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martes, 23 de febrero de 2021

China comunista se burla del acuerdo con la Santa Sede y dispone que los obispos serán elegidos por la dictadura

 

China se burla del acuerdo con la Santa Sede y dispone que los obispos serán elegidos por la dictadura


China se burla del acuerdo con la Santa Sede y dispone que los obispos serán elegidos por la dictadura

Según lo que la Santa Sede filtró sobre su acuerdo con la dictadura China, la elección de obispos para el país asiático se haría de mutuo acuerdo. Las nuevas normas sobre la actividad religiosa del régimen encabezado por Xi Jinping ignoran dicho acuerdo.

(InfoCatólica) El régimen dictatorial comunista de China tendrá a partir del 1 de mayo una nueva regulación de toda actividad religiosa. La misma consiste en un control aún más exhaustivo y axfisiante por parte de las autoridades, que no deja margen alguno a una verdadera libertad religiosa. 

El portal Bitter Winter acaba de publicar la traducción al inglés de gran parte de la nueva normativa y queda claro que la dictadura aplicará toda su capacidad para impedir que ninguna actividad religiosa quede fuera de su supervisión. Dicho portal lo explica así:

«Crean un sistema orwelliano de vigilancia y refuerzan el ya estricto control sobre todo el clero. La herramienta es una base de datos nacional del clero autorizado, es decir, del clero formado y reconocido por las cinco religiones autorizadas. Existe un complicado sistema para entrar en la base de datos, pero aquellos que estén fuera de ella y pretendan ser clérigos cometerán un delito. Esto incluye a los pastores de las iglesias domésticas protestantes, a los objetores de conciencia católicos que rechazan el acuerdo entre el Vaticano y China de 2018 y se niegan a unirse a la Asociación Católica Patriótica China, a los profesores y al clero de las mezquitas independientes y de los templos budistas y taoístas, a los rabinos judíos (ya que el judaísmo no es una de las cinco religiones autorizadas) y al personal religioso de los nuevos movimientos religiosos. Ahora serán identificados inmediatamente: no tendrán tarjeta de clérigo y no serán incluidos en la base de datos nacional».

Y añade:

Para estar registrado en la base de datos, no basta con ser competente en una de las religiones autorizadas. Los clérigos deben demostrar que «apoyan la dirección del Partido Comunista Chino y apoyan el sistema socialista» (artículo 3: este artículo se menciona repetidamente en las Medidas como la clave de todo el reglamento), y cooperar en la lucha contra el xie jiao y otras religiones ilegales o «extremistas» (artículo 6E).

Las reglas ponen especial énfasis en el «alto clero» de las comunidades eclesiales, especialmente en el caso de los budistas tibetanos y los católicos romanos. El artículo 15 recuerda a los budistas tibetanos que deben respetar el principio de que toda reencarnación de un lama debe ser autorizada por el PCC. Y en lo que supone un claro desprecio a la autoridad del Papa, a los católicos se les dice en el artículo 16 (*) que los obispos en China deben ser elegidos democráticamente a través de la Asociación Católica Patriótica China, es decir, nombrados por el PCCh, y consagrados a través de la Conferencia Episcopal Católica China. No se menciona al Vaticano ni al Papa, que en teoría debería nombrar a los obispos en virtud de lo poco que la Santa Sede ha filtrado sobre el acuerdo con China de 2018, renovado en 2020. Además, el artículo 43 proclama el principio socialista de que los que enseñan en una comunidad religiosa deben someterse a la «guía de enseñanza religiosa» de la comunidad y no al revés.

(*) Artículo 16

Artículo XVI
Los obispos católicos son aprobados y consagrados por la Conferencia Episcopal Católica China. La Asociación Patriótica Católica China y la Conferencia Episcopal Católica China, dentro de los veinte días siguientes a la consagración del obispo, rellenarán un formulario de informe de obispos católicos y lo comunicarán a la Administración Estatal de Asuntos Religiosos para que quede constancia, y presentarán los siguientes materiales.

(https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=39882&fbclid=IwAR1bTMyoqxJTSLWy3-7c_9j18YEosalejbTZ_cpsW6vYtXZY3jKv0B79Zz4) 

miércoles, 13 de enero de 2021

Siete razones por las que debemos aborrecer a la China comunista de Xi Jinping


 


Mientras el Occidente progre se rasga las vestiduras por el reality show en el Capitolio, China se prepara para dar el sorpasso a EEUU e imponer su capitalismo rojo. Todos distraídos, con la marcha de Trump, o la nevada del siglo, mientras Xi Jinping, el Hitler amarillo, mueve sus fichas en el ajedrez internacional. 2021 puede ser su año.


Por Alfonso Basallo -11/01/2021

Xi Jingping ha ganado la guerra del Covid… y ahora se prepara para la carrera por el podio mundial. Todo indica que 2021 va a ser el año de China, la potencia que está aprovechando la crisis de Occidente en general y de Estados Unidos en particular, para alzarse con la hegemonía económica y quizá algo más. Hay, al menos, siete razones para temer al gigante amarillo.


1.- Es el gran beneficiado de la pandemia

La economía de China crecerá en 2021 un 8’2%, frente al  5,2% de la Eurozona o el  2,8% de EEUU, según el Fondo Monetario Internacional. Y en 2025, el PIB chino estará incrementándose a un ritmo del 5,5%, mientras que el de EEUU será del  2,2%. 


Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Sin entrar a juzgar si el origen de la gran crisis fue o no un virus chino -nada es descartable-, está claro que el gigante asiático ha sido el gran beneficiado de la pandemia. Las exportaciones chinas a EE.UU. han alcanzado niveles récord a pesar de los altos aranceles impuestos por Trump. 


