"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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miércoles, 6 de abril de 2022

Adolf Hitler: "Yo soy socialista"

 Adolf Hitler encabeza su manifiesto declarándose socialista: "Ich bin sozialist". Un fruto envenenado del comunismo-socialismo, como no puede ser de otra manera.


Gregor Strasser, uno de los ideólogos del nacional-socialismo (nazismo) declara abiertamente su adhesión al socialimso: "Nosotros somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual porque explota al que es débil desde el punto de vista económico, con sus salarios desiguales, con su evaluación indecente de un ser humano según tenga riqueza o no la tenga, en vez de evaluar la responsabilidad y la actuación de la persona, y estamos decididos a destruir este sistema capitalista en todos sus aspectos".
Cualquier coincidencia con los que "combaten al capital" no es casualidad.


jueves, 25 de febrero de 2021

El izquierdismo de Adolf Hitler retratado por uno de sus más fieles consejeros y confidentes

 


Despreciaba el capitalismo y defendía un socialismo con base nacionalista

El izquierdismo de Adolf Hitler retratado por uno de sus más fieles consejeros y confidentes

La idea de que el nazismo es una ideología de extrema derecha, más próxima al liberalismo o al conservadurismo que al marxismo, es uno de los mitos políticos más extendidos de hoy en día.

El trampolín comunista de Hitler
El desfile conjunto nazisoviético de 1939 en Polonia que algunos niegan, en vídeo

Un socialismo nacionalista frente al socialismo internacionalista de Marx

“Hay mucho más en común entre un comunista y un nazi que entre cualquiera de estos y un liberal, o un conservador”, como bien señaló anteayer Carlos López Díaz en un artículo que os recomiendo leer (como todos los que él escribe en su excelente blog). De hecho, la costumbre de hablar de “nazismo” se ha impuesto por algo más que simple economía del lenguaje: a muchos izquierdistas les incomoda recordar el nombre completo de esa ideología es “nacional-socialismo”, es decir, un socialismo que se distingue principalmente del formulado por Karl Marx y Friedrich Engels en que el primero es nacionalista y el segundo es internacionalista. De hecho, la similitud es tan fuerte que hoy en día hay numerosos ejemplos de socialismo nacionalista inspirado en el marxismo. En España, por ejemplo, hay partidos de extrema izquierda como el Bloque Nacionalista Galego (BNG) o la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) que conjugan el izquierdismo marxista con el nacionalismo.

Las memorias de Otto Wagener, consejero y confidente de Hitler

Hoy en día tenemos un valioso testimonio sobre el carácter socialista del dictador y genocida Adolf Hitler, aunque es muy poco conocido por el gran público: se trata de las memorias de Otto Wagener, consejero y confidente del líder nazi y uno de los miembros de primera hoy de su partido. Wagener escribió esas memorias en 1946, cuando era prisionero de los británicos, y arrojan mucha luz sobre los primeros años del Partido Nazi. A diferencia de otros antiguos líderes nazis, Wagener siguió adorando a Hitler toda su vida, así que se trata de unas memorias escritas por un seguidor fiel que seguía creyendo en esa perversa ideología totalitaria. Y lo más llamativo de esas memorias es que dejan en evidencia la proximidad de Hitler a los postulados socialistas.

Hitler aspiraba a “recorrer el camino del individualismo al socialismo sin revolución”

En el libro, publicado siete años después de la muerte de Wagener (y que Yale University Press publicó en inglés en 1985, edición a la que me refiero en esta entrada), el dirigente nazi cita palabras de Hitler mostrando su deseo “encontrar y recorrer el camino del individualismo al socialismo sin revolución, sin la destrucción de los tesoros más preciados, sin aniquilar vidas irremplazables y sin regresión a un nivel más bajo de civilización y cultura” (página 14). Según Wagener, Hitler se mostraba crítico con quienes apelaban a la ley y la tradición (desde una órbita conservadora, se entiende), afirmando que “ley y esta tradición nacieron en el pensamiento individualista y son los pilares de un tiempo pasado. Lo que cuenta es establecer nuevas leyes y nueva autoridad en lugar de viejas tradiciones. Si esto no se hace, descubrirán que el camino hacia la reconstrucción socialista no se transitará de acuerdo con el plan y de manera pacífica, sino que la revolución derribará estos pilares, derribando la estructura del individualismo. Pero la mayoría de ellos nunca han leído a Marx, y ven la revolución bolchevique como un asunto privado de Rusia”.

El líder nazi pretendía “convertir el Pueblo alemán al socialismo”

En la página 16, Wagener cita palabras de Hitler en las que éste habla de “la diferencia entre la antigua era del individualismo y el socialismo que está en el horizonte”, y añade: “En el socialismo del futuro … lo que cuenta es el todo, la comunidad del Pueblo. El individuo y su vida juegan solo un papel subsidiario. Puede ser sacrificado: está preparado para sacrificarse si todo lo exige, si la comunidad lo exige”. Un colectivismo que tiene poco que envidiar al comunista y que choca de lleno con el individualismo liberal. De hecho, el desprecio de Hitler por los individualistas se plasma en esa misma página en una cita aún más llamativa: “Es comprensible por qué el bolchevismo simplemente eliminó tales criaturas. Eran inútiles para la humanidad, nada más que una carga para su Pueblo. Incluso las abejas se deshacen de los drones cuando ya no pueden estar al servicio de la colmena. Los procedimientos bolcheviques son, pues, bastante naturales”. Hitler añade: “Pero ese es precisamente el problema que nos hemos propuesto resolver: convertir el Pueblo alemán al socialismo sin simplemente matar a los viejos individualistas, sin destruir la propiedad y los valores”.

