"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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lunes, 29 de junio de 2020

El día que Evita pidió a sus descamisados “romper cabezas a botellazos” a los que hablasen mal de Perón

Evita pronunciaba encendidos discursos en defensa del presidente y de la gestión de gobierno.

Eva Perón, sectaria y violenta. ¿Con qué criterios, sino todos anticristianos, esta mujer sería considerada "santa"?

Lo dijo en un discurso pronunciado ante obreros ferroviarios del puerto de Rosario, acompañada por los gobernadores de Buenos Aires y Santa Fe y otras autoridades nacionales

Por Adrián Pignatelli
21 de junio de 2020
El jueves 30 de septiembre de 1948 Eva Perón visitaba la ciudad de Rosario por segunda vez. Fue a encabezar, en representación de su marido Juan Domingo Perón, un acto con los obreros ferroviarios, que se realizó en los depósitos del puerto local.

El 1 de marzo se habían nacionalizado los ferrocarriles, en las elecciones del gremio de la Unión Ferroviaria había resultado electo Pablo Carnero López, que respondía a la esposa del presidente. Evita -que desde el 19 de junio presidía su fundación- estaba acompañada por el teniente coronel Juan Francisco Castro, a cargo de la Secretaría de Transporte de la Nación y que, a partir de la Constitución sancionada en 1949, se elevaría al rango de ministerio.

Ánimos crispados

Luego de un almuerzo con los ferroviarios del puerto de Rosario, del que participaron los gobernadores de Buenos Aires y Santa Fe, Domingo Mercante y Waldino Suárez, respectivamente –”un momento de alegría”, lo describió Evita, pronunció un encendido discurso, transmitido por Radio del Estado y por las emisoras locales de la ciudad.

Su virulencia se había incrementado porque días atrás el gobierno había denunciado la existencia de un complot para atentar contra el presidente y su esposa cuando concurrieran a la velada del Teatro Colón del 12 de octubre.

Acusaron al sindicalista de la carne Cipriano Reyes, el motor del 17 de octubre de 1945 y uno de los líderes del Partido Laborista que había llevado a Perón como candidato a presidente. Cuando el presidente anunció en 1946 que todas las agrupaciones políticas que lo habían apoyado se fusionarían en el Partido Único de la Revolución, Reyes y los laboristas se opusieron y pretendieron mantener su identidad. Estaban convencidos que habían sido el único aporte doctrinario de ese peronismo en formación, y tenían planes para el futuro. Fueron objeto de persecuciones y el que peor la pasó fue el propio Reyes.

Del supuesto atentado, también tomarían parte Walter Beveraggi Allende, vicepresidente del Partido Laborista, Luis García Velloso, dos capellanes militares y hasta un funcionario de la embajada norteamericana, John Griffith, quien ya no estaba en el país. Reyes terminó encarcelado, donde fue torturado, y sería indultado en 1955.

Botellazo en la cabeza

“Por cuatro chauchas quieren asesinar al líder de los trabajadores”, denunció Evita. “Ferroviarios argentinos”, podéis estar tranquilos mientras el general Perón rija los destinos de la Patria. Y si el general Perón algún día estuviera en peligro, cada argentino saldría a pelear y a morir si fuera necesario para ahogar ese peligro”.

Evita pronunciaba encendidos discursos en defensa del presidente y de la gestión de gobierno.
Evita pronunciaba encendidos discursos en defensa del presidente y de la gestión de gobierno.
Luego advirtió: “Pero no debemos ir a la lucha a menos en este momento hasta que no se dé la orden; pero cada descamisado, cualquiera que hable mal de Perón, debe romperle un botellazo en la cabeza o la cabeza, si es necesario”.

“¿No ven que son las fuerzas del mal las que están actuando? ¿No ven ustedes que nosotros somos el pueblo que quiere resurgir y queremos tomar la bandera de la justicia social, de la soberanía y de la independencia económica? ¿No ven que los oligarcas no quieren que se reforme la reforma constitucional porque saben que en ella se van a poner los derechos del trabajador y se van a consolidar todas las conquistas que Perón le dio al pueblo trabajador?”

