"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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miércoles, 29 de enero de 2020

Holanda: el Estado cierra la línea telefónica de atención a víctimas de sectas.

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El Gobierno holandés ha puesto fin esta semana a la línea de ayuda telefónica que estableció hace siete años para atender a los seguidores vulnerables de sectas y comunidades religiosas cerradas, en medio de polémicos casos y del rechazo de expertos y antiguas víctimas de sectas. La línea directa dejó de existir el pasado 7 de enero, después de que el Parlamento decidiera detener el subsidio que se ofrece a este sistema de ayuda a las víctimas de las sectas, a pesar de haber casos recientes que señalan la existencia de seguidores amenazados y vulnerables en comunidades cerradas, según informa Imane Rachidi en Efe.

Sólo el pasado año se registró un récord de 103 llamadas telefónicas de emergencia a la línea conocida en neerlandés como Sektesignaal, lo que supuso hasta 80 “informes muy serios”, casos que necesitaban ayuda urgente y que suponen una señal alarmante sobre el peligro de las sectas. Esta línea directa recibió llamadas sobre sesiones de curaciones de ayahuasca, que causaron la muerte de dos personas en los últimos años.

El caso de la holandesa Geertje Tobé es otro de los más sonados en Países Bajos. Víctima de la Iglesia de Dios Todopoderoso, pasó dieciocho años en manos de esta secta, sin poder ver a su hija y completamente entregada al culto. “Lo perdí todo. Mi dinero, mi autoestima, mi cuerpo”, relató en su libro autobiográfico. Fue recibida por el líder y autoproclamado profeta Sipke Vrieswijk, un encuentro seguido de años de abusos sexuales, orgías en las que las niñas eran consideradas “novias de Dios”, y drogadicción causada por pastillas que le fueron entregadas, en un principio, como suplemento de vitaminas. Ahora lamenta la detención de esta línea telefónica porque “antes ya era muy difícil conseguir ayuda, pero ahora ya no queda ninguna opción”.

La portavoz de Sektesignaal, Karin Krijnen, explicó al diario holandés AD que también recibieron “muchas llamadas telefónicas sobre cursos de atención personal o para lograr la felicidad, que finalmente resultaron en abusos sexuales o financieros a los participantes”, especialmente a chicas jóvenes. “Hemos recibido denuncias de mujeres a las que solo se les permitía tener relaciones sexuales con el líder (de la secta), o de personas que tenían que participar en rituales sexuales grupales. A veces hasta los niños tenían que mirar, y ellos no tienen capacidad de elegir, es lo peor de todo”, explicó Krijnen.

En otros casos había rituales obligatorios relacionados con la comida, como en 2017, cuando una mujer murió de hambre en Utrecht porque pertenecía a una secta que creía poder vivir de aire y luz. Otra víctima se vio obligada a cocinar para el resto de los miembros de la comunidad, pero el líder no estaba satisfecho con el resultado, por lo que la obligó a comerse ocho raciones de su guiso, hasta que se puso enferma y optó por contactar a la Sektesignaal pidiendo ayuda, según Krijnen, quien subrayó que los casos no dejan de “sorprender”.

¿Cómo es posible que los miembros de una secta lleguen tan lejos? “Eso va muy poco a poco, las personas que se ven en una situación así están, a menudo, buscando algo. Tienen unos treinta años, pareja, trabajo, y piensan: ¿y esto es todo? Así acaban en grupos de 'mindfulness' (conciencia plena). Otros han tenido alguna experiencia traumática y buscan aliviar su dolor o tristeza”, explica la portavoz.

Esta línea se creó en 2013, después de que un programa periodístico sobre sectas en los Países Bajos pusiera de relieve cómo comunidades religiosas cerradas persiguen principalmente el dinero de sus seguidores y los obligan a participar en actos sexuales. Los que han contactado la línea directa han sido muchas veces amigos o familiares de la víctima que “ven cómo esta va desapareciendo poco a poco, ya no queda con ellos o da mucho dinero a ciertos grupos, incluso hay gente con cáncer que ha detenido de repente su tratamiento para ir por una vía alternativa” dentro de la secta.

Los familiares son también quiénes han llamado a esta línea durante el último mes alertando del vacío que dejará el apagón de la ayuda telefónica especializada, que estaba disponible de lunes a viernes. El diputado socialista Michiel van Nispen aseguró que, a pesar de no haber miles de casos cada año, “eso no limita el sufrimiento de estas personas y sus familiares”. El liberal Jeroen van Wijngaarden advirtió que hay que saber a dónde pueden ir ahora las víctimas porque “no queremos sociedades paralelas donde la igualdad no se aplique, y un culto no puede ser una tapadera para cometer delitos”.

En su último informe oficial, el Ministerio de Seguridad y Justicia estima que hay “cientos” de sectas en el país, y, hasta ahora, se denunciaron 84 movimientos diferentes por abusos con un “componente psicológico”, es decir, presión y manipulación para acudir a cursos costosos, donar dinero o renunciar a la vida privada o personal. El pasado octubre, la Policía holandesa localizó a un padre, antiguo miembro de la secta Moon, que había retenido a sus seis hijos en una granja en la población holandesa de Ruinerwold (Drente) durante una década sin contacto con el exterior y sometidos a diferentes tipos de abusos.

“La gravedad de los abusos dentro de los grupos cerrados a menudo no es reconocible: abuso infantil, violencia, explotación sexual y laboral, abuso financiero y psicológico. Las víctimas y sus familiares, que buscan ayuda, apoyo y asesoramiento, se encuentran con el desconocimiento y la incomprensión”, lamenta Sektesignaal en su página web, donde se despide pidiendo que se recurra a la Policía en caso necesario.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Algunas situaciones vitales de vulnerabilidad que facilitan el ingreso a un grupo coercitivo y sectario



Hay factores que pueden ayudar a que una persona pierda aspectos de su identidad y pueda ser capturado por sectas o por pensamientos extraños o por una patología de orden social que no necesariamente tiene que ser una secta. Estos factores son vulnerabilidades de la personalidad y no ayudan a la posibilidad de una relación normal entre el Yo, el mundo interior y el mundo externo.
Se denomina Yo a una parte del aparato psíquico que comunica a la persona con su mundo interno y con el exterior, armonizando las dificultades que pueda haber en esta relación. Consignamos aquí algunos factores que coinciden con nuestra experiencia clínica cuando alguien está predispuesto a sufrir una crisis psicológica, adicción a drogas, un "brainwashing" o lavado de cerebro, y otros:

- Que se vivan dificultades en la comunicación con la familia y las personas del ambiente.
- Que haya una situación matrimonial frustrante.
- Que la persona padezca un alto montante de angustia manifiesta o latente.
- Que sienta crónica insatisfacción por la vida que está viviendo.
- Que esté descontento con la sociedad o sus normas y no halle paz ni camino para ayudar a cambiarlas.
- Que tenga temor para enfrentar un mundo que se presenta como caótico y exigente.
- Que no haya un propósito interno de vida personal, sino un estar a la deriva.
- Que haya necesidad de seguridad, autovaloración y heterovaloración por baja autoestima.
- Cierta susceptibilidad hacia los estados de trance y tendencia a la sugestionabilidad.
- Que tenga insatisfacción por las religiones tradicionales.
- Hallarse en estado de crisis a nivel de estudio, profesión, laboral, emocional, social, afectivo, etcétera.
- Curiosidad o especial interés por lo desconocido, esotérico y misterioso.
- Inmadurez e identidad no consolidada.
- Tendencia a ser una personalidad dependiente de otras más líderes.
- Ausencia de padres por carencia de guía, dirección, control, atención y afectos positivos.
- Trastornos en la formación de la personalidad. Puede verse tendencia a la depresión, falsa seguridad.

Esta lista, necesariamente incompleta de dificultades emocionales y cognitivas, son elementos de vulnerabilidad que predisponen a las personas a ser víctimas de procesos de enfermedades mentales leves o graves, distorsiones de su personalidad o enfermedades piscosomáticas, o ser víctimas de sectas que dan una seguridad ficticia: ambiente afectivo, pertenencia a un grupo, ser bien recibido y alabado, elevar (artificialmente) la autoestima, trabajar para una misión y tener a alguien, o un hombre o una pareja, que como padres sustitutos atiendan y calmen todos los problemas y angustias, e incluso puedan proveer satisfacción sexual de variada índole.

Hemos oído con qué alegría personas han recibido expresiones de amor y cariño cuando frecuentaban las sectas: "que era la única", "que era la mejor", "que tenía algo especial".

Marc Galanter cita a "Ellen" quien declara que cuando conoció a sus compañeros de secta se dio cuenta de que la amaban, que era como si la sostuvieran en sus brazos. "Yo era como una beba cuya madre guía sus movimientos y la cuida".

Las antedichas vulnerabilidades pueden inscribirse en lo que en psicología dinámica llamamos "Debilidad del Yo".

La fortaleza del Yo incluye 3 elementos muy importantes y básicos,

- la capacidad de poder tolerar la ansiedad,
- la capacidad de tolerar un grado razonable de frustración,
- la capacidad de controlar los impulsos.

Además, cabe agregar la capacidad de utilizar defensas psicológicas adecuadas, tener un adecuado juicio de realidad y poder sublimar.

Otros elementos que también muestran la fortaleza de un Yo, es la habilidad de habérselas con un moderado estrés, tener un adecuado trabajo, hobbies y/o intereses, y finalmente, la capacidad de tener un adecuado sentido del humor como muestra de salud mental.

Aquellos que han tenido la experiencia de haber pertenecido a una secta y que ya se han recuperado, suelen aconsejar: "Esté alerta con sus vulnerabilidades".

No es despreciable la presión que puede ejercerse sobre la persona cuya fortaleza mental estará puesta a prueba tan duramente que nadie podría decir que saldría absolutamente indemne de tales manipulaciones.

Hay que recordar que las técnicas de manipulación de las sectas son tan poderosas que ellas actúan sobre una persona aunque ésta no se halle experimentando especiales dificultades.

Aunque pequemos de reiterativos, hay que recalcar que la inmadurez afectiva es importante. Algunas de sus características son, entre otras, que la persona tiene mucha dificultad para soportar situaciones displacenteras, frustrantes de la vida, y busca entonces un padre y/o una madre que piensen y sientan por él/ella. Se resiste a aceptar la postergación de los deseos. Tiene sentimientos infantiles hacia los padres y hacia los demás. Tiene problemas en adaptarse adecuadamente a situaciones.

Ex miembros subrayan que si se está sometido a situaciones de tensión creadas por la presión de los exámenes o del grupo social, si se han roto relaciones afectivas, si existen sentimientos de soledad, si hay que tomar decisiones importantes, hay que recurrir como consejeros a personas de reconocida honestidad y trayectoria porque las sectas se aprovechan de estas épocas para atraer y prometer un bienestar que calme el displacer actual.

Porqué logran las sectas inducir a la dependencia y servidumbre




Líderes de grupos coercitivos han dominado, entre otros, el arte de la seducción, usando técnicas de influencia muy astutas y que ejercen una extraordinaria influencia sobre las personas.
Este artículo encara el fenómeno de sujeción a servidumbre que constituye una dependencia enfermiza en el pensamiento, los afectos y la voluntad.

A esto se ven reducidas personas reclutadas por las sectas.

Hace algunos años, la Asociación Argentina de Psiquiatría Social, que en ese momento yo presidía, organizó en la Sala de Cultura de la Facultad de Medicina de la UBA, una reunión dedicada a "Las Sectas", a la que asistieron como expositores, entre otros, un matrimonio cuyos nombres ficticios eran "Juan" y "Susana", quienes hablaron al público de la sujeción morbosa que habían sufrido por parte de una secta y las terribles experiencias que trastocaron su matrimonio y su vida entera. En un posterior encuentro se profundizó la descripción de esa mezcla de seducción, informaciones falseadas, retención con diversas excusas y un real control del pensamiento del que habían sido víctimas. Otros casos de personas también sometidas, vistas en el consultorio, y el estudio de videocasettes con testimonios de adictos y ex adictos del extranjero (Estados Unidos y Francia), lecturas y estudios sobre el tema y mi experiencia como psiquiatra, psicoanalista y especialista en psicología médica, me lleva a realizar este trabajo recolectando, además, la experiencia de estudiosos sobre el tema, con la idea de esclarecer los motivos psicosociológicos que subyacen a este extraño y frecuentísimo fenómeno, y qué consecuencias tiene esta tenebrosa experiencia sobre la personalidad de un ser humano.


Por qué causas y motivos fueron atraídas personas a ser víctimas de sectas

Como puede verse, mucha gente encuentra demasiado extraño el hecho de que una persona conocida, con características relativamente normales, pudo haber entrado a participar de una secta o haberse sometido a ella. O si esta persona ya ha salido de la influencia de la secta le preguntan "¿cómo pudiste aguantar tanto tiempo?". Esto significa, en realidad: "¿cómo alguien como él/ella pudo terminar en algo como esto?" "Debe haber algo muy equivocado con esta persona", piensan. Las personas que entran en sectas, no fueron precisamente buscando ser controlados, ser dependientes, ser explotados o ser dañados psicológicamente cuando se acercaron a los miembros por primera vez, señala Shaw muy claramente en "Traumatic Abuse in Cults".

Esa pregunta que parece ingenua es la que muchos nos hemos hecho al escuchar a alguien que perteneció a una secta, y que cambió: de haber sido profesional, o comerciante o estudiante, ama de casa, y tantas otras ocupaciones normales, a estar reducido a un estado de servidumbre tal, que rechazaban familia, parientes, cambiaban su conducta y se volcaban a un grupo extraño para el que trabajaban y al que mantenían económicamente.

Sobre todo cuando, luego de salir de la secta, a la persona del líder se la veía ridícula, inferior, sin importancia, absurda o manipuladora, cuasi psicótica o psicopática. Alguien se decía "¿cómo pude creerle a este gordito mentiroso?".

Las sectas emplean misterio (falseado), milagros (falseados), autoridad (abusiva) y promesas de salvación (falsas). Es como si prometieran: "En vez de aburrimiento, tendrán nuevos intereses en lograr nobles objetivos"; "En vez de ansiedad existencial, tendrán una estructura y certezas"; "En lugar de aislamiento o soledad, encontrarán una comunidad"; "En lugar de impotencia, encontrarán solidaridad incondicional por parte de importantes líderes". Las sectas ofrecen respuestas concretas y rápidas, y prometen importantes logros sociales, espirituales y afectivos.

Los que consiguen adeptos se dirigen a las ansiedades y a la soledad de personas que están sufriendo problemas personales, transiciones, crisis; brindan la promesa de una curación transformadora dentro del marco de una comunidad que le tiene cariño y que la cuida. Y que sanará las heridas que le han provocado las equivocaciones, las fallas o el odio de los demás (familia, grupo de pertenencia, etcétera).

Es que ellos han dominado, entre otros, el arte de la seducción, usando técnicas de influencia muy astutas y que ejercen una extraordinaria influencia sobre las personas.

Dentro del tema de la seducción, cabe recordar que los líderes del grupo no informan claramente sobre su propia historia o sobre hechos de su vida. Es como si re-escribieran y falsificaran sus propias biografías. Dan poca información real sobre ellos. Hay personas que se acercan al grupo y que no sabían; sólo después se enteran, por ejemplo, del abuso sexual del que habían sido víctimas otras personas, o las incitaciones que sus líderes ejercían sobre algunos de sus seducidos. 

Cuando lo captan, están ya bajo tan fuerte influencia que esto no les provoca, sorprendentemente, la repugnancia que cabría esperar de su anterior formación moral. No les provoca horror ni deseos de escapar, ni de irse. Algunos consiguen salir cuando llegan a percibir un daño personal o a un ser querido que su mente no puede ya negar. Una joven escapó cuando quedó embarazada del líder y éste la obligó a hacer un aborto. Eso fue un hecho traumático que hizo despertar en ella un sentimiento de horror, de maltrato, de lástima y de ser manipulada; describe José María Baamonde en "Sectas y Lavado de Cerebro".

Pero la seducción tiene un componente muy interesante, que es el que tan bien conocemos en psicología dinámica, que es la seducción seguida de frustración. A veces se ve también fuera de las sectas, en personalidades histéricas con rasgos psicopáticos una de cuyas características es ésta: seducir a una persona y, cuando ésta se entusiasma, y se interesa, la frustran o la alejan. Algunos no se prestan a este juego y se apartan de estos "seductores frustradores" pero otros quedan como pendientes de este juego, deseando el momento en que la seducción reaparezca creyendo en nuevas promesas y negando la segura frustración que le espera.

En las sectas participan de esta característica psicológica todos los miembros que quieren atraer o hacer permanecer a los ya reclutados. Primero les hacen saber que son personas hermosas, o valientes, o con coraje, o con interés, o con más inteligencia que el común de las personas, o con "algo especial", o mejores que nadie; y luego, en otro período, le retiran esta admiración o este afecto, con lo cual la persona queda desubicada y deseando poder ocupar nuevamente el lugar de privilegio y admiración que perdieron. Veremos en "vulnerabilidades" que estas personas caen víctimas de su necesidad de apoyo, de estima, de aprecio, lo cual facilita que sean manipuladas. 
Gracias a este vaivén quedan tan dependientes que a veces son capaces de sufrir hasta castigos físicos. Recuerdo a alguien que me contaba que pese a ser la "elegida" del líder de la secta, en un momento dado, en un encuentro, éste la abofeteó fuertemente porque no coincidía con algunas de sus postulaciones. Un matrimonio también era castigado por el líder o sus ayudantes. En algunos, esto incrementaba un sentimiento de culpa previo.

Seducir-frustrar, seducir-frustrar es una actitud humana tan vieja como el mundo, pero estos seductores han encontrado, de una manera hábilmente manipuladora, que este método sea útil con algunas personas dependientes, como vimos, necesitadas de amor y autoestima. Si estos aparentes logros les son quitados, los buscan nuevamente con desesperación sometiéndose a lo que fuera, pagando el altísimo precio de encontrarse inmersos en una relación sadomasoquista, en la cual, obviamente, deben jugar el rol de víctimas.

Pero esta seducción y ciertas técnicas que ahora veremos, no calman todavía la curiosidad de la gente común sobre el por qué se entra a una secta.

Cuando se piensa que hay personas que han sido captadas por sectas, que han obedecido órdenes absurdas, que han cambiado su modo de vida abandonando a su familia, que han trastocado su vida sexual a veces gravemente, que se han sometido y subordinado a un líder y a un grupo, tal vez estafando y robando para ellos, la sana razón se despierta y dice ¿Cómo es esto posible?
"Si un adulto entra en una secta lo hace porque quiere", se dice entonces. "Es imposible que alguien que no es un alienado se comporte con esta disparatada sujeción a la esclavitud, con esta aceptación absurda, y sea reducida a servidumbre", se argumenta.

Margaret Singer, quien es psicóloga clínica y Profesora Adjunta del Departamento de Psicología en la Universidad de California, Berkeley, habla del "culpar a la víctima" y describe varias clases de víctimas en "Cults in our Midst". Sigo aquí su pensamiento, muchas personas consideran que quienes se acercan a las sectas son culpables, que buscaron un camino equivocado porque sí, o porque sin duda, su avanzada patología los llevó a ello.

Existe un prejuicio bastante generalizado entre la gente común, incluso intelectuales y universitarios, que suelen pensar frente a este fenómeno tan asombroso, que si alguien parece normal y pertenece a una secta es porque quiere, porque "se la buscó", porque por algo oscuro será que pertenece.
Este pensamiento, bastante común, responde a una natural tendencia en el humano a culpar a las víctimas. Veamos algunos ejemplos. Las mujeres que han sido violadas posiblemente "hayan provocado la situación", "se habían vestido especialmente para estimular la violencia sexual", ó "no debía haber estado en este lugar y/o a esa hora".

Estas opiniones no tienen por qué ser equivocadas, pero suelen pensarse de modo automático, gracias a esa condición de la mente humana que tiende a externalizar lo malo en otros, en generalizar las conclusiones sin discriminar de quién se piensa o habla, y en simplificar los hechos.

Los niños suelen ser culpados de sus resfríos por no usar abrigo en días de invierno, como igualmente los maridos son culpabilizados por sus mujeres. Éstas, a su vez, son "absolutamente responsables", según sus maridos e hijos, de que se haya pinchado un neumático, por no haber revisado el coche antes, etcétera. Es decir, las personas suelen rápidamente externalizar la culpa.

La gente suele reconocer cuatro clases de víctimas. La primera: víctimas de crímenes violentos. La segunda: víctimas de desastres naturales y enfermedades graves. La tercera: víctimas de terroristas o secuestradores. La cuarta acepción sería la de las víctimas de agravios, maltrato, heridas emocionales, mala praxis médica o legal, y otras agresiones que alguien haya ejercido contra ellos.

Pero hay otra clase de víctimas: aquéllas que han estado en situaciones de "dependencia coaccionada" (como las llama Singer) como consecuencia de haber estado sometidas a un proceso de reforma del pensamiento. En esencia, este proceso se lleva a cabo a través de un programa de reconstrucción conductual, un programa de manipulación sistemática usando técnicas psicológicas y sociales. Es comúnmente conocido como "lavado de cerebro". Los miembros de sectas se encuentran entre esta quinta clase: las víctimas de la "reforma del pensamiento".

Los que pertenecen o han pertenecido a una secta son entonces víctimas. Víctimas de personas que sistemáticamente ejercen sobre ellas estrategias de seducción, manipulación del pensamiento, reforma del mismo con amplio despliegue de técnicas de tipo verbal, comunitario, físico y moral.
En todo el mundo académico relacionado con el tema se las reconoce como víctimas, que incluso han luchado para no ser captadas. Algunas se han apartado o huído, pero muchas de ellas no han podido vencer las poderosas influencias utilizadas para retenerlas.

Quien haya leído la epopeya de Steven Hassan, autor de "Combatting Cult Mind Control", recuperado gracias a haber sufrido un accidente por estar conduciendo un automóvil con poquísimas horas de sueño, como siempre por trabajar para la secta. Este accidente lo volvió a su familia a la que había abandonado. Ésta observó el estado catastrófico en que estaban su cuerpo y su mente, y lo ayudaron con el máximo amor y dedicación a "desentrenarlo" de su pensamiento condicionado. Su libro es un muestrario vívido de cómo una secta puede transformar a un hombre culto de nuestros tiempos en un esclavo (hasta vendía objetos por la calle a precios altos con la mentira de que eran para solventar obras benéficas).

En su comentario sobre el libro de Steven Hassan, Louis J. West, en el American Psychiatric Journal, señala los tres principales elementos del control de una persona: control de la conducta, control de los pensamientos y control de las emociones. Hassan agrega un cuarto elemento usado habitualmente por los cultos destructivos: el control de la información.

Quien haya escuchado de modo personal las maniobras de que fueron objeto estas víctimas, no puede menos que entender que las sectas son sociedades dedicadas por lo menos a adquirir poder -cualquiera que éste sea- y dinero para beneficios de sus líderes.