"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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martes, 8 de diciembre de 2020

Autora del libro sobre Patricia Aguilar: “en España hay una desprotección absoluta en el tema de sectas”.

 

FUENTE: Cordópolis


 


 


Hace casi tres años que la vida de Patricia Aguilar y su familia dio un vuelco de 180º. La joven de Elche (Alicante, España) se marchó hacia Perú días después de haber cumplido los 18 años. Sus padres siempre supieron que este viaje no había sido voluntario, que había algo detrás. Tuvieron que viajar hasta el país sudamericano para volver a España con su hija y su nieta, de apenas unos meses. Patricia había sido captada por Félix Steven Manrique, un gurú sexual que empleó todo tipo de técnicas posibles para anular a la joven y convencerla de que había sido elegido por Dios para repoblar el mundo ante un inminente apocalipsis. Lo cuenta Alejandra Luque en el medio digital Cordópolis.


 


Hoy, la experiencia de la joven puede leerse en el libro Hágase tu voluntad, de la periodista Vanesa Lozano (Pozoblanco, Córdoba, 1989), quien ha puesto voz a una historia real que nos acerca al mundo de las sectas, a sus modus operandi y a la falta de una legislación en España que ayude a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y a las familias que se enfrentan a la desaparición de un ser querido tras ser captado por una secta. A la familia de Patricia sólo les quedó el empeño de la Policía peruana que, con escasos recursos, no dejó de buscar a la joven hasta encontrarla.


 


En primera persona, Patricia relata los abusos, malos tratos y vejaciones que sufrió durante el año y medio que duró su cautiverio. Un relato cruento que se intercala con la desesperación y el coraje de toda una familia, en especial, de su padre, Alberto Aguilar, y de su prima, Noelia Bru, quien inició una investigación paralela ante la falta de avances en España. Gracias a esto llegaron a tiempo para su rescate y evitaron que otra menor siguiera sus pasos. Félix Steven Manrique cumple 20 años de prisión por el delito de trata de personas. En España, el caso de Patricia Aguilar fue archivado.


 


- ¿Dónde te encontrabas cuando ocurrió el caso de Patricia Aguilar?


 


- Cuando desapareció Patricia, en enero de 2017, yo estaba en Interviú [semanario español, ya desaparecido]. La familia llegó pocas semanas después de denunciar su situación. Los padres se sentían muy impotentes porque les habían dicho en la Policía que su hija era mayor de edad, que aparentemente era una desaparición voluntaria. Así es como están consideradas las desapariciones de personas cuando son captadas por una secta. Que Patricia fuera mayor de edad fue un hándicap muy grande ya que no podía ser tratada como una desaparición de alto riesgo. Con esa impotencia de que no se va a hacer nada porque la Policía no tiene capacidad para investigar más allá, los padres pensaron que había que hacer algo más. Iniciaron una investigación por su cuenta, con mucho retraso y sin poder evitar que se cometieran hechos más atroces contra Patricia, que dio como resultado que se pudiera rescatar a su hija, a otras dos mujeres y a los niños.


 


- Acudieron a medios locales pero no recibieron demasiada atención.


 


- No sólo recurrieron a medios locales. A Interviú nos llegó el caso cuando ya habían acudido a algún medio nacional, pero al tratarse de un tema de sectas… Primero, no estaba muy claro que la desaparición tuviera que ver con una secta. Si la Policía no lo tenía claro, más difícil iba a ser convencer a un medio de comunicación que detrás de la desaparición había una secta. Sin embargo, la familia lo tuvo claro desde el primer momento porque Patricia dejó evidencias físicas en su habitación. Y, segundo, hay un problema de sensibilidad en la sociedad con respecto a este tipo de temas. Tendemos a pensar que sólo cae un loco, que algún tipo de problema tendría… La revictimización de la víctima y de la familia, por ende.


 


De alguna manera, como en la sociedad no interesa o se ve como ajeno este problema, tampoco a las audiencias ni a los lectores les va a interesar este tipo de problema. Con lo cual, lo que le habían dicho, con otras palabras, es que el tema de las sectas no da audiencia. Queda un largo camino por recorrer. Es verdad que el caso de Patricia ha servido para cambiar un poco la mentalidad, aunque no los protocolos ni la ley, pero sí que ha cambiado mucho la capacidad de entendimiento de una parte de la sociedad y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que es lo más importante. Ellos, que son el primer filtro y donde tendría que haber recaído la investigación en el caso de Patricia, que hagan esa evolución para tratar de prevenir y de solucionar un problema más extendido en la sociedad.


 


Desde que nosotros supimos del caso de Patricia hasta que lo publicamos pasó un tiempo hasta que los padres consideraron que era el momento más oportuno para poner el caso en el foco. Cuando se puede entorpecer una investigación, un conato de investigación o cuando todavía parece que se puede hacer algo, sería incorrecto por parte un medio de comunicación poner el foco sobre determinadas cosas. Nosotros esperamos hasta ver si la Policía podía hacer algo y hasta que la familia inició ese viaje psicológico, abrir su casa y desnudar su intimidad absolutamente. No es lo mismo desnudarte ante los investigadores del caso de tu hija que ante un medio de comunicación, ya que toda tu vida va a acabar expuesta a mucha gente.


 


- ¿En qué momento de toda la desaparición te planteas plasmar la historia en un libro?


