"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 28 de julio de 2022

No estamos de acuerdo: Francisco asiste a una "danza curativa" indígena a la "Madre Tierra" durante su viaje a Canadá

 Francisco asiste a una danza a la "Madre Tierra"

julio 26, 2022


Informa Life Site news:

Francisco asiste a una "danza curativa" indígena a la "Madre Tierra" durante su viaje a Canadá


MASKWACIS, Alberta- Durante el primer día completo de su visita a las comunidades indígenas de Canadá, el Papa Francisco asistió a una "danza curativa" que parecía dirigir el culto a la "Madre Tierra".


Antes del ritual, que tuvo lugar en Maskwacis, Alberta, esta mañana, el maestro de ceremonias del evento explicó que estaba a punto de producirse una "danza de sanación", al tiempo que esbozó que el tambor involucrado es "el latido del corazón de la Madre Tierra, el tambor es la vida."


Reunidos en un círculo alrededor de la rama de un gran árbol, los indígenas comenzaron a cantar y a tocar el tambor mientras personas vestidas con plumas y otros trajes tradicionales empezaban a bailar.


Francisco, junto con cuatro jefes indígenas ataviados con tocados y vestimentas tradicionales, se sentó en un escenario ligeramente por encima de la danza, lo que les permitió ver lo que ocurría. El maestro de ceremonias del evento habló de la importancia del número "cuatro" mientras continuaba el ritual, haciendo referencia a los "elementos", las "cuatro direcciones", las "cuatro etapas de la vida" y las "cuatro formas de vida".


"Tenemos un sol que se levanta desde el este, y también tenemos, desde el sur, al Pájaro del Trueno", explicó el maestro de ceremonias.


"Desde el lado oeste tenemos el viento, el oxígeno que respiramos, este es el gobierno de la Madre Tierra. Y en el lado norte tenemos a la Madre Tierra, la Madre Tierra es lo que somos", continuó el líder indígena. "La Madre Tierra es toda la vida vegetal, la Madre Tierra, nuestra madre, es también la madre de toda la vida de los insectos, la Madre Tierra es también la madre de todos los animales en el suelo, en el agua, en el aire".


"La Madre Tierra, es por supuesto, la Madre de toda la humanidad", añadió el líder ceremonial, mientras la danza continuaba con Francisco y los Jefes mirando hacia adelante en el ritual.


"Somos el pueblo de la Madre Tierra, hola, hola", concluyó el maestro de ceremonias.


Como informó ampliamente LifeSiteNews, esta no es la primera vez que Francisco ha asistido o participado en lo que parece ser un culto de estilo pagano.


La Iglesia siempre ha prohibido a los fieles participar o apoyar el culto no católico bajo pena de pecado grave


Como explica Louis Knuffe, de LifeSiteNews, el uso de términos como "madre tierra" y la invocación de tal nombre con fines espirituales no es un mero "ritual cultural" sino religioso, y equivale al pecado de "superstición" y constituye un "grave sacrilegio".


"La diferencia esencial entre lo que hace la Iglesia en sus ritos sagrados, sacramentos y sacramentales, y las ceremonias y rituales supersticiosos de las religiones paganas, es que la Iglesia tiene un principio sobrenatural por el que se comunica la gracia cuando utiliza cosas corporales o realiza acciones físicas, como verter agua sobre la cabeza del catecúmeno en el bautismo", explicó Knuffe en un artículo sobre la visita de Francisco a Canadá y su participación en rituales indígenas.


"Ese principio sobrenatural es la autoridad espiritual que fluye de la persona de Cristo y del poder de su muerte salvadora. Es Cristo quien da a los sacramentos el poder de comunicar la gracia a través de acciones y cosas corporales."

viernes, 24 de junio de 2022

La superstición es un pecado contra el Primer Mandamiento

 Supersticiones

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la superstición es un pecado contra el Primer Mandamiento.


Por: P. Gabriel Dominguez | Fuente: defiendetufe.org



Definición: Del latín: superstitio -onis

1. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. 2. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de una cosa o a una práctica. Así se puede hablar de superstición de la ciencia cuando se apela irracionalmente a esta para defender una posición.

Catecismo de la Iglesia Católica, 2111.

La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

Superstición es atribuirle a prácticas legítimas un valor erróneo.



Referente a los sacramentales y oraciones, se cae en superstición cuando se confía en la materialidad del acto sin la necesaria disposición interior. Cuando, en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa, se le atribuye un poder intrínseco. Es supersticioso, por ejemplo, quién lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen Santísima sino que se entrega al pecado pensando que tan solo por llevarlo se salvará.

  • La superstición puede conducir a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia.
  • La "suerte", entendida como una fuerza que pueda afectar el destino, no existe. El cristiano sabe que depende de la Providencia divina y que es responsable por su libre albedrío.
  • La superstición es producto de ignorancia o de un vacío espiritual.
  • No se debe confundir tradición con superstición. Las tradiciones serían supersticiosas sólo si se les atribuyen poderes mágicos.

Ejemplos de supersticiones: "la maldición del #13, de los gatos negros, de pasar bajo una escalera; comer uvas el año nuevo para atraer la buena suerte. Hay fiestas que reúnen un conjunto de supersticiones, por ejemplo, Halloween, el vestir ropa interior de colores amarillo o rojo en visperas de año nuevo para "atraer" dinero o amor, salir a dar la vuelta con maletas "para atraer viajes", el poner lentejas a coser para atraer el dinero, etc, todas estas supersticiones que se realizan en fin de año, tienen un componente que desvia nuestra fe del Unico y Verdadero Dios providente y misericordioso, para poner nuestra fe en un objeto, con esto ofendemos gravemente a Dios, al tentarlo y desconfiar de su amor y providencia.

Jesus en su evangelio nos enseña que el Padre sabe lo que necesitamos y no tenemos que fijar nuestra fe en objetos y ritos paganos esoterios, sino en Jesucristo Camino, Verdad y Vida: "Después dijo a sus discípulos:

"Por eso les digo: No se inquieten por la vida, pensando qué van a comer, ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. Porque la vida vale más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosecha, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! ¿Y quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un instante al tiempo de su vida? Si aun las cosas más pequeñas superan sus fuerzas, ¿por qué se inquietan por las otras? Fíjense en los lirios: no hilan ni tejen; sin embargo, les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! Tampoco tienen que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, porque son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe que ustedes las necesitan. Busquen más bien su Reino, y lo demás se les dará por añadidura." (Lc 12, 22-31)

(https://es.catholic.net/op/articulos/55614/cat/18/supersticiones.html#modal) 

sábado, 4 de junio de 2022

Observaciones al documento sobre el ídolo demoníaco Gauchito Gil

 


Gauchito Gil y San La Muerte, ídolos demoníacos, representantes del Demonio. Su culto es incompatible absolutamente con la Fe Católica. El católico que rinda devoción a estos ídolos demoníacos comete pecado de superstición y debe acudir de inmediato al Sacramento de la Penitencia.


         Ya desde el inicio se comienza con una afirmación absolutamente falsa, cuando se describen las pseudo-ermitas erigidas al Gauchito Gil. En efecto, se dice, faltando a la verdad, que las pseudo-ermitas del Gauchito Gil son “capillitas enmarcadas en banderas rojas, que se van convirtiendo en verdaderos espacios de recreación, rodeadas de bancos y hasta con alguna parrilla, y que se encuentran llamativamente preservadas del vandalismo”. No son ningún espacio de recreación, o al menos de recreación inocente, puesto que es conocido por todos que en dichas pseudo-ermitas los devotos del Gauchito Gil se juntan a beber alcohol, a fumar y probablemente a drogarse. Y además, no es que “estén preservadas del vandalismo”: al contrario, son fuente de vandalismo, porque cuando uno se acerca, pueden observarse imágenes católicas vandalizadas (imágenes de la Virgen decapitadas, crucifijos quemados y quebrados, etc.), lo cual hace suponer que parte de la “devoción” al Gauchito Gil es atentar contra la imagenología católica. Esto es así en la mayoría de los casos, aunque también es cierto que no se observa dicha vandalización de imágenes católicas en todas los lugares de culto al Gauchito.