Evita convocó al pueblo a votar “para derrotar a la oligarquía” en las elecciones del 5 de diciembre de ese año, en las que elegirían convencionales constituyentes. Asimismo, los convocaba al acto del 17 de octubre para “decirle presente a Perón en la plaza histórica de Mayo. “¡Lo tendrá! ¡Lo tendrá!”, respondió al unísono la multitud.

La justicia en sus manos

Los discursos encendidos eran, en Evita, moneda corriente. Unos días antes, siguiendo con el intento de atentado, expresó que “…así como el general Perón les dice que tengan tranquilidad y que se fíen en la justicia, yo que no soy más que la más humilde colaboradora del general Perón, les digo que tengan tranquilidad, que cumplan una vez más la consigna del líder. Pero sepan también que si ellos no obedecen a la consigna de los argentinos, que es la de luchar por una Argentina libre, justa y soberana, el pueblo puede tomarse algún día la justicia por sus manos”.

Cuando en la Plaza de Mayo el 23 de septiembre de 1947 defendió el proyecto de voto femenino, dijo que “…tenemos, hermanas mías, una alta misión que cumplir en los años que se avecinan. Luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es también una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los privilegios de los parásitos que pretenden volver a negociar nuestro patrimonio de argentinos”.

En su último discurso en público, el 1 de mayo de 1952, en el Día del Trabajo, desde el balcón de la Casa Rosada advirtió: “Yo le pido a Dios que no permita a esos insensatos levantar la mano contra Perón, porque guay de ese día. Ese día, mi general, yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista. Porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los vendepatria que han explotado a la clase trabajadora; nosotros no nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras y entregan al pueblo de su Patria con la misma tranquilidad con que han vendido al país y sus conciencias”.

A partir de ese año, el gobierno exaltaría las fechas del 1 de mayo y del 17 de octubre y fue por esa época se acuñaría la frase “Perón cumple, Evita dignifica”. Pero esa es otra historia.
(https://www.infobae.com/sociedad/2020/06/21/el-dia-que-evita-pidio-a-sus-descamisados-romper-cabezas-a-botellazos-a-los-que-hablasen-mal-de-peron/?fbclid=IwAR0S-LnLuZEm9KDgwqBYyxk0HPGuzhwHOmlmdzdScsOeKJtDMFJd1X3esjQ)

lunes, 20 de abril de 2020

¿Cómo Argentina pasó de ser el país más rico del mundo al segundo más miserable?


Perón y Evita, dos malhechores que hundieron a la Argentina.

El peronismo sumió a la economía argentina en una ola de proteccionismo nacional socialista que ha ido arruinando la iniciativa privada
ARGENTINADESTACADOECONOMÍA
Por Emmanuel Rincón Actualizado Mar 28, 2020
El peronismo dio inicio a una era de enorme gasto público y proteccionismo económico extremo en Argentina. (Archivo).
A finales del siglo XIX Argentina era el país más rico del mundo. No se trataba de que era una economía grande para la región. Era, con todas las letras, el país más poderoso del planeta, en términos económicos, por encima de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y las potencias habituales. Durante ese tiempo, en la capital argentina se construyeron todo tipo de monumentos y edificios que hoy siguen adornando la que es para mí, por mucho, la ciudad más hermosa y con la arquitectura más fascinante de América Latina, a pesar de que el socialismo implementado desde hace un par de décadas ya ha comenzado a deteriorar el paisaje visual de Buenos Aires.

Para el año 1895 Argentina tenía un PIB per cápita de 5 786 dólares, seguido por Estados Unidos y Bélgica en tercer lugar.



