"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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domingo, 18 de febrero de 2018

La Cábala, gnosis anti-cristiana de origen judío


Una forma de gnosis de origen judío que atrajo a muchos, especialmente en la Edad Media
El término hebreo kabbalah o Cábala, significa “tradición” o “recepción de un don”. Es la Tora oral que Moisés recibió en el Sinaí, al mismo tiempo que la Ley escrita en las Tablas. En la actualidad se utiliza el término para dar nombre a una doctrina esotérica especial de la tradición judía a la que se considera como el auténtico contenido de la Torá.

La cábala es una forma judía de la gnosis y que apunta a penetrar en el conocimiento de los misterios de la divinidad. Tradición mística judía que floreció en la enseñanza de dos escuelas: la escuela práctica con sede en Alemania, que se concentró en la oración y en la meditación y la escuela especulativa de la Provenza y la España de los siglos XII y XIV.

El libro de la creación o Sefer Yetsirah

El Sefer Yetzirah o “Libro de la Creación” es uno de los más viejos tratados rabínicos de filosofía cabalística que han llegado hasta nosotros. Trata del origen del universo y de la humanidad. Es importante precisar que en la lengua hebraica y en el contexto del Sefer Yatzirah se asocian letras y números. Cada letra sugiere un número y cada grupo de letras posee una significación numérica vital.

En el Sefer Yetzirah el dios celeste Elhoim crea el universo a través de 32 vías de la sabiduría, que corresponden a los 10 números que en el lenguaje cabalístico se traducen en 10 esferas o sefirot, y las 22 letras del alfabeto Hebreo divididas en tres grupos, madres, dobles y simples: Tres letras “Madres” (אמש). Siete letras “Dobles” (בגדכפרת). Doce letras “Simples” (הוזחטילנסעצק). Los si no son números ordinarios, sino “principios”, números identificados como las diez dimensiones infinitas del cosmos, a saber, las dos del tiempo (el comienzo y el fin), los dos valores morales (el bien y el mal) y las seis dimensiones de espacio este, oeste, norte, sur, arriba, abajo).

Los tratados cabalísticos representan a menudo los 10 sefirot bajo, la forma de un Árbol de la vida, que es una especie de esquema de la creación del Universo. El primer Sefira es el “pneuma” divino (soplo o aliento divino). De él proviene el segundo Sefira, el aire… Del aire proviene el agua y el fuego. Los últimos seis sefirot representan las seis direcciones del espacio. Ellos son sellados por medio de seis permutaciones del gran nombre de Dios YHW. Los sefirot también son las energías fundamentales del alma.

La obra más importante de especulación cabalista es el  Zohar o el Libro del Esplendor

La cábala hispanojudía medieval, la forma más importante del misticismo judío, está menos relacionada con la experiencia extática que con el conocimiento esotérico de la naturaleza del mundo divino y sus recónditas conexiones con el Universo. La cábala medieval es un sistema teosófico que se basa en el neoplatonismo y el gnosticismo y se expresa a través de un lenguaje simbólico. Gracias a ella el mundo entero puede ser recorrido de una sola mirada. Para estos, los estudios no conducen al saber, sino a la conciencia de la propia ignorancia.

El Zohar o el Libro del Esplendor, escrito entre los años 1280 y 1286 por el cabalista español Moisés de León, pero atribuido en el siglo II al rabí Shimon bar Yojai. de donde derivan todos los movimientos religiosos posteriores en el judaísmo, recomienda la introducción al no-saber. La persona de la Cábala llega, a través de la búsqueda intelectual, al grado de la simplicidad, pues lo verdadero es simple. Y así, la simplicidad de la ciencia trae consigo la simplicidad del comportamiento. La Cábala ha sido llamada “ciencia de la verdad”.

La Cábala descompone el Universo en tres planos o mundos: el físico, el celeste o astral, y el espiritual, estableciendo relaciones entre cada plano del macrocosmos con los planos del microcosmos. El empleo constante que se hace del número 3 y de sus múltiplos, sobre todo el 9, ha dado lugar al símbolo 3. 6. 9. que se ha de interpretar de la siguiente manera: El ser humano está compuesto de tres principios, subdivididos entres elementos cada uno: tres físicos, tres psíquicos y tres espirituales.
Por lo tanto para designar a un ser humano físico vivo se utilizará el número 9, por estar constituido por la suma de nueve elementos. Para designar un  ser desencarnado, provisto todavía de los elementos psíquicos, se utilizará el número 6. Finalmente el ser desencarnado que asciende al plano espiritual, librándose de los tres elementos físicos y de los tres elementos psíquicos, será designado por el número 3. Aquí se puede apreciar la gran importancia que se da a los números.

La Cábala cree también que cada judío está destinado  a la realización de una mitzvah, de un mandamiento previsto para él. Lucha por descubrirlo en el cuerpo de seiscientos trece mandamientos. Pero si  bien se aplica  cumplirlos todos, se siente atraído al cumplimiento de uno de ellos de un modo particular. Cuando reconoce su mitzva personal, la persona llega así a las raíces de su alma: comprende lo propio de su personalidad, la naturaleza de sus relaciones con Dios, la esencia de la revelación divina, la justeza de su representación de Dios.

