"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 12 de marzo de 2020

El Palmar de Troya, más allá de la frivolidad: “no era divertido, allí dentro había gente encerrada”.

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FUENTE: Fórmula TV

“El Palmar de Troya” es la serie documental que Movistar+, en colaboración con las productoras 100 balas y 93 metros, ha producido para mostrar la historia de la Iglesia Palmariana, desde que las cuatro niñas confesaran haber visto a la Virgen hasta la actualidad. En estas décadas, la secta ha pasado por multitud de polémicas y hasta un circo mediático en torno a la relación de un ex papa y una ex monja. Israel del Santo, director del proyecto, ha explicado en esta entrevista para Fernando S. Palenzuela, del portal Fórmula TV, cómo se gestó el documental, además de introducirnos en la vida dentro de la secta, el sometimiento de esta a los fieles palmarianos y los diferentes puntos de vista que se revelan en los testimonios de entrevistados muy afines a la Iglesia.

- ¿Os habéis encontrado con alguna barrera por parte de la Iglesia Palmariana para llegar a cabo la serie?

- La actitud de la Iglesia Palmariana es la de siempre en estos casos: tienen la táctica de cerrar la puerta y esconder la cabeza bajo tierra como si no existiera el mundo exterior y con nosotros han hecho más o menos lo mismo. Yo estuve con el papa actual, con Pedro II. Simplemente me acerqué a la basílica, llamé a la puerta y sin cámaras ocultas ni micros y sin ocultarles nada, les dije que era de #0, de Movistar, y que estábamos grabando un documental. Pasé una tarde entera con ellos e incluso me permitieron ver el oficio. Es curioso, pero ellos comprendieron que estaba haciendo mi trabajo y creo que, sobre todo, agradecieron que no llevase cámaras ocultas o que no les intentase mentir. Pero su reacción siempre ha sido esa, la de esconderse y esperar que pase el temporal.

- Una vez que se han emitido los episodios, ¿ha habido algún tipo de represalia?

- No, contra nosotros, que yo sepa, no. Estamos en comunicación con los entrevistados y tampoco, para nada. Es que la Iglesia Palmariana prefiere no mirar para afuera, para eso se han hecho un muro de seis metros y hay momentos, como este, en el que tienen que recurrir a él.

- En el cuarto episodio se puede ver cómo toman represalias contra algunos antiguos miembros, ¿verdad?

- Sí, así es, pero eso corresponde quizá a una época más dura. La época de Ginés, que era quizás un Papa más temperamental. En esta época están más flojos de fuerza, aunque siguen ahí, lo que tiene su mérito en el ranking de las sectas, pero no están tan fuertes como hace unos años.

- En el documental, contáis con gente que estuvo muy implicada en el poder, como Ginés. ¿Hasta qué punto ha habido confrontación entre sus opiniones y la de otros implicados?

- Son dos maneras de ver la misma historia bastante diferentes. Tanto los ex palmarianos fieles y ex obispos, como Ginés, el Papa, todos saben quiénes participan en el documental antes de verlo en la televisión. Son conscientes de a qué se sometían. Con respeto y con cuidado. Ginés se va a sorprender con el último capítulo.

- Cuando habla de Clemente, Ginés tiene una opinión similar a la del del resto.

- Está hecho a propósito realmente. La serie es un viaje de unos y otros, de cómo se adentran en una secta. Yo siempre digo que las sectas tienen el cartel de “Bienvenidos, rellenen el formulario”. No te quieres dar cuenta de que estás en una secta cuando llevas allí 14 años. Y los hay que han estado allí 14 años porque fueron acompañando a su madre o los hay porque son el papa. El caso de Ginés es muy curioso y hemos aprendido mucho y también gracias a los psicólogos especialistas en sectas con los que hemos trabajado. Ginés también es, en parte, una víctima de una secta: él se cría allí dentro y pasa 34 años ahí. La realidad subjetiva con la que compara el mundo es la suya, la de El Palmar, con lo cual, su comportamiento como papa forma mucho parte de esto. Es curioso que, en una secta, el propio gurú o el líder también sufre lo que llamamos un “clic”, un momento en el que dices: “Esta no es la única verdad que hay, al otro lado del muro hay más cosas”. Yo creo que lo pudo haber sufrido Clemente y también Ginés.

- En el caso de Ginés parece más comprensible, ¿pero también lo piensas de Clemente?

- Sin duda. Clemente y Manolo no son dos tipos que dicen un día: “Vamos a engañar a todos estos pringados que se van a creer que vemos a la Virgen y nos da mensajes”. Creo que Clemente es el caso típico de un gurú que monta una secta. Todas las sectas tienen unas características comunes y una de ellas es que todas se basan en un suceso paranormal y, en el caso de El Palmar, tenemos a las niñas que dicen ver a la Virgen. Cuando llegan allí, él de repente encuentra en toda esa gente unos seguidores y adoradores que necesita conservar. De hecho, llega un momento en el que mucho antes de crear El Palmar, junta allí a 40.000 personas para ver un supuesto milagro. Eso él necesita conservarlo y, para ello, necesita dinero. Además de dinero, necesita una estructura y captar fieles que vayan todos los días. Esto es una secta estructurada con las mismas características de funcionamiento y de comportamiento. Es ahí cuando a lo mejor pasan 14 años y grita por los pasillos: “¡Quiero dejarlo! ¿Qué hago yo aquí?”. Pero al principio, y esto es muy curioso y yo lo aprendí por el camino, todos los que se acercan a El Palmar de Troya lo viven como un momento feliz. Si ves el primer capítulo, es un momento positivo. Todos llegan allí y están con gente muy parecida a ellos, se sienten arropados, se entienden... Todos o casi todos ven a la Virgen o, por lo menos, creen estar cerca de ella. La propia Nieves Triviño decía que ella jugaba con sus amigos, que estaba bien. También queríamos reflejar eso, por ello en el primer capítulo no se habla de abuso psicológico, pero sí en el tercero.

- ¿Hasta qué punto llega la influencia de la Iglesia como para tener ese nivel de sometimiento de la gente que está dentro?

- La Iglesia Palmariana juega con el tema de la religión. Juegan con lo más íntimo, que son nuestras creencias. Juegan con la falta de libertad, el aislamiento, que es una de las características de cuando las sectas se convierten en algo ya oscuro y terrible. Es un mensaje que recibes poco a poco, no una mañana, de que lo de fuera está mal y aquí estarás a salvo, aquí tú eres el único, el elegido y podrás ver cosas que los demás no. Poco a poco entras en una dinámica en la que tienes que cumplir estas normas, en la que tienes que esforzarte. Existe un sometimiento claro y una ausencia de libertad porque, si no, no perteneces al grupo. Cuando esto se mezcla con lo sexual, ahí ya están tocando lo más íntimo de una persona. Ya no es el hecho de que sea feo tocar nuestras parte sexual, lo que es terrible es controlarla.

- ¿Cuáles son los capítulos que más han gustado?

- Hay mucha gente que le gusta mucho el tercero, que es quizá el más serio. El cuarto es el más humorístico, el más divertido, el más surrealista. Si no sabes nada del Palmar, este capítulo es aún más divertido, porque dices: “¿Qué hace este posando en Interviú?”. Si te soy sincero, el día que me pusieron encima de la mesa el proyecto, yo no sabía nada de El Palmar. Según me lo leía pensaba: “Ni al mejor guionista se le ocurre una historia tan bizarra”. Me enamoré del tema.

