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lunes, 7 de mayo de 2018

El mayor crimen del socialismo es la legitimación moral de la envidia


Guillermo Rodríguez González  Last updated May 5, 2018
El mayor crimen del socialismo es la legitimación moral de la envidia.(Archivo)
Entre las legiones de quienes creen que la satisfacción humana no depende de mejorar material, intelectual y moralmente, sino de que los que mejor estén empeoren, encontramos a quienes argumentan que incluso en otras especies de animales sociales –principalmente primates– ya habría un reclamo instintivo de igualdad.

Las conductas de los primates han sido muy bien estudiadas. Y sí. Hay primates que exhiben conductas envidiosas. No se deduce de ello que debamos considerar el pináculo de la filosofía moral a la conducta envidiosa del mono capuchino.

Aunque hay conductas exclusivamente humanas –y son claves de la civilización como evolutivo orden espontaneo– en muchas otras –también claves de la sociedad humana– la diferencia en última instancia es de grado. Es la amplia gama comparativa de fines imaginados y medios descubiertos. El asunto no está en si compartimos a cierto nivel la moral del mono capuchino de manera más o menos instintiva. Eso es indiscutible. Es si guiándonos única y exclusivamente por esa moral primitiva sería posible la civilización.

He insistido repetidamente en que de la legitimación de la envidia depende la convicción moral de los socialistas. Los principales enemigos de la libertad en muestreos tiempos. Es poco acusar de envidiosos a quienes resultan ser, de hipócritas y corruptos a criminales y genocidas. Pero es necesario establecer que ese envidioso reclamo –posiblemente pre-humano– es la base de todo igualitarismo. E igualitarismo colectivista es lo común a todo socialismo.

Es porque su torcida moral se reduce a envidia que los socialistas están tan preocupados por la desigualdad, al tiempo que son tan indiferentes a la pobreza real. Mientras a los liberales no nos importa la desigualdad, y sí nos  preocupa la pobreza –no relativa sino absoluta como en realidad es– Entre los intelectuales que proponen rehacer la sociedad para ajustarla forzosamente a moral del antes citado primate, el más destacado hoy sería John Rawls afirmando que:

“El Principio de Diferencia representa, en efecto, el acuerdo de considerar la distribución de talentos naturales, en ciertos aspectos, como un acervo común, y de participar en los beneficios de esta distribución, cualesquiera que sean (…) Los favorecidos por la naturaleza no podrán obtener ganancia por el mero hecho de estar más dotados (…) Nadie merece una mayor capacidad natural ni tampoco un lugar inicial más favorable en la sociedad (…) Nos vemos así conducidos al Principio de Diferencia si queremos continuar el sistema social de manera que nadie obtenga beneficios o pérdidas debidos a su lugar arbitrario en la distribución de dones naturales o a su posición inicial en la sociedad, sin haber dado o recibido a cambio ventajas compensatorias.”

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Si algo debiera constituir un escándalo es que un distinguido profesor de una de las mejores universidades del mundo nos diga que hay que expropiar, ya no el producto del talento humano, sino el talento humano mismo. Que los inteligentes han de ser puestos al servicio de los torpes, los esforzados al de los flojos y los brillantes al de los torpes.

Y no por un mercado libre y voluntario en que para tener éxito en el sentido que cada cual subjetivamente más aprecie –riqueza, prestigio, reconocimiento– se ven obligados a usar sus talentos en producir lo que aquéllos que carecen de los mismos demandan. Sino por la fuerza arbitraria de un Estado dedicado a castigar al que de cualquier manera se destaque sobre la mediocridad general.

Rawls reviste del mejor discurso académico, más y nada menos que el ignaro que no logro explicarse cómo funciona una maquina que jamás habría podido construir y cuyos principios no alcanza a entender gritando ¡brujería! porque alguien más talentoso hizo lo que él no puede. No es raro. Los intelectuales socialistas entienden a fondo al papel de la envidia en su sistema de creencias. Como admitía el prestigioso aristócrata socialista británico Bertrand Russel:

“La envidia es la base de la democracia. Heráclito dice que se debiera haber ahorcado a todos los ciudadanos de Éfeso por haber dicho: «No puede haber entre nosotros ninguno que sea el primero.» El sentimiento democrático de los Estado griegos, casi en su totalidad, debió de haber sido inspirado por esta pasión. Y lo mismo puede decirse de la democracia moderna”.

