"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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domingo, 30 de junio de 2019

“Estaba sirviendo a Lucifer sin saberlo”, el libro-choque de un ex francmasón

© RIEGER Bertrand / hemis.fr / Hemis

Christian Redier | Mar 17, 2017
Entrevista a Serge Abad-Gallardo, antiguo “hijo de la viuda”
Serge Abad-Gallardo se dio a conocer con su primer libro Por qué dejé de ser masón (ed. LibrosLibres, 2015). Después de sus impactantes declaraciones, vuelve de nuevo con otro singular título: Je servais Lucifer sans le savoir [Servía a Lucifer sin saberlo] (ed. Téqui, 2016).
En su primera obra, usted explica de qué manera son incompatibles el catolicismo y la masonería. ¿Cuáles fueron las reacciones de los católicos y los masones?

En general, las reacciones fueron muy favorables, aunque no todas. Después de haber dado más de cuarenta conferencias sobre este tema desde octubre de 2014, creo que los católicos están convencidos de esta incompatibilidad pero quieren más precisiones sobre su naturaleza.

Algunos francmasones a veces también participan en las conferencias y se expresan con más o menos agresividad, pero no entienden. Tal vez sea porque están profundamente “atrapados” por la doctrina relativista. Tal vez porque consideran que -y cito- “la Iglesia no entiende nada”.

Por esta razón, el cardenal Ratzinger, por entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, detalló los motivos doctrinales de esta incompatibilidad en el decreto del 26 de noviembre de 1983 [que el lector puede encontrar en su totalidad aquí, Ndlr].

Pero la francmasonería es muy obstinada. El padre Alberto Bárcena Pérez, por ejemplo, explica en su libro (Iglesia y Masonería: Las dos ciudades, ed. San Román, 2016) que un masón y político francés había enviado una carta el 8 de marzo de 2016 al papa Francisco pidiéndole nada menos que cambiara los 300 años de doctrina vaticana que prohibía a un católico pertenecer a la masonería.

[No obstante, esta perspectiva no es inédita ni siquiera en el seno mismo de la Iglesia. Así, para el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo pontificio de la cultura, “hay que superar la hostilidad, las ofensas, los prejuicios recíprocos”. El teólogo francés Jean Rigal declaró recientemente en el periódico La Croix: “¿No sería más beneficioso un debate que una condena? (…) Con motivo del Año de la misericordia, ¿por qué no apartar definitivamente esta acusación de “pecado grave”, que se imputa exclusivamente, al menos de esta forma, a los “iniciados” en las obediencias masónicas?”. Ndlr]

Ahora bien, usted va más lejos todavía y afirma que la masonería es, in fine, un culto a Lucifer. ¿Está usted seguro?

Totalmente. Y cito cerca de 200 documentos masónicos. Según explicaba un autor español, eminente especialista en el tema (Ricardo de la Cierva: Masonería, Satanismo y Exorcismo), “Satán no necesita que le rindan culto para conseguir sus fines. Todo lo que tiene que hacer es evitar que el hombre siga a Jesús”.

La influencia luciferina es sutil, no se trata de un “culto” directo a Lucifer. La francmasonería no es una “Iglesia satánica”. No obstante, yo cito numerosas “planchas” [obras, N.d.r.] masónicas que alaban explícitamente a Lucifer*. En definitiva, existen en ciertos Altos Grados una serie de signos luciferinos, que describo en el libro.

De igual forma, el esoterismo, el hermetismo, el ocultismo, que fundamentan los rituales masónicos, son prácticas propiamente satánicas. Muchos de los escritos que cito glorifican explícitamente a la Serpiente del Génesis, como liberadora de la Humanidad. No se puede ser más claro: la francmasonería, con todas sus obediencias y ritos, es luciferina.

¿La mayoría de los “hermanos” son conscientes de este culto?

No. Muchos piensan que la francmasonería no es más que una asociación filosófica común y corriente orientada a “liberar” a la Humanidad. No es el caso. Y no son muchos los francmasones que disciernen la acción mágica de los rituales.

A pesar de esta abrupta constatación, usted afirma no desear dañar a los masones, sino tenderles la mano. ¿Qué le diría a un amigo francmasón?

Querría convencerle de que no me sitúo en una postura básica “antimasónica”, sino que respeto la liberta de conciencia y de religión. Tampoco les guardo ninguna animosidad, aunque consideren que a veces hablo mal de la institución a la que pertenecen. Pero yo he distinguido claramente entre los francmasones y la francmasonería.

Quisiera hablarles del Amor loco de un Dios que nos ama tanto que vino a morir en la Cruz para salvarnos y les invitaría a una adoración del Santo Sacramento o a una Lectio Divina. Verían la diferencia entre la Palabra de Dios, recibida en nuestro corazón, y la “Palabra perdida” de la francmasonería.

¿Se puede salir fácilmente de la masonería?

En teoría, sí. Basta con una simple carta. [A los francmasones les gusta decir que, a diferencia de las sectas, es muy difícil entrar en la masonería y muy fácil salir, n.d.r.]. Pero en la práctica se vuelve más complicado. Sobre todo si, como yo, se ha sido mucho tiempo francmasón: se pierden todos los “amigos”, todos los contactos y las redes profesionales. Tal vez es más difícil todavía si, como yo, se escribe y se dan conferencias sobre ello.

En el plano espiritual, no hay que desdeñar una oración de liberación, o incluso más. En cualquier caso, es aconsejable hablar con un sacerdote bien informado en estas cuestiones (quizás no sea el caso, por desgracia), y al menos confesarse para poder recibir de nuevo los sacramentos.

¿Aconsejaría usted a los masones que fueran a ayudar a los pobres, al hospital, por ejemplo, como hizo usted?

La relación de la francmasonería con el dolor humano es algo particular. Es en general algo conceptual, es decir, que concierne a la “Humanidad” y atañe sobre todo a conceptos e ideas. Sin embargo, todo sea dicho, algunos masones se involucran de verdad en acciones humanitarias.

Pero la francmasonería no solicita la solidaridad de sus miembros más que para ayudar a los “hermanos” con dificultades. Recuerdo, por ejemplo, “colectas” en la logia para aportar ayuda financiera a “hermanos” afectados por las inundaciones en el departamento francés de Herault en 2004. ¡Pero no para los “profanos”! A diferencia de la Iglesia, que siempre ha estado próxima a los pobres y a los que sufren, creyentes o no.

¿Qué consejo me permitiría darle a los masones? Primero, que renunciaran para seguir a María y a Cristo. Luego, como decíamos, que ayudaran a los que sufren, pero con la caridad del Señor. Porque esta misión no es solamente humanitaria. Es la caridad de Dios y de la Iglesia.

Sin embargo, no me imagino que un masón pudiera ayudar a un moribundo invocando (los masones no rezan) al Gran Arquitecto Del Universo: el G.A.D.U. no murió en una cruz para salvarnos. Así que no es un “dios” personal y amoroso, sino un concepto vago. Por el contrario, la oración cristiana no es más que una llamada a la piedad del Señor, en comunión con el Espíritu Santo.

Entrevista realizada por Christian Redier.


Je servais Lucifer sans le savoir, de Serge Abad-Gallardo, ed. Pierre Téqui, 224 págs., 16’50 euros.
* Lucifer significa en latín portador de luz; en la tradición cristiana es el ángel caído por rebelarse contra Dios, según menciona Isaías. Cuando la francmasonería habla de “Luz”, habla de un saber esotérico, hermético y oculto, un “Conocimiento” que persiguen los francmasones. Se simboliza con una ‘G’ a menudo inscrita en signos masónicos, dentro de una estrella de cinco puntas o bien dentro de un compás y una escuadra, los útiles del maestro masón, del arquitecto. Esta ‘G’ designa la gnosis (del griego gnôsis, conocimiento), un saber oculto, reservado únicamente a los iniciados. Los primeros cristianos, san Ireneo entre ellos, advirtieron seriamente contra una lectura gnóstica del Evangelio, considerada como una grave herejía.
(https://es.aleteia.org/2017/03/17/estaba-sirviendo-a-lucifer-sin-saberlo-el-libro-choque-de-un-ex-francmason/?fbclid=IwAR2apgXIYGPG0l44NCdqwdknXwrj5M4JSelS8V_vq7SX-uYHG77vsosvQbo)

martes, 11 de junio de 2019

Además de masón, el líder opositor venezolano, Juan Guaidó, también cuenta con un astrólogo


Guaidó, masón y adicto a la brujería.

Secretaría RIES, el 11.06.19 

Ayer informábamos de los vínculos de Nicolás Maduro con la secta del gurú Sai Baba y con la santería cubana –esto último en continuidad con su predecesor, Hugo Chávez–, y hoy recogemos las informaciones de que también Juan Guaidó, el líder opositor venezolano, tiene a su propio “gurú”. Un astrólogo que cree que Guaidó es descendiente de “un jefe indígena del siglo XVI”. Lo cuenta Catalina Göpel en el medio chileno La Tercera.

Alberto Fujimori solía consultar con videntes y brujas y en algún momento lo mismo hizo Hugo Chávez. En América Latina el vudú, la santería y otros cultos paganos forman parte de la cotidianidad, al punto que uno de los principales consejeros de Jair Bolsonaro es el astrólogo Olavo de Carvalho.

A este “club” con guías espirituales ahora se ha sumado Juan Guaidó, que tiene a un “adivino” como asesor informal. Se trata de “David”, quien ha vinculado al líder opositor venezolano como descendiente de Guaicaipuro, un cacique nativo indígena y líder de varias tribus Caribes del siglo XVI.

“El astrólogo del presidente”
“Un hombre con anteojos de búho se sentó entre nosotros. Se presentó como David, el astrólogo del presidente”, escribió el periodista estadounidense Jon Lee Anderson, en un reportaje sobre Guaidó y Venezuela publicado en la revista The New Yorker.


Hasta el artículo de Jon Lee Anderson, influyente cronista y voz autorizada en asuntos sobre política latinoamericana, David era un personaje desconocido. De hecho, nunca había sido mencionado como parte del círculo del dirigente opositor.
“Guaidó en sí, es como un buen venezolano más: agradable en su persona, de risa fácil y muy entrador en el sentido humano”, explica a La Tercera el propio periodista norteamericano. Y agrega que si bien no tiene un discurso muy elaborado, “con su juventud, su optimismo y su arrojo (hay que reconocerle cierta valentía por su disposición a desafiar al gobierno repetidamente) él ofrece un aire fresco, quizás, a los que buscan un cambio, y una sensación de posible porvenir”.

Poco es lo que se sabe, hasta ahora, del origen de David y el impacto de sus predicciones sobre el actuar de Guaidó en Venezuela. Ambos se habrían conocido en La Guaira, estado de Vargas. Y a su juicio, de acuerdo con el reportaje de Jon Lee Anderson, los cubanos “habrían practicado artes oscuras para llevar a Maduro al poder”.

Guaidó, el elegido

Fue en un viaje a Vargas, el estado natal de Guaidó, cuando Jon Lee Anderson vio por primera vez a David. Junto a ellos también se encontraba el jefe de gabinete, Roberto Marrero (que fue apresado el pasado 21 de marzo).

El astrólogo venezolano no sólo predice cómo serán los trayectos de Guaidó en su labor como líder de la oposición, sino que también lo apuntó como “el elegido” para liberar Venezuela. De acuerdo con David, todos los líderes de Venezuela serían “reencarnaciones de sus predecesores”.

De esta manera, así como Guaidó sería descendiente de Guaicaipuro, Chávez también. En 2001, mediante un decreto, el entonces Presidente aprobó el traslado de los restos del cacique al Panteón Nacional, “como acto de reivindicación histórica de la heroica resistencia de los pueblos originarios a la conquista y ocupación del imperio español”. De todas formas, según la explicación que dio David, Juan Guaidó también tendría entre sus ancestros a Tiuna, otro antiguo jefe indígena.

“Amigos desde antes”
Pero en el círculo de Guaidó intentan bajarle el perfil al rol del astrólogo. Así, distintas fuentes comentaron a La Tercera que David no es el astrólogo permanente del presidente encargado de Venezuela, aunque sí se conocen. “Son amigos desde antes y la astrología responde a su profesión”, sostienen.

“Coincidió en la entrevista con Jon Lee Anderson que esta persona estuvo presente, pero es parte de un cuento, de tratar de retratar un Macondo. Pero no es así, porque Juan Guaidó no está en ese asunto”, agregaron desde su círculo, reiterando que es sólo una amistad y que el líder opositor nada tiene que ver con la astrología.

Consultada sobre la amistad entre David y Guaidó, Fabiana Rosales, la esposa del líder opositor, no quiso confirmar el vínculo y sólo dijo a La Tercera que “se conocen hace un tiempo”.

Inclinación por lo esotérico
Para el filósofo venezolano y académico de la Universidad Simón Bolívar Erik del Bufalo, “la relación entre política y esoterismo en Latinoamérica es muy particular”, y así como a Hugo Chávez se lo vinculó con brujerías, magia y santería, “Guaidó tiene su inclinación por la astrología. (Henrique) Capriles, quien fue candidato a la Presidencia, también tenía su inclinación por la mística cristiana y la metafísica de Conny Méndez, utilizando sus frases de que ‘el tiempo de Dios es perfecto’”.

Méndez fue una famosa teósofa y cantante venezolana, cuya popularidad se extendió en las décadas de los 50, 60 y 70 en su país (véanse aquí los detalles). “Esto no tendría nada de malo en sí mismo, pero ahora en Venezuela todo pareciera una estrategia política. Una cosa son los refuerzos espirituales y mentales de un político, y otra es la estrategia que lleva a un fin”, concluye Del Bufalo sobre los métodos que también calificó de “premodernos”.

Predicciones sobre Trump
En el artículo de The New Yorker, el sujeto es nombrado como “Davíd” (sin apellido). “Para el viaje de una hora en automóvil desde Caracas, nos sentamos en la parte trasera de un vehículo blindado”, relató. En el recorrido, el adivino predijo que en el camino “no nos encontraríamos con ningún colectivo, un grupo de matones paramilitares que deambulaban en motocicletas y disparaban a manifestantes opositores. Los colectivos, declaró, eran ‘la encarnación del mal’ y ‘representantes del diablo en la Tierra’”.

El periodista, según resume The Clinic, señala que David conoció a Guaidó en diciembre y las primeras palabras que le dijo fueron: “Tú eres el elegido”. “Venezuela está ordenado para ser el mejor país de la región, y después de una guerra mundial, que ahora se está desarrollando, recibirá a muchas personas de todo el mundo (…) Sin embargo, para estar listo, debe ser liberado”, agregó.

Al cierre del artículo, Anderson retrata una conversación con Guaidó sobre las elecciones en Estados Unidos. “David interrumpió para decir que había ‘leído las cartas’ y que era probable que Trump ganara la reelección, pero que dependía de que Venezuela se liberara. Añadió que Trump tenía un ‘problema kármico’ porque ‘no sabía cómo expresarse’, pero que tuvo éxito a pesar de sus impedimentos. ‘Es como Maxwell Smart’, dijo David, el espía torpe de la comedia de los sesenta. ‘Todo lo que hace está mal, pero al final sale bien’”, cerró.

Categorías : Esoterismo - Ocultismo
InfoCatólica
(http://www.infocatolica.com/blog/infories.php/1906110641-el-lider-opositor-venezolano?fbclid=IwAR1fdHLCSxVStOr8kYdo0q-GCRvY30Bm8VWr7k5NyQXXEy4zuQZNxl6LtnI)

lunes, 11 de diciembre de 2017

Habla un ex-maestro grado 14: “Si se es masón no se puede ir a comulgar”


Serge Abad-Gallardo estuvo 24 años en la masonería y ahora lo cuenta todo.

El francés Serge Abad-Gallardo llegó a ser masón grado 14, pero después de convertirse en Lourdes pone al descubierto las conexiones de la masonería con Lucifer. “No es posible ser cristiano y masón” afirma. Tras dejar las logias fue perseguido y se quedó sin trabajo.

Nicolás de Cárdenas -  11/12/2017
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Era un destacado arquitecto, tenía un importante puesto de trabajo y lo perdió cuando abandonó la masonería y puso al descubierto secretos inconfesables. Escribió un libro en el que apunta las conexiones entre la masonería y el satanismo, Por qué dejé de ser masón (editorial Libros Libres)

Y sufrió persecución y diversos ataques. Sin embargo dice estar feliz porque ha encontrado la verdad. Esa verdad que él buscaba en una sabiduría engañosa, la de las logias.

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En una entrevista que ha concedido a Álex Rosal para La Contra TV, Serge Abad-Gallardo, explica que, digan lo que digan algunos masones, la masonería es incompatible con el catolicismo. “La masonería es una religión, y tiene derecho a serlo, pero no se puede ser de dos religiones diferentes y sobre todo antagónicas”.

“Querer ser como Dios, como pretende la sabiduría masónica es una blasfemia, promovida por Lucifer”

Y tan antagónicas, ya que –según Abad-Gallardo- lo que esconde la sabiduría masónica es la tentación de “querer ser como dioses”, promovida directamente por Lucifer. Lo cual “querer ser como Dios” es una blasfemia.

Sostiene este masón grado 14, y por lo tanto testigo privilegiado de los secretos de las logias, que “la masonería es la anti-Iglesia”, cuyo objetivo es destruir a la Iglesia católica.

Cuenta en la entrevista que en la masonería de rito escocés existe una ceremonia, la Fuerza de la Luz, para iniciar el Año Nuevo masónico, en el que se da gracias a Lucifer por dar luz a la Humanidad.

Y que en el grado 18 se celebra un rito similar a la de la Eucaristía, en el que un maestro reparte pan y vino, y que se llama la Cena, “lo cual es otra blasfemia”.

Un sacerdote le dijo a Serge que “si se es masón no se puede ir a comulgar”.

El problema, explica Abad-Gallardo, es que muchos masones, de distintos grados, “sirven a Lucifer sin saberlo”.

Cuenta en el vídeo que existen tres niveles de masones.

“Un 15 o 20% de los masones está interesado únicamente por el poder profesional y político pues esto “funciona bien.

Un 30 o 40% son  “revolucionarios”, que echan de menos la Revolución Francesa y quieren ser herederos de Robespierre.

Y el resto, “son personas que buscan pero que son engañadas por la masonería”.

Abad-Gallardo desmiente el tópico de que hay una masonería blanca y otra negra, ya que “solo hay una masonería, no varias”. Y que, en el fondo, es una religión, que tiene sus dogmas.
(https://www.actuall.com/entrevista/laicismo/habla-ex-maestro-grado-14-se-mason-no-se-puede-ir-comulgar/)

jueves, 21 de mayo de 2015

Ex-masón revela que la masonería fue determinante para introducir el aborto en Francia


En su libro "Yo fui masón" explica que la masonería fue determinante en la introducción del aborto libre en Francia en 1974. 
--Maurice Caillet: La elección de Valéry Giscard d'Estaing como Presidente de la República francesa en 1974 llevó a Jacques Chirac a ser elegido Primer Ministro, teniendo éste como consejero personal a Jean-Pierre Prouteau, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, principal rama masónica francesa, de tendencia laicista. En el Ministerio de Sanidad colocó a Simone Veil, jurista, antigua deportada de Auschwitz, que tenía como consejero al doctor Pierre Simon, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia, con el cual yo mantenía correspondencia. Los políticos estaban bien rodeados por los que llamábamos nuestros "Hermanos Tres puntos", y el proyecto de ley sobre el aborto se elaboró con rapidez. Adoptada por el Consejo de Ministros en el mes de noviembre, la ley Veil fue votada en diciembre. ¡Los diputados y senadores masones de derechas y de izquierdas votaron como un solo hombre!

--Usted comenta que entre los masones hay obligatoriedad de ayudarse entre sí. ¿Sigue siendo hoy así?

--Maurice Caillet: Los 'favores' son corrientes en Francia. Ciertas logias tratan de ser virtuosas, pero el secreto que reina en estos círculos favorece la corrupción. En la Fraternal de los Altos Funcionarios, por ejemplo, se negocian ciertas promociones, y en la Fraternal de Construcciones y Obras Públicas se reparten los contratos, con consecuencias financieras considerables. 


--¿Usted se beneficio de esos favores?

--Maurice Caillet: Sí. El Tribunal de Apelación presidido por un "hermano" se pronunció sobre mi divorcio ordenando costas compartidas, en lugar de ponerlas todas a mi cargo, y redujo la pensión alimenticia a la ayuda que debía prestar a mis hijos. Tiempo después, tras tener un conflicto con mis tres socios de la clínica, otro "hermano masón", Jean, director de la Caja de la Seguridad Social, al enterarse de este conflicto, me propuso asumir la dirección del Centro de Exámenes de Salud de Rennes. 

(artículo extraído de: http://www.zenit.org/es/articles/confesiones-de-un-antiguo-mason)

miércoles, 29 de abril de 2015

Hija de masón confirma bilocación del Padre Pío y aparición de la Virgen

Giovanna Rizzani, Padre Pio

En el convento de san Elías de Pennisi (Italia), Fray Pío experimentó por primera vez el fenómeno de la bilocación. La noche del 18 de enero de 1905 -narra él mismo-, mientras se encontraba en el coro, recogido en profunda oración, se sintió trasladado a una casa señorial de la ciudad de Údine, donde estaba muriendo un hombre y naciendo una niña.

El caso, curioso por decir lo menos, lo puso por escrito el joven Pio a indicación de su director espiritual y, pasados los años, se cruzaría este testimonio con el de Giovanna Rizzani, la segunda protagonista de la historia… 

"Hace días- escribe Fray Pío- me sucedió un hecho insólito: Mientras me encontraba en el coro con Fray Anastasio, eran como las 23 horas del día 18 del mes en curso (enero de 1905), de pronto me encontré lejos en una casa señorial donde el padre moría mientras nacía una niña. Se me apareció entonces la Santísima Virgen María que me dijo:

"Te confío a esta criatura, es una piedra preciosa en su estado bruto. Trabájala, límpiala, hazla lo más reluciente posible, porque un día quiero adornarme con ella…".

Le contesté a la Virgen:

"¿Cómo podría ser posible, si yo soy todavía un pobre clérigo y no sé si un día podré tener la fortuna y la alegría de ser sacerdote? Y además si llegara a ser sacerdote, ¿cómo podré ocuparme de esta niña, viviendo yo tan lejos de aquí?".

La Virgen me respondió:

"No dudes. Será ella quien vendrá a ti, pero primero la encontrarás en la Basílica de San Pedro en Roma". Después de esto… me encontré otra vez en el coro".

Este escrito fue cuidadosamente guardado por el director espiritual del Padre Pío, el sacerdote Agostino de San Marco en Lamis. Luego, al conocer que los hechos se habían corroborado, lo confió al cuidado de la niña de quien se trataba el testimonio de Padre Pío, Giovanna Rizzani… nacida en Údine, el 18 de enero de 1905, mientras su padre –miembro de la Masonería- moría.

Tras la muerte del señor Juan Bautista Rizzani, su joven viuda Leonilde tomó a su hija recién nacida y se trasladó a Roma con sus papás. Allí, la pequeña Giovanna creció educada cristianamente.

Una tarde del verano de 1922 Giovanna, ya convertida en adolescente, se dirigió a la Basílica de San Pedro para confesarse. No se veía sacerdote alguno en los confesionarios, pero de improviso se le cruza un joven sacerdote capuchino quien bajo la petición de Giovanna acepta confesarla.

Ingresó, recuerda la chica, en el segundo confesionario, situado a la izquierda, entrando a la Basílica. Al finalizar la confesión… “lo esperaba para besarle la mano. Pero del confesionario no salió nadie, ¡porque no había nadie!”.

(Ni en 1905 u otro año, estuvo padre Pío en Udine, cerca de Venecia. Tampoco en 1922 salió ni un solo día de San Giovanni Rotondo).

En sus vacaciones de verano de 1923, narra Giovanna, fue con una tía y dos amigas a San Giovanni Rotondo, para conocer al sacerdote de quien tanto se comentaba, Padre Pío.

Era el atardecer. El corredor que llevaba de la antigua sacristía a la clausura del convento estaba abarrotado de gente, pero Giovanna se encontraba en primera fila. El Padre Pío, al pasar, la miró y le dijo: “Yo te conozco, naciste el día en que murió tu padre”, y le dio a besar la mano, bendiciéndola.

Al día siguiente, en el confesionario, lo oyó decir: “¡Hija mía, por fin estás aquí! Hace años que te estoy esperando…”.

Giovanna respondió: “Padre ¿qué quiere de mí? Yo no lo conozco. Es la primera vez que vengo a S. Giovanni Rotondo. Acompaño a mi tía. Quizás está en un error, me confundió con otra muchacha”.

“No, no me equivoco -le respondió el Padre Pío- ni te confundo con otra muchacha. Tú ya me conoces. Me encontraste el año pasado en la Basílica de San Pedro en Roma”.

Ante el asombro de Giovanna, ella recuerda que el padre le explicó que aquel confesor en el Vaticano era él. Luego para su asombro le habló de la encomienda que sobre ella recibió mientras estuvo presente durante la muerte de su padre… “Fuiste confiada a mi cuidado por la Santísima Virgen María”, fueron las palabras del santo sacerdote.


Artículo originalmente publicado por Porta luz
(http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/hija-de-mason-confirma-bilocacion-de-sacerdote-y-aparicion-de-la-virgen-5875426446540800)

Aborto, eutanasia, matrimonio gay... son leyes «preparadas en las logias», afirma un ex masón

Aborto, eutanasia, matrimonio gay... son leyes «preparadas en las logias», afirma un ex masón

Serge Abad-Gallardo estuvo recientemente en España para promocionar su libro.

Carmelo López-Arias / Aleteia

Muchas personas abandonan la masonería, pero muy pocas lo cuentan. Es el caso de Serge Abad-Gallardo, arquitecto francés que tiene ahora 60 años y pasó 24 como miembro de una de las obediencias más importantes de Francia, Derecho Humano. Su libro Por qué dejé de ser masón (LibrosLibres), publicado ahora en español, relata su apasionante experiencia. Tras su conversión al cristianismo (estaba bautizado, pero alejado de la Iglesia), percibió la incompatibilidad entre la religión católica y la ideología masónica y decidió irse. El proceso de vuelta a la fe resultó largo.

-¿Por qué ingresó en la masonería?
-Tenía la edad y la situación social ideales para la masonería: tenía 33 años y era alto funcionario municipal como director de urbanismo. Estaba alejado de la Iglesia y mi fe era bastante tibia. Un amigo que yo no sabía que era masón me propuso entrar. Me atrajo la curiosidad por los secretos que la masonería dice tener.

-¿Cuándo empezó a ver o saber cosas que le desagradaban?
-Al principio algunas palabras del ritual masónico (Rito Escocés Antiguo y Aceptado) me sugirieron una relación entre la masonería y la Iglesia. Por ejemplo, en la iniciación hay frases como “busca y encontrarás” o “llama y se te abrirá” que se encuentran en los Evangelios. Pero poco a poco me di cuenta de que su sentido no era el mismo. También escuché expresiones muy anticlericales. Eso no me gustó, pero me adapté, porque yo me encontraba lejos de la Iglesia. Además, en la masonería se hablaba mucho de fraternidad, pero me di cuenta de que detrás de esa “fraternidad” se encontraban algunos “arreglos” y luchas por el poder dentro de la misma masonería. Por último, cuando volví a la fe, comprendí las incompatibilidades entre el catolicismo y la masonería.



-¿Cómo fue ese proceso de conversión?
-¡Duró unos 9 años! Creo que Dios me dejó pasar tanto tiempo en el error de la masonería (24 años, hasta ser venerable maestro e ingresar en los altos grados) para que hoy ningún masón pueda decirme –como algunos lo han intentado, con mucha mala fe- que no comprendí nada. Pasé por varios estadios. Primero, como explico en el libro, tuve conciencia de la presencia de Cristo a mi lado. Esto empezó en 2002, cuando conocí a un padre franciscano cerca de Aix-en-Provence. Sus palabras al principio me parecieron masónicas y me gustaron porque pensaba que había una relación entre masonería y catolicismo, pero a medida que le iba escuchando comprendí que el sentido de esas palabras era fundamentalmente distinto.

-¿Por ejemplo?
-Cuando la masonería habla de “Luz”, habla de un “Conocimiento”, un saber esotérico, hermético y oculto. Mientras que aquel franciscano me hablaba de “Luz” como el amor de Dios por nosotros. Otro ejemplo: cuando la masonería dice “busca y encontrarás”, se trata de buscar por uno mismo y encontrar en uno mismo, es la palabra hermética masónica “V.I.T.R.I.O.L.” (Visita Interiorem Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem: Visita el interior de la tierra y rectificando encontrarás la piedra oculta). Pero las palabras del Evangelio no significan nada de eso: significan que Dios nos busca antes incluso de que nosotros pensemos en buscarle a Él. Es Dios quien da el Amor al hombre, más que al revés. El amor del hombre es una imagen del Amor de Dios, Dios nos ha hecho a su imagen. ¡Todo esto no tiene nada que ver con la magia, el ocultismo o fórmulas simbólicas! Salí de este encuentro con el franciscano totalmente conmovido, y sentí la presencia de Cristo a mi lado. No podía imaginar que Él me amaba con ese Amor inmenso que ahora sí sentía. No hay palabras para expresarlo.

-Pero aún no se convirtió del todo…
-Empecé de nuevo a rezar, aunque no a ir a misa. Un día de 2005, en una época mala de mi vida, estaba en la capilla cuando Cristo me contestó. Fue una experiencia tremenda, casi me caigo del banco. Aun así, seguía resistiendo y no comprendía lo que Cristo esperaba de mí.

-¿Qué pasó después?
-En 2012 experimenté lo que podríamos llamar “el Mal”. Me encontré de frente a lo más negro del alma humana y ante la presencia del diablo en nuestras vidas con embrujos y magia. Puede parecer increíble, pero no tengo más remedio que contar las cosas como pasaron. El mundo se cerró para mí. En unos meses perdí mi empleo, mi buen sueldo, el chalet donde vivíamos, mi velero de doce metros, mi coche deportivo, mis amigos… Me sentía totalmente perdido y no hallaba respuestas en la masonería, que no podía contestar a la pregunta de por qué existe el mal en el mundo. Se me ocurrió pasar unos días de retiro en la abadía de Lagrasse, y allí, ante Cristo en la cruz, me puse a llorar y me di cuenta de que aquel Cristo lloraba conmigo. Ese amor fue como una luz. Pasé una semana con los monjes, y mi corazón se abrió ya totalmente al Amor de Cristo.

-Y entonces se fue de la masonería definitivamente…
-Todo lo que vivía en ella me pareció falso, o por lo menos tibio. No pude quedarme, porque además, comprendí que la masonería es totalmente incompatible con la fe católica.

-¿Tiene tanto poder como dice su leyenda?
-Sí, lo tiene. En Francia, desde 2012, muchos ministros son masones. Y los grandes maestros del Gran Oriente, de Derecho o de la Gran Logia Femenina quieren cambiar la sociedad. Leyes como el aborto, la eutanasia o el matrimonio del mismo sexo vienen de ideas masónicas. Un gran maestro de la Gran Logia de Francia, Pierre Simon, ha confesado que todas esas leyes estaban ya preparadas en las logias antes de ser votadas por los diputados.

-¿Y es conspiradora?
-La masonería cree en la “utopía”: es decir, que todo lo que resulta posible para un ser humano debe y puede permitirse: no hay límite en una ley natural que venga de Dios, la moral sólo proviene del pacto social. Luego no hay otro modo de vivir que el hedonismo: el placer y la felicidad en la vida son el único objetivo, no hay salvación eterna, hay que gozar de la vida. La masonería conspira, entonces, contra toda forma diferente de pensar a la suya.
(http://www.religionenlibertad.com/aborto-eutanasia-matrimonio-gay-son-leyes-preparadas-en-las-logias-afirma-42074.htm)

martes, 9 de diciembre de 2014

«Ser masón y católico: ¡Imposible!»

Un libro-testimonio sobre la masonería, escrito por un antiguo masón, está dando mucho que hablar en Francia: J´ai frappé à la porte du Temple. Serge Abad-Gallardo era masón durante más de veinte años antes de encontrar descanso y la fe católica. Él relata su viaje en Yo llamé a la puerta del Templo. Para la revista Famille Chrétienne, levanta el velo sobre un mundo que califica de opaco.

(Portaluz/InfoCatólica) «Se ha atrevido. Ha osado escribir sobre lo que nadie habla, sobre lo que a menudo se oculta. Corriendo el riesgo de levantar el velo sobre la masonería, aportando un testimonio. Su testimonio», introducía el pasado 2 de octubre L´Indépendant.
Su autor es un francés nacido en Marruecos en 1954 y de origen español, andaluz para más señas. Serge Abad-Gallardo, casado y con dos hijos, vino al mundo en una familia «católica, pero poco practicante», que tras la independencia del reino alauita se asentó en Francia en 1961. Con ello, su padre, contable de profesión pero también boxeador de alto nivel, pudo convertirse en campeón de Francia en 1951, y al año siguiente en campeón de Europa.
Finalmente sus padres se instalaron en Bastia (Córcega) en 1966, donde realizó sus estudios secundarios. En Marsella se licenció en arquitectura y empezó a ejercer como profesional liberal. Luego se incorporó a la función pública, con distintos cargos técnicos en Bastia, en Guayana, en la región de París, en la Costa Azul y, actualmente en Narbonne (Aude), donde trabaja en el área de urbanismo.
Pero fue al inicio de su carrera como funcionario, a los 33 años de edad, cuando un contacto profesional le llevó a ingresar en la masonería.
¿Por qué ingresó en la masonería?
Creo, simplemente, que me planteaba las mismas cuestiones que cualquiera sobre las razones por las que tenemos conciencia de estar en la tierra. Me pareció que la masonería podía tener respuestas. Además, me había alejado de la fe, en particular de la Iglesia. Y sobre todo creo que había en mí una cierta curiosidad por el «secreto masónico».
¿Cómo fue el primer contacto y en qué obediencia?
Fue una relación profesional, el gerente de una agencia inmobilaria, quien me propuso entrar en la masonería en 1988. Él tenía grado de oficial en una logia de Derecho Humano, que es una obediencia internacional y mixta. Yo me inicié en 1989, tras haber sido objeto de tres investigaciones y de las formalidades habituales.
¿En qué consisten?
Tres personas que tienen el grado de maestro se reúnen contigo y te preguntan sobre tu trayectoria personal, tus ideas filosóficas y socioeconómicas. Luego, si este paso es juzgado satisfactorio, se te invita al Templo masónico. Se te tapan los ojos, de forma que no ves ni las personas ni los lugares. Es entonces cuando debes responder a numerosas preguntas. Cuando te vas, los masones votan para aceptar o rechazar tu admisión. En mi caso, el voto fue unánime para aceptar mi candidatura. Luego pasé las pruebas de iniciación, que describo con precisión en mi libro J’ai frappé à la porte du Temple, parcours d’un franc-maçon en crise spirituelle (Téqui, París). No solamente cómo tienen lugar, sino cómo las viví yo.
Un proceso muy selectivo, según narra...
Las pruebas tienen lugar en el Templo y con los ojos vendados. Finalmente, tu padrino te quita la venda de los ojos y eres admitido entre los masones, con grado de aprendiz. Luego, al cabo generalmente de un año, pasas otras pruebas para convertirte en compañero. Entonces ya puedes hablar y participar activamente en los trabajos masónicos, porque como aprendiz, durante todo un año, estás obligado a un estricto silencio y se te encargan trabajos secundarios (poner y quitar los objetos del ritual para los trabajos, servir las comidas, lavar la vajilla, etc.). Un año después, pasas una nueva prueba para convertirte en maestro. Se trata, claro, de pruebas simbólicas.
¿Son tan impresionantes como se dice los ritos de iniciación?
Eso depende de las obediencias. Pero el objeto mismo de la iniciación, y de otras ceremonias para pasar al grado de compañero, y sobre todo de maestro, es sacudir la imaginación. Y, por tanto, impresionar.
¿Cómo?
En el Gran Oriente de Francia hay momentos un poco inquietantes, como cuando ponen la hoja de un cuchillo sobre el brazo del candidato (que tiene los ojos vendados) y se abre una botella de éter para que sienta el olor y parezca más creíble el anuncio de la ceremonia de mezclar su sangre con la del Venerable Maestro. Evidentemente, no hay corte, y eso es ficticio: en el momento preciso una voz se alza para interrumpir la ceremonia de la mezcla de sangres. ¡Pero eso lo ignora el candidato hasta el último momento, y piensa que realmente le van a hacer un corte en el antebrazo!
Eso en el Gran Oriente. ¿Y en Derecho Humano?
La primera prueba de iniciación es bastante impactante: tienes los ojos vendados, la música es ensordecedora y angustiosa (como la de una película de terror), se te empuja brutalmente a andar de un lado a otro, y se te detiene también brutalmente. Se te hace beber un brebaje dulce, luego uno amargo, luego los dos… Todo se hace para provocar en ti una inquietud. Del mismo modo, la primera cosa que ves cuando se te levanta la venda es una luz cegadora, e inmeditamente después, cuando los ojos se acostumbran... ¡las espadas de los masones apuntando hacia ti, diciendo que sus hojas amenazan a los traidores!
¿Qué le gustaba de la masonería?
La tarde de la iniciación, se te acoge con calor y fraternidad. Uno se siente honrado de formar parte de una sociedad secreta que te ha juzgado digno de estar entre sus adeptos. Más tarde, cuando te conviertes en maestro, conoces personas del ámbito político o administrativo que de otra forma jamás habrías conocido. Se tiene la impresión de formar parte de una élite de iniciados. También los símbolos son un objeto de estudio que puede parecer interesante.
¿Hay un ambiente de libertad en las logias?
En principio, la palabra es libre, y por tanto parece interesante poder expresarse libremente e intercambiar ideas. Pero pronto uno se da cuenta de que la palabra sólo es libre en el marco de lo que en mi libro denomino «la palabra masónicamente correcta». Es decir, uno no puede expresar fácilmente, y menos aún defender, convicciones direrentes a las sostenidas por la masonería (por ejemplo, sobre el matrimonio homosexual, la familia, el aborto, la eutanasia, etc.). Si eso sucede, uno queda enseguida en minoría, si es que no es objeto de burlas.
¿Dónde queda entonces la fraternidad?
La fraternidad resulta sobre todo de un sistema de influencia interna a fin de que algunos puedan acceder a ciertos poderes masónicos. Hay clanes. Por supuesto conoces también personas sinceras con quienes se pueden crear lazos de amistad.
¿Qué era lo que menos le gustaba de la masonería cuando estaba dentro?
Tanto en Derecho Humano como en el Gran Oriente, que también frecuenté, el anticlericalismo que existe en las logias. Se trata a veces incluso de cristianofobia.
¿Otros masones lo experimentan de la misma forma?
El pasado 4 de noviembre participé en un programa de Radio Courtoisie sobre la incompatibilidad entre el compromiso masónico y la fe católica, y una oyente llamó para decir que también ella había dejado la obediencia de Derecho Humano por el anticlericalismo que había encontrado.
Y usted había entrado, sobre todo, por razones digamos «espirituales»...
No encontré ninguna espiritualidad real en la masonería, y menos en los altos grados por encima de maestro.
Supongo que usted ha leído el testimonio de Maurice Caillet, en Yo fui masón...
Conozco muy bien a Maurice Caillet, con quien estoy habitualmente en contacto. Es un hombre fuera de lo común y de una gran valentía, y también de un gran rigor moral. Tengo un gran aprecio por él y por su esposa. Sé lo que él ha sufrido a causa de la masonería y cuáles han sido los problemas y amenazas que ha padecido.
Él explica muy bien el funcionamiento de la hermandad entre los masones para la promoción profesional. ¿Lo vivió usted también?
Yo jamás utilicé directa y voluntariamente las redes masónicas para obtener promoción profesional. No va con mi carácter. Pero, por ejemplo, el puesto que ocupé en la Guayana me fue comunicado por un masón. Y el presidente de la institución que me empleaba era también masón. Yo no lo sabía. Por entonces yo tenía una firma «masónica». No hay duda de que ese presidente se dio cuenta y me escogió con preferencia a otros por mi pertenencia a la masonería. Nada más contratarme, me confesó su pertenencia al Gran Oriente de Francia.
Es decir, la red funciona...
En mis diversas funciones, fui requerido muchas veces por masones. Pero jamás entré en juegos de poder. Es una de las cosas que me decepcionaron de la masonería.
¿Cuál es la estructura masónica, los famosos «grados»?
Hay que diferenciar entre grados y oficios. En cuanto a los oficios, hay que tener el grado de maestro para ocuparlos. Cuando me convertí en maestro, rápidamente tuve puestos de oficial: Gran Experto, Maestro de Ceremonias, Segundo Supervisor, Orador, Venerable Maestro, etc. Si hablamos de grados, hay dos niveles: primero, las «logias azules», donde se encuentran los aprendices (1º grado), los compañeros (2º grado) y los maestros (3º grado); y segundo, los Altos Grados, que se supone son más espirituales, más esotéricos. Es a ese nivel donde se encuentra el aspecto más oculto de la masonería.
¿Cómo se entra en ese nivel?
No se puede pedir el ingreso en los Altos Grados. Al contrario, pedirlo es un riesgo cierto de que te rechacen. La única posibilidad es ser cooptado por masones que te juzguen digno de ello. Esos altos grados se reparten entre el 4º y el 33º, siendo los grados 31º, 32º y 33º puramente administrativos. El masón de 4º grado es pues superior, en el plan iniciático, a un maestro que sólo esté en el tercer grado. El 4º grado es el de «maestro secreto».
¿A qué nivel llegó usted?
Dimití tras unos años de integrar los altos grados, cuando había alcanzado hacía algún tiempo el 12º y debía pasar al 14º. Sus nombres son totalmente ridículos, pero significan el aspecto hermético de la masonería: 4º, Maestro Secreto; 5º, Maestro Perfecto; 6º, Secretario Íntimo; 7º, Preboste y Juez; 8º, Intendente de la Construcción; 9º, Maestro Elegido de los Nueve; 10º, Ilustre Elegido de los Quince; 11º, Sublime Caballero Elegido, 12º, Gran Maestro Arquitecto... Me faltaban casi 18 grados para alcanzar el grado 30. Estaba pues haciendo mi camino en los altos grados.
¿Es cierto que los grados inferiores ignoran quiénes son los grados superiores?
Como usted dice, los masones de grados «inferiores» no saben nada sobre los grados «superiores». En efecto, los masones que están en los grados inferiores (en las logias azules) no saben quién está en los Altos Grados, ni cuáles son sus símbolos o la naturaleza de sus trabajos. E incluso cuando formas parte de esos Altos Grados, no sabes quién, dentro de ellos, está por encima de ti. En este punto, la masonería tiene un funcionamiento muy estanco y cultiva el «secreto dentro del secreto».
¿No enrarece eso el clima?
Tienes la sensación de estar siendo constantemente observado por personas que te «juzgan» o valoran tu capacidad para pasar a un grado superior. Pero tú no conoces las «reglas del juego», porque los contenidos de los grados superiores, desde que eres aprendiz, jamás se te comunican antes de que accedas a ellos.
¿Por qué decidió dejar la masonería?
Creo que se trató sobre todo de una experiencia de fe. Ser masón y católico: ¡Imposible! Es verdad que había ciertas cosas que no me gustaban en la masonería. Pero no existe ningún grupo humano ni ideología que sean perfectos. Sólo Dios es a la vez perfecto e infinito. No hay que olvidar que somos imágenes suyas, aunque muy imperfectas. En realidad, mi decisión de abandonar la masonería y mi retorno a la fe están vinculados. Dimití, sobre todo, porque me di cuenta de que no podía buscar a Dios en la masonería. Y luego está, claro, la cuestión de Cristo.
¿A qué se refiere?
El Cristo que invocan los masones no es para nada el Cristo de los cristianos. Para ellos es un sabio, un filósofo, como mucho un gran iniciado (¡!). Mientras que, para los cristianos, Él es Dios encarnado, muerto en la Cruz para salvarnos. Sólo cuando comprendí, primero intuitivamente, luego con mi inteligencia, y luego con mi corazón y mi espíritu, que el camino masónico era incompatible con mi relación con Cristo, o que constituiría un obstáculo en el camino que Él me pedía seguir, decidí dimitir.
¿Puede relatarnos su conversión personal al catolicismo?
Puesto que yo estaba bautizado, no fue realmente una conversión, sino un retorno a la fe. Aunque la conversión de un cristiano dure toda la vida. Pienso que el sacramento del bautismo actuó y me llevó hacia la luz de Cristo, y al mismo tiempo me alejó de la luz artificial, simplemente humana, de la masonería. La palabra luz es evocadora. Porque la masonería está íntimamente ligada a lo que en Francia denominamos Las Luces. Mientras que el cristiano utiliza la palabra Luz, en singular.
¿Cuál es la diferencia?
Pues que, si bien pueden existir «luces» diversas, sólo son humanas. Por el contrario, Dios es «la Luz». Los masones, aunque lo mencionan mucho, no han comprendido el primer versículo del Evangelio de San Juan : «Y la luz se hizo en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron» (Jn 1,5). ¡Como se ve, es una cuestión de «una» Luz, y no de «las» Luces!
¿Cuánto duró su proceso de retorno a la Fe?
Un periodo bastante prolongado. Me resistí durante mucho tiempo a la llamada de Cristo. Nunca he hecho rápidamente las cosas importantes. ¡Y estaba muy ciego! Tenía necesidad de estar seguro de que tomaba el camino correcto. Conocí a un sacerdote franciscano hace unos quince años. Fue una revelación. Tuve entonces la certeza de la presencia de Cristo en mi vida. Volví a rezar.
Luego, algunos años después, escuché la voz de Cristo en una capilla. Y como todavía me resistía, pese a todo, a Su Amor, recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada. Fue entonces cuando decidí, ante el increíble acontecimiento que acababa de vivir, hacer un retiro en una abadía. Allí comprendí que Cristo me buscaba más que yo a Él. Y entonces, simplemente, le amé, con un amor inmenso, lamentablemente muy débil ante Su Amor por nuestra pobre humanidad.
¿Puede hablarnos de esa experiencia en Lourdes?
Describo todo esto en mi libro. No me gusta hablar de ello, porque es una experiencia muy personal. Pero tenía que decirlo. Después de todo, no me pertenece.
¿Sufrió algún tipo de amenaza cuando abandonó la masonería?
No exactamente. No puedo decir que me hayan amenazado. Maurice Caillet cuenta que a él, sí. Y una mujer, autora de un libro sobre la masonería que cito en el mío, dice que ha sufrido amenazas físicas. En cuanto a mí, ¡ya veremos en el futuro! Por el momento, lo que sí puedo asegurar es que todos los masones que conocía me han dado la espalda. Ni uno me llama por teléfono. Algunos me evitan por la calle. Lo lamento sinceramente, y rezo por ellos. Sólo mantengo contacto con tres o cuatro con quienes tengo lazos de amistad, más que masónicos. ¡Veremos si dura !
¿E insultos?
Insultos, sí, en ocasiones muy virulentos, por parte de algunos masones. Lo que más molesta a los masones es la publicación de mi libro y las conferencias que estoy pronunciando. Esto confirma que no es fácil expresar con comodidad una opinión contraria a la doxa masónica. Significa igualmente que mi libro dice verdades que molestan realmente a la masonería.
¿Intentaron disuadirle de que se fuera?
Algunos hermanos y hermanas de los Altos Grados me pidieron que reflexionara antes de irme, e intentaron convencerme de que me quedase. Tuve discusiones francas y serenas con ellos, pero me era imposible quedarme en la masonería. La llamada de Cristo era demasiado fuerte, y los dos caminos demasiado incompatibles.
¿No es compatible la pertenencia a la masoneria con ser cristiano?
Si uno es totalmente sincero, no se puede en absoluto ser masón y cristiano, y menos aún católico. Explico en mi libro, y aún más en mis conferencias, mediante numerosos ejemplos tomados del ritual y de la filosofía masónicos, las razones de esta incompatiblidad.
Incluso canónica...
La Iglesia sigue excomulgando a los católicos que sean masones. Esta excomunión se basa sobre numerosos puntos fundamentales de incompatibilidad. Se trata de una decisión que la Iglesia ha madurado, tras haber estudiado los rituales. Yo lo confirmo tras una experiencia de veinticinco años en la masonería.
¿Qué razones doctrinales hay para esa oposición?
Un ejemplo: para la masonería, la Verdad es subjetiva, cambiante, contingente, inmanente y construida poco a poco por el ser humano. Para la Iglesia, la Verdad es objetiva, definitiva, establecida, trascendente, esencialmente divina. Ahora bien, no se puede creer en dos versiones antinómicas de la Verdad. No se puede tener fe en una cosa y en su contraria: o la Verdad viene de los hombres, o viene de Dios.
Antes mencionaba usted también discrepancias en temas morales...
Sí, es otro caso: la masonería no reconoce una moral divina. No hay ninguna referencia a la ley natural en la masonería. La moral es cultural, social y cambiante. Mientras que la Iglesia reconoce la moral y la ley naturales en cuanto que vienen de Dios. Para la Iglesia, hay una definición precisa del Bien y del Mal. No así para la masonería, para quien son dos ideas cambiantes. Además, los fundamentos filosóficos de esta antinomia tienen implicaciones prácticas que hacen imposible la «doble pertenencia», como el aborto, el divorcio, el matrimonio, etc. Sobre este último punto, por ejemplo : para la Iglesia el matrimonio es un sacramento eterno. Para la masonería, es una unión revocable.
Es conocida la influencia de la masonería en la política francesa. ¿Hay mucha diferencia segun quién gobierne?
En principio, no hay diferencia política entre derecha e izquierda en relación a la masonería. Pero, en la práctica, es evidente que la masonería, en Francia, tiene una referencia muy escorada a la izquierda. También actúa en la derecha, pero de manera más discreta y, sobre todo, menos eficaz.
Por ejemplo, en mi libro demuestro que los dos gobiernos franceses bajo la presidencia de François Hollande, el de Jean Marc Ayrault y el de Manuel Valls, incluyen un número anormal e increíblemente alto de masones. Ahora bien, son precisamente estos gobiernos los que han traído las leyes sobre el matrimonio homosexual, el intento de imponer la ideología de género en las escuelas, y el debate sobre las madres de alquiler. O la transformación de la laicidad en secularización de la sociedad. Todo induce a pensar, en efecto, en una importante infuencia real de las ideas masónicas en la vida política. Porque esas ideologías nacen de las ideas de la masonería, que está en una especie de «revolución social permanente».
Es la ideologia relativista, dueña y señora de Occidente...
La ideología relativista es el fundamento mismo de la distorsión masónica. No es pues sorprendente que se haya instalado en Occidente, y en particular en Francia, donde la masonería, y en particular su obediencia mayoritaria, el Gran Oriente, mantiene desde hace trescientos años una lucha feroz contra la Iglesia católica.
¿Y eso lo reconocen los masones?
Vincent Peillon, ex ministro socialista en el gobierno Ayrault, explica claramente en sus escritos y entrevistas hasta qué punto el ideal masónico, sobre todo desde principios del siglo XX, está en el origen del envío de maestros a la Francia rural, con el fin de oponerse a los sacerdotes y fundar una ideología relativista con un fondo de anticlericalismo. También lo dice, sin ambigüedad alguna, Paul Gourdeau, antiguo gran maestre del Gran Oriente de Francia, a quien cito en mi libro: para la masonería, se trata de un combate contra la fe cristiana. ¡Para la masonería, no se trata de una cuestión de detalle, sino de una visión global de la sociedad !
Por último, ¿ha encontrado en la Iglesia la respuesta a sus inquietudes?
Para ser totalmente claro, yo no tenía inquietudes. Si simplemente hubiese tenido una inquietud existencial, habría podido ser colmada por la labor o el ritual masónicos, o ¿por qué no ? por una sencilla psicoterapia. No es eso: yo buscaba. Buscaba a Dios. Que nuestra presencia en la tierra resulta de la voluntad de nuestro Creador, eso es una evidencia. Pero hay que saber qué poner bajo esa palabra. Incluso Jacques Monod, premio Nobel e inventor de la teoría del Azar o la Necesidad como explicación de la vida, reconoció que la complejidad de la vida era tal que no podía ser resultado sólo del azar, y todavía menos de la necesidad.
¿Y encontró a ese Dios?
Para mí, la cuestión era saber si ese Creador es el dios de los masones, es decir, el Gran Arquitecto del universo, una especie del Relojero de Voltaire, un principio indefinido... o bien el Dios Todopoderoso, a la vez «Elohim el Creador, Yahvé el Dios amante, Adonaï el Dios Todopoderoso». Es decir, el Dios de los cristianos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Encontré que Dios no es un vago principio. Es ante todo un Dios personal, a quien me puedo dirigir, que escucha mis oraciones, a quien adoro, y que nos ama hasta el punto de haber descendido a la Tierra para morir en la Cruz por nuestra redención.
Lo que encontré en la Iglesia, que no se puede encontrar en la masonería, es el camino que lleva a Dios: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Ésa es la Verdad esencial que Jesús nos trae y que la masonería nos quiere negar. El objetivo explícito de la masonería es prometer a todos la felicidad en la tierra. Soy testigo de que fracasa en ese objetivo.
Y usted, ¿es feliz?
Para responder a su pregunta: sí, soy feliz. Pero no en el sentido en el que lo entendería la masonería. Porque soy feliz como se es feliz cuando uno se sabe real y auténticamente amado. Amado por Dios. Como es el caso de todos los hombres y de todas las mujeres. ¿Cuándo querrán unos y otras abrir su corazón al Señor?
(artículo extraído de: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=22705)

martes, 18 de marzo de 2014

Confesiones de un masón

Atraído por el ocultismo, Maurice Caillet se hizo masón; profundamente ateo, vivió un cambio inesperado y decisivo

Ser masón facilitó mi ascenso profesional. Sin embargo, en 1983, me encontré en grandes dificultades profesionales. Al mismo tiempo, la salud de mi esposa Claude me preocupaba cada vez más. Presentaba problemas digestivos graves y muy dolorosos. Casi no comía. Ningún tratamiento, ni científico ni oculto, lograba resolver sus males.

Propuse a Claude salir de Bretaña unos días e ir a Font Romeu, teniendo en cuenta los beneficios de un cambio de clima. A principios de febrero de 1984, la llevé, estirada, en nuestro coche. Por desgracia, tuvo que permanecer en la cama toda la estancia.

Un choque cosmo-telúrico

Entonces se me ocurrió una idea muy extraña para un ateo. Le propuse que, en el viaje de vuelta, hiciéramos etapa en Lourdes. Esperaba que esto provocara en ella un choque psicológico salvador o un choque cosmo-telúrico. Según mis investigaciones en radiestesia y en geobiología, este lugar se encontraba situado en un cruce de corrientes telúricas.

El choque fue inmenso. Su marido, médico científico, masón y anticlerical, ¡le sugería ir a Lourdes! Cristiana en secreto en su corazón, Claude empezó a temer que un fracaso de este paso aumentara mi escepticismo y ateísmo.

En Lourdes, fuimos a la Gruta en la que los cristianos creen que la Virgen María se apareció a una joven pastora, Bernadette; después a las piscinas en las que los enfermos llegados en peregrinación se sumergen en una agua que consideran milagrosa.

Confiando a Claude a manos expertas, busqué refugio en una cripta. Se estaba celebrado una misa. Escuché con atención. En un momento dado, el sacerdote se levantó y leyó estas palabras: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá… Palabra de Dios”.

Esta frase que había oído a menudo en ritos iniciáticos masones ¡era una palabra de este Jesús que yo consideraba un sabio y un gran iniciado, pero no el Señor! Siguió un largo momento de silencio y escuché claramente una voz dulce que me decía: “Está bien, tú pides la curación de Claude, pero ¿qué tienes que ofrecer?”.

Fascinado por estas palabras interiores, no volví a mis sentidos hasta el momento en el que el sacerdote elevó la hostia y en el que, por primera vez, reconocí a Cristo en este humilde pedazo de pan: era la Luz que había buscado, en vano, en múltiples iniciaciones.

En un instante y como respuesta, sólo me vi a mí mismo como ofrenda. Yo, el ateo “comecuras” durante más de cuarenta años…

Al final de la misa, seguí al cura hasta la sacristía y le pedí que me bautizara sin sospechar que era necesaria toda una preparación para recibir este sacramento. Él me lo explicó y me envió al arzobispo de Rennes.

Mi nueva vida

Animado por la experiencia que acababa de vivir, me reuní con Claude. Ella pudo constatar la alegría nueva que emanaba de mí. En el viaje de vuelta, mi curiosidad insaciable por la fe y la vida cristiana, la manera de rezar y mi deseo de ser bautizado la convencieron de la veracidad de mi cambio.

Eran mis primeros pasos en mi vida nueva. Cada vez más atraído hacia esta Luz que había entrevisto en Lourdes, retiré poco a poco y no sin dificultad toda vinculación oculta y masona.

Empezaba para mí una existencia orientada al amor a Dios y a los demás. Respecto a Claude, recuperó la salud inesperadamente.

Consulta aquí la web de l'1visible.
sources: Il est vivant