuotas de producción exigidas.

Y después de haber confiscado todo el alimento existente, incluyendo el ganado, las regiones "incumplidoras" fueron prácticamente selladas por las tropas del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, o NKVD. En Enero de 1933 las fronteras de la Ucrania soviética y la región del Kuban fueron cerradas por el NKVD y por destacamentos armados para evitar que los pobladores de la región afectada por la hambruna se desplazaran a otras zonas de la Unión Soviética en busca de comida. Durante las seis semanas posteriores a la resolución que prohibía a los ucranianos cruzar sus fronteras, cerca de 220.000 personas fueron arrestadas por tratar de violar la prohibición. Unas 186.000 de ellas fueron obligadas a regresar a sus lugares de origen y enfrentar la hambruna. Más aún: se prohibió la venta de pasajes ferroviarios o fluviales a los campesinos y, por si esto fuera poco, se prohibió que se trasladaran a las ciudades ya que en ellas eventualmente hubieran podido hallar, quizás, algo para comer.

El resultado final de todo ello fue el Holodomor.

Millones de personas muertas.

De hambre.

¿Cuántos millones? Como de costumbre, a la hora de contar cadáveres las cifras varían dependiendo de quién hace el conteo. Desde un millón y medio contados por quienes tratan de minimizar el hecho, hasta dieciocho millones contados por los que pueden tener algún interés en exagerarlo. La cifra de los historiadores más serios y mejor documentados oscila entre 7 y 10 millones. La de 10 millones es la cifra que Stalin le confesó a Churchill en una conversación privada. Quizás "redondeó para arriba" sin darle mucha importancia a la exactitud. Pero, como siempre sucede, los números – aunque expresan un orden de magnitud, lo que no es poco – no constituyen lo verdaderamente trascendente.

Porque lo que realmente importa es el motivo.

Por de pronto, hay que descartar la mala cosecha o la sequía como quisieran insinuar algunos que tratan de barrer el Holodomor bajo la alfombra. La cosecha de 1932 fue suficiente. Tan suficiente que el gobierno soviético exportó 1.6 millones de toneladas de grano en 1932 y 2.1 millones de toneladas en 1933. Eso sin considerar que las destilerías soviéticas estaban produciendo a pleno procesando toneladas adicionales del valioso grano para convertirlo en alcohol también destinado a la exportación. Los ucranianos se quedaron sin comida, pero el mundo no se quedó sin vodka.

Además, es sintomático que el gobierno soviético se negara a reconocer siquiera la existencia de la hambruna rechazando airadamente como propaganda antisoviética la asistencia ofrecida por varios países y por organizaciones humanitarias internacionales. Cuando el censo realizado en 1937 reveló una brusca disminución de la población ucraniana a raíz del Holodomor, los que habían realizado el censo terminaron siendo fusilados y los resultados del censo simplemente se suprimieron. Durante décadas enteras, para la historia oficial el Holodomor simplemente no existió.

Los actuales historiadores ucranianos en general señalan que el objetivo de la hambruna artificialmente creada fue el de destruir la idea nacional en Ucrania exterminando las élites nacionales por un lado y su base social por el otro para luego convertir a los campesinos sobrevivientes en obedientes "proletarios rurales" de un agro monopolizado por el Estado ruso. Mucho de cierto seguramente hay en ello; no en vano entre 1917 y 1923 Stalin operó como Comisario del Pueblo para Cuestiones de Nacionalidades y, desde su posición de georgiano, sus simpatías por Ucrania no fueron nunca demasiado fuertes. Por decirlo lo más suavemente posible.