La afirmación “Dios actúa en el pueblo para ofrecer incansablemente caminos de salvación (cfr. Evangelii Gaudium 112-114)” debe interpretarse en el marco del concepto de que la salvación eterna de cada alma humana es posible exclusivamente por el Sacrificio Redentor de Cristo; no puede haber ningún “camino de salvación” que no sea la Cruz de Cristo y Cristo en la Cruz; es necesario hacer esta aclaración, porque la totalidad del artículo se orienta a ensalzar la figura del Gauchito Gil como un pseudo-redentor para-cristiano.

A la siguiente afirmación: “el tipo de abordaje que proponemos requiere del lector un cierto deseo de conversión afectiva al pueblo, o –en palabras de Francisco- del “gusto espiritual de ser pueblo” (Evangelii Gaudium 268). Quien no pueda superar el prejuicio de considerar como romántica toda reflexión que haga centro en la vida del pueblo poco fruto sacará de estas páginas”, se le debe hacer la siguiente observación: si el “gusto espiritual del pueblo” es la devoción al Diablo, por ejemplo, ¿se debe “respetar” este “gusto espiritual”? ¿Se debe hacer una “conversión afectiva” al pueblo que acuda a la iglesia satánica del lugar? Es obvio que no y por eso, este principio –la “conversión afectiva” o la “reflexión romántica” no puede ser aplicado bajo ningún punto de vista por parte del sacerdote católico.

El análisis del siguiente hecho histórico es falso: “2. El relato legendario y su riqueza salvífica No deja de ser llamativa la naturalidad con la que este gran teólogo alemán puede incorporar a su vida de fe y a su ministerio episcopal un relato legendario como el del oso bávaro. A alguien que ha sido uno de los grandes intelectuales del siglo XX no puede escapársele que semejante historia repugna a la sensibilidad moderna sobre la verdad de la historia. Hay una especie de “sentido común” moderno que nos dice que sólo es verdad lo empíricamente comprobable. Análogamente, en la lectura de los hechos históricos hay una tendencia a pretender que hayan sido tal como se los relata “literalmente” para prestarles credibilidad. Eso hace que la interpretación de los relatos legendarios fluctúe entre dos extremos: o se les niega todo contenido de verdad refutándolos como históricamente imposibles y propios de pueblos incultos o se los cree recurriendo forzadamente a la libertad que tiene Dios de hacer lo que quiera, cayendo en un concordismo fideísta que poco honor le hace a la racionalidad humana. El hecho de que alguien como Benedicto XVI eleve ¡nada menos que a su escudo! la historia del oso, nos hace pensar que tiene que haber un camino intermedio que sepa descubrir el contenido de verdad de una leyenda sin obligarnos a creer que “históricamente” Corbiniano llegó a las puertas de Roma con un oso como criado”. Descartar este hecho y calificarlo como “leyenda” es subestimar y no tener en cuenta la acción de la gracia santificante, que actúa a través del ser humano sobre los seres irracionales y es también descalificar el hecho de que los ángeles de Dios guían a los seres irracionales, como enseña Santo Tomás de Aquino y como bien puede haber sucedido en este caso y esto no es ningún “concordismo fideísta”.

Todo el párrafo que sigue es escandalosamente hereje, ya que rebaja los milagros y la santidad de los santos y la infalibilidad de la Escritura a leyendas, relatos fantásticos, mistificaciones, propio de una mentalidad racionalista-luterana –y hasta blasfema, cuando dice que la Biblia está llena de “novelitas”- y no católica: “Este hecho de que los relatos legendarios –independientemente de su historicidad- pueden ser un medio por los que Dios le acerca la salvación a muchos creyentes lo explicaba el padre Tello en una charla informal en el año 2000: “hay que reconocer que la Iglesia vivió muchos siglos en base a leyendas. Después vinieron los autores bolandistas que empezaron a purificar la historia de los santos sacando lo que es leyenda de lo que es racional. En general toda la escuela bolandista de origen holandés es útil para la mentalidad del hombre moderno, que quiere saber la verdad exacta y distinguir, pero durante siglos estaban en lo fundamental que era ir hacia Dios, hacia la salvación. No estaban errados los hombres que durante siglos se basaban en las leyendas que eran imitadas por miles de hombres y eso les servía para ir realmente a Dios. Yo marcaría eso: aunque no conste 3 históricamente, puede ser útil para la salvación; y eso es el aspecto fundamental. San Jorge probablemente, Jonás, Tobías, Judit, Ester, Job. La Biblia está llena de novelitas. El principio fundamental es que mire a la salvación” (R. Tello, Charla del 12/10/2000). El padre Tello hacía aquí referencia a aquellos libros de la Sagrada Escritura de los que hoy estamos convencidos que se tratan de ficciones literarias pero que durante cientos de años se tomaron como historias reales. Pensemos que incluso el mismo Jesús apela a la enseñanza de la historia de Jonás, aquel profeta que “estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches” (cf. Mt 12,40), y cuya historicidad en sentido moderno es sumamente débil”. Sostener que Jesús toma como ejemplo cierto de algo que sucedió en la realidad, la permanencia de Job en el vientre del cetáceo durante tres días, para su enseñanza y a la vez dudar de este hecho tratándolo implícitamente de “ficciones literarias”, es atentar directamente contra la omnisciencia del Hijo de Dios, que es la Sabiduría Encarnada, es tratar a Jesús de contador de fábulas o, peor aún, de ignorante, lo cual es una blasfemia. Por otra parte, es verdad que en el origen de algunas historias referidas a los santos se pueden haber introducidos elementos de fantasía que no se corresponden con el hecho histórico, pero de ahí, a considerar que todo hecho milagroso o sobrenatural, de la Biblia o de los santos, sean “novelitas”, hay un gran paso y el paso termina en la herejía.

La siguiente afirmación es tendenciosa, en cuanto califica de antemano como “leyenda religiosa” a los milagros verdaderos, ya sea los realizados por Nuestro Señor en Persona o bien a través de sus santos: “en las leyendas religiosas lo principal no es verificar su historicidad sino buscar los elementos que hacen que el creyente entre en comunión con el misterio divino”. Por otra parte, se califica como “leyenda religiosa” a los hechos de las vidas de los santos, tomando como ejemplo lo acaecido con San Jorge. Dejando de lado este caso particular, no se puede hacer una transpolación y afirmar lo mismo de todos los milagros de los santos. Hacerlo, es negar la acción de la gracia santificante, por un lado; por otro, es tildar al pueblo cristiano de una especie de “pueblo fantasioso” que elabora “leyendas” para acercarse más a Dios. Inaceptable.

