"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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jueves, 14 de noviembre de 2013

Doctrina anti-cristiana de la secta mormona: el "bautismo por los muertos"


Todos los muertos serán bautizados algún día mormones. Al menos, todos los muertos de los que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD) tenga constancia escrita de que hayan existido. Así comienza un artículo de Justo Viladesans publicado por La Gaceta.
Todo gira en torno a la pregunta que se hace Pablo en la carta a los Corintos 15,29: “¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”. Lo peliagudo no está en la respuesta (no hay), sino en la pregunta. A algunos, como a las sectas heréticas de los marcionitas y los montanistas, les sedujo la idea de que los muertos se pudieran bautizar “por poderes” y así salvar sus almas. Pero el bautismo es único y debe ser recibido en vida, y lo contrario es herejía y paganismo, como sentenció en el año 393 el Concilio de Hipona.
Mil ochocientos años más tarde, Joseph Smith, el iluminado estadounidense que fundó la secta de los mormones, restableció “la doctrina gloriosa del bautismo por los muertos”. Esa obra piadosa para un mormón –y equivocadísima para la Iglesia católica y el resto del cristianismo– sólo tiene un requisito: conocer el nombre del fallecido por el que un vivo se bautiza.

Microfilmando en el mundo entero
Por eso, a finales del siglo pasado, la IJSUD, siguiendo la doctrina de Smith, buscó libros de Registro de nacimientos y muertes por toda la Unión. Pronto, la primera habitación de la llamada Sociedad Genealógica de Utah, fundada en 1894, quedó pequeña para los tesoros registrales que allí se guardaban. En aquellos preciosos libros se podía seguir, por ejemplo, el paso por este mundo de un inmigrante mallorquín que hubiera llegado a la isla Ellis en busca de fortuna, con quién casó, dónde vivió, el hecho cierto de su muerte…
Millones de personas, millones de combinaciones y un descomunal árbol genealógico que servía tanto para los propósitos de salvar sus almas como de unir a las familias para siempre en las verdes praderas del Edén (los mormones son muy literales en lo que se refiere a las bondades del Paraíso y aseguran que la familia permanecerá junta en la misma casa) como de conservar la genealogía del mundo.
Entre tanta fantasía malinterpretada, la Sociedad Genealógica de Utah pensó que es un lugar inseguro para los tesoros. Con toneladas de dinamita, hacia 1950, los ingenieros mormones taladraron una montaña de adamelita en Little Cottonwood y construyeron una fortaleza inexpugnable a prueba de bombas nucleares y con unas puertas de acero de treinta y dos toneladas.
Todos los registros fueron microfilmados y conservados en almacenes estancos con aire acondicionado; políticos mormones de otras partes del mundo proporcionaron las coartadas legales para que los seguidores de Smith se hicieran con los registros de parroquias, registros civiles e incluso de los centros de inmigración. Pronto, la montaña de granito custodiaba los nombres de más de 2.300 millones de personas de los 50.000 millones que los mormones estiman que han vivido en la Tierra desde que el mundo es mundo.
A mediados de la década de los 70, el éxito lo desbordó todo. Un gran número de conversos al mormonismo requirió los servicios de la Sociedad Genealógica para indagar en su pasado y hallar los nombres de sus antepasados a los que quería bautizar, pero la Iglesia no podía pagar los servicios de genealogistas profesionales, por lo que se negó.
Sin un nombre que bautizar, los fieles y los sacerdotes protestaron. El entonces cabeza de la Iglesia, el profeta David McKay, ordenó que los nombres se extrajeran de los registros sin importar si tenían descendientes mormones o no, y se entregaran a los templos para su bautismo. El cambio era notable. El presidente Theodore Burton, en 1975, ponía nombre al mecanismo por el que el mundo entero –conocido y registrado– se haría mormón: “Programa de Extracción Controlado”. Un dato concreto: en 1981, cuatro millones de almas se bautizaron en los templos mormones. De ellos, sólo 49.800 fueron personas vivas.
De ese programa, su nombre, el suyo, sí, el de usted que me lee, será extraído algún día. Y será mormón.