Escuela de Ascensos Místicos de la Mercabá (Carro del Trono) del libro de Ezequiel.

El judaísmo esotérico de la Cabala de la Mercabá, el carro que lleva hasta Dios, surgió, de forma lógica, en unos tiempos en los que el judaísmo normativo tendía a centrarse en la religiosidad de la pura Ley. Muchos de sus protagonistas podían ser los rabinos que quizá por la mañana se dedicaban a codificar, letra a letra, tilde a tilde, los principios de la Ley que regula la vida externa de los fieles, pero que después, por la noche, o en grupos secretos, se iban reuniendo con el ansia de contemplar el misterio, de subir hasta la altura, inscribiéndose en la escuela de los ascensos místicos que les permitiría realizar el Gran Viaje. Así, la Cábala se desarrolló en España englobando otras tradiciones anteriores.

Una de estas es la Escuela de Ascensos Místicos de la Merkabá que son textos breves y oscuros, que describen las salas y palacios por los que atraviesa el visionario antes de alcanzar la séptima y última morada donde se halla el trono de la gloria. Para ser admitido en esta escuela, el aspirante debía cumplir ciertas condiciones.

Para comenzar, un novicio tenía que satisfacer ciertos requisitos morales. Ante todo, tenía la obligación estricta de cumplir todos los mandamientos de la Halaká o las reglas de la vida diaria judía. Además de eso, debía someterse a un examen quiromántico (lectura de la palma de la mano) y metoposcópico (lectura del rostro). Conforme a ello, cualquiera que deseara ascender a través de los reinos celestiales debía poseer el carácter exigido que le hiciera capaz de completar con éxito un viaje de ese tipo.

Después que ha superado todas las pruebas, tras un largo y difícil viaje, a través de las regiones celestiales, el viajero místico que “desciende” a la Merkabá alcanza finalmente la meta de su viaje: la visión del Santo sobre el Trono de gloria. Aquí, en el séptimo palacio del séptimo cielo, Dios, el Santo Rey, que ha “descendido” de un lugar que resulta desconocido para la humanidad, ha ocupado su puesto sobre su Trono de gloria. El viajero queda totalmente deslumbrado por la visión de los misterios del Trono divino.

El Santo, revestido con una deslumbrante indumentaria celestial, irradiaba una luz blanca y llevando una corona que destellaba con rayos de luz. Desde el mismo Trono, hecho de cristales centelleantes y de lapislázulis color azul celeste, brotaban ríos de fuego, cruzados aquí y allí por puentes. Sentado sobre su trono, rodeado por ángeles que cantaban sin cesar himnos a Dios y a su reinado, Dios revelaba su gloria escondida ante el alma del místico.

Cuando el místico iba subiendo, había a veces algunos compañeros sentados a su lado, a su derecha o a su izquierda, que escribían rápidamente lo que él iba experimentando en éxtasis. Algunos relatos hablan de una cortina detrás de la cual aparecía representada la figura divina sobre el Trono. Esa cortina separaba a Dios de todos los restantes seres o cosas que pertenecían al Trono-carro. Sobre esta cortina, que era mantenida por ángeles, se encontraban bordados los arquetipos o modelos preexistentes originarios de todo lo que se va desplegando desde el comienzo al fin de la vida sobre el mundo. Cualquiera que mirara estos modelos conocía los secretos de la creación y de la redención del mundo (Cf. J. H. Laenen, La mística judía. Una introducción, Trotta, Madrid 2006).

El cenit del movimiento cabalista

La Cábala, condicionada por la expulsión de los judíos de España en 1492 y por la terrible presión de los sufrimientos, adquiere ahora, de forma creciente, rasgos mesiánicos, tomando especulaciones escatológicas que desde España se difunden en los guetos de toda la diáspora judía. lsaac Luria (1534-1572), desarrolló un nuevo método de meditación en Palestina, concretamente en Safed, al norte de Galilea, lugar donde, según la cábala, aparecerá el Mesías.

Se trata de concentrarse en cada una de las letras de la Torá que para él es también  el libro sagrado de la naturaleza, para llegar así a la unión con lo divino. Al mismo tiempo presenta una doctrina especulativa altamente influyente acerca de Dios, del nacimiento del mundo, del origen del mal y sobre el Mesías. Para éste místico, las chispas de luz y vida divinas están dispersas por todo el mundo y, en su exilio, anhelan que la actividad del ser humano las eleve de nuevo a su lugar de origen, a la armonía divina de todo ser.

Según este místico, el Ein Sof se ensimisma  al principio de la creación, dejando espacio para el mundo, pero también para el mal. Una catástrofe cósmica ocurre cuando las emanaciones de la luz divina estallan y las chispas quedan prisioneras en el mundo como fragmentos del mal. La tarea humana, a través de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, se convierte en nada menos que la redención del mundo y la reunificación con la esencia de Dios.