“Es cierto que hay una teoría idealista según la cual la democracia es la mejor forma de gobierno, y yo, por mi parte, creo que la teoría es cierta. Pero no hay ninguna rama de política práctica en donde las teorías tengan fuerza suficiente para efectuar grandes cambios; cuando esto ocurre, las teorías que lo justifican son siempre el disfraz de la pasión. Y la pasión que ha reforzado las teorías democráticas es indiscutiblemente la pasión de la envidia”.

Antes el más influyente intelectual socialista y profeta fundador de la totalitaria religión marxista explicaba:

“Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes.”

Para los socialistas la envidia, excitada por la diferencia –no por la pobreza– lo es todo. Disfrazando de justicia al máximo vicio moral debilitan la institucionalidad para hacer la revolución e imponer su totalitarismo. La legitimación moral de la envidia reclamando reprimir toda diferencia, sin importar  causas ni consecuencias. Es origen y justificación de todos y cada uno sus crímenes. Y como tal, resulta ser el peor de todos.
(https://es.panampost.com/guillermo-rodriguez/2018/05/05/el-mayor-crimen-del-socialismo-es-la-legitimacion-moral-de-la-envidia/)

El socialismo o la justificación pseudo-intelectual de la envidia

Foto: Roberto Chile/Cubadebate. socialismo

El criminal cubano Fidel Castro, millonario a expensas del pueblo cubano, genocida de su propio pueblo.

La rastrera intelectualidad de la miseria en socialismo
Guillermo Rodríguez González  On Ago 17, 2016
Como el socialismo es intrínsecamente inviable su conclusión final es el colapso; colapsará eventualmente el socialismo del siglo XXI, incluso en Venezuela. (Roberto Chile/Cubadebate)
Conducir un país al despeñadero socialista requiere que el grueso de su intelectualidad adopte la justificación de la envidia como axioma moral, logrado eso cualquier crisis sirve al socialismo para llegar al poder sobre una ola de resentimiento. Y es por eso que para abandonar el socialismo no basta que colapse por su inherente inviabilidad, también se requiere que los intelectuales asuman la autonomía individual como axioma moral, oponiendo civilización y prosperidad a barbarie y miseria para difundir la responsabilidad de cada cual sobre sí mismo, lo que en medio de la destrucción material y moral que deja el socialismo es ciertamente difícil.

Lea más: El silencio de los intelectuales
Lea más: Paul Samuelson confundió a generaciones enteras sobre la economía
Como el socialismo es intrínsecamente inviable su conclusión final es el colapso, colapsará eventualmente el socialismo del siglo XXI, incluso en Venezuela, con restringida oposición política y acosada economía privada, o cayendo sobre nosotros la noche del totalitarismo sin ambages, eventualmente colapsará, entonces pudiéramos transitar al capitalismo desde las ruinas del socialismo, para lo que lo estrictamente económico es simple, y lo difícil el problema político y cultural que pasa por no excusar a nadie de la responsabilidad sobre sí mismo tras décadas convenciendo a todos de que no es sobre ellos mismos que recae la responsabilidad de sus vidas, que todo se les debe por simplemente existir, pese a que su imaginario derecho a todo cause la realidad de su miseria, y a cambio de poco o nada concreto entreguen su lealtad al absurdo que gobierna sus conciencias.

Las causas intelectuales del mal

La extensión y profundidad de la destrucción del aparato productivo por el neocomunismo venezolano se compensó con el masivo subsidio de importaciones durante la larga bonanza petrolera, sus consecuencias trágicas emergieron al caer el precio del crudo, pero mientras nuestros intelectuales y políticos, de gobierno y oposición, sigan siendo socialistas, los seguirían la mayoría de los venezolanos en mantener por norte moral la justificación de la envidia, por lo que dudo que padeciendo la miseria del socialismo mis compatriotas de a pie comprendan que sufrimos la realidad de lo que por décadas nos vendieron como fantasioso paraíso la mayoría de nuestros intelectuales.

