"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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martes, 19 de enero de 2016

El Arte de Vivir organizó varios grandes eventos de meditación en Iberoamérica



La Fundación Internacional El Arte de Vivir llevó a cabo la quinta edición de América Medita, la meditación masiva más grande de América Latina por la Paz en el mundo, según informaba Punto Noticias, un medio argentino. Con la consigna convocante “Porque la paz se contagia”, en más de 100 ciudades de todo el continente miles de participantes meditaron; todos unidos con un mismo propósito: promover el bienestar social, disminuir la violencia y contribuir con la paz mundial. Veamos algunas muestras de estos encuentros, tal como los reflejaron los medios de comunicación.

Argentina

En Mar del Plata cientos de personas se hicieron presentes en el playón del balneario Varese. Además de la meditación, hubo una previa con ejercicios de yoga, un espacio para dejar mensajes de paz por medio de dibujos y un cierre con mantras en vivo, a cargo del cantante Omar Losada. “Somos muchas las personas que queremos un continente más pacífico. La paz no es estática ni implica estancamiento; cuando uno está en paz, naturalmente pretende expandir esa paz. Estamos saliendo a los espacios públicos a generar paz, es una de las tantas formas de trabajar para lograrla”, expresó Maite Legaz, una de las voluntarias de la Fundación El Arte de Vivir en Mar del Plata y anfitriona del evento.

Ciudades y países que se sumaron, según la organización: La Plata, Rosario, Córdoba, Salta, Ushuaia, Misiones, Mendoza, Bariloche, Neuquén, Mar del Plata, Entre Ríos, Corrientes, San Miguel de Tucumán y Resistencia. Bolivia Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Según indica su propia publicidad, el Arte de Vivir es una organización humanitaria presente en 155 países, con rango de consultora en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. Su fundador, Sri Sri Ravi Shankar, es un líder humanitario que dedica su vida a enaltecer los valores para una mejor convivencia social.

El Arte de Vivir participa en una gran variedad de comités y actividades vinculados con la salud, la educación, el desarrollo sustentable y la resolución de conflictos. Sus proyectos de servicio, programas de eliminación del estrés, yoga y meditación han beneficiado a 370 millones de personas de diferentes culturas, cultos religiosos y estilos de vida.

Costa Rica

Brazos abiertos al cielo, ojos cerrados y el deseo de meditar por la paz fueron la tónica el pasado 19 de diciembre en el Polideportivo de Aranjuez, en San José (Costa Rica). El sitio que cada fin de semana suele ser escenario de la Feria Verde convocó a decenas de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, quienes participaron en el evento América Medita, organizado por la Fundación El Arte de Vivir, tal como informa La Nación.

La actividad es parte de la agenda mundial que impulsa esta organización para promover una mente libre de estrés, un cuerpo libre de enfermedades y una sociedad libre de violencia. Los costarricenses se unieron a personas de otras ciudades del mundo como México D. F. (México) Sao Paulo (Brasil), Buenos Aires (Argentina), y Caracas (Venezuela), donde también se realizó una actividad similar.

Acompañados por sus mascotas, o con las bolsas de sus compras al lado, los asistentes respiraron y meditaron para contribuir a generar un cambio en el mundo. “Meditando juntos tenemos la posibilidad de irradiar paz, pensamientos positivos, buenos deseos y, así, lograr un impacto en el mundo. El estado de paz logrado en meditación definitivamente ayuda”, afirmó la Fundación El Arte de Vivir.

Brasil

En Adital leemos que Fortaleza (Estado de Ceará, Brasil) fue una de las ciudades participantes de la séptima edición del América Medita, evento que reunió a personas de todas las edades, dispuestas a promover el bienestar social, la reducción de la violencia, y así contribuir a la paz mundial. La programación incluyó meditación guiada, clase de yoga, respiración en grupo y música. El encuentro fue gratuito y ocurrió el pasado 19 de diciembre en el anfiteatro del Parque de Cocó (Avenida Padre Antonio Tomás, s/n – Cocó).

El evento fue conducido por voluntarios de la Organización Internacional Arte de Vivir, ONG responsable de las clases de yoga y meditación gratuitas, que ocurren todos los sábados en ese lugar. El trabajo es fruto de las actividades pacifistas desarrolladas por el creador de la entidad, Sri Sri Ravi Shankar. La iniciativa tiene el apoyo del Instituto de Educación Física y Deportes (Iefes), de la Universidad Federal de Ceará (UFC), y de la Secretaría de Medio Ambiente del Estado (Sema).

Según la coordinadora del Arte de Vivir en Fortaleza, y organizadora del evento, Lúcia Rejane Barontini, la iniciativa buscaba emanar vibraciones positivas para un mundo mejor. "Más de 100 ciudades, en América Latina, participarán del evento. Deseamos que Fortaleza sea una de las ciudades que ayude a iluminar a Brasil y el mundo con esta linda energía de armonía”, afirmaba con anterioridad a su celebración.

Durante el evento, hubo armonización con cuencos de cristal, conducida por Ananda Kaur; Yoga Nidra (meditación en la cual el practicante alcanza el sueño profundo, aun estando conscientemente alerta), con sonidos terapéuticos, guiado por Raphael Moreira; meditación por la paz, y presentación de la Compañía de Baile del Iefes/UFC.

Cada día más personas

Desde hace un tiempo la meditación traspasó las fronteras de su nicho para expandirse hacia otros sectores de la sociedad, afirma el medio argentino El Día aprovechando la coyuntura en un artículo propagandístico. Ya no solo meditan los yoguis, los hippies o, de alguna manera, los fundamentalistas de la espiritualidad. Ahora también recurren a esta práctica miles de oficinistas, empresarios, médicos, abogados, jubilados y amas de casa, entre otros, que buscan aquietar la mente y ganar tranquilidad.

Después de que comenzaron a circular estudios que atribuían a la práctica numerosos beneficios, los médicos tradicionales comenzaron a recomendarla, principalmente para bajar los niveles de estrés. Según el Colegio Médico de Wisconsin (EE.UU.), las personas que padecen de un estrechamiento de las arterias coronarias pueden reducir en un 50 % el riesgo de mortalidad y de sufrir paro cardíaco o infarto cerebral si meditan. Además, señalan que con la práctica regular se disminuye la presión sanguínea y de esta manera se previene la hipertensión.

También la recomiendan para casos de insomnio. Según un estudio que se presentó en 2009 en la conferencia anual de la Associated Professional Sleep Societies que se realizó en Estados Unidos, el 75% de los pacientes que comienzan a meditar pueden dejar los somníferos. De acuerdo a los resultados de la investigación, después de dos meses de meditar la cantidad de horas y la calidad del sueño mejoran.