Quería atraer al Partido Nazi “a todos los socialistas, incluso a los comunistas”

En la página 23, Wagener plasma una cita de Hitler en la que éste afirma: “Vivimos en una época de grandes cambios radicales, como he dicho antes: una evolución del individualismo al socialismo, del interés propio al interés público, del ‘yo’ al ‘nosotros'”. Aunque es cierto que más adelante Hitler manifestó un abierto rechazo hacia el bolchevismo (no menor que el que tenían muchos socialdemócratas y anarquistas), Wagener escribió en la página 26 estas otras palabras del futuro dictador alemán antes de su ascenso al poder: “Pero los nacionalsocialistas queremos precisamente atraer a todos los socialistas, incluso a los comunistas; deseamos ganarlos de su campo internacional al nacional”. Es una estrategia que debió tener éxito, pues desde 1930 el Partido Comunista Alemán (KPD) también intentó atraer a militantes nazis -y también evitar la marcha de militantes comunistas al Partido Nazi- haciendo un discurso más nacionalista, una estrategia conocida como Scheringer-Kurs y en la que se llegó incluso a editar un panfleto, titulado “Programmerklärung zur nationalen und sozialen Befreiung des deutschen Volkes” (Declaración programática para la liberación nacional y social del pueblo alemán), con un fuerte contenido nacionalista.

El desprecio de Hitler por el liberalismo y el capitalismo

En las memorias de Wagener también se recogen citas de Hitler que demuestran su profundo desprecio por el liberalismo y el capitalismo. En una de ellas, recogida en la página 59, afirma: “el liberalismo económico estén al mando de las democracias autoritarias, que en realidad no son democracias en absoluto”, añadiendo que en las naciones “dominadas por el capitalismo” la palabra democracia “se deriva, no de demos, el pueblo, sino del demonio, el diablo”. En la página 148 aparece esta otra cita de Hitler: “El individualismo, que está en proceso de ser reemplazado por el socialismo, y estamos decididos a echar una mano para abolirlo y reemplazarlo, en realidad ya está siendo enterrado por la industrialización”. En la página siguiente, el líder nazi expresa así la afinidad de sus propósitos respecto del comunismo: “Lo que el marxismo, el leninismo y el estalinismo no lograron, estaremos en condiciones de lograrlo”.

“¡Queremos comenzar implementando el socialismo en nuestra nación, entre nuestro Pueblo!”

Wagener muestra en la página 170 hasta qué punto Hitler tenía una estrategia internacional muy similar a la teoría del “socialismo en un solo país” formulada por Lenin y aplicada por Stalin: “primero, tendrá que haber nacionalsocialismo. De lo contrario, el pueblo y sus gobiernos no están preparados para el socialismo de las naciones. No es posible ser liberal con el propio país y exigir socialismo entre las naciones”. En la página 288 explica que es precisamente por eso por lo que su partido se llamaba nacional-socialista: “¡Queremos comenzar implementando el socialismo en nuestra nación, entre nuestro Pueblo! No es hasta que las naciones individuales sean socialistas que puedan dirigirse al socialismo internacional”. Estos planteamientos explican hechos como, por ejemplo, que de 241 cuestiones votadas en el Reichstag y en el parlamento estatal de Prusia en 1929 y 1930, nazis y comunistas coincidiesen en el 70% de las ocasiones, y ya una vez en el poder, el pacto entre Hitler y Stalin por el que se repartieron Polonia en 1939, incluso haciendo un desfile conjunto para celebrar su victoria contra los polacos.

Foto principal: Adolt Hitler retratado por su fotógrafo personal, Heinrich Hoffmann, mientras ensayaba sus discursos en 1925.

(https://www.outono.net/elentir/2020/02/20/el-izquierdismo-de-adolf-hitler-retratado-por-uno-de-sus-mas-fieles-consejeros-y-confidentes/?fbclid=IwAR2hCJG-OTVUZ33Dsz8oe7osMZy89LcWq3KzmHL_izbJn5wt1hI1X4GRh3M)

domingo, 12 de enero de 2020

7 citas de Adolf Hitler que prueban que era socialista

A menudo la gente asegura que Hitler y los Nazis representaban al capitalismo y a la derecha de hoy en día, estas citas demuestran lo contrario.
OPINIÓN
Por MÁS Libertad Última actualización Jul 29, 2019
citas y frases de hitler
7 citas de Adolf Hitler que demuestran que era socialista
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«He aprendido mucho del marxismo»… «como no dudo en admitir»

Hitler pudo haber denunciado públicamente al marxismo a causa de su guerra contra la odiada Unión Soviética, pero en privado siempre admitió que era de corazón un izquierdista. Una vez le dijo a Otto Wagener que el problema con los políticos de la República de Weimar era que «nunca habían leído a Marx».

Creía que el problema de los comunistas alemanes era que no entendían la diferencia entre los principios y las tácticas. Se refirió a ellos como simples panfletarios, mientras que «He puesto en práctica lo que estos traficantes de bolígrafos han comenzado tímidamente». Declaró claramente que «todo el nacionalsocialismo» se basó en Marx.

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«Mi tarea es convertir el volk (pueblo) alemán al socialismo sin simplemente matar a los viejos individualistas»

Hitler quería utilizar la antigua clase liberal clásica, los empresarios y los recursos de los individualistas para construir el socialismo en Alemania. El socialismo se define técnicamente como la propiedad pública de los medios de producción, y en lugar de hacer lo que hizo Stalin y purgar a los capitalistas, se comprometió en lugar de simplemente confiscar su capital. La economía podría controlarse fácilmente simplemente despojando a la clase capitalista de sus medios de producción y guiando su capacidad productiva a través de las manos del Estado.

«Si somos socialistas, definitivamente debemos ser antisemitas, y lo opuesto, en ese caso, es el materialismo y el mammonismo, al que nos buscamos oponer». «¿Cómo, como socialista, no puedes ser un antisemita?»

