"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 23 de octubre de 2015

Un hijo del líder polígamo Warren Jeffs relata los abusos sufridos en la secta

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Como un joven adolescente, Roy Jeffs pasaba largos días tecleando los sermones de su padre en el interior de su casa en Albuquerque, adonde él y su madre eran enviados para vivir escondidos. A medianoche, el teléfono sonaba. Era su padre, el líder polígamo Warren Jeffs, cabeza de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFJSUD). “Se sentía una penetrante desesperación en tu corazón”, dice Roy Jeffs. “¿Qué irá a decir ahora? ¿Me dirá que perdí mi lugar? ¿Me correrá?”.

Roy Jeffs, ahora con 23 años, dice que era controlado, manipulado y movido por el país para ser asignado a equipos de trabajo para expiarlo por sus faltas antes de dejar la secta el año pasado. Sus anécdotas son una ventana a la secreta secta ubicada en la frontera entre Utah y Arizona en donde los teléfonos móviles, juguetes, películas, internet, bicicletas e incluso nadar, están estrictamente prohibidos. Comenta que Jeffs imponía su control a los seguidores al reasignar niños y esposas a diferentes hombres, enviando a la gente a “casas de escondite” y ejerciendo la constante amenaza del exilio.

Una infancia de aislamiento y castigo

El hijo contó su historia a CNN por primera vez y describió su niñez en la secta polígama durante una entrevista el pasado 2 de octubre con Associated Press. Jeffs vivió su niñez prácticamente desconectado del mundo externo. No vio una película en el cine hasta los 20 años, cuando se escapó a uno en Tucson, Arizona.

Roy Jeffs solía meterse en problemas por sus cartas confesionales que enviaba al hombre que aún llama Padre. Warren Jeffs, considerado un profeta, le ordenó a su hijo confesar sus pensamientos, tentaciones y pecados para mantener su lugar dentro de la fe y evitar el infierno. Entre las cosas que describía estaba su atracción por las niñas, algunas de las cuales eran niñas esposas de su padre, más jóvenes que Roy Jeffs.

Warren Jeffs entonces sancionaba a su hijo por sus confesiones y lo enviaba a hacer trabajo de construcción al oeste o a vivir en casas de escondite como la de Albuquerque. “Le tenía miedo”, dice Roy Jeffs, quien dejó la secta en febrero de 2014 y ahora vive en la zona de Salt Lake City. “Me dijo que sabía exactamente lo que pensaba”.

La historia de Roy Jeffs no es desconocida para los miembros de la IFJSUD, dice Amos Guiora, profesor de Derecho en la Universidad de Utah y que ha estudiado durante años a la secta. Con frecuencia mueven a la gente por el país para esconderla o para que trabaje en equipos para el grupo. La secta tiene casas dispersas en varios estados en donde la gente es enviada para arrepentirse de las supuestas fechorías, agregó Guiora.

Abusos sexuales

Roy Jeffs también dijo que su padre abusó de él sexualmente antes de cumplir 6 años, pero que no presentará una denuncia porque Warren Jeffs ya cumple cadena perpetua en una prisión de Texas por abusar sexualmente de niñas menores que consideraba sus esposas. “Sólo quiero dar a conocer mi historia”, dijo Roy Jeffs. “Quiero que esa información salga para que cuando la gente se cuestione las cosas y busquen, mi historia esté ahí”.

Roy Jeffs dice que consideró irse en varias ocasiones, pero la gente lo disuadía cuando le advertían de que sería perseguido por el FBI y tendría que repudiar a su padre para conseguir trabajo. Ponerse en contra del hombre que consideraban el profeta, decían, lo condenaría eternamente. Warren Jeffs con frecuencia les advierte a sus seguidores de que serán destruidos durante un apocalipsis inminente si no siguen sus órdenes, comentó.