- Con toda la represión que caracterizó a Clemente y los abusos que se dieron en su época, ¿por qué crees que esta secta no llegó a ese punto de libertad sexual como sí hay en otras?

- Está claro: esta Iglesia pretende ser una copia, como si lo pides por AliExpress, de la Iglesia católica. Es decir, según la regla de San Benedicto: pobreza, castidad y obediencia. Entonces la gran diferencia es que un monje católico, de cualquier orden, tiene una formación de un mínimo de nueve años en un seminario. Hay una anécdota maravillosa de Clemente y Manolo que van a un seminario a preguntar qué hay que hacer para ser cura y allí les dicen que tienen que hacer una serie de cursos y ellos dijeron que era mucho. Un año y siete meses después, era Papa. Por eso, está el tema sexual en todo eso. Ser cura en los años 70, y ahora debería también, implicaba celibato y ellos intentaban mantenerlo. Pero claro, sin formación, ocurre lo que ocurre. El tema de la homosexualidad dentro de los grandes cargos no sería ningún problema a día de hoy si no existiese lo más grave, que es la coacción psicológica.

- Toda Sevilla sabía que Clemente salía de fiesta por la ciudad, los propios palmarianos vieron el fracaso el 12 de octubre con el milagro de los ojos... ¿Por qué esto no sirvió para arrojar un poco de luz alrededor de ese fanatismo que se creó en torno a esa figura?

- Hay que recurrir de nuevo para explicar esto a otra de las características de una secta: la promesa. Yo te prometo que vas a ver algo que todos los demás no, en este caso un milagro que es que la Virgen va a bajar y me va a devolver la vista. No se produce, pero cuando no se produce y, esto es muy importante, no ha sido culpa mía ni de la Virgen, ha sido culpa tuya porque no te has esforzado ni has rezado lo suficiente, no eres lo suficientemente pío, sois pecadores y por eso no se ha producido el milagro, es culpa tuya.

- La gente que trabaja con él manejando millones de pesetas y viendo su cara fiestera no reaccionaban ante aquello. ¿Por qué?

- Había parte de hipocresía, pues algunos pertenecían a la élite, a la cúpula, y querían conservar una serie de beneficios; y luego había otros que lo llevaban muy mal. Tenemos personajes de los dos tipos. Tenemos a un tipo como Ginés, por ejemplo, que iba a esas fiestas y que termina de Papa; y tenemos a Andrew, que también iba a esas fiestas y acaba yéndose. Yo creo que es una cuestión más personal. Pero como dentro de El Palmar la comunicación es inexistente incluso entre ellos... Andrew no podía hablar con las monjas de El Palmar. Mónica, que es su mujer, no se entera de esto hasta que ve años después una foto del Papa Clemente borracho en la Feria de Sevilla. Y entonces dices: “Si toda Sevilla lo sabía”. Es surrealista. Este año pasado, cuando rodábamos la serie documental, nos pilló la Feria y la mayor parte del equipo somos de Madrid y no teníamos una caseta a la que entrar. Decíamos que éramos de El Palmar de Troya y nos dejaban entrar a casi todas. Continúa la sombra de Clemente en la Feria de Abril.

- Está muy bien mostrada la posición de la mujer en la Iglesia Palmariana, hay muchos testimonios, como lo de Nieves o Mónica, que muestran el cambio a peor.

- Nuevamente entramos en un pensamiento terriblemente arcaico, en el que la mujer por supuesto representa el pecado y lo negativo. Les decían que no se podían lavar más de una vez a la semana porque eso provoca a los hombres. No diré nada más, señor juez. La verdad es que se retratan tan bien ellos solos que hay veces que hacer el documental es muy sencillo. El propio Ginés, cuando dice: “Conocí a Nieves, era una jaquita buena...”. No necesitas ponerle nada más. A Ginés hay que disculparle porque ha pasado 35 años allí dentro y hay que entender eso. Recuerdo que nos contaba que él no sabía lo que era el rock porque nunca lo había escuchado o que iban sus amigos a ver a U2 y él no sabía qué era eso. Tampoco entendía el significado de la palabra “flipar”, no nos entendía.

- ¿Habéis encontrado en los testimonios alguna explicación a los estigmas de Clemente y a toda la leyenda de la pérdida de sangre?

- Sí, el de Luis Molins, que estuvo allí sacando sangre. Es curioso porque teníamos una declaración muy divertida que finalmente no metimos en el documental y en la que contaba que él era irlandés en esa época y era de los primeros irlandeses en El Palmar. Ten en cuenta que hay más adeptos irlandeses que españoles en El Palmar de Troya. Él vio de repente a Clemente cortarse con un cristal en un lateral y lo decía en inglés, pero nadie lo entendía. Es muy bonito vivir cómo nace una leyenda hace muy poquito. Pero claro: ¿quién midió los 16 litros? ¿No estaba exagerado? ¿No estabais en una especie de histeria colectiva? Además, que no fue solo una vez, en otra ocasión creo que le atravesó un rayo, pero no teníamos constancia ni material de ello. Clemente era un grande y tenía unas ideas brillantes. Yo siempre digo que si hubiese nacido en esta época, sería delegado de Google o algo así. Creo que así lo refleja el documental. No defendemos sus actos, pero sí admiramos su cabeza y su capacidad. Siempre hay otros que tienen esas ideas antes, pero él lo que hace es aunar todas las performances de los demás y mejorarlas. Además, era gordito, bajito, con la cara deformada, ciego... parece que no tiene todos los atributos para ser un gran líder, pero para nada, es un líder espectacular, para bien o para mal.

- ¿Cómo conseguía la Iglesia de El Palmar ganar tantos fieles por Europa?

- Es un caso para estudiar. Se dedican al principio a hacer folletos a máquina donde se van transcribiendo los mensajes de Clemente y los van repartiendo por centros de peregrinación y de apariciones marianas. Así se expanden por todo el mundo.

- Se considera a Manuel Alonso el cerebro tras Clemente de la Iglesia Palmariana, ¿llegaba a ser de verdad el que movía los hilos?

- No lo sé, como siempre en las historias hay varias versiones. Nosotros hemos intentado ser bastante respetuosos con el tema de las versiones y siempre hemos dejado que haya dos o tres. Aunque es verdad que, en un caso este de El Palmar de Troya, el espectador se queda con una y es fácil además. Pero es otro perfil muy distinto. Son buenos amigos, se conocen desde hace muchos años y él no tiene por ejemplo estigmas ni visiones. No es el carismático del grupo, pero quizá sí que es el más ordenado, el que prefiere hacer cuentas antes de irse a evangelizar el Polo Norte. Además, sabemos que él convierte a un ciego lisiado en el mártir de una nueva Iglesia. Tiene mérito también.

- ¿Qué opinión te merece el papado de Manuel Alonso?

- De pura transición, duró muy poco. Los últimos años los pasó luchando contra un cáncer y él se centró más en eso que en otra cosa. Lo que ocurre con Manuel Alonso es que se cierran las puertas con llave. Con Clemente venían con una atracción que sentía la gente con él y cuando él ya no está, Manuel Alonso se centra en cerrar las puertas. Estaba más preocupado por las bajas que por los ingresos. No le va mal, ya que cuando cierran la Iglesia durante unos años, son pocos los adeptos que pierden.