Otros estudios demostraron que meditar mejora la agilidad mental en un 10 %. Por eso en Estados Unidos cada vez más empresas ofrecen talleres a sus empleados o les permiten cortar unos minutos de su jornada laboral para meditar. De este modo pretenden mejorar la concentración, la productividad, como también prevenir el estrés y las enfermedades asociadas. Existen más de 80.000 tipos de meditación. La mayoría son de origen budista. Y aunque persiguen un fin que las asemeja (aquietar la mente) se practican de diferente manera. Mientras algunas exigen permanecer inmóvil, otras cuadran perfecto con el cuerpo en movimiento.

La meditación Raja Yoga, por ejemplo, se practica con los ojos abiertos y en el mismo momento en el que se desarrollan otras actividades que pueden resolverse de forma mecánica. “Enseñamos a pensar positivamente desde una práctica de la espiritualidad. Entendemos que nuestra naturaleza es espiritual y pensar positivamente está en sintonía con las características del alma”, dice Gustavo Bonifacio, uno de los coordinadores de la actividad en La Plata.

El fin de esta meditación es lograr una comprensión más profunda de uno mismo, sobre todo de las cualidades positivas intrínsecas y del propio valor innato. Se supone que con el tiempo esta visión se convertirá en una parte natural de la conciencia diaria y que influirá en cómo uno se ve a sí mismo y en cómo se relaciona con su mundo.

“Los médicos envían a la gente a meditar porque se generan endorfinas y eso mejora los estados de salud físicos y mentales”, dice Bonifacio, y asegura: “Sirve para dormir bien, mejora la digestión, la interacción con la gente y la calidad de vida. Estudios descubrieron que se desarrolla el lóbulo frontal del cerebro que es el que controla los estados emocionales. Cuando se empieza a meditar se controlan más las emociones”.

Bonifacio dice que aunque cualquier persona puede meditar, tienen ciertos recaudos con las personas con depresión, bipolaridad o esquizofrenia, a quienes les piden autorización de un médico. Más allá de eso, hombres y mujeres de distintas edades y religiones pueden hacerlo. Y, de hecho, lo hacen.

En 2012 el gurú espiritual Ravi Shankar (fundador de El arte de vivir) visitó Argentina y convocó a una meditación colectiva en los bosques de Palermo, en Capital. Acudieron, en respuesta a su llamado, más de 150.000 personas. “Meditar es el arte de no hacer nada y esto implica disminuir de forma notable el flujo de pensamientos”, dice Osvaldo (Lolo) González Pape, uno de los coordinadores de la organización “El arte de vivir”, que funciona en la Ciudad.

Desde esta fundación enseñan una meditación que implica permanecer unos veinte minutos sentado, con el cuerpo quieto, la columna derecha y los ojos cerrados. “Utilizamos un mantra, que es un sonido que se repite hacia adentro, para meternos en nuestro interior. La idea es dejar de lado los sentidos, como la vista, el tacto, los oídos. Pasado unos minutos los pensamientos comienzan a ser más suaves, más escasos. La premisa es estar en el momento presente: ni preocupado por lo que viene ni por lo que pasó”, dice González Pape y asegura que la meditación es una de las mejores herramientas para disminuir el estrés.

Los especialistas aclaran que no es fácil llegar al estado de relajación que pretenden. Para lograrlo, dicen, se necesita entrenamiento. “Cuando la gente empieza a meditar apenas llega a los 5 minutos. Al principio resulta muy difícil”, dice Bonifacio. Señalan que lo ideal es meditar todos los días entre quince y veinte minutos, una vez a la mañana y otra a la noche.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Sri Sri Ravi Shankar y "El arte de vivir": La “meditación trascendental” es simplemente un gran fraude

Sri Sri Ravi Shankar y
Sri Sri Ravi Shankar, descubrió la forma de ganar 
millones de pesos ¡enseñando a respirar! 

Autor: Julio de la Vega-Hazas Ramírez. | Fuente: Info-RIES 




Julio de la Vega-Hazas Ramírez.
Miembro de la RIES. Sacerdote español del Opus Dei y Doctor en Teología, Julio de la Vega-Hazas está especializado en moral y en sectas. De hecho, uno de sus libros se titula El complejo mundo de las sectas. 


¿QUIÉN ES SRI SRI RAVI SHANKAR?

En febrero de 2008, el entierro de Maharishi Mahesh Yogi acabó por despejar las dudas sobre la naturaleza de sus enseñanzas a quien todavía pudiera tenerlas. Falleció en Holanda, pero sus restos fueron trasladados a orillas del Ganges para recibir el homenaje que correspondía a lo que en verdad era, un gurú hindú. Su criatura, Meditación Trascendental (MT), era un vehículo de transmisión de su religión, el hinduismo, en Occidente, disfrazado de técnicas de meditación para combatir el estrés. Su presentación como técnica ajena a cualquier religión atraía personas y abría puertas que hubieran permanecido cerradas ante algo con etiqueta religiosa. Pero, en realidad, el “estrés” del que liberaba no era para Maharishi otra cosa que el karma hindú –la carga negativa acumulada tanto de la actual como de pasadas vidas-, y justificaba su posición ante sus correligionarios diciendo que “Occidente todavía no está preparado para la verdad”.

Una personalidad como de la Maharishi difícilmente puede preparar un sucesor con el mismo empuje. MT tiene un sucesor al frente de su entidad –Maharaja Nader Raam-, pero posiblemente su principal continuador haya que verlo fuera de esa institución. Sri Sri Ravi Shankar se inició con Maharishi Mahesh Yogi, pero pronto le abandonó para crear su propio grupo, El arte de vivir (AV). Ravi Shankar está mostrando el mismo empuje que Maharishi tuvo en los años 70, y AV se ha convertido en el gurú que más dinero controla desde su institución. Ha podido hablar en lugares tan insólitos como el parlamento etíope o Iraq, e incluso ha visitado Pakistán, algo verdaderamente insólito para un personaje de este tipo. A la vez, es difícil encontrar alguien sobre quien se emitan valoraciones tan dispares. Para unos, es una verdadera encarnación de un santón de la India; para otros, alguien que ha dado con algo verdaderamente útil para el acelerado hombre moderno, o bien un charlatán que sólo vende humo a quien se deja engañar, un actor que sólo busca ganar dinero con un show que no se diferencia mucho de vender un elixir milagroso, un exponente del NewAge o simplemente “otro gurú oriental”. De ahí que surja la pregunta: ¿quién es realmente Sri Sri Ravi Shankar? ¿Encaja en alguna de estas etiquetas, es una mezcla de todo esto o es algo distinto? Lo cierto es que no resulta fácil responder por lo resbaladizo del personaje, pero intentaremos dar una respuesta, utilizando la vía que a mi juicio es más clarificadora a este respecto: la comparación con su maestro, Maharishi Mahesh Yogi.