Postura contraria de la Iglesia católica
Desde la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) se recuerda que la Santa Sede ya ha manifestado su parecer en torno a este tema, mediante una carta de la Congregación para el Clero, organismo del Vaticano para las cuestiones relativas a los sacerdotes, que en su día reiteró el deseo del Vaticano de que las parroquias católicas se abstengan de poner sus registros parroquiales a disposición de los mormones.
Todavía algunos Obispados y parroquias católicas, aunque una minoría, parecen no haberse enterado de estas disposiciones de la Iglesia uinversal. Es más común, en cambio, ver en los medios de comunicación los convenios que realizan administraciones públicas con la Sociedad Genealógica de Utah para que los mormones puedan microfilmar o digitalizar sus archivos. En este mismo blog hemos informado, por ejemplo, de los casos de Requena (Valencia) y de otros archivos de la Comunidad Valenciana.
La práctica de este bautismo por los muertos ha traído consigo otra polémica, esta vez con la comunidad judía, al bautizar a creyentes de esta religión. Un caso muy sonado fue el de Simon Wiesenthal, destacado superviviente del Holocausto. La IJSUD también tuvo que disculparse por hacer participar de este rito “por poderes” a la víctima del nazismo Anna Frank, autora del célebre Diario.

martes, 3 de septiembre de 2013

Los mormones admiten y corrigen "errores" en su revelación relativos a la poligamia y al racismo



Joseph Smith, fundador de la secta mormona,
cuyos principios cambian según el viento de los tiempos...

Una prueba irrefutable acerca de la falsedad de la doctrina de esta secta, es la existencia de groseros errores filosóficos y teológicos.
La admisión de tales errores por parte de los sectarios no hace más que confirmar dicha falsedad.

por Luis Santamaría 

Una supuesta revelación de un ángel dada a Joseph Smith en 1827 provocó que tres años más tarde se publicara el Libro de Mormón, también llamado “El Otro Testamento de Jesucristo”. El movimiento religioso, considerado una secta por el cristianismo, se conoce con el nombre oficial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), tal como informa el medio Noticia Cristiana.
Ya que la Biblia no les parece suficiente, los mormones utilizan una serie de libros para apoyar sus creencias como el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio. Además, tienen un grupo de líderes que forman el Quórum de los Doce Apóstoles, y cuyas decisiones se consideran equivalentes a la palabra de los apóstoles de Jesús. 

Modificaciones doctrinales
En abril de 2013, el mormonismo decidió anunciar una nueva versión de algunos de sus libros, incluyendo comentarios interpretativos y modificando algunas de sus doctrinas establecidas por su fundador. La última revisión de los textos mormones se publicó en 1981, algo que ocurre de vez en cuando, ya que el gobierno de los EE.UU. prohibió oficialmente revelar ciertas prácticas. Este año, sin embargo, es más profundo.
La declaración oficial publicada en el sitio web oficial de la IJSUD dice que sus editores llegaron a una decisión “después de ocho años de trabajo”. Los editores hicieron cambios en los textos que supuestamente fueron revelados por el ángel Moroni a Joseph Smith: “La intención era modificar las preguntas que eran confusas… errores gramaticales confusos… corregir errores en las guías de estudio e incorporar hallazgos históricos recientes en los sectores de Doctrina y Convenios”.
Las revisiones en la doctrina no son insignificantes, porque admiten errores y cuestionan la infalibilidad de una revelación especial. Sobre todo si se modifica varias veces y se deja llevar por los líderes mormones, es porque lo consideran importante debido a los cambios en la forma de pensar de la sociedad.

