"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 24 de abril de 2020

Los mormones celebran 200 años de la primera visión del fundador y anuncian 8 nuevos templos.


FUENTE: Telemundo Utah


La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD) hizo el pasado 5 de abril dos importantes anuncios al culminar la Conferencia Anual que se realizó en Salt Lake City, Utah. El profeta Russell M. Nelson, presidente de la secta, que ahora se hace llamar simplemente “la Iglesia de Jesucristo”, anunció la construcción de ocho nuevos templos de la IJSUD en distintas partes del mundo. Informa de ello el medio Telemundo Utah.

En Estados Unidos se planean construir tres: uno en Tallahassee, Florida; otro en Pittsburgh, Pennsylvania; y otro en Syracuse, Utah, estado en el que ya hay 22 templos mormones. En América Latina se construirá uno en Bahía Blanca, Argentina, y los otros se construirán en Dubai, Emiratos Árabes; en Shanghai, China; en la República Democrática del Congo y en Nigeria.

Nelson también presentó una nueva proclamación en honor al bicentenario de la Primera Visión de Joseph Smith. Con el título de “La restauración de la plenitud del Evangelio de Jesucristo: una proclamación bicentenaria para el mundo”, el documento describe las creencias centrales de los autodenominados Santos de los Últimos Días.

De acuerdo con un comunicado de la secta, estas creencias incluyen la supremacía de Jesucristo en la salvación, la divinidad de las revelaciones de Joseph Smith y el Libro de Mormón, la misión única de la IJSUD, y la naturaleza continua de la Restauración que comenzó con la Primera Visión de Joseph Smith en 1820. Esta es la sexta proclamación emitida por la IJSUD. Las otras se hicieron en 1841 (sólo para los santos), 1845, 1865, 1980 y 1995. La proclamación de 1980 se parece más a la que el presidente Nelson presentó esta vez.

