"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Un argentino critica el mito de Maradona y denuncia la hipocresía de las feministas


 

Ser famoso y de izquierdas hace que algunos olviden todos sus escándalos


“La calidad moral de una sociedad se podría medir por la calidad moral de sus ídolos”. Son unas sabias palabras de un politólogo argentino sobre su propio país.

Así son la mansión y los coches de lujo de Maradona, el nuevo ‘soldado’ del chavismo
La valiente respuesta de Agustín Laje a quienes le han denunciado por discrepar de la izquierda

Este miércoles murió Diego Armando Maradona. No me gusta el fútbol, por lo que su faceta como futbolista no me llama tanto la atención como los escándalos que protagonizó durante su vida: casos de maltrato y pedofiliahijos que se negó a reconocerherir a seis periodistas a los que disparó con una pistola (a pesar de ser condenado, nunca entró en prisión por aquello), una condena por posesión de drogastratos con la mafia napolitana y también su amistad con tiranos como Fidel Castro, Nicolás Maduro y Hugo Chávez.

Entiendo que un país sienta admiración por grandes deportistas que a la vez son excelentes personas, como Miguel Induráin o Rafa Nadal, pero no entiendo tanta devoción por un personaje que habrá sido un excelente futbolista, pero como persona era deplorable. En la misma Argentina han surgido voces que se atreven a denunciar el mito de Maradona.

Una de ellas es la de Agustín Laje, politólogo muy famoso por su brillantez y valentía a la hora de denunciar los dogmas de la nueva izquierda. Todo lo que le he escuchado hasta ahora es un derroche de razón y sentido común, como también lo es la opinión que ha manifestado sobre Maradona en el canal colombiano NTN24, criticando su amistad con dictadores y corruptos y también la hipocresía de muchas feministas, que parecen perdonarle todo al famoso futbolista, ¿tal vez por haber sido un activista de izquierdas?

martes, 20 de octubre de 2020

Hora Santa en reparación por vandalización de imagen de la Virgen con pañuelos verdes pro-aborto Chile 181020

 


Inicio: ofrecemos esta Hora Santa y el rezo del Santo Rosario meditado en reparación por el acto vandálico sufrido por una imagen de la Virgen en Chile, al ser cubierta con pañuelos verdes feministas y consignas pro-abortistas. Para mayores detalles, consultar el siguiente enlace:

https://www.aciprensa.com/noticias/vandalizan-imagen-de-la-virgen-maria-con-lemas-proaborto-y-panuelo-verde-en-chile-fotos-48970?fbclid=IwAR1Ih_m3njnmydDQlR85YNfHmEXtRCI4ojVYLPlnlBJVD8L7n21NyyCkLzA

Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto inicial: “Postrado a vuestros pies, humildemente”.

Inicio del rezo del Santo Rosario meditado. Primer Misterio (a elección).

Meditación.

La acción de la gracia santificante en el alma, que entre otras cosas, apaga las hogueras de las pasiones desenfrenadas, es motivo de admiración y de acción de gracias. En efecto, dice un autor: “¿Quién no alaba y bendice a Dios, viendo que aquel fuego deshonesto que ardía en el pecho y que parecía que no se iba a acabar nunca, se haya aplacado y disminuido hasta no sentir para nada el apasionamiento carnal?”[1].

  Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Segundo Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

Continúa el mismo autor: “¿Cómo no se admirará el que ve que hombres que eran la misma cólera e ira, se hayan convertido en mansas ovejas, que incluso desean el ser despreciados y vilipendiados en nombre de Cristo? ¿Quién no reconoce a Dios y el poder de su gracia, viendo convertido a uno de soberbio en humilde, de glotón en abstinente, de afeminado en robusto y fuerte varón?[2]. Estas son verdaderamente obras de Dios, en que se deleita el alma y cuyos deleites, una vez conocidos, no los quiere abandonar.

 Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Tercer Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

San Juan Crisóstomo llama a la gracia “muro inexpugnable” y dice: “Si una vez alcanzáremos la gracia de Dios, nadie prevalecerá contra nosotros, antes seremos nosotros más poderosos que todas las cosas”. Continúa el mismo santo: “Cuando la gracia de Dios es nuestra ayudadora, las cosas difíciles se hacen fáciles y las pesadas, ligeras”.

Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Cuarto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

La misma fuerza que tiene la gracia para convertir a un pecador en un santo, la tiene con toda alma: basta con la disposición de la misma, para que el alma se vea en grado de emprender todas las tareas encomendadas por Dios, aun aquellas que humanamente parecen imposibles. Y esto porque la Divina Gracia dona y engrandece la virtud, de manera que ésta la hace obrar al alma pronta y fácilmente[3].

 Silencio para meditar.

Padrenuestro, diez Ave Marías, Gloria.

Quinto Misterio del Santo Rosario.

Meditación.

El Profeta Isaías dice que “los que confían en el Señor mudarán la fortaleza y tomarán alas de águila y volarán, correrán y no trabajarán, ni se cansarán”. Pues, ¿qué más hay que desear que no sea la gracia? A su vez, el Profeta Abacuc llama a Dios su “fortaleza en todos los peligros”, porque de la manera que el sol clarifica el aire, así el cristiano usa de la gracia de Dios, que le clarifica el alma y le quita toda oscuridad y es así que el alma puede llamar a Dios “mi fortaleza”. Si vivimos en gracia, Dios peleará por nosotros nuestras batallas y nos conducirá por el camino de la perfección, cantando y con gran alegría y paz[4].

 Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón, por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).  

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.

Canto final: “Plegaria a Nuestra Señora de los Ángeles”.

 



[1] 392.

[2] 393.

[3] 394.

[4] 395.