Y diversos analistas creen que, con este espaldarazo, la República Popular podría superar a Norteamérica como la economía más grande del mundo en 2030, y no en 2040 o en 2050, como se viene prediciendo. 


Eso no significa hegemonía militar ni cultural. Los grandes imperios se definen no sólo por el dinero sino, sobre todo, por los valores ideológicos y culturales. Roma uniformizó el mundo conocido por los acueductos y las legiones, pero también por el latín. Y los dos últimos imperios que hemos tenido (el británico y el estadounidense) lo son, en buena medida, porque han impuesto su estilo de vida, comenzando por la lengua -el inglés- y siguiendo por el deporte -fútbol-, la comida -hamburguesas-, y el ocio -Hollywood-.


No parece que China vaya a señorear culturalmente el mundo. Será por tanto solo un imperio económico y quizá no en solitario. El politólogo Fareed Zakaria comparaba el escenario internacional con una cancha de tenis, en su ensayo El futuro de la libertad, y sostenía que en el siglo XXI habrá no uno sino varios jugadores, a diferencia de épocas pasadas.


2.- El peligro y la eficacia del  capitalismo rojo 

El pragmatismo se impuso en los años 80 cuando el dirigente Deng Xiao Ping aplicó el viejo proverbio «Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones«‘. El marxismo chino no le hacía asco al mercado, y el propio Deng proclamó que “enriquecerse es glorioso”. Treinta años después,  el PIB de la República Popular ha crecido hasta los 13,7 billones de dólares y la renta per cápita se ha situado en los 9.800 dólares. En ese tiempo, ha multiplicado ambos indicadores por 38 y por 30, respectivamente.


Todo ello, por supuesto, bajo férreo control político. No es nuestro capitalismo, sino un modelo mixto de «capitalismo de Estado» dentro de un sistema de partido único, con un tejido económico fuertemente intervenido. El Partido Comunista limita el poder de las grandes empresas privadas a través de regulaciones restrictivas que afectan tanto a su tamaño como a sus actividades. 


Eso significa que conviven en un mismo país los millonarios de Shanghai y los campesinos que pasan hambre en los arrozales. Las desigualdades persisten, aunque la pobreza extrema se ha reducido en las últimas décadas. China tiene actualmente 113 zonas urbanas de más de un millón de habitantes, frente a 114 zonas de  EEUU y la UE, tomadas de forma conjunta.


Ese sistema que deslumbra ahora al declinante Occidente y que atrae inversores se basa en un poder central eficaz por indiscutido; en una mano de obra numerosa y barata -es decir, esclava-; y en la ausencia de contrapesos políticos. Conviene recordarlo.


3.- Xi Jinping, el Mao del siglo XXI

Xi Jinping, presidente de la República Popular desde 2013, pretende aprovecharse del cóctel (capitalismo y rojo) para gobernar como Mao y desempolvar el culto a la personalidad, al estilo del Gran Timonel. Lo cuenta Julio Aramberri en el libro La China de Xi Jingpin. Señala que tras la matanza de Tiananmen (1989) los comunistas establecieron «un sangriento contrato de adhesión por el cual una mayoría de chinos consentía el monopolio gubernamental del PCC a cambio de un aumento progresivo de su nivel de vida». 


Y eso es lo que hace Xi: impulso económico y férreo control. Le obsesiona -apunta Aramberri- pasar a la historia como Gorbachov, un blandito ideológico. Y no quiere para la China del siglo XXI, lo que le ocurrió a la URSS de 1989. 


Eso explica que haya extremado su perfil totalitario. 


La República Popular ejecuta al año a más personas que todos los demás países del mundo juntos


4.- Ejecuciones masivas, campos de reeducación

Se suele olvidar en Occidente que la República Popular ejecuta al año a más personas que todos los demás países del mundo juntos. Unas dos mil personas, según la Fundación Dui Hua. Naturalmente los tribunales están en manos de quienes están y su Código Penal incluye en la pena de muerte hasta 46 delitos. 


China es, además, el país del mundo con el mayor número de presos políticos: 42.947. Se incluye la práctica de la religión: muchos cristianos acaban en la cárcel o en campos de reeducación similares a los de la Revolución Cultural de Mao. Si eres cristiano o  te unes a la Iglesia Patriótica -controlada por el Partido- o te arriesgas al calabozo. 


Por no hablar de la persecución contra las poblaciones uigur, kazaja, tibetana o de etnia musulmana.


5.- Inteligencia artificial para cazar disidentes

China sigue siendo tan dictadura como antes. La muerte civil (e incluso física) del disidente no es muy diferente de la del maoísmo; y la censura sigue siendo moneda corriente, reforzada ahora por el Big Brother tecnológico. 


Según The Atlantic Xi Jinping quiere usar inteligencia artificial para construir un sistema digital de control social, patrullado por algoritmos precognitivos que identifican a los disidentes en tiempo real. Le ha venido de perillas la crisis del Covid. El sistema procesará millones de datos asociados a la imagen recogida por las cámaras, recopilando información sobre los ciudadanos, de forma que podrá  detectar a cualquier sospechoso de pensar algo distinto de lo que el Partido disponga.


Por descontado que no existe prensa libre en China, pero además  Facebook, Google y Twitter están también bajo el yugo de la censura. Y en su índice de libros prohibidos figuran, no por casualidad, 1984 y Rebelión en la granja, de George Orwell. 


Actualmente se gradúan en sus universidades ocho millones de estudiantes, cifra que duplica la de EEUU 


6.- Dos armas de futuro: demografía y educación 

El gran activo de China son… los chinos. Nada menos que 1.400 millones de habitantes. Es verdad que ha comenzado un declive demográfico al descender el número de hijos, pero todavía supera a la India en 100 millones de habitantes -y a Africa en 200 millones-, por lo que sigue siendo el país más poblado del mundo.