La siguiente afirmación es sumamente peligrosa para la recta fe católica, si es que tenemos en cuenta que estamos hablando de una “devoción popular” como la del Gauchito Gil: “La intensidad con las que generalmente se viven las devociones populares hace pensar que son el emergente de fuerzas muy profundas del espíritu humano que están destinadas a la comunión con lo divino”. Si el Gauchito Gil es una devoción popular, esta estaría justificada porque “se vive con intensidad” y porque sería el reflejo de “fuerzas profundas del espíritu humano que se dirigen a la comunión con lo divino”. Es decir, el criterio para la aprobación de la devoción popular al Gauchito Gil no serían ni la Tradición, ni el Magisterio, ni el contenido de la devoción en sí, que puede ser –y de hecho lo es- contrario a la verdad y profundamente anti-cristiano: el criterio para aprobar esta devoción popular consistiría en la intensidad con la que el “pueblo” la vive y estaría justificada la devoción porque surge “de lo profundo del ser humano”, sin tener en cuenta que el ser humano, a causa del pecado original, necesita de la Revelación divina para saber quién es el Verdadero Dios. Sin esta Revelación, dada en anticipo al Pueblo Elegido primero y dada en su plenitud en la auto-revelación del Hombre-Dios Jesucristo, el hombre por sí mismo termina adorando ídolos y no al Dios Verdadero.

La totalidad del punto tres: “De Munich y Capadocia a las pampas argentinas” es una lectura falsificada y tendenciosa del Martín Fierro, en la que se incluyen ataques solapados a la Autoridad y a la propiedad privada, citando astutamente párrafos del poema de Hernández y sacándolos de contexto. Otra astucia sutil es la de equiparar la figura del Martín Fierro con la de Antonio Gil, lo cual es inaceptable.

En el punto cuatro: “La historia del Gaucho Antonio Gil”, curiosamente, no se duda ni por un instante del supuesto “milagro” que habría producido Gil luego de su muerte; no se duda de su intercesión ante Dios; no se duda de la veracidad de los hechos relacionados con Gil, aunque expresamente diga que “probablemente” sea esa “la situación del Gaucho Gil”, todo lo cual es sumamente llamativo, por cuanto implica un giro rotundo en la perspectiva del autor del artículo: cuando se trata de santos de la Iglesia Católica y sus milagros, se debe dudar de todo y nunca se habla de “milagros”, sino de “leyendas”, pero cuando se trata de narrar lo sucedido con Gil, el autor cambia la perspectiva y no duda ni por un instante lo que se tiene por verdadera leyenda. Es decir, se duda de lo que afirma la Tradición y el Magisterio católico –milagros, santidad probada, etc.-, pero se aprueba a ojos cerrados y con entusiasmo lo que es verdadera leyenda, esto es, la vida y el supuesto “milagro” de Gil. Una verdadera perversión literaria, una verdadera distorsión de los conceptos y de los hechos, para inclinar al lector hacia una lectura benévola del Gauchito Gil, llamándolo incluso, sin ninguna vergüenza, “querido Caucho Gil”. Por otra parte, si Antonio Gil fuera realmente “santo”, como pretende la canonización “in pectore” del autor, ¿actuaría un santo provocándole desgracias sin número a su devoto, al que trasladó sus restos y luego tuvo que regresarlos, al interpretar las desgracias como una señal de que Gil quería, desde el más allá, que sus restos regresaran al lugar original? ¿Qué clase de “santo” obra de esta manera? De ser cierto que le sucedieron estas desgracias a quien trasladó sin consentimiento los restos de Gil, ¿no es esto un criterio suficiente para afirmar que quien provoca las desgracias es un ángel caído que actúa con ocasión de la manipulación de los restos mortales de Antonio Gil? Y si es cierto esto, confirma lo que la  Escritura afirma: “Los ídolos de los gentiles son demonios”.

La siguiente afirmación es falsa, pues la referencia al Evangelio y el hecho de que la historia de Gil “cale tan hondo en el corazón de un pueblo que ha recibido el Evangelio”, es solo una expresión de deseos del autor, puesto que no se da ni lo uno ni lo otro: “Cuando una historia cala tan hondo en el corazón de un pueblo que ha recibido el Evangelio es porque en ella hay valores que la conectan con el sentido profundo de lo cristiano”.

La siguiente frase es un atentado directo a la Sabiduría de la Iglesia, encarnada en la Tradición, el Magisterio, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, porque califica, implícitamente, a los santos y a los milagros –e incluso al mismo Hombre-Dios Jesucristo- como “relatos legendarios en la Tradición de la Iglesia”, lo cual es absolutamente inaceptable: “…hemos intentado presentar un marco de interpretación dentro de la tradición eclesial y la historia de nuestro país. Para ello hemos hecho referencia al valor evangelizador que han tenido otros relatos legendarios en la tradición de la Iglesia”.

El punto uno de la segunda parte constituye, por una parte, una apología del robo, siempre y cuando el robo sea mirado “desde el pueblo” y así lo da a entender el autor: el robo se justifica si “se mira con los ojos del pueblo”. Además, no hay precisión histórica alguna, según se desprende de las afirmaciones inseguras y tendenciosas del autor, que trata de “limpiar” la condición de ladrón de Antonio Gil: “Antonio Gil bien pudo haber sido; “pudo haberse convertido en un bandido rural”; “pudo haber sido de algún modo un caudillo en su región”. Además, la cita que se hace de la amistad del Cura Brochero con Santos Guayama –a quien se lo nombra como “montonero”-, no tiene relación con el caso de Antonio Gil y solo sirve de pretexto para colocar y asociar la palabra “montonero” con los adjetivos calificativos “manso cordero” y “muy buen amigo”; en síntesis, es un intento solapado, astuto y sutil de presentar a la guerrilla montonera como “buena” porque, como el Gaucho Gil y como Martín Fierro, se resistían al “nuevo orden social”: “Un testimonio de esta distinta vara con la que el pueblo medía a los “bandidos rurales” puede ser la amistad entre el cura Brochero y el montonero Santos Guayama. Dice el santo cura en una carta: “de Guayama se decía que era muy malo; pero para mí era un manso cordero y muy buen amigo”. La totalidad del párrafo conduce a colocar a Antonio Gil, sobre la base de meras suposiciones, en la categoría de héroe popular, montonero, querido por el pueblo. Lo que pretende el autor es, además de ensalzar la figura de un ladrón, hacer una crítica solapada al “nuevo orden social” –la civilización cristiana- e introducir la figura del “montonero”, del subversivo apátrida, como alguien “bueno”, lo cual es absolutamente falso.

En el punto dos -“No quería pelear entre hermanos”- se equipara falsa y sacrílegamente la entrega martirial de Cristo con la supuesta entrega “pacífica” de Antonio Gil, de lo cual no hay registros históricos, por otra parte: “Paradoja profundamente cristiana: Jesús es plenamente libre y nos libera entregándose a sus enemigos y perdonándolos. El Gauchito se entrega y perdona a su verdugo. Y eso el pueblo lo admira”. ¿Qué importa que “el pueblo admire” la supuesta entrega pacífica de un personaje sindicado como ladrón y como prófugo de la justicia? ¿Eso lo convierte en “santo”? Nos encontramos aquí con una grave perversión e inversión del criterio de santidad, por parte del autor. Luego, algo más grave: se descalifica falsamente al martirio del Bautista al sostener erróneamente que no muere por Cristo, cuando en realidad sí lo hace, porque muere por la santidad del matrimonio en Cristo, matrimonio santificado por Cristo y no por la infidelidad en sí misma, al mismo tiempo que se eleva a rango de martirio falso, falsificando la idea misma de mártir: el neo-mártir progresista-populista ya no es el que da la vida por Cristo –el autor lo afirma explícitamente, sin sonrojarse-, sino aquel que “da la vida por el prójimo”, lo cual es una falsedad absoluta, sin fundamentos en ningún momento de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia: “El que da su vida, no por Cristo, sino por amor al prójimo, la da por una verdad enseñada por Cristo. A éste la Iglesia no lo reconoce como mártir. Pero muere de una forma similar al martirio”.