En un discurso en Munich en agosto de 1920, Hitler se dirigió al Partido Nacional Socialista sobre los problemas de la raza y la política. Era ampliamente conocido que los socialistas de la época estaban vinculados a las políticas eugenésicas, como lo han hecho a lo largo de la historia. De hecho, todos los que apoyaron el genocidio en ese momento también se llamaron a sí mismos socialistas.

«Debemos encontrar y recorrer el camino del individualismo al socialismo sin revolución».

En declaraciones a su asociado, Hitler argumentó que el problema con el comunismo ruso era que habían elegido su camino como revolucionario. Si se iba a destruir el individualismo, la revolución era la forma más dolorosa y difícil de destruir a los capitalistas. Marx y Lenin tenían los objetivos correctos en mente, pero simplemente eligieron las tácticas incorrectas.

«¿Por qué necesitamos problemas para socializar bancos y fábricas? Socialicemos a los seres humanos».

Joseph Goebbels socialista
Paul Joseph Goebbels quien ocupó el cargo de Ministro de Ilustración pública (propaganda) era un seguidor de las políticas socialistas.
La idea de Hitler de la unidad nacional era llevar el socialismo directamente a la gente. Quería que el socialismo no se tratara solo de nacionalizar la industria, sino de nacionalizar a la gente. Las personas son los servidores del Estado, y el socialismo fue la solución a todos los males de la sociedad.

«Somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual para la explotación de los económicamente débiles, con sus salarios injustos, con su evaluación indecorosa de un ser humano de acuerdo con la riqueza y la propiedad en lugar de la responsabilidad y el rendimiento, y todos estamos determinados destruir este sistema bajo todas las condiciones» 1927

¿Realmente necesitas algo más claro que esto? Hitler declaró claramente que era un enemigo del capitalismo.

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«Lo que el marxismo, el leninismo y el estalinismo no lograron, estaremos en condiciones de lograrlo».

Hitler era simplemente un socialista heterodoxo. Una vez más, creía que los problemas de sus predecesores eran simplemente tácticos, no filosóficos.

La plataforma del partido nazi
Ahora bien, estas no son citas, per se, son simplemente las tablas de la plataforma con la que se lanzo del Partido Nacionalsocialista. Aún así, Hitler los apoyó, y son relevantes porque muestran la intención de los esquemas de redistribución de riqueza de Hitler, así como su deseo de socialismo.

11. Que todos los ingresos no ganados, y todos los ingresos que no surgen del trabajo, sean abolidos.

12. Como toda guerra impone a la gente sacrificios temerosos en sangre y tesoros, todas las ganancias personales que surjan de la guerra deben considerarse como traición a la gente. Por lo tanto, exigimos la confiscación total de todos los beneficios de guerra.

13. Exigimos la nacionalización de todos los fideicomisos.

14. Exigimos participación en los beneficios en las grandes industrias.

15. Exigimos un aumento generoso de las pensiones de vejez.

[…]

25. Para llevar a cabo este programa exigimos: la creación de una autoridad central fuerte en el Estado, la autoridad incondicional del parlamento político central de todo el Estado y todas sus organizaciones.

Esta era la formación de comités profesionales y de comités que representen las diversas fincas del reino, para asegurar que las leyes promulgadas por la autoridad central sean llevadas a cabo por los estados federales.

Los líderes del partido se comprometían a promover la ejecución de los puntos anteriores a toda costa, si es necesario, en el sacrificio de sus propias vidas.

Este artículo apareció por primera vez en The Libertarian Republic por Austin Petersen.

 hitlernacionalsocialismonazismosocialismosocialista
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10 COMENTARIOS
Andrés Vásquez dice  1 año hace
“Somos socialistas, somos enemigos del sistema económico bla bla bla…”
La frase no la dijo realmente Hitler, sino Gregor Strasser en el artículo »El espíritu de la economía». Ambos eran cabecillas del partido Nacionalsocialista, pero con ideas totalmente opuestas que lo llevaron a ser ejecutado en 1934 (algunos incluso tachan a los hermanos Strasser de marxistas).

El mismo Hitler decía que usó el nombre NS de »marketing» para ganar masas (»El marxismo no es socialistas, ellos lo han robado y tergiversado. Me llevaré el socialismo lejos de los marxistas»)
Que son contrarios(»Nuestros trabajadores tienen dos almas: una alemán y otra marxista. Debemos despertar la alemana y arrancar de raíz la marxista. El marxismo y el germanismo son antítesis»)
O incluso que podrían haberse llamado Nacional Liberales (»Podríamos habernos llamados Partido Liberal, pero elegimos los NS).

Hitler simplemente quería reforzar Alemania en cuerpo y alma. Y esto basándose en una economía interna autosustentable y que con base al esfuerzo (patrón-trabajo) mejorar la calidad del pueblo.

Probablemente eliminen este comentario, ya que la mayoría son ideológicos sin pensamiento crítico que sólo quieren deslegitimar en vez de debatir
[Fuente: Entrevista a Hitler por George Sylvester Viereck en 1923 y publicada en Lyberty en 1932]

 Respuesta
Renzo Hodwalker dice  1 año hace
Ahí está el discurso completo, quizá escuchándolo tu mismo aceptes la realidad. https://www.youtube.com/watch?v=pHW-ERK8yYk

 Respuesta
Cristián Franco dice  8 meses hace
Es lo que se niegan a ver. Cuando surge la evidencia esconden la cabeza como avestruces

 Respuesta
angel dice  1 año hace
Cual entonces es la gran diferencia entre marxismo y socialismo

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Boicot a In-N-Out burger, socialismo: aquellos que no obedecen no comen  1 año hace
[…] fueron llamados no solo a obedecer sino a creer, a participar”. Después de todo Hitler siempre fue un orgulloso […]

Andrés Vásquez dice  1 año hace
»Si los nacionalsocialistas fuesen socialistas por el nombre, entonces la República Democrática de Corea del Norte sería democrática también»
Bueno, supongo que entre las libertades que apoyan los liberales, también está la libertad de mentir y engañar.

