"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Pachamama, San La Muerte, Gauchito Gil, Difunta Correa: todas devociones demoníacas

 


Pachamama, San La Muerte, Gauchito Gil, Difunta Correa: todas estas son devociones demoníacas, por lo que bajo ningún concepto y bajo ninguna circunstancia, pueden ser seguidas por los católicos. 
¡Apártense de estas devociones demoníacas, como si del mismo demonio se tratase!

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Usas una cinta roja? ¿Tienes imágenes del Gauchito Gil, de la Difunta Correa, de San La Muerte? ¡Es pecado de SUPERSTICIÓN E IDOLATRÍA!


¿Tienes ídolos en tu casa y no lo sabes? Exorcista te enseña a limpiarla
El P. Guillermo Mojica, coordinador de Exorcistas de México habla del peligro de algunos hábitos que perjudican y dañan la relación con Dios


Echa un ojo alrededor de tu casa, y pregúntate si posees lo siguiente:

¿Un elefante con la trompa para arriba es el principal adorno en tu sala?
¿Detrás de tu puerta hay una herradura?
¿Tienes Sapos Dorados en cada rincón de tu casa?
¿Tienes tu casa decorada con cuarzos, péndulos o calaveras?
¿En la entrada de habitaciones no faltan los moños rojos?
¿Usas cintas rojas "contra la envidia"?
¿Tienes imágenes del Gauchito Gil, de la Difunta Correa, de San La Muerte?

Todas estas cosas son supersticiones y si crees en ellas, siendo católico/a, ¡
cometes PECADO DE SUPERSTICIÓN!
...
"Deshazte de ellos, limpia tu hogar y a tu familia de todo objeto de idolatría, porque lejos de traer suerte, fortuna y protección, le estás dando la espalda a Dios y vas directo a iniciar una relación con el mundo de Satanás."

Es lo que afirma en esta entrevista el sacerdote Guillermo Barba Mojica, coordinador de Exorcistas de la Arquidiócesis de México que difunde la propia web eclesial.

Lo más peligroso de estas prácticas es que desprecian nuestra fe; y lo que es peor, lesionan gravemente nuestra relación con el Dios del amor, el Dios de la misericordia que cuida de nosotros y que nos ama con un amor eterno, puesto que ponemos en su lugar ídolos, es decir, objetos a los que se les atribuye un poder sobrenatural, puntualiza el conocido y polémico sacerdote.

Explica el padre Guillermo que como lo expone la Biblia, en el libro del Deuteronomio, todas estas costumbres paganas “son abominaciones para el Señor tu Dios”, y al ponerlas en práctica se está quebrantando el primer mandamiento:

“El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Añade que el hombre envuelto en la tentación de controlar su vida y el porvenir (una de las cosas que motiva la posesión de estos objetos de idolatría) usurpa un lugar que sólo le corresponde a Dios, porque como señala el Papa Francisco en la exhortación apostólica Lumen Fidei:

“El ídolo es un pretexto para ponerse a sí mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos”.

A esto se suma la fuerte influencia de una cultura del sincretismo religioso, de la Nueva Era y de un neo paganismo, que lleva a muchos católicos que desconocen su fe, a ser presa de este mundo en el que se respira una atmósfera de pecado.

La raíz del problema es el desconocimiento de Cristo y de su Evangelio, por lo que es apremiante evangelizar, ya que muchos bautizados, al estar alejados de los Sacramentos, de la Palabra de Dios, caen en el terreno de la idolatría, depositando su confianza en objetos, que incluso convierten en ídolos ante los cuales se inclinan.

¿Hay objetos que pueden vincular el pecado, sin que el fiel lo pueda percibir?

Responde el Padre Guillermo: Todo aquello que pretende sustituir a Dios, desde un artículo que idolatramos por pertenencia sentimental, hasta los que apreciamos más que nuestras vidas, y que muchas veces son simples objetos creados para hacer crecer nuestro ego, porque sabemos que ninguna cosa o persona puede ejercer de sí autoridad sobre el hombre, si no le viniese de Dios, y es claro que Él mismo no da autoridad a los objetos.