Dos temas principales: poligamia y racismo
Los cambios significativos desafían dos grandes errores históricos presentes a lo largo de los 180 años de tradición de este grupo religioso. Las dos nuevas “declaraciones oficiales” que aparecerán en la edición impresa de los libros a partir del año 2013 se ocupan de las cuestiones controvertidas de la historia de la secta: la poligamia y el racismo. El material está llegando a otros países donde hay iglesias mormonas.
El objetivo parece ser que están “tratando de acercarse para ser vistos como una denominación cristiana… y esto es un paso importante en este proceso”, dice Kyle Beshears, estudioso e investigador de la apologética. Aunque Joseph Smith enseñó el “matrimonio plural”, basándose en el relato bíblico de Abraham, después de recibir una “nueva revelación”, el presidente de los mormones, Wilford Woodruff, publicó un manifiesto para el cambio, afirmando que la monogamia fue aceptada por la IJSUD y enseñada desde el 6 de octubre de 1890. Sin embargo, muchos seguidores del mormonismo mantienen la práctica hoy.
Según Beshears, es muy difícil de conciliar las ideas de Smith en la Declaración Oficial 1, de 2013, debido a la sección 132 de Doctrina y Convenios que dice claramente que la poligamia es un aspecto de la “alianza nueva y eterna”. Los versículos 61 y 62 dicen: “Si un hombre se casa con una virgen y desea desposarse con otra, y la primera consiente, y él se casa con la segunda, y son vírgenes, y no han dado su palabra a ningún otro, entonces queda justificado; no puede cometer adulterio, porque le son dadas a él; pues no puede cometer adulterio con lo que le pertenece a él y a nadie más. Y si le son dadas diez vírgenes por esta ley, no puede cometer adulterio, porque a él le pertenecen y le son dadas; por tanto, queda justificado”.
Con la Declaración Oficial 2 también se modifica un artículo de Doctrina y Convenios que no permite a los negros ser ordenados sacerdotes y tampoco tienen acceso al más alto nivel de la salvación después de la muerte. La razón sería la maldición que se menciona en el Libro de Mormón en 2 Nefi 5:21-23: “Y él había hecho caer la maldición sobre ellos, sí, una penosa maldición, a causa de su iniquidad. Porque he aquí, habían endurecido sus corazones contra él, de modo que se habían vuelto como un pedernal; por tanto, ya que eran blancos y sumamente bellos y deleitables, el Señor Dios hizo que los cubriese una piel de color obscuro, para que no atrajeran a los de mi pueblo. Y así dice el Señor Dios: Haré que sean repugnantes a tu pueblo, a no ser que se arrepientan de sus iniquidades. Y malditos serán los descendientes de aquel que se mezcle con la posteridad de ellos; porque serán maldecidos con la misma maldición. Y el Señor lo habló; y así fue”.
El apologista Beshears explica que “la respuesta puede ser encontrada en el ambiente cultural en los Estados Unidos en los siglos XIX y XX. La Iglesia de los Santos de los Últimos Días fue influenciada por el racismo fuerte, que fue visto en todas las facetas de la vida americana durante más de 200 años”. Beshears es enfático: “aunque los líderes actuales no resuelven los problemas teológicos acerca de la poligamia y el racismo… al menos corrigieron las doctrinas falsas y peligrosas de Joseph Smith”.

jueves, 18 de abril de 2013

Secta mormona: la ¿revelación? "celestial" continúa y se adapta a los nuevos tiempos y a las conveniencias del momento



Reproducimos un artículo reflexivo del sacerdote Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), y que ha publicado en el blog que tiene esta institución alojado en el portal InfoCatólica.

Hace unos días la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), cuyos integrantes son conocidos como mormones, ha celebrado su 183ª Conferencia General. No conocía este evento, y me ha sorprendido ver el despliegue de medios de un acontecimiento central para la vida de esta secta de origen cristiano, que desde que fue fundada en el siglo XIX por el visionario norteamericano Joseph Smith ha hecho de estas Conferencias Generales un momento fundamental en su desarrollo doctrinal. Además de miles de personas que asistieron durante dos días al inmenso auditorio de Salt Lake City (Utah, EE.UU.) en el que tuvo lugar, otros muchos la siguieron en directo vía satélite en los principales centros mormones de más de 85 países y a través de Internet. Como acaban de hacer público, cuentan con casi 15 millones de miembros y miles de misioneros en todo el mundo.