Y Xi Jinping aspira a competir con Occidente con la apuesta por la educación. Anualmente se gradúan en sus universidades ocho millones de estudiantes, cifra que duplica la de EEUU y multiplica casi por diez la de China en 1997. Es cuestión de tiempo que Pekín termine encabezando el número de graduados en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, y Matemáticas) del mundo, según The Economist Intelligence Unit. Una apuesta por el talento en un sector estratégico como el tecnológico.


Pekín ha hecho, además, una gran inversión en universidades de élite, fichando a miles de profesores extranjeros. Está empeñado en librar una batalla decisiva: la batalla de las tesis doctorales y de los proyectos de investigación. Lo que a la larga significa no solo prestigio académico, sino también competitividad frente a Occidente.


7.- Colonialismo del imperio amarillo

Mientras las series de televisión echan pestes del colonialismo europeo, el #Blacklivesmatter derriba estatuas de descubridores y los gobernantes occidentales piden perdón por haber llevado la civilización al Tercer Mundo, Pekín se dispone a tomar el relevo de los imperios británico, francés o soviético -con sus colonias en Europa del Este-. Usa las ayudas económicas como caballo de Troya para infiltrarse en áreas estratégicas de Iberoamérica o África y por supuesto Asia-Pacífico. Lleva décadas trabajando en este sentido. En África, tiene invertidos más de 300.000 millones de dólares. Y es el mayor socio comercial de 124 países, 57 de los cuales pertenecen al Asian Infrastructure Investment Bank, desde donde se prepara la Nueva Ruta de la Seda: el gran proyecto de Pekín para el siglo XXI. 


Además, ha logrado esquivar el bloqueo tecnológico de Norteamérica, invirtiendo cuantiosas sumas en compañías tecnológicas europeas (la inversión directa china en Europa ha crecido un 2.200% en seis años). 


Cuenta para extender su imperio con un arma poderosa: las reservas monetarias. Dispone de un superávit de comercio exterior que le confiere una gran capacidad de maniobra. Le ha permitido, por poner un ejemplo significativo, sellar un importante tratado comercial con Irán con el que Pekín se hace con toda la infraestructura político-militar del país de los ayatolás en Oriente Medio. Eso significa influencia en un teatro de operaciones que necesita inversiones financieras, con zonas tan golosas como Siria. 

(https://www.actuall.com/democracia/siete-razones-por-las-que-debemos-temer-a-la-china-de-xi-jinping/?fbclid=IwAR2SK4cjmFdgWI-MrhlIuwjciGShChnIi0bb46KFmbxsHX_kYWHsrmXvRAE)

jueves, 5 de noviembre de 2020

La secta que gobierna China comunista prohíbe los matrimonios y funerales cristianos

 


Si Occidente no rompe con China acabará absorbida por ella: Xi Jinping no conoce límites. ¿Qué tiene que pasar para que Europa caiga en la cuenta de que con salvajes como los chinos no se puede pactar nada?

Eulogio LópezEulogio López

05/11/20 14:03

La nota de Aciprensa dice mucho y se infiere más. La tiranía china prohíbe los matrimonios cristianos (bajo el manto de todas las religiones) y los funerales.


Supuestamente de todas las religiones pero ya se sabe que esa presunta pléyade de credos es una tontuna: contra lo que se apuesta es contra el matrimonio cristiano y con la asistencia sacramental al momento de la muerte.


Y eso lo hace un Gobierno que está a punto de renovar su acuerdo con el Vaticano, que solo ha servido para que los comunistas chinos sigan persiguiendo a los católicos y encima hayan logrado la validación de la iglesia patriótica, obediente al partido comunista.


La hipocresía del régimen de Xi Jinping, el tirano de nuestro tiempo, un personaje que no conoce límites, apunta ahora contra los sacramentos, es decir, el eje neurálgico de la vida cristiana.


Dos cosas parecen claras: si Occidente no rompe con China acabará absorbida por ella.


El Vaticano no debe renovar el acuerdo con Pekín: es una burla.


¿Qué tiene que pasar para que Europa caiga en la cuenta de que con salvajes como los chinos no se puede pactar nada? 

(https://www.hispanidad.com/enormes-minucias/china-prohibe-matrimonios-funerales-cristianos-pretende-renovar-acuerdo-con-vaticano_12022171_102.html?fbclid=IwAR1rs-lM90I6mzx4zebIUnhWnr8QBF0R9BG_wfZbfe7Q8sCQwpmq0gXg4GI)

sábado, 10 de octubre de 2020

39 países de Occidente condenaron la violación a los derechos humanos en China comunista: sólo dos de América Latina y el Caribe

 


La carta presentada ante la Asamblea General de la ONU expresó el rechazo a la represión en Xinjian y el Tíbet. Para la región, fue firmada por Honduras y Haití

7 de Octubre de 2020


Un grupo de 39 países, principalmente potencias occidentales y sus aliados, se unieron este martes en las Naciones Unidas para denunciar la situación de los derechos humanos en la región china de Xinjiang.


El grupo -en el que figuran entre otros Estados Unidos, Alemania, Japón, España o el Reino Unido- se mostró “gravemente preocupado por la existencia de una gran red de campamentos de reeducación política donde hay informes creíbles que indican que más de un millón de personas han sido detenidas arbitrariamente”.


En una declaración conjunta ante la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU, estos países llamaron la atención sobre un creciente número de denuncias de “graves violaciones de los derechos humanos” y sobre las “severas restricciones” a las que se enfrentan los musulmanes de la minoría uigur.


“Una vigilancia generalizada sigue centrándose sobre los uigures y otras minorías y están apareciendo más informaciones de trabajos forzados y contracepción forzosa, incluidas esterilizaciones”, señaló el grupo.