martes, 2 de septiembre de 2014

Un juez legaliza parcialmente la poligamia en el Estado de Utah


 por Luis Santamaría
31.08.14
Los mormones fundamentalistas (integrantes de grupos escindidos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días [IJSUD]) que practican la poligamia en Utah lograron un importante paso legal el pasado 27 de agosto, cuando un juez federal de los EE.UU. dio la razón a una conocida familia en su litigio contra el Estado. Así lo cuenta Pablo Ximénez de Sandoval desde Los Ángeles en el diario El País.
Las leyes de Utah prohíben el matrimonio múltiple y también la cohabitación. Esta segunda parte es inconstitucional, según el juez Clark Waddoups. La decisión legaliza de facto la poligamia en el Estado, siempre que no exista matrimonio legal. Los mormones pueden vivir con cuantas mujeres quieran, pero no casarse formalmente.
La decisión llega tras tres años de batalla legal entre el Estado de Utah y Kody Brown, famoso por protagonizar el programa de telerrealidad Sister Wives, donde por primera vez se cuenta como lo más normal del mundo la vida de una familia con cuatro esposas (Meri, Janelle, Christine y Robyn) y 16 hijos. El programa empezó en 2010 cuando la familia vivía en Lehi, Utah, y la fiscalía inició una investigación contra Brown nada más empezar la serie. Hoy viven en Las Vegas. La fiscalía nunca llegó a denunciar a la familia Brown, pero la familia denunció a Utah por impedirles practicar su religión libremente.
El juez Waddoups les da la razón y dice que prohibir la cohabitación va contra la protección de las libertades individuales contenida en la Primera Enmienda de la Constitución. El juez ya había dado la razón a los Brown en diciembre, pero la sentencia estaba en suspenso mientras decidía sobre la cuantía de los perjuicios causados. Sin embargo, los demandantes han renunciado a ser compensados económicamente aparte de los costes de su representación legal.
La familia opina que lo importante del caso es el precedente de legalización de la cohabitación, que en la práctica legaliza vivir con varias mujeres. La decisión reduce las leyes contra la poligamia a su sentido estricto: no se puede tener más de una licencia de matrimonio.
La familia Brown sacó un comunicado el día 27 de agosto en el que agradece el trabajo de sus abogados y pide respeto para la práctica de su religión, a pesar de ser conscientes de que mucha gente desaprueba los matrimonios múltiples. La fiscal general de Utah, Sean Reyes, había anunciado que recurriría la sentencia ante la Corte de Apelaciones correspondiente antes de que se hiciera pública la decisión final. Sin embargo, el día siguiente aún no había confirmado si recurriría.
Los matrimonios múltiples son ilegales en todo Estados Unidos desde mediados del siglo XIX. La propia IJSUD (los conocidos popularmente como mormones) lo rechaza desde hace más de un siglo. Sin embargo, algunos miembros de las comunidades mormonas fundamentalistas de Utah la siguen practicando de manera alegal y más o menos tolerada allí donde tiene mucha presencia, siempre que no se llame mucho la atención. Se calcula que unos 38.000 mormones practican la poligamia en Utah. La ficción televisiva dio algunas pistas con la serie Big Love, pero esta realidad se hizo evidente cuando en 2010 el canal de televisión TLC comenzó la emisión de Sister Wives. Desde entonces, los Brown son una familia famosa que en su página web cuenta su vida diaria.
Anne Wilde, cofundadora del grupo Principle Voices, que defiende la poligamia, dijo a la agencia Associated Press que con esta decisión las familias mormonas ya no tendrían que vivir con miedo a la justicia. “Ahora que no somos criminales, es un gran alivio. Ya no tendremos que temer que alguien pueda llamar a la puerta y llevarse a los niños. Espero que esta decisión elimine el estigma de vivir bajo un principio que es una fuerte creencia religiosa”.
Los siete millones de mormones de los EE.UU. tuvieron su momento de mayor exposición pública en las elecciones presidenciales de 2012. El republicano Mitt Romney fue el primer candidato de esta secta que despierta recelos y prejuicios en buena parte de la sociedad estadounidense. Romney es un devoto seguidor de la IJSUD, una de las dos mayores congregaciones de mormones junto con la Hermandad Apostólica Unida. Fuera de estas corrientes mayoritarias, hay unos 15.000 fundamentalistas mormones que no pertenecen a ninguna de las dos, según datos recogidos por AP.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Doctrina anti-cristiana de la secta mormona: el "bautismo por los muertos"


Todos los muertos serán bautizados algún día mormones. Al menos, todos los muertos de los que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD) tenga constancia escrita de que hayan existido. Así comienza un artículo de Justo Viladesans publicado por La Gaceta.
Todo gira en torno a la pregunta que se hace Pablo en la carta a los Corintos 15,29: “¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”. Lo peliagudo no está en la respuesta (no hay), sino en la pregunta. A algunos, como a las sectas heréticas de los marcionitas y los montanistas, les sedujo la idea de que los muertos se pudieran bautizar “por poderes” y así salvar sus almas. Pero el bautismo es único y debe ser recibido en vida, y lo contrario es herejía y paganismo, como sentenció en el año 393 el Concilio de Hipona.
Mil ochocientos años más tarde, Joseph Smith, el iluminado estadounidense que fundó la secta de los mormones, restableció “la doctrina gloriosa del bautismo por los muertos”. Esa obra piadosa para un mormón –y equivocadísima para la Iglesia católica y el resto del cristianismo– sólo tiene un requisito: conocer el nombre del fallecido por el que un vivo se bautiza.