Los NS nacieron como un grupo reaccionario en contra del marxismo y el capitalismo. Usaron el término »socialista» para robar gente de otros partidos y llevárselos al suyo (originalmente era Partido Obrero Alemán). Aunque también hay que admitir que ‘tomaron prestadas’ tanto políticas liberales como marxistas.

Comenzó con algunas políticas socialistas (empleo público y gastos) para rescatarlos de la crisis, pero luego dejó crecer la economía por su cuenta. Empresas como Volkswagen y Krupp, entre otras, se enriquecieron. Si quieren más información pueden revisar los Twits de Mike Stuchbery, que probablemente sabe más de historia y es menos sesgado que ustedes.

Desde la cosmovisión liberal todo lo que no es liberalismo, es considerado ‘marxismo’. Al igual que la cosmovisión nacionalista veía al marxismo y capitalismo como entes iguales.

 Respuesta
RASTAFARY dice  5 meses hace
Si campeon, ya estas mintiendo para seguir con LA MENTIRA… del Falsocausto, HITLER queria limpiar de CAPITALISTAS o sea de Judios, pero si eran tan odiados, porque existian una legion de SS judios, ademas de varios oficiales Judios en estas SS

y las legiones arabes, hindues y africanas, que lucharon mano a mano con los alemanes en varias partes de europa y africa???

Por que a Gandhi lo respetaron tamto y este era devoto del Furher???

si alemania era el pais racista por excelenia, porque Jesse Owens estuvo viviendo mas de 3 meses en Berlin ciudad donde caminaba libremente y desayunaba y almorzaba donde queria, pero llegando a su pais a su cuidad natal, tenia que viajar en ciertos lugares del bus, desayunar y almorzar en lugares apartados y seccionados de los restaurantes de su propia ciudad de su propio pais

Por que nada dicen de los campos de esclavitud o campos de algodon de dueños Judios en el sur de estados unidos????

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Jane Cone dice  1 año hace
Además de los estatutos marxistas del partido, Partido Nacional SOCIALISTA Alemán.

 Respuesta
La inexistente extrema derecha colombiana - Mises Report  9 meses hace
[…] https://maslibertad.com.co/citas-de-hitler-prueban-que-era-socialista/  […]

libertario dice  4 semanas hace
bueno yo creo que no se debe opinar de lo que no se sabe, luego de estudiar muy a fondo el partido nacional socialista, primero creia que por el nombre «socialista» era de izquierda pero después descubrí que solo lo llamaron así para llegar a la gente e implantar un estado sin impuestos de hecho el plan a futuro era reducir tanto los impuestos que se eliminen completamente el estado presente y toda la industria militar solo se hizo para prepararse contra los bolcheviques y eliminar directamente el problema mediante la violencia ya que la amenaza era muy grabe en esa epoca.
hitler se referia a los judios que habian creado su fortuna en los paises capitalistas por asi decirlo para usar ese capital en su contra lo cual paso rusia y usa se aliaron .
por ultimo llegue a la conclusion de que los nazis no son socialista pero si crearon un estado militar para suprimir a los judios y comunistas.
en todo lo que lei nunca vi a hitler diciendo lo de las citas deberias dejar fuentes para que me pase por esos libros y los lea y si estoy equivocado me disculpe posteriormente un saludo.
viva la libertad carajo e hice el analisis en base a documentos e informacion que si quieren pasare es meramente objetivo y visto desde el punto de vista liberal osea normal como debe ser.
(https://maslibertad.com.co/citas-de-hitler-prueban-que-era-socialista/?fbclid=IwAR1UUCQItE2ICYjmsr_Ut2nx4PqOHNsdzCDR6YoECx4ZzYyupuB22BOhXbI)

martes, 26 de diciembre de 2017

"Julfest", la festividad pagana con la que las sectas ocultistas nazis intentaron suplantar al catolicismo


Adolf Hitler, neo-pagano, ocultista, 
retratado a su llegada al poder en 1933.

Manuel P. Villatoro
@ABC_Historia

26/12/2017 10:48h


«En Nochebuena hubo una celebración que no fue una celebración cristiana, sino la pagana “Julfest” alemana. Estábamos todos juntos y tuvimos que cantar algunas tonterías sobre la noche estrellada y otros penosos sustitutivos del auténtico mensaje navideño». Así recordaba Gereon Karl Goldmann (reclutado por las bravas en el ejército alemán) en su obra «Un seminarista en las SS: Un relato autobiográfico» cómo era la Navidad en pleno Tercer Reich.

Aunque aquellas cancioncillas eran solo la punta de un iceberg que contaba con varios kilómetros de hielo bajo la superficie. Y es que, detrás de la sustitución de los villancicos religiosos por otros paganos y más allá del papel de regalo estampado con esvásticas, Adolf Hitler y sus temibles SS (la llamada «Orden Negra») ocultaban un objetivo mucho más oscuro: acabar con el cristianismo y su influencia en la sociedad.

«Una de las consignas subterráneas del régimen nazi era eliminar progresivamente la influencia que para el pueblo alemán tenían los ritos de la Iglesia Católica», afirmaba el popular divulgador histórico José Lesta («El enigma nazi»; Edaf, 2003) en declaraciones a ABC hace dos años. A cambio, Hitler y sus colaboradores más cercanos (entre ellos Heinrich Himmler, líder de las SS) ofrecieron a la sociedad unas creencias paganas basadas en antiguos ritos germanos olvidados. «Instauraron los dogmas de fe del nazismo como creencia religiosa», completa el autor.

El autor Michael Coren es partidario también de esta teoría. En su principal obra, «Herejía, diez errores sobre el cristianismo», pone varios ejemplos de grupos que fueron fundados en pleno nazismo para acabar con la influencia de la religión. Algunos tan destacados como el «Movimiento Alemán de la Fe» o la no menos famosa «Ahnenerbe».