El punto tres, “Murió perdonando al matador”, es un burdo intento de asimilar la muerte de Antonio Gil, que ejerce una “misericordia para-cristiana”, si se puede decir, con la muerte martirial de Cristo: “el personaje encarna –como Cristo- la virtud más rara y más necesaria: la misericordia”. Esta analogía con Cristo es de una ligereza y banalidad tal, que no puede ser aceptada bajo ningún punto de vista. Quien sí muere perdonando a sus verdugos, es decir nosotros, puesto que los autores espirituales de la muerte de Cristo somos nosotros en cuanto pecadores, es Cristo Dios, pero equiparar el perdón del Corazón Misericordioso de Cristo con el supuesto perdón de Antonio Gil con sus supuestos ejecutores, es delirar con los ojos abiertos. Lo que intenta hacer el autor es “canonizar in pectore” a Antonio Gil, por el solo hecho de que un fantasmagórico “pueblo” –que no es el Pueblo de Dios, los bautizados en la Iglesia Católica- lo considera “santo”, lo cual constituye un peligrosísimo paso en falso que, de ser aprobado, daría lugar a posteriores “canonizaciones populares” –por ejemplo, Difunta Correa, San La Muerte-, solo por el hecho de que “el pueblo” así lo determina. La autoridad vertical del Magisterio, de origen divino –Cristo es el Supremo Maestro en cuanto Sabiduría de Dios Encarnada- es reemplazada y sustituida por una autoridad “horizontal”, de origen humano y no divino, el tan mentado y fantasmagórico “pueblo”, supuestamente cristiano.

En el punto cuatro se intentan refutar -sin éxito- dos de las objeciones más frecuentes en relación a la devoción del Gauchito Gil: que “es una devoción pagana y que “no es santo de la Iglesia Católica”.

Es inaceptable el siguiente argumento, así como la cita al Obispo de Roma, Francisco: “Hay quienes desconfían de las devociones que no han sido propuestas por la jerarquía de la Iglesia y las consideran devociones “paganas”. Generalmente, estas objeciones no tienen en cuenta que se trata de creencias que nacen en el seno de un pueblo cristiano, con una cultura fraguada en varios siglos de cristianismo y que es mayormente bautizado. Como enseña el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (110-129) no hay que pensar “lo cristiano” como algo rígido que deba vivirse según un único modo cultural”. Por un lado, se debe tener en cuenta que una devoción pagana, aun cuando nazca en un “pueblo cristiano”, no es un criterio para aceptar dicha devoción, por tratarse precisamente de una devoción pagana. La condición de “cristiano” de un pueblo, no asegura que esa devoción pagana sea, precisamente, cristiana, justamente porque es pagana. Además, hay que tener en cuenta la situación intelectual-espiritual del noventa y nueve por ciento del “pueblo cristiano” –católico-, que es la de un desconocimiento prácticamente total de las verdades más elementales de la fe cristiana-católica, lo cual lo hace un pueblo neo-pagano que ha caído en el paganismo por su apostasía. Por otra parte, la cita de Bergoglio tampoco justifica la aprobación de una devoción pagana, entre otras cosas, porque “lo cristiano” debe vivirse como “católico” y esto no implica ningún “rigidismo” el cual rigidismo, dicho sea de paso, parece ser usado por Bergoglio para desacreditar lo que es verdaderamente católico y así dar paso a lo “nuevo” que, en realidad, es el viejo paganismo.

En el siguiente párrafo también se afirma una media verdad, para introducir una falsedad: es verdad que el cristianismo-catolicismo encarna en diversas culturas, pero eso no significa que la “encarnación en la cultura” introduzca elementos paganos en la doctrina católica, como es el caso del Gauchito Gil.

La siguiente afirmación desacredita, de un plumazo, la autoridad de la Iglesia, de su Magisterio y de su Tradición: “Creemos que desde este marco teológico debe interpretarse el fenómeno de la devoción al Gaucho Gil. Se trata de un suceso que nace espontáneamente en el seno de un pueblo pobre que vive el cristianismo según su cultura popular. Es una más de tantas devociones populares que no han sido propuestas por la jerarquía de la Iglesia sino que nacieron directamente del pueblo”. El hecho de que “haya nacido del pueblo” no la convierte inmediatamente en “buena” ni “provechosa” para la eterna salvación del alma; precisamente, la Iglesia debe vigilar y censurar toda aquella devoción popular pagana o neo-pagana que sea contraria a su Magisterio o que se erija en devoción popular por medio de una especie de “para-magisterio popular”.

En el siguiente párrafo se sostiene que la devoción al Gauchito Gil debe concedérsele una “legítima autonomía”: “En la devoción al Gaucho Gil puede verse cómo un pueblo reza de un modo propio, con algunos elementos tomados de la cultura guaraní y otros de la primera evangelización, pero conjugándolos con creatividad y expresando “su legítima autonomía” (EG 115). Sus devotos piden favores ofreciendo oraciones, velas, banderas rojas, cintas rojas, cigarrillos, bebidas, bailes y todo tipo de objetos. Estas ofrendas generalmente están vinculadas a promesas o pedidos muy concretos, cosas que tienen que ver con necesidades profundamente vitales: trabajo, salud, casa, auto, etc. Algunas de estas ofrendas tienen sus raíces en los ancestros guaraníes. Para ellos era común dejar sobre la tumba los alimentos y la bebida preferida del difunto. Los primeros misioneros les enseñaban que esa ofrenda podía consumirla cualquiera que rece por el alma del difunto. Las velas encendidas siempre han sido un modo de oración de los sencillos. También la bandera roja flameando se vuelve profesión de fe y oración. La cinta que tocó la imagen del santo y se lleva sobre el cuerpo tal vez esté emparentada con el uso de los escapularios”. En la descripción que se hace del culto al Gauchito Gil, se deja de lado el hecho de que lo que se le pide son cosas puramente materiales –dinero, éxito mundano, bienes materiales, salud meramente corporal-, dejando de lado el hecho de que no se le pide NADA relativo a la eterna salvación del alma; por otra parte, los beberajes y las ofrendas –alcohol, cigarrillos, dinero, droga, etc.- no tienen, en absoluto, nada de cristiano. La comparación de la cinta roja, característica de la superstición del Gauchito Gil, de ninguna manera puede compararse al sacramental católico llamado escapulario, porque en el primer caso se lo usa para evitar la “envidia”, el “mal de ojo”, o para pedir “protección corporal” al Gauchito Gil y no para evitar el Infierno, como es el caso del Escapulario de la Virgen. La comparación con el Escapulario católico es un deshonesto intento pseudo-intelectual de asemejar un elemento eminentemente católico –el Escapulario- con un elemento eminentemente neo-pagano y anti-cristiano –la cinta roja-.

En la siguiente afirmación se da por descontado que el Gauchito Gil es un santo católico, aunque no cuenta con las condiciones necesarias para ser santo católico: “Encontrar un hombre como ellos, que está junto a Dios y que vivió con la cultura de ellos, es un camino enormemente fecundo para entrar en comunión con el Dios que necesitan para vivir”. Entonces, ¿debemos suponer que el Gauchito Gil está junto a Dios? Es una afirmación temeraria, sino sacrílega. Por el solo hecho de que “el pueblo” considere que el “santo neo-pagano” esté con Dios, no significa que lo esté, hace falta la afirmación de la Iglesia, a través de su Magisterio. No se puede canonizar a una devoción neo-pagana, solo por el hecho de que un pueblo excristiano, que nunca vivió su fe católica, considere que este personaje de leyenda –el Gauchito Gil- esté con Dios, es una falta de respeto y de consideración hacia la sabiduría bimilenaria de la Iglesia Católica.