Pero ¿qué pasó? ¿Cómo la economía argentina pasó de ser la más rica a la segunda más miserable del mundo en la actualidad (según datos aportados por Bloomberg), solo por detrás de Venezuela? La respuesta es sencilla: un proteccionismo exacerbado, acompañado de una buena dosis de gasto público, estatización y, en definitiva, socialismo.

En aquella época, Argentina tenía una de las economías más liberales del planeta. Lo que permitió que los argentinos comenzaran a trabajar en el campo y a exportar materia prima a Gran Bretaña, que durante años fue su principal socio comercial.

El presidente Julio Argentino Roca fue quizás el mayor artífice del crecimiento económico argentino. En su primer mandato se produjo una expansión de la tierra, el trabajo y el capital, debido a la inmigración que fue bien aprovechada, con el otorgamiento de tierras disponibles. En aquel entones la lana de oveja era uno de los principales productos de exportación, y poco a poco la carne argentina fue ganando espacio y una enorme reputación en los mercados internacionales.

Bajo el mandato de Roca se produjo la llamada Conquista del desierto, que anexó al control argentino millones de hectáreas, que posteriormente serían aprovechadas para fortalecer e incrementar la producción y, por ende, la economía del país. Durante ese período, en la economía de la Pampa se pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas, a más de 20 millones; la producción de carne y granos también aumentó exponencialmente y, de a poco, Argentina, vendiendo al exterior sus productos, se convirtió en el país más rico del planeta. Tal era así que para ese entonces el PIB per cápita argentino era tres veces superior al del resto de países de una región subdesarrollada.

Luego de unos años con algunos reveses económicos bajo la administración del sucesor de Roca, Miguel Juárez, quién cayó en el vicio del enorme gasto público, el exmandatario de apellido “Argentino” volvió a la presidencia tras protestas por la afectación de la economía. Entonces se volvió a encaminar el rumbo.

Mediante privatizaciones, exportaciones e incentivos a la producción y el agro, la economía argentina volvió a ponerse sobre ruedas. Un par de años después se convirtió en el país más rico del mundo. Empezó entonces el proceso de industrialización de la nación, que en 1914 representaba el 16 % del PIB.

Argentina fue, además, un ejemplo exitoso de inclusión migrante: italianos, judíos, portugueses, alemanes, españoles y guaraníes conformaron el más grueso grupo inmigrante. Varios de estos llegaron con capital para invertir, lo que repercutió de manera favorable en el país. Entre 1870 y 1920 más del 70 % de la inversión extranjera en la región llegó a Argentina.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión norteamericana afectaron a la economía argentina debido a que sus principales socios comerciales perdieron capacidad de pago. El 1 de mayo de 1933 se firma el Pacto Roca-Runciman, que establecía que el Reino Unido se comprometía a continuar comprando carnes argentinas siempre que su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contraparte, Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos británicos, al mismo tiempo que se comprometió a no habilitar frigoríficos de capitales nacionales. Esto hizo que llegada la Segunda Guerra Mundial Argentina alcanzara un excedente comercial de 1,7 mil millones de dólares acumulados. Entonces llegó al poder el sujeto que cambiaría para siempre la historia de Argentina: Juan Domingo Perón.


Juan Domingo Perón en su primer mandato. (Wikipedia)
El teniente coronel Perón se hinchó de popularidad al ejercer como secretario de Trabajo y Previsión, haciendo nexos con los sindicatos de trabajadores socialistas y comunistas del país, y consiguiendo negociaciones que “favorecían” a los empleados. La popularidad de Perón fue creciendo hasta llegar a convertirse en vicepresidente, y luego ser electo presidente de Argentina.

La primera etapa peronista se caracterizó por mantener un exacerbado gasto público que justificaba con “redistribuir el ingreso hacia los más pobres” y empezar a intervenir con fuerza en la economía. Juan Domingo Perón empezó a imponer fuertes aranceles. De hecho, los cuatro principios fundamentales de su discurso fueron: “mercado interno”, “nacionalismo económico”, “rol preponderante del Estado” y “papel central de la industria”. Bajo estas premisas procedió, en 1946, a nacionalizar el Banco Central de Argentina. También fueron estatizadas, entre 1946 y 1948, todas las líneas férreas del país que antes pertenecían a empresas británicas y francesas.

