"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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martes, 6 de octubre de 2020

Argentina: cuando las historias de los “enanitos verdes” dieron lugar a una secta ufológica

 Bajo esa pátina graciosa con que muchos se refieren todavía a “los Enanitos Verdes”, se escondió un asunto tenebroso. Bajarle el precio y ponerlo en un “disparate de ovnis y esas cosas”, es un error que se comete por desconocimiento de cómo fue todo aquello, y de lo que vino después y de cómo La Plata (Argentina) se salvó de padecerlo. Lo cuenta Hipólito Sanzone en El Día.


“El comandante Nuñuxts me está diciendo que no hay negociación posible. Que está dispuesto a morir junto con su tripulación, pero de ninguna manera va a entregar la cura del cáncer ni acceder a cualquiera de sus demandas. Ustedes no lo merecen. Son una especie dañina que no está preparada para lo que viene... sólo un puñado de elegidos, como los que estamos acá”.


El que hablaba no era el capitán Kirk ni el señor Spock. No había un televisor a todo volumen en un capítulo de Viaje a las Estrellas. El que hablaba era un hombre que a la distancia podría decirse que era parecido al ex presidente Lula Da Silva y se llamaba Roberto Olivera o, según el investigador de Sectas Ovni, Alejandro Agostinelli, “Divino Apolus” y estaba sentado a la cabecera de una gran mesa de comedor en uno de los departamentos de los últimos pisos del emblemático edificio de 7 y 50, el de los balcones con forma de batea.


Lo acompañaba la brasileña Valentina de Andrade, una mujer que años después sería acusada en Brasil, de aberrantes mutilaciones en ritos de preparación para que los integrantes de la secta que había creado en La Plata fuesen “dignos” de ocupar un asiento en una nave extraterrestre que los sacaría de “este mundo decadente, para llevarlos a un lugar de eterna luz y bondad”. Con el tiempo las Sectas Ovni se harían más conocidas, algunas por promover suicidios colectivos.


Terminaba 1983 y buena parte de los platenses no hablaba de otra cosa. En serio o en broma, para asombrarse o reírse, el tema era los Enanitos Verdes de Villa Montoro. Las denuncias sobre las apariciones de Enanitos Verdes se acotaban al barrio de Villa Montoro, a unas 50 cuadras del centro de la ciudad. Decían que desde los pastizales le salían al cruce a vecinos y vecinas en un amplio abanico de edades y condiciones y en un área entre las calles 1 a 122 y de 95 a 98.


“Mire, lo único que le puedo decir es que tengo a uno de mis mejores oficiales desde hace 10 días con carpeta médica porque dijo que se le apareció un Enanito Verde. Yo no creo ni dejo de creer, pero a mí de la Unidad Regional me preguntan todos los días si el tipo está loco, si chupa, si tiene algún problema y yo les digo que no, que es un excelente policía, un buen padre de familia y que acá, sus compañeros, lo quieren todos”. Así hablaba en absoluta reserva un jefe policial de entonces, a esa altura abrumado por los acontecimientos.


Las historias de encuentros con esos supuestos seres verdes no paraban. Algunos hablaban pidiendo reserva de identidad pero otros y otras, la mayoría, lo hacía con nombre, apellido y foto. A Claudia Viguera de Ortiz la sorprendieron en Barrio Aeropuerto, en 600 entre 2 y 3. “Verdes, con la cabeza más grande que el cuerpo, cara de viejitos y un metro de estatura”. Daniel, el esposo de Claudia, que era chofer de la Línea 275 compartía su preocupación. A Hugo Aguilar, por aquellos años alumno de la Escuela 23, los seres verdes lo corrieron por una cuadra y media en 1 entre 99 y 100, dijo.


Mientras tanto, Amador Alfredo Villar, el comisario de la Octava con jurisdicción en el territorio supuestamente invadido por los extraterrestres, mostraba ante la prensa una mezcla de cansancio, descreimiento, pero al mismo tiempo sorpresa y decía que “nosotros vamos al lugar de todas las denuncias y no encontramos nada. Ya quisiera yo agarrar a uno de esos enanos verdes”, se relamía aquel policía bravo.


A Julio César Massei, que estudiaba Electricidad del Automóvil en una academia de 19 y 32, de regreso de clases a su casa en 81 y 90, se los encontró en un descampado de 87 y 7. “A uno le tiré un ladrillazo, pero no le pegué”, diría Massei que a pesar de reconocer su mala puntería aseguró que el ser verde le devolvió un gruñido como de perro, entre lastimado y furioso.