En la terca insistencia en el error que materializó esta pesadilla, las culpas de los intelectuales superan por mucho las de los políticos, no llegamos accidentalmente al borde del precipicio totalitario, los más influyentes se empeñaran en conducirnos y los más ilusos en arrojarse, arrastrando en su caída al resto.

Corrieron alegremente al despeñadero sin verlo como lo que realmente era, porque durante décadas sus intelectuales y artistas se ocuparon de taparles los ojos con falsedades encantadoras. Con falsedad por causa y miseria por consecuencia el chavismo es perfecto modelo de socialismo.

La miseria moral de nuestra intelectualidad

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Que el consenso de nuestra intelectualidad fue la miseria moral que nos condujo a la miseria material que nos ahoga hoy, queda claro al recordarlos reptando entre las botas de tiranos que se complacían en glorificar.

En 1989, nada menos que 911 intelectuales y artistas venezolanos, representativos y prestigiosos, publicaban en anuncios pagados en dos diarios de circulación nacional su manifiesto de servil alabanza en bienvenida al dictador que por más tiempo ha aplastado bajo su bota un pueblo de Hispanoamérica, y no eran una minoría radical, sino la más distinguida representación de la bajeza moral filo castrista que entonces exhibía y hoy mal esconde el grueso de la intelectualidad venezolana. Entre quienes podían ser considerados intelectuales o artistas profesionales entonces, la abrumadora mayoría coincidía con la servil adoración al tirano de los representativos firmantes.

El discreto encanto de la disidencia

Tal miseria de intelectualidad tenía que aplaudir como aplaudió –con preclaras y escasas excepciones– tanto el fallido golpe de Estado como la llegada al poder, hace 17 años, del socialismo revolucionario que nos hundiría en la miseria. Aunque algunos después se deslizarían a la oposición, no son opositores al socialismo, sino disidentes de una variante que actúan en nombre del propio socialismo porque, según ellos y nadie más en el mundo, no es socialismo lo que nos gobierna, aunque los desmientan los socialistas más relevantes del mundo apoyando en mayor o menor grado al socialismo venezolano en el poder.

Algunos obtuvieron el perdón de sus disensos retomando el servicio del totalitarismo en construcción, mientras el resto se vio obligado a imaginar un socialismo diferente del que por su realidad ahora les espantaba, algo más cercano a Estados del bienestar europeos que al totalitarismo cubano que tanto alabaron cuando no vivían en carne propia la miseria y el racionamiento, y que ni viviendo bajo su sombra admiten que fue una idiotez irresponsable idolatrar.


Como el proyecto continental del Foro de Sao Paulo pasa por su peor momento parte de la izquierda occidental se deslinda de esa imagen, ilusionando a nuestros disidentes, pero en su fuero interno la abrumadora mayoría de los socialistas de Occidente siguen considerando al chavismo un modelo a imitar, tal y como nuestros disidentes siguen adorando al nonagenario sátrapa de La Habana, aunque unos y otros se vean obligados a decir otra cosa.

Y a la luz de esa intelectualidad la mayoría creerá contra toda evidencia en la viabilidad y bondad de lo intrínsecamente inviable y maligno. Ante la realidad contraria responderán con la negación de la realidad, se aferrarán incluso a la leyenda del socialismo escandinavo, por lo que el último refugio de los socialistas no es socialista y jamás admitirán como el Estado de bienestar corrompió a Suecia con un radicalismo socialdemócrata en gran parte abandonado.

Así soñarán con Estocolmo mientras el lumpen criminal despreciado por Marx aquí ascendió a revolucionario azote de clases enemigas, la propaganda inventa absurdos para atribuir inflación, escasez, racionamiento e inseguridad a una mítica guerra económica en que únicamente creen los perfectos idiotas de aquí y del mundo entero, y los líderes de la oposición socialista venezolana responden a cada inflacionario aumento de salarios sin soporte en la productividad, criticando el que no sea mucho mayor.

 (https://es.panampost.com/guillermo-rodriguez/2016/08/17/intelectualidad-miseria-socialismo/)