El siguiente párrafo, además de confirmar lo que un sacerdote de a pie constata diariamente en su tarea sacerdotal –que la devoción al Gauchito Gil está íntimamente ligada a la devoción a otro ídolo demoníaco, llamado en Argentina “San La Muerte” y en México “Santa Muerte”-, es un increíble intento de justificar lo malo por el solo hecho de provenir de un “microclima” como la cárcel, para hacerlo pasar por “bueno”: “Hay también quienes desconfían de la devoción al Gaucho Gil porque al parecer es muy popular entre los delincuentes y porque algunos lo relacionan con el culto a “San La Muerte”. Esto merecería un estudio sociológico que nos ayude a entenderlo mejor desde sus causas. Lo que podemos decir aquí es que no podemos sorprendernos de que los malhechores, a pesar del género de vida que llevan, tengan su fe. Dios, aun en el peor asesino ve un hijo amado, y le ofrece caminos para que vuelva. En el ambiente forzosamente cerrado de las cárceles, desde el flagelo que allí se vive, se genera una subcultura –que algunos llaman tumbera- que tiene sus elementos religiosos. Devociones como las de San Jorge, el Gauchito o San La Muerte pueden ser usadas en ese microclima tanto para el bien como para el mal”. No se puede ser tan ingenuo o tan malintencionado: ¿cómo se puede justificar, siquiera mínimamente, la devoción a un ídolo demoníaco como es “San La Muerte”? No hay nada más diabólico, satánico y anti-cristiano que esta devoción a San La Muerte, ¿y se la justifica porque viene del “microclima” de la cárcel? ¿Qué hay de bueno en el culto al Diablo? La honestidad intelectual nos lleva a decir que absolutamente NADA BUENO hay en la devoción a los ídolos neo-paganos y demoníacos Gauchito Gil y San La Muerte, los cuales deben ser combatidos y rechazados si es que se quiere conservar una fe católica en su pureza, inherente a esta misma fe.

En la respuesta a la objeción 2, “el Gauchito Gil no es santo de la Iglesia”, se continúa con la ambigüedad de los conceptos y de las afirmaciones, para justificar lo injustificable: “En los primeros siglos de cristianismo era la piedad del pueblo cristiano quien decidía a quien se veneraba. Los elementos que se conjugaban para que un santo sea elevado a los altares eran: su martirio, sus milagros y la veneración que le daban”. Se omite decir que, por un lado, si se toma el criterio de los primeros siglos del cristianismo para la canonización y se deja de lado el actual, eso significa un retroceso espiritual-intelectual de casi quince siglos. Por otra parte, se omite decir que la devoción de los cristianos, que conducía a una persona concreta de la historia a los altares, es el hecho de que toda su vida estaba orientada al Hombre-Dios Jesucristo. Y si consideramos los milagros, no está atestiguado ningún milagro por parte de Antonio Gil, porque toda su historia se basa en leyendas.

El ejemplo que se toma de la canonización de Santa Hildegarda de Bingen, en vez de confirmar la falsa hipótesis de la “canonización popular”, la demuele, desde el momento en que demuestra lo que afirmamos anteriormente: la vida y los milagros de los santos conducen al Hombre-Dios Jesucristo, algo que no sucede de ninguna manera en el Gauchito Gil.

En la siguiente frase, en la que se dice que “no es forzado” pensar que algunos santos del catolicismo surgieron como el caso de Antonio Gil, debemos decir lo contrario: es absolutamente forzado y fuera de contexto equiparar los verdaderos santos católicos con la devoción neo-pagana del Gauchito Gil: “no es forzado suponer que, en el caso de algunos santos de los primeros siglos del cristianismo que aún veneramos, su devoción pudo haber nacido de un modo similar al que se da hoy en día en torno al Gaucho Gil”.

En el siguiente párrafo se admite la dificultad –seria y grave- de demostrar la historicidad, la autenticidad, la veracidad y –lo más importante- su relación con el misterio salvífico del Hombre-Dios Jesucristo, lo cual tira por tierra todo intento de “canonización popular” de esta devoción neo-pagana: “También hay que decir que en este caso serían muchas las dificultades que tendría que atravesar un hipotético proceso de canonización. Una de las primeras sería demostrar su historicidad. En la primera parte de este artículo intentábamos explicar que una creencia popular puede ser un medio por el que Dios santifica al pueblo más allá de la veracidad de los orígenes históricos del relato. Aun así, en la historia que nos toca, si bien puede haber elementos legendarios, no es descabellado pensar que tiene algún sustento de historicidad”. Entonces, ¿pretendemos canonizar a una leyenda, por el solo supuesto hecho de que existió y de que probablemente realizó algún milagro y que no está conectada con el misterio salvífico de Cristo? ¿Qué clase de “santo” sería este? La respuesta es obvia: no sería, de ninguna manera, un santo, sino un demonio.

La Conclusión, al final, comienza, paradójicamente, con una afirmación falsa: “Como vimos, en esta devoción popular son muchos los elementos genuinamente cristianos”. Al revés de lo que dice esta afirmación, es casi imposible encontrar “elementos genuinamente cristianos”. La presencia de la cruz no justifica la devoción ni su conexión de la persona histórica de Antonio Gil –si es que existió- con el misterio de Cristo Jesús: si se colocó una cruz en el lugar en el que supuestamente murió, es porque, desde Cristo, se colocan cruces en las sepulturas, pero esto no asegura la santidad de quien está sepultado en el lugar donde se colocó la cruz. Por otra parte, en la imagenología del Gauchito Gil, este, lejos de arrodillarse ante la Cruz de Cristo, le da la espalda. Así como el Demonio da la espalda a la gracia santificante que proviene de la Santa Cruz.

Todo lo que sigue no es más que mera imaginación del autor del artículo: “Es una historia de libertad, martirio y perdón que está calando cada vez más hondo en el corazón de nuestro pueblo, especialmente entre los pobres y marginados. Son muchos los que a través de esta devoción sienten cada día sus vidas envueltas por el amor misericordioso de Dios. Es de una intensidad difícil de describir la confianza que muchos de sus devotos tienen en el poder de intercesión de Antonio Gil. Quien se decida a poner un oído en el pueblo devoto de este “santo popular”, escuchará historias de fe hecha vida pocas veces oídas con santos más tradicionales”. No es una historia, es una leyenda; no hay libertad, porque no hay relación con Cristo, Verdad Suprema y Absoluta del Padre y el Único que concede la verdadera libertad –“La Verdad os hará libres”-, ni martirio –no muere en nombre de Cristo ni confesando la fe en Cristo-, ni perdón –las supuestas palabras dirigidas a su verdugo son solo eso, supuestas palabras, en las que no hay un perdón cristiano, es decir, un perdón en nombre de Cristo, el único perdón válido. Y la verdad es que, quien escucha las historias relacionadas con este “santo popular”, encuentra de todo, menos a Dios; encuentra oscuridad espiritual, ignorancia de la fe católica, rechazo de Cristo y su Evangelio.