No es una simple asamblea a lo grande de un grupo religioso. Hay algo que ha llamado poderosamente mi atención, al ver algunos vídeos de la Conferencia General mormona y leer algunos de sus textos. Y es la concepción totalmente abierta de la revelación que tienen. La presentación del evento en su página de Internet, que servía para invitar a los miembros a prepararlo bien, no dejaba lugar a dudas: “la Conferencia General tiene por objeto ser una experiencia en la que se reciba revelación a medida que los participantes aprendan de los profetas y apóstoles vivientes mediante el poder y la influencia del Espíritu Santo”. El lector no mormón puede sorprenderse al leer esto. ¿Profetas y apóstoles? No deben de ser los del Antiguo y Nuevo Testamento respectivamente… ¿Entonces?

En la jerarquía de la IJSUD encontramos esta nomenclatura para referirse a sus máximas autoridades. Detengámonos en su “eclesiología” para entender algo mejor todo esto. Para los mormones hay dos órdenes ministeriales principales: el “sacerdocio de Melquisedec” (o sacerdocio mayor) y el “sacerdocio de Aarón” (menor). Al primero, que es el que nos interesa, perteneció Adán, y a partir de él los grandes patriarcas del Antiguo Testamento, aunque le fue quitado al pueblo de Israel en los días de Moisés. Jesús restauró y ejerció este sacerdocio, ordenando a los apóstoles en él, pero tras la muerte del colegio de los Doce se perdió. Es lo que los mormones han llamado “la Gran Apostasía”, el período comprendido entre los tiempos de Jesús y –¡oh casualidad!– la aparición de Joseph Smith en escena y la fundación de la secta. Durante todos esos siglos, no hubo Iglesia de Cristo ni Evangelio verdadero sobre la tierra, según los mormones. La comunidad iniciada por Jesús da un salto increíble del siglo I al siglo XIX.

Sigo, para no perdernos. En 1829 tuvo lugar la restauración del sacerdocio de Melquisedec. ¿Cómo? Pues con la ordenación de Joseph Smith y su compañero Oliver Cowdery. ¿Y quiénes los ordenaron? Nada menos que los apóstoles preferidos del Señor –Pedro, Santiago y Juan–, bajados del cielo para la ocasión. Está muy difundido entre los mormones un cuadro que muestra la escena, con los apóstoles imponiéndole las manos al fundador de la IJSUD. El año siguiente tuvo lugar la fundación de la secta. Y entonces, con la Iglesia y la verdad evangélica restauradas sobre la tierra, volvió a haber profetas, hombres escogido por Dios para guiar y dirigir a su pueblo, comenzando por el mismo Smith. Además de su función magisterial y de interpretación de la Palabra de Dios, el profeta “recibe revelaciones y direcciones del Señor para el beneficio de todo el género humano”.

¿Algún profeta contemporáneo? Por supuesto que sí: el presidente de la IJSUD, “creen que posee el derecho de recibir revelación para toda la Iglesia. Ninguna persona, excepto el profeta escogido y presidente de la Iglesia, puede ser el receptor de la voluntad de Dios con respecto a los miembros de la Iglesia, éstos a su vez siguen fielmente los consejos de éste su líder y le guardan un gran amor y respeto”. El actual tiene nombre y apellido: se llama Thomas S. Monson y desde 2008 es el 16º profeta, contando desde Joseph Smith, el primero de los tiempos modernos. Y ojo a lo que afirman en su biografía: “él es un profeta, vidente y revelador, lo cual significa que recibe guía específica para dirigir la Iglesia en la tierra en nuestros días de parte del Señor. Esas instrucciones son para todo ser humano que habita la tierra y no sólo para los miembros de la Iglesia”. Ahí queda eso.

