"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 25 de agosto de 2017

Culto pagano a Odín en el origen de los supremacistas blancos



Aquellos que una vez adoraron a los ‘grandes dioses del norte’ se avergonzarían si supieran que su fe ha sido utilizada para apoyar tal odio y violencia, como fue testigo en Charlottesville, Virginia (EE.UU.) el pasado 12 de agosto. Según se informa en el medio digital Merca2, no hay evidencia de discriminación o violencia racial en los tiempos antiguos en el norte, ¿por qué ahora los supremacistas blancos recurren a antiguos dioses nórdicos, como Odín, para apoyar su ideología?

Los acontecimientos que ocurrieron en Charlottesville, que dejaron 3 muertos y 36 heridos, supusieron un brutal e injustificado asalto contra personas que eran culpables de nada más que no ser lo que los supremacistas blancos querían que fueran: blancos.

Soldados de Odín

Soldados de Odín, Hijos de Odín u Odinistas son como se autodenomina a este radical conglomerado de supremacistas blancos. El Odinismo, para aquellos que no están familiarizados con el término, es una secta religiosa ascendente que sigue a los antiguos dioses Odín, un dios del cielo y un dios profético, y Thor, un dios conocido por su valor en la guerra. Tanto Odín como Thor pugnaron por el título de “padre de los dioses” o “jefe de los dioses”. Parece ser que a Odín se le identificó más en este papel, que es probablemente por lo que eligieron ese nombre. Los que siguen esta secta la valoran por la misma razón que Adolf Hitler valoró la ascendencia aria de los alemanes: el Odinismo valora la cultura europea y supone que ser blanco es tener siempre la razón.

Sin embargo, el Odinismo es una versión norteamericana deformada, no sólo de las creencias racistas de Hitler, sino de la antigua fe politeísta y de la religión neopagana del siglo XX que valora a Odin y Thor, la Asatru Fellowship (Ásatrúarfélagið). Al igual que muchas sectas religiosas, el Odinismo encontró sus orígenes en una religión pacífica que fue gradualmente pervertida.

El resurgimiento del paganismo

Después del surgimiento de la fe holística llamada Wicca en los años 1900, surgieron varios hilos del paganismo contemporáneo. Wicca Celta, Wicca Faery y Gardenia Wicca están entre las prosecuciones, de la misma manera que el cristianismo se ramifica en católico, episcopal, bautista, etcétera. Entre estas ramas de la Wicca surgió la Asatru Fellowship. En 1972, un hombre llamado Sveinbjörn Beinteinsson eligió el camino del norte precristiano como su fe.

El Asatru Fellowship es muy similar al Odinismo, o mejor dicho, el Odinismo se basa en la Asatru Fellowship, predominantemente dando importancia a Odín y Thor. Después de esto, las prácticas tienen poco en común. La Asatru Fellowship sigue a los antiguos dioses del norte a través de pacíficas reuniones al aire libre; el odinismo, por otra parte, se ha convertido en un refugio para los supremacistas blancos y valora la herencia del hombre blanco en nombre de los dioses blancos, en lugar del líder religioso oriental llamado Jesús de Nazaret.

La adulteración de la religión nórdica

La antigua religión nórdica es una de las pocas religiones que pueden ser tan fácilmente “reinterpretadas”, probablemente es ésta una de las razones por las que la Asatru Fellowship fue capaz de prosperar en el mundo moderno. Una de las dificultades de entender la fe en su totalidad es que los pre-cristianos nórdicos no escribieron su propia fe; las historias y los manuscritos que sobreviven fueron dictados siglos más tarde por los cristianos que habían oído contar esas antiguas historias. Sin embargo, al anotar las creencias paganas, los escribas necesitaban comprenderlas primero; la única manera de hacerlo era mirar la religión a través de la lente del cristianismo. Por lo tanto, gran parte de lo que se conoce de la literatura es en sí una perversión de los autores medievales tardíos.

Aquellos que se han tomado el tiempo para entender la literatura medieval y los valores antiguos son conscientes de lo que era verdaderamente importante para los seguidores de Odín: la sabiduría, la memoria y la victoria honorable. ¿Pueden los supremacistas blancos realmente afirmar que lo que ocurrió en Charlottesville en 2017, o en Alemania en la década de 1940, fue de alguna manera honorable?

Tal vez es mejor distinguir a los Odinistas de la Comunidad Asatru de los antiguos paganos. Quizás tal separación ayudará a preservar la dignidad y la fuerza del Norseman pre-cristiano. Pero, ¿cómo distinguir las tres creencias cuando el Odinismo toma prestado y luego mutila el simbolismo antiguo, de la misma manera que Hitler lo hizo con la esvástica, una vez símbolo de sol, luz y fuerza?