Microfilmando en el mundo entero
Por eso, a finales del siglo pasado, la IJSUD, siguiendo la doctrina de Smith, buscó libros de Registro de nacimientos y muertes por toda la Unión. Pronto, la primera habitación de la llamada Sociedad Genealógica de Utah, fundada en 1894, quedó pequeña para los tesoros registrales que allí se guardaban. En aquellos preciosos libros se podía seguir, por ejemplo, el paso por este mundo de un inmigrante mallorquín que hubiera llegado a la isla Ellis en busca de fortuna, con quién casó, dónde vivió, el hecho cierto de su muerte…
Millones de personas, millones de combinaciones y un descomunal árbol genealógico que servía tanto para los propósitos de salvar sus almas como de unir a las familias para siempre en las verdes praderas del Edén (los mormones son muy literales en lo que se refiere a las bondades del Paraíso y aseguran que la familia permanecerá junta en la misma casa) como de conservar la genealogía del mundo.
Entre tanta fantasía malinterpretada, la Sociedad Genealógica de Utah pensó que es un lugar inseguro para los tesoros. Con toneladas de dinamita, hacia 1950, los ingenieros mormones taladraron una montaña de adamelita en Little Cottonwood y construyeron una fortaleza inexpugnable a prueba de bombas nucleares y con unas puertas de acero de treinta y dos toneladas.
Todos los registros fueron microfilmados y conservados en almacenes estancos con aire acondicionado; políticos mormones de otras partes del mundo proporcionaron las coartadas legales para que los seguidores de Smith se hicieran con los registros de parroquias, registros civiles e incluso de los centros de inmigración. Pronto, la montaña de granito custodiaba los nombres de más de 2.300 millones de personas de los 50.000 millones que los mormones estiman que han vivido en la Tierra desde que el mundo es mundo.
A mediados de la década de los 70, el éxito lo desbordó todo. Un gran número de conversos al mormonismo requirió los servicios de la Sociedad Genealógica para indagar en su pasado y hallar los nombres de sus antepasados a los que quería bautizar, pero la Iglesia no podía pagar los servicios de genealogistas profesionales, por lo que se negó.
Sin un nombre que bautizar, los fieles y los sacerdotes protestaron. El entonces cabeza de la Iglesia, el profeta David McKay, ordenó que los nombres se extrajeran de los registros sin importar si tenían descendientes mormones o no, y se entregaran a los templos para su bautismo. El cambio era notable. El presidente Theodore Burton, en 1975, ponía nombre al mecanismo por el que el mundo entero –conocido y registrado– se haría mormón: “Programa de Extracción Controlado”. Un dato concreto: en 1981, cuatro millones de almas se bautizaron en los templos mormones. De ellos, sólo 49.800 fueron personas vivas.
De ese programa, su nombre, el suyo, sí, el de usted que me lee, será extraído algún día. Y será mormón.

Postura contraria de la Iglesia católica
Desde la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) se recuerda que la Santa Sede ya ha manifestado su parecer en torno a este tema, mediante una carta de la Congregación para el Clero, organismo del Vaticano para las cuestiones relativas a los sacerdotes, que en su día reiteró el deseo del Vaticano de que las parroquias católicas se abstengan de poner sus registros parroquiales a disposición de los mormones.
Todavía algunos Obispados y parroquias católicas, aunque una minoría, parecen no haberse enterado de estas disposiciones de la Iglesia uinversal. Es más común, en cambio, ver en los medios de comunicación los convenios que realizan administraciones públicas con la Sociedad Genealógica de Utah para que los mormones puedan microfilmar o digitalizar sus archivos. En este mismo blog hemos informado, por ejemplo, de los casos de Requena (Valencia) y de otros archivos de la Comunidad Valenciana.
La práctica de este bautismo por los muertos ha traído consigo otra polémica, esta vez con la comunidad judía, al bautizar a creyentes de esta religión. Un caso muy sonado fue el de Simon Wiesenthal, destacado superviviente del Holocausto. La IJSUD también tuvo que disculparse por hacer participar de este rito “por poderes” a la víctima del nazismo Anna Frank, autora del célebre Diario.

martes, 3 de septiembre de 2013

Los mormones admiten y corrigen "errores" en su revelación relativos a la poligamia y al racismo



Joseph Smith, fundador de la secta mormona,
cuyos principios cambian según el viento de los tiempos...