Horacio Acevedo, encargado del complejo recreativo Piletas Z que funcionaba en la zona, se mostraría sorprendido ante un allanamiento policial que se hizo en el lugar por una denuncia que aseguraba que los enanos verdes habían sido vistos chapoteando en las partes más bajas de aquellas piscinas a las que podía acceder el público, pagando una entrada.


El mismo policía mortificado por la carpeta médica de uno de sus oficiales, contaría que una maestra de la zona le había jurado que un Enanito Verde se le había prendido del portafolios y que cuando por el susto ella lo revoleó a un pastizal, el extraño ser verde saltó y corrió a esconderse. Y que el portafolio había quedado como quemado, manchado con una sustancia blanquecina y pegajosa que la mujer, acaso por recato, evitó describir más en detalle.


La falsa vaca


Una de aquellas noches en Villa Montoro se oyeron tiros. Y gritos de dolor. El barrio entero se desprendió de las camas y salió a la calle convencido y quizá al mismo tiempo esperanzado, con que alguien le hubiese acertado a un Enanito Verde. O al revés. Los heridos eran dos muchachitos de entre 15 y 16 años, hijo y sobrino del jefe de un asentamiento gitano de la zona. Unas semanas antes, en la zona se había instalado un circo y animados por su audacia adolescente y la débil vigilancia que había en el lugar, los pibes se metían a curiosear por entre los carromatos. Y así se llevaron un disfraz de vaca con el que dos payasos de ese circo hacían uno de sus mejores números.


La noche de los tiros, los jóvenes gitanos se habían disfrazado de vaca para asustar a las parejas que solían estacionarse bajo la arboleda. Pero la broma salió mal. Un italiano que herraba caballos se asustó y desde la ventana de su pieza les disparó con una escopeta del 12. Por suerte, los perdigones dieron: en las piernas al menor, y donde termina la espalda, al más grande.


Una de aquellas mañanas de ese diciembre histórico en que el país recuperaba la democracia, un hombre llamó por teléfono a la redacción del diario El Día afirmando haber podido fotografiar a un Enanito Verde. Contó que tenía miedo de que lo creyeran loco pero tampoco desechaba la posibilidad de ganar un dinero con aquella fotografía. El encuentro se pactó en la esquina de 6 y diagonal 73, cerca de la cerrajería donde el hombre trabajaba.


El cerrajero se presentó con una cámara Kodak Pocket, un modelo que sólo aceptaba rollos compactos, tipo casete y que incluían flash. Y contó que llegando apurado al cumpleaños de su hija, tenía la cámara lista en el asiento del acompañante de su auto cuando un Enanito Verde le salió al cruce. El cerrajero juró que clavó los frenos y el pequeño ser verde se quedó, desafiante, en medio de calle de tierra y que no sabía de dónde había sacado coraje pero que lo primero a que atinó fue a tomar la cámara y fotografiarlo.


El cerrajero pidió un lugar “neutral” donde revelar el rollo y hacer las copias de las fotos. Aceptó que ese trabajo se hiciera en el Estudio Kent, una casa de fotografías de 8 entre 51 y 53, una de las más reconocidas de la Ciudad y cuyo propietario, anoticiado del potencial valor histórico que podía contener aquel rollo, decidió colaborar y no cobrar por su trabajo. Las fotos del cumple de la nena salieron bárbaras pero las del Enanito Verde, solo unas manchas negruzcas.


El misterio del muñeco


En tanto, las denuncias seguían, Villa Montoro ya era prácticamente un lugar turístico donde la gente llevaba mates, sándwiches y reposeras y el tema convocaba a estudiosos de la cuestión extraterrena, como a un equipo de investigadores que se presentó una tarde diciendo que venían de una fundación sueca. Eran cuatro hombres y una mujer tan rubios que llamaron la atención de algunos vecinos por sus parecidos con los integrantes del grupo musical Abba. Los suecos acamparon en carpas de nylon y colocaron aparatos entre los árboles para captar sonidos y señales que les permitieran hacer contacto con los extraños seres verdes.


Se fueron tres noches después quejándose de que les habían robado los sonares y otros aparatos de índole desconocida pero tal parece de interesante valor en las chatarrerías de la zona que compraban objetos por peso. Las primeras sospechas apuntaron a los gitanos que se disfrazaban de vaca para asustar a las parejas, pero esa pesquisa no prosperó por falta de pruebas y porque además se supo que después de darles una paliza, el jefe de la comunidad gitana los mandó a pedir perdón y devolverle el disfraz a los payasos. El hombre, contaban en la zona, se ganaba la vida vendiendo automóviles usados y lo que menos quería eran líos con la policía.