Dioses blancos

La mayoría de los que han adoptado el Odinismo como bandera de la supremacía blanca no han examinado la literatura medieval, las antiguas runas o la evidencia arqueológica nórdica. Los Odinistas parecen preocuparse por un solo “hecho”: que los dioses del norte eran blancos.

Un artículo que discute la supremacía blanca de Reveal News cita a un hombre que afirmó que sólo los blancos son permitidos en la Valhalla, la sala donde los más valientes de los guerreros caídos comen, entrenan y esperan a la batalla final llamada Ragnarök. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que Odín solo favoreciera al hombre blanco en el norte pre-cristiano. La única “prueba” es que las gentes del norte eran blancos, por lo tanto, estadísticamente la sala de Odín estaría compuesta sólo de hombres blancos. Pero esto es una suposición más que un “hecho”.

Debe quedar claro que no todos los supremacistas blancos son odinistas, y que los que adoran a Odín no son necesariamente odinistas o supremacistas blancos. Los prejuicios siempre han existido, pero el grado en que esos prejuicios han evolucionado no está alineado con las creencias bajo las que se amparan.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Inaceptable sincretismo pagano: crece entre los católicos de Bolivia el culto pagano a las calaveras de los antepasados



La fiesta dedicada a la veneración de las calaveras, las llamadas «ñatitas», va ganando devotos de forma notoria en La Paz, donde hoy gentes de toda clase social abarrotaron el cementerio participando en ritos con alcohol, hojas de coca, comida y bandas de música. La adoración a las calaveras ya se practicaba en la cultura prehispánica de Tiahuanaco, donde los cráneos de la gente querida y los antepasados se consideraban fuentes de poder que daban protección a las personas, las familias y las comunidades, según las investigaciones de los arqueólogos.


(Javier Aliaga/Efe) Los creyentes de este culto siguen hoy acumulando calaveras por la misma razón, pero ya no solo indígenas aimaras o gente pobre, sino también mestizos, blancos y con educación universitaria, todos presumiendo de tener uno o varios cráneos como parte de la familia.
El ambiente festivo en el cementerio de La Paz, situado en un barrio populoso, y la presencia masiva de personas, entre ellas niños, mujeres embarazadas, ancianos y jóvenes universitarios, aleja por completo la sensación de estar en un acto vinculado a la muerte.
Nadie que esté ahí acepta que se trate de una ceremonia macabra, menos aún cuando las «ñatitas», como se llama a las calaveras por ser chatas o sin nariz, no son anónimas, sino que han sido bautizadas con nombres familiares, muchos puestos en diminutivo.
Horacio, Cirilo, Juanito, Anita y Rosa son algunos de los cráneos que estuvieron este viernes en el cementerio en urnas, adornados con gafas oscuras, sombreros o gorras de lana y con dientes reconstruidos.
Algunas tienen hasta apellidos
Muchas calaveras pertenecieron a abuelos o padres y por eso también llevan apellidos, según afirman sus dueños, que explican que han autorizado la separación de los cráneos de los cadáveres de sus parientes para tenerlos en casa como una muestra de amor.
Sincretismo inaceptable para la Iglesia
La fusión y el sincretismo de las tradiciones indígenas con el catolicismo fue evidente cuando gente de todas las clases se acercó con respeto a los cráneos, preguntaba su nombre, oraba, encendía velas y dejaba cerca de las mandíbulas hojas de coca, considerada sagrada por los pueblos andinos.
Uno de los devotos es Felipe Barrera, que se ha enfundado un traje para llevar una pareja de calaveras, Hugo y Anastasia, al templo del camposanto para que «escuchen misa», como otros cientos de personas que atestaron el lugar esperando unas palabras del párroco, aunque la iglesia católica no acepta esta celebración.
«Ellos creen y piensan, y es realidad, que los cráneos les hacen muchos favores, les cuidan de las desgracias, de las enfermedades y las maldades que otra personas pueda hacer», ha explicado Barrera.
El entrevistado vive ya desde hace nueve años con las dos calaveras y cree que se trata de almas que son autoras de milagros no solo para él, sino también en beneficio de sus amigos que les rezan y prenden velas.
«Están queriendo prohibirnos esta situación y nosotros no lo vamos a permitir, porque es una tradición, una reunión de fe entre todos nosotros los cristianos», ha defendido Barrera.
Para otros, asistir al cementerio no es suficiente, por lo que organizan fiestas privadas en locales especiales, como la ofrecida a mediodía por los esposos Geoavana Valdez y Raúl Crespo para sus calaveras Martín, Martina, Panchito y María René, con una veintena de invitados y sus respectivas 'ñatitas'.
Valdez, que es odontóloga y, Castro, que tiene las profesiones de contador y administrador de empresas, son los 'prestes' de este año. Es decir, son la pareja encargada de financiar con recursos propios esa fiesta en honor de las calaveras por un compromiso religioso.
«La gente piensa que es para brujerías, pero en mi caso no hay eso, es más que todo para pedir por la salud y el trabajo», ha asegurado Valdez mientas su esposo argumenta que le costó seguir la creencia, pero la aceptó porque tuvo pruebas del poder de las calaveras
El sacerdote del templo del cementerio, Jaime Fernández, conocido por sus críticas por considerarla una fiesta anticatólica, ha reflexionado sobre la importancia de adorar a Dios, a Jesús y no a la muerte, y de no convertir la reunión en una fiesta del alcohol.
Todos le escucharon en silencio y rezaron varias oraciones, pero no le hicieron ni caso ni pusieron en duda la relevancia del encuentro anual de las 'calaveritas', para las que consiguieron «agua bendita» que rociaron ellos mismos en los cráneos para comenzar la celebración.

