Para acceder al video:
https://www.youtube.com/watch?v=IFqHabeoV2M
"Las ideas de la Nueva Era son incompatibles con la fe de la Iglesia Católica" (Juan Pablo II, 18-05-93)
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Hasta la segunda mitad de los años 80 del siglo pasado eran muy pocos los que habían escuchado una extraña palabra de origen ucraniano detrás de la cual se ocultaba una de las mayores masacres del comunismo soviético. Como había ocurrido en los años 60 con la aparición de El Gran Terror, el primer estudio sobre las purgas estalinistas de los años 30, fue el historiador británico Robert Conquest quien, con la publicación de La cosecha del dolor en 1986, volvió a desafiar a los complacientes intelectuales occidentales (empeñados en presentar el despiadado régimen soviético como la realización política del paraíso revolucionario), desvelando lo que Stalin se había esforzado en ocultar mediante la destrucción de pruebas documentales: el genocidio ucraniano que acabó con la vida de casi cuatro millones de personas con un método especialmente cruel: el hambre. Porque eso es lo que literalmente significa el término Holodomor: exterminio físico a través del hambre.
La obra de Conquest, escrita antes de la caída del Muro en 1989, significó un primer acercamiento a un hecho histórico que define como pocos la naturaleza criminal y asesina del régimen totalitario surgido del golpe bolchevique de 1917. Esa es una de las conclusiones que se desprenden de la lectura de Hambruna Roja, publicado en España por la editorial Debate, la obra en la que la historiadora estadounidense Anne Applebaum detalla cómo se planificó y se llevó a cabo un programa conscientemente diseñado por el Estado soviético con una doble finalidad política: eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a la colectivización forzosa de las tierra agrícolas, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado; y, además, reprimir cualquier síntoma de nacionalismo ucraniano.
"Stalin", explica Applebaum a EL MUNDO en la sede madrileña del Instituto Aspen, "conocía la hambruna que sufría el país a comienzos de los años 30. Sin embargo, tomó la intencionada determinación en 1932 de endurecer las condiciones en Ucrania, incluyendo decenas de granjas colectivas y aldeas en las listas negras, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera irse y creando unas brigadas de incautación que iban de casa en casa quedándose con la comida de los campesinos. No se trata, por tanto, de una hambruna provocada por la meteorología o por la sequía. Ni siquiera por el caos. Y eso es lo que causó ese repunte en la mortalidad que se produjo en la primavera del 33, un patrón completamente diferente en Ucrania a lo que ocurrió en otros lugares de la URSS como Rusia o Kazajstán, donde también afectó la hambruna. De hecho, de los casi cinco millones de muertos en todo el país, unos 3,9 millones eran ucranianos".

Las causas de esa intervención fueron principalmente políticas, explica Applebaum, ganadora del Pulitzer en 2004 por su monumental Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos, columnista del Washington Post y especialista en los estudios sobre la URSS. "La hambruna fue un intento de acabar con el movimiento nacional ucraniano, porque Stalin tenía miedo de que volviesen a surgir las revueltas campesinas que en 1918 habían expulsado a los bolcheviques. El nacionalismo ucraniano se definía como proeuropeo y antiMoscú, es decir, cuestionaba la ideología bolchevique. No hay que olvidar que hoy hay mucha documentación de la que antes se carecía, incluidas cartas que escribió Stalin a dirigentes locales, en las que se habla de Ucrania como un problema muy concreto y muy especial. Stalin lo conocía bien, había estado allí durante la Guerra Civil y había sido comisario de Nacionalidades".
En una de esas cartas que Applebaum recoge en su obra, la destinada al escritor y dirigente Mijail Shólojov, Stalin no hablaba de los campesinos muertos como víctimas, sino como perpetradores. "Jamás negó, ni a Shólojov ni a nadie, que los campesinos hubiesen muerto por la hambruna causada por la política estatal de 1933, y desde luego, jamás se disculpó por ello (...) Al contrario, señaló con firmeza a aquellos que estaban muriendo como los responsables de la escasez de alimentos y las muertes en masa".
Porque después de la hecatombe que supuso el experimento, hubo que buscar culpables. "Stalin", continúa Applebaum, «que no hacía sino interpretar y continuar la línea de pensamiento de Lenin, partía de la teoría marxista sobre la colectivización. No hay duda de que él pensaba que tendría éxito. Por eso la puso en práctica. Y cuando vio el fracaso no quiso reconocer que la teoría era errónea, por lo que recurrió a los saboteadores, a los espías, a los nacionalistas ucranianos y a los viejos campesinos, empeñados todos en que no tuviera éxito la revolución. Gran parte de la violencia soviética se debe a esto, a que su interpretación del marxismo fue un fracaso y no querían admitirlo. Por eso, extrañó que en el 89 los comunistas tiraran la toalla y no intentaran resistirse. Cuando cayó el Muro, podían haber disparado contra la gente para impedir que cruzaran, pero no lo hicieron porque no creían ya en su propia ideología".
Las medidas especiales contra los ucranianos, que no se limitaron a los campesinos, sino que afectaron a la élite cultural, intelectual y religiosa de la república, se detuvieron en el verano de 1933, no porque Stalin tuviese ningún respeto a la vida, que no lo tenía, sino porque se dio cuenta de que faltaban agricultores para seguir trabajando la tierra más fértil del territorio y hubo que trasladar a miles de personas para reponer la mano de obra eliminada tras un genocidio cuyo objetivo era la aniquilación política y culturalmente de la nación ucraniana.

UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS ATROCES TRAS EL HOLOCAUSTO
Dos cardenales asiáticos junto con otros 74 líderes religiosos han hecho pública una declaración por la que aseguran que el tratamiento que el gobierno chino da a los uigures es «una de las tragedias humanas más atroces desde el Holocausto»
11/08/20 11:41 AM
(CNA/InfoCatólica) El cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas, y el cardenal Ignatius Suharyo, arzobispo de Yakarta (Indonesia), se encuentran entre los 76 firmantes que pidieron «oración, solidaridad y acción para poner fin a estas atrocidades masivas» contra la minoría musulmana en China.
«Después del Holocausto, el mundo dijo 'Nunca más'. Hoy, repetimos esas palabras Nunca más, una y otra vez. Estamos con los uigures. También estamos con los budistas tibetanos, los practicantes de Falun Gong y los cristianos de toda China que se enfrentan a la peor represión de la libertad de religión o creencia desde la Revolución Cultural», dice la declaración.
«Hacemos un simple llamamiento a la justicia, para investigar estos crímenes, conseguir que los responsables rindan cuentas y establecer un camino hacia la restauración de la dignidad humana», afirma.
Los firmantes de la carta - que incluyen al ex arzobispo de Canterbury Rowan Williams y otros líderes musulmanes, judíos, budistas y cristianos - denuncian el encarcelamiento de un millón de musulmanes en China y la campaña de esterilización forzosa entre otras «muchas persecuciones y atrocidades masivas».
Según múltiples informes, entre 900.000 y 1,8 millones de uigures y otras minorías étnicas han sido encarcelados en Xinjiang, la provincia del extremo noroeste de China. El gobierno ha establecido más de 1.300 campos de detención en los que los supervivientes han informado de que han sido sometidos a adoctrinamiento político y antirreligioso, torturas, palizas y trabajos forzados.
Associated Press (AP) informó el 29 de junio que muchos uigures también habían informado que las autoridades los habían obligado a implantarse dispositivos intrauterinos y a tomar otras formas de control de la natalidad, así como a someterse a abortos y esterilizaciones para hacer cumplir las políticas de planificación familiar de China. Un experto dijo a AP que la campaña es «genocidio, de punto final».
Además, las autoridades han establecido un sistema de vigilancia masiva en la región para seguir los movimientos de las personas, que incluye la toma de muestras de ADN y la tecnología de reconocimiento facial, así como plataformas policiales de predicción.
En la declaración de los dirigentes religiosos se afirmaba que la campaña de esterilización forzosa de las mujeres uigures en edad de procrear en cuatro prefecturas pobladas por uigures podría elevar esta acción al nivel de genocidio según la Convención sobre el Genocidio de 1948.
«El objetivo claro de las autoridades chinas es erradicar la identidad uigur. Los medios de comunicación estatales de China han declarado que el objetivo es 'romper su linaje, romper sus raíces, romper sus conexiones y romper sus orígenes'», dice la declaración.
«Los parlamentarios, los gobiernos y los juristas tienen la responsabilidad de investigar», afirma. «Como líderes religiosos no somos ni activistas ni políticos. Pero tenemos el deber de llamar a nuestras comunidades a sus responsabilidades de cuidar de sus semejantes y actuar cuando están en peligro».
El defensor de los derechos humanos Benedicto Rogers comentó la declaración preguntando cuándo piensan hablar y denunciar la situacion el Papa Francisco y el arzobispo de Canterbury Justin Welby.
«Tal vez han tenido sus razones para esperar hasta ahora. Sin embargo, ahora que tantos de sus propios clérigos están hablando, el mundo estará esperando una respuesta de estos dos líderes espirituales», escribió Rogers el 10 de agosto. «Cuando se trata de genocidio, crímenes contra la humanidad y atrocidades masivas, el mundo espera que los líderes religiosos tomen una posición».