Empezó a construir un discurso populista de índole nacionalsocialista, inspirado en los tiempos que vivió de cerca el fascismo de Mussolini en Italia y el nazismo alemán de Hitler. De hecho, Argentina fue acusada durante la era Perón de recibir y hacer negocios con los nazis. Bajo estos “principios económicos” también se lanzaron las “20 verdades peronistas”, que se convirtieron en mandamientos bíblicos para gran parte de los argentinos. Algunas de las “verdades” más preponderantes en su Gobierno eran las siguientes:

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Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
Para un peronista de bien no puede haber nada mejor que otro peronista.
Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y esta al servicio del bienestar social.
Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.
Cuando Perón asumió como presidente en 1946, había aproximadamente quinientos mil trabajadores agremiados. En 1951 esta cifra se había elevado a tres millones.

De esta forma inició la gran debacle económica argentina. Los factores domésticos impulsados por Perón, impresión descontrolada de billetes, alto gasto público, inflación excesiva, proteccionismo elevado y un exceso de regulaciones, fueron dañando la competencia empresarial de la nación, pulverizando los márgenes de producción y derrumbando la bonanza económica, a cambio de una “redistribución de los ingresos”. Los argentinos empezaron a empobrecerse, pero tenían al frente a un hombre que les decía que estaba luchando por ellos. Algo muy similar a lo que haría años después Hugo Chávez en Venezuela.

Los problemas económicos suscitados en Argentina tras ser la economía más pujante del planeta, junto a desencuentros de Perón con la Iglesia, censuras comunicacionales a la “oposición” y la violación de derechos humanos, propiciaron el golpe de Estado que lo sacaría del poder y llevaría al exilio en 1955 .

Desafortunadamente, para los argentinos, los militares que vinieron a sustituir a Perón no lo hicieron mucho mejor. Estos vendrían a ser la versión de Macri del siglo pasado. Adheridos a la fiebre peronista basaron sus objetivos en un gasto público descontrolado, continuaron endeudando al país y enterrando la economía argentina. Todo esto serviría de impulso para que 18 años después Perón volviera del exilio para ser electo presidente.

Curiosamente, en la llegada de un Perón envejecido se suscitó un enfrentamiento a los alrededores del aeropuerto de Ezeiza entre una guerrilla comunista y una guerrilla de derecha, ambas apoyaban a Juan Domingo. Por esta desnaturalización ideológica en la que grupos tan contrarios apoyaban al peronismo, es que se dice que “todos los argentinos son peronistas”. El enfrentamiento terminó convertido en una masacre que dejó una docena de muertos. Finalmente Perón le daría la espalda a la guerrilla comunista, a pesar de declarase socialista, lo que da a entender lo difícil que ha sido comprender el peronismo, y, a su vez, lo hábil que fue el teniente coronel para sumar los apoyos más convenientes.

Al poco tiempo Perón murió enfermo. Su regreso triunfal no tuvo la gloria tan esperada para los argentinos, y le sustituyó en la Presidencia su esposa, María Estela Martínez de Perón, quien fungía como vicepresidente de Argentina, pero quién jamás logró los apoyos de Evita.

María Estela no pudo terminar su mandato, y en vez de ello volvieron los militares al poder, quienes tras los años más represivos de la historia argentina, fueron rechazados, y se abrieron las puertas a las nuevas décadas peronistas de Argentina. Desde entonces Macri ha sido el único presidente no peronista electo capaz de terminar su mandato. Pero el “no peronista” debe ir entrecomillado, pues en más de una ocasión se pudo escuchar a Macri alabar en público a Juan Domingo.

De todos los presidentes que vendrían, Carlos Menem fue el único que intentó abrir el mercado argentino y romper el cerco proteccionista. Pero lo hizo acompañado de un enorme gasto público y políticas populistas, al más fiel estilo peronista, por lo que nunca pudo balancear el patrimonio público argentino.