El profeta no está solo en la dirección de la IJSUD, ya que cuenta con el Quórum de la Primera Presidencia (formada por él mismo y sus dos consejeros) y, por debajo, el Quórum de los Doce Apóstoles. Este último, cómo no, son la restauración del grupo apostólico del mismo Jesús después de la ya citada “Gran Apostasía”, y lo han dejado todo para anunciar el Evangelio. Al igual que el profeta, estos doce también son “profetas, videntes y reveladores para la Iglesia”. ¿Cuál es el procedimiento para entrar a formar parte de este comité directivo de la secta tan restringido? Simplemente, en caso de vacancia de una de sus sillas, la Primera Presidencia escoge al sustituto “por medio de revelación” y, tras ser aprobado por el Quórum de los Doce Apóstoles, es ordenado como apóstol por los otros catorce ministros.

Pero la cosa no queda ahí. Los ordenados en el sacerdocio de Melquisedec van más allá, descendiendo en el orden jerárquico de la IJSUD. Tras la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles encontramos a los Setenta, siguiendo la terminología bíblica de los enviados por Jesús. Ayudan a los apóstoles a regir la secta, pero no son profetas, ni videntes ni reveladores. En la historia mormona ha habido un momento, en 1989, en el que por el crecimiento y desarrollo del movimiento tuvieron que erigir otro Quórum de los Setenta. Precisamente en la reciente Conferencia General han nombrado a unos cuantos integrantes de estos grupos. Hasta aquí, todos estos integran las “autoridades generales”, debajo de las cuales se encuentran otras jerarquías menores que ahora no nos interesan.

Toda esta “jerarcología” es importante para entender a quiénes les llega la revelación de Dios en la IJSUD: directamente a las quince primeras autoridades (Primera Presidencia y Doce Apóstoles), e indirectamente a los demás dirigentes. Representantes de Jesucristo en la tierra, “son capaces de recibir revelación de Él sobre cómo dirigir su Iglesia”. Pero todo lo que supuestamente les dice el Señor no se limita a asuntos organizativos y eclesiásticos, sino que abarca los dogmas sostenidos por la secta, y que se apartan del cristianismo en cuestiones centrales como el misterio de Dios y la persona de Cristo (las personas de la Trinidad son seres diferentes, y al final su dogmática se convierte en un politeísmo), la escatología (con diversos niveles de gloria), la identidad de los ritos que llevan a cabo (ordenanzas), etc.

¿De dónde viene todo esto? De su concepción abierta de la revelación. Consultando los textos oficiales de la secta y lo que se habla en las Conferencias Generales de la IJSUD, encontramos declaraciones que muestran claramente esta idea mormona. Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, explica que “la divina obra de los profetas y de los apóstoles nunca cesa. En el período entre conferencias generales, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles siguen enseñando y ministrando al mundo. Los profetas y apóstoles nos hablan hoy”. Y de una forma totalmente personalizada, según parece, ya que como expresa el mismo Uchtdorf, “los miembros de la Iglesia tienen derecho a recibir revelación personal al escuchar y estudiar las palabras inspiradas que se pronuncian en la conferencia general”. Jeffrey R. Holland, uno de los Doce Apóstoles actuales, decía en una conferencia que “si enseñamos por el Espíritu y ustedes escuchan por el Espíritu, uno de nosotros se referirá a las circunstancias de ustedes y enviará una epístola profética personal sólo para ustedes”. Así se aseguran la atención de los adeptos en estos eventos centrales para el movimiento.