La cábala como movimiento popular mesiánico

La Cábala se convierte en un movimiento mesiánico, que hace surgir, en el siglo XVIII, el hasidismo, gracias al taumaturgo Israel de Medzibob, llamado Bal Sem Tov, abreviado Best (1700-1760), extendiéndose luego entre los judíos del este de Europa, subsistiendo hasta la Primera Guerra Mundial, y conservando cierto número de seguidores entre los guetos polacos en 1943, donde la agotadora explicación de la Torá y el sesgo filosófico de la Cábala son sustituidos por la vida, las virtudes y la conducta del piadoso, convirtiéndose en un movimiento social.

Sus adeptos, llamados hasidim o “los piadosos”, vestidos según un severo ritual, viven en comunidades bajo la autoridad de sucesivos rebbes, “los jefes”, el primero de los cuales fue su fundador. Contrariamente a los rabinos, los líderes de los grupos hasídicos son más guías espirituales que estudiosos. Su palabra no se discute: sus seguidores abandonan a sus familias para estar con él e incluso tienen a gala participar de la comida que él ha probado. Diversos jefes crearon las diferentes ramas del hasidismo moderno.

La espiritualidad cabalística se concentró en el hasidismo siendo el organizador de este movimiento el rabino Najmán de Bratzlaw (1772-1811). El centro del hasidismo es la comunión con Dios, pero reinterpretando en clave moral las especulaciones gnósticas sobre los misterios de Dios: en aseveraciones sobre el ser humano y su camino hacia Dios, a quien se le puede encontrar en todos los momentos de la vida cotidiana, incluso en las conversaciones que sostiene en la plaza del mercado. La oración y la contemplación del Nombre divino son más importantes que el estudio de la

Torá.

Pero el judaísmo rabínico, los llamados mitnaqqedim, combatieron duramente este hasidismo cabalista por sus ideas panteístas, dedicándose a una estricta y más formalista observancia. El movimiento hasídico encuentra una fuerte oposición por parte de los dirigentes de las comunidades judías. Hubo una especie de lucha de clases a medida que los líderes fueron marginando a los ricos y a los ilustrados.

Sus enemigos se sirvieron de la excomunión como un arma arrojadiza contra ellos. Uno de los más hostiles y ciertamente el más influyente fue Elías ben Salomon (1720-1797). Las verdades afirmadas por el hasidismo eran una herejía para su intelectualismo de corte ascético, y en esta época los excomulgados eran denunciados a las autoridades hostiles. Fue Shneur Zalman (1745-1813), el filósofo del hasidismo, el que logró que el movimiento fuera aceptado. Por su influencia, el hasidismo, o al menos una de sus ramas, se ha reconciliado con el estudio talmúdico.

Dentro del hasidismo ocupan un lugar importante las historias. No son cuentos sin más. Nacen de la conciencia de que Dios es un contador de historias. Así se ve en la Sagrada Escritura. De hecho también la vida de cada persona es una historia. Además, la historia, conforme se va contando, no es ya sólo algo antiguo sino que nos incluye también a nosotros.

Las historias que se narran, referidas a los antiguos maestros hasidim, no son necesariamente históricas en el sentido científico del término, pero sí verdaderas. Ese es el sentido de contarlas. Estos cuentos, además de la función de servir para nuestro alimento espiritual, nos ayudan a entender porque hubo hasidim que entraron cantando y bailando en las cámaras de gas, en la segunda guerra mundial. La conciencia de la bondad de Dios y de su cercanía amorosa a todas las cosas se refleja en estas bellas e instructivas historias, nacidas para ser contadas e interiorizadas.

El símbolo cabalístico

En su aspecto práctico, la cábala es un conjunto de operaciones hermenéuticas y criptográficas que intenta una aproximación directa a Dios a través del minucioso estudio de las letras que componen el Pentateuco, o la Torá, puesto que el lenguaje, de acuerdo con la tradición judía de la creación, precede a ésta, al haberse valido Dios de la palabra para llevar a cabo su obra: “Y Dios dijo ‘Hágase la luz’, y la luz se hizo” (Gn 1, 3). De este modo, los cabalistas intentaron a través de un método exegético llamado Gematria una interpretación de las Escrituras basada en cálculos numéricos, combinatorios, permutativos, etc. de las letras hebreas que la componen.

En una capilla de la iglesia de San Francisco, en Palma de Mallorca, reposan los restos de Ramón Llull, el “Doctor iluminado”, llamado así por sus contemporáneos. En la base de su tumba, catorce ángeles sostienen siete coronas que lleva cada una el nombre de un arte. Y, grabado en un cilindro de mármol blanco, el símbolo cabalístico 1. 2. 3. – 4. 5. 6. – 7- 8. 9. – 10, que sintetiza el secreto de la tumba del gran filósofo.