- Se formó un circo mediático con la historia de Ginés y Nieves. Viendo las imágenes de los programas, da la impresión de que se reían de ellos

- Nosotros hemos intentado hacer una crítica con todas esas imágenes mezcladas de las televisiones y dándole una solemnidad excesiva para lo que se está viendo y espero haberlo conseguido. Es verdad que muchas veces en España se ha frivolizado sobre temas muy serios, sin escarbar un poco más. Casi todo lo que salió en la tele durante ese tiempo iba encaminado a mostrar a la pareja que se iba a casar o que iban de viaje a Nueva York y lo pintaba como divertido. Pero no era divertido, allí dentro había gente encerrada y no hacía ninguna gracia. Es verdad que es gracioso, bizarro, surrealista y que es España y nos partimos de risa con todo, pero puedes contar las dos cosas y no sólo quedarte con las risas. Nosotros nos lo hemos tomado en serio para poder contar las dos cosas y hacer una crítica a esa forma de tratar la información.

- Ese capítulo también narra la parte más oscura del poder que acumuló Ginés.

- Sin duda. Uno de los especialistas en sectas nos contaba una cosa muy interesante y es que tú idolatras al gurú. Cuando nosotros comenzamos a trabajar en el documental, él estaba en la cárcel y yo pensaba: “Joder, voy a tener la suerte de conocer a este señor”. Me imagino cómo lo hará un fiel o un adepto de la Iglesia Palmariana. Cuando te sientas frente a él, te das cuenta de que es un señor de carne y hueso. No tiene nada especial, es bastante común y tiene perlas maravillosas. Él mismo se mete en unos fregados... El voto de castidad, el voto de obediencia y el voto de pobreza los tenía trastocados. Nosotros buscamos a un tipo así de personaje. Los medios están diseñados para traer a esta gente. Me gustaría contarte una cosa: todos los participantes en el documental, que han visto los tres primeros capítulos, nos han escritos muy emocionados y muy contentos. Para algunos ha sido una catarsis poder sentarse a contarlo y que estuvieran unos señores allí escuchándolos con interés y con cariño. Por otro lado, tienen la sensación de que ha salido a la luz todo lo que había dentro de El Palmar sin ser una cámara oculta de un periodista infiltrado, sino contado por ellos mismos. Eso es gratificante.

- En el cuarto capítulo, aparece gente muy joven que ha nacido dentro del El Palmar. Me llamó mucho la atención la historia del chico que termina rompiéndose al recordar a su familia.

- Es que no es solamente estar dentro de El Palmar y las normas y lo duro que es estar allí, sino que también es el aislamiento. Consiste en que si tú sales de El Palmar, no puedes volver a hablar con nadie que sea palmariano y eso suele implicar a toda tu familia, incluidos tus padres, hermanos o hijos. Para que veas hasta qué punto se les tiene agarrados y, además, con la creencia de que van a arder en el infierno, que es el mensaje más recurrente que tienen. Salen destrozados anímicamente. Miguel Perlado, nuestro psicólogo clínico, considera a la Iglesia Palmariana como una de las sectas más dañinas de España y una de las más dañinas del mundo por cómo sale la gente de allí. Queríamos quitar de una vez por todas esa imagen de la Feria de Sevilla, que también es El Palmar de Troya, pero no es solo eso.

- Se ve representado esto con mucha crudeza en Mónica, cuando va a ver a su madre en el hospital.

- Sí, las dos disimulando haciendo como que no se conocen, es precioso. Aun así, Mónica estaba asustadísima con el documental y sólo nos permitió usar esas imágenes y su madre aparecía pixelada.

- ¿Por qué, pese al miedo que tienen, han querido participar en esta serie?

- Nosotros no hemos obligado a nadie a hablar, esto es importante. No nos han cerrado las puertas de El Palmar. Estuvimos en la basílica y en el pueblo sin grabar, simplemente conociendo a la gente, con gente que nos ha abierto lugares donde tenían miles de cintas con mensajes de los videntes. Entre ellos, una estantería llena con cintas de Clemente. Aparece su voz en los medios, que creo que solo había aparecido una vez en TVE en los años 80. Al final la gente se comprometía con los estábamos haciendo y nos mandaban fotos, querían salir. Para ver El Palmar por dentro, no nos hizo falta recurrir a las cámaras ocultas, porque los propios implicados nos daban sus vídeos, en los que aparecían haciendo la comunión o vídeos de cómo se hacía Mónica monja. Son vídeos muy personales de todos ellos y es la parte quizá más maravillosa del archivo que hemos utilizado. No era únicamente ver la basílica por dentro, sino que también era ver cómo Mónica tomaba los hábitos.

- En la serie hay relatos muy duros sobre muertes, como la del sacerdote al que dejaron morir en su habitación porque “así lo quería Dios”. ¿No ha habido ningún tipo de represalias ni delito por acciones como esta hacia la propia Iglesia?

- Esa es una de las grandes preguntas: ¿por qué las autoridades no han puesto los ojos sobre El Palmar de Troya? Nos fijamos en lo sencillo: si mi hermana está ahí dentro, ¿por qué no puedo sacarla? Porque nuestras leyes todavía tienen algunas lagunas en cuanto a la coacción psicológica, que era lo que más me preocupaba a mí relatar. No son crímenes catalogados claramente. Tal y como funciona hoy en día la ley, la Guardia Civil te puede preguntar si estás en la Iglesia Palmariana libremente, pero si la persona responde que sí, no pueden hacer nada. Te da mucho miedo salir, como se ve en el relato de Xavi, que te explica que si no sabe qué es U2, cómo se va a plantear pedir una hipoteca o hacer un currículum. Todos los que han participado en el documental tomaron antes una decisión muy valiente que no sé si todos nos hubiéramos atrevido a tomar. Si todo lo que conocemos descubrimos que es mentira, no sé si querríamos salir. Ahí es donde entiendes que esto le puede pasar a cualquiera. Si cerrasen Twitter e Instagram, a muchos podría pasarle lo mismo al descubrir que la realidad está allí fuera.

- ¿Cuál era la respuesta de la Iglesia católica a todos estos preceptos y excomuniones de El Palmar?

- Ha ido por épocas. Nosotros la respuesta de la Iglesia católica la hemos tratado de mostrar a través de Luis Santamaría, que es un teólogo católico y especialista en sectas, con lo cual era una voz más que autorizada. Hablaba casi en nombre de la Iglesia, es un señor muy reputado. En los inicios, la Iglesia católica hizo lo que siempre hace ante este tipo de apariciones marianas: estudiarlos, aclarar como aparece en el primer capítulo que no tuvo lugar ningún suceso paranormal y abandonarlo. Con Franco, hasta el año 1975, la Iglesia católica tiene un problema, porque los palmarianos son grandes seguidores de Franco y del Régimen. Pero Franco no puede decir que es favorable a la Iglesia Palmariana, porque eso sería ir en contra de la católica, su verdadero aliado. Unos hacen manifestaciones de “qué bien Franco”, pero Franco no dice nada. Simplemente piensas que después de Franco llegan a España unos tiempos muy distintos y que la Iglesia Palmariana morirá, pero no. La Iglesia Palmariana tiene una gran capacidad de regeneración y de aguante increíble y vuelven a salir diciendo que son la verdadera Iglesia. Clemente se considera el verdadero Papa y considera que no le aceptaban en Roma porque el Vaticano de la Iglesia católica estaba lleno de masones y comunistas y por eso crea un Vaticano en un pueblo de Sevilla. Ellos consideran que son la auténtica Iglesia y que la otra está corrupta y prohibida. La Iglesia católica obviamente desacredita a la Palmariana y la considera una secta. Básicamente, la diferencia entre una orden religiosa y una secta es que en una se produce la ausencia de libertad.