Algo parecido a lo de los suecos le ocurrió a la licenciada (?) Marta B. Peyrou de Partini que se presentó en Villa Montoro como titular del Instituto Cosmobiológico Internacional de Vivencia Extraterrestre, con sede en Ginebra, Suiza. En un reportaje que se publicó en El Día y algunos medios porteños, la mujer dijo ser además parapsicóloga y arqueóloga. La licenciada Peyrou de Partini llegó con un grupo de jóvenes investigadores que se instalaron en una casa abandonada en 600 entre 2 y 3 con la idea de grabar, filmar y fotografiar a los seres verdes. Cuando se quedaron dormidos, alguien les robó buena parte de los equipos. Pero lo que para aquellos investigadores fue todo pérdida, para un comerciante platense fue todo ganancia.


Viendo que, extrañamente o no tanto, el asunto de los enanitos verdes en La Plata coincidía con las apariciones televisivas de un dibujo animado llamado Luciano El Marciano, un comerciante platense vio una oportunidad. Era Roberto Córdoba, propietario de Libro 49, un comercio de venta de libros, discos de pasta y pósters, icónico del centro platense de aquellos años 80. Córdoba se haría conocido más tarde por organizar bailes para menores de edad, por las tardes, en clubes donde no se vendía alcohol y se regalaba jugo de naranjas hecho con los extractos artificiosos que la firma Langré fabricaba en su planta de La Loma. Córdoba entendió que si se presentaba en Villa Montoro a ofrecer muñecos de Luciano El Marciano seguramente vendería unos cuantos. En menos de media tarde los vendió y durante una semana fue y vino desde El Once con nuevos cargamentos, hasta agotar stock.


“Luciano el Marciano”, el verdadero y no el “alternativo” que Córdoba vendía como pan caliente, era una creación argentina que apuntaba a ser la versión extraterrestre de El Libro Gordo de Petete. Es que Luciano también difundía conocimientos destinados al público infantil. Hay quienes afirman que Luciano El Marciano, curiosamente del mismo modo que los Enanitos Verdes, había nacido en La Plata y se atribuía su creación a una empresa familiar de contenidos audiovisuales que funcionaba a la altura los 400 de la calle 21, en La Loma. Era el Clan Dilo, fundado por el italiano Giorgio Di Lorenzo. El Clan tenía otras sedes: una en un edificio de la calle Ebro, en el barrio de Las Condes en Santiago de Chile y otra en la Vía Monte Sorate, en Folingno, Italia.


¿Fue el asunto de los Enanitos Verdes una formidable y nunca antes vista operación de marketing para posicionar a Luciano el Marciano y con él a sus muñecos, sus remeras y sus discos? Cuentan que una noche, en una de las mesas del desaparecido el bar El Parlamento que solían frecuentar policías de civil y “encubiertos” de otras fuerzas de seguridad, un agente de la entonces SIDE contó que ellos, los de la SIDE, habían “pescado” que el asunto de los Enanitos Verdes podía tener algo que ver con Luciano El Marciano. Y que cuando elevaron un informe con los datos que tenían, “desde arriba” les dijeron que un llamado del Vaticano, del Servicio Secreto de la Casa Pontificia, le había puesto freno al asunto. Y que mejor se ocuparan de otra cosa.


Como sea, a esa altura no había sobremesa a la que no se sentara, aunque sea por un rato, el tema de los Enanitos Verdes. Y eso ocurría en todas las casas, en las de los obreros, los profesionales, los empresarios y los docentes. Nadie dejaba de reír o ponerse serio hablando de los seres verdes de Villa Montoro. Hasta entonces, salvo el escopetazo que el italiano les había disparado a los gitanos que se disfrazaban de vaca y los robos denunciados por los suecos y la licenciada Peyrou de Partini, las cosas mantenían buen color. Pero todo cambió cuando apareció en escena la recién nacida Secta Lus, con ese, por Lineamiento Universal Superior.


La Secta Lus era liderada Valentina De Andrade y su entonces primer esposo, el platense Roberto Olivera o, según el investigador de Sectas Ovni, Alejandro Agostinelli, “Divino Apolus”. Olivera vendía materiales ortopédicos a particulares y al Estado bonaerense. El hombre tenía un muy buen pasar económico y según el investigador Agostinelli, se hacía pasar por ingeniero. Pero el título que más le gustaba mostrar era el de “Supremo Comandante de la Seguridad Universal”. Sobre los orígenes de Valentina De Andrade y de cómo llegó a La Plata, todo es misterio sin resolver, aun en parte para Agostinelli que ha dedicado buena parte de su vida a investigarla, tanto como a los líderes de otras sectas consideradas peligrosas.


Ultimátum


Una mañana de mediados de diciembre una joven de no más de 25 años, de interesante perfil, fina figura, pelo castaño y la piel tan blanca que podía notársele el azulado de las venas que le cruzaban la frente, el cuello y los antebrazos, dejó en la redacción del diario El Día una gacetilla de prensa. El autodenominado “Supremo Comandante de la Seguridad Universal” convocaba a escuchar “revelaciones” sobre lo que “irrespetuosamente se ha dado en llamar Enanitos Verdes”.


La cita fue en un departamento de los últimos pisos del edificio América, la torre de 17 plantas de 7 y 50 que en el despunte de los años 60 dejaba a los platenses boquiabiertos por ser el primer rascacielos de La Plata. En aquel 1983, a 20 años de haber sido inaugurado, el América mantenía su estilo entre moderno, señorial y al mismo tiempo misterioso que todavía conserva.


En el departamento había unas 20 personas de pie, mirando al piso o por el ventanal que daba a la calle 50. La mayoría no pasaba los 30 años. Vestían ropas a la moda juvenil de entonces. En un gran comedor, sentado a la cabecera de una mesa larga con una cobertura de vidrio, esperaba el “ingeniero” Olivera y su lado Valentina de Andrade, de ojos penetrantes y desconfiados y el cabello corto y enrulado. En todo lo que duró la charla no invitaron a sentarse a nadie, incluyendo en esa descortesía al cronista y al fotógrafo que eran este que escribe y Mario Tadeo Ruiz.


Una síntesis grosera de lo dicho por Olivera esa tarde sería: 1- No eran Enanos Verdes ni lagartijas, como alguna testigo los había descripto. 2- Venían de una galaxia sólo ubicable en un concepto de espacio-tiempo que no valía la pena explicar porque los humanos no entenderíamos. 3- Un accidente, se suponía alguna falla de motor, los había dejado varados en Villa Montoro y la presencia de la gente en el lugar les quitaba “energía cósmica positiva” para el despegue. 4- Que si la situación se prolongaba, es decir si la gente seguía yendo a tomar mate bajo los árboles empecinada en ver a alguno de esos seres verdes, los accidentales visitantes iban a morir.


Dicho esto, Olivera se encargó de aclarar que cuando eso ocurriese no había que ilusionarse con encontrar los cadáveres. “No los van a tener de trofeos como los que los norteamericanos tienen en su Area 51. Estos seres se esfumarán, junto con su nave”, adelantó Olivera o Divino Apolus. Y pidió entonces que el diario publicara todo eso y prácticamente le ordenase a la gente alejarse del lugar para permitir el despegue.


Olivera o Divino Apolus dijo que todo le había sido comunicado telepáticamente por el Comandante Nuñuxts y que preferían morir antes de tener contacto con seres tan malos, perversos e imperfectos como nosotros los humanos. Y lo decía con una autoridad como si él hubiese nacido en Deimos, la segunda luna de Marte. Los amantes del Comic encontrarán al “Comandante Nuñuxts” cercano al Utnapishtim de Gilgamesh El Inmortal, que el dibujante y guionista Lucho Olivera concibió y llevó al éxito inspirado en un poema sumerio sobre ese sueño loco, hermoso y a la vez terriblemente sombrío de la inmortalidad.


Ante una propuesta de que los extraterrestres dejaran algo a cambio de la energía positiva que pedían para, por lo visto, llenar el tanque de la nave e irse, Olivera enfureció y empezó a gritar que no éramos merecedores de nada, de ninguno de los adelantos científicos y tecnológicos que podían darnos y mucho menos de la cura de todas las enfermedades como se me ocurrió sugerir, con ese razonamiento de “total, para bajar hay tiempo”. Después cerró los ojos, se tomó la cabeza con las manos, la apoyó sobre el vidrio de la mesa y al cabo de un eterno minuto de silencio dijo a sus fieles que acababa de recibir la última comunicación con el Comandante Nuñuxts. Todos habían muerto, dijo.


La piba de las venas azules fue la primera en gritar, pero no la primera en encarar hacia el ventanal y subirse al balcón con forma de batea. Otros dos fieles se le adelantaron y entre llantos y lamentos empezaron a bolear las piernas en inequívoco gesto de estar por tirarse al vacío. La escena duró apenas unos segundos pero suficientes como para espantar a todo el comedor, incluyendo a los demás fieles. A todos menos a Olivera, que sin abrir los ojos lanzó un seco: “No, ahora no”. Y la piba de las venas azuladas y sus compañeros se bajaron de la pared del balcón, compungidos y extraviados. Impresionaba ver sus ojos, las pupilas dilatadas, acaso señales inequívocas de que se habían asomado al infierno. Con los ojos en llamas, Valentina de Andrade repetía, murmurando: “vocês são os assassinos”.