Finalmente se fue cuando cayó en la cuenta de que estaba destinado a la destrucción porque nunca alcanzaba los estándares del padre. Así que, pensó, “más vale que me vaya y quizá pueda tener algo de diversión en la vida”.

sábado, 2 de febrero de 2013

Emiten un documental sobre personas que lograron salir de sectas


Edificio de la secta Iglesia Fundamentalista 
de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Obediencia ciega al fundador de la secta, amenaza de castigos si se abandona la secta, prohibición de contacto con los familiares, aislamiento del mundo exterior, castigos y reclusión para quien ose disentir con las reglas de la secta, etc. etc. Estos son solo algunos de los mecanismos de cohersión física y psicológica con los que los fundadores de sectas mantienen cautivos a quienes, de buena fe pero ignorantes de las malas intenciones de estos grupos, esclavizan y mantienen sometidos a cientos de personas a lo largo y ancho del mundo. Ofrecemos este documental, muy valioso, que desenmascara el accionar de las sectas.

por Luis Santamaría

Se estima que en Estados Unidos hay 20 millones de personas que pertenecen a cinco mil sectas activas. Con esas escalofriantes cifras el productor ejecutivo de “Yo escapé de una secta”, Alan Hall, comienza a hablar del documental que estrena estos días Nat Geo y se enfoca en la historia de dos personas que consiguieron salir de las sectas de las que formaban parte. Así lo cuenta en un artículo de Carolina Cerda Maira.“Lo que queríamos era gente que hubiese vivido totalmente privados de comunicación del mundo exterior, con un abuso patológico en que se lava al cerebro a sus miembros. Buscamos dos tipos de culto: uno en que la persona nace en él y otro en que se une por su propia decisión y luego quiere escapar”, explica el ejecutivo al teléfono desde Estados Unidos.
Si bien Hall asegura que fue “fascinante” trabajar con las víctimas, admite que el documental “fue difícil de hacer: muchos de quienes escapan viven escondidos porque temen represalias”. Y agrega sobre su contenido: “Nos impresionó la historia de por qué se unen a una secta, qué pasa en ella y lo felices que están al escapar. Hablamos de grupos que tienen un líder carismático que exige obediencia total de sus seguidores y muchos de ellos los manipula para mantener el control”.
Durante una hora, se cuentan dos historias. Primero está un joven que nació y se crió en la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una secta de origen mormón de Salt Lake Valley donde su tío, Warren Jeffs, era el líder mesiánico. “Él era quien tenía control total sobre todo diciendo que arderían en el infierno si no hacían caso. El líder tenía 60 esposas pero tenía una doble vida: era pedófilo y violó sistemáticamente a su sobrino, quien estaba demasiado asustado y avergonzado para decir algo”. Esta vida incluso terminó con el suicidio de uno de los hermanos de la víctima. “Al final persiguió legalmente a Jeffs y Warren se dio a la fuga y fue encontrado por el FBI y fue encarcelado con una condena de cien años en prisión”.
El otro culto es un grupo fundamentalista cristiano en Sacramento, California. “Hablamos con una mujer llamada Maura que se unió a él, y era muy agresivo. Tenían un ejército cristiano para pelear contra la maldad. Era algo muy loco y vivían en un complejo habitacional donde no tenían ni radios, teles o diarios. Trabajaban desde las cinco de la mañana en un negocio de marcos de fotos durante todo el día. Si desobedecían se les separaba de todo el mundo. Además, se les separaba de sus familias“, adelanta Hall sobre la trágica historia.

Me escapé de una secta 1/4

Me escapé de una secta 2/4

Me escapé de una secta 3/4


Me escapé de una secta 4/4



Sinopsis de Nat Geo
Este documental es un viaje al oscuro mundo del control, el engaño, el miedo y la intimidación, que explora la experiencia destructiva de la vida dentro de dos peligrosos cultos. Brent Jeffs nació en un grupo separatista mormón polígamo, la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFSUD), una secta gobernada con mano de hierro por su tío, Warren Jeffs. Brent dice que fue violado a la edad de cinco años por el profeta del grupo y cuenta la desgarradora experiencia de vivir en un mundo regido por el miedo y en donde es normal tener tres madres y veinte hermanos. Maura Schmierer, ex hippie, y su hija Rebekah, revelan la difícil vida que tuvieron dentro del Aggressive Christianity Mission Training Corps, en donde dicen que Lila y Jim Green lideran a sus seguidores basados en el miedo y el abuso. Madre e hija cuentan como los miembros de este “Ejército de Dios” son obligados a golpear a sus hijos regularmente, hablar en lenguas y obedecer ciegamente la autoridad del culto.