miércoles, 31 de julio de 2013

Revelan cómo se preparaban los sacrificios humanos incas: a los niños elegidos les daban coca y chicha durante meses para que fueran más dóciles.

"La Doncella". Es una de las tres momias halladas en Salta.

Lejos de ser un "paraíso terrenal", en donde los seres humanos convivían de modo ideal en armonía permanente, las civilizaciones pre-colombinas -incas, aztecas, mayas, y muchos otros más- se caracterizaron por realizar sacrificios humanos a sus dioses. Para practicar este culto, permanecían en estado de continua guerra, a fin de someter a los pueblos vecinos y obtener de ellos las "ofrendas" para sus dioses, es decir, los seres humanos para ser sacrificados. Esta cruel religión pagana fue combatida por los conquistadores y misioneros españoles, cuya presencia logró erradicar este sangriento culto pagano, además de anunciar a sus habitantes originarios la Buena Noticia de Jesús Salvador.

Los incas preparaban a los niños que elegían para sus sacrificios administrándoles alcohol y hojas de coca durante meses. Así lo revela una investigación de la universidad británica de Bradford. Tras estudiar las tres momias de niños de más de 500 años, que fueron halladas en los Andes argentinos, los expertos llegaron a la conclusión de que el consumo de ambas sustancias era parte del ritual del sacrificio. Y que tenía un sentido espiritual, pero también práctico: volverlos más dóciles. Los resultados se publicaron en la revista “Proceedings” de la Academia estadounidense de las Ciencias.

El equipo liderado por el arqueólogo Andrew Wilson investigó entre otros aspectos, el cabello de las tres momias infantiles halladas en 1999 cerca de la cumbre del volcán Llullaillaco, en Salta. Las tres momias (“El Niño” “la Doncella” y “la Niña del Rayo”), que se encontraban en muy buen estado debido a las gélidas temperaturas en las que fueron conservadas, se exponen en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM).

Aunque ya se sabía que el alcohol y la coca eran determinantes en los sacrificios humanos de los incas, los restos hallados en los cabellos permiten ahora deducir nuevos detalles sobre cómo se preparaban estos rituales.

Así, un año antes de morir, la alimentación de “la Doncella” –la mayor de los niños– cambió drásticamente. Al parecer, en ese momento habría sido elegida para el sacrificio y desde entonces mucho mejor alimentada. Según el estudio, “la Doncella” tenía unos 13 años (hasta ahora se creía que había muerto a los 15).

El alcohol que consumían era chicha, una bebida derivada de la fermentación del maíz. Las hojas de coca producen entre otros un efecto calmante al masticarlas mezcladas con ceniza. Los incas creían que los estados de embriaguez permitían acceder al mundo de los espíritus.

“La coca y el alcohol eran sustancias que provocaban un estado de cambio considerado sagrado”, señala el estudio. Los autores de la investigación apuntan a que estas drogas también contribuían a que los niños fueran más dóciles de cara a los rituales.

Los sacrificios humanos en el imperio inca se conocen con el nombre de “copacocha”. Los niños elegidos recorrían normalmente largas distancias y participaban en ceremonias en la capital inca, Cuzco, antes de dirigirse a la cumbre del volcán, a cientos de kilómetros de distancia, donde finalmente eran sacrificados.