Una prueba irrefutable acerca de la falsedad de la doctrina de esta secta, es la existencia de groseros errores filosóficos y teológicos.
La admisión de tales errores por parte de los sectarios no hace más que confirmar dicha falsedad.

por Luis Santamaría 

Una supuesta revelación de un ángel dada a Joseph Smith en 1827 provocó que tres años más tarde se publicara el Libro de Mormón, también llamado “El Otro Testamento de Jesucristo”. El movimiento religioso, considerado una secta por el cristianismo, se conoce con el nombre oficial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), tal como informa el medio Noticia Cristiana.
Ya que la Biblia no les parece suficiente, los mormones utilizan una serie de libros para apoyar sus creencias como el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio. Además, tienen un grupo de líderes que forman el Quórum de los Doce Apóstoles, y cuyas decisiones se consideran equivalentes a la palabra de los apóstoles de Jesús. 

Modificaciones doctrinales
En abril de 2013, el mormonismo decidió anunciar una nueva versión de algunos de sus libros, incluyendo comentarios interpretativos y modificando algunas de sus doctrinas establecidas por su fundador. La última revisión de los textos mormones se publicó en 1981, algo que ocurre de vez en cuando, ya que el gobierno de los EE.UU. prohibió oficialmente revelar ciertas prácticas. Este año, sin embargo, es más profundo.
La declaración oficial publicada en el sitio web oficial de la IJSUD dice que sus editores llegaron a una decisión “después de ocho años de trabajo”. Los editores hicieron cambios en los textos que supuestamente fueron revelados por el ángel Moroni a Joseph Smith: “La intención era modificar las preguntas que eran confusas… errores gramaticales confusos… corregir errores en las guías de estudio e incorporar hallazgos históricos recientes en los sectores de Doctrina y Convenios”.
Las revisiones en la doctrina no son insignificantes, porque admiten errores y cuestionan la infalibilidad de una revelación especial. Sobre todo si se modifica varias veces y se deja llevar por los líderes mormones, es porque lo consideran importante debido a los cambios en la forma de pensar de la sociedad.

Dos temas principales: poligamia y racismo
Los cambios significativos desafían dos grandes errores históricos presentes a lo largo de los 180 años de tradición de este grupo religioso. Las dos nuevas “declaraciones oficiales” que aparecerán en la edición impresa de los libros a partir del año 2013 se ocupan de las cuestiones controvertidas de la historia de la secta: la poligamia y el racismo. El material está llegando a otros países donde hay iglesias mormonas.
El objetivo parece ser que están “tratando de acercarse para ser vistos como una denominación cristiana… y esto es un paso importante en este proceso”, dice Kyle Beshears, estudioso e investigador de la apologética. Aunque Joseph Smith enseñó el “matrimonio plural”, basándose en el relato bíblico de Abraham, después de recibir una “nueva revelación”, el presidente de los mormones, Wilford Woodruff, publicó un manifiesto para el cambio, afirmando que la monogamia fue aceptada por la IJSUD y enseñada desde el 6 de octubre de 1890. Sin embargo, muchos seguidores del mormonismo mantienen la práctica hoy.
Según Beshears, es muy difícil de conciliar las ideas de Smith en la Declaración Oficial 1, de 2013, debido a la sección 132 de Doctrina y Convenios que dice claramente que la poligamia es un aspecto de la “alianza nueva y eterna”. Los versículos 61 y 62 dicen: “Si un hombre se casa con una virgen y desea desposarse con otra, y la primera consiente, y él se casa con la segunda, y son vírgenes, y no han dado su palabra a ningún otro, entonces queda justificado; no puede cometer adulterio, porque le son dadas a él; pues no puede cometer adulterio con lo que le pertenece a él y a nadie más. Y si le son dadas diez vírgenes por esta ley, no puede cometer adulterio, porque a él le pertenecen y le son dadas; por tanto, queda justificado”.
Con la Declaración Oficial 2 también se modifica un artículo de Doctrina y Convenios que no permite a los negros ser ordenados sacerdotes y tampoco tienen acceso al más alto nivel de la salvación después de la muerte. La razón sería la maldición que se menciona en el Libro de Mormón en 2 Nefi 5:21-23: “Y él había hecho caer la maldición sobre ellos, sí, una penosa maldición, a causa de su iniquidad. Porque he aquí, habían endurecido sus corazones contra él, de modo que se habían vuelto como un pedernal; por tanto, ya que eran blancos y sumamente bellos y deleitables, el Señor Dios hizo que los cubriese una piel de color obscuro, para que no atrajeran a los de mi pueblo. Y así dice el Señor Dios: Haré que sean repugnantes a tu pueblo, a no ser que se arrepientan de sus iniquidades. Y malditos serán los descendientes de aquel que se mezcle con la posteridad de ellos; porque serán maldecidos con la misma maldición. Y el Señor lo habló; y así fue”.
El apologista Beshears explica que “la respuesta puede ser encontrada en el ambiente cultural en los Estados Unidos en los siglos XIX y XX. La Iglesia de los Santos de los Últimos Días fue influenciada por el racismo fuerte, que fue visto en todas las facetas de la vida americana durante más de 200 años”. Beshears es enfático: “aunque los líderes actuales no resuelven los problemas teológicos acerca de la poligamia y el racismo… al menos corrigieron las doctrinas falsas y peligrosas de Joseph Smith”.

jueves, 18 de abril de 2013

Secta mormona: la ¿revelación? "celestial" continúa y se adapta a los nuevos tiempos y a las conveniencias del momento



Reproducimos un artículo reflexivo del sacerdote Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), y que ha publicado en el blog que tiene esta institución alojado en el portal InfoCatólica.

Hace unos días la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), cuyos integrantes son conocidos como mormones, ha celebrado su 183ª Conferencia General. No conocía este evento, y me ha sorprendido ver el despliegue de medios de un acontecimiento central para la vida de esta secta de origen cristiano, que desde que fue fundada en el siglo XIX por el visionario norteamericano Joseph Smith ha hecho de estas Conferencias Generales un momento fundamental en su desarrollo doctrinal. Además de miles de personas que asistieron durante dos días al inmenso auditorio de Salt Lake City (Utah, EE.UU.) en el que tuvo lugar, otros muchos la siguieron en directo vía satélite en los principales centros mormones de más de 85 países y a través de Internet. Como acaban de hacer público, cuentan con casi 15 millones de miembros y miles de misioneros en todo el mundo.

No es una simple asamblea a lo grande de un grupo religioso. Hay algo que ha llamado poderosamente mi atención, al ver algunos vídeos de la Conferencia General mormona y leer algunos de sus textos. Y es la concepción totalmente abierta de la revelación que tienen. La presentación del evento en su página de Internet, que servía para invitar a los miembros a prepararlo bien, no dejaba lugar a dudas: “la Conferencia General tiene por objeto ser una experiencia en la que se reciba revelación a medida que los participantes aprendan de los profetas y apóstoles vivientes mediante el poder y la influencia del Espíritu Santo”. El lector no mormón puede sorprenderse al leer esto. ¿Profetas y apóstoles? No deben de ser los del Antiguo y Nuevo Testamento respectivamente… ¿Entonces?

En la jerarquía de la IJSUD encontramos esta nomenclatura para referirse a sus máximas autoridades. Detengámonos en su “eclesiología” para entender algo mejor todo esto. Para los mormones hay dos órdenes ministeriales principales: el “sacerdocio de Melquisedec” (o sacerdocio mayor) y el “sacerdocio de Aarón” (menor). Al primero, que es el que nos interesa, perteneció Adán, y a partir de él los grandes patriarcas del Antiguo Testamento, aunque le fue quitado al pueblo de Israel en los días de Moisés. Jesús restauró y ejerció este sacerdocio, ordenando a los apóstoles en él, pero tras la muerte del colegio de los Doce se perdió. Es lo que los mormones han llamado “la Gran Apostasía”, el período comprendido entre los tiempos de Jesús y –¡oh casualidad!– la aparición de Joseph Smith en escena y la fundación de la secta. Durante todos esos siglos, no hubo Iglesia de Cristo ni Evangelio verdadero sobre la tierra, según los mormones. La comunidad iniciada por Jesús da un salto increíble del siglo I al siglo XIX.

Sigo, para no perdernos. En 1829 tuvo lugar la restauración del sacerdocio de Melquisedec. ¿Cómo? Pues con la ordenación de Joseph Smith y su compañero Oliver Cowdery. ¿Y quiénes los ordenaron? Nada menos que los apóstoles preferidos del Señor –Pedro, Santiago y Juan–, bajados del cielo para la ocasión. Está muy difundido entre los mormones un cuadro que muestra la escena, con los apóstoles imponiéndole las manos al fundador de la IJSUD. El año siguiente tuvo lugar la fundación de la secta. Y entonces, con la Iglesia y la verdad evangélica restauradas sobre la tierra, volvió a haber profetas, hombres escogido por Dios para guiar y dirigir a su pueblo, comenzando por el mismo Smith. Además de su función magisterial y de interpretación de la Palabra de Dios, el profeta “recibe revelaciones y direcciones del Señor para el beneficio de todo el género humano”.

¿Algún profeta contemporáneo? Por supuesto que sí: el presidente de la IJSUD, “creen que posee el derecho de recibir revelación para toda la Iglesia. Ninguna persona, excepto el profeta escogido y presidente de la Iglesia, puede ser el receptor de la voluntad de Dios con respecto a los miembros de la Iglesia, éstos a su vez siguen fielmente los consejos de éste su líder y le guardan un gran amor y respeto”. El actual tiene nombre y apellido: se llama Thomas S. Monson y desde 2008 es el 16º profeta, contando desde Joseph Smith, el primero de los tiempos modernos. Y ojo a lo que afirman en su biografía: “él es un profeta, vidente y revelador, lo cual significa que recibe guía específica para dirigir la Iglesia en la tierra en nuestros días de parte del Señor. Esas instrucciones son para todo ser humano que habita la tierra y no sólo para los miembros de la Iglesia”. Ahí queda eso.

El profeta no está solo en la dirección de la IJSUD, ya que cuenta con el Quórum de la Primera Presidencia (formada por él mismo y sus dos consejeros) y, por debajo, el Quórum de los Doce Apóstoles. Este último, cómo no, son la restauración del grupo apostólico del mismo Jesús después de la ya citada “Gran Apostasía”, y lo han dejado todo para anunciar el Evangelio. Al igual que el profeta, estos doce también son “profetas, videntes y reveladores para la Iglesia”. ¿Cuál es el procedimiento para entrar a formar parte de este comité directivo de la secta tan restringido? Simplemente, en caso de vacancia de una de sus sillas, la Primera Presidencia escoge al sustituto “por medio de revelación” y, tras ser aprobado por el Quórum de los Doce Apóstoles, es ordenado como apóstol por los otros catorce ministros.

Pero la cosa no queda ahí. Los ordenados en el sacerdocio de Melquisedec van más allá, descendiendo en el orden jerárquico de la IJSUD. Tras la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles encontramos a los Setenta, siguiendo la terminología bíblica de los enviados por Jesús. Ayudan a los apóstoles a regir la secta, pero no son profetas, ni videntes ni reveladores. En la historia mormona ha habido un momento, en 1989, en el que por el crecimiento y desarrollo del movimiento tuvieron que erigir otro Quórum de los Setenta. Precisamente en la reciente Conferencia General han nombrado a unos cuantos integrantes de estos grupos. Hasta aquí, todos estos integran las “autoridades generales”, debajo de las cuales se encuentran otras jerarquías menores que ahora no nos interesan.

Toda esta “jerarcología” es importante para entender a quiénes les llega la revelación de Dios en la IJSUD: directamente a las quince primeras autoridades (Primera Presidencia y Doce Apóstoles), e indirectamente a los demás dirigentes. Representantes de Jesucristo en la tierra, “son capaces de recibir revelación de Él sobre cómo dirigir su Iglesia”. Pero todo lo que supuestamente les dice el Señor no se limita a asuntos organizativos y eclesiásticos, sino que abarca los dogmas sostenidos por la secta, y que se apartan del cristianismo en cuestiones centrales como el misterio de Dios y la persona de Cristo (las personas de la Trinidad son seres diferentes, y al final su dogmática se convierte en un politeísmo), la escatología (con diversos niveles de gloria), la identidad de los ritos que llevan a cabo (ordenanzas), etc.