El problema, en el fondo, de la IJSUD y de otras sectas que nacieron en el mismo contexto de “reavivamiento” protestante, es la lectura libre de la Sagrada Escritura por parte de cada uno con la ayuda directa del Espíritu Santo y, por tanto, sin necesidad de una autoridad o magisterio que vele por la correcta lectura e interpretación de la Palabra de Dios. Ya sea por visiones, sueños, ángeles, visita directa de la Divinidad, inspiración… los líderes mormones pueden ampliar de forma constante el depósito de verdades reveladas por Dios. Contando con que, desde el inicio, la secta propone junto con la Biblia otra Escritura “complementaria”, pero igualmente importante –o más– que el Antiguo y el Nuevo Testamento: El Libro de Mormón. Completado, a su vez, por otros textos fundacionales revelados que se agrupan en Doctrina y convenios y La perla de gran precio.

La más genuina tradición cristiana sostiene que la revelación divina concluyó con la muerte del último apóstol. Este momento crucial en la historia de la Iglesia, en el que entró en juego la sucesión apostólica, no es el inicio de la “Gran Apostasía” como decía Joseph Smith, con ese salto eclesiológico hasta el siglo XIX. Es el momento en el que cobra su importancia la Tradición de la Iglesia, que incluye el magisterio, la lectura patrística, el sensus fidei del pueblo de Dios… Por un lado, hay que tener en cuenta, como escribía el místico castellano San Juan de la Cruz, que Dios “en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar”. ¿Un Dios mudo, entonces? No, nada de eso, porque por otro lado hay que tener en cuenta la acción del Espíritu Santo iluminando y dando vida a su Iglesia, constituyendo así la Tradición viva del pueblo de Dios.

Dios no puede contradecirse a sí mismo. La Iglesia no puede estar constantemente pendiente de “nuevas revelaciones”, y menos cuando niegan aspectos centrales de la salvación realizada por Jesucristo. Volvamos a escuchar las palabras de San Pablo defendiendo la verdad de la fe cristiana frente a otras propuestas falsificadoras. Él hablaba de la buena noticia de Jesús y prevenía ante los “otros evangelios”, no porque la suya fuera una revelación particular o una inspiración especial hecha en su experiencia singular del camino a Damasco o en cualquier otro momento, sino porque era lo transmitido por los apóstoles, testigos oculares de Cristo, y que coincidía con su experiencia de encuentro. Sus palabras son duras y directas: “algunos os desconciertan intentando deformar el mensaje evangélico de Cristo. Pero sea quien sea –yo mismo o incluso un ángel venido del cielo– el que os anuncie un mensaje diferente del que yo os anuncié, ¡caiga sobre él la maldición!” (Gal 1, 7-8). Versículo, por cierto, que podemos leer en inglés a la derecha del altar de la Catedral católica de Salt Lake City, en la cuna del mormonismo. No es una crítica católica a la IJSUD, como han dicho algunos. Son palabras de la Sagrada Escritura.

(extraído de: infories.com)

jueves, 31 de enero de 2013

Testimonio de ex-mormona: "descubrí que los mormones no tienen argumentos ni respuestas"



por Luis Santamaría 

Yasmin Oré Ramírez, hoy con 28 años de edad, nació y creció en Lima, Perú, en una familia de tradición católica… hasta que una amiga le invitó a los mormones. Entró en el mormonismo buscando gente acogedora, virtuosa y protectora, pero cuando ella intentó extender esa fe descubrió que ni se sostenía en la Biblia ni respondía al anhelo de su corazón.
Recogemos su testimonio en primera persona, tal como lo cuenta a Religión en Libertad y como lo ha transcrito el periodista Pablo J. Ginés, porque explica cuál es el proceso por el que se entra en este grupo, cómo captan nuevos miembros, cómo los entrenan y los envían a calles y casas. En la foto de la izquierda podemos verla con Luis Santamaría, de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