Unos días después, el parapsicólogo platense Oscar Avendaño daría su propia versión, diciendo que a él también le habían enviado un mensaje telepático desde Villa Montoro. “El comandante Clatú (acaso sería un apodo que usaba Nuñuxts) le pide al presidente Raúl Alfonsín que desestime cualquier propuesta de desarrollar armas nucleares. Que han visitado la Tierra como en otras épocas y que dejan saludos a la humanidad”. Algo parecido sobre las armas nucleares “le dirían” al enfermero del Hospital San Martín, Jorge Oscar Miguenz, quien para traducir las extrañas palabras que decía que se le habían instalado en la cabeza después de una siesta, busco los oficios de dos activos ovninólogos platenses: Anahí Crosa y Claudio Domínguez.


Pero entre todos los que decían haber recibido mensajes, el profesor Luis Burgos, por entonces titular del Centro de Investigación de Fenómenos Astrales, CIFA, con sede en Ringuelet, fue el más cauto y hasta según desde donde se lo mire, el más racional. El hombre, que años después anunciaría públicamente que dejaría de ser Luis Burgos para convertirse en el cacique Inti Tahuatani, una deidad aborigen ancestral, decía algo así como que con los Enanitos Verdes no pasaba nada, que ya habían estado en la Tierra “en 1968 en Mendoza y en 1972 en Catamarca. Vienen a ver en qué andamos, se desilusionan y se van”, resumiría Burgos.


Poco a poco, día a día, los que decían haber visto Enanitos Verdes en Villa Montoro dejaron de anunciarse. El tema se diluyó, a marcha lenta pero inexorable. Valentina De Andrade y el Ingeniero Olivera dejaron la ciudad y se cree que fueron directamente a Brasil, donde sus andanzas y las de algunos de los platenses que los siguieron, darían mucha letra a la Justicia de ese país. Sus pasos y los de la secta que crearon en La Plata son otra historia para contar. A la chica de las venas azuladas la crucé un día, casi un año después, en la esquina de 48 y 8. Se hizo la que no me vio.

lunes, 12 de agosto de 2013

Falsos Profetas de la Nueva Era (I): Georg Van Tassel, fundador de una secta ufológica

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Georg Van Tassel diseñó un singular sistema de creencias entremezclando la ufología con diversas corrientes esotéricas, trazando su discurso paralelismos con diversos movimientos de la Nueva Era. La mayoría de los miembros de estos grupos tenían antecedentes en la participación de grupos ocultistas del tipo de la rosacruz, la teosofía o el movimiento del "Yo Soy". Van Tassel sería uno de tantos profetas de la Nueva Era, que habría compartido su particular revelación divina mediante sus canalizaciones. Los platillos voladores son solamente uno de los aspectos de un sistema que contiene muchos otros elementos que también maneja el ocultista moderno: conciencia cósmica, vibraciones, fuerzas satánicas, desdoblamiento astral, etc. 

Su libro "Into this world and out again" se fundamenta en una lectura absolutamente delirante de la biblia cristiana, en la que el comandante Ashtar sería un colaborador próximo a Jesucristo, la Nueva Jerusalén sería un segundo satélite de la Tierra y la Estrella de Belén una nave espacial. Una reinterpretación cristiana con marcados tintes racistas en su mensaje, puesto que el pecado original consistiría en el progresivo mestizaje humano:

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Aunque el nombre de Ashtar Sheran fue introducido por primera vez por Eugenio Siragusa, fue el estadounidense George Van Tassel el contactado encargado de popularizar al supuesto ser extraterrestre. En el libro "I Rode a Flying Saucer", Van Tassel narra sus experiencias como contactado mental gracias a seguir una disciplina similar a la meditación, gracias a la cual asegura haber descubierto su auténtico ser. Esa práctica le habría transformado en una especie de "receptor" sensible a la comunicación con otras inteligencias, de manera que el 6 de enero de 1952 recibía el mensaje de una entidad llamada Lutbunn, el comandante jefe de la primera oleada de platillos voladores. Luego vendrían contactos con otros seres extraterrestres como Elcar o Totalmon que tendrían como fin el establecer una buena comunicación con el contactado y acostumbrarle a las "poderosas vibraciones" mentales1.