Represión en una protesta por los derechos de los uigures (Reuters)

Represión en una protesta por los derechos de los uigures (Reuters)

Por ello, reclamaron a China que permita inmediatamente el acceso a Xinjiang de observadores independientes, incluida la oficina de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.


La carta fue firmada por solo dos países de América Latina y el Caribe: Honduras y Haití.


Los diplomáticos occidentales han dicho que China está acumulando más presión cada año para disuadir a los estados miembros de la ONU de firmar tales declaraciones, amenazando con bloquear la renovación de las misiones de mantenimiento de la paz para algunos países o impidiendo que otros construyan nuevas instalaciones de embajadas en China.


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El embajador chino ante la ONU, Zhang Jun, reaccionó casi inmediatamente, negando las acusaciones y arremetiendo contra esas naciones por “interferir en los asuntos internos” de su país y de tratar de crear “confrontación” bajo el pretexto de los derechos humanos.


Además, Beijing contó con el apoyo de otros Estados miembros, que también emitieron declaraciones conjuntas en defensa de las autoridades chinas.


En el caso de Xinjiang, Cuba leyó un texto en nombre de 45 países que respaldaron las “medidas contra el terrorismo y anti radicalización” que se llevan a cabo en la región, según reportó la agencia china Xinhua, sin detallar los estados firmantes.


Sobre Hong Kong, Pakistán presentó un mensaje respaldado por 55 países que dijeron apoyar la postura china en la excolonia británica.


“Campos de reeducación”


El mes pasado, el Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI) dijo que había identificado más de 380 “centros de detención sospechosos” en la región de Xinjiang, donde se cree que China ha retenido a más de un millón de uigures y otros residentes de habla turca, en su mayoría musulmanes.


Los nuevos edificios agregados en 2019 al campamento más grande de Xinjiang, en Dabancheng, cerca de Urumqi, se extienden a lo largo de un kilómetro, y la nueva construcción finalizó en noviembre de 2019

Los nuevos edificios agregados en 2019 al campamento más grande de Xinjiang, en Dabancheng, cerca de Urumqi, se extienden a lo largo de un kilómetro, y la nueva construcción finalizó en noviembre de 2019

En los Estados Unidos, la Cámara de Representantes aprobó a fines de septiembre un proyecto de ley que tiene por objeto prohibir las importaciones del Xinjiang, sosteniendo que los abusos contra el pueblo uigur están tan extendidos que todos los bienes de la región deben considerarse fabricados con mano de obra esclava.


En los últimos años se han repetido las llamadas desde Europa y Estados Unidos para que Beijing cierre los “campos de reeducación” para uigures en Xinjiang.


Las acusaciones de represión a minorías étnicas proceden principalmente de ONG y disidentes en el extranjero, mientras que Beijing negó la existencia de estos recintos hasta 2018, cuando indicó que se trataba de “centros de formación profesional” en los que se enseñan oficios para salvar a los musulmanes de Xinjiang del terrorismo y del extremismo religioso.


Los 39 países también llamaron la atención sobre la situación en Hong Kong y aseguraron que la controvertida ley de seguridad nacional incumple las obligaciones internacionales de China.


(Con información de EFE y AFP)

Crece el rechazo hacia China comunista y Xi Jinping en los países desarrollados

 



Una encuesta del Pew Research Center entre las economías más avanzadas del planeta reveló que la gran mayoría de sus habitantes tienen una imagen desfavorable del régimen comunista y cuestionan su manejo de la pandemia de coronavirus

6 de Octubre de 2020

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Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, China, (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins//File Photo)

Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, China, (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins//File Photo)

Lo peor de la pandemia de coronavirus puede haber quedado atrás para China, al menos si se aceptan las siempre sospechosas estadísticas oficiales del régimen. Lo que no pasó y le va a costar mucho superar es el enorme desprestigio que esta crisis le trajo. Es cierto que la imagen del país y de Xi Jinping entre los habitantes de los países más desarrollados del mundo ya venía en baja, pero su mala gestión de un brote que comenzó en su territorio y que de allí se propagó por todo el planeta parecen haberle asestado un muy duro golpe a su credibilidad en el orden internacional.


El Pew Research Center, uno de los think tanks de opinión pública más prestigiosos del mundo, publicó este martes un informe actualizado sobre lo que piensan acerca de China quienes viven en las economías más avanzadas. Los resultados son verdaderamente alarmantes para Beijing.



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En Estados Unidos, por ejemplo, se duplicó entre 2005 y 2020 la proporción de personas que tienen una opinión algo o muy desfavorable sobre China: pasó de 35% a 73 por ciento. Se podría argumentar que esto se debe a la rivalidad de Washington con Beijing, pero es un fenómeno generalizado. Apenas inferior fue el alza del rechazo en Alemania, por ejemplo, donde pasó de 37% a 71 por ciento. O en Francia, donde trepó de 42% a 70 por ciento. En otros lugares, como España, directamente se triplicó la desaprobación, que fue de 21% a 63% en el período. Y en el Reino Unido se cuadruplicó: de 16% a 74 por ciento.


Lo interesante es que es algo que atraviesa a todas las regiones del mundo. En América está el caso de los canadienses, entre los cuales, las opiniones negativas sobre China pasaron del 27% al 73 por ciento. En Oceanía está el ejemplo de Australia, donde el rechazo trepó increíblemente en los últimos años: de 32% en 2017 a 81% en 2020. Pero también se ve en Asia. En Corea del Sur, trepó de 31% a 76 por ciento entre 2005 y 2020; y en Japón, de 42% a 86 por ciento.


Es evidente que esta animadversión no es contra la sociedad ni contra la cultura china, sino contra las políticas promovidas por su gobierno. Es lo que demuestra el Pew Research Center al preguntar cuánta confianza tienen los habitantes de los países desarrollados en que Xi Jinping pueda hacer lo correcto en los asuntos globales. En casi todas estas naciones se derrumbó.