Destruir el cristianismo

El paganismo germano pudo verse ya en la Alemania de los años 20, cuando Hitler combatía a brazo partido por hacerse un hueco en el panorama político al frente del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). Así lo confirmó en 1926 el político francés Raoul Patry en su obra «La religión en la Alemania actual» (citado por José Antonio Solís en «Los enigmas de Hitler»).

El diplomático galo recogió en su obra que el futuro «Führer» recurría habitualmente a los rituales de adoración al fuego y señaló que uno de los seguidores más cercanos del líder había cargado en 1923 contra la religión de la siguiente forma: «Para destruir el cristianismo que ha envenenado al espíritu alemán y sustituirlo por los dioses germánicos harán falta terribles combates. De los setenta millones de alemanes, sólo quedarán siete, pero ellos serán los amos del mundo».

En su obra, Solís va más allá y sentencia que «lo que se estaba construyendo era una seudorreligión empeñada en falsificar la historia e imponer creencias delirantes».

Con todo, y a pesar de que su objetivo oculto era acabar con el cristianismo, Hitler aseguró en un discurso realizado el 23 de marzo de 1933 que respetaría siempre los derechos de la Iglesia católica: «La preocupación del gobierno es la sincera colaboración entre la Iglesia y el Estado; la lucha contra una ideología materialista en pro de una verdadera comunidad popular sirve a los intereses de la nación alemana lo mismo que el bien de nuestra fe cristiana [...]. Los derechos de las Iglesias no sufrirán menoscabo ni variará su posición respecto al Estado». Muy probablemente lo hizo para ganarse los votos del Partido de Centro en las elecciones.

Adolf Hitler, tras alcanzar el poder en 1933
Adolf Hitler, tras alcanzar el poder en 1933-ABC
Lo cierto es que Hitler necesitaba tener el apoyo de este sector de la sociedad ya que, como bien explica Álvaro Lozano en «La Alemania nazi», en los años treinta dos tercios de los alemanes eran protestantes y un tercio católicos. «En su carrera hacia el poder, Hitler había evitado los ataques directos a las Iglesias y el vigésimo cuarto punto de los 25 del partido hablaba de un “cristianismo positivo” ligado a su visión racional y nacional», añade el experto.

El 24 de octubre de 1933, en un discurso pronunciado en el Palacio de los Deportes de Berlín, el futuro «Führer» insistió en su falsa buena relación con la Iglesia por enésima vez: «Igualmente hemos iniciado la lucha contra el apartamiento de la Iglesia. Sin que por ello nos atemos a ninguna confesión determinada». Pero la realidad era totalmente diferente. «El cristianismo era considerado el producto de una raza inferior debido a que Jesucristo era judío», completa Lozano.

Poco a poco, a Hitler fue mostrando sus orejas de lobo. Ya en un discurso llevado a cabo el 30 de enero de 1934 en el parlamento declaró su odio hacia la Iglesia cuando esta institución se posicionó en contra de la esterilización de los enfermos hereditarios. A su vez, y según Hitler, la Iglesia era culpable de «ignorar el problema racial».

Hitler, en un discurso de 1937
Hitler, en un discurso de 1937-ANC
La realidad quedó cristalina el 24 de febrero de 1937, día en que el ya «Führer» cargó frontalmente contra la religión: «Pueden todos los sacerdotes ponerse contra nosotros, pero hay una cosa que no podrán rebatir: ¡El Señor ha estado con nosotros, él nos ha guiado! Se ha puesto de parte de la única iglesia realmente confesional que existe, o sea el movimiento nacionalsocialista».

Ese mismo año, el alcalde de Hamburgo dejó claro que el nazismo estaba en contra de la religión con una frase que causó gran controversia: «Nos comunicamos directamente con Dios a través de Hitler. No necesitamos ni clérigos no sacerdotes».

Poco a poco, el «Führer» fue menoscabando indirectamente la preponderancia de este culto. Ejemplo de ello es que, en los siguientes meses, envió a más de un millar de sacerdotes a los primeros campos de concentración.

Sectas y grupos paganos

Con el objetivo de socavar poco a poco al cristianismo hasta sustituirlo por sus propias creencias nacionalsocialistas, tanto Hitler como su séquito fomentaron la fundación de varios grupos que promovieran el «paganismo teutónico». Algunos, como «Movimiento alemán de la Fe».

Los miembros de este grupo, formado por Alfred Rosenberg (llamado el «Arquitecto del Holocausto» por ser uno de los ideólogos de la Solución Final) rendían culto al disco solar, entonaban el «Canto de los Godos» y tenían varios objetivos sacrílegos entre los que destacaban destrozar la religión enemiga. Así lo señala Lozano, quien explica que entre sus diferentes finalidades se hallaba la «sustitución de las ceremonias cristianas, bautismo y matrimonio, por equivalentes paganos».

No era lo único que pretendían los seguidores del «Movimiento Alemán de la Fe». También buscaban sustituir al dios cristiano por la figura de Adolf Hitler y cargar frontalmente contra la ética de esta religión. Con todo, el autor explica que «nunca desarrollaron una clara ideología religiosa». Coren es de la misma opinión. De hecho, explica que su ideología no llegó a ser mayoritaria, aunque sí contó con «el apoyo de los principales nazis, complacidos por esta propuesta para sustituir el “cristianismo indeseablemente judío” por una “teología puramente teutónica”».

Más conocidas en este ámbito fueron las Juventudes Hitlerianas (JH), grupo al que debían adscribirse de forma obligatoria los más pequeños desde que los nazis llegaron al poder. Según Coren, esta asociación «adoctrinaba a los jóvenes en el pensamiento y rituales paganos, a la vez que proclamaba con énfasis que el cristianismo era anti-alemán y anti-hitleriano».