Una primera semejanza radica en lo más aparente: la imagen. Maharishi, en los años 60 y 70, adoptó una estética bastante al gusto de lo que entonces era la modernidad hippy, con un aspecto de hombre tranquilo que ha encontrado la paz. Shankar la ha adaptado a la mentalidad actual, de forma que se presenta como el hombre tranquilo que ha encontrado el secreto de la salud, tanto física como mental. Tanto en uno como en otro la imagen se ha cuidado hasta el extremo, de forma que es poco menos que imposible saber a ciencia cierta quién se oculta tras el estereotipo mostrado. Shankar, nacido en 1956, continuamente presume de tener más edad de la que aparenta, aunque lo cierto es que, sin el “arreglo” con el que se deja ver –sobre todo, con la barba teñida de negro-, aparenta la edad que tiene. Más difícil de creer es que duerma tres horas al día y que su estado interior sea el de un niño, como también manifiesta con frecuencia. Lo único que se puede concluir con certeza es que todo esto es fruto de una cuidadosa operación de imagen, airada una y otra vez por una propaganda incesante.

Más importante es la presentación, no ya de la persona, sino del “producto•”. Maharishi ofrecía una sencilla meditación en la que, en un principio, se trataba de repetir unas palabras que permitían al sujeto armonizar su interior. El yogui aseguraba que era una técnica sin significado religioso, pero en realidad las palabras eran términos sánscritos con significado religioso (se defendía diciendo “pero no para los meditantes”). Shankar ofrece unas técnicas respiratorias con las que se puede eliminar el estrés y sentirse bien. En principio las técnicas de respiración no tienen idioma ni religión, pero los dos coinciden en el objetivo –el estrés-, y es más significativo de lo que parece a primera vista que Shankar hable de “arrojar fuera” el estrés. Se refiere al mismo como si fuera no tanto un estado anímico o nervioso, sino como algo con una cierta entidad propia que uno lleva dentro y que debe expulsarse mediante la debida técnica. O sea, de modo más disimulado aún que en Maharishi, nos encontramos de nuevo con el karma hindú, debidamente presentado con un estudiado envoltorio occidental y aséptico.

Otra característica común es lo esquivos que se han mostrado ambos cuando se les pregunta por el carácter religioso de su enseñanza. La salida más frecuente es decir que se trata de cosas perfectamente compatibles con cualquier religión, de forma que quien atienda sus cursillos no tiene ninguna necesidad de abandonar su religión. La respuesta tiene su truco. Para un occidental, decir que algo es compatible con cualquier credo religioso connota que se trata de algo no religioso por ser “neutral”. Para un hindú eso no es así. Las religiones orientales son bastante sincretistas: tienden a ver como asimilable todo lo que viene de otra parte. Aunque, claro está, asimilable no es lo mismo que compatible. Por eso lo que sucede es que cualquier otro credo se ve desfigurado en sus contenidos, aunque se mantenga en lo posible su terminología. Con respecto al cristianismo, por ejemplo, se puede mantener la afirmación de la divinidad de Jesucristo... sólo que en el mismo sentido en que es divino el gurú de turno. Y, sobre esto último, conviene fijarse en el título adoptado por Shankar. “Sri” significa “señor”, y el líder de AV afirma que su repetición obedece al deseo de distinguirse del músico llamado Sri Ravi Shankar. Pero lo cierto es que podía haber marcado la diferencia de muchos modos, y la repetición del término lo convierte en un superlativo utilizado para referirse a la divinidad. De hecho, hay testimonios suficientes de que, dentro de su organización, Shankar es aclamado como lo que en realidad quiere ser: un líder religioso divinizado por sus seguidores. También aquí hay un paralelismo con Maharishi.

Todas estas semejanzas, claro está, no son casualidad. Shankar estuvo poco tiempo con Maharishi, pero el suficiente para aprender bien la sustancia de MT. Su semblanza oficial –una verdadera hagiografía- señala que Shankar ya sabía de memoria el Bhagavad Gita –el largo poema que constituye el principal de los escritos védicos- a los cuatro años. Pero su hermana no tiene empacho en declarar que detesta la lectura: “Nunca ha leído un libro; lee una página y ya se queda dormido”. ¿Dónde ha aprendido, pues? Sólo cabe una respuesta: de Maharishi. Los dos han demostrado ser sujetos inteligentes y astutos. Los dos han demostrado ser ególatras. Por eso no podían estar juntos mucho tiempo. Shankar, cuando estimó que ya había aprendido lo suficiente, se fue. Por los testimonios familiares que conocemos, lo que mostró desde la infancia no era un conocimiento del Bhagavad Gita, sino una ambición desmedida, una buena inteligencia y un temperamento audaz, que le impulsaba a arriesgar para conseguir lo que quería. Dejó los estudios –con esa afición por la lectura no es de extrañar-, dejó su primer trabajo, dejó a Maharishi... y acabó saliéndose con la suya. 

En Occidente, con frecuencia, las organizaciones religiosas venidas de la India son catalogadas como sectas, como movimientos new age o como negocios, y se les aplican los correspondientes esquemas, que suelen ser incompletos, cuando no simplemente falsos. Lo que más raramente se hace es algo que resulta muy esclarecedor al respecto: ver qué se piensa en la India. AV tiene su sede principal en las afueras de Bangalore. Allí tiene su ashram, sólo que no coincide con la idea tradicional que evoca este término, la de una finca en la que se encuentra una comunidad monástica o semimonástica que vive de la tierra (en régimen vegetariano). Incluye una zona residencial con un lago artificial, helipuerto, grandes comedores, cibercafés, librería, farmacias, y la sede de un canal de radio difundido por satélite. Pero lo más llamativo es que no se trata de un caso aislado. Otras organizaciones, algunas desconocidas fuera de la India y otras bien conocidas (Osho, ISKCON), mueven mucho dinero, y AV figura en cabeza. La entrada a las festividades anuales del grupo cuesta cinco mil rupias. La clientela más buscada es la nueva clase económicamente desahogada creada con el rápido crecimiento económico en la India. Aquí es donde se ve con más claridad que las técnicas de respiración no van solas. Lo que se ofrece, de una manera u otra y en todas partes, es solaz y meditación. Las declaraciones mismas de Shankar, si se examinan detenidamente, incluyen la meditación en su oferta. Como ocurre en MT con los breves mantras, los ejercicios respiratorios no son más que el principio. ¿De qué? Pues de algo que se puede resumir con una sola palabra: yoga. 

En la India no se ponen objeciones a que montajes religiosos ganen millones de dólares, y menos aún cuando, como suele ocurrir –y AV no es una excepción-, financian algunas obras asistenciales y educativas. En 2005, una santona de Kerala, Amma Amritanandamayi, se permitió el lujo de donar un millón de dólares para los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos. Cuando los precios son altos o incluso disparatados, tampoco se oculta. A la entrada del ashram de un gurú llamado Baba Ramdev hay un gran cartel que dice: “Miembro ordinario: 11.000 rupias; miembro de honor: 21.000 rupias; miembro especial: 51.000 rupias; miembro de por vida: 100.000 rupias; miembro reservado: 251.000 rupias; miembro fundador: 500.000 rupias” (diez mil rupias equivalen a unos 250 dólares). No se suelen poner reparos a que la vida de estos maestros pueda estar rodeada de lujo. Lo que sí se cuestiona, y mucho, es la autenticidad de los gurúes y sus movimientos. Sin algo parecido a una iglesia que controle de alguna forma a los “hombres de Dios”, cualquiera puede instalar su tienda. Y hay de todo: desde verdaderos estudiosos que viven lo que enseñan, hasta embaucadores que prácticamente no han invertido ni un minuto en meditación yóguica. Ravi Shankar no se ha librado de la polémica. Tiene enfervorizados seguidores que le veneran como un ser divino, y tiene detractores que le ven como el prototipo de curandero charlatán, un “tranquilizante de ricos” que ofrece “conciencia cósmica en cuatro fáciles lecciones”; en resumidas cuentas, un timo. ¿Cuál es la realidad? Es cierto que ha aprendido algunas técnicas de su mentor Maharashi, pero también lo es que difícilmente puede dedicarse en serio a la meditación quien se muestra incapaz de dedicar un cuarto de hora a la lectura. Además, como sucedía con Maharishi, se echa en falta el poder ver o conocer algo más del personaje que una cuidadosa puesta en escena. 

De todas formas, por poner un ejemplo comparativo, si encontráramos una academia de idiomas que promete milagrosos dominios del inglés en cuatro meses y sin esfuerzo, lo cierto es que, bien o mal, lo que enseña es inglés. Por su parte, lo que propaga Shankar, ¿es o no una religión? Cuestionado sobre ello, hace gala de una calculada ambigüedad: su respuesta es que no se trata de religión, sino de espiritualidad. Esto tiene un muy buen cartel en una sociedad occidental en la que muchas personas quieren lo que podríamos denominar efectos benéficos de la religión en el espíritu, pero sin religión, sin el compromiso moral con una fe y unas normas morales. Se crea así una demanda de sosiego espiritual tomado como un producto de mercado más. Quien lo ofrezca con poco esfuerzo y sin compromiso tiene atractivo, y para muchas de estas personas el coste económico es lo de menos, de forma que pagan con gusto los 375 dólares que cuesta el curso semanal (22 horas) de respiración de Ravi Shankar. Eso sí, hay que hacerlo bien, con un buen marketing, pues hay bastante competencia en un mercado que, sólo en Estados Unidos, mueve seis mil millones de dólares al año. Ahora bien, una cosa es cómo se mira en Occidente, y otra en Oriente. Shankar afirma que las religiones son como la piel de banana, mientras que la espiritualidad es la banana misma, lo comestible. Esto coincide bien con la visión que se tiene desde el hinduismo de las iglesias cristianas y otras religiones. El hinduismo no tiene una estructura centralizada, ni un credo o una moral perfectamente establecidos. Tiene una colección de escritos antiguos, unas cuantas ideas comunes que se desprenden de los mismos, unos maestros que surgen, vienen y van... y una meditación. Cuando Shankar desprecia como una cáscara inútil la organización que tienen otros, está haciendo una apología de su propia religión. 

Ahora bien, ¿se trata de hinduismo o de un exponente de new age? La clave es lo que hay que entender por yoga. Está muy extendida la idea de que se trata de una técnica de relajación, o una técnica de meditación cuyo contenido puede ponerlo cada uno a su gusto, siendo así compatible con cualquier creencia. En una palabra, método, no sustancia. Sin embargo, basta con leer el capítulo 6º del Bhagavad Gita para desmentirlo. Ya al principio se lee lo siguiente: “Lo que se denomina renuncia, debes saber que es lo mismo que el yoga, o el vincularse con el Supremo, ¡oh, hijo de Pandu!, porque jamás puede uno convertirse en yogui, a menos que renuncie al deseo de complacer los sentidos” (n.2). La relajación corporal no se contempla aquí como un fin en sí mismo, sino como un medio para algo de otro orden: “Uno debe mantener el cuerpo, el cuello y la cabeza erguidos en línea recta, y mirar fijamente la punta de la nariz. De ese modo, con la mente tranquila y sometida, libre de temor y completamente libre de la vida sexual, se debe meditar en Mí en el corazón y convertirme en la meta última de la vida” (nn.13-14). En el hinduismo, esa unión final –fusión- con el infinito que pregona no se consigue precisamente con unas técnicas de respiración, sino que tiene un coste ascético mucho mayor: “Practicando así un control constante del cuerpo, la mente y las actividades, el yogui, con la mente regulada, llega al cielo espiritual mediante el cese de la existencia material” (n.15). Este cese de la existencia material es el nirvana, algo bastante distinto a ese estado placentero que creen algunos. Sí que se considera como algo placentero, pero a la vez extático; es decir, que exige un ejercicio continuo para desprenderse de todo lo sensorial, por “vaciar” los sentidos, y eso es precisamente el yoga, Así se entiende otro versículo del mismo texto: “Se dice que una persona está elevada al yoga cuando, habiendo renunciado a todos los deseos materiales, ni actúa para complacer los sentidos, ni se ocupa en actividades fruitivas” (n.4). La idea se remacha en varias ocasiones, como por ejemplo en este otro versículo: “Cuando un yogui disciplina sus actividades mentales mediante la práctica del yoga y se sitúa en la trascendencia, libre de todos los deseos materiales, se dice que él está bien establecido en el yoga” (n.18). El Bhagavad Gita reconoce que se trata de un ejercicio muy difícil, pero para quien se queda en el camino sin conseguirlo tiene un consuelo: tendrá en el futuro reencarnaciones muy favorables, que le facilitarán poder continuar donde lo ha dejado. 

Quien conozca bien la historia del pensamiento sabrá que el método es inseparable de la sustancia, por la sencilla razón de que el primero es la vía racional para llegar a la segunda. Pero, en todo caso, esto tiene poco que ver con el New Age y la vida fácil que proclama. En algún aspecto, es la antítesis, pues el bienestar que persigue este último es precisamente aquello de lo que debe desprenderse quien quiera alcanzar el nirvana. Lo que ocurre es que se da una extraña simbiosis entre los dos términos. El movimiento New Age siempre ha tenido un ojo puesto en Oriente, para sacar de ahí elementos que concordaban con esa especie de neopaganismo difuso que propugna. El panteísmo –no muy claro en su conceptuación, como suele suceder con los panteísmos- hindú se transforma así en culto a la diosa naturaleza, mientras que la meditación queda convertida en técnica de autoayuda. A su vez, el hinduismo, con su sincretismo, su flexibilidad para adoptar elementos extraños y su facilidad de hacer malabarismos con los términos, se aprovecha de ello para presentarse como un producto arreligioso coincidente con la moda intelectual y disfrazar su oferta de acuerdo con ello. Maharishi y Shankar son buenos ejemplos, pero desde luego no los únicos ni los primeros, ni probablemente sean los últimos. Para complicar el panorama, a esto hay que añadir los rasgos personales de cada grupo u organización, que casi siempre son un reflejo de la persona que lo ha creado. Un mercado tan suculento en el que se ha convertido todo lo que suena a técnica fácil de autoayuda es muy tentador, tanto en Occidente como en Oriente, y no debe extrañar por tanto que proliferen charlatanes, farsantes y vendedores de “elixires” milagrosos. En la India más de uno señala a Ravi Shankar como vendedor de “jarabe de yoga”, lo que puede ser un etiquetado bastante bueno. Desde luego, lo que se ve muestra más a un actor que a un profundo meditante o un asceta que recorre la senda señalada por la literatura védica. 

¿Cuál es el secreto del éxito de Shankar, si es que hay alguno? En realidad, está a la vista. Preguntado por Maharishi a la muerte de éste, Shankar se limitó a decir, un tanto misteriosamente, que había perdido realismo. ¿Qué quería decir? Maharishi había querido conducir a todo el mundo, sin que en un principio fueran conscientes de ello, por su senda yóguica, y soñaba con una “conciencia cósmica” que armonizara el mundo. Pero no parecía querer darse cuenta del todo que la inmensa mayoría de los que acudían a sus cursos de MT no querían eso, y el conflicto surgía cuando se enteraban de a dónde los quería llevar. El realismo de Shankar es que se limita a dar lo que buscan. Y lo que buscan es una técnica de relajación para sentirse bien. El yoga no es eso, pero indudablemente incluye eso. Sólo unos pocos –y más en la India, lógicamente- quieren algo más, y Shankar también se lo da, lo viva él o no. Para él, es una necesidad: su organización necesita un “núcleo duro” si quiere mantener una respetabilidad, especialmente en su propia tierra. 

Por lo demás, ¿cuál es el efecto de sus cursillos? En un mundo de prisas, que parece haber adquirido un aborrecimiento al silencio y a meditar, un rato de ello tiene necesariamente que sentar bien. Lo que sucede es que la gente suele intuir que en el silencio y el ambiente de reflexión surgen cuestiones muy comprometedoras, sobre todo acerca del sentido mismo de la vida. Por eso lo rehuyen. Y Shankar tiene éxito porque lo ofrece eludiendo todo compromiso: es sólo una técnica. Pero, a la vez, no deja de ser un sucedáneo, y ocurre como con todo sucedáneo: da el pego en un principio, pero no tarda en revelarse como una falsificación. Lo que imparte AV viene así a ser como una pastilla o un sedante: tiene un efecto inmediato positivo, pero efímero. Al poco se pone de manifiesto que es un parche, no una solución. ¿Engaña Shankar? Quizás sí, pero a quienes buscan ser engañados, a quienes van en busca de la receta mágica en vez de encarar sus problemas y las auténticas soluciones a los mismos. Sri Sri Ravi Shankar lo que da es, efectivamente, “jarabe de yoga”.
Julio de la Vega-Hazas

martes, 11 de septiembre de 2012

Testimonio que revela las segundas intenciones de la fundación "El Arte de vivir"




Las sospechas acerca de las intenciones ocultas de las supuestas técnicas destinadas a "disminuir el estrés", promocionadas por el gurú inidio Ravi Shankar, se confirman con los testimonios de quienes estuvieron dentro de la organización y luego salieron.  Publicamos el testimonio, extraído del sitio digital de la revista "Noticias", acerca de las segundas intenciones de la fundación "Arte de vivir".

Pablo Duggan, el arrepentido del Arte de Vivir

Testimonio del periodista que trabajó para la fundación y manejó la comunicación de la visita del Ravi Shankar a la Argentina en 2008.


Conocí a la fundación El Arte de Vivir hace varios años. Tomé varios de sus cursos y participé de muchas de sus actividades durante un largo tiempo. Además, aprovechando que en esa época estaba alejado del periodismo y trabajaba para una empresa multinacional de relaciones públicas, manejé la campaña de prensa para difundir la visita a nuestro país de su fundador Sri Sri Ravi Shankar, en el 2008.
Lo primero que me llamó la atención es que El Arte de Vivir, a pesar de serlo, no funciona como una ONG. En realidad, es una empresa dedicada a vender sus productos: los famosos cursos de respiración anti estrés. Uno espera que una organización no gubernamental realice algún tipo de trabajo social. En todos los casos, las ONGs no cobran por “hacer el bien”. Este no es el caso; ellos cobran todos sus cursos, a precios muy altos y solo realizan contadas tareas sociales que son llevadas a cabo siempre por voluntarios, a quienes obligan a solventar sus propios gastos relacionados con la actividad, algo cuestionable. Desde un punto de vista económico es ínfimo el aporte de El Arte… a la comunidad, en relación a los millonarios recursos que generan sus cursos. Eso es contrario al espíritu de una ONG.
Y aquí reside uno de los primeros cuestionamientos que recibe esta institución. Según me han dicho sus autoridades en nuestro país, todo el dinero que se recauda se guarda para, el día de mañana, construir un hospital y un “ashram”. Creer que ese objetivo pueda cumplirse es ilusorio e infantil. La realidad, que El Arte… niega, es que los recursos de la fundación se envían periódicamente a la India, a través de los “teachers”(personas que han recibido instrucción para dictar los cursos básicos) que viajan anualmente. El dinero llega a manos de su fundador, “el hombre que está cambiando el mundo”. De hecho, no funciona diferente de cualquier empresa transnacional que gira sus suculentos dividendos a la casa matriz, aunque, en este caso, sin que quede registro alguno.
Las inconsistencias de esta fundación son muchas. Al tiempo de participar en sus actividades detecté que la prédica en los cursos, en cuanto a que el El Arte de Vivir no promovía ninguna religión, no era cierta. Ravi Shankar es hinduista y su prédica religiosa es solapada en los cursos I y II. Durante su anterior visita, presencié una ceremonia religiosa donde, para mi sorpresa, aparecieron todos los “teachers” que yo conocía disfrazados a la usanza india, contrariando todo lo que se manifiesta en los cursos. No tengo nada en contra de esa religión, pero sí en que se diga algo que no es cierto. El culto hinduista ya es mucho mas claro en el curso que reciben quienes serán “teachers”.
El día que llegó Ravi Shankar a Buenos Aires fui uno de los que lo estaba esperando en Ezeiza. Durante varios días escuché de boca de las autoridades de la fundación lo mucho que iba a cambiar mi vida al conocerlo, al estar en su presencia. Nada de eso ocurrió. Lo que sí pude observar es el trato que recibe de sus fieles. Solo con verles la cara cuando lo miran, uno se da cuenta de que para muchos de ellos es como un Dios. El culto a la personalidad del líder y la sugerencia de que es una divinidad son una constante. Se habla abiertamente de su “iluminación”, de su poder, de su inteligencia prodigiosa, de su capacidad, etc. Una frase atraviesa muchas de las reuniones para respirar y cantar (llamadas “satsangs”) “entrégale tus problemas a guruji”, dicen con total convicción. Se trata de un ejercicio mental. Cualquier parecido a lo que los católicos llaman rezar, no es pura coincidencia. Los enormes cuadros con su cara, las velas prendidas debajo, las fotografías escrutadas para descubrir detalles fuera de lo común y la referencia permanente y agotadora sobre sus virtudes tienden a hacer creer que es un Dios (me consta que muchos lo creen). También es conocida y poco disimulada su obsesión por ganar el premio Nobel de la Paz. Ese es su objetivo más ambicioso, aunque desconozcamos cuáles son sus méritos para semejante distinción. Teniendo en cuenta el éxito de sus cursos, tal vez mereciera algún premio en el campo del marketing.
Lo cual nos lleva a otro aspecto oscuro de El Arte de Vivir. Quiénes más se entusiasman con la prédica y la dinámica de la fundación son los jóvenes. Muchos de ellos terminan convertidos en “teachers” y empiezan a dictar cursos. En muchos casos, sus familiares y amigos se sorprenden por la notable transformación en su vida diaria. Cambian de costumbres, de amigos, de relaciones de pareja y le dedican el ciento por ciento de su tiempo a la fundación. En algunos casos, conviven en comunidad, conozco a muchos que lo hicieron. Durante el curso para ser “teacher” se ponen en práctica algunas técnicas de manipulación conocidas y repudiadas por expertos. Una de ellas es la llamada silla caliente, un ejercicio en el que una persona pasa al frente de un grupo y es despiadadamente criticada por sus compañeros. Otra es ser obligados a revelar las fantasías sexuales propias frente a un grupo. En ambos casos se busca quebrar emocionalmente a los participantes para luego ofrecerles protección y afecto, generando un lazo emocional falso en donde el poder está del lado del instructor. Esto funciona a la perfección con aquellas personas de personalidad débil y vulnerable. En todos los casos, los “teachers” más experimentados tienen una fuerte personalidad y ejercen una manipulación emocional sobre los participantes sin prurito alguno.
Y es que en El Arte de Vivir el límite se traza en el curso para ser “teacher”. A partir de allí, deben acabarse los cuestionamientos y las dudas. La realidad sobre la fundación sale a la luz, la verdad es la que dicta el Ravi Shankar y el mandato es salir a dar cursos para agradarle. El esquema de marketing que imparte la fundación a sus “teachers” es calcado del sistema de ventas de Tupperware: armar reuniones, ser agradable, pedir a vecinos que junten amigos, realizar cantidades de llamados telefónicos por día, conducirse de tal manera frente a los posibles candidatos, etc. Lo que ocurre es que el vínculo laboral entre el El Arte…y sus “teachers” es bastante particular. Ellos cobran un porcentaje sobre los recursos que generan los cursos que dictan, pero los participantes deben ser convocados por ellos. Allí se acaban sus derechos. ¿Y la obra social?¿Y los aportes jubilatorios? ¿Y las vacaciones y el aguinaldo? Eso es algo que el iluminado líder, desde la India (donde recibe los mismos cuestionamientos), aún en su extrema sabiduría, no ha resuelto. Aunque sí los abogados laboralistas que han consultado y que les han recomendado regularizar esta situación en forma urgente para evitar una catarata de denuncias laborales difíciles de responder.
Un párrafo aparte merece la técnica de respiración impartida en el curso básico. Se trata de una larga serie de respiraciones de distinta intensidad y profundidad en la que se sigue una grabación con la voz del mismísimo líder. Este ejercicio, dicen los “teachers”, solo puede ser llevado adelante de esa manera: provocando la creencia de que su voz posee algún efecto mágico. La respiración se llama “Sudarshan kryia” y no es más que una fuerte y violenta hiperventilación que produce efectos extremadamente fuertes en el cuerpo y en las emociones de quien la practica. Es habitual tener ataques irrefrenables de llanto, sentir calambres en los labios, nariz, manos, piernas y en otras partes del cuerpo. Al finalizar el ejercicio uno queda agotado y vacío mentalmente, listo para meterse en la cama y dormir varias horas. Los verdaderos efectos en la salud de esta práctica los desconozco, pero por haberla transitado varias veces siento mucha curiosidad en conocer la opinión independiente de médicos al respecto. Incluso las autoridades de salud deberían emitir una opinión. En algunos blogs que existen sobre El Arte de Vivir, escritos por gente que ha estado en la fundación y se ha apartado, hay quienes sostienen que esta práctica puede generar diversos problemas como desmayos, brotes psicóticos y daños graves de memoria. Si bien se desconoce si estos problemas realmente han ocurrido, lo cierto es que esta práctica no esta avalada por profesionales que no formen parte de la fundación. He presenciado algunas reacciones extrañas en quienes lo han practicado, incluso desmayos. Un aspecto preocupante es que los “teachers” no están capacitados para reaccionar de manera eficaz ante una emergencia que la práctica puede provocar.
Tal vez por las particulares condiciones sociales de la India, Ravi Shankar conoce a fondo las bondades de contar con celebridades entre sus seguidores. Por su “ashram” de la India es habitual ver a gente muy famosa de ese país. Lo mismo ocurre en la Argentina. Todo aquel personaje conocido que se acerca recibe atención preferencial y trato VIP. Sin dudas, el gran botín ha sido poder conquistar a Marcelo Tinelli, quien promete poner sus programas al servicio del gurú. El rabino Sergio Bergman y Jorge Telerman, son dos seguidores que lo llaman “mi maestro”. El primero, actual diputado de la ciudad por el macrismo, le abrió las puertas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Está por verse si el segundo, flamante funcionario de Daniel Scioli, intentará algo parecido en la provincia de Buenos Aires.
No considero adecuado detenerme en las internas de la fundación y sus miserias, ya que las considero habituales en cualquier organización. Lo cierto es que las prácticas promovidas por El Arte… no han sido eficientes para eliminar estos problemas tan propios de nuestra condición humana.
(*) Especial para Noticias.

lunes, 10 de septiembre de 2012

El lado oculto de la secta "El Arte de Vivir"




Uno de los mayores peligros -sino el más grande de todos- para el católico en nuestros días, se llama: "Nueva Era, New Age, Conspiración de Acuario", entre otros nombres. Es un movimiento difuso, neo-pagano, de corte gnóstico y esotérico, que persigue la instalación de una espiritualidad difusa que lleva, por numerosos caminos, a una única y falsa conclusión: cada persona es su propio dios, y no tiene necesidad de sacramentos -confesión, Eucaristía-, ni de culto visible -Santa Misa-, ni de Magisterio eclesiástico -explicado por el Papa y los obispos unidos a él-, ni tampoco de la gracia santificante, ya que cada uno es su propia divinidad. Lo único que hay que hacer, es "encontrarla" en uno mismo. Se trata de la vieja tentación gnóstica y pagana, que se disfraza con nuevos ropajes y se presenta con nuevos lenguajes, adaptados a nuestra idiosincrasia "occidental y cristiana".
Nada bueno puede venir de la Nueva Era, cuanto que sus objetivos declarados y manifiestos, para nada ocultos o secretos, es conseguir lo que los gnósticos llaman: "Iniciación Luciferina Planetaria".
Iniciamos este humilde sitio electrónico con el objeto de advertir a los bautizados en la Iglesia Católica que deben abstenerse de todo tipo de contacto y/o influencia con esta secta, la Nueva Era, so pena de poner en riesgo su salvación eterna.
Extraeremos material de otros sitios católicos serios, a los cuales citaremos, e intercalaremos, según disponibilidad de tiempo, de material propio.
Esta primera "entrada" la dedicamos a la secta "El Arte de Vivir", del gurú indio Ravi Shankar.
Tomamos la información del sitio infocatólica.com (http://infocatolica.com/blog/infories.php/1209100924-ravi-shankar-iquien-es-el-gur); el autor del siguiente artículo es el sacerdote español Julio de la Vega-Hazas Ramírez.
En Cristo y María. 
P. Álvaro Sánchez Rueda.



Ayer, 9 de septiembre, el gurú indio Sri Sri Ravi Shankar presidió en Buenos Aires “El Planeta Medita” (en la foto), un encuentro de meditación masiva que reunió a casi 150.000 personas, según informa el diario argentino Clarín. El evento se transmitió en tiempo real a 300 ciudades y fue organizado por la fundación El Arte de Vivir, secta que él preside.
En estos días el polémico líder espiritual visita Brasil, Uruguay, Argentina y Perú, haciendo que los medios de comunicación dediquen amplios espacios a su predicación y que mucha gente se pregunte quién es realmente y qué hay detrás del gurú de El Arte de Vivir. Por ello, recuperamos un artículo que aborda este tema con profundidad, y que en su día fue publicado por la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) constituyendo una novedad en castellano. Lo publicamos en dos partes.
Su autor es Julio de la Vega-Hazas Ramírez, sacerdote español, doctor en Teología y licenciado en Derecho, miembro de la RIES y autor, entre otros, de los libros El complejo mundo de las sectas(2000), El mensaje social cristiano (2007) y Educar en la templanza (2009).

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¿QUIÉN ES SRI SRI RAVI SHANKAR? (1)
En febrero de 2008, el entierro de Maharishi Mahesh Yogi acabó por despejar las dudas sobre la naturaleza de sus enseñanzas a quien todavía pudiera tenerlas. Falleció en Holanda, pero sus restos fueron trasladados a orillas del Ganges para recibir el homenaje que correspondía a lo que en verdad era, un gurú hindú. Su criatura, Meditación Trascendental (MT), era un vehículo de transmisión de su religión, el hinduismo, en Occidente, disfrazado de técnicas de meditación para combatir el estrés.

Su presentación como técnica ajena a cualquier religión atraía personas y abría puertas que hubieran permanecido cerradas ante algo con etiqueta religiosa. Pero, en realidad, el “estrés” del que liberaba no era para Maharishi otra cosa que el karma hindú –la carga negativa acumulada tanto de la actual como de pasadas vidas-, y justificaba su posición ante sus correligionarios diciendo que “Occidente todavía no está preparado para la verdad”.
Una personalidad como de la Maharishi difícilmente puede preparar un sucesor con el mismo empuje. MT tiene un sucesor al frente de su entidad –Maharaja Nader Raam-, pero posiblemente su principal continuador haya que verlo fuera de esa institución. Sri Sri Ravi Shankar se inició con Maharishi Mahesh Yogi, pero pronto le abandonó para crear su propio grupo, El arte de vivir (AV).
Ravi Shankar está mostrando el mismo empuje que Maharishi tuvo en los años 70, y AV se ha convertido en el gurú que más dinero controla desde su institución. Ha podido hablar en lugares tan insólitos como el parlamento etíope o Iraq, e incluso ha visitado Pakistán, algo verdaderamente insólito para un personaje de este tipo. A la vez, es difícil encontrar alguien sobre quien se emitan valoraciones tan dispares.
Para unos, es una verdadera encarnación de un santón de la India; para otros, alguien que ha dado con algo verdaderamente útil para el acelerado hombre moderno, o bien un charlatán que sólo vende humo a quien se deja engañar, un actor que sólo busca ganar dinero con un show que no se diferencia mucho de vender un elixir milagroso, un exponente del New Age o simplemente“otro gurú oriental”.
De ahí que surja la pregunta: ¿quién es realmente Sri Sri Ravi Shankar? ¿Encaja en alguna de estas etiquetas, es una mezcla de todo esto o es algo distinto? Lo cierto es que no resulta fácil responder por lo resbaladizo del personaje, pero intentaremos dar una respuesta, utilizando la vía que a mi juicio es más clarificadora a este respecto: la comparación con su maestro, Maharishi Mahesh Yogi.
Una primera semejanza radica en lo más aparente: la imagen. Maharishi, en los años 60 y 70, adoptó una estética bastante al gusto de lo que entonces era la modernidad hippy, con un aspecto de hombre tranquilo que ha encontrado la paz. Shankar la ha adaptado a la mentalidad actual, de forma que se presenta como el hombre tranquilo que ha encontrado el secreto de la salud, tanto física como mental. Tanto en uno como en otro la imagen se ha cuidado hasta el extremo, de forma que es poco menos que imposible saber a ciencia cierta quién se oculta tras el estereotipo mostrado.
Shankar, nacido en 1956, continuamente presume de tener más edad de la que aparenta, aunque lo cierto es que, sin el “arreglo” con el que se deja ver –sobre todo, con la barba teñida de negro-, aparenta la edad que tiene. Más difícil de creer es que duerma tres horas al día y que su estado interior sea el de un niño, como también manifiesta con frecuencia. Lo único que se puede concluir con certeza es que todo esto es fruto de una cuidadosa operación de imagen, airada una y otra vez por una propaganda incesante.
Más importante es la presentación, no ya de la persona, sino del “producto”. Maharishi ofrecía una sencilla meditación en la que, en un principio, se trataba de repetir unas palabras que permitían al sujeto armonizar su interior. El yogui aseguraba que era una técnica sin significado religioso, pero en realidad las palabras eran términos sánscritos con significado religioso (se defendía diciendo“pero no para los meditantes”). Shankar ofrece unas técnicas respiratorias con las que se puede eliminar el estrés y sentirse bien.
En principio las técnicas de respiración no tienen idioma ni religión, pero los dos coinciden en el objetivo –el estrés-, y es más significativo de lo que parece a primera vista que Shankar hable de“arrojar fuera” el estrés. Se refiere al mismo como si fuera no tanto un estado anímico o nervioso, sino como algo con una cierta entidad propia que uno lleva dentro y que debe expulsarse mediante la debida técnica. O sea, de modo más disimulado aún que en Maharishi, nos encontramos de nuevo con el karma hindú, debidamente presentado con un estudiado envoltorio occidental y aséptico.
Otra característica común es lo esquivos que se han mostrado ambos cuando se les pregunta por el carácter religioso de su enseñanza. La salida más frecuente es decir que se trata de cosas perfectamente compatibles con cualquier religión, de forma que quien atienda sus cursillos no tiene ninguna necesidad de abandonar su religión. La respuesta tiene su truco. Para un occidental, decir que algo es compatible con cualquier credo religioso connota que se trata de algo no religioso por ser “neutral”.
Para un hindú eso no es así. Las religiones orientales son bastante sincretistas: tienden a ver como asimilable todo lo que viene de otra parte. Aunque, claro está, asimilable no es lo mismo que compatible. Por eso lo que sucede es que cualquier otro credo se ve desfigurado en sus contenidos, aunque se mantenga en lo posible su terminología. Con respecto al cristianismo, por ejemplo, se puede mantener la afirmación de la divinidad de Jesucristo… sólo que en el mismo sentido en que es divino el gurú de turno. Y, sobre esto último, conviene fijarse en el título adoptado por Shankar.
“Sri” significa “señor”, y el líder de AV afirma que su repetición obedece al deseo de distinguirse del músico llamado Sri Ravi Shankar. Pero lo cierto es que podía haber marcado la diferencia de muchos modos, y la repetición del término lo convierte en un superlativo utilizado para referirse a la divinidad. De hecho, hay testimonios suficientes de que, dentro de su organización, Shankar es aclamado como lo que en realidad quiere ser: un líder religioso divinizado por sus seguidores. También aquí hay un paralelismo con Maharishi.
Todas estas semejanzas, claro está, no son casualidad. Shankar estuvo poco tiempo con Maharishi, pero el suficiente para aprender bien la sustancia de MT. Su semblanza oficial –una verdadera hagiografía- señala que Shankar ya sabía de memoria el Bhagavad Gita –el largo poema que constituye el principal de los escritos védicos- a los cuatro años. Pero su hermana no tiene empacho en declarar que detesta la lectura: “Nunca ha leído un libro; lee una página y ya se queda dormido”. ¿Dónde ha aprendido, pues? Sólo cabe una respuesta: de Maharishi. Los dos han demostrado ser sujetos inteligentes y astutos. Los dos han demostrado ser ególatras. Por eso no podían estar juntos mucho tiempo.
Shankar, cuando estimó que ya había aprendido lo suficiente, se fue. Por los testimonios familiares que conocemos, lo que mostró desde la infancia no era un conocimiento del Bhagavad Gita, sino una ambición desmedida, una buena inteligencia y un temperamento audaz, que le impulsaba a arriesgar para conseguir lo que quería. Dejó los estudios –con esa afición por la lectura no es de extrañar-, dejó su primer trabajo, dejó a Maharishi… y acabó saliéndose con la suya.
En Occidente, con frecuencia, las organizaciones religiosas venidas de la India son catalogadas como sectas, como movimientos new age o como negocios, y se les aplican los correspondientes esquemas, que suelen ser incompletos, cuando no simplemente falsos. Lo que más raramente se hace es algo que resulta muy esclarecedor al respecto: ver qué se piensa en la India. AV tiene su sede principal en las afueras de Bangalore. Allí tiene su ashram, sólo que no coincide con la idea tradicional que evoca este término, la de una finca en la que se encuentra una comunidad monástica o semimonástica que vive de la tierra (en régimen vegetariano).
Incluye una zona residencial con un lago artificial, helipuerto, grandes comedores, cibercafés, librería, farmacias, y la sede de un canal de radio difundido por satélite. Pero lo más llamativo es que no se trata de un caso aislado. Otras organizaciones, algunas desconocidas fuera de la India y otras bien conocidas (Osho, ISKCON), mueven mucho dinero, y AV figura en cabeza. La entrada a las festividades anuales del grupo cuesta cinco mil rupias. La clientela más buscada es la nueva clase económicamente desahogada creada con el rápido crecimiento económico en la India.
Aquí es donde se ve con más claridad que las técnicas de respiración no van solas. Lo que se ofrece, de una manera u otra y en todas partes, es solaz y meditación. Las declaraciones mismas de Shankar, si se examinan detenidamente, incluyen la meditación en su oferta. Como ocurre en MT con los breves mantras, los ejercicios respiratorios no son más que el principio. ¿De qué? Pues de algo que se puede resumir con una sola palabra: yoga.
En la India no se ponen objeciones a que montajes religiosos ganen millones de dólares, y menos aún cuando, como suele ocurrir –y AV no es una excepción-, financian algunas obras asistenciales y educativas. En 2005, una santona de Kerala, Amma Amritanandamayi, se permitió el lujo de donar un millón de dólares para los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos. Cuando los precios son altos o incluso disparatados, tampoco se oculta. A la entrada del ashram de un gurú llamado Baba Ramdev hay un gran cartel que dice: “Miembro ordinario: 11.000 rupias; miembro de honor: 21.000 rupias; miembro especial: 51.000 rupias; miembro de por vida: 100.000 rupias; miembro reservado: 251.000 rupias; miembro fundador: 500.000 rupias” (diez mil rupias equivalen a unos 250 dólares).
No se suelen poner reparos a que la vida de estos maestros pueda estar rodeada de lujo. Lo que sí se cuestiona, y mucho, es la autenticidad de los gurúes y sus movimientos. Sin algo parecido a una iglesia que controle de alguna forma a los “hombres de Dios”, cualquiera puede instalar su tienda. Y hay de todo: desde verdaderos estudiosos que viven lo que enseñan, hasta embaucadores que prácticamente no han invertido ni un minuto en meditación yóguica. Ravi Shankar no se ha librado de la polémica. Tiene enfervorizados seguidores que le veneran como un ser divino, y tiene detractores que le ven como el prototipo de curandero charlatán, un “tranquilizante de ricos” que ofrece “conciencia cósmica en cuatro fáciles lecciones”; en resumidas cuentas, un timo.
¿Cuál es la realidad? Es cierto que ha aprendido algunas técnicas de su mentor Maharashi, pero también lo es que difícilmente puede dedicarse en serio a la meditación quien se muestra incapaz de dedicar un cuarto de hora a la lectura. Además, como sucedía con Maharishi, se echa en falta el poder ver o conocer algo más del personaje que una cuidadosa puesta en escena.