 


- A lo largo de ese año y medio que estuvo Patricia en Perú adquirí una relación de confianza con la familia que se prolongó en el tiempo. Nos implicamos mucho como medio de comunicación en esa investigación en paralelo que hizo la familia. Así, fue mucho más fácil conocer a Patricia cuando fue rescatada, respetando los tiempos de recuperación que tiene y que tuvo. Lo más importante es que fuera ella la que marcara esos tiempos de cómo quería contar las cosas y cuándo. Fue la propia familia la que tomó la iniciativa de querer reflejar en un libro lo que ocurrió ya que, por el momento, no se han cambiado las leyes. Es un granito de arena que la familia quería aportar.


 


No tenemos otro testimonio en España de una persona que haya vuelto tras ser captada por una secta. No hay otra chica como Patricia, que consiguió regresar de donde todo el mundo dice que nadie vuelve, que es el infierno de una secta. Además, su caso está documentado de principio a fin porque ella guardó todas esas conversaciones de año y medio de captación con el gurú. Relata con todo lujo de detalle ese calvario y abusos que sufrió en Perú. El objetivo es dar a conocer cómo captan a las personas y poder prevenirlo o darnos cuenta de que está pasando. Es inimaginable que esto puede ocurrir tras la desaparición de un ser querido. Es mucho más frecuente de lo que nos pensamos. Los expertos calculan que hay entre 250 y 300 grupos sectarios en España, pero con 400.000 adeptos. Es verdad que no todos los grupos sectarios cometen delitos ni todos emplean la persuasión coercitiva, pero los modus operandi, cuando menos, conviene revisarlos.


 


- ¿El de Felix Steven Manrique fue siempre el mismo con todas sus víctimas?


 


- Este tipo es un manipulador y un maltratador de manual. Llevaba toda su vida captando a chicas jóvenes, algunas menores de edad. Lo hacía tanto en grupos religiosos como de Internet. Estaba suscrito a 134 grupos en redes sociales que, aunque aparentemente eran inocuos, estaba ahí. Había foros de música electrónica, apasionados de la arqueología o de la psicología, ropita de bebé y mamás, parejas que son siempre fieles… Quien se mete en estos grupos no va a pensar que alguien lo va a captar o manipular. Eran foros que siempre tienen detrás a alguien muy apasionado en algo en concreto o en un problema. Felix Steven Manrique llevaba haciéndolo desde muy joven, sobre todo cuando las mujeres eran más jóvenes. Él mismo decía que, con en esa edad, las chicas eran más moldeables e influenciables.


 


- Él sabía perfectamente lo que hacía. No ha sido calificado como alguien enfermo.


 


- Él lo sabía y así ha quedado acreditado en los informes de los forenses que lo han evaluado. Aseguran que no tiene ningún tipo de problema, que era perfectamente consciente de sus actos y que lo llevaba siendo durante toda su vida. Él vendía esa especie de redención a cada víctima, siempre diferente en función de la vulnerabilidad de la chica o de su forma de ser. Si alguien nos viene y nos dice que el mundo se acaba mañana, que yo he sido el elegido por Dios para repoblar el mundo contigo y con otras mujeres, seguramente le diríamos que está chalado. Pero el problema es que nadie viene así, ni a Patricia. Primero se presentan como una especie de amigo que ofrece respuestas del tipo que sea en algo que tú necesitas, se ganan tu confianza y haces que bajes la guardia. En el caso de Patricia se presentó como una pareja, que se sentía muy atraído por ella y le decía que era maravillosa, todo en un momento en el que ella tenía la autoestima por los suelos y se sentía muy débil porque acababa de fallecer un tío suyo con 29 años y para ella era como su hermano mayor. Félix Steven Manríque utilizaba técnicas muy sutiles.


 


- Todo un proceso de captación que comenzó cuando ella era menor. Tenía 16 años.


 


- Gracias a las conversaciones que se pudieron recuperar tras el rescate de Patricia, se calcula que durante un año y medio estuvo captándola a través de Internet, ganándose su confianza, haciéndose su pareja, convenciéndola de que había que hacer ciertas cosas por motivos espirituales, hasta que Patricia cumple la mayoría de edad y se marcha. Él sabía que en cuanto cumpliera 18 años iba a tener menos problemas legales para que ella se marchara a Perú. Y luego estuvo un año y medio de cautiverio en Perú hasta que fue rescatada en la selva en una situación lamentable: había dado a luz a su bebé sin ayuda sanitaria de ningún tipo y completamente abandonada a su suerte.


 


- En el libro Hágase tu voluntad se deja ver que en España de poco sirvió que Patricia era menor cuando fue captada dado que cuando se marchó sí tenía 18 años.


 


- La familia se volcó mucho en acreditar que había sido captada cuando aún era menor porque siempre que iban a una comisaría de Policía o cuando iban a hablar con el fiscal o con el juez les decían: “Es que Patricia se ha marchado siendo mayor de edad”. Los primeros meses se volcaron en demostrar esto con conversaciones y con otras adeptas que la familia encontró en otros países, con expertos en la materia y con las pruebas que Patricia había dejado en su habitación. Se volcaron e intentaron demostrar eso. Cuando lo consiguieron acreditar y vieron por el camino que en ese momento había otra chica de 15 años en el País Vasco que estaba siendo captada y que estaba a punto seguir los pasos de Patricia y marcharse a Perú, vino el siguiente problema: que todo lo que estaba ocurriendo era jurisdicción de otro país. En el caso de que los delitos se estuvieran cometiendo, no estaban siendo en España. Por eso, a la familia de Patricia no le quedó otro remedio que marcharse a Perú a intentar sensibilizar a la Policía y a la Fiscalía de allí para que se hiciera algo. Allí, con mucho tiempo y trabajo, se consiguió.