Se trata del símbolo cabalístico del “ascesis a la perfección”: Los diez números se refieren a los diez sefirot, o los diez atributos de Dios. Estos atributos son perfecciones, y su conjunto resumen la idea de Dios. El ser humano, al adquirir las diez perfecciones se vuelve perfecto. En el plano material, esos números se aplican al perfeccionamiento de los metales para llegar a su transformación en oro (alquímia).
(https://es.aleteia.org/2015/07/20/que-es-la-cabala/4/)

Ex adepta de la Cábala advierte: “Era una fábrica de psicópatas”


Luis Santamaría | Feb 17, 2018

Una joven española que fue adoctrinada a través de Internet cuenta el trasfondo de este grupo esotérico
Sara (nombre figurado) vive en una ciudad española. En torno a 2011, durante un año y medio fue seguidora de la Cábala (Kabbalah), una corriente esotérica inspirada en el judaísmo pero totalmente dentro de la galaxia New Age. Ha compartido su testimonio con la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), y lo extractamos aquí.

De la radio a Internet

Con algo más de 30 años, Sara escuchó un día en “Espacio en blanco” –el programa de misterios de Radio Nacional de España– a Michael Laitman, fundador y presidente del Instituto Bnei Baruj para el Estudio e Investigación de la Cábala (que dice contar con más de un millón de seguidores o “estudiantes”). Un señor que dice ser doctor en Filosofía y experto en Medicina Bio-Cibernética.

“Pasaba por un momento personal durísimo en el que hubo problemas laborales, fallecimientos familiares, angustias económicas, sensación de soledad permanente… en fin, un mal momento vital”, explica. Y fue cuando “escuchando a este señor, con esa voz tan afable, me interesé inmediatamente por lo que contaba”.

Al día siguiente lo buscó en Internet y encontró enseguida el centro, “que parecía una especie de universidad online para el crecimiento personal”. Así se inscribió en un curso totalmente gratuito de Fundamentos de la Kabbalah, con “clases amenas y divertidas que te permitían interactuar con gente de todo el mundo”. Los profesores insistían en que “aquello no era para todo el mundo y había que tener unas inquietudes especiales”.

Se trataban temas de personalidad, espiritualidad, psicología… de forma que “había mucha sabiduría aparente desde el punto de vista psicológico y científico”. Sara se apasionó en el estudio: “era mi momento más feliz del día”, tanto por el conocimiento que adquiría como por “el buen rollo reinante en las clases interactivas”.

El paso a la participación real

Otro compañero novato en la Cábala se puso en contacto con ella, proponiéndole participar en un encuentro físico en España de los que organiza el grupo a nivel mundial. Durante una jornada, Sara estuvo “en un salón escuchando al Rav (así llaman al líder), que aparece en una gran pantalla” y que respondía a las preguntas de sus seguidores. Y es que “se le considera el máximo representante del Creador en la tierra”. También se cantaban canciones y se hacían otras actividades.

Estos congresos duran varios días y se retransmiten en directo para que puedan participar en ellos de manera virtual los adeptos de todo el mundo, que se reúnen en otras ciudades para hacer este seguimiento. Así, explica la ex adepta española, “se intenta crear un vínculo aparente de amor entre todos los asistentes”.

Esta primera experiencia de encuentro real más allá de Internet desbordó a Sara, que se derrumbó llorando cuando regresó a casa, pero sus compañeros de la secta se encargaron de explicarle que “aquella reacción era normal, todo de acuerdo con el plan de la Kabbalah”.

Algo sí le extrañó: “las malas relaciones que había entre hombres y mujeres”, ya que “es una filosofía profundamente machista y promueve una rivalidad constante. A las mujeres les corresponde siempre un segundo plano, y se les considera las vasijas a través de las cuales los hombres otorgan la luz”.

Abandono momentáneo… y regreso a la secta

Tras esa experiencia, Sara se prometió a sí misma “no tener nada que ver con este movimiento nunca más”… pero la insistencia del mismo compañero de antes la hizo participar en un nuevo evento en España, lo que supuso su vuelta al grupo: “no me marché y transcurrieron los meses… algo de lo que después me arrepentí profundamente”.

Al repasar ahora lo que vivió, la ex adepta reconoce que “es muy difícil explicar lo que ocurrió. Sencillamente, es una filosofía que te atrapa”. También vemos esa fuerza del adoctrinamiento cuando afirma que “a pesar de todo, era tal el enganche con las lecciones online que me propuse seguir solamente por Internet sin tener nada que ver con esa gente”.

Para hacernos una idea de la intensidad que suponía esa pertenencia, hay que tener en cuenta que las clases tenían lugar a diario, de 3 a 6 de la madrugada (hora de Israel). Y después, del contacto en grupos virtuales y a través de Skype pasó de nuevo a encuentros esporádicos en la vida real… que los últimos meses se convirtieron en reuniones semanales.