La maquinita de imprimir billetes, el proteccionismo exacerbado y el enorme gasto público, típico de gobiernos socialistas, han sido la guillotina de la economía argentina desde el primer Gobierno de Perón. Después llegaron los Kirchner, quienes también se denominan peronistas, pero más a la izquierda, y el populismo no paró. El resultado: en la actualidad Argentina es la segunda economía más miserable del mundo, después de la venezolana; esto tras haber sido el país más rico del planeta.

Hoy en día, y a pesar de su lejana muerte, Juan Domingo Perón sigue gobernando los designios de los argentinos. Esto se debe en gran parte a un adoctrinamiento feroz. Es sencillo caminar por las ciudades argentinas y encontrarse con plazas, calles, avenidas, estaciones que lleven el nombre de Perón, al que ahora se suma el apellido Kirchner, quienes parecieran estar dispuestos a iniciar una nueva hegemonía política en el país. No en vano el edificio de Correo Central de Buenos Aires, uno de los más hermosos en el país, fue rebautizado como Centro Cultural Kirchner, y así han ido de a poco adueñándose del presente y el futuro argentino a través de los símbolos.


Centro Cultural Kirchner, edificio que fuera en el pasado la sede del Correo Central de Buenos Aires; patrimonio público rebautizado con el apellido Kirchner. (Foto: Emmanuel Rincón)
Primero fue Néstor, después Crisitna y ahora Máximo, el hijo de la pareja presidencial, quien ya suena a aspirante a la Casa Rosada. De hecho, el actual presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, ya lo auspició diciendo: “Ojalá Máximo Kirchner sea el próximo presidente”.

Y sí, Buenos Aires sigue siendo hermosa, de ensueño, pero esto se debe a las gestiones de Roca, la planificación y las construcciones de inicios del siglo pasado, después, la ciudad y el resto del país entraron en el letargo embrujado del socialismo peronista que ha convertido a la Argentina en un país que vive de las glorias del pasado y se la pasa sumergido en una crisis constante y dinámica desde hace décadas.

La historia argentina es muy triste y lamentable, quizás solo superada por la catastrófica historia política y económica venezolana. Pero esa ya es otra historia.
(https://es.panampost.com/emmanuel-rincon/2019/12/05/argentina-pais-rico-miserable/?fbclid=IwAR0BdlxR5KWq6QVEy1MNbEQSKmolnUUbSDbXPPOqZxkxaWAlOw9kNEqrMnY)

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Por qué el Vaticano no puede beatificar a Evita

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Este jueves, la CGT le envió una carta a la Iglesia en la que le pidió comenzar con el proceso. Qué requisitos no cumple Eva Perón.

Publicada: 31/10/2019, 19:32hs.
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La Confederación General del Trabajo (CGT) le envío este jueves una carta al Cardenal Mario Poli en la que le pidió comenzar el proceso de beatificación de Eva Perón.

La central obrera consideró que ya transcurrió el tiempo suficiente desde la muerte Evita y que las polémicas en torno a su figura quedaron en el pasado. Sin embargo, desde la Iglesia no compartieron las apreciaciones de los gremialistas, y manifestaron que no están dadas las condiciones para que esto suceda.

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"Según fuentes consultadas, además de las cualidades humanas que muchos le puedan adjudicar, como su entrega a los pobres -aún en momentos de mucha enfermedad-, hace falta toda una práctica religiosa, una ortodoxia doctrinal y una serie de condiciones que evidentemente Eva Duarte de Perón no tenía", explicó el periodista Sergio Rubin en diálogo con TN.

De esta forma, la sola creencia en Dios o la inspiración de sus actos en la doctrina cristiana no serían argumentos suficientes para solicitar la canonización de Evita.