¿Se debe alertar a los fieles sobre la presencia de tales objetos en sus hogares?

Responde el Padre Guillermo:  Como señala el Papa Francisco en la Encíclica la Luz de la fe: “La fe, en cuanto asociada a la conversión, es lo opuesto a la idolatría; es separación de los ídolos para volver al Dios vivo, mediante un encuentro personal”; por lo que la única manera de erradicar la superstición, la idolatría y el mal de nuestras vidas, es un encuentro vivo y personal con Jesucristo a través del anuncio kerigmático, seguido de una catequesis sólida.

¿Qué efectos pueden provocar en los hogares?

Responde el Padre Guillermo: Los objetos de idolatría son una estrategia del diablo para minar la fe de los creyentes y, al depositar la confianza en ellos, se puede entablar una relación con el mundo de Satanás, porque quien los usa deja de ser creyente verdadero y se convierte en crédulo. También está el daño psicológico, puesto que hay personas que desarrollan una enajenación con estos objetos, hasta el punto de tener alucinaciones auditivas y visuales, lo que refuerza un pensamiento mágico que puede llegar a ser tan fuerte hasta convertirse en una psicosis familiar.

Otro aspecto en el que también causan un grave daño es en la economía familiar, que muchas veces se ve lesionada por el dinero que se invierte en estas prácticas. Por todo eso la Iglesia es clara cuando nos advierte en el Catecismo que nos guardemos de caer en estas tentaciones.

¿Deberían desterrarse esos objetos?

Responde el Padre Guillermo: Un paso hacia la conversión es la renuncia a esos objetos de idolatría, no sólo de manera implícita sino explícitamente, y un gesto de renuncia es destruirlos para no fomentar que otras personas se adhieran a ellos. La mejor manera de hacerlo es llevarlos al sacerdote para que él realice brevemente una oración de liberación y nos indique la forma más conveniente de acabar con ellos.

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(PildorasdeFe.net / Portaluz)

domingo, 14 de diciembre de 2014

"Almita desconocida": nuevo integrante del irracional panteón neo-pagano de la Nueva Era



Al igual que sucedió con el Gauchito Gil, la Difunta Correa y San La Muerte, la irracionalidad, la superstición, la ignorancia religiosa y hasta el sacrilegio y la blasfemia, se dieron cita de inmediato alrededor de la tumba de una pobre niña inocente poco después de ser asesinada brutalmente en el año 2002 -aparentemente por narcotraficantes- en la frontera entre Bolivia y Argentina. Este culto patético e irracional, está alejado de las normas de la piedad, de la razón y de la santidad debidas a Dios y se coloca en las antípodas del respeto debido a su majestad. Traemos a colación la siguiente nota, extraída del diario Clarín, de su edición digital del día 14 de diciembre de 2014 (http://www.clarin.com/policiales/narcotrafico-cronica-almita_desconocida_0_1266473370.html), para advertir a los católicos que 
SE ABSTENGAN DE PRACTICAR CUALQUIER TIPO DE CULTO RELIGIOSO, PUESTO QUE DE HACERLE COMETEN IPSO FACTO EL PECADO DE SUPERSTICIÓN E IDOLATRÍA, 
ofendiendo gravemente a Nuestro Señor Jesucristo, único Dios Verdadero, por quien se vive.

Al respecto, esto es lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: 

"La superstición

2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

La idolatría

2112 El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos [...] oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y no ven”. Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el “Dios vivo” (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia.

2113 La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a “la Bestia” (cf Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cf Gál 5, 20; Ef 5, 5)".

Lo que sí se puede hacer es, puesto que esta niña sí existió -debido a que su cuerpo fue, tal como lo registra la crónica policial, descuartizado-, rezar por su eterno descanso, pero al modo como se hace por los fieles difuntos, y no "peregrinando" a este lugar, y mucho menos colocando ofrendas ni dejando exvotos en acción de gracias, lo cual constituye los pecados de superstición e idolatría.

A continuación, ofrecemos el artículo del diario Clarín, antes mencionado.


Una niña de unos 12 años apareció descuartizada en 2002 en la frontera de Bolivia con Argentina. Nunca la identificaron, pero se cree que era una “mula” que llevaba cocaína. Hoy le hacen ofrendas para pedirle protección.
Es una tierra sin ley, un lugar en el que las fronteras parecen mera formalidad. Por sobre las patrias boliviana y argentina, aquí hay una nación más grande: la coya, con su cultura ancestral y, desde hace cinco siglos, una fe parida por el sincretismo de las creencias pre coloniales y cristianas traídas del Otro Mundo. Sin embargo, es una corporación multinacional la que domina este valle del chaco boliviano por encima de patrias, gobiernos y religiones: el poder narco.

Aquí, en la pequeña ciudad boliviana de Yacuiba, a un par de kilómetros del paso internacional que une Pocitos (Bolivia) y Salvador Mazza (en Salta, la mayor puerta de entrada de cocaína hacia Argentina), una deidad unificó la multiplicidad de culturas, intereses y creencias: la “Almita Desconocida”, una nena enterrada desde hace poco más de una década en el pequeño cementerio del barrio San Gerónimo.

Dicen que ilumina a sus devotos. Y llegan todos: enfermos, ciegos, agradecidos, necesitados, desesperados, borrachos, hombres, mujeres y niños. Pero los primeros que peregrinaron hasta su tumba a pedirle protección y valor fueron seres invisibles: los soldados del gran poder del territorio, las “mulas” (pasadores de droga) y los sicarios, quienes en su mayoría viven en Africa y Sector 5, los dos barrios –uno del lado boliviano y el otro, del argentino– desde donde operan e infunden terror los clanes narco. Y eso, se presume, es porque “Almita Desconocida”, con apenas 12 años, fue una de sus esclavas.

Pocos centímetros bajo tierra yacen algunas partes de la niña sin nombre que una vez fue “Almita”, antes de convertirse en mito, el 9 de agosto de 2002. Fue ese día que cerca de la terminal de ómnibus de Yacuiba alguien encontró su mitad inferior desmembrada y metida en una bolsa de nylon. Cuatro días después, y cerca del mismo lugar, apareció la cabeza de la nena junto a otros pedazos de su cuerpo.

“Ya una parte había sido comida por los perros del pueblo”, relata Juan Casassola Rodríguez (68). “Don Juan”, como le dicen, es el sepulturero del cementerio desde hace 15 años y fue quien enterró los restos de “Almita” hace 14. La aparición del cuerpo descuartizado conmocionó a los habitantes de Yacuiba y de Pocitos. Y también a los de Salvador Mazza. Por la quebrada que separa ambos países las noticias cruzan tan rápido como la cocaína y los bagayeros. En esos días entre el hallazgo y la sepultura, aparecieron muchos padres que llevaban consigo zapatitos de sus hijas desaparecidas para ver si coincidían con los pies de la muerta. Ninguno encajaba.

“Don Juan” recuerda su entierro como el más especial y mágico que le haya tocado preparar, o acaso el único. “Se hizo una peregrinación grande. Vinieron como 400 personas por este macabro hecho”, relata y abre los brazos para abarcar todo el campo seco que rodea los nichos y las tumbas. La mayoría de aquellos primeros fieles eran integrantes o víctimas del clan narco que, se dice por aquí, tenía esclavizada a la nena antes de que pasara a la posteridad mitológica.

No obstante, nadie nunca pudo saber quién fue “Almita”. Están los que aseguran que ella era “pasadora” de drogas de país a país y que, con el afán de recuperar urgente la cocaína que llevaba ingestada (¿en una guerra entre clanes?), la mataron y le abrieron el cuerpo. De cuando vio los restos de “Almita”, “Don Juan” describe: “Era un organismo incompleto. No tenía ni su pancita ni sus tripitas. La parte blanda ya no estaba”.

Andrea, una devota que esta semana viajó 500 kilómetros desde Santa Cruz de la Sierra “para agradecerle porque me va bien”, susurra que gente de Yacuiba le contó que “‘Almita’ vio lo que no tenía que ver: la cara del jefe narco”.

La tumba de “Almita Desconocida” es ya un altar que incluso han techado e iluminado porque los fieles aparecen a toda hora. Es un santuario colorido por las cientos de flores que le traen, iluminado por las velas que le prenden, perfumado por el tabaco que le dejan encendido y las hojas de coca que le esparcen sobre la superficie de cemento pintado de rojo que cubre el ataúd. Algunos también, como a la Pachamama, le convidan cerveza. Andrea, en cambio, vacía allí una pequeña botella de jugo porque “‘Almita’ es una nena y no toma alcohol”. “Ella captó mi alma y ya no puedo dejar de venir”, dice, mientras acaricia una gran cruz de madera sobre su ataúd. El santuario también está decorado con atrapasueños, un Cristo al que le cortaron las manos y un reloj de agujas detenido, nadie sabe por qué, a las 11.30.

“Préndanle una vela y les atrapará el alma”, le sugiere Andrea a los enviados de Clarín y también a “Doña Rosa”, que viajó tres días desde La Paz para pedirle trabajo tras haber quedado viuda. “Me contaron que ‘Almita’ hace favores”, sonríe ella y deja ver sus dientes, cuatro de los cuales están cubiertos por una funda dorada con forma de corazón.

Según los devotos que llegan a San Gerónimo, “Almita” ha concedido favores y milagros. Se lee en las cientos de plaquetas amuradas a su alrededor; “Estás lejos del mundo pero en la gloria del Señor, una flor y una lágrima nunca faltarán en tu tumba”; o “Almita gracias por los milagros recibidos”.

La protección a mulas y sicarios que ofrece “Almita” no es un secreto aquí. “Ellos vienen por las noches o los lunes, que es el día que más gente llega porque es el ‘Día de las Almas’”, explica Carmen, vendedora de bebidas en la puerta del cementerio. “Yo también le estoy agradecida a ‘Almita’ porque desde que llegó tengo más trabajo”, admite inocentemente, bajo su toldo, protegida del sol que parece hervir la tierra.

De la devoción narco, “Don Juan” prefiere no hablar. Pero quien no lo niega es el cura Victorio Da Silva, de la parroquia San Pedro, de Yacuiba. “Los bolivianos son muy piadosos. Son muy supersticiosos y devotos de las almas, no sólo de las desconocidas, también de las olvidadas. Todos los días vienen a pedirme que recemos por la ‘Almita’ y yo aquí concedo los pedidos de la gente, siempre que no sean para San La Muerte”, aclara, en la penumbra del templo.

Eso no quita que Da Silva no sepa que el corazón mágico de “Almita Desconocida” ha empezado a latir en el pueblo boliviano gracias a la devoción que le profesan asesinos, traficantes y pasadores. “Es cierto. Ellos se agarran de todo para que les vaya bien en su negocio, infunden esa fe en sus ‘mulas’ para darles coraje, pobrecitas. Conozco sus movimientos, me crié en la frontera con Brasil y le puedo asegurar que la devoción también crece con el narcotráfico”.

Miguel, un chofer de la línea 2 de colectivos local, que termina en el cementerio, se enoja cuando se le habla del mito. “Aquí la gente cree que si se compra un carro es por ‘Almita’. Yo me rompo trabajando, señor”, dice.

Antes de volver a hablar mira de reojo, con desdén, una camioneta 4x4 de la que baja un hombre vestido con una remera negra con una cabeza sin rostro impresa. Luego suelta en voz baja: “‘Almita’ no trae bondad. Trae guerra, trae a los ‘pichicos’ (como les dicen a los narcos en Bolivia) y a los ladrones. Esos no tienen paz”.
(artículo extraído de: http://www.clarin.com/policiales/narcotrafico-cronica-almita_desconocida_0_1266473370.html)

miércoles, 8 de enero de 2014

El culto supersticioso al Gauchito Gil es una muestra de idolatría y neopaganismo

      Una vez más comprobamos, tristemente, que la idolatría y la superstición hacen estragos en muchas almas, desviándolas del culto al Dios Verdadero, "el Dios por quien se vive", como le dijera Nuestra Señora de Guadalupe al Beato Juan Diego. Sucede que leemos en las noticias digitales acerca de la gran cantidad de "peregrinos" (más de doscientos cincuenta mil, http://www.clarin.com/sociedad/personas-rindieron-culto-Gauchito-Gil_0_1062494145.html) que van a "homenajear" al Gauchito Gil, ídolo pagano de gran arraigo en vastas zonas del país. Con toda seguridad, un porcentaje mayoritario de quienes se acercan a rendir culto idolátrico a este ídolo pagano, son católicos, al menos por haber recibido el Bautismo, por lo cual se encuentran objetiva y técnicamente en estado de pecado. 
      La superstición, como en este caso, es un pecado, porque le quita la gloria debida a Dios y de modo particular a Nuestro Señor Jesucristo (y a sus santos, que se santificaron por su gracia), al desviar hacia un ídolo pagano el honor y la honra que sólo a Jesús,  Hombre-Dios y Salvador de los hombres, se debe tributar. En este sentido, es realmente penoso -además de causar indignación- escuchar los "testimonios" de los "promesantes del Gauchito Gil", que contra toda justicia, atribuyen milagros, sanaciones, protecciones y favores de todo tipo a un ídolo espectral, en vez de reconocer que si algo es bueno y celestial, solo puede venir de Cristo Dios y, con su autorización y permiso, de la Virgen, de los ángeles y de los santos.
           Hay que decir, además, que la Iglesia Católica intenta disminuir, en lo que sea posible, el grado de paganismo que se da en este culto, celebrando la Santa Misa en la Parroquia "Nuestra Señora de las Mercedes" -cercana al lugar en el que se realiza la idolatría pública del ídolo pagano en cuestión- y llevando en procesión una Cruz roja -que significa la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo-, pero esto no atenúa el hecho en sí mismo, que es el pecado de superstición de la multitud que se acerca a "homenajear" al Gauchito Gil. 
        Es parte del misterio de iniquidad, y es muy difícil de comprender, el hecho de que no se crea a la Santa Iglesia Católica, que es la que, guiada por el Espíritu Santo, nos dice quiénes son los que ya están en el cielo, es decir, es la Iglesia quien, con su Autoridad Magisterial representada en el Santo Padre y en los Obispos, la que nos dice, sin ningún tipo de error, a qué santo debemos rendir homenaje de veneración. A los santos de la Iglesia Católica los podemos venerar -jamás "adorar", porque adorar se adora sólo a Dios Trino- con toda seguridad y tranquilidad, porque la Iglesia tiene el carisma de ser iluminada y guiada en su Magisterio, en su condición de ser "Madre y Maestra" de las naciones, por el Espíritu Santo. 
         Por el contrario, debemos temer, como provenientes de las mismas tinieblas, a cualquier "santo" que no esté avalado por la Santa Madre Iglesia, como es el caso del Gauchito Gil, al cual se le suman otros cultos paganos como la Difunta Correa y la Santa Muerte o San La Muerte, culto siniestro y demoníaco si los hay.
         Elevemos nuestras oraciones por tantos hermanos nuestros, engañados por estos cultos supersticiosos, para que la luz de la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, otorgada por la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, ilumine sus mentes y corazones para que, dejando de lado a los ídolos paganos, adoren al Único Dios Verdadero, Dios Uno y Trino, acepten la Salvación de Nuestro Señor Jesucristo y la Mediación de María Santísima, y veneren a los santos de la Iglesia Católica.

Transcribimos la siguiente información acerca del pecado de superstición, según el Catecismo de la Iglesia Católica:

Superstición

Del latín: superstitio -onis

1. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. 
2. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de una cosa o a una práctica. Así se puede hablar de superstición de la ciencia cuando se apela irracionalmente a esta para defender una posición.

Catecismo de la Iglesia Católica, 2111

La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

Superstición es atribuirle a prácticas legítimas un valor erróneo. 
Referente a los sacramentales y oraciones, se cae en superstición cuando se confía en la materialidad del acto sin la necesaria disposición interior. Cuando, en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa, se le atribuye un poder intrínseco. Es supersticioso, por ejemplo, quién lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen Santísima sino que se entrega al pecado pensando que tan solo por llevarlo se salvará.
·         La superstición puede conducir a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia.

·         La "suerte", entendida como una fuerza que pueda afectar el destino, no existe. El cristiano sabe que depende de la Providencia divina y que es responsable por su libre albedrío.

·         La superstición es producto de ignorancia o de un vacío espiritual. 

·         No se debe confundir tradición con superstición. Las tradiciones serían supersticiosas sólo si se les atribuyen poderes mágicos.

Ejemplos de supersticiones: la "maldición del #13, de los gatos negros, de pasar bajo una escalera; comer uvas el año nuevo para atraer la buena suerte. Hay fiestas que reúnen un conjunto de supersticiones, por ejemplo, Halloween.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la superstición es un pecado contra el Primer Mandamiento porque atribuye a cosas poderes que solo le pertenecen a Dios. 

martes, 8 de enero de 2013

El ídolo pagano Gauchito Gil o la rebeldía de los católicos supersticiosos


         Ante la inmensa marea humana que acude en estos días,  a lo largo y ancho del país, pero sobre todo, en el litoral argentino, para rendir culto al ídolo pagano conocido con el nombre de “Gauchito Gil”, es necesario que los fieles católicos tengan bien presente que quienes llevan a cabo este culto comenten los pecados de superstición y de idolatría, puesto que NO se trata de un santo de la Iglesia Católica.
         Con respecto a la superstición, dice así el Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 2111: “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición” (cfr. Mt 23, 16-22).
         Con respecto a la idolatría, el mismo Catecismo dice así, en su número2113: “La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a “la Bestia” (cfr. Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina” (cfr. Gál 5, 20; Ef 5, 5).
         En el caso del Gauchito Gil, se cometen ambos pecados, de superstición y de idolatría: de superstición, porque se desvía el culto debido al Dios verdadero, al rendir homenaje a alguien cuya presencia en los cielos no consta; de idolatría, porque es un evidente “culto falso del paganismo”, que “diviniza lo que no es Dios”.
Pero además -en el caso de católicos “fieles” del Gauchito Gil-, se suma un tercer pecado, y es de la contumacia o rebeldía a la Iglesia, que prohíbe rendir culto a “santos” paganos. Se trata de un acto de rebelión a su Magisterio, porque conociendo tal prohibición, no se tienen en cuenta las indicaciones de la Iglesia, que es “Madre y Maestra”. La actitud del bautizado católico tendría que ser, aun en el supuesto caso que fuera el Gauchito Gil quien le hubiera concedido el milagro favor –lo cual es imposible, tratándose de alguien que no se encuentra en el cielo-, la de no rendirle culto, ni público ni privado, y mucho menos en su corazón, por el solo hecho de ser la Iglesia la que pide que no se le rinda culto.
Por el contrario, lejos de acatar a la sabia voz de la Santa Iglesia Católica, vemos con tristeza cómo en estas asistencias masivas de “promesantes” del Gauchito Gil, la inmensa mayoría son fieles católicos que con su obstinada negativa a obedecer a la Iglesia, guiados por oscuras fuerzas, atribuyen santidad y poder de curación a quien no consta que sea santo, quitando de esta manera el culto debido al Hombre-Dios Jesucristo, a su Madre, la Virgen, y a los ángeles y santos que verdaderamente son santos, porque han sido reconocidos por la Iglesia.
Advertimos a los fieles católicos acerca de la falsedad del culto -público, privado, o realizado aunque sea solamente en el fuero interno- tributado al ídolo pagano conocido como “Gauchito Gil”, y hacemos extensiva esta advertencia al culto tributado a otros ídolos paganos como “La Difunta Correa” y “San La Muerte”.
A quienes se sientan tentados por estos cultos falsos e idolátricos, les dirigimos una fraternal advertencia, exhortándolos a abstenerse de tales desviaciones de la fe, por medio del Catecismo de la Iglesia Católica: “Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115, 4-5.8; cf. Is44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19).