 


Tampoco el ser menor de edad te libra de un caso así en España. Hay una desprotección absoluta. Los líderes sectarios saben hacerlo todo perfectamente: cómo tienen que tapar su actividad delictiva de modo que no se les detecte, que cuando ya se consiga detectar y convencer a la víctima, ocultar que hay una actividad delictiva; y una vez se acredita que hay un delito, a partir de ahí, juzgarle. El problema es que en España se abrió una investigación con mucho empeño por la familia y apenas se hizo nada. El Juzgado número uno de Elche abrió la investigación cuando Patricia estaba rescatada y el gurú había sido detenido. Esto es sólo un ejemplo que muestra la lentitud de la justicia.


 


Luego, hay un problema del que nadie habla y que pasa con otras víctimas de trata y explotación sexual: recae en la víctima todo el peso una y otra vez de acreditar los hechos, que me parece bien porque se tiene que acreditar que una persona es culpable, pero no es lógico que una chica esté durante un año y medio repitiendo en declaraciones de ocho o diez horas cada día, a la Policía y al juzgado. Repetir la cantidad de abusos sexuales, de violaciones, malos tratos y de golpes que ha recibido por parte de su gurú. Eso hace que las víctimas, si se animan a denunciar -que no son todas porque los padres de la chica del País Vasco decidieron que la apartaban de eso porque no la iban a hacer pasar por ese calvario judicial-, se acaben cansando. Cuando Patricia llegó a España declaró cuatro veces.


 


Cuando Manrique fue condenado a 20 años de cárcel en Perú y entonces empezó una investigación en España, el fiscal se apartó y dijo que los delitos por lo que podía haber sido condenado en España ya han sido juzgados en Perú. Pidió el archivo. La jueza decía que la mayoría de los delitos por los que está siendo en España ya están subsumidos en el delito de trata de seres humanos por el que ha sido condenado en Perú. Te está diciendo al fin y al cabo que ve motivos para archivar la causa. A partir de ahí, ¿qué queda? ¿La acusación de una chica en recuperación psicológica, que tiene una bebé fruto de su relación con su captor y a la que le haces ir a declarar? Además, Manrique tiene un abogado en España que se encargó de apretar a Patricia en cada declaración, así que ella misma dijo que no iba a seguir con la acusación en España.


 


- Otra cuestión del libro es cómo queda patente que este individuo era consciente de lo que estaba haciendo. Me refiero a los mensajes que les manda a los padres de Patricia asegurando que con las leyes actuales no podrían hacer nada. ¿Este es el desamparo al que se enfrentan las familias?


 


- Imagina la impotencia que siente la familia. Por un lado, tiene que asimilar que su hija ha sido captada por una secta y, por otro lado, que el gurú empieza a obligar a Patricia a grabarse vídeos y subirlos a Youtube cuando ya empezó a verse acorralado. Tuvo que acudir, incluso, a los medios de comunicación peruanos para que la grabaran y transmitir la idea de que estaba bien y de que nadie la estaba coaccionando. Cuando la familia recibe unos audios que manda Patricia, asegura que quien hablaba no era ella sino el ‘egregor’, esa conciencia de grupo que le habían inculcado. El gurú se sentía a salvo de todo porque llevaba muchos años haciéndolo. Su error fue atreverse con una chica española porque hasta ese momento sólo había captado a chicas latinoamericanas. Todas tienen el mismo derecho a la libertad pero, desgraciadamente, allí es muy frecuente que desaparezcan mujeres peruanas.


 


- ¿Buscar antes o después a una persona desaparecida depende también de la voluntad del policía con el que hables?


 


- Depende, y mucho. Tenemos una Policía maravillosa y creo que de las mejores de Europa. En términos generales, conozco y trabajamos asiduamente con Policía y Guardia Civil y tienen un elevado grado de implicación y preocupación por esclarecer casos de desaparición que a mí me abruman muchas veces. Luego, también hay excepciones, como en todas las profesiones. Los padres de Patricia encontraron alguna que, no voy a decir por maldad, pero quizás por esa falta de herramientas legales, poco o nada se puede hacer. Cuando Patricia desapareció, su padre llamó primero por teléfono para decir que su hija faltaba en casa. Ella es una niña responsable y a pesar de estar en una edad adolescente nunca había tenido ese amago de marcharse de casa o de desaparecer unas horas. No bebía alcohol y sólo salía en su barrio por la tarde.


 


- Sus padres sabían que aquello no era normal.


 


- Ellos tenían que insistirle para que saliera. Sobre todo, tras la muerte de su tío, tiraron mucho de ella para que saliera con sus amigos. Sabían desde el minuto uno que ahí ocurría algo. Cuando su padre llamó, la Policía le animó a que esperara 48 horas para denunciar. Ahora nos parece un disparate, pero en su momento también lo era porque el Ministerio del Interior ya había modificado ese protocolo antiguo de 2009 para que en desapariciones de menores o de alto riesgo se pusiera de manera inmediata la denuncia. En el caso de Patricia se tardaron tres días.