Por otra parte, Rubín recordó que el de este jueves es el segundo pedido que se hace sobre Eva. A los pocos días de su muerte, el 26 de julio de 1952, el sindicato de canillitas envió una carta al Vaticano en la que pidió el inicio del proceso correspondiente para que se la proclame santa, petición que fue rechazada por la Santa Sede.

Hoy, casi 70 años más tarde, una nueva solicitud llegó a manos del cardenal Poli.

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De acuerdo con el protocolo de la Iglesia, la presentación del candidato constituye el primer paso hacia la beatificación, que implica el pedido de apertura de la causa en la diócesis donde murió -en este caso-, el arzobispado de Buenos Aires.

Si la argumentación detrás de la candidatura resulta lo suficientemente robusta para el arzobispo, comenzará un minucioso estudio de su vida y obra que, de ser satisfactorio, le permitirá nombrar a la persona Siervo de Dios y girar el expediente a la congregación para la Causa de los Santos del Vaticano.

Si el segundo análisis de la trayectoria del candidato demuestra que vivió su fe "en grado heroico", éste será declarado "venerable", y se procederá a comprobar si Dios obró un milagro por su intercesión -el cual consiste, en general, en una curación inexplicable. De ser así, será declarado beato y, en caso de que se compruebe un segundo milagro, Santo.

Sin embargo, hay excepciones a esta regla. La primera ocurre si la muerte de la persona propuesta fue un asesinato y se compruebe que fue por "odio a la fe". La segunda obedece a la potestad del Papa de eximir del milagro a ciertos candidatos, tal como Francisco hizo en el caso de Juan XXIII.

En el caso de Eva Perón, lo cierto es que, aunque muchas personas consideren su bondad y cercanía con los más necesitados como condiciones suficientes para su beatificación, éstas no alcanzan para que la Iglesia la canonice. Para ello, hace falta una práctica religiosa y una ortodoxia doctrinal.
(https://tn.com.ar/politica/por-que-el-vaticano-no-puede-beatificar-evita_1007238?fbclid=IwAR13q_3akMeQfctNVyxJqfGsnoaM8__TPfqTraZFiG-3HM_uMtzi8WticoU)

viernes, 14 de julio de 2017

Ejemplo de adoctrinamiento sectario disfrazado de ideología partidista en la Argentina de los '50


Al mejor estilo de adoctrinamiento sectario de tipo stalinista-maoísta, en el que el líder es ensalzado a la categoría de dios viviente, en la Argentina de los años '50 se utilizó una táctica similar por medio de instituciones gubernamentales. Como sucede con las sectas, el gravísimo daño psicológico, moral y espiritual producido a generaciones enteras, es irreparable, puesto que una vez que la masa sectaria alcanza el grado de fanatismo irracional -esto sucede cuando se asimilan las falsedades ideológicas de la secta como verdades dogmáticas irrefutables, como por ejemplo, que el líder sectario nunca se equivoca-, se pueden presentar todo tipo de pruebas racionales acerca de la perversidad de este obrar, pero la masa fanatizada y asimilada por la secta será incapaz, literalmente, de pensar por sí misma, llegando a defender hasta con su propia vida, a aquellos sectarios que lo esclavizan mentalmente y lo empobrecen espiritual, moral y materialmente. 
He aquí el tristísimo ejemplo de lo que decimos.

Lo que vas a ver a continuación son algunos fragmentos de tres libros para niños llamados "Alelí", "Evita", y "Niños felices", todos publicados entre 1952-1954. 

Estos "textos escolares", todos autorizados por el Ministerio de educación, se utilizaban obligatoriamente en 1º y 2º grado de las escuelas públicas en casi todo el país. 

Los tres libros son bastante cortos, y a pesar de que su supuesta función es enseñar a los niños a leer y conocer cosas básicas, en practicamente todas las páginas se nombra a Evita o Juan Domingo Perón haciendo eco de su enorme bondad y grandes logros. 

Acá algunas de las páginas con las que los niños de 1º grado se encontraban al abrir sus libros: