"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
Mostrando entradas con la etiqueta Lenín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenín. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de enero de 2021

El cristianismo nada tiene que ver con el socialismo

 


Lenín, criminal comunista, dirigiendo a su horda de inhumanos asesinos.

Por INFOVATICANA | 24 enero, 2021

Presentar a Cristo como «el primer socialista de la historia» es una astucia propagandística a la que han recurrido los socialistas de ayer y de hoy.

(Tempi)- Las elecciones senatoriales de Georgia, con las que la mayoría del Senado de los Estados Unidos ha pasado de Republicanos a Demócratas, fueron el microcosmos de todas las batallas ideológicas libradas en el escenario de la política estadounidense, y entre ellas ha habido una que merece que comentemos. Entre las acusaciones que hizo la senadora republicana saliente, Kelly Loeffler, contra el candidato demócrata que finalmente la derrotó, el reverendo Raphael Warnock, está la de ser partidario del socialismo. Una acusación que anteriormente había causado la destrucción de las carreras de algunos políticos estadounidenses, mientras que hoy a menudo simplemente calienta el debate de sus respectivas agendas. Warnock, que tiene un irrefutable pasado pro-marxista, rechazó la etiqueta, aunque con una buena dosis de ambigüedad. Entre las “pruebas” presentadas en su contra hay una muy curiosa: un pasaje de un sermón suyo de 2016 en una iglesia bautista en Atlanta: «La Iglesia de los orígenes era una Iglesia socialista», decía el que se ha convertido en el primer senador afroamericano de Georgia. «Sé que que esto os parece un oxímoron, pero la Iglesia primitiva estaba mucho más cerca del socialismo que del capitalismo. Leed la Biblia. Amo escuchar a los evangélicos que siempre citan la Biblia. Bueno, en aquella época las cosas eran en común. Tomaban sus cosas –solo estoy citando la Biblia– y las juntaban. Pero la gente que hoy afirma seguir la Biblia al pie de la letra ciertamente no hace esto».


La Iglesia de los orígenes no era socialista


Presentar a Cristo como «el primer socialista de la historia» es una astucia propagandística a la que recurrieron los socialistas italianos a finales del siglo XIX (en primer lugar Camillo Prampolini) para seducir a las masas católicas absorbidas por el trabajo asalariado. Es curioso que un pastor protestante del siglo XXI, con un título en teología y filosofía por el Union Theological Seminary de Nueva York, dé por sentada esa definición, demostrando una gran ignorancia en la exégesis bíblica y en la comprensión de lo que es el socialismo. La Iglesia primitiva no era socialista, porque no obligaba a los fieles a entregar todos o parte de sus bienes: era una elección libre. A Ananías y Safira (Hechos de los Apóstoles 5,1-11) se les culpa públicamente, no por no pagar el precio total del campo que vendieron a la comunidad, sino porque mienten al quedarse con una parte de la cantidad para ellos mientras afirman haber pagado el total. Los bienes que poseían los cristianos no se convertían en bienes colectivos en términos jurídicos; cada uno conservaba la propiedad legal de sus bienes, pero los consideraba patrimonio común con el que se satisfacían las necesidades de los más pobres. En Hechos 4,32 leemos: «(…) Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos».


El origen es la fe


La Iglesia primitiva no fue socialista porque tampoco pedía a los fieles que entregaran sus bienes a las autoridades públicas, sino que los pusieran a disposición de la comunidad, que era una realidad social espontánea. Los cristianos no pagaban el importe de los bienes vendidos al gobernador romano o al rey Herodes para que lo usaran en sus políticas sociales, sino que lo dejaban a los pies de los Apóstoles. Como escribe Bruno Cantamessa, «el motor del compartir es la fe en Jesús. Lucas (el autor de los Hechos, ndr) parece querer puntualizar aquí que la koinonía cristiana no procede primeramente de la amistad (philia), como nos indica Aristóteles en su transcripción del proverbio, sino que es la unión en la fe en Jesús la que realiza un ideal humano tan elevado: la fe vivida en comunión realiza el amor fraterno; y la amistad, expresión de este amor fraterno, provoca a su vez la comunión de los bienes materiales». Es la amistad que nace del amor fraterno -que tiene a su vez origen en la fe en Jesús-, la que lleva a la comunión de los bienes. De quienes no comparten esta amistad no se espera nada, no se les impone nada: al contrario del socialismo, que por ley obliga a todos a tratar los bienes materiales en la forma que decida el Estado.


La recta razón


Hoy como ayer, a los cristianos se les acusa falsamente de querer imponer teocráticamente sus doctrinas a los demás cuando se oponen a las normas legales que legalizan el aborto, el divorcio, el consumo de drogas, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la eutanasia, la reproducción asistida, etc. En todos estos puntos, los cristianos no buscan imponer su cosmovisión a los demás, sino afirmar los derechos de la ley moral universal, que todo creyente o no creyente lleva grabada en su corazón (ver Catecismo de la Iglesia Católica, Gaudium et Spes, Carta a los Romanos, etc.). Si no fuera así, las leyes solo surgirían del albedrío de los poderosos o de las mayorías de paso. Una teocracia cristiana debería ser denunciada solo si los cristianos pretendieran imponer por ley que los ciudadanos deban ceder todos sus bienes a la Iglesia para que esta los administre como patrimonio común; si exigieran que cada ciudadano debe ofrecer la otra mejilla a quien le golpeó; que al mendigo que nos pide el abrigo también le tengamos que entregar camisa y camiseta; que se abolan la policía y el ejército porque no hay que oponer resistencia a los violentos (Mt 5, 39); etcétera. Pero esto nunca ha sucedido en la historia, excepto en el caso de pequeñas minorías heréticas, y la Iglesia siempre ha sabido distinguir entre el camino a la perfección, que se propone a la libertad humana, y el derecho natural que debe ser siempre y en todo caso promovido por los Estados, so pena de ilegitimidad moral de los actos de gobierno: «Porque cualquier derecho fundamental del hombre deriva su fuerza moral obligatoria de la ley natural, que lo confiere e impone el correlativo deber. Por tanto, quienes, al reivindicar sus derechos, olvidan por completo sus deberes o no les dan la importancia debida, se asemejan a los que derriban con una mano lo que con la otra construyen» (Juan XXIII, Pacem in Terris, n. 30).


Propiedad privada


Sobre el derecho a la propiedad privada, que es irrenunciable pero no absoluto porque debe responder al principio del destino universal de los bienes terrenales, la Iglesia Católica ha sabido articular una doctrina muy rica, inexpugnable desde el punto de vista teórico y sabía desde el punto de vista práctico, muy diferente y crítica tanto hacia el socialismo como hacia el capitalismo. Este no es lugar para ilustrar toda la Doctrina social de la Iglesia sobre este argumento; basta citar algunos pasajes del radiomensaje de Pío XII en el cincuentenario de la Rerum Novarum:


«Sin duda el orden natural, que deriva de Dios, requiere también la propiedad privada y el libre comercio mutuo de bienes con cambios y donativos, e igualmente la función reguladora del poder público en estas dos instituciones. Sin embargo, todo esto queda subordinado al fin natural de los bienes materiales, y no podría hacerse independiente del derecho primero y fundamental que a todos concede el uso, sino más bien debe ayudar a hacer posible la actuación en conformidad con su fin. (…) Según la doctrina de la Rerum novarum, la misma naturaleza ha unido íntimamente la propiedad privada con la existencia de la sociedad humana y con su verdadera civilización, y en grado eminente con la existencia y el desarrollo de la familia. Este vínculo es más que manifiesto. ¿Acaso no debe la propiedad privada asegurar al padre de familia la sana libertad que necesita para poder cumplir los deberes que le ha impuesto el Creador referentes al bienestar físico, espiritual y religioso de la familia?


En la familia encuentra la nación la raíz natural y fecunda de su grandeza y potencia. Si la propiedad privada ha de llevar al bien de la familia, todas las normas públicas, más aún, todas las del Estado que regulan su posesión, no solamente deben hacer posible y conservar tal función —superior en el orden natural bajo ciertos aspectos a cualquiera otra—, sino que deben todavía perfeccionarla cada vez más. Efectivamente, sería antinatural hacer alarde de un poder civil que — o por la sobreabundancia de cargas o por excesivas injerencias inmediatas— hiciese vana de sentido la propiedad privada, quitando prácticamente a la familia y a su jefe la libertad de procurar el fin que Dios ha señalado al perfeccionamiento de la vida familiar».


La Iglesia nunca podrá optar por el socialismo, independientemente de lo que digan, incluso, algunos altos prelados, porque este destruye la familia, que es Iglesia doméstica. Ha bastado un exceso de política de bienestar asistencial para obtener este resultado en toda Europa occidental, así que imaginémonos con el socialismo. Que también tiene otro defecto, para nada irrelevante: es como un alumno muy bueno dividiendo y restando, pero incapaz de sumar y multiplicar. Divide la riqueza que encuentra, pero es incapaz de producir nueva. Si tenéis un amigo venezolano preguntadle los detalles y él os los explicará.


Publicado por Rodolfo Casadei en Tempi.


Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

(https://infovaticana.com/2021/01/24/el-cristianismo-nada-tiene-que-ver-con-el-socialismo/?fbclid=IwAR3E0MPe2wQ9DPerh-_zjtmWthLOg9lrfdLxNfQwcOgITeHtyzrCFi2Lspw)

domingo, 8 de noviembre de 2020

Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador de la secta pestífera comunista

 


Usó el terror, la tortura y el asesinato para imponer su régimen totalitario

Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.

Los más de 100 millones de muertos que causó el comunismo, divididos por países
‘La verdadera historia soviética’: excelente documental sobre los crímenes comunistas

AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad

Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924

  • Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
  • Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
  • Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
  • 240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
  • Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
  • Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.


Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.

Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia

Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.


Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).

Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta

Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:

“Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”

Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”


Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.

En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo

Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.


Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.

Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka

Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:

  • Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
  • Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
  • Estrangulamientos.
  • Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
  • Ahogamiento de reos en aguas heladas.
  • Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
  • Ahorcamiento.
  • Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
  • Empalamiento.
  • Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
  • Castraciones.
  • Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
  • Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.


Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.

  • Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
  • Decapitaciones.
  • Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
  • Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
  • Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
  • Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.

Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil Española y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años.


Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.

La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones

Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:

  • Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
  • Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
  • Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
  • En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
  • A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
  • En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
  • En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.

En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.


Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.

La represión de los granjeros kulaks

En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”

El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias

El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:

“Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”

Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.

La brutal represión de los cosacos

Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.


En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.

La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag

En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.

Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas

Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.


Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.

La ejecución en masa de prisioneros de guerra

A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.


Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.

Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos

Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:

Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.

Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).


Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.

La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.

Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas.

(https://www.outono.net/elentir/2016/11/08/lenin-numeros-datos-e-imagenes-de-los-crimenes-del-primer-dictador-comunista/?fbclid=IwAR07yx2HfpXLYZZDnR2AsjmzstrH1bhsAS3VBQKRyzuED97R3GK41L_5iLc)

lunes, 6 de mayo de 2019

Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista


Lenín, sádico criminal comunista.

USÓ EL TERROR, LA TORTURA Y EL ASESINATO PARA IMPONER SU RÉGIMEN TOTALITARIO
@ElentirVigo Mar 8·11·2016 · 7:09  21
Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.

‘La verdadera historia soviética’: excelente documental sobre los crímenes comunistas
El Milagro del Vístula, 1920: cuando la católica Polonia detuvo la invasión soviética de Europa

AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad

Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924

Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.

Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.

Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia

Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.


Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).

Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta

Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:

“Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”

Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”


Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.

En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo

Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.

Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.

Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka

Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:

Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
Estrangulamientos.
Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
Ahogamiento de reos en aguas heladas.
Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
Ahorcamiento.
Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
Empalamiento.
Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
Castraciones.
Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk
Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.
Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.

Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
Decapitaciones.
Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.


Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.

La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones

Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:

Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.


Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.

La represión de los granjeros kulaks

En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”

El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias

El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:

“Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”

Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.

La brutal represión de los cosacos

Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.


En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.

La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag

En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.

Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas

Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.


Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.

La ejecución en masa de prisioneros de guerra

A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.


Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.

Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos

Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta al Politburó el 19 de marzo de 1922:

“Con tanta gente hambrienta que se alimenta de carne humana, con los caminos congestionados de centenares y de millares de cadáveres, ahora y solamente ahora podemos (y en consecuencia debemos) confiscar los bienes de la Iglesia con una energía feroz y despiadada. (…) Todo indica que no alcanzaremos nuestro objetivo en otro momento, porque solamente la desesperación generada por el hambre puede acarrear una actitud benévola, o al menos neutra, de las masas [hacia] nosotros.”

Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios”.


Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.

La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.

Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…
(http://www.outono.net/elentir/2016/11/08/lenin-numeros-datos-e-imagenes-de-los-crimenes-del-primer-dictador-comunista/?fbclid=IwAR122KjTZB5mDSWidtdJqw_wbgW6ZOtlC8PbrWe77eW0KN_9r5hPN1PcBo8)