Himmler, con su hija Gudrun, de visita a Dachau
Himmler, con su hija Gudrun, de visita a Dachau-ABC
De hecho, una de sus principales marchas de sus miembros se llevaba a cabo al son de la siguiente canción: «No seguimos a Cristo, sino a Hort Wessel. Acabemos con el incienso y el agua bendita. Lograremos que la Iglesia cuelgue en la horca. La esvástica traerá la salvación a la Tierra».

A pesar de ello, existen imágenes en las que es posible apreciar a miembros de este grupo entrando a una iglesia luterana. Según desvela el historiador Michael H. Kater en su obra «Las Juventudes Hitlerianas», porque «aunque los nazis abjuraron del cristianismo, muchos jóvenes venían de ambientes religiosos que había que respetar». Con todo, también señala que esta característica se mantuvo, principalmente, cuando los nazis acababan de acceder al poder.

Pero de entre todas estas asociaciones hubo una que luchó especialmente contra el cristianismo: la «Ahnenerbe». Un grupo ideado en principio para dar valor a las tradiciones alemanas, pero que acabó estudiando las ciencias ocultas para instaurar una nueva religión basada en la sangre y en el valor de los soldados teutones en el país.

La «Ahnenerbe» fue creada por Heinrich Himmler (líder de las temibles SS) y, con ella, se propuso entre otras cosas que los católicos dieran de lado a sus creencias y abrazaran las nuevas creencias del Reich.

Soldados de las SS
Soldados de las SS-ABC
«Himmler y su Estado Mayor personal, constituido por hombres de su más absoluta confianza concibieron un calendario festivo para la Orden Negra de las SS que establecía unas fechas sagradas a lo largo del año. En ellas, las SS renovaban sus compromisos de honor y lealtad para con el "Führer" y la orden. Estas festividades servían para sustituir a las fiestas cristianas por otras que estuvieran más próximas a la tradición germano-pagana», afirma José Lesta en su obra.

Entre las fiestas que sustituyeron, destaca la de la Pascua. «Muchos períodos del año habían sido reciclados en forma de fiestas neopaganas. La Pascua se transformó en la fiesta de “Ostara”, por ejemplo», determina el autor en su obra.

«Julfest»

De entre todas las fiestas que estas asociaciones fomentaron para destruir el cristianismo, hubo una que destacó sobremanera: la «Julfest» (una celebración ideada por los nazis en sustitución de la Navidad).

La mayoría de autores coinciden en que sustituyó el recuerdo del nacimiento de Cristo por el del llamado «Niño solar», un personaje mitológico que resurgía de sus cenizas en pleno solsticio de invierno. «En Diciembre se celebraba la festividad del “Julfest”, el día del Sol Invictus, que entre los romanos se celebraba como el natalicio de Mitra. Más de dos mil años después, la antigua festividad germánica, que había sido erradicada por el cristianismo, regresaba desbancando a la Navidad cristiana», explica Fermín Castro en «Los poderes ocultos de Hitler».

Lesta es de la misma opinión. En su obra explica que el día en que se recuerda el nacimiento de Jesús se cambió nada menos que por una jornada en la que se reverenciaba al sol.

«Efectivamente, en el 25 de diciembre se conmemoraba el “día del nacimiento del sol invencible” –el Sol Invictus, que para los romanos representaba el nacimiento de Mithra-, es decir, el día en que este astro, después de ir acortando su presencia desde el solsticio de verano, parecía recobrar nuevamente sus fuerzas tras el periodo agónico del otoño y la muerte invernal», sentencia el experto. En este caso, los miembros de las SS celebraban el comienzo de la primavera recordando a la diosa de la fertilidad que da nombre a esta celebración.

Hitler, en la Julfest
Hitler, en la Julfest-ABC
Judith Breuer (una estudiosa de la «Julfest» que llevó a cabo una exposición en Colonia con múltiples objetos de esta festividad) afirmó al diario «Der Spiegel» que, antes de sustituir la navidad por una más aria, los alemanes trataron de «cambiarle la ideología» en los años 30. Sin embargo, al ver que les era imposible, se limitaron a modificarla. «La Navidad fue una provocación para los nazis; después de todo, Jesús era un niño judío. La celebración más importante del año no encajaba con sus creencias racistas, por lo que tuvieron que reaccionar y tratar de hacerla menos cristiana», explicó en su momento.

A nivel más particular, la Nochebuena fue también sustituída po runa fiesta pagana, la «Mondranich» o «festividad de la maternidad». Según desvela Castro en su obra, los nazis le dieron una gran importancia a la misma: «Al día siguiente se entregaban regalos, pero para que éstos fueran realmente valorados, debían ser regalos en los que se había puesto espíritu, es decir, trabajados, y no comprados».

Otro tanto sucedía con la Pascua, cambiada por la «Ostern» pagana. «Era una festividad en la que el protagonismo absoluto era de los niños. Reunidos en pandillas, recogían ramas de árboles y flores con las que tejer coronas», añade el experto.

Curiosas tradiciones

Fueron muchas las tradiciones que se instauraron en la «Julfest». Con todo, entre ellas destacaba el curioso adorno que los nazis decidieron poner encima de los arbolitos de Navidad. ¿Qué podía ser? Efectivamente, una esvástica.

De esta forma, Hitler buscaba acabar con la «molesta» estrella de estas fiestas. «El símbolo planteaba un particular problema para los nazis porque la estrella de seis puntas era un símbolo judío y la de cinco, uno soviético. Simplemente tenía que desaparecer», determina Breuer. Otro tanto ocurrió con Santa Claus, quien fue apartado por el antiguo dios germánico Odín.

A su vez, también se eliminó cualquier asociación con Jesús, símbolo judío y cristiano. Los nazis lo reemplazaron por el mismísmo Hitler. O más bien el «Führer salvador». De esta forma, lograron promover su buena imagen. Con todo, la imagen de María y el pequeño Cristo se modificó ligeramente para que ambos parecieran totalmente arios. En este sentido, se señalaba que la Virgen era la madre de toda Alemania y que los Reyes Magos eran obreros alemanes que acudían a visitar a Hitler.

Alemanes durante la Julfest
Alemanes durante la Julfest
La parafernalia navideña también cambió radicalmente. En el arbolito se empezaron a colgar adornos imitando la forma de la esvástica o de la Cruz de Hierro. Por descontado, los oficiales persuadieron a las amas de casa para que cocinaran galletas con la forma del símbolo nacionalsocialista. En los días previos a la Navidad, también se ordenaba reemplazar las escuelas y los jardines de infancia por actuaciones y teatros en los que se contara a los niños cuentos de hadas paganos.

Todas estas tradiciones quedaron corroboradas en una curiosa guía encontrada hace dos años en Dresde (Alemania). Libro en cuyo interior se narraban las directrices que debían seguir los seguidores de Hitler para celebrar las perfectas navidades nazis. Este folleto contaba con apenas 20 páginas, estaba fechado en noviembre de 1937 y fue editado por una ramificación sajona del partido nazi llamada «Heimatwerk» (la cual se había formado en el 36 como promotora de la cultura germana).

Lo curioso es que este manuscrito señalaba que esta celebración no era cristiana en absoluto. «Esta fiesta ha sido introducida contra la voluntad de la Iglesia. El profundo misterio de la Navidad alemana sólo puede ser entendido por aquellos que sienten su originalidad y autenticidad», determinaba el escrito.
(http://www.abc.es/historia/abci-julfest-fiesta-pagana-sectas-ocultistas-nazis-mataron-cristianismo-201712260210_noticia.html#ns_campaign=rrss-inducido)

jueves, 7 de noviembre de 2013

Las nuevas sectas neonazis



En el centro, el fundador de la secta Arian Nations, Richard Butler, durante un acto de demostración, en la ciudad de Coeur D´Alene, en Idaho. 


En los últimos tiempos se ha desarrollado un número creciente de corrientes religiosas, con base en muy variadas tradiciones, que constituyen una especie de sostén de las ideas mesiánicas de Adolf Hitler. Exhiben así la impronta de esos trasnochados sueños milenaristas

El nacionalsocialismo cuajó en un clima cultural trabajado por el esoterismo. Ahora el llamado reencantamiento del mundo ha introducido en nuestra posmodernidad una vez más algo así como una pulsión irracionalista, expresada en una religiosidad mágica.

Muchas veces también se ha hablado, no siempre seriamente, de ciertos exóticos componentes del nazismo, comenzando por su fundador. Aún no se sabe cuánto hay de cierto, pero sí es verdad que algunas corrientes como la ariosofía, de matriz teosófica, habrían tenido alguna influencia, junto a otros factores, en la conformación final de la ideología nazi.

La ariosofía y las sectas en ella integradas, como la Sociedad Vril, Thule, Edda, la Ordo Novi Templi y Germanenorder (de donde los nazis tomarían la cruz esvástica) son los lugares donde se cocina a fuego lento un nacionalismo popular ( vslkisch ) con ingredientes teosóficos y componentes racistas. Los fundadores de la ariosofía, Guido von List, Lanz von Liebenfels y Rudolf von Sebottendorff, se caracterizan por difundir a comienzos del pasado siglo un pensamiento y unas creencias de fuertes acentos gnósticos en los que se mixturan pangermanismo, antisemitismo y ocultismo. Más allá de cierta explotación sensacionalista debe reconocerse que sus ideas habrían sido decisivas para fraguar el cemento de la nueva fe política.

Una vez que el Tercer Reich alcanzó su plenitud, el mismo sistema político pareció querer suplantar el escenario religioso, expresando un sentido sustitutivo de lo sacro. La cruz cristiana fue reemplazada por la cruz gamada, y una liturgia política organizó impresionantes manifestaciones colectivas en las que se percibía un aliento religioso sobrevolando procesiones de antorchas y cánticos imbuidos de un estilo letánico. Los ideólogos del régimen aspiraban a construir una religión oficial, fundada en el suelo y en la sangre, en el espíritu nórdico y en la raza aria.

Los Deutsche Christen constituyen el punto de arranque del frustrado proyecto del régimen de entronizar una verdadera iglesia nacional, con el retrato del FYhrer en los altares, mientras los niños escuchaban con unción religiosa la nueva preceptiva: juntar las manitas, inclinar la cabecita y pensar con devoción en el FYhrer que nos da trabajo y pan y nos libra de toda miseria.

A pesar de que ha pasado más de medio siglo desde el derrumbamiento del régimen, la relación entre lo religioso y lo político sigue encontrando aún hoy en el nazismo, entendido en sentido amplio, un terreno de rica fertilidad.

En los años recientes se ha desarrollado un número relativamente importante de corrientes religiosas pertenecientes a muy diversas tradiciones, que constituyen algo así como un sistema de sostén de las ideas mesiánicas de Adolf Hitler y su sueño de un reino milenarista. Ellas exhiben con cierto desenfado la nueva impronta religiosa del neonazismo.

Resulta significativo observar cómo este revival ha sabido construirse sobre el encuentro entre las desgastadas tesis nacionalsocialistas y los valores que configuran el escenario variopinto de la nueva sensibilidad posmoderna, desde la ecología y el nuevo movimiento étnico hasta una New age saturada de irracionalismo.

Estas nuevas religiones son muy distintas entre sí, e incluso se diferencian del nazismo estricto en algún aspecto, sin embargo tienen en común con él un hilo conductor y pueden sistematizarse en seis grupos:

1. Neopaganismo ario: en esta corriente se inscribe Asatrú, imbuida de un fuerte sentido anticristiano, en la que se perciben influencias de la tradición nórdica y una inspiración en el culto a los antiguos dioses y diosas escandinavos precristianos, como Odín y Tyr. Asatrú es la vslk-religion o religión del pueblo que invoca el retorno a una sociedad utópica de los antiguos teutones. Reivindica el culto del honor, la espada (el uso de la fuerza) y el orgullo de la estirpe (vikinga) donde se reconoce la concepción nietzscheana del superhombre. Sus rituales incluyen sacrificios al sol como deidad, conectando con las modernas corrientes ecologistas en el culto a la diosa madre naturaleza.

Esta religión pagana no es un producto exótico del norte europeo, sino que presenta su mayor expansión en el Nuevo Mundo e incluso está también entre nosotros: el espléndido sitio de Internet que la anuncia se encarga de recordar esa vieja creencia argentina de sentirnos europeos en América.

2. Cristianismo celta: otro atractivo sitio del cyberespacio explica los valores sostenidos por una nueva iglesia nacional, el Scandinavian Roman Catholic Apostolate, de tono integrista y fuerte acento antisemita. Su propio nombre es en realidad una contradicción, porque católico quiere decir universal. El estilo de esta iglesia nórdica es violento y exhibe una particular animadversión contra el gobierno norteamericano, al que supone dominado por los judíos. Aunque critica en Hitler y en el nacionalsocialismo unos contenidos gnósticos, no puede escapar a evidentes afinidades con sensibilidades nucleares de su pensamiento.

3. Supremacismo blanco: la verdad es que resulta difícil reconocer una verdadera iglesia en The World Church of The Creator. A pesar de su nombre, sus pastores y su liturgia, no es una iglesia cristiana antisemita ni una religión pagana pangermanista, sino una organización crudamente racista: su único dogma es la supremacía blanca en cuanto ley eterna de la naturaleza. Ni siquiera cree en un estadio ultraterreno de la existencia humana. Después de repartir invectivas contra las demás religiones acusándolas de contradictorias e hipócritas, no trata de disimular demasiado su odio exclusivista. Su regla de oro es: lo que es bueno para la raza blanca es el mejor valor. Los supremacistas reconocen que Hitler trató de implementar un programa similar, pero se equivocó al elegir el nacionalismo, considerado una barrera artificial para la unificación de la raza blanca. Sin embargo, su iconografía y su credo laico recuerdan claramente el agresivo estilo nacionalsocialista.

4. Angloisraelismo antisemita: el Identity Church Movement, también caracterizado por un generoso uso de Internet, conforma una suerte de confederación de organizaciones antisemitas bajo un paraguas religioso: America´s Promise Ministries, Stone Kingdom Ministries, Kingdom Identity Ministries, y otras numerosas más, como Aryan Nations. Se reconoce en este movimiento la típica prédica de racismo y antisemitismo amparados en la respetabilidad de una creencia religiosa que permite disfrutar de oportunas exenciones impositivas. Sus raíces se afirman en el angloisraelismo, que reivindica para los pueblos anglosajones descender de las diez tribus perdidas de Israel como el verdadero pueblo elegido, al tiempo que sataniza a los judíos.

5. Fundamentalismo islámico: el renacer en las últimas décadas de movimientos radicales como el de la revolución iraní, el Frente Islámico de Salvación argelino, Hamas y otros, actualiza la antigua creencia musulmana en la jihad, entendida como una guerra santa. Estos movimientos se encuentran lejos de reconocer una influencia nazi e incluso sus miembros poseen una filiación semita, sin embargo su violento antijudaísmo los convierte en aliados naturales de las ideologías racistas antisemitas. Muchas veces se han descubierto relaciones entre ultraderechistas y fundamentalistas, por aplicación de aquella vieja regla estratégica: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Por tal motivo, el crecimiento del fundamentalismo, en expansión en el mundo islámico y fuera de él, puede constituirse también en un factor de soporte social del neonazismo.

6. Esoterismo racial: desde luego sería inexacto afirmar que en la heterogénea constelación New age el nazismo sea un acento dominante, mas bien al contrario. Sin embargo, ni siquiera esta difusa religiosidad de la cultura posmoderna puede considerarse exenta de su influjo. Retomando la anterior línea ariosófica, algunos ambientes esotéricos actuales se han identificado en una concepción irracionalista, una de cuyas figuras más importantes está representada por Savitri Devi, una ocultista que hasta su muerte en los tempranos años ochenta expresaba su fascinación nazi considerando a Adolf Hitler un avatar o reencarnación de Vishnú, y el Tercer Reich como un régimen sagrado. Sus eclécticas creencias unían la germanofilia, el mito de la raza aria, el hinduismo y la veneración del FYhrer. Algunos grupos satanistas y skinheads cultivan el recuerdo de Savitri Devi aún en nuestros días.

Una suerte de hitlerismo esotérico, incluida la creencia en platos voladores nazis, se vierte en el abstruso pensamiento del diplomático chileno Miguel Serrano, autor de varios libros donde expone sus exóticas teorías cuyo pintoresquismo recuerda la no tan lejana parábola política del Hermano Daniel, nom de guerre de José López Rega. Para percibir cómo el ocultismo político no ha sido algo tan lejano de nuestras propias prácticas sociales basta recordar que nada menos que quien ocupó la más alta magistratura del país, Isabelita Perón, creía en Jesucristo como un avatar. Por otra parte, también la argentina Nueva Acrópolis reúne componentes neopaganos, teosóficos y raciales, donde se respira un vago perfume nazi, y el Parlamento europeo calificó a la secta como neofascista.

En los ambientes New age suelen ser frecuentes los aires ocultistas así como la nostalgia de una edad dorada de signo milenarista y el gusto por el misticismo de antiguas religiones olvidadas, incluido su feminismo teológico. En ellas está presente también la misma hostilidad hacia el cristianismo y las ideas políticas que conformaron la modernidad. Algunos estudiosos han comenzado a establecer las correspondencias entre vslkisch y New age . Nada debe ser exagerado, pero nada debe ser minimizado.


Por Roberto Bosca Especial para La Nación