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El 18 de julio de 1952 llegaba el primer contacto público del comandante Ashtar, Portla le comunicaba que el jefe de su tripulación se aproximaba a su sistema solar y estaba listo para entablar comunicación. Su mensaje era de carácter salvífico y pretendía ser una síntesis de ciencia y religión, que abrazase lo material y lo espiritual, y que denominaba como la ciencia de la verdad. De pretensión claramente mesiánica, en el discurso de Ashtar resaltaba un fuerte componente catastrofista con respecto a los desarrollos de la bomba H, la cual era calificada por el comandante como un medio maligno de la Ciencia para arrebatar el poder al Creador, y les advertía a los científicos sobre la ley de acción-reacción (karma). 

George Van Tassel en I Rode a Flying Saucer escribió:
"Saludos, seres de Shan. Los saludo con amor y paz. Mi identidad es Ashtar, comandante del Sector Quadra, estación de la patrulla Schare. (...) El propósito de esta organización es, en cierto sentido, salvar a la humanidad de sí misma. (...)

Hace algunos años, físicos nucleares penetraron en el Libro del Conocimiento. Descubrieron cómo hacer explotar el átomo. Por más abobinables que los resultados hayan sido, puesto que esa fuerza fue empleada para la destrucción, no se compara con lo que aún puede llegar. (...) Estamos preocupados, sin embargo, con su ensayo de explotar el elemento de hidrógeno. (...)

Cuando exploten el átomo de hidrógeno, extinguirán la vida en este planeta. (...) Están trabajando con una fórmula que no comprenden. Están destruyendo el elemento vital de la Inteligencia Creativa (...) No estamos preocupados con el deseo del hombre de continuar la guerra en este planeta Shan. Estamos preocupados con su determinación deliberada de extinguir la humanidad y transformar este planeta en cenizas".
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Como podemos ver, en su delirante sistema, Van Tassel mezcla la ufología con corrientes esotéricas, lo cual explica que sus miembros participen en grupos ocultistas. Dentro de su delirio, está el hecho de considerarse uno de los "canalizadores" de la (falsa) revelación divina, dentro de la cual abundan elementos satanistas mezclados con la ufología. 


George Van Tassel en Into this world and out again escribió:
Las taras son el resultado del cruzamiento de las semillas. Esto se aplica a las semillas humanas como a todo lo demás.

La gente del espacio aterrizó originalmente (plantó), tres especies de hombres en la Tierra. Ham (negro), Sem (blanco), y Jafet (amarillo). Estas personas son todas auténticas semillas, siempre y cuando no se mezclen.




La visión mesiánica encierra la esperanza en la salvación de los "escogidos", quienes según Van Tassel serían aquellos que rechazan el reino de Satán. Ashtar vendría a representar la figura del Mesías que restaura el orden primigenio, restablece la ley divina y da paso al mundo utópico.
George Van Tassel en Into this world and out again escribió:
El tiempo está muy cerca de los que reúnen los requisitos para ser escogidos.

Cada día que pasa, usted, a título individual, establece su derecho a ser escogido por la forma en que vive. Está manifestando su elección por sus acciones y sus pensamientos.

Los individuos aumentarían la vibración de su aura cumpliendo la ley del universo, y es el aura de cada ser humano, la frecuencia de su campo magnético, lo que determina si un hombre es tomado por las naves interplanetarias o dejado a su suerte antes de la llegada de los cataclismos que arrasarán con las hordas materialistas.



El movimiento Ashtar ha sido revitalizado por sucesivas canalizadoras que han tratado de renovar su mensaje espiritual. Hoy en día, existen un número abundantísimo de grupos que difunden estas creencias en internet, tratando de unificar su mensaje entorno a una misma autoridad. Muchos de sus mensajes se obsesionan con la inminente destrucción de nuestro planeta y la salvación de las almas humanas gracias al el proyecto de evacuación de la Tierra, la antesala del éxodo que precede a una era de oro de iluminación y de abundancia.

Referencias:

1. Van Tassel, George W. 1952. I Rode a Flying Saucer! The Mystery of the Flying Saucers Revealed. New Age.
2. Buckner, Taylor. 1966. "Flying saucers are for people". Springer New York.
3. Van Tassel, George W. 1956. Into this world and out again. W. Van Tassel.


jueves, 7 de febrero de 2013

Líder de secta ufológica "Ashram Shambala" condenado por manipular física y sicológicamente a sus adeptos



Fundador de secta ufológica "Ashram Shambala"

La aparición, cada vez más frecuente, de pseudo-iluminados fundadores de sectas, hace imperiosa la educación religiosa de la población, toda vez que estos falsos mesías, verdaderos psicópatas, se aprovechan de la credulidad de personas con escasa formación y con carencias de todo tipo. Los fundadores de sectas, falsarios e inescrupulosos, no dudan en presentarse como los "salvadores" y "mesías" que solucionarán todos los problemas de la gente, pero en realidad lo único que hacen es alimentar su vanidad ególatra, engordar sus cuentas bancarias, y satisfacer sus bajas pasiones, a costa de los incautos y desprevenidos.
Es imperiosa la necesidad de formación en el campo religioso católico, para prevenir a los fieles acerca de los Nuevos Movimientos Religiosos y de sus fundadores, verdaderos "lobos con piel de oveja" (cfr. Mt 7, 15-20).
Presentamos la siguiente información acerca del caso según fue publicada en diversos medios digitales.

El fundador de la secta "Ashram Shamabla" y auto-proclamado “dios extraterrestre de Sirius" fue condenado en Rusia por manipulación física y psicológica de sus adeptos.

Jueves 07 de Febrero de 2013 



El fundador de la secta “Ashram Shambala”, Konstantin Rudnev, que desde 1989 logró atrapar a miles de personas de toda Rusia, fue condenado hoy a 11 años de cárcel.

La Justicia acusaba al autoproclamado “dios extraterrestre de Sirius” de haber creado una formación que atentaba contra la integridad y los derechos de sus miembros, así como abusos sexuales y tráfico de estupefacientes.

Rudnev ya estuvo en el punto de mira de los investigadores rusos en varias ocasiones, que le arrestaron en 1999, 2004 y 2008, pero siempre se vieron obligados a dejar en libertad al “mesías” por falta de pruebas, pues los adeptos de la secta se negaban rotundamente a prestar declaraciones contra su líder.

El propio “salvador del mundo”, como el mismo se definía, no se declara culpable y está decidido a recurrir la sentencia, según su abogado.

“El veredicto no fue del todo objetivo”, dijo el letrado de Rudnev, Alexander Nezhinski. En su opinión, el juez no tuvo en cuenta las pruebas de la inocencia de su cliente, presentadas por la defensa.

La secta “Ashram Shambala” fue creada en la localidad rusa de Novosibirsk antes de la caída de la Unión Soviética, en 1989. En poco tiempo la organización abrió “filiales” en casi una veintena de regiones rusas, incluidas Moscú y San Petersburgo.

Para reclutar a adeptos, Rudnev y sus cómplices organizaban clases de yoga, donde seleccionaban a los alumnos más influenciables y comenzaban a “trabajar” con ellos.

En poco tiempo, los seguidores de “Ashram Shambala” renunciaban a sus lazos sociales y abandonaban sus casas para comenzar una nueva vida dedicada a su líder en apartamentos regentados por la secta, donde, como evidencian algunas grabaciones, en más de una ocasión se organizaban orgías entre miembros de la hermandad.

Según algunos datos, la secta reunió en veinte años entre 10.000 y 30.000 adeptos, la mayoría de ellos jóvenes entre 18 y 30 años.

La historia de “Ashram Shambala” no terminará con la encarcelación de su fundador, considera Oleg Zaev, director del Centro para la lucha con organizaciones sectarias en Novosibirsk.

“Los que estuvieron en “Ashram Shambala” recibieron una formación que les permite independizarse. Estas personas abren escuelas de masaje erótico, de danza, de yoga, etc. Y no tienen por qué hacer pública su relación con el “maestro” (Rudnev). Pueden perfectamente desarrollar sus actividades por separado, pero mentalmente alabar al líder”, explica Zaev.

Con el “extraterrestre de Sirius” entre rejas sus ideas continuarán vivas. Los seguidores de Rudnev seguirán reclutando a nuevos adeptos, advierte el experto.

Para proteger a la población, Zaev propone mejorar el nivel de la educación en materia religiosa y enmendar la legislación.

“Por una parte, hay que mejorar el nivel de la educación de los ciudadanos en asuntos religiosos y, entre otras cosas, incluir clases de religión en las escuelas. Al mismo tiempo, hay que dar a conocer a la población las principales técnicas que utilizan los estafadores en el ámbito religioso y psicológico”, asegura.

También hay que introducir en el Código Penal de Rusia un artículo referente a los “métodos de la manipulación de la mente”.

“No digo que eso acabe con el problema, pues para su solución hay que organizar una educación religiosa de ciudadanos e inmunizar su espíritu, pero la situación se estabilizará”, concluyó.

martes, 29 de enero de 2013

Puerta del Cielo, Secta ufológica de muy alta peligrosidad



 

“Puerta del Cielo” o “Heaven’s Gate” es una secta ufológica fundada en la década de los ‘70 por Marshall Applewhite y Bonnie Nettles.
Applewhite convenció a 39 de sus seguidores que debían suicidarse a fin de alcanzar una utópica e irracional “fase post-humana” (sic). Esta fase evolutiva de la especie humana se lograría ascendiendo al cielo (físico, no el el cielo espiritual de la religión cristiana) mediante una nave espacial que ellos creían que se encontraba detrás del cometa Hale-Bopp. Para poder “subir” a la nave que los conduciría al cielo físico –el espacio fuera de la tierra-, debían suicidarse, puesto que no existía otro método para escapar de la tierra.
El delirio de los fundadores de la secta “Heaven’s Gate” llegó al extremo de auto-proclamarse los profetas enviados por Dios para anunciar la Segunda Venida de Cristo. Sin embargo, el relato original de la secta debió ser modificado a causa del fallecimiento de Bonnie Nettles por neoplasia hepática: ya no debían anunciar la venida de Cristo, sino que debían escapar de la tierra –en peligro inminente de catástrofes, según ellos- en una nave espacial, para así asegurarse un lugar en el cielo, lo cual estaría acompañado de una etapa evolutiva de la raza humana llamada “fase post-humana”.
El evento que aceleró el suicidio en masa fue la aparición del cometa Hale-Bopp: la fecha del suicidio colectivo fue establecida por el fundador de la secta, Applewhite, quien determinó que sería el 25 de marzo de 1997, día en que el cometa se encontraría en su punto más cercano a la tierra. La aproximación del cometa a la tierra fue entonces interpretada como la “señal celestial” que daba luz verde al suicidio en masa.
Los integrantes de la secta, algunos de los cuales ingresaron a mediados de los ’70, renunciaban a sus bienes materiales, llevaban una vida privada de placeres, al tiempo que todo era compartido con la comunidad.
Todos creían a pie juntillas los delirios ufológicos y apocalípticos del fundador de la secta, Marshall Applewhite: para los integrantes de la secta, los ovnis eran conducidos por seres que trataban de llevar a la humanidad a realizar un suicidio colectivo en el momento oportuno; por medio de este suicidio, las almas entrarían en una fase de hibernación que duraría hasta que el alma fuera injertada en un representante del nivel sobrehumano, quien pilotaría la nave escondida tras Hale-Bopp.
A pesar de lo extravagante del relato, originado en el delirio psicopático propio de los fundadores de sectas, los integrantes de la Puerta del Cielo creyeron hasta el fin tales teorías bizarras y peligrosas, y para demostrar su convicción y su “felicidad” previa al estadio de sobre-humano, se filmaron unos a otros días antes del suicidio, dejando mensajes póstumos en los que expresaban su alegría por el paso que estaban a punto de dar.
El suicidio se llevó a cabo  el 26 de marzo de 1997 en una mansión ubicada en la localidad del municipio “Rancho Santa Fe”, al norte de San Diego, en el estado de California. Los suicidas emplearon un cóctel compuesto por el barbitúrico llamado fenobarbital, mezclado con jugo de manzana y vodka. Tras su muerte, la policía y los detectives encontraron todos los cadáveres -39 en total, 21 mujeres y 18 hombres- acomodados en camarotes, cubiertos con mantas púrpuras; todos sin excepción portaban además un mismo uniforme negro con un distintivo que decía: “Puerta del Cielo – Equipo de salida” (sic). equipaje y dinero como “derechos de alquiler” para su cuerpo, al cual lo consideraban sólo como un “contenedor” temporal del alma, al tiempo que “vehículo” necesario para realizar el viaje supra-estelar. Algunos, luego de beber el cóctel, se colocaron bolsas plásticas en sus cabezas para provocar asfixia.
Lo peor de todo es que sólo cuatro meses después del suicidio colectivo, surgió un “continuador” del delirio sectario, Chuck Humphrey, seguidor de la secta durante 22 años, quien se ha auto proclamado su sucesor, sin cambiar en nada la antigua doctrina suicida, tal como se revela por sus declaraciones: “Mientras esté todavía aquí, tengo encomendado compartir mi información sobre el Próximo Nivel con todos aquellos que quieran tener la oportunidad de sobrevivir al desastre que se avecina”, escribe Humphrey en sus recién diseñadas páginas de Internet. Estas muestran gráficamente cómo se produce la transformación de uno de sus miembros en extraterrestre.
De hecho, el único superviviente del ritual suicida, Rio Diangelo, sobrevivió porque eso fue lo que decidió el líder de la secta, Applewhite, con el objetivo de continuar con el delirio sectario después de su muerte.
Los fundadores de sectas, no contentos con el daño hecho en vida, dejan sucesores para que continúen provocando daños de todo tipo a la especie humana.


Documental sobre la secta "Puerta del cielo":
"El informe final"