 


- Tiempo que tardó Patricia en viajar a Perú.


 


- Efectivamente.


 


- ¿Qué pasó para que los padres decidieran abandonar Elche e irse a investigar?


 


- Porque no se sintieron apoyados. Como desde el primer momento no se tomó como una desaparición de alto riesgo, nadie fue a casa de Patricia a mirar en su habitación, ni en su ordenador ni en su cuaderno de clase. En su cuarto había hasta información sobre rituales. Cuando ya agotaron vías aquí, además de que tenían muchas pruebas por la investigación que hacían en paralelo por las redes sociales y por la ubicación de las víctimas y tras hacer piña con otros familiares afectados por Manrique, se dieron cuenta que, o viajaban a Perú o en España poco o nada se podía hacer. Con el apoyo de esas familias peruanas, primero viajaron la madre y el padre.


 


En este primer viaje acudieron a la Fiscalía de Trata de Seres Humanos, donde les animaron a poner la denuncia y todo empezó a moverse mucho más rápido. Cuando los padres regresan a España, las familias peruanas les avisan que todo había quedado un poco en nada. Hay muchas mujeres desaparecidas en Perú y dicen que allí es algo que tienen normalizado. No es tan frecuente, sin embargo, que una chica joven española desaparezca en Perú. Es por eso por lo que se tomaron tantas molestias, tanto la Policía como la Fiscalía, para buscar a Patricia y al resto de víctimas. Ante esto, el padre de Patricia volvió a viajar a Perú diciendo que no regresaba a España hasta que no lo hiciera con Patricia. Pasó allí varios meses alojado en casa de la madre de una de las otras víctimas y poniendo su propio coche.


 


- Ese es un detalle que apuntas en el libro y que, incluso, los agentes que encontraron a Patricia la estuvieron buscando en sus horas libres de trabajo.


 


- Sí. Una Policía con muchas ganas pero con pocos recursos. El padre estuvo dispuesto desde el primer momento a poner lo que hiciera falta, que no a sobornar, porque se dijeron barbaridades de esos países. Hizo de chófer de los policías que rescataron a su hija. En el operativo policial, además, pagó un colchón para que los dos policías pudieran dormir en la habitación que estaba puerta con puerta con la del captor de su hija. Hizo muchas cosas, aparte de un montón de reuniones para intentar sensibilizar a las instituciones peruanas de que de verdad, detrás de ese grupo, se estaban cometiendo delitos muy graves. Ahí sí hubo investigación, aunque se tardó demasiado porque, como dice el padre de Patricia en el libro, en las manos de alguien estuvo desde el principio evitar tanto dolor y tanto sufrimiento a su hija y a toda la familia. No se tenía que haber esperado tanto. Se cometieron los peores delitos contra las víctimas porque el gurú tuvo mucho tiempo para campar a sus anchas.


 


- Si no hubiera sido rescatada, ¿habría salido por su propio pie?


 


- Para nada. A las víctimas las tenía aisladas. En el último mes había dejado abandonada a Patricia junto con los cinco niños en una chacra en la selva de Perú donde no tenían nada para comer ni agua potable. La que tenían era de un riachuelo y la calentaban con la luz del sol. El poblado más cercano estaba a una hora a pie. Los policías los encontraron a todos llenos de piojos, desnutridos y descalzos. Decían que si hubieran tardado un mes en rescatarlos, Patricia, uno de los niños o la bebé habrían muerto.


 


- A lo largo del libro, sobre todo por las declaraciones en primera persona de Patricia, vemos cómo una  de las chicas tiene a veces momentos de duda porque el gurú le había prometido hace años que el mundo se iba a acabar y nada de eso estaba ocurriendo.


 


- En una secta, el engañado es el último en enterarse de que lo ha sido y no lo hace de golpe y de repente, sino con pequeños momentos de duda. Van teniendo momentos de iluminación en esa anulación de la capacidad crítica. A Patricia la adoctrinaron y la instruyeron para que dejara de pensar y de cuestionarse las cosas. Ella creía ciegamente y sin ningún tipo de cuestionamiento, pero conforme el gurú la fue llevando a momentos de explotación y de abusos brutales, va teniendo pequeños momentos de iluminación y de decir que algo iba mal. Ella pensaba: “Él decía que el mundo iba a llegar a su final tal y como lo conocíamos, pero ha pasado un año y eso no ha ocurrido y decía que era algo inminente. Estos malos tratos, por mucho que luego me pida perdón y luego me refuerce, son por algo. Algo pasa”. El problema es que para cuando esto ocurre, Patricia físicamente está en una incapacidad total para salir por su propio pie a pesar de que ella hubiera hecho esa evolución mental, algo que también es imposible porque hay que salir de la influencia de tu captor. Estaba en un país completamente diferente al suyo, le había quitado los documentos, estaba aislada y no tenía dinero.


 


- Un cambio en ella que sí se percibe en el libro es cuando nace su hija, ¿no? Empieza a ver la situación de otra manera


 


- El ser madre le abrió los ojos. Ella fue capaz de hacer por su hija lo que por su propia vida no fue capaz de hacer. Eso es algo que me sorprendió mucho porque los expertos en sectas decían que ante este tipo de casos pueden ocurrir dos cosas: cuando hay un vínculo de unión de por vida con el gurú, esto se puede convertir en un impedimento para que el adepto salga del grupo, o que ocurra todo lo contrario. Cuando a los padres de Patricia se les llama para decirles que han rescatado a Patricia pero que también son abuelos, me sorprendió que se lo tomaron con una naturalidad pasmosa. De alguna manera tenían tantas ganas de recuperar a su hija con vida que no pensaron que venía una hija del gurú. Pensaban que no habían salvado una vida, sino dos. Para mí fue una lección de vida tremenda y tenían razón. Su hija fue y es el agarre principal para que Patricia siga adelante en momentos muy duros porque le han quedado muchas secuelas.


 


- ¿Cómo se encuentra?


 


- Muy bien. A salvo y viviendo en libertad, pero no hay que negar tampoco que de esto no se sale de la noche a la mañana. Sigue en proceso psicológico cuando lo necesita y de manera más reducida que al principio, tras su rescate. Ha vuelto a estudiar sólo por darle un futuro a su hija.


 


- Aquel argumento del apocalipsis y el fin del mundo, con la situación de pandemia que estamos viviendo, ¿ha levantado en Patricia algunas dudas sobre si lo que le decía el gurú podía ser cierto?


 


- A ella ya no le queda duda de nada. Patricia ha conseguido despertar de todo, pero es cierto que estos momentos de confinamiento y de pandemia son utilizados por muchos gurús, por muchos Manrique, para captar adeptos. Esto ya lo han alertado los expertos de sectas, ya que donde más están es en Internet y en las redes sociales. Es donde pasamos más tiempo y donde se suelen buscar explicaciones a determinadas situaciones. Además, hay líderes de grupos que están aprovechando, incluso, para reforzar su mensaje y recuperar adeptos o para retener a los que ya tienen dentro. Yo he constatado de personas que tenían una cierta estabilidad pero que, a última hora, no la han tenido. Con esa inseguridad y ese momento de vulnerabilidad pueden calar determinados mensajes. Un ejemplo de ello son las pseudoterapias.


 


- ¿Cómo ha afectado este caso a la iglesia Gnosis? En un primer momento se apuntó que Patricia había sido captada por esta institución, aunque más tarde se descubrió que Manrique fue expulsado por las técnicas que usaba.


 


- Cuando los padres de Patricia empiezan a buscar en su habitación, encuentran escritos que respondían a la doctrina gnóstica. Es cierto que finalmente esta entidad no tuvo nada que ver con su desaparición, pero también es verdad que Félix Steven Manrique sí perteneció a esta iglesia, como así lo reconoció la propia institución. Pero, como bien denuncia la familia de Patricia, aunque la Gnosis no tuvo nada que ver en el caso, bien podría haber advertido en su día si se dieron cuenta de lo peligroso que era este tipo. Lo podían haber denunciado y eso no ocurrió.


 


- Sabemos que Patricia estuvo con otras dos chicas durante la captación, ¿pero hubo más mujeres que fueron captadas y que pudieron salir?


 


- Una de las mujeres que estuvo con Patricia vive a día de hoy con su familia, ha recuperado su vida normal, se ha repuesto y ha abierto los ojos, pero hay otra que no. Esta sigue captada psicológicamente y en la sentencia de Perú está reconocida como víctima de trata, pero ella no se siente así y sigue defendiendo el legado y la doctrina de Manrique. Es más, esta mujer se ha puesto en contacto con Patricia a través de una cuenta por una red social y le ha enviado mensajes de parte del gurú, invitándola a que volviera al grupo y haciéndole sentir culpable y en deuda. Utiliza presiones muy sutiles como, por ejemplo, que tiene una hija con el gurú. Recuerdo que durante todos los meses que se estuvo buscando a Patricia, la Policía decía que a veces se llegaba tarde. No porque la vida de la víctima corriera peligro, sino porque muchas veces es tarde para recuperarla y desligarla.


 


- ¿Esta mujer ha tenido las herramientas para recuperarse?


 


- Sí, sí. Además, la familia ha intentado darle una estabilidad, pero ella no quiere. Tiene una hija con Manrique, cuya custodia se le fue retirada cuando la rescataron para que ella pudiera recuperarse, pero ya la tiene con ella. El problema también es que cómo siendo Patricia víctima de trata, estando su captor condenado a 20 años de prisión, no hay ningún instrumento para impedir que alguien se ponga en contacto con ella y vuelva a intentar manipularla y atemorizarla.


 


- ¿Cómo se legisla contra el abuso de la debilidad en España? Luxemburgo y Francia sí tienen tipificado estos delitos en su Código Penal.


 


- Por el momento no hay nada al respecto. Está la asociación RedUNE, que lucha a nivel por la prevención sectaria y aglutina a muchas familias y algunos ex adeptos que consiguieron salir, pero nada en el Código Penal.


 


- ¿Hay en España algún observatorio de sectas?


 


- Datos oficiales no hay ninguno y todos salen de las investigaciones que hacen los expertos. Luis Santamaría es uno de ellos y tiene una biblioteca propia sobre este tema, pero ni el Ministerio del Interior ni ningún organismo público tiene datos oficiales. Además, la Policía y la Guardia Civil tienen muy poquitas herramientas legales porque las formas de proceder de las sectas no están catalogadas como delitos, por lo que en los registros policiales tampoco hay estadísticas.


 


- ¿Qué armas preventivas tienen los padres y los menores para hacer frente a esta situación?


 


- Conocer cómo pasan estos casos es primordial. El caso de Patricia nos da muchas herramientas y es uno de los motivos por los que quiso que este libro se publicara. A su regreso, Patricia pudo recuperar más de 11.000 folios de conversaciones con el gurú. Aunque cada caso es particular, siempre hay patrones comunes a la hora de adoctrinar y manipular. Creo que este libro es una herramienta poderosísima para ello. Las nuevas tecnologías nos dan una oportunidad y tienen muchas ventajas, pero también hay que alertar a los jóvenes sobre qué hay detrás de la pantalla, que quizás, algo que pudiera ser inocuo, puede no serlo. Que, quizás, lo que nos están contando no es del todo cierto cuando se trata, además, de un desconocido.


miércoles, 21 de octubre de 2020

“Me llamo Patricia Aguilar. Tengo 19 años y dicen que he estado en una secta”.

 

FUENTE: Varios medios

“Me llamo Patricia Aguilar. Tengo 19 años y dicen que he estado en una secta”. Así empieza el libro que cuenta la historia de una adolescente de Elche (Alicante) que dejó su casa y su familia para seguir los pasos de un gurú, Félix Steven Manrique, que la había convencido de que iban a repoblar el mundo. Hágase tu voluntad, escrito por la reportera de El Periódico Vanesa Lozano, cuenta cómo la joven española fue captada y seducida por internet, maltratada y esclavizada por el líder de la secta y rescatada por su familia y la policía peruana en plena selva, año y medio después. Lo leemos en este artículo firmado en dicho diario por Luis Rendueles.


En el 2015, Patricia, entonces una joven de 16 años, se metió en un foro de internet buscando respuestas a la traumática muerte de su tío, un hermano mayor para ella, y a algunos sueños extraños que tenía cuando conseguía dormir. En uno de esos foros echaba sus redes Félix Steven Manrique, que se ofreció a ser su guía espiritual. El tipo decía que había conocido al Dalai Lama, que había leído más de 5.000 libros...


Inquieta, inteligente, triste, enfadada con su familia, con el mundo y con Dios por la muerte de su tío, Patricia se refugió en su habitación y en sus charlas por ordenador con Manrique. Cada vez más frecuentes, cada vez más largas. Traducciones de vídeos, salmos de la Biblia, rezos del Corán, mensajes apocalípticos, Vladimir Putin, Donald Trump, la guerra de Siria. Después de un tiempo, él empezó a pedir que le enviara imágenes sexuales. El hombre, 15 años mayor que ella, la fue convenciendo de que cuando cumpliera los 18 años debía coger dinero de sus padres y reunirse con él en Perú. Entonces Patricia ya sería mayor de edad y no podrían impedirles estar juntos. En esta novela de no ficción se reproducen algunos de los mensajes que se cruzaron el gurú y la adolescente en ese periodo.


Otras 'esposas'


El 7 de enero del 2017, recién cumplidos los 18 años, Patricia se fue de casa de sus padres con 6.000 euros, su teléfono móvil y dos maletas. Cuando llegó a Perú se encontró con que no era la única 'esposa' del gurú, que mantenía relaciones y explotaba a otras dos mujeres, con las que había tenido cinco hijos. En Perú y con su captor, Patricia iba a tener la primera experiencia sexual de su vida. También iba a sufrir por primera vez abusos y malos tratos.


El libro narra la odisea de la joven española con ese grupo y la lucha de la familia de Patricia por rescatarla. Los constantes cambios de casa, de un apartamento en Lima a una chabola en la selva, que fue ordenando el líder del grupo que se hacía llamar el Príncipe Gurdjieff. Las mujeres trabajan para él, que pasaba el día durmiendo y meditando. Cada noche, el gurú elegía a una mujer para que compartiera cama con él. Las otras dormían en el suelo, con los niños.


Sin luz ni agua corriente


Patricia cumplió otra de las misiones que el Príncipe Gurdjieff tenía encomendadas. Se quedó embarazada. Su familia la estaba ya buscando en Perú y el gurú decidió apartarla y dejarla sola en una chacra, en la selva, al cuidado de los otros niños. El resto de mujeres siguieron trabajando para él en restaurantes o tiendas. Allí, en un viejo establo de San Martín de Pangoa, una zona de selva y cultivos de coca, sin agua corriente ni electricidad, con la presencia del resto de niños del grupo, la mayor de 10 años, la joven española acabó dando a luz a una niña, Naaomi. Sus gritos desgarradores hicieron que una vecina de un poblado cercano acudiera a ayudarla.


Días después, los policías peruanos irrumpieron en la selva donde ya habían regresado Manrique y las otras mujeres de la secta. Detuvieron al hombre y liberaron a las mujeres y niños. Desnutridos, enfermos, con piojos, fueron llevados a una comisaría. En un principio, Patricia no se fió, defendió a su captor. La había convencido de que su familia la metería en un psiquiátrico y le quitaría a su bebé.


Félix Steven Manrique cumple actualmente 20 años de condena en una cárcel peruana. Naaomi tiene ya dos años y vive con su madre y con su familia en Elche. A ella va dedicada la carta manuscrita por Patricia que cierra este libro: “Escapé de donde muchos dicen que nunca se puede escapar para darte un futuro mejor”, escribe la joven a su hija. Patricia estudia un módulo de formación profesional y acude a terapia con un psicólogo. Ya no duda de que estuvo en una secta. Ha luchado y vencido contra lo que decía Mark Twain, aquel tipo del que se publicaban exageradas noticias sobre su muerte: “Es más fácil engañar a alguien que convencerle de que ha sido engañado”.


Entrega de un ejemplar al alcalde de Elche


La periodista Vanesa Lozano recogió esta insólita historia en las páginas de un libro publicado por la editorial Alrevés, y un ejemplar de este libro ha sido entregado el pasado 26 de septiembre al alcalde de Elche, Carlos González, por la protagonista de la historia, la joven Patricia. Acompañada de su padre, Alberto Aguilar, la joven fue recibida por el alcalde en el despacho de Alcaldía, quien agradeció el obsequio y destacó la valentía de la joven para contar su historia y para rehacer su vida en el seno de su familia. González dijo que “el libro debe servir a otros jóvenes para que sean conscientes del riesgo que implica el mal uso social de la red de internet”. Lo leemos en El Periòdic.


Patricia Aguilar tiene ahora 21 años, vive en Elche con su familia y ha recuperado sus estudios, en concreto un grado superior. La joven dice tener todavía muy presente su experiencia en Perú, y asegura que con su libro pretende dar visibilidad al tema de las sectas, asunto que, a su juicio, no es muy conocido y no se le da la importancia que realmente tiene. De hecho, el propio libro recoge en su contraportada que “esta es la historia de una joven española que buscaba respuestas en internet a las inseguridades de una adolescente común y acabó encontrando al otro lado de la pantalla del ordenador el horror de la manipulación y la sumisión más absoluta”. Precisamente, el riesgo que para los jóvenes puede conllevar la red de internet es el mensaje didáctico que se desprende de esta historia.

martes, 6 de octubre de 2020

El caso de Patricia Aguilar nos muestra cómo las sectas “detectan nuestros puntos débiles”

 

La periodista cordobesa Vanesa Lozano nos adentra en el mundo de las peligrosas sectas a través del testimonio de Patricia Aguilar, que fue captada por Félix Steven Manrique durante dos años. Cuando se hizo mayor de edad viajó a Perú, donde fue sometida por el gurú hasta que su familia logró rescatarla de ese infierno. A través de su testimonio en primera persona, recogido en el libro Hágase tu voluntad, conocemos el caso de una niña que huyó y regresó a su familia siendo madre. Así lo resume Luis Miguel Montero en El Cierre Digital.


Vanesa Lozano (Pozoblanco, Córdoba, 1989) es más que una periodista de Sucesos e Investigación. Es una joven profesional con una larga trayectoria en el Diario Córdoba, Cadena Cope, revista Interviú y ahora en El Periódico de Catalunya. Además, colabora habitualmente en “La Mañana” de TVE y “Ya es Mediodía”, de Telecinco. Hágase tu voluntad es su primer libro, pero a buen seguro no será el último. En esta obra de la colección “Sin ficción”, coordinada por Marta Robles, Vanesa cuenta sin adornos la tragedia de Patricia Aguilar, que con 16 años fue captada por una secta a través de Internet. Cuando cumplió 18 años Patricia dejó su casa familiar de Elche y viajó hasta Perú para convertirse en una de las esposas del “Príncipe Gurdjieff”.


Gran parte del libro está escrito en primera persona y es así porque “es la primera vez que Patricia cuenta, con todo detalle, no sólo lo que ha vivido, sino también cómo se sentía en cada momento o qué se le pasaba por la cabeza. Su relato pedía ser contado en primera persona. Nadie como ella puede describir los abusos, las coacciones, el engaño, la esclavitud, a los que fue arrastrada y sometida. El dolor físico y también el daño emocional que le infligió su captor durante años. Contarlo en primera persona, reproducir sus palabras exactas, ha sido posible gracias a meses de conversaciones y entrevistas con Patricia. Encuentros en los que ella ha sido tan generosa como para abrirse en canal y recordar experiencias que hasta ahora sólo había hablado con su psicólogo”, explica Lozano.


Momento de mayor vulnerabilidad


La obra evita algunos nombres reales, algo que la autora hace por expreso deseo de los afectados o por conservar el anonimato de las fuentes, de personas que todavía luchan contra las sectas en todo el mundo, cuyo repunte es evidente y se está agravando con la llegada del coronavirus: “La crisis por la pandemia nos coloca a todos en un momento de especial vulnerabilidad e incertidumbre. Las sectas lo saben y lo están aprovechando. Para captar nuevos adeptos, para afianzar su mensaje y retener a los que ya tienen e incluso para recuperar a los que perdieron. Internet ha hecho que los grupos sectarios y los gurús evolucionen sus tácticas de captación. Tenemos que hablar ya de sectas 2.0. El caso de Patricia lo evidencia. Su captor se coló en su habitación y la fanatizó lentamente durante dos años sin necesidad de llamar a la puerta. Solo con la palabra y desde el otro lado de una pantalla”, advierte Vanesa Lozano.