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El 77% de los estadounidenses tienen poca o nula confianza en el presidente chino, cuando hasta el año pasado eran el 50 por ciento. En Alemania, donde la imagen negativa de Xi era incluso más alta que en Estados Unidos (61%), trepó ahora al 78 por ciento. En Francia, donde ya era muy elevada la desconfianza (69%), subió a 80 por ciento. En El Reino Unido, donde en 2018 era bastante más baja (49%) escaló este año hasta el 76 por ciento.


Nuevamente, lo que se ve en esta pregunta es que quienes más cerca están de China son los que peor imagen tienen del régimen. En Japón, la desconfianza llega al 84%, y en Corea, al 83 por ciento. En Australia, donde estaba en el orden del 47% en 2018, creció hasta el 79% en 2020, de la mando de una inquietud creciente por el avance chino sobre el Pacífico Sur.



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Más allá de que la vocación expansiva de China en materia geopolítica es una de las fuentes de un rechazo que venía en aumento, es indudable que la respuesta de Beijing ante la pandemia de coronavirus terminó de agravar el enojo de buena parte del mundo. Cuando se les pregunta a los ciudadanos de los países más avanzados qué piensan de lo hecho por China ante el brote de coronavirus, la contestación es casi unánimemente negativa.


En los Estados Unidos, el 64% de las personas considera que China hizo mal las cosas. En Australia, lo piensa el 73 por ciento. En algunos países europeos son algo más indulgentes. En Italia, el 49% cree que la respuesta china fue mala; en España, el 50%; en Francia, el 54%; Alemania, el 56%; y en el Reino Unido, el 60 por ciento. Pero en el norte del continente son bastante más críticos: en Suecia, que siguió un enfoque muy diferente al resto de Europa y del mundo para lidiar con el COVID-19, el 65% opina que la respuesta fue negativa; en Dinamarca, el 72 por ciento.


Pero otra vez se ve que nadie cuestiona tanto a China como sus vecinos. En Japón, el 79% considera que China actuó mal y solo el 16% que respondió adecuadamente. En Corea del Sur, el 79% dice que estuvo mal y apenas el 20% que estuvo bien. Es entendible, porque fueron dos de los primeros países en tener brotes cuando el virus salió de China, y demostraron que era perfectamente posible hacer las cosas de una manera transparente, y con resultados muy superiores.

martes, 6 de octubre de 2020

La China comunista a la que todos debemos temer: ¿Capitalismo o socialismo salvaje?

 


Nixon Piñango

Periodista y escribidor. Artista de vez en cuando pero no perroflauta. Liberal de verdad.

septiembre 25, 2020

Uno de los casos más tristes de la geopolítica global es el de Hong Kong


Esta sociedad, la más libre del mundo, que está a punto de ser fagocitada por el imperio comunista Chino, el más antiguo de la historia, y sin que el mundo libre haga mucho para evitarlo. A mí, como liberal, me horroriza el caso de Hong Kong, pero a su vez me produce una esperanza tremenda, pues veo con entusiasmo cómo los ciudadanos de ese país luchan hasta el cansancio para tratar de evitar lo que en cierta manera es inevitable.


La realidad hongkonesa también me ha servido para estudiar un poco más en profundidad al régimen chino y responder ciertas preguntas que rondaban en mi cabeza, más que todo cuestiones sobre su modelo económico, muy influyente, que ha llevado a ese país a ser la primera potencia comercial del mundo.


Pero hay un lado muy oscuro que otros no ven, o no les conviene ver, el cual se deriva de una historia igualmente oscura, sanguinaria, y que devela cosas que sorprenderían a muchos. Así que empecemos por el principio:


El imperio de la coacción

China jamás ha experimentado un sistema político cercano a la libertad. Durante miles de años tuvo dinastías monárquicas de orden despótico que aglutinaban vastos territorios a través de guerras cruentas. Además, su llegada al siglo XX fue turbulenta con la Revolución de Xinhai, liderada por el militar reformista Sun Yat Sen, un intento fallido de imposición de la democracia que tuvo el apoyo de los Estados Unidos y convirtió al país en un hervidero de guerras civiles.


En este contexto surgió la figura del general Chiang Kai-Shek, artífice de la reunificación y primer autócrata chino de los tiempos modernos. Poco a poco él se hizo con el liderazgo dentro del Kuomintang gracias a sus proezas militares y a una consecución de alianzas, dentro de las cuales estuvieron los izquierdistas coordinados por Stalin; les otorgó poder a estos sobre territorios enteros y, quizás sin percatarse, trazó la ruta para que, años más tarde, se volvieran en su contra y lo desalojaran del mando con una insurrección armada.


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El ascenso de los comunistas al poder fue una cosa pomposa, tanto que casi nadie pudo advertir la catástrofe que ocurría luego. El líder de la facción, el Gran Timonel Mao Tse Tung, fundó la República Popular China con el objetivo de dar rienda suelta a su megalomanía, sólo comparable con la del propio Stalin. Dio inicio a un régimen totalitario, basado en el culto a su personalidad, que abolió de golpe la propiedad privada y convirtió a China en el infierno que fue durante casi treinta años.


 


Dos arquitectos, uno político y otro económico

Todo tirano megalómano como Mao Tse Tung quiere el reconocimiento global, que la gente hable sobre él, convertirse en un referente aun cuando eso suponga la desgracia de muchísimos otros. Y el Gran Salto Adelante consistió justamente en eso: una consumación del comunismo a través de la confiscación masiva que, se suponía, debía transformar a China en una potencia industrial y a Mao en un héroe.


Bueno… Nada más lejos de la realidad. En menos de cuatro años, ese país se volvió un desastre: hubo una hambruna masiva que dejó alrededor de cuarenta millones de muertos y significó serias consecuencias para el propio Mao, la peor de ellas, quizás, el repudio de sus compañeros del Partido Comunista, que conspiraron para destronarlo.


Él, por supuesto, no se iba a dejar tan fácilmente y, para meterles miedo, organizó uno de los peores genocidios jamás vistos por la humanidad: la Revolución Cultural, que consistió en un afianzamiento de su personalidad, una persecución a todos aquellos que disputaban su poder (como Deng Xiaoping) y una destrucción de todos los valores arraigados en la cultura milenaria China.


No se sabe exactamente cuántas personas fueron asesinadas durante este período (que duró alrededor de diez años), pero algunos cálculos hablan de entre cinco a veinte millones de personas, lo que convierte a la Revolución Cultural, en números absolutos, en el genocidio más sangriento de la historia.


La tragedia Maoísta hizo que el politburó se replanteara la forma en que China sería conducida después del año 1976 (año de la muerte de Mao). Eso hizo que la figura de Deng Xiaoping, uno de los chinos más cercanos a Occidente, surgiera como líder supremo y se convirtiera en el artífice del subidón económico.


Pero si bien Deng Xiaoping fue lo suficientemente consciente para entender que la colectivización radical había sido el origen de todas las desgracias, tampoco estuvo dispuesto a ser tan reformador como para dejar que el Partido Comunista perdiera su control total. Sus reformas utilizaron los beneficios del capitalismo en zonas especiales, pero no tocaron la política autoritaria, lo que sentó las bases del modelo económico actual de China: un fuerte mercantilismo donde es el Estado quien decide qué producir, cómo y cuánto, a través de la manipulación de los recursos que confisca y la potenciación de determinadas industrias con ellos.


 


China tiene un fuerte mercantilismo donde es el Estado quien decide qué producir, cómo y cuánto, a través de la manipulación de los recursos que confisca y la potenciación de determinadas industrias con ellos.

Nixon Piñango

 


Control, la palabra clave

Empecemos por decir que la economía china es la cosa menos deseable de este mundo. Hay gente, inclusive liberal, que por ignorancia la ve con admiración, cuando en realidad es lo más parecido a un escenario distópico ciberpunk que existe.


En primer lugar, tenemos a su Estado, el principal agente económico, un elemento de influencia, pero también de financiamiento y control. Si bien el Estado está muy presente en la mayoría de las economías del mundo (suele rondar el cincuenta por ciento del producto interno bruto en los países desarrollados), en China es el agente primordial, es quien da el visto bueno a todas las inversiones, el que marca las pautas de producción y asigna los recursos a su antojo.


Comparemos: una persona en un país occidental, como Estados Unidos o Inglaterra, podría tener una idea, desarrollarla a través de ciertos mecanismos (pedir préstamos, ahorrar…) y de allí intentar que el servicio o producto que ofrece llegue a la mayor cantidad de gente posible. En China no es tan así…


Todavía se mantiene el sistema de zonas especiales y de división de clases entre quienes habitan las ciudades y quienes habitan el campo, por lo que eso de montar un negocio no puede ocurrir de forma voluntaria o en todo momento. Además, la banca china está totalmente estatizada y supeditada al financiamiento de los grandes proyectos de inversión del Estado, de manera que, para que un privado obtenga crédito, debe ser considerado como prioritario en las listas bancarias (amiguete) o recurrir a un mercado negro con tasas de interés elevadísimas.


El fin último de la economía china es que el Estado lo planifique todo o que todas las empresas tengan al Estado como socio principal. Por esta razón uno no ve que las grandes compañías del mundo, como Amazon, Apple, entre otras, inviertan allí en su sector de servicios (sector terciario), pues es difícil que alguien entregue voluntariamente parte de su patrimonio al Partido Comunista. Por el contrario, el Estado chino ha financiado sus propios proyectos paralelos o con modelos de negocio similares: como Alibaba o Huawei, y no sólo lo ha hecho inyectando ingentes cantidades de capital, sino robando información y secretos comerciales.


 


El fin último de la economía china es que el Estado lo planifique todo o que todas las empresas tengan al Estado como socio principal.

Nixon Piñango

 


La fábrica del mundo o, en realidad, una burbuja

Para ser la segunda potencia económica mundial (después de los Estados Unidos), China es un país sumamente pobre: su ingreso per cápita es poco más de nueve mil setecientos dólares al año. Para que tengan una idea, eso es casi tan o inclusive más bajo que el de algunos países en la cola de América Latina; sin mencionar que es una cifra empujada forzosamente hacia arriba por la mínima cúpula de multimillonarios chinos que tienen dinero gracias a los privilegios que el Partido Comunista les ha concedido. ¿Qué quiere decir esto? Que el chino promedio no ganará más de trescientos dólares al mes (y capaz me quedo corto), lo que le ubica debajo del subjetivo umbral de la pobreza. ¿Y por qué es así? Por el tipo de cambio, principalmente:


Los cimientos de la política monetaria china están en el empobrecimiento sistemático de los ciudadanos, con el fin de que el territorio parezca siempre un destino atractivo para la manufactura (sector secundario). En una movida muy antiética, el régimen envilece o multiplica sin reparos los medios de pago para destruir la capacidad adquisitiva de sus súbditos y hace que su país —que hubo atraído una fuerza inversora descomunal, convirtiéndose prácticamente en la fábrica del mundo— alcanzara unas tasas de crecimiento que el trabajador de a pie prácticamente ni percibió.


Porque es verdad que hay chinos muy ricos, que en ese país hay grandes ciudades donde la actividad comercial es frenética, pero la gran mayoría tiene estándares de vida africanos. Si viésemos cualquier documental que se sitúe allí, evidenciaríamos lo que digo en sus imágenes: gente pobre por doquier.