La siguiente cita de Francisco pretende legitimar la leyenda del ídolo neo-pagano Gauchito Gil, al considerar implícitamente, a quien cree en los santos verdaderamente católicos, como personas “encerradas y cómodas en sus propias seguridades”, al tiempo que da por válido el creer en leyendas supersticiosas, solo porque es la contraparte de quienes desean vivir una fe católica segura y no contaminar su fe católica con devociones neo-paganas: “Digamos para terminar, que ofrecemos estas breves reflexiones a la luz del llamado que nos hace el Papa Francisco en Evangelii Gaudium de emprender un camino de conversión pastoral en la Iglesia. Nos invita a salir sin miedos que nos paralicen: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49). Preferimos el riesgo de equivocarnos en la valoración de este fenómeno a permanecer indiferentes ante un hecho de fe con el que se siente identificado gran parte de nuestro pueblo pobre y sufrido”. ¿Acaso el que sale a misionar, casa por casa, con santos aprobados por la Iglesia, está “encerrado”? La frase citada de Evangelii Gaudium, tiene la intención de atribuir malicia –comodidad, pereza, inacción- a quien quiere vivir la auténtica fe católica, mientras que, al mismo tiempo, exalta y ensalza a quien “se arriesga” a creer en una leyenda supersticiosa, sin elemento católico alguno.

Para finalizar, también es desacertada la siguiente cita de Francisco: “La actitud con la que intentamos acercarnos a esta expresión de fe popular bien puede ser la que describe el Papa cuando dice: “para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres” (Evangelii Gaudium 125)”. No hay que olvidar que el Buen Pastor es también el Juez Supremo que SÍ JUZGA y su juicio es irrevocable, tanto en el Juicio Particular, como en el Juicio del Día Final, cuando apartará a los que se salven ,de los que se condenen: “Venid a Mí, benditos de mi Padre (…) Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno” (Mt 25, 41-46)-. Por último, ¿se puede tener “connaturalidad afectiva” con el culto a una leyenda –el Gauchito Gil- y con el culto al Demonio –la Santa Muerte? Es obvio que no.

Padre Álvaro Sánchez Rueda

03 de Junio de 2022

Memoria de San Carlos Lwanga y compañeros mártires.

 

miércoles, 17 de junio de 2020

La historia de un carmelita español acusado de astrología en el siglo XVII.


FUENTE: Portaluz

El caso de un fraile condenado por el Tribunal de la Inquisición en Toledo tras un proceso celebrado entre 1698 y 1699 muestra cómo la Iglesia católica siempre ha rechazado la astrología como sistema de adivinación. Para la fe cristiana, este pretendido conocimiento va contra la soberanía de Dios y contra la libertad del ser humano, tal como recuerda Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), en este artículo publicado en Portaluz.

Algunos museos, archivos y bibliotecas tienen la costumbre de escoger de entre sus fondos una “pieza del mes” o “libro del mes”, presentando así con algunos detalles documentos u obras que, por su valor histórico o artístico, resultan muestras significativas de lo más interesante que albergan. Con esta sencilla práctica consiguen tanto divulgar esos elementos concretos para el gran público como contribuir a una mayor valoración y estima de la propia institución cultural.

Una de estas entidades, el Archivo Histórico Nacional (AHN) de España, que depende del Ministerio de Cultura y Deporte, ha seleccionado un curioso documento que tiene que ver con la astrología y la Inquisición como la “pieza del mes” de mayo de 2020. Lo más interesante de los archivos es que, al hacer esto, dan a conocer objetos que habitualmente no son accesibles más que a los investigadores (al contrario que en los museos).

Un fraile procesado por la Inquisición

En este caso, se trata de la documentación relativa al proceso inquisitorial que se llevó a cabo contra fray Bernardo del Castillo, un religioso carmelita calzado, entre los años 1698 y 1699 en el Tribunal de Toledo. Según explica el material divulgativo del AHN, fue denunciado por otro fraile, que hizo la siguiente acusación: “por adivinación de sucesos sin salir de su celda y por poseer papeles con caracteres y números”.

Fray Bernardo no sólo fue procesado por ello, sino que a esa delación se sumaron las acusaciones de algunas mujeres del delito de solicitación (aprovechar el contexto del sacramento de la confesión para cualquier tipo de pecado sexual) y de otras conductas impropias. El imputado declaró ante el Tribunal del Santo Oficio reconociendo algunos de los actos deshonestos que le adjudicaban. Al final, fue condenado a destierro –aunque pudo regresar a su convento–, a dos años de suspensión de su condición sacerdotal y a la prohibición perpetua de confesar.

¿Y cuál es la razón de publicar la documentación de este proceso, entre los muchos que hay de la Inquisición española durante su existencia? (el Tribunal de Toledo, por ejemplo, estuvo activo desde 1485 hasta 1834). “Nos llamó especialmente la atención el proceso contra fray Bernardo del Castillo por reunirse en el mismo varias acusaciones por parte de los muchos testigos que testificaron contra él”, explican los técnicos del AHN, destacando el importante valor histórico de esos papeles, “pero fue lo que los alguaciles del Santo Oficio encontraron en su celda durante el registro de sus bienes lo que más nos interesó”.

Papeles de adivinación

Así es: la documentación sobre el proceso al carmelita toledano que custodia el AHN consta de 725 páginas (que pueden consultarse digitalizadas aquí). Ésta es la descripción técnica que aparece en el fichero del archivo: “Proceso de fe de fray Bernardo del Castillo, natural de Toledo, sacerdote, confesor, predicador y morador en su convento de Carmelitas Calzados de la citada ciudad, por utilizar papeles prohibidos y supersticiosos y por solicitante”.

Tras las actas de su juicio, como era preceptivo, “se incluyen tres cuadernillos requisados a fray Bernardo que forman un compendio de técnicas para pronosticar el porvenir y averiguar secretos, las propiedades de diversos animales, piedras y plantas y todo tipo de remedios relacionados con el cuerpo humano y sus dolencias”.

El primero de los cuadernillos incautados lleva por título La Bula Petosiris. Astrología excelentísima y constituye un manual de adivinación del futuro según la llamada “rueda de Beda”, un método atribuido al egipcio Petosiris –un famoso astrólogo y sacerdote del dios Thot de finales del siglo IV a.C.– que presuntamente serviría para averiguar el porvenir de los hombres. Fray Bernardo, tras la explicación del método, añade una versión personal resumida del mismo, por la dificultad que entraña en su aplicación.

El segundo cuadernillo incluye dos textos distintos: un Curioso Tratado de Astrología y Las Maravillas del Mundo de San Alberto Magno. En el tratado se vinculan los planetas con los órganos del cuerpo humano y se expone un sistema adivinatorio basado en las manchas de las uñas. El segundo texto es uno de los muchos libros esotéricos y mágicos que a lo largo de la historia se han hecho pasar como escritos por santos famosos, para darles autoridad a través del procedimiento de la pseudoepigrafía. En este caso, se trata de un tratado de alquimia y numerología atribuido (falsamente) a San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia del siglo XIII.

Y por fin, el tercer cuadernillo resume diversos temas ya tratados en los documentos anteriores: la “rueda de Beda”, algunos métodos adivinatorios y sistemas para averiguar secretos, y los saberes ocultos del mundo animal, vegetal y mineral, mezclado todo ello, según explican en el AHN, con “infinidad de remedios médicos para todo tipo de dolencias y casos, así como una memoria de las misas que se decían por los difuntos, notas personales, cuentas, e incluso poemas”.

La astrología, una forma de adivinación

Más allá de las cuestiones graves que afectaban a la conducta como clérigo de fray Bernardo del Castillo –la ya comentada de solicitación, así como otras acusaciones por las que también fue juzgado, como la violación del sigilo sacramental o el reparto de reliquias falsas–, puede llamar la atención que el tribunal de la Inquisición pusiera tanto interés en su posesión de textos astrológicos. Tal como detalla el AHN, el carmelita dijo “no ser conocedor de la prohibición de los mismos por el Santo Oficio” y aseguró “su uso sin malicia”.