Esto se intensificaba cuando se celebraban los congresos mundiales (generalmente en los EE.UU. o Israel), porque había que asistir –ya fuera física o virtualmente– casi las 24 horas del día, “sin atender a las obligaciones cotidianas de los estudiantes”.

Un comportamiento extraño

Sara, que asegura haber dejado atrás todo el contenido doctrinal que le inculcaron, sin embargo recuerda bien las consecuencias prácticas en el día a día de los adeptos: “se nos enseñaba que cada cual hiciera lo que le correspondía sin preocuparse lo más mínimo de lo que hiciera el vecino, sin importar el grado de amistad” –ya que “entre nosotros nos llamábamos amigos”–.

Una vez un compañero le dijo que “si veías a un amigo drogándose o haciendo cualquier otra barbaridad, no podías intervenir, porque era lo que él tenía que hacer en ese momento y tú no podías interferir”. Esto se basa en la enseñanza de que “no existe el libre albedrío. No puedes obstaculizar las acciones de otra persona, porque todo lo que sucede es porque tiene que ocurrir. Sea lo que sea”.

En el grupo, integrado por gente de un nivel socioeconómico y cultural medio-alto, “se fomentaban las relaciones entre los componentes de la secta, y se alentaba el divorcio si uno de los dos cónyuges no pertenecía a la misma”.

Algo que también ha quedado en la memoria de Sara es la doctrina de que “nosotros éramos Dios… Dios no estaba fuera de nosotros, sino dentro”. Algo común en la Nueva Era y que, pese a su apariencia positiva, tiene consecuencias disparatadas: “lo que nosotros hacíamos era, según ellos, jugar a un juego. Es decir: nada de lo que hacíamos era realidad, sino un juego, por lo que todo carecía de importancia, excepto el miedo a la expulsión de la organización”.

Proselitismo y enriquecimiento

“Casi todos nosotros trabajábamos para la organización de forma absolutamente gratuita”, ya fuera haciendo traducciones, ya fuera distribuyendo publicidad en las manifestaciones, en las que “la secta nunca se identificaba como tal, sino que se disfrazaba de movimiento social o lo que fuera. En los flyers no aparecía mención alguna a la Cábala o a Bnei Baruch”. Además, “se hacía mucho proselitismo camuflado online”.

Si bien al principio todo era gratuito, posteriormente “se empezaba a explicar que cuanto mayor compromiso, más desprendimiento material tenía que haber”. De manera que, según reconoce Sara, “se nos sacaba el dinero a espuertas”.

La suma de todos los factores es, para esta ex adepta, clara: “era una fábrica de psicópatas. A través de diferentes técnicas te lavan el cerebro y acaban consiguiendo que no pienses por ti mismo. Y si ven que todavía sigues pensando por ti mismo, te echan”.

El fin de la pesadilla

Y eso fue precisamente lo que le pasó a Sara. “Me enviaron un correo electrónico –que todavía conservo– en el que me dicen básicamente que debo separarme del grupo durante 6 meses, pudiendo volver después de ese tiempo”. En aquel momento “fue muy doloroso que personas con las que yo tenía una aparente amistad me dejaran de dirigir la palabra y me borraran de todos sus grupos”.

A pesar de todo, “superé aquello con ayuda y desde luego que no volví a los 6 meses. Ya han transcurrido varios años y aquello se ha quedado en una pesadilla”. Tras vivir esta experiencia, afirma directamente: “jamás pensé que una cosa así me pudiera ocurrir”. Y es que mientras estaba en el grupo, en algún momento se planteó la posibilidad de que estuviera en una secta, pero buscó en Internet y no halló ninguna referencia crítica en español.

Para saber más:

– José Luis Vazquez Borau, “¿Qué es la Cábala?”, Aleteia, 20/07/15.
(https://es.aleteia.org/2018/02/17/ex-adepta-de-la-cabala-advierte-era-una-fabrica-de-psicopatas/)

miércoles, 16 de abril de 2014

La clave secreta gnóstica de “Noah” que nadie capta


Brian Mattson
En “Noah”, la nueva producción cinematográfica épica de Darren Aronofsky, Adán y Eva son presentados como seres luminiscentes y desencarnados hasta el momento en que comen el fruto prohibido.

Esta versión obviamente no se encuentra en la Biblia. Y, entre muchas otras licencias imaginarias de Aronofsky como los monstruos gigantes de lava, esta escena ha llevado a muchos críticos cinematográficos a rascarse la cabeza. Los evangélicos conservadores se lamentan del hecho de que la película se tome tantas libertades con el texto del Génesis. Grupos más liberales han concedido su indulgencia al director: a fin de cuentas, no debemos esperar que un ateo confeso tenga las ideas de un creyente sobre los textos sagrados.

Ambos grupos sin embargo no han enfocado el objetivo. Aronofsky no se ha “tomado libertades”.

La película no se ha basado simplemente en la Biblia.