También es verdad que, luego de la muerte de millones de ucranianos, buena parte de las vastas zonas asoladas del país fueron repobladas con pobladores rusos. Un desplazamiento demográfico artificial cuyas consecuencias conflictivas se sienten hasta el día de hoy. Y también es verdad que gran parte de los funcionarios comunistas que dirigieron y ejecutaron la masacre fueron designados y enviados por Moscú a Ucrania. Empezando por Lazar Kaganovich — uno de los principales ejecutores y asociados de Stalin — y siguiendo por figuras realmente siniestras como Pavel Postyshev ("el verdugo de Ucrania"), Stanislav Redens, Vsevolod Balytsky, Viacheslav Molotov, Stanislav Kosior o Mendel Khataievich, difícilmente alguno de ellos pueda ser correctamente descripto como ucraniano.

Pero, más allá de la cuestión etnocultural, es innegable que también jugaron otros factores. En realidad, los ucranianos fueron víctimas de un criterio sociopolítico que trascendía la cuestión de la nacionalidad. Y la prueba de ello es que, si bien fueron los más severamente afectados, no fueron los únicos ya que en otras regiones de la Unión Soviética sucedieron hechos idénticos.

La "Gloriosa Revolución" del proletariado había tenido lugar en una Rusia mayoritariamente agraria en la que el proletariado industrial propiamente dicho constituía una manifiesta minoría. Consecuentemente, una vez consolidada en el poder y siguiendo lo más estrictamente posible sus postulados doctrinarios marxistas, la cúpula soviética se propuso industrializar Rusia a marchas forzadas. Pero para generar industrias y proletarios industriales se necesitaba dinero. Y, para obtener dinero, se necesitaba – entre otras cosas – exportar. Y una de las pocas cosas que la Rusia soviética se hallaba en condiciones de exportar era precisamente su producción agraria. Por lo que esa producción agraria tenía que aumentar; tenía que volverse más eficiente con la mecanización del agro y con la instauración de grandes unidades productivas que pudiesen ser explotadas científicamente. Aunque si consideramos los desvaríos de un sujeto como Trofim Lysenko el nivel científico resultó ser durante mucho tiempo por demás cuestionable, la respuesta del Estado soviético consistió básicamente en la colectivización forzada de la propiedad agraria.

Lo irónico del caso es que el proyecto tropezó con una piedra que los mismos comunistas habían plantado. Al principio de la revolución las propiedades de los grandes terratenientes fueron confiscadas y, en su mayor parte, distribuidas entre los campesinos. Con ello se generó una amplia masa de campesinos, propietarios de pequeñas y medianas extensiones de tierra, que sumada al pequeño y mediano campesinado preexistente terminó siendo el obstáculo más serio a la colectivización. Ahora que los grandes latifundios habían sido fraccionados, los planificadores comunistas de pronto se dieron cuenta de que, con pequeñas unidades de 5 a 10 hectáreas, la producción no resultaba eficiente. Pero tampoco al pequeño o mediano campesino le entusiasmaba precisamente la idea de ceder su tierra a la granja colectiva y su producción al Estado.

El gobierno soviético, al percibir la resistencia, comenzó por equiparar el concepto de “campesino rico” al de “capitalista”. Nació así el concepto de “kulak”, empleado al principio para designar a los propietarios medianos con cierto patrimonio pero luego generalizado y aplicado como estigma despectivo y finalmente criminal a todo aquél que se opusiera a la colectivización. Con ello estuvieron dadas las condiciones para catalogar al campesinado como “clase explotadora” y, por consiguiente, llevar la lucha de clases al campo. En suma: el Estado creó una clase social por decreto para aplicarle luego la lógica – y los procedimientos – de la lucha de clases según la teoría marxista.

Y, tal como lo requería el dogma vigente, ese mismo Estado tomó la deliberada, resuelta y firme decisión de exterminar esa “clase explotadora enemiga de la revolución y del pueblo” que le impedía la proletarización del agro.

Y lo consiguió.

Matándola de hambre.

Desde el año 2006, en Ucrania el Holodomor se conmemora cada cuarto sábado de Noviembre. El 28 de Noviembre de 2006 el parlamento ucraniano sancionó una ley declarando a la matanza como genocidio. El 13 de Enero de 2010 la Corte de Apelaciones ucraniana sentenció que los dirigentes del gobierno soviético habían sido los culpables de ese genocidio.

Sin embargo, ninguno de los promotores y ejecutores fue juzgado y condenado en vida por el hecho. Lazar Kaganovich, uno de los más notorios culpables de la masacre, casi sobrevivió al propio comunismo soviético. Falleció en 1991, a los 97 años de edad. En su casa. En la cama.

Si bien una docena de países también han reconocido al Holodomor como genocidio (entre ellos la Argentina), el Parlamento Europeo, las Naciones Unidas y otros organismos internacionales no lo reconocen como tal y lo mencionan solo como “tragedia” o a lo sumo como “crimen de lesa humanidad”.

Quizás sea superfluo señalarlo, pero tampoco los sobrevivientes del Holodomor – hayan sido ucranianos o no – recibieron indemnizaciones o compensación alguna por los sufrimientos padecidos.

Uno no puede menos que preguntarse ¿por qué?

¿Por qué algunas masacres se publicitan cultivando una memoria casi neurótica mientras otras se admiten con un encogimiento de hombros y, a lo sumo, con un “¡qué barbaridad!” resignado?

Alguien alguna vez me tendrá que explicar por qué algunos consideran que una persona muerta por pertenecer a una etnia o nacionalidad es supuestamente más digna de ser recordada que la que fue asesinada por pertenecer a una clase social.

Referencias
 Ucrania: La mayor catástrofe mundial del Siglo XX provocada por el hombre.
(https://es.metapedia.org/wiki/Holodomor?fbclid=IwAR0Yr1rQ3yXAN1HvKLf3BjVEb-m-bP5OGIzLehCKLQkk5pUs2xEQiIwcp3U)

miércoles, 6 de febrero de 2019

El genocidio ucraniano provocado por la secta comunista del que nadie habla

holodomor genocidio ucraniano fotos

Hay palabras que causan verdadero horror en las personas: cáncer, metástasis, desahuciado, accidente, asesinato, secuestro, infidelidad, traición, desempleo, muerte.

Nadie en Ucrania podrá olvidar una que quizás pocas veces se ha escuchado: holodomor. Este extraño término se refiere a uno de los crímenes más atroces que se han cometido en contra de la humanidad en el país mencionado. En el holodomor (cuyo significado es “gran hambruna”), ocurrido entre 1932 y 1934, murieron entre dos y diez millones de personas. La historia ya ha tenido registros de terribles hambrunas a gran escala, como el genocidio de Bengala que los ingleses provocaron y del que nadie habla, en el que murieron más de tres millones de personas.

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Después del triunfo de la Revolución Rusa en 1917, los países que colindaban con Rusia se hicieron parte de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en 1922. Uno de ellos fue Ucrania. José Stalin, sucesor de Lenin tras su muerte en 1924, se hizo con el mando del Partido Comunista y pronto comenzó a implementar medidas drásticas para todos los países que conformaban la URSS. Una de ellas fue la de la colectivización de la tierra, es decir, los propietarios de ellas debían aportar un porcentaje de sus posesiones ganaderas y agrícolas al gobierno.

La medida provocó un gran enojo entre los campesinos y ganaderos ucranianos, quienes rápidamente se unieron en protestas antisoviéticas junto a empresarios e intelectuales. Además, Ucrania poseía un fuerte sentimiento nacionalista que se contraponía a los intereses estalinistas. Las revueltas fueron contenidas por el Ejército rojo que Stalin envió a Ucrania.

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En 1930, todo aquel que se oponía a los nuevos estatutos era denunciado y deportado a campos de trabajo forzado en Siberia, provocando una disminución de mano de obra calificada para trabajar. Para el año siguiente, debido a estas intensas medidas, el alimento (en específico el trigo y el pan) comenzó a escasear en Ucrania al tiempo que los mercados de Occidente rebozaban de trigo confiscado en este país.