¿De dónde viene esa aparente fijación de los encargados de velar por la recta doctrina católica en aquella época? ¿Qué problema podía entrañar la adivinación? ¿Las razones para esa valoración negativa son válidas para el cristianismo actual? Para contestar a estas cuestiones, es importante que nos fijemos en el título general dado a la documentación: “proceso de fe”. Porque de eso se trata: de una cuestión que atañe a la fe.

La astrología, es decir, la pretensión de alcanzar un conocimiento basado en la posición de los cuerpos celestes y su influencia en los acontecimientos terrenos y humanos, es una forma de adivinación y, como tal, siempre ha sido rechazada por la Iglesia como una práctica contraria a la fe en Dios. Pero cabe la objeción de que se trata de un saber que durante muchos siglos se confundía con la astronomía, sobre todo hasta que ésta se “independizó” de la anterior como un conocimiento propiamente científico. ¿Podría haber tal confusión en el caso de fray Bernardo del Castillo?

El problema de la astrología judiciaria

En las épocas medieval y moderna se distinguían dos ramas dentro de la astrología: la natural y la judiciaria. Para entender la diferencia, lo mejor es que acudamos al primer Diccionario de la Real Academia Española, cercano a la época del carmelita toledano, pues fue publicado en 1770. En él leemos que “quando trata de efectos naturales, como los son las lluvias, vientos, tempestades &c. se llama astrología natural. Y quando trasciende á pronosticar los sucesos que no dependen del influxo de los astros, sino de la voluntad de los hombres, ó de otras causas ocultas, se llama astrología judiciaria: la qual es ilícita, vana y supersticiosa”.

Como puede verse, la primera es la que derivó en la astronomía –de hecho, era uno de los estudios que se impartían en las universidades–, mientras que la segunda siempre fue una rama fundamental del esoterismo. La astrología judiciaria es la que habla de influencia de los cuerpos celestes en la voluntad de los seres humanos y en su futuro. Por lo tanto, la que ha dado lugar a fenómenos tan populares y extendidos como el horóscopo o la carta astral.

La Iglesia siempre rechazó la astrología –ésta, la judiciaria– como una muestra clara de superstición, un pecado grave contra la fe. Ésta es la razón de que fuera perseguida por la Inquisición, además de que cualquier tratado de astrología fuera inmediatamente incluido en el Índice de libros prohibidos. La condena definitiva de esta práctica esotérica tuvo lugar con la bula Caeli et terrae creator de Pío V (1586).

Entre los problemas que la astrología planteó siempre y sigue planteando ahora a la fe cristiana destaca, en primer lugar, el determinismo y la negación de la libertad humana que suponen sus ideas: todo estaría escrito en los astros, y bastaría con conocer sus secretos para saber lo que va a pasar. Determinismo, pues, y fatalismo, porque el ser humano no tendría posibilidad de cambiar nada con su acción.

En segundo lugar, la valoración de la astrología es negativa por parte de la fe cristiana porque supone el rechazo de los límites naturales del conocimiento humano. Si el hombre ha sido creado por Dios con unas posibilidades de saber y de aumentar ese saber, sin la capacidad de conocer el futuro, toda búsqueda de un método sobrenatural para averiguar el porvenir supone un desafío al Dios creador.

miércoles, 29 de enero de 2020

Superstición: miles de mexicanos acudieron a la santería y otros ritos esotéricos para el año nuevo.

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Hechizos de amor, limpias para la salud, dinero y protecciones para que los micronegocios crezcan, son las peticiones que más atendieron los santeros del Estado de México el pasado fin de año, quienes desde el 24 de diciembre recibían hasta 14 personas diariamente que acudían en busca de suerte para 2020, según informaban Alicia Rivera y Aura Moreno el pasado 31 de diciembre en el medio mexicano Milenio.

El santero Jesús Oleg García comentó que muchos emprendedores que no les fue bien en sus proyectos han acudido para que les haga limpias y así mejoren su futuro el año nuevo, “dulcerías, sastrerías, ropa y hasta unos mineros de Hidalgo me hablaron para que fuera a hacer un trabajo de protegerlos que no tengan accidentes”. Explicó que el contratista de la mina, ubicada en Zimapán, Hidalgo, lo mandó llamar porque había “energías malas en algunos tramos y así proteger a la gente que se desempeña en la extracción de los metales. Me condujo a las partes de la mina donde se sentía la energía pesada, para que la limpiara”.

Jesús Oleg también ha atendido muchas peticiones de amor, para lo cual realiza preparados que se llaman endulzamientos. “En un plato barro se pone una vela roja con el nombre de la persona deseada y se agrega miel y canela, además esencia de una sustancia llamada 'ven a mí' –que se compra en centros esotéricos–, se enciende la vela y se deja consumir”.

A quienes no les alcanza para pagar una consulta pueden llamar a la buena suerte desde su casa siguiendo un proceso que consiste en verter agua en una cubeta, dejar reposar con horas de anticipación yerbas de menta, santa maría, abre caminos, vainilla y agua de coco, cuando llega el año nuevo se rocía toda la casa con ese compuesto, empezando por la parte trasera.

También pueden colocar un tazón con 21 semillas y en otro plato una vela amarilla para atraer abundancia, otra roja para el amor y una morada para protección, es importante poner esencia de coco, almizcle y sándalo. Las velas se encienden a las doce de la noche. Las personas suelen entrar en la santería buscando resolver sus problemas, porque piensan que el santero tiene contactos especiales con el más allá, ya que no les han funcionado sus experiencias con la iglesia.

Amuletos de la salud

Ante la conclusión de 2019 muchas personas ven en el año nuevo la oportunidad de mejorar y cumplir sus metas, por ello ponen manos a la obra y se inscriben al gimnasio, inician una nueva dieta, entran a algún curso de idiomas, tiran sus últimos cigarros o se despiertan más temprano. Sin embargo, para atraer el amor, éxito, salud y prosperidad hay quienes buscan ayuda para mejorar su suerte y acuden a Antonia Terrón, quien desde hace 40 años vende artículos que prometen acelerar el proceso.

Ubicada en el Mercado 16 septiembre, compartió que recibe gente de todas las edades, sexo y estrato social que llegan en busca de los famosos borregos, elefantes, budas, plantas, velas y semillas de la abundancia, donde se llega a invertir desde 10 pesos hasta miles de pesos según las posibilidades y adquisiciones. “Viene desde un barrendero u obrero hasta doctores y diputados que buscan éxito y bienestar para la familia, en el trabajo, en los negocios para que regresen los clientes, mejorar en el amor, tener dinero”.

Por otro lado, dijo que lo que más le piden son los amuletos para la salud, seguidos por aquellos que atraen el amor y el dinero, para ellos prepara artículos como velas, monedas o manzanas con oraciones, lociones, cuarzos y velaciones con el objetivo de que a sus nuevos dueños les vaya bien. “Las preparaciones son charolas con semillas de lenteja, frijol, arroz, cuarzos, alpiste, maíz palomero, también hay veladores de todos los tamaños que se prenden el primer día de cada mes, hay manzanas, monedas, depende de cada problema en cada hogar y persona”.

Por último agregó que cada año la clientela aumenta, por lo que subrayó que no se trata de una práctica negativa. “La Iglesia lo prohíbe, yo digo que malo sí es ver niños abusados por curas, nosotros vendemos cosas buscando la prosperidad y el éxito, no le veo nada de malo, hay quienes llevan sus semillas o manzanas a bendecir a la iglesia, entonces no importa la religión o creencia que tengas”.