Además, mucho en la economía china es resultado del crecimiento ficticio propiciado por las inyecciones de liquidez que el Estado lleva a cabo en actividades no-rentables, con el fin de garantizar empleo para todos. Llevo años mencionando esto en artículos y redes sociales, hablando —por ejemplo— de las gigantescas ciudades que se han erigido de la nada (como Ordos) y que ahora están prácticamente vacías porque nadie quiere vivir en ellas, o de las recepciones de los hoteles en las que decenas de personas se comparten las labores que un solo individuo puede hacer con una simple computadora…



Este tipo de cosas han hecho que en China haya habido varias crisis en los últimos años, lo que pasa es que, adivinen qué… Hablamos de un país totalitario, sin libertad de expresión, y nada de lo malo que sucede allí saldrá ante los ojos del mundo tan fácilmente. Eso me lleva al siguiente y último punto.


 


Los cimientos de la política monetaria china están en el empobrecimiento sistemático de los ciudadanos, con el fin de que el territorio parezca siempre un destino atractivo para la manufactura.

Nixon Piñango

 


Los omnipresentes ojos del dragón

Muchos tenían la idea, quizás ingenua, de que China era otro país autoritario más. No obstante, la sofisticación de los sistemas de represión y caza que el régimen comunista ha implementado, hacen que ese país sea quizás el más autoritario del mundo. Para empezar, allí todos están vigilados. Pudiesen creerlo o no, pero es una realidad, manifiesta sobre todo en zonas de hostilidad interna como el Tíbet, la región de Sinkiang o Hong Kong.


Se cree que hay oficinas enteras dispuestas por el Estado para hacer mapas biométricos de los rostros de todas las personas que pertenecen —por ejemplo— a la etnia Uigur, quizás la más marginada de todas las que habitan en China por su religión (el Islam) y sus intenciones separatistas. Pero en general, no hay nada que se pueda hacer sin que el Estado se entere… ¿Y cómo existe entonces el mercado negro, y las ilegalidades mínimas que se pasan por alto?, se preguntarán.


Si has vivido en Venezuela, entenderás qué significa un sistema paralelo de acción donde los ciudadanos descansan de las excesivas regulaciones estatales (esto se conoce de forma técnica como agorismo). Si no lo sabías, debes saber que los propios comunistas están conscientes de que es imposible que un Estado sustente todas las necesidades de sus súbditos, por eso deja ser a esos sistemas paralelos donde, si bien hay mucho vicio, se crea riqueza genuina a través de los intercambios comerciales privados.


En China pasa exactamente igual; hasta los propios burócratas comparecen a esos mercados negros en los que se vende de todo. Pero basta con que te quejes, con que llames mucho la atención o expongas a la comunidad internacional algo de lo que sucede allí… Las autoridades lo sabrán ipso facto y serás encarcelado, sometido al sistema de justicia del régimen que no es más que un vulgar aparato de represión.


Prueba de esto también se ha visto en Hong Kong, donde hay protestas en oposición al intento del Partido Comunista por acabar con la política de un país, dos sistemas que impera en esa región desde el fin del colonialismo británico en los años noventa. Una de estas jornadas de protestas se denominó la Revolución de los Paraguas porque quienes salían a manifestarse utilizaban sombrillas para evitar que sus caras fueran captadas por las cámaras de seguridad y que luego el régimen de Beijín utilizara esas imágenes para irlos dando de baja poco a poco.


 


La sofisticación de los sistemas de represión y caza que el régimen comunista chino ha implementado, hacen que ese país sea quizás el más autoritario del mundo.

Nixon Piñango

 


Conclusiones

Catalogar al sistema chino como un capitalismo salvaje, como lo hacen algunos, es simplemente no saber nada, es ignorar la realidad de una forma harto peligrosa. Por supuesto que el régimen de China es salvaje, pero es un régimen socialista, un lugar donde la libertad es un bien tan escaso, que es casi invisible.


China no es un país capitalista, libre o deseable. Replicar su modelo sería contraproducente para los ciudadanos del país que intente hacerlo. Es importante, además, que su influencia merme en el resto del mundo, no sólo por el bien de la humanidad, sino también por el propio bien de los ciudadanos chinos, que en buena parte pueden ser exculpados de las acciones que lleva a cabo la tiranía que los subyuga.


 


Catalogar al sistema chino como un «capitalismo salvaje» es ignorar la realidad. Por supuesto que el régimen de China es salvaje, pero es un régimen socialista, un lugar donde la libertad es un bien tan escaso, que es casi invisible.

Nixon Piñango

 


Nixon Piñango

Escrito por: Nixon Piñango

viernes, 3 de julio de 2020

Numerosas residencias de ancianos católicas fueron allanadas y clausuradas en China comunista

El PCCh utiliza todas las herramientas posibles para forzar a los objetores de conciencia católicos a ingresar a la Iglesia Patriótica, incluso disolviendo las organizaciones caritativas que dirigen.

por An Xin
La diócesis de Mindong, en la provincia suroriental de Fujian, ha sufrido una severa persecución a manos del Partido Comunista Chino (PCCh) debido a que la mayor parte de sus sacerdotes se negaron a unirse a la Asociación Patriótica Católica China (APCC). Las directrices del Vaticano de 2019, emitidas nueve meses después de que se firmara el acuerdo entre el Vaticano y China del 2018, prevén que los sacerdotes y obispos de lo que se conocía como la Iglesia católica clandestina pueden permanecer fuera de la APCC por razones de conciencia. A pesar de ello, el régimen comunista utiliza cualquier medio posible para colocar a todos los católicos bajo su control.
Cinco parroquias de la diócesis fueron clausuradas en el mes de enero después de que sus sacerdotes fueran presionados a unirse a la Iglesia patriótica por más de un año, utilizando adoctrinamiento, prácticas intimidatorias e incluso sobornos. Todas las organizaciones caritativas establecidas y administradas por las parroquias también fueron reprimidas. Una de esas víctimas fue «El Hogar de la Benevolencia«, una residencia de ancianos operada por monjas y fundada hace más de 20 años por una iglesia católica en Saiqi, un poblado administrado por la ciudad de Fuan de Fujian.
El 12 de enero, aproximadamente 50 funcionarios del Gobierno local y policías allanaron la residencia de ancianos en la que vivían más de 30 personas, algunas de las cuales procedían de hogares de bajos recursos o eran discapacitadas.
La residencia de ancianos fundada por la Iglesia de Saiqi fue clausurada.
La residencia de ancianos fundada por la Iglesia de Saiqi fue clausurada.
Un miembro de la iglesia le dijo a Bitter Winter que funcionarios gubernamentales cortaron el suministro de agua y electricidad de la residencia de ancianos y luego la clausuraron por la fuerza alegando que «las medidas de control de incendios eran deficientes». Todos los residentes fueron sacados a la rastra del edificio, muchos sollozaban, otros suplicaban que se les permitiera quedarse, ya que no tenían a dónde ir. Pero los funcionarios simplemente los ignoraron, afirmando que tenían que resolver sus problemas por sí mismos. Tres ancianos residentes lograron esconderse en la iglesia, pero fueron prontamente descubiertos por los oficiales, quienes los sacaron a la rastra y los despojaron de sus mantas y ropa.
«Los oficiales fueron sumamente agresivos y estaba tan asustado que me desmayé», recordó vívidamente un residente de 68 años. «La vida espiritual es vital para mí. No tengo familia. ¡Cuando vivía en la residencia de ancianos de mi iglesia y podía asistir a misa me sentía feliz! ¡Esta expulsión se siente como si hubiera muerto!».
«El Partido Comunista es el diablo», comentó con ira otra residente de la residencia de aproximadamente 90 años.
Un creyente de más de 80 años relató cómo, durante la redada, los oficiales les dijeron a los residentes del hogar de ancianos que el mismo estaba siendo clausurado para presionar a los sacerdotes de la parroquia a unirse a la APCC. Uno de ellos, el padre Huang, fue continuamente perseguido por negarse a ser gobernado por el PCCh. «Incluso nos presionaron para convencerlo de que firmara una solicitud de adhesión a la APCC», añadió el creyente. “Si lo hubiéramos hecho, podríamos haber tenido la oportunidad de quedarnos en la residencia de ancianos, pero nuestra fe sería controlada por el Partido Comunista. Ya no sería catolicismo».
El 2 de abril, la policía detuvo al padre Huang y lo torturó privándolo del sueño. Tras cuatro días, exhausto hasta el punto de sufrir un colapso mental, aceptó unirse a la APCC.
Una residencia de ancianos operada por objetores de conciencia católicos en Fuzhou, una ciudad a nivel de prefectura de la provincia suroriental de Jiangxi, fue allanada el 1 de enero. Seis funcionarios del Gobierno local y policías registraron la residencia y confiscaron 30 publicaciones religiosas, una cruz y otros símbolos y pinturas religiosas. También presionaron al sacerdote de la iglesia para que firmara una solicitud de adhesión a la APCC, pero el mismo se rehusó a hacerlo.
La residencia de ancianos fue despojada de todos sus símbolos y pinturas religiosas.
La residencia de ancianos fue despojada de todos sus símbolos y pinturas religiosas.
Ni siquiera las residencias de ancianos fundadas por iglesias católicas controladas por el PCCh se libran de la persecución. Católicos de iglesias estatales de Xian, un condado administrado por la ciudad de Cangzhou en la provincia norteña de Hebei, han dirigido el «Centro de servicios para ancianos de Lude» durante más de 20 años. El mismo fue registrado como una institución de bienestar social autorizada por el Gobierno en el año 2013.
El 8 de octubre de 2019, tres funcionarios visitaron la residencia de ancianos y proclamaron que era «demasiado religiosa». Añadieron que las residencias de ancianos no podían tener símbolos religiosos, tales como cruces, y que a los residentes no se les permitía practicar su fe.
Un mural religioso con la imagen de Jesús fue cubierto con un dibujo de un paisaje.
Un mural religioso con la imagen de Jesús fue cubierto con un dibujo de un paisaje.
Según un testigo presencial, los funcionarios les ordenaron a los trabajadores que retiraran la cruz y la escultura de José sosteniendo al niño Jesús del pabellón situado en la puerta de la residencia de ancianos y que cubrieran o retiraran el resto de las esculturas religiosas.
La escultura de José sosteniendo al niño Jesús fue retirada.
La escultura de José sosteniendo al niño Jesús fue retirada.
El letrero del edificio que decía “Entrenamiento juvenil de cien días” en las instalaciones de la residencia de ancianos fue eliminado, y la imagen de Jesús existente en una composición de arte religioso cercana titulada “El Buen Pastor”, fue cubierta, dejando solo las tres ovejas.
El letrero del edificio que decía “Entrenamiento juvenil de cien días” y la estatua de Jesús fueron cubiertos.
El letrero del edificio que decía “Entrenamiento juvenil de cien días” y la estatua de Jesús fueron cubiertos.
«El Gobierno quiere impedirnos practicar nuestra fe», afirmó el testigo ocular. «Pero no puede controlar nuestros corazones, donde vive el Señor».
En la cafetería, un mural, titulado "Cinco panes y dos peces", fue reemplazado por una pintura de un paisaje.
En la cafetería, un mural, titulado «Cinco panes y dos peces», fue reemplazado por una pintura de un paisaje.