- No hay tanto conocimiento popular sobre la Iglesia Palmariana, sobre todo en las nuevas generaciones. ¿Consideras que está en decadencia con el nuevo Papa?

- Yo lo pensaba, porque después de lo de Ginés... pero no lo sé. Nuevamente aparecieron los Cohen para escribir la historia de la Iglesia Palmariana, porque si no, no me lo explico y termina Ginés asaltando la basílica con un cuchillo con la ayuda de su novia. Cuando fui allí, a las cuatro de la tarde vi cómo sonaban las campanas y durante seis horas se realizaban los oficios. Estaba toda la Iglesia llena, con niños, mujeres, cada uno sentado en su parte de la iglesia y todos rezando con devoción. Y sin saber lo que pasa fuera. Cuando apareció uno de nuestros drones, se asustaron. Es espectacular, pero consiguen aguantar. Si han aguantado cinco décadas, no descarto que aguanten otras cinco. La comparación con la secta de Osho es muy recurrente y la serie 'Wild Wild Country'. Lógicamente nos hemos inspirado en esta serie, no es ningún secreto, pero se producen para mí dos diferencias claras. Una es que la de 'Wild Wild Country' pasa en Estados Unidos, si pasase a 30 kilómetros de Sevilla, te sale El Palmar de Troya, seguro. La otra es que 'Wild Wild Country' duró lo que tiene que durar y El Palmar de Troya sigue.

- Hay muchas declaraciones de cuando muere Clemente, porque él decía que con él se acabaría todo

- Sí. Hemos intentado reflejar todo eso. Es increíble. Me parece tan surrealista.

- ¿Crees que el documental puede ayudar a derribar la secta?

- No lo sé, pero a que nos fijemos en ella sí. Y a que la miremos con otros ojos, también. Es una secta que nos ha hecho reír mucho durante cinco décadas, pero que con un poquito de suerte, a partir de ahora no nos hace reír tanto. Por lo menos, si conseguimos eso, habremos hecho una labor importante. A poco que se esfuercen un poco los adeptos españoles y extranjeros por ver el documental, a lo mejor tienen otros puntos de vista y cualquiera de esos perfiles se puede ver reflejado. No descarto que puedan salir diez o doce más y haya otro 'El Palmar de Troya' como serie documental.

jueves, 5 de marzo de 2020

El trato a la mujer en la Iglesia Palmariana, reflejado en la serie “El Palmar de Troya”.

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FUENTE: ABC

«“Estoy flipando”. Yo no había escuchado eso en mi vida. “Estoy flipando”. ¿Qué será “flipar”?». Es el testimonio de Xavi Perals, uno de los ex seguidores de la Iglesia Palmariana, durante la segunda parte de la serie documental «El Palmar de Troya» (Movistar+), cuyo cuarto y último episodio se emitió el pasado 27 de febrero en el canal televisivo #0 (de la plataforma española Movistar+). Lo cuenta el diario ABC.

«Para mí, El Palmar de Troya se puede definir de tantas maneras... Se puede definir como teatro monumental; se puede definir como una verdad y una mentira; religiosidad mal entendida; pero la más común es la de secta», sentenció Perals al cierre de la segunda entrega, que también relató cómo Clemente Domínguez se autoproclamó Papa tras la muerte de Pablo VI y profundizó en el papel de las mujeres en la Iglesia Palmariana.

El refugio de dos mujeres

«Yo puedo caer mejor o peor, pero en mí no hay trampa ni cartón. Yo soy lo que veis. Puedo gustar más o menos... Dios me libre de las aguas mansas que las corrientes las veo venir... Pues yo soy así». Esta es la carta de presentación de Nieves Triviño, la que fuera monja de la Iglesia Palmariana y se casara con su ex papa Gregorio XVIII, el también ex convicto Ginés Hernández; ambos fueron noticia en 2018 por intentar acceder al recinto de la secta de la que él apostató. «Yo iba a jugar con los niños de mi edad. Como venían de toda España y de parte del extranjero... “¡Vamos a El Palmar!”. Era como ir de fiesta. Éramos una gran familia», recordó ella.

Durante su entrevista, contó que siempre le había gustado llamar la atención –acabó siendo portada del semanario Interviú– y cómo los novicios y sacerdotes no podían evitar mirarle y sonreírle. Sin embargo, su madre –que la obligaba a sentarse junto a ella en la última fila de la iglesia– concertó un matrimonio a su hija, todavía menor de edad, con un chico irlandés del que ella no estaba enamorada. ¿Solución? «Me fui de monja».

Durante su estancia allí, según ella misma confesó, rezaban continuamente «desde las seis [de la mañana] hasta las doce de la noche». Y es que, según varios entrevistados, el mayor problema de las monjas –pero también de los obispos– era la privación del sueño, pues no les permitían dormir todo lo que necesitaban. Por culpa de ello, muchas se quedaban traspuestas durante las rápidas y continuas misas que celebraban al día, por lo que tenían que despertarse a codazos entre ellas.

La otra mujer entrevistada fue la alemana Monika Hagen que, de niña, se desplazaba a El Palmar de Troya (Sevilla) en autobús: «Al llegar, era una impresión muy grande ver el fervor, la gente y tantos religiosos jóvenes entregados». Fue con 14 años cuando una niña que entonaba los cánticos («Tenía una voz de ángel») le hizo querer unirse a la secta. Aunque extrañada por la rapidez del proceso, Hagen hizo sus votos con 16 años después de 11 meses en la comunidad. Sin embargo, la realidad era que la joven se había refugiado en El Palmar porque no quería regresar con su familia.

Ambas mujeres relataron a cámara también cuáles eran los votos que hicieron. «De obediencia, castidad y pobreza. Obedeces a los superiores, a las reglas; te sometes siempre y en todo. No posees nada y ser muy puras». Otra regla, según Hagen, es que una nunca podía enfadarse, aunque la acribillasen a codazos.

El patriarcado de El Palmar

«Ahora se habla mucho de patriarcado... y el patriarcado en El Palmar está vivo y latente. El fin de la mujer en El Palmar es la procreación». Así de tajante se mostró Triviño al preguntarle por cómo era la vida de las monjas. «A la mujer se la machacaba por el mismo hecho de ser mujer; tiene que estar callada, no tiene voz», recordó el teólogo católico Luis Santamaría, de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). El periodista entrevistado, Manuel Molina, contó incluso una leyenda que decía que «las religiosas tenían prohibido lavarse con frecuencia» con el objetivo de «evitar que fueran excesivamente atractivas para los hombres de la orden».

«He llegado a escuchar que tenían que autoflagelarse y colocarse un cilicio en el cuerpo para que se hicieran daño», amplió una Triviño que recordó disponer solo de una «camita» con una caja de frutas de madera como «mesita de noche». Pero las religiosas no solo sufrían los castigos de la superiora («sin poder salir de tu habitación»), sino también las disparatadas decisiones de Clemente Domínguez, una vez se autoproclamó Papa. «Un día tomó la decisión de ponerle velo negro a las monjas y no se les podía ver el rostro para nada», contó Xavi Perals.

martes, 18 de febrero de 2020

La divina estafa en El Palmar de Troya.