En defensa del director, debemos reconocer que la película ni siquiera se anunció como tal. En ninguna parte se ha dicho que “Noah” sea una adaptación del Génesis. Nunca se ha anunciado como “El Noé bíblico” o “La historia bíblica de Noé”. En nuestros días, los escombros del cristianismo humean aún lo suficiente para que, cuando alguien dice que va a rodar una película sobre Noé, todos sobreentiendan que será una versión de la historia de la Biblia. No es en absoluto lo que tenía en mente Aronofsky. Estoy seguro de que haya dejado que su productora creyera esto precisamente, porque si hubieran sabido lo que tenía en mente, no le habría permitido nunca realizar esta película.

Volvamos a la versión luminiscente de nuestros progenitores. He reconocido en seguida el “motif”: es una visión típica de la antigua religión gnóstica. He aquí una descripción del siglo II d.C. sobre lo que creía una secta llamada de los ofitas: “Adán y Eva en origen poseían cuerpos sutiles, luminosos y, por así decirlo, espirituales. Pero cuando vinieron aquí, los cuerpos se volvieron oscuros, grasos e indolentes” - Ireneo de Lyon, Contra Heresias, I, 30,9.

Me vino a la mente que una tradición mística más estrechamente ligada con el judaísmo, llamada Cábala (que la cantante Madonna hizo popular hace unos diez años) habría mantenido seguramente una visión similar, siendo esencialmente una forma de gnosticismo judío. Quité el polvo de mi volumen de la obra del siglo XIX de Adolphe Franck The Kabbalah (¡lo necesitaba!), y confirmé rápidamente mis sospechas:

“Antes de ser seducidos por la astucia de la serpiente, Adán y Eva no solo no necesitaban un cuerpo, sino que ni siquiera tenían un cuerpo; es decir, no eran terrenos”.

Franck cita el Zohar, uno de los textos sagrados de la cábala:

“Cuando nuestro padre Adán vivía en el Jardín de Edén estaba vestido, como todos en el cielo, con vestidos hechos de una luz superior. Cuando fue expulsado del Jardín de Edén y obligado a someterse a las necesidades de este mundo, ¿qué sucedió? Dios, dicen las Escrituras, hizo para Adán y su esposa túnicas de piel y les vistió; antes de esto vestían túnicas de luz, de la luz más alta, de la luz que había en el Edén”.

Es una cosa oscura, lo sé, pero la curiosidad se apoderó de mí y seguí profundizando.

He descubierto que el primer largometraje de Darren Aronofsky fue Pi (de 1998, no confundir con “La vida de Pi”). ¿Queréis saber cuál era el tema? ¿Estáis seguros?

Cábala

No es una coincidencia.

¿He conseguido captar vuestra atención? Estupendo.

El universo del “Noé” de Aronofsky es completamente gnóstico: un universo con grados “superiores” e “inferiores”. El elemento “espiritual” es positivo, y muy, muy, muy elevado: allí vive el dios inefable; el aspecto “material” es negativo, y muy, muy, muy inferior: nuestro espíritu es prisionero de la carne material. Esto vale no sólo para las hijas e hijos caídos de Adán y Eva, sino también para los ángeles caídos, descritos explícitamente como espíritus prisioneros en “cuerpos” materiales hechos de lava líquida enfriada.

El film ha creado personajes muy bonitos, pero que son conocidos en la especulación gnóstica. Los gnósticos los llaman “arcontes”, seres divinos inferiores o ángeles que ayudan “al Creador” a formar el universo visible. Y la Cábala tiene un auténtico panteón de seres angélicos que suben y bajan por la “escala del ser divino”. Y los ángeles caídos nunca han caído totalmente en este tipo de misticismo. Por citar nuevamente al Zohar, un texto fundamental de la Cábala: “Todas las cosas de las que se compone este mundo, tanto el espíritu como el cuerpo, volverán al principio y a la raíz de la que han venido”. Divertido. Es lo que sucede a los monstruos de lava de Aronofsky. Se redimen, cambian incluso de piel y vuelven volando al cielo. He observado, entre otras cosas, que en el film, cuando la familia de Noé vaga por una tierra desolada, Sem pregunta al padre: “¿Es una mina Zohar?” Sí, el nombre del texto sacro de la Cábala.

Todo el film es, a nivel figurado, una mina Zohar.

Si hubiera alguna duda sobre los “Vigilantes”, Aronofsky da nombre a varios de ellos: Semyaza, Magog y Rameel. Son todos demonios bien conocidos en la tradición mística judía, no sólo en la Cábala, sino también en el libro de Enoc.

¿Cómo? ¿Demonios redimidos? Adolphe Franck explica la cosmología de la Cábala: “Nada es totalmente negativo; nada es maldito para siempre, ni siquiera el arcángel del mal o, como se le llama a veces, la bestia venenosa. Llegará un tiempo en el que incluso él recuperará su nombre y su naturaleza angélica”.

Sí, es extraño, pero todos en el film parecen adorar “al Creador”, ¿no? Y esto es un punto a favor del film, ¿no?

No.

Porque cuando los gnósticos hablan del “Creador”, no hablan de Dios. Aquí, en nuestro mundo que recoge los frutos del cristianismo, el término “Creador” denota en general al Dios vivo y verdadero, pero en el gnosticismo el “Creador” del mundo material es un hijo bastardo de una divinidad de bajo nivel, ignorante, arrogante, celoso, exclusivista y violento. Es el responsable de la creación del mundo “no espiritual”, de carne y materia, y él mismo es tan ignorante respecto al mundo espiritual que se imagina como el “único Dios” y exige obediencia absoluta. Los gnósticos en general le llaman “Yahvé”, o con otros nombres, como Ialdabaoth.

Este “Creador” intenta mantener a Adán y Eva alejados del verdadero conocimiento de lo divino, y cuando desobedecen se enfada y los expulsa del paraíso.

En otras palabras, por si os habéis perdido en la trama, la serpiente tenía razón todo el tiempo. Este “dios”, “el Creador”, al que están adorando, les esconde algo que les dará la serpiente: la misma divinidad.

El universo del misticismo gnóstico tiene una desconcertante infinidad de variedades, que en general tienen en común el hecho de llamar a la serpiente "Sofía", “Madre” o “Sabiduría”. La serpiente representa lo verdaderamente divino, y las afirmaciones del “Creador” son falsas.

¿Es entonces la serpiente un personaje importante en la película?

Volvamos a ella. La acción comienza cuando Lamec esta a punto de bendecir a su hijo, Noé. Lamec, de forma muy rara para un patriarca de una familia que sigue a Dios, coge una reliquia sagrada, la piel de la serpiente del Jardín del Edén. La envuelve en el brazo y tiende la mano para tocar al hijo, pero en ese momento una banda de saqueadores interrumpe la ceremonia. Lamec es asesinado y el “malo” del film, Tubal-Caín, roba la piel de la serpiente. Noé, en resumen, no ha recibido el presunto beneficio que le habría transmitido la piel de la serpiente.

La piel no se enciende mágicamente en el brazo de Tubal-Caín: aparentemente, tampoco él es “iluminado”. Y es por ello que todos en el film, incluso el protagonista Noé y el antagonista Tubal-Caín, adoran al  “Creador”. Todos se equivocan. Permitidme que aclare una cosa: muchos críticos han mostrado perplejidad viendo que en la película no hay ningún personaje “digno de aprecio” y que todos parecen adorar al mismo Dios. Tubal-Caín y su clan son malos, pero también Noé se muestra malvado cuando abandona a la novia de Cam y casi mata a dos recién nacidos. Algunos pensaban que este pasaje fuese una especie de profunda reflexión sobre el mal que albergamos todos nosotros, pero he aquí otro pasaje del Zohar, el texto sagrado de la Cábala:

“Dos seres [Adán y Nachash – la serpiente] tuvieron relaciones con Eva [la segunda mujer], y ella concibió de ambos y dio a luz a dos hijos. Cada uno siguió a su progenitor masculino y sus espíritus se separaron, uno por un lado y el otro por otro, así como su carácter. Por parte de Caín hay todo tipo de mal, por parte de Abel, una clase más misericordiosa, pero no del todo buena – el buen vino mezclado con el malo”.

¿Suena familiar? Sí. El “Noé” de Darren Aronofsky.

En todo caso, todos adoran la “divinidad del mal”, que quiere destruir a todos (en la Cábala, por aclarar, se cree que ya se han creado y destruido muchos mundos). Tanto Tubal-Caín como Noé tienen escenas idénticas, mientras miran al cielo y preguntan “¿por qué no hablas conmigo?”. “El Creador” ha abandonado a todos porque tiene intención de matarlos.

Noé había tenido una visión de la llegada del diluvio. Se está ahogando, pero ve animales que flotan en la superficie, en la seguridad del arca. No hay indicación alguna de que Noé se salvará. No sabe cómo explicar las cosas a su familia: al final del todo, está ahogándose mientras los animales, “los inocentes”, se salvan. “El Creador”, que ofrece esta visión a Noé, quiere que todos los seres humanos mueran.

Muchas críticas encuentran raro el cambio de Noé, que en el arca se convierte en un maniaco homicida que quiere matar a dos nietecitas recién nacidas. No hay nada de raro en esto. Según el director, Noé está adorando a un dios falso también él maniaco homicida. Cuanto más fiel se vuelve Noé a este dios, tanto más se vuelve homicida. Se trasforma cada vez más en “imagen del dios”, la misma que es constantemente mencionada (y encarnada) por el malo Tubal-Caín.

Pero Noé defrauda al “Creador”. No acaba con todas las vidas como su dios querría que hiciera. “Cuando miré a esas dos niñas, mi corazón se llenó solamente de amor”, afirma. Ahora Noé tiene algo que “el Creador” no tiene: amor. Y misericordia. ¿Pero de dónde coge esto? ¿Y por qué ahora?

En la escena inmediatamente precedente, Noé ha matado a Tubal-Caín y ha recuperado la reliquia de la piel de la cobra: "Sofía", la "Sabiduría", la verdadera luz de lo divino. Solo una coincidencia, claro...

Casi he terminado.

Hablemos del arco iris. No aparece al final porque Dios ha hecho una alianza con Noé. El arco iris aparece cuando Noé vuelve en sí y abraza a la serpiente. Envuelve la piel en su brazo y bendice a la familia. No es Dios quien le encarga que se multiplique y llene la tierra, sino Noé, en primera persona, usando el talismán-serpiente (a propósito, no es casual que el arco iris sea siempre circolar. El círculo del “Uno”, o Ein Sof, en la Cábala es el signo del monismo).

Observad este cambio: en la escena precedente Noé estaba borracho. Ahora está  sobrio e “iluminado”. Un cineasta no monta nunca una secuencia de este tipo por error.

Noé ha trascendido y superado a esa divinidad celosa y homicida.

Algunas advertencias:

Primera: la especulación gnóstica tiene varias perspectivas. Algunos grupos se muestran radicalmente “dualistas”, con “el Creador” que es de hecho un “dios” del todo diverso. Otros son más “monistas”, con un Dios que existe en una serie de emanaciones descendientes. Otros consideran que la divinidad inferior puede “crecer”, “madurar” y ascender en la “escala” del ser, hacia alturas mayores. Noé, probablemente, se inscribe un poco en todas las categorías. Es difícil decirlo.

Mi otra advertencia es esta: hay una tonelada de imágenes, citas y temas de la Cábala en esta película, y yo no podría citarlas todas sólo en este artículo. Por ejemplo, la Cábala en general se basa en letras y números judíos; los “Vigilantes” parecen tener, deliberadamente, la forma de letras judías.

No volvería a ver esta película para analizar con detalle todas estas referencias aunque me pagaran (también porque, desde el punto de vista meramente cinematográfico, he encontrado la mayor parte de la película insoportablemente aburrida).

Lo que puedo decir habiéndolo visto sólo una vez es esto:

Darren Aronofsky ha creado una relectura de la historia de Noé sin base bíblica alguna. Es una relectura totalmente pagana de la historia de Noé, basada en fuentes gnósticas y de la Cábala. Para mi no hay duda alguna sobre esto.

Ahora dejadme decir cuál es el verdadero escándalo de todo esto.

No es el hecho de que la película se aleje de la versión bíblica. No es el hecho de que los críticos cristianos, defraudados, tuvieran expectativas demasiado elevadas.

El escándalo es este: entre todos los líderes cristianos que han hecho un gran esfuerzo por promover este film (por el motivo que sea: “porque es un comienzo de diálogo”, “porque Hollywood está haciendo algo ligado a la Biblia”, etc.) y entre todos los líderes cristianos que lo han condenado porque “no sigue la Biblia”, nadie ha logrado identificar una subversión flagrantemente gnóstica de la historia bíblica, aunque la tenían delante de las narices.

Personalmente creo que Aronofsky se ha propuesto tomarnos por estúpidos: “Sois tan ignorantes que soy capaz de llevar a Noé (¡Russell Crowe!) a la gran pantalla y retratarlo literalmente como ‘la semilla de la serpiente', y todos vosotros asistiréis y lo apoyaréis”.

Aronofsky se está riendo a carcajadas. Y todos los que han caído en la trampa deberían avergonzarse.

¡Mirad que ha sido una experiencia gnóstica impresionante! En el gnosticismo, solo la “élite” posee el “saber” y el conocimiento secreto. Todos los demás son una panda de ingenuos y estúpidos ignorantes. El “gran evento” de este film es ilustra esta premisa gnóstica: nosotros, “el resto”, somos ingenuos y estúpidos.

¿La cristiandad puede despertarse, por favor?

En respuesta, tengo una sugerencia sencilla:

Desde ahora ningún seminarista debería pasar de curso si no demuestra haber leído, “digerido” y comprendido el texto “Contra Heresias” de Ireneo de Lyon.

A final de cuentas, estamos de nuevo en el siglo II d.C.

Post scriptum:

Algunos lectores pueden pensar que soy demasiado duro contra ciertas personas porque no han comprendido el gnosticismo que está en el corazón de este film. No espero que los espectadores en general entiendan estas cosas. Pero lo que me esperaba de ellos es exactamente lo que he encontrado: una confusión tal que hace rascarse la cabeza. Pero me espero una reacción muy distinta de los líderes cristianos: profesores de seminarios y de universidades, párrocos, doctores. Si una piel de serpiente envuelta en un brazo de un personaje bíblico no hace sonar alguna alarma en ellos… no sé qué decir.


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Brian Mattson, Ph.D. (Universidad de Aberdeen) es teólogo, escritor, orador y director de Dead Reckoning.TV. Artículo publicado originalmente en inglés en drbrianmattson.com