Patricia sólo buscaba respuestas en Internet a las inseguridades de una adolescente, pero acabó encontrando a Félix Steven Manrique, que durante dos años la manipuló hasta el punto de que la “vendió” que iba a repoblar el mundo cuando llegase el apocalipsis, pero terminó esclavizada y sometida en la selva de Perú por Manrique. Allí la rescató la Policía, cuando cuidaba de cuatro niños y de su propia hija nacida de la relación con el gurú de la secta.


El coraje de su familia y su lucha muchas veces en solitario y otras ayudados, entre otros, por la propia Vanesa Lozano, lograron dar con el paradero de la joven y rescatarla de las garras de la secta y de los delitos cometidos por su captor. Con la irrupción de Internet en nuestra vida diaria “nos exponemos continuamente y damos mucha información en un solo clic. Las sectas lo saben y lo aprovechan. Detectan nuestros puntos débiles, nuestras necesidades, nuestras crisis. También nuestros intereses y motivaciones. Todos somos susceptibles de caer en una secta, en algún momento de nuestras vidas, no todos en la misma”, añade Lozano.


El gurú de Patricia no tuvo que dar la cara ni moverse de casa para “cazarla”. Internet puso a su alcance información sobre ella, su lugar de nacimiento, su situación familiar... “Por otro lado, internet permite a personas como Manrique embaucar a varias víctimas a la vez sin mucho esfuerzo, solo estando al acecho de posibles víctimas en muchos foros de internet. Manrique estuvo durante años captando chicas jóvenes de todo el mundo en todo tipo de grupos, en los que era muy activo: grupos de mochileros por el mundo, música electrónica, mundo emo y anime, animalitos perdidos y adopción de cachorros, interés por la arqueología, foros de “novios y novias que nunca engañan”, bebés y mamis... Patricia no tuvo la mala suerte de toparse con él, resulta que él estaba en todas partes”, añade Vanesa Lozano.


Perder un hijo o una hija es el mayor miedo de unos padres, pero si algo así ocurre, Vanesa dice que “lo mejor es buscar ayuda de expertos y de familias como la de Patricia, que han sacrificado su intimidad familiar para relatar en Hágase tu voluntad su experiencia precisamente con ese fin: mostrar cómo se puede detectar un problema así y de qué manera afrontarlo”. Como la propia Patricia Aguilar dice en una carta manuscrita que se incluye al final del libro, “contar es la única forma de intentar que no vuelva a ocurrir”. No, al menos, de la misma manera.

viernes, 10 de agosto de 2018

El calvario de Patricia Aguilar, la joven española secuestrada por la secta Gnosis en Perú

Desnutrida y con un bebé recién nacido, así fue encontrada Patricia Aguilar en medio de la selva en Perú (EFE)

Patricia Aguilar, víctima de la secta Gnosis de Perú.

Patricia Aguilar todavía no había cumplido los 18 años cuando, deprimida por la pérdida de un familiar, subió un triste mensaje a Facebook. Esas palabras fueron suficientes para que el líder de la secta Gnosis de Perú, Félix Steven Manrique, lanzara su cacería.
Poco a poco se contactó con ella y la fue convenciendo… para cuando cumplió la mayoría de edad, la había cooptado completamente y la había convencido de que abandonara su casa en Alicante, robara dinero y viajara a Perú a encontrarse con él.

Así comenzó el calvario de Patricia, una pesadilla que duró 17 meses y le trajo graves consecuencias.
Más de un año después de ese 7 de enero de 2017, cuando se fue de su casa, las autoridades la encontraron en mitad de la selva con síntomas de desnutrición y descubrieron con sorpresa que había sido madre apenas un mes y medio antes.

Además de su bebé, estaba al cuidado de varios menores más. Todos en condiciones de insalubridad, drogados y con síntomas de haber sido abusados.

Desde su liberación, la joven permanece en un albergue de acogida del Ministerio de la Mujer de Perú, donde tanto ella como su bebé de un mes son atendidas de la desnutrición que sufrieron durante su estancia en la selva peruana.

En la actualidad, la familia depende de trámites administrativos para que Patricia y la bebé puedan volver a España, pero como ningún médico asistió al parto de la joven, no hay un certificado médico para el registro de la niña, y deben esperar para poder registrarla y continuar con los trámites.

Rescatarla de esa pesadilla no es mérito de la policía, sino de su familia, que desandó como pudo los caminos de esa secta hasta dar con ella.
Hechos reales, el programa de TV español, emitió ayer un programa especial con esta historia y reveló que la familia de Patricia ha tenido que hacer un gran esfuerzo económico para rescatarla, llegando a tener que pagar la gasolina de la policía peruana para poder desplazarse hasta el remoto lugar en el que estaba retenida.

El 4 de julio pasado, cuando por fin fue liberada, también fue capturado el líder de la presunta secta. Félix Steven Manrique estaba junto con otras dos mujeres, una de ellas embarazada de ocho meses y también con signos de violencia.
(https://www.infobae.com/america/mundo/2018/08/02/el-calvario-de-patricia-aguilar-la-joven-espanola-secuestrada-por-la-secta-gnosis-en-peru/)