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FUENTE: El Confidencial

Videntes, apariciones y una gran dosis de ingenio son los ingredientes principales de la delirante historia de la Iglesia Palmariana. Una escisión de la fe cristiana –con relato apocalíptico incluido– ideada por Clemente y Manuel, dos amigos que vieron un exitoso negocio en los mensajes celestiales. Juntos crearon una orden religiosa que insistía en que todos en Roma estaban equivocados y que únicamente los miembros de su iglesia tenían asegurado el perdón de Dios y el cielo eterno. Lo cuenta Cristina Anta en El Confidencial.

La llegada a la cima del poder de Clemente no tardó en llegar y rozó el cielo autoproclamándose Papa. Eso sí, sin ojos. Los perdió en un accidente. Los más de cincuenta años de existencia de esta congregación –a los que muchos denominan secta– han dado demasiado de qué hablar. Ahora Movistar+ traslada la historia a su serie de no ficción ‘El Palmar de Troya’, que cuenta con testimonios reales y exclusivos de algunos de sus protagonistas.

El caso

Marzo del 68. Cuatro niñas de 12 y 13 años aseguran que se les ha aparecido la Virgen María en la Finca de La Alcaparrosa cerca de El Palmar de Troya, en la provincia de Sevilla. Dicen haber visto, primero, la aparición de un toro con cuernos verdes, también un hombre ahorcado y, por último, una señora, la Virgen. Semanas después, varios vecinos relatan haber tenido otras apariciones.

Las apariciones no dejan de sucederse en el mismo lugar y la llegada de miles de peregrinos a la finca no para de aumentar. Empiezan a llegar videntes y el espacio se convierte en un escenario de lucha de poder donde todos quieren dar a conocer sus éxtasis místicos. A pesar de que el arzobispo difundió una pastoral negando la veracidad de los milagros que se sucedían en El Palmar, la llegada de Clemente Domínguez y Manuel Alonso fue clave en esta tragicómica historia de apariciones. Entre los dos, se hicieron con las riendas del asunto y acabaron fundando la Iglesia Palmariana.

“Mis queridos hijos: en estos momentos se funda la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Este es el momento, ahora” (Jesucristo a Clemente Domínguez). Las supuestas apariciones de Jesús y la Virgen a Clemente en los años 70 fueron el origen de la constitución de la orden. En un primer momento no se establecieron como iglesia separada, sino como una nueva orden religiosa que, con el paso del tiempo, se fue configurando como un ente antimarxista, antimasónico y contrario a todo lo que considerase una blasfemia.

Para ellos, el cisma no es cosa de ellos sino de la Iglesia Romana, que es la que se ha apartado de la verdadera fe. La orden, fundada por Clemente Domínguez, mezcló el integrismo con los buenos negocios y en 1988, tras unos cambios en sus estatutos, lograron inscribirse en el Registro de Asociaciones Religiosas.

La basílica

En mayo de 1975 una supuesta aparición del mismísimo Jesús pidió que se construyera un santuario en la finca de La Alcaparrosa. Y dicho y hecho. Clemente y Manuel empezaron a recaudar dinero entre los devotos para levantar el opulento templo que más tarde se convertiría en la sede principal de la orden de los Carmelitas de la Santa Faz.

Desde la carretera que une Utrera con El Palmar de Troya se pueden ver las imponentes torres de la basílica que muchos conocen por fuera, pero que muy pocos han podido acceder a su interior. Sus altos muros y las cámaras de seguridad que rodean todo el perímetro impiden ver lo que hay dentro. Es una obra faraónica que esconde en su interior espectaculares retablos, tallas y cuadros de un valor incalculable.

Hilo directo con el cielo

Los mensajes hacían hincapié en la eventual llegada del Apocalipsis donde, aunque el triunfo de Cristo estaba garantizado, se decía que se produciría una distinción entre buenos cristianos y los blasfemos. Los rocambolescos “recados” divinos que recibía Clemente incluían una condena a los obispos que criticaban a Franco, al que llegó a canonizar, o la octogenaria excomunión de Juan Pablo II por usurpador, apóstata, traidor y precursor del Anticristo.

Celoso de su intimidad, Clemente creó una organización en la que no se permitía la entrada al santuario a ninguna persona que no comulgara con su credo. Los palmarianos consideraban que ellos eran la auténtica Iglesia católica y que Roma se había apartado de la verdadera fe. Las misas de la Iglesia Palmariana debían ser en latín, las mujeres solo podían orar con el pelo cubierto por un velo y tenían prohibido usar pantalón. Además, se prohibió ver cine, vestir mangas cortas, votar en las elecciones y hablar con toda persona ajena a la Iglesia Palmariana y se les obligó a entregar todos los meses un diezmo a la orden.

Fábrica irregular de obispos

En enero de 1976, el clérigo vietnamita Pedro Martín Ngo-Dehn Thuc, nombró obispos a Clemente Domínguez y a sus socios en una ceremonia de tres horas celebrada en El Palmar de Troya. Pocos meses después, ese mismo arzobispo vietnamita se retractó pero en El Palmar se negaron a dejar de considerarse obispos. Las ordenaciones –ilícitas pero válidas a nivel jurídico– fueron la llave de un engaño que acabaría convertido en un próspero imperio económico. “Mi querido hijo: como Obispo que eres, has de ejercer tu potestad de imposición de manos, ya que es mi deseo que sean consagrados tres obispos” (Jesucristo a Clemente Domínguez).

Clemente esperaba que un milagro le devolviera la vista, y se envalentonó en pregonarlo entre sus fieles. Como el milagro esperado no llegaba, no le quedó otra opción que resignarse y considerar que lo que le había sucedido se trataba de un castigo divino. Algo que lejos de perjudicarle ante sus fieles, le convirtió en mártir. “Más vale entrar en el cielo sin ojos, que el infierno con ellos” (Clemente Domínguez).

Hasta que muere Pablo VI en el año 1978, la Iglesia Palmariana reconoce a todos los santos canonizados por Roma, pero a partir de este momento prefieren tener los suyos propios y se encargan de canonizar a Francisco Franco, Carrero Blanco, José Antonio Primo de Rivera, Josemaría Escrivá de Balaguer, Calvo Sotelo, el Cardenal Cisneros, Don Pelayo o Cristóbal Colón. También crear sus propios Papas dentro de su iglesia: Clemente se autoproclamó Gregorio XVII a finales de los 70. Tras su muerte, su mano derecha, Manuel Alonso, se convirtió Pedro II y, tras el fallecimiento de este, llegaría el penúltimo Papa de la Iglesia Palmariana: Ginés Hernández se convirtió en Gregorio XVIII.

Los escándalos

El nuevo Papa de la Iglesia Palmariana, Gregorio XVII, puso en práctica una doble moral. Por un lado, sostenía que el sexo era algo diabólico y proclamaba los beneficios espirituales de la castidad y, por otro, su promiscuidad le hizo tener relaciones sexuales con varios obispos, llegando incluso a acosar en alguna ocasión a novicios. La sombra de los abusos siempre estuvo presente y hubo testimonios que así lo confirmaban.

Las donaciones a la organización llegaban desde distintos puntos del planeta. Clemente y Manuel hicieron un buen trabajo de captación de socios y llenaron España y otros países de filiales de su iglesia. Fueron muchos a los que convencieron de que el movimiento había que hacerlo grande y que, para ello, se requería mucho dinero. Sus peregrinaciones proselitistas siempre iban unidas de un afán lucrativo. Con el tiempo, documentos internos y testimonios de obispos y fieles destaparon la supuesta evasión fiscal de esta organización nacida en El Palmar de Troya.

Clemente gozaba de plena libertad para pecar. Aficionado a la buena comida y al buen vino, para él la gula nunca fue pecado. Sus antológicas borracheras en lujosos restaurantes sevillanos eran bien conocidas en el entorno. Sus salidas eran financiadas con los donativos de los fieles.

Los personajes: Clemente Domínguez

Protagonista de un espectacular ascenso social y religioso, Clemente Dominguez pasó en poco tiempo de ser un simple contable de la compañía eléctrica conocido en los ambientes homosexuales sevillanos de la época como ‘La voltio’, a colocarse en el cima del poder de la Iglesia Palmariana. “La Sede de la Iglesia radica ahora en el Palmar de Troya y lógicamente en Sevilla, la tierra de María Santísima. He aquí la nueva Roma” (La Virgen María a Clemente Domínguez).

Se autoproclamó Papa e hizo creer a sus fieles que El Palmar de Troya era la nueva sede del Vaticano. Tras conseguir el poder, utilizó todas las artimañas que pasaron por su perspicaz mente para controlar a sus adeptos y adueñarse así de sus pertenencias. Un papa cismático, estigmatizado y con seguidores por distintas partes del mundo cuyo recuerdo quedó marcado por la sombra de los abusos sexuales. La amenaza del pecado y del infierno siempre estuvo presente en sus mensajes.

Manuel Alonso

Abogado y mano derecha de Clemente, es quien graba, transcribe y vende octavillas sobre los frecuentes éxtasis y mensajes de este último. Un plan ideado en conjunto que acabó apareciendo en los periódicos de todo el mundo. Se encargó de poner en marcha el entramado jurídico y económico sobre el que se erigió la iglesia de El Palmar de Troya, pero su figura nunca despertó en los fieles la predilección que tenían por Clemente.

Sin el particular carisma de su compañero, fue Secretario de Estado de su iglesia y acabó siendo el segundo Papa bajo el nombre de Pedro II, entre 2005 y 2011 de forma automática, sin cónclave. Su amigo, el vidente megalómano que perdió la visión en un accidente, le eligió como sucesor natural antes de morir como recompensa por su labor.

Su pontificado produjo una fractura dentro de la Iglesia Palmariana ya que muchos obispos y fieles abandonaron la secta al conocer quién ocuparía el puesto de Gregorio XVII. Con él, la iglesia palmariana se hizo aún más hermética. Tanto, que un absoluto silencio rodeó su muerte y poco trascendió. Después de él, llegaría un nuevo ciclo con Ginés Hernández.

Ginés Hernández

El pontificado de Gregorio XVIII, el tercer Sumo Pontífice de El Palmar que duró cinco años, estuvo principalmente marcado por su peculiar comportamiento y se caracterizó por endurecer las normas de la orden. Esta actitud desató una crisis interna en la congregación y la fuga de fieles se sufrió tanto a nivel nacional como internacional. Se dice que empezó a preparase para ejercer como Papa desde la muerte de Clemente, pero su turno no llegó hasta el fallecimiento de Manuel Alonso.

Tenía fama de agresivo y sus sermones con tono autoritario y desafiante empezaron a llevar a la iglesia a la deriva. En abril de 2016, Ginés Hernández se desprendió de su anillo papal y renunció a sus cargos manifestando que había perdido la fe. Abandonó la orden y dejó plantados a sus fieles huyendo en su particular ‘papamóvil’ con la intención de empezar una nueva vida junto a su novia, Nieves Triviño.

Tras la huida, Ginés reveló el engaño de esta organización financiada con donaciones millonarias y confesó todas las mentiras relacionadas con sus textos religiosos. La codicia y el dinero entraron a formar parte de las acusaciones. El Palmar de Troya fue un lugar de idas y venidas de grandes sumas de dinero en metálico, tanto fuera como dentro de la basílica.

Nieves Triviño

Nieves Triviño fue monja de la iglesia palmariana y la mujer que abrió los ojos a Ginés Hernández. Considerada la Mata Hari de El Palmar, despertaba deseos entre algunos obispos, aunque ella solo tenía ojos para Ginés. Audaz, persistente y perfeccionista, Triviño entabló una relación sentimental con el papa Gregorio XVIII. El amor hizo saltar por los aires los pilares de la Iglesia Palmariana y ambos protagonizaron una fuga de película en un BMW de alta gama para vivir su amor lejos del estricto celibato. Una vez en los focos, se convirtió en un personaje mediático y llegó a ser portada de la revista Interviú.

La serie “El Palmar de Troya”, un antes y un después en el acercamiento a la secta.

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FUENTE: Vanity Fair

El 6 de febrero a las 22 horas, Movistar+ estrenó “Bendita tú eres”, el primer episodio de “El Palmar de Troya”, serie dirigida por Israel del Santo, que supone una nueva apuesta de la cadena televisiva española de pago por las producciones de no ficción, después de la buena acogida de “ETA, el final del silencio”. Lo cuenta Edu Bravo en Vanity Fair.

Con periodicidad semanal y a lo largo de cuatro capítulos de cincuenta minutos, los espectadores conocerán la historia de Clemente Domínguez y Manuel Alonso, de sus visiones marianas y del fenómeno religioso, inmobiliario y empresarial que crearon alrededor de ellas. Una aventura que comenzó como congregación religiosa, se convirtió en iglesia, protagonizó un sonado cisma en el catolicismo y acabó mutando en una secta.

Para ello, el equipo de las productoras 93 metros y 100 balas, liderado por el director Israel del Santo y el subdirector Daniel Boluda, han pasado tres años recopilando materiales que hasta el momento nunca había sido vistos ni oídos. Desde entrevistas a testigos presenciales, pasando por fotografías de archivos privados, películas domésticas de Super-8 y grabaciones de los éxtasis de varios de los videntes que afirmaban ver a la virgen, mucho antes de que Manuel y Clemente hicieran aparición en esta historia y la acaparasen en exclusiva.

Las niñas primero

Todo comenzó en 1968, cuando cuatro niñas que jugaban en un campo de El Palmar de Troya –pedanía de Utrera, provincia de Sevilla– afirmaron haber visto un toro con las astas verdes, un hombre ahorcado y una mujer de extraordinaria belleza. La noticia no tardó en extenderse por los alrededores, como tampoco tardaron los curiosos en acudir al lugar con el deseo de tener las mismas visiones que las niñas. Los más afortunados decían entrar en éxtasis, ver a la virgen, hablar con ella y, en ocasiones, sufrir estigmas.

A medida que pasaban los meses, las niñas que tuvieron las primeras visiones fueron desplazadas por esos nuevos videntes adultos, que acudían al lugar a cualquier hora del día o de la noche, acompañados de curiosos, místicos y periodistas, que comenzaron a prestar atención a las apariciones. Entre esos curiosos que llegaron en la tercera hornada se encontraban Clemente Domínguez y Manuel Alonso, dos amigos que, si se atiende al testimonio que Nazario Luque da en su libro de memorias Sevilla y la Casita de las pirañas, tenían otros intereses además de la religión.

A mediados de los sesenta, el dibujante de Anarcoma no podía imaginarse que “aquel culo orondo” de Clemente, “que en los jardines de Murillo, a altas horas de la madrugada, asomaba entre unos pantalones bajados hasta las rodillas y una gabardina recogida por delante cuya abertura trasera se abría como las cortinas de un escenario ofreciéndose al viandante, llegara un día a posarse sobre el almohadón que cubría la silla gestatoria del papa Gregorio XVII”.

Además de los parques de Sevilla, Clemente y Manuel comenzaron a frecuentar el lugar de las apariciones y a grabar los mensajes que la virgen daba a otros videntes. Unos mensajes que, convenientemente transcritos con una máquina de escribir e impresos en octavillas, eran posteriormente comercializados por la pareja, que obtenía interesantes beneficios por la venta. A esos documentos se sumaron más tarde estampitas y otros recuerdos hasta que, un día, Clemente también comenzó a entrar en éxtasis y ver a la virgen.

Un tipo de fiar

Según explican varios testimonios incluidos en “Bendita tú eres”, Clemente rebosaba bonhomía, empatía y resultaba una persona fiable. Además, tenía una memoria prodigiosa para las fechas, los nombres y las situaciones pasadas, lo que le facilitaba su relación con los creyentes que asistían a sus éxtasis y que difícilmente dudaban de la veracidad de sus visiones, entre las que estuvo una que anunciaba curaciones milagrosas a las personas que bebieran o se bañasen un determinado día con el agua de un pozo cercano.

La noticia llegó a ser publicada en los periódicos y, el día de la fecha indicada por la Virgen a través de Clemente, más de 40.000 personas fueron pasando por el lugar para probar esa agua milagrosa a cambio únicamente de la voluntad. Al finalizar la jornada, se contabilizaron varias curaciones y muchos miles de pesetas, lo que, lejos de alegrar a Manuel y Clemente, les sumió en una gran inquietud.

Los terrenos en los que se venían produciendo las visiones desde 1968 eran privados y, en cualquier momento, el propietario podía poner fin a tan pío y rentable negocio. Por esa razón, Manuel y Clemente decidieron comprarlos. A pesar del alto precio solicitado por el dueño, los dos amigos pudieron hacerse con ellos gracias a la donación de 18 millones de pesetas realizada por una baronesa. A partir de entonces, dueños ellos del lugar, expulsaron del predio a los demás videntes y se quedaron en exclusiva con las visiones.

Como explicaban Israel del Santo y Daniel Boluda en la presentación de la serie, “El Palmar de Troya” no se entiende sin la coyuntura sociopolítica. Los movimientos de derechos civiles, el antibelicismo surgido por la guerra de Vietnam, el feminismo y otras demandas sociales provocaron que la Iglesia católica abordase una modernización que, entre otras cosas, cambió parte de la liturgia para hacerla menos solemne y más humana. Por ejemplo, oficiar las misas en el idioma del país y no en latín, hacerlo de frente a los fieles en lugar de dándoles la espalda, incorporar canciones populares a la misa y no comulgar directamente de la mano del sacerdote.

En definitiva, unos cambios que, si se atiende a los mensajes de la Virgen recibidos por Clemente, no convencieron demasiado a la Corte Celestial. Esta situación fue utilizada por la pareja para captar a los fieles más conservadores y retrógrados y dar un paso más allá en su estrategia: si la Iglesia católica estaba traicionando sus principios, no era la Iglesia verdadera. Por tanto, se les abría la posibilidad de presentarse ante la sociedad como la única iglesia que defendía las esencias católicas.

De este modo y ayudados por un obispo vietnamita descontento con el trato que le había dispensado el Vaticano, Manuel y Clemente consiguieron ser ordenados sacerdotes católicos. Unos días más tarde, fueron promovidos a obispos, lo que les habilitaba para nombrar sacerdotes ellos mismos. En el plazo de unas semanas, El Palmar de Troya tenía sacerdotes y obispos suficientes como para extender su estructura por todo el mundo.

De hecho, aprovechando que habían sido denunciados por la jerarquía religiosa sevillana, Clemente y Manuel se marcharon a Francia y Suiza, donde, entre otras cosas, aprovecharon para recaudar fondos para la Congregación de los Carmelitas de la Santa Faz, que es como oficialmente se denominaron dentro de la Iglesia. Sin embargo, mientras regresaban de Francia por carretera, sufrieron un accidente de tráfico, a consecuencia del cual Clemente perdería la visión de los dos ojos.

El “Wild Wild Country” cañí

En ese punto álgido es donde concluye el primero de los cuatro capítulos de “El Palmar de Troya”. Los otros tres narran la autoproclamación papal de Clemente, el cisma, el esplendor de la organización, su decadencia, las acusaciones de abusos sexuales y los últimos acontecimientos en los que se ha visto en vuelta la secta. Entre ellos destacan las tribulaciones de Gregorio XVIII, tercer papa palmariano, que se enamoró de una de las monjas de la congregación, se escapó con ella y, cuando se les acabó el dinero para vivir, decidió saltar el muro de la basílica y atracarla. Una acción que desencadenó una reyerta en la que se vieron implicados sacerdotes del Palmar y el antiguo papa, que acabó pasando una temporada en prisión.

De hecho, hasta que no fue liberado, el equipo de 93 metros y 100 balas no pudo entrevistar a Sergio Ginés María, antiguo Gregorio XVIII, que participa en el documental junto a otros adeptos que han abandonado la organización y que son las voces que mejor conocen lo que sucede dentro de la Basílica del Palmar. A pesar de que Israel del Santo y su equipo visitaron el templo, asistieron a algunos de los oficios y se entrevistaron con Pedro III, actual papa, la organización declinó participar en el documental.

Tras el pase del primer capítulo, “El Palmar de Troya” es lo más parecido a un “Wild Wild Country” español. No obstante, las diferencias entre ambas producciones son notables. La primera de ellas, de carácter presupuestario. Como puntualizaba su director Israel del Santo, la complejidad de la historia palmariana y sus cincuenta años de existencia son difícilmente resumibles en cuatro capítulos –dos menos que “Wild Wild Country”– que no llegan a los sesenta minutos. Ampliar la duración de la serie hubiera sido una buena solución para, por ejemplo, dar cabida a muchas de las entrevistas que se han quedado fuera del montaje final.

En palabras de Daniel Boluda, sólo se ha incluido un 1 % del material disponible y, aunque esta cifra tal vez sea una exageración, hubo entrevistas que tuvieron que ser eliminadas en su totalidad. La segunda diferencia principal es que, en contra de lo que sucede con “Wild Wild Country”, “El Palmar de Troya” no apuesta por el documental puro y duro, sino que opta por incluir dramatizaciones que, a pesar de su buena factura, no enriquecen la historia, al tiempo que restan fuerza (y metraje) a los testimonios personales, mucho más creíbles y potentes que cualquier explicación o apostilla visual.

En todo caso, desde el primer capítulo de “El Palmar de Troya” queda claro que la serie marca un antes y un después a la hora de abordar este tema. Los trabajos posteriores que se hagan sobre el Palmar serán deudores de este proyecto no sólo por la calidad de los materiales sino por el tacto al presentarlos y al tratar a los entrevistados. Como explicaba Del Santo, a diferencia de lo que han hecho los medios de comunicación en este medio siglo, el equipo de 93 metros y 100 balas no ha ido al Palmar a rodar todo lo posible en una mañana, sino que ha permanecido en el lugar tiempo suficiente como para que algunas entrevistas se hayan alargado durante días.

Unas charlas rodadas con naturalidad y en las que los implicados, independientemente de lo increíble de aquello que cuentan, están tratados con absoluto respeto. En palabras de Daniel Boluda, “mucha de la gente que participa lo ha hecho venciendo la vergüenza que les provocaba que sus vecinos o sus parejas se enteraran de que habían creído en las visiones o habían estado dentro de El Palmar de Troya durante años”. No obstante, recordaba, “si se dan las circunstancias adecuadas, cualquier persona en un momento dado de su vida puede acabar formando parte de una secta de este tipo”.

El Palmar de Troya, tan grotesco como peligroso.

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FUENTE: Diario de Sevilla 

Es una de esas tragicomedias que comienzan con unas presuntas apariciones marianas ante unas niñas, en un campo utrerano (Utrera, localidad de la provincia de Sevilla, España), en 1968, cuando el mundo (y la Iglesia) comenzaban a ponerse del revés, y terminan en una inmensa tragedia de fundamentalismos anacrónicos, estafas soterradas y abusos sexuales. Así comienza el artículo de Francisco Andrés Gallardo en el Diario de Sevilla.

Bienvenidos (o no) a los territorios del falso papa Clemente. Movistar+ presentaba el pasado 29 de enero “El Palmar de Troya”, serie documental de The Mediapro Studio (a través del trabajo conjunto de las productoras 100 Balas y 93 Metros) que se estrenó en #0 el jueves 6 y que no es el típico reportaje sensacionalista que recala durante unos minutos en el ahora término municipal.

El equipo de Israel del Santo (“Conquistadores. Adventum”) ha estado durante meses en El Palmar añadiendo documentación y nombres para sus recreaciones de ficción, con entrevistas que han llegado a durar tres días con valiosas voces para explicar cómo de una anécdota beata puede edificarse “una de la sectas más tóxicas y peligrosas del mundo”, añade el director.

En las cuatro entregas hay momentos para la comedia, la sorpresa surrealista, para el drama personal y para el horror. Entre los testimonios, el de Antonio León, el profesor de aquellas niñas que creyeron reconocer a la Virgen entre un toro con cuernos verdes y un hombre ahorcado en un lentisco. De ahí a los moscones oportunistas, gente impresionable, un pozo ‘santo’ y una concentración de videntes (entre los que está un taxista, Camilo León, que se extiende con sus vivencias en el documental) que terminaron siendo derrotados por Clemente Domínguez y su compadre Manuel Alonso. Fueron los dos primeros pontífices de esta opereta de fieles encapsulados en otro tiempo, con lavado de dinero y una basílica pastiche a la que los de Movistar+ accedieron sin grabar (“porque nosotros no somos de ir con cámara oculta”, ironiza Del Santo).

Entre tanto asombro, una repisa, que se encontraron “en un chabolo”, repleta de cassettes con la voz de Clemente en éxtasis, pronunciando los supuestos deseos marianos. Entre ellos, el de convencer a una exótica baronesa para que adquiriera La Alcaparrosa, 18 millones de pesetas de 1970. El primer pelotazo de la llamada Iglesia Palmariana, por entonces sólo berlanguiana orden religiosa.

A partir de ahí, de todo, un fugaz obispo vietnamita que ordena sacerdotes, hasta un tercer papa, Ginés, que acaba en la cárcel por asaltar los muros e intentar robar en su antigua casa junto a su amante, su monja de confianza. “Siempre parece que hay un penúltimo capítulo”, agrega Marias Recarte, responsable de contenidos de 93 Metros.

El equipo de “El Palmar de Troya” apenas ha utilizado el 1 % de su material para esas cuatro entregas de los jueves de febrero. El primer capítulo, “Bendita tú eres”, aborda los primeros años del fenómeno y los pilares de la secta. En el capítulo 2, “Entre todas las mujeres”, se exponen todos los excesos del ‘pontificado’ de Clemente hasta que los palmarianos alcanzan su esplendor.

En el capítulo 3, “Cuidaos de los falsos profetas”, se expone la decadencia, con los disidentes y los testimonios de tantos abusos; y cierra “Lobos con piel de cordero”, retrato de los últimos años de un lugar tan siniestro que aún tiene su influencia en centenares de incautos. El lema de la serie lo dice (casi) todo: “Verás cosas, y si no, dirás que las has visto”.

Un investigador de la RIES, en la serie de Movistar+ “El Palmar de Troya”.

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FUENTE: Secretaría RIES

El pasado 6 de febrero, Movistar+ estrenó la serie documental “El Palmar de Troya” a las 22 h. Dirigida por Israel del Santo y con el apoyo de Daniel Boluda en la subdirección, se basa en una investigación de tres años en torno a la Iglesia Cristiana Palmariana, grupo más conocido como “El Palmar de Troya” por tener su central en esta localidad sevillana, y sobre la cual se cierne una sombra de sospechas por casos de abusos sexuales, escándalos y anécdotas surrealistas e inverosímiles.

La serie documental está compuesta por cuatro capítulos, de unos 52 minutos de duración. Presentada el pasado 29 de enero en Madrid, la serie es un proyecto original de Movistar+, producida en colaboración con 100 Balas (The Mediapro Studio) y 93 Metros.

En la serie, que cuenta con imágenes de archivo inéditas y recreaciones ficcionales, intervienen tanto personas implicadas directamente en los hechos relatados –ex adeptos entre los que se encuentra el penúltimo “Papa”, salido recientemente de la cárcel– como expertos, periodistas e investigadores que van desgranando, junto con las imágenes, el hilo argumental.

Participación de la RIES

Entre ellos se encuentra Luis Santamaría del Río, integrante de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), que lleva más de dos décadas estudiando el fenómeno sectario y la nueva religiosidad. Además de asesorar a los responsables de la serie, aparece en los cuatro capítulos para explicar diversos aspectos de la Iglesia Cristiana Palmariana.

Este investigador, autor de varios libros y multitud de artículos sobre el tema de las sectas, también se ha dedicado al Palmar de Troya, sobre el que escribió en 2014 un artículo que sintetizaba la situación del grupo en aquel entonces (¿Sigue habiendo un Papa en el Palmar de Troya?). Para el mismo portal informativo Aleteia, Santamaría entrevistó dos años después a uno de los mayores expertos mundiales en esta secta, el teólogo sueco Magnus Lundberg, que también aparece en la serie de Movistar+ (“El Palmar de Troya siempre ha sido un negocio… y un peligro para sus miembros”).

Además, Luis Santamaría ha puesto a disposición de la producción de la serie documental la Biblioteca-Centro de Documentación “José María Baamonde”, que la RIES posee en Zamora y que él dirige, de manera que han podido utilizar algunos de los libros editados por la propia Iglesia Cristiana Palmariana que se conservan en dicha biblioteca.

Cómo nace una secta

Bajo la premisa de ser “una historia real, delirante y sorprendente”, definida así por la propia productora, el documental narra el origen de la congregación partiendo de las supuestas apariciones, en 1968, de la Virgen María ante cuatro niñas de 12 y 13 años en una finca sevillana próxima a El Palmar. “El Palmar de Troya es una secta. Queríamos contar cómo nace una secta. En este caso, esta se basa en un acontecimiento sobrenatural, necesitan adeptos, después dinero y luego, para que no se vayan, se ofrecen promesas. Al final, como veremos en el desarrollo del documental, terminan aislados del mundo, metidos en una gran secta”, ha añadido el director.

De ahí que el documental se base, en gran parte, en entrevistas a personas vinculadas a la secta. “Es una historia muy compleja, es muy difícil de contar en cuatro horas porque son cinco décadas. De ahí que uno de los retos que teníamos era contar esto sin un narrador, que lo contarán ellos mismos”, ha expuesto el director. “Es un tema al que las autoridades no han presentado la debida atención. El documental es también una denuncia de lo que está pasando y ha pasado en El Palmar”, ha finalizado Israel del Santo.