De dónde viene todo esto

Tal como recuerda Televisa, la santería tiene sus orígenes en la tribu yoruba de África. Los yorubas vivían en lo que se conoce hoy como Nigeria, pero entre 1820 y 1840, miles de esclavos fueron llevados a Cuba y al Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar. Ya en América, los españoles les exigían que fueran bautizados como católicos. Los esclavos veían a los santos católicos muy similares a los orishas que idolatraban en su tierra natal. Es por eso que hay muchas similitudes en las imágenes, nombres y prácticas entre el catolicismo y la santería.

Quienes acuden a la santería buscan resolver algún problema. Por ejemplo, una enfermedad, infidelidad, problemas económicos, etcétera. Los rituales santeros incluyen danza y tambores, así como el intercambio de palabras y alimentos con los espíritus. Durante estas ceremonias, los santeros se visten de blanco. El babalao es un sacerdote que realiza los ritos.

Los periodistas de Televisa acudieron hasta Iztacalco para conocer a un babalao con más de 35 años en la santería. “La santería en México pues en realidad bien, bien, empezó como en el 71 más o menos no había nada, yo todo mi material lo iba a comprar a Miami porque aquí no había nada”, explicó Armando Alba, santero. Al rendir tributo a los orishas y hacerles ofrendas, los santeros buscan crear una vida en equilibrio. “Es para quitar el aire la mala vibra, centrar tu espíritu para que uno pueda dormir bien, que no te duela la cabeza, centrar nuestro espíritu para que uno esté estable”, dice el santero Alejandro León.

Los rituales son poco convencionales, pues en la mayoría de los rituales son sacrificados distintos tipos de animales. “Es ejemplo, si una persona está muy débil lo primero que necesitamos es darle energía y nosotros creemos que la energía está situada en la parte de la cabeza, hay mucha gente que con eso es suficiente para que se sienta mejor hay muchas cosas, cosas que nosotros hemos visto como a través del tiempo la gente se ha mejorado, nosotros ahí tenemos que preguntar cuál es el animal que se requiere para ese momento”, añade el santero Armando Alba.

La santería y el palo mayombe van de la mano, este último es una práctica religiosa monoteísta cuya deidad se conoce como dios Zambi, los practicantes centran el culto en las fuerzas sagradas de la naturaleza y de los muertos con quienes dicen establecer pactos de sangre. El culto y la práctica del palo se centra sobre el altar como nganga o prenda. Que es un espacio consagrado lleno de tierra sagrada, palos, restos humanos y otros objetos los cuales se usan para que el fallecido cuide a la persona viva.

“Para nosotros lo básico después de Dios son los muertos porque los muertos son los que nos ayudan a llevarles el mensaje a Dios y que van a tratar de apoyarte a ti para que se logren tus objetivos”, añade Armando Alba. La santería tiene una fuerte relación también con el espiritismo, que es una creencia popular en que los espíritus benignos y malignos pueden afectar a la salud, suerte u otros aspectos de las personas. En este lugar también se hacen curaciones por medio del espiritismo. Al respecto, el señor Enrique Campos manifiesta: “Porque le tengo mucha fe, con la santería me he sentido muy bien me ha abierto muchos caminos tanto en mi familia como en mi vida espiritual”.

México mágico

Ganar dinero, encontrar el amor, aprender inglés o hacer ejercicio son propósitos para el Año Nuevo que todos nos hemos hecho con mayor o menor atino. Hay un místico rincón en la Ciudad de México donde por unas monedas la santería se encarga de dar un empujón a estos deseos para que se cumplan en 2020. Según leemos en Efe, el pasillo ocho del Mercado de Sonora, en el centro de la capital, da sentido al popular dicho de “México mágico”. Y es que en este estrecho corredor con olor a incienso y plantas aromáticas conviven 44 locales de objetos esotéricos y místicos.

Desde 1958, aquí acuden todo tipo de personas que han perdido la fe en la religión tradicional y que se encomiendan a los hechizos, conjuros y limpias para encontrar amor, trabajo y abundancia, especialmente de cara al año que se aproxima. Maribel, originaria del estado de Chiapas, lleva más de 15 años en el mercado vendiendo semillas de la abundancia para que los bolsillos dejen de estar vacíos. Este compuesto de 12 semillas diferentes hay que dejarlo en un plato con monedas para que los brotes verdes sean una realidad.

“La verdad ha bajado mucho lo de la economía últimamente y la gente viene a buscar la abundancia”, cuenta este domingo Maribel, quien pone rostro al estancamiento de la economía mexicana, que cerrará este año con un crecimiento del PIB del 0 %. Para superar este 2019 de vacas flacas, esta locataria ofrece amuletos hechos con hojas de sábila, figuras de borregos para colgar en la puerta de casa y paquetes que contienen una mazorca pintada de color dorado con imitaciones de dólares pegados.

A pocos metros, aunque más de lo que mide su pequeño local, la bruja Elisabeth Morgan deja caer sus cartas de tarot ante el ansia de los clientes por conocer lo que les deparará en 2020. Cuando su padre la inició en este oficio, le daba miedo tener que dar malas noticias por si se rompía algún matrimonio por su culpa, pero casi dos décadas después Elisabeth ya no tiene pelos en la lengua. “Como este año no estuvo muy bien, la gente tiene temor de ver cómo le va a venir el próximo año. Lamentablemente se pronostica que no viene muy bueno”, explica junto a su gato blanco con manchas tan oscuras como el año que pronostica.

En este recinto se acogen todo tipo de cultos, abarcando desde la Santa Muerte a adoraciones católicas como San Judas, la santería afrocubana o la tradición china. Desde uno de los puestos, el santero Alfonso Espejel se atreve a cifrar el porcentaje de magia requerida para cumplir los deseos. Dice que el 80 % depende de uno mismo mientras que del 20 % restante se encargan las energías paranormales que por poquitos pesos se consiguen en el mercado.

“Si vienes a pedirme ayuda para pedir algo laboral y no sales de casa... No van a venir a tu casa a darte trabajo”, sentencia el santero en un derroche de sabiduría popular. Con tres generaciones de tradición familiar a sus espaldas, Espejel está convencido que sus limpias con ramo funcionan para quitar las malas energías del año, pero advierte de que hay que estar al loro de los estafadores que merodean por el mercado: “A veces pagamos justos por pecadores”.

La compra estrella de cada año es el conjunto de 12 velas que se encienden el 31 de diciembre y que al cabo de cinco minutos se apagan para prender una por una el primer día de cada mes. Así lo cuenta Jorge Pérez, cuarta generación en el Mercado de Sonora, que muestra orgulloso la gran novedad para este Año Nuevo. Se trata de un paquete que incluye jabón, perfume e incienso dedicados al año chino de la rata, que comenzará el próximo enero. “Será el año de los políticos mexicanos”, puntualiza con sorna mientras sostiene la figura de este emblemático roedor. Probablemente, más de uno habrá comprado en el mercado un muñequito de vudú para regalar a algún gobernante un disgusto este 2020.

domingo, 3 de febrero de 2019

"No tendrás otros dioses fuera de Mí" (Éxodo 20, 3)


Algunos de los falsos dioses de la Nueva Era, la mayoría provenientes de las religiones orientales: el elefante Ganesh, Buda y el búho, que representa al demonio llamado "Moloch". Aun solo poseyéndolas como "adornos", el católico que esto hiciera, peca de superstición.