Ante la negativa de los campesinos de entregar más de lo que consideraban necesario al gobierno o ante el atraso en esta especie de tributo, elementos del ejército ruso iban de casa en casa para llevarse todo lo que las familias tenían: granos, harina, remolachas, papas o habas que la gente guardaba en sus casas o sótanos.

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Esto provocó una hambruna sin precedentes en toda Ucrania a partir de 1932. Se dice que a diario morían unas 25 mil personas. «Es difícil imaginar cómo un niño podía seguir viviendo, después de haber visto eso, sin volverse loco. Caminaba hacia la escuela y veía acá un muerto, más allá otro, un poco más allá otro», recuerda con dolor una de las sobrevivientes, Tatiana Tarasenko.

José Stalin creía que este castigo era el adecuado para que sus políticas fueran llevadas a cabo con éxito y, al mismo tiempo, aplastar el orgullo ucraniano que tan molesto le resultaba. El 7 de agosto de 1932, el líder ruso implementó la llamada “Ley de las Espigas”, la cual castigaba a quien robara una espiga de trigo o cebada para comer. La desesperación por conseguir algo de alimento era tanta, que los hechos dieron como consecuencia 125 mil encarcelados y otros 5 mil 400 ejecutados.

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En una medida desesperada, los campesinos comenzaron a viajar a las ciudades más grandes de Ucrania, las cuales aún estaban más abastecidas para buscar una salvación. No contaban con que el gobierno, anticipándose a esta acción, les tenían prohibida la entrada. Fue así como la situación se hizo más insoportable y llegaron las muertes a gran escala.

Uno de los hechos más lamentables de este acontecimiento fue el abandono que sufrieron miles de niños a manos de sus padres en los centros de acogida infantil en las ciudades principales. Eran dejados a su suerte para que otras personas se hicieran cargo de ellos y no sufrieran una muerte inminente a la que los adultos estaban condenados. Muchos de esos niños no volvieron a ver a sus familias jamás. Pese al intento de salvar sus vidas, no muchos lo consiguieron del todo. 

Cuando el gobierno soviético desmanteló estos albergues, los niños fueron recogidos y llevados a campos abiertos en la zona rural de Ucrania o Rusia. Ahí fueron abandonados a su suerte para que murieran no sólo de hambre, sino de frío. Una generación de Ucrania murió en este lamentable acontecimiento.

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Ni uno solo de los responsables fue juzgado y mucho menos castigado. Lazar Kaganóvich fue uno de los más sanguinarios y crueles personajes que participaron en el holodomor. Se desempeñaba como emisario del Comité Central, viajando a las tierras pertenecientes a la URSS para acelerar la colectivización. Se retiró de la política sin pagar sus crímenes y vivió de manera cómoda gracias a una pensión del gobierno.

 Lazar Kaganovitch

Durante muchos años, antes de la caída de la URSS en 1991, los hechos fueron escondidos por las autoridades rusas. Sin embargo, poco a poco la historia ha salido a la luz: en 2008, el Parlamento europeo ha calificado esta atrocidad como un crimen contra la humanidad. La historia se ha centrado más en holocaustos como el judío, sin embargo, acontecimientos como el relatado también merecen un lugar importante para conocer los terribles alcances de las decisiones de políticos desalmados y leyes intransigentes.

En el presente, Ucrania cuenta con una de las industrias agrícolas más ricas del continente. No en balde en algún momento fue conocida como “el granero de Europa”.

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La historia es un cofre oscuro de atrocidades, tragedias e historias de horror. Muchos no han dudado en matar a miles con tal de lograr sus propósitos: conoce la historia del cruel experimento de dejar morir de sífilis a los negros en nombre de la ciencia y el infame experimento que justificó las atrocidades nazis.

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Fuentes

Holodomo
Aleteia
Muy Historia
(https://culturacolectiva.com/historia/el-genocidio-ucraniano-holodomor?fbclid=IwAR37TyN-XieJKlEHhThBGA6j48AFKsF-pEXdwnmxp4zhVl136aYTkF2WtX8)