¿De dónde viene todo esto? De su concepción abierta de la revelación. Consultando los textos oficiales de la secta y lo que se habla en las Conferencias Generales de la IJSUD, encontramos declaraciones que muestran claramente esta idea mormona. Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, explica que “la divina obra de los profetas y de los apóstoles nunca cesa. En el período entre conferencias generales, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles siguen enseñando y ministrando al mundo. Los profetas y apóstoles nos hablan hoy”. Y de una forma totalmente personalizada, según parece, ya que como expresa el mismo Uchtdorf, “los miembros de la Iglesia tienen derecho a recibir revelación personal al escuchar y estudiar las palabras inspiradas que se pronuncian en la conferencia general”. Jeffrey R. Holland, uno de los Doce Apóstoles actuales, decía en una conferencia que “si enseñamos por el Espíritu y ustedes escuchan por el Espíritu, uno de nosotros se referirá a las circunstancias de ustedes y enviará una epístola profética personal sólo para ustedes”. Así se aseguran la atención de los adeptos en estos eventos centrales para el movimiento.

El problema, en el fondo, de la IJSUD y de otras sectas que nacieron en el mismo contexto de “reavivamiento” protestante, es la lectura libre de la Sagrada Escritura por parte de cada uno con la ayuda directa del Espíritu Santo y, por tanto, sin necesidad de una autoridad o magisterio que vele por la correcta lectura e interpretación de la Palabra de Dios. Ya sea por visiones, sueños, ángeles, visita directa de la Divinidad, inspiración… los líderes mormones pueden ampliar de forma constante el depósito de verdades reveladas por Dios. Contando con que, desde el inicio, la secta propone junto con la Biblia otra Escritura “complementaria”, pero igualmente importante –o más– que el Antiguo y el Nuevo Testamento: El Libro de Mormón. Completado, a su vez, por otros textos fundacionales revelados que se agrupan en Doctrina y convenios y La perla de gran precio.

La más genuina tradición cristiana sostiene que la revelación divina concluyó con la muerte del último apóstol. Este momento crucial en la historia de la Iglesia, en el que entró en juego la sucesión apostólica, no es el inicio de la “Gran Apostasía” como decía Joseph Smith, con ese salto eclesiológico hasta el siglo XIX. Es el momento en el que cobra su importancia la Tradición de la Iglesia, que incluye el magisterio, la lectura patrística, el sensus fidei del pueblo de Dios… Por un lado, hay que tener en cuenta, como escribía el místico castellano San Juan de la Cruz, que Dios “en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar”. ¿Un Dios mudo, entonces? No, nada de eso, porque por otro lado hay que tener en cuenta la acción del Espíritu Santo iluminando y dando vida a su Iglesia, constituyendo así la Tradición viva del pueblo de Dios.

Dios no puede contradecirse a sí mismo. La Iglesia no puede estar constantemente pendiente de “nuevas revelaciones”, y menos cuando niegan aspectos centrales de la salvación realizada por Jesucristo. Volvamos a escuchar las palabras de San Pablo defendiendo la verdad de la fe cristiana frente a otras propuestas falsificadoras. Él hablaba de la buena noticia de Jesús y prevenía ante los “otros evangelios”, no porque la suya fuera una revelación particular o una inspiración especial hecha en su experiencia singular del camino a Damasco o en cualquier otro momento, sino porque era lo transmitido por los apóstoles, testigos oculares de Cristo, y que coincidía con su experiencia de encuentro. Sus palabras son duras y directas: “algunos os desconciertan intentando deformar el mensaje evangélico de Cristo. Pero sea quien sea –yo mismo o incluso un ángel venido del cielo– el que os anuncie un mensaje diferente del que yo os anuncié, ¡caiga sobre él la maldición!” (Gal 1, 7-8). Versículo, por cierto, que podemos leer en inglés a la derecha del altar de la Catedral católica de Salt Lake City, en la cuna del mormonismo. No es una crítica católica a la IJSUD, como han dicho algunos. Son palabras de la Sagrada Escritura.

(extraído de: infories.com)