(https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=38367)
En la que puede ser su última acción en materia de política exterior, el Gobierno del presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó este martes de «genocidio» la represión de Pekín contra la minoría uigur, lo que abre la puerta a posibles sanciones contra China que tendrá que evaluar la futura Administración de Joe Biden.
19/01/21 8:10 PM
Líderes religiosos de todo el mundo denuncian que China está provocando un genocidio entre los uigures
(Efe/InfoCatólica) El secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, anunció en un comunicado que había determinado que China, «bajo la dirección y control del CCP (siglas en inglés de Partido Comunista de China), ha cometido genocidio contra los uigures predominantemente musulmanes y otras minorías étnicas y religiosas en Xinjiang».
«Creo que este genocidio sigue y lo que estamos viendo es un intento sistemático de destruir a los uigures por el Estado-partido chino», dijo Pompeo.
«Las autoridades gobernantes en el segundo país más poderoso económica, militar y políticamente sobre la Tierra han dejado claro que están implicadas en la asimilación forzosa y la eliminación eventual de un grupo minoritario étnico y religioso, vulnerable», dijo.
El titular de Exteriores agregó que desde al menos marzo de 2017 Pekín ha perpetrado «crímenes contra la humanidad» contra los uigures y otras minorías en la provincia noroccidental china de Xinjiang.
En ese sentido, acusó a Pekín de haber llevado a cabo y de continuar con las detenciones arbitrarias de más de un millón de civiles, esterilizaciones forzadas, torturas, trabajos forzosos y restricciones a las libertades religiosa, de expresión y de movimiento.
«Los juicios de Nuremberg al final de la II Guerra Mundial procesaron a los autores de crímenes contra la humanidad, los mismos crímenes que se están perpetrando en Xinjiang», aseguró Pompeo.
La acción adoptada este martes por el Departamento de Estado no es habitual y podría desembocar en la imposición de nuevas sanciones a China si así lo decide la futura Administración de Biden, que será investido el miércoles.
En agosto pasado, un portavoz del demócrata, citado por el medio Politico, ya indicó que las políticas de Pekín hacia los uigures podían ser consideradas como «genocidio».
Según el diario The New York Times, esta determinación es la denuncia más dura que hasta ahora ha hecho ningún otro Gobierno del mundo contra las políticas chinas en Xinjiang.
De acuerdo al periódico, Pompeo y responsables del Departamento de Estado han evaluado durante meses hacer esta denuncia, aunque el asunto ha ganado urgencia durante los últimos días del Gobierno de Trump.
Como ha venido ocurriendo en los últimos cuatro años, Pompeo y funcionarios de seguridad nacional ha abogado por medidas más contundentes frente a Pekín respecto a Xinjiang, mientras que Trump y sus principales asesores económicos han buscado restarle importancia.
Líderes religiosos también acusaron a China de genocidio
En el pasado, el Gobierno chino ha rechazado cualquier acusación de genocidio o de violaciones de derechos humanos en esa provincia. Sin embargo, diversos líderes religiosos denunciaron el mes de agosto pasado que el tratamiento que el gobierno chino da a los uigures es «una de las tragedias humanas más atroces desde el Holocausto»
Los chinos criticaron las palabras del Papa
El Papa Francisco en su libro «Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor», escribió: «Pienso a menudo en los pueblos perseguidos: los rohingya, los pobres uigures, los yazidíes». La mención de los uigures, perseguidos por la dictadura comunista china, provocó la reacción de Pekín.
(https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=39634&fbclid=IwAR3jLilfqCiYXghsxLHjWmekgggIlCTt2P9H8Zito5o-icMZuZalVhw688M)


Henry Morton Stanley famoso explorador inglés

Monumento en honor a Leopoldo II en Bruselas






“AQUELLOS QUE NO RECUERDAN EL PASADO ESTÁN CONDENADOS A REPETIRLO”George Santayana. Gran Filósofo y ensayista español