»Mi familia era católica, aunque mis padres no estaban entonces casados por la iglesia, por unos problema de partidas de bautismo quemadas o perdidas. Dejaron el tema y se casaron por lo civil. Me dieron una educación católica: hice la secundaria en el colegio Presentación de María, de religiosas, recibí los sacramentos, la comunión y la confirmación. A los 19 años estudiaba derecho, iba a misa e incluso cantaba en el coro, pero mi formación y mi fe era muy superficial.
»Yo había oído hablar de sectas demoníacas y satanistas, y mi papá me prevenía contra los Testigos de Jehová que tocaban a menudo a la puerta. Pero nadie me había hablado de los mormones

La amiga y la acogida
»Yo tenía una amiga en mi colegio de monjas que era mormona. Me dijo: “acompáñame un domingo a ver mi iglesia”. Así que un domingo me salté la misa para ir con ella a ver su iglesia. Y me gustó. La gente era muy acogedora: todos lo eran, las señoras, las chicas de mi edad, los chicos.
»Tenían reuniones para jóvenes en las que hablaban sobre las virtudes. A otros jóvenes quizá les parecería aburrido, pero yo era una chica con pocas amistades. No me gustaba salir de fiesta, las fiestas no me llenaban. En cambio, esta gente, que parecía tan pura, virtuosa e inocente, sí que me llenaba.
»Hoy que soy católica y adulta sé que tenemos que enfrentar el mal que hay en el mundo y en nuestras vidas, pero entonces, con 19 años, yo no quería enfrentarme a la realidad, no quería embarrarme. Yo quería protección, un entorno seguro, un grupo acogedor y virtuoso que me protegiese. Los mormones me ofrecían eso. 

Dos chicos jóvenes hablando de Dios
»Ellos me enviaron dos jóvenes misioneros a visitarme a mi casa y darme charlas dos días por semana. Eran dos chicos de mi edad, de 19 años, uno peruano y otro de EEUU. Yo les decía a mis padres que eran cristianos y amigos de mi amiga y que venían a hablar de Cristo y de Dios. Ellos, demasiado confiados, nos dejaban solos en el salón.
»Yo estaba impresionada de que dos chicos de 19 años, de mi edad, me hablasen de Dios con pasión. Más aún, estaban dedicando 2 años de su vida joven sólo a eso, a hablar de Dios. Me sorprendía y admiraba: no conocía a nadie en la Iglesia católica que hiciese eso. 

Mr. Smith y el “verdadero” cristianismo
»En las primeras charlas, te hablan del Libro de Mormón. Te dicen que la enseñanza plena cristiana se había perdido desde la muerte del apóstol Juan, y que no se ha recuperado hasta que un ángel revela al profeta Joseph Smith, hacia 1830, dónde está el Libro de Mormón con todas las enseñanzas perdidas.
»Usan siempre las mismas citas de la Biblia para apoyar al Libro de Mormón. Los mormones enseñan, según su libro, que Jesús, al resucitar, se apareció y enseñó a los pobladores de América. Eso lo apoyan en la Biblia cuando Jesús dice: “tengo otras ovejas que no son de este redil”. Para justificar que además de la Biblia esté el Libro de Mormón citan Ezequiel 37, 15-17, que habla de “un palo de Judá” y “un palo de José, o Israel”, que Dios ha de unir. Ellos dicen que esos dos palos son dos libros: la Biblia y las escrituras de Mormón. Y sobre el profeta Smith citan Amós 3,7: “el Señor no hará nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas”.

Hacer preguntas es bueno
»Yo en esa época escribía un diario, que aún conservo. Y apunté una idea que se me pasó por la cabeza: “si ese Libro de Mormón es otro testamento, ¿por qué no hay pruebas arqueológicas, por qué no hay papiros de él o pergaminos de él, como con la Biblia?”. Ellos enseñan que el ángel se llevó el libro de láminas de oro que José Smith había leído y traducido al inglés. Pero ¿por qué Dios hizo algo tan distinto a lo que hizo con la Biblia? Me daba vergüenza preguntarles eso porque ¡ellos eran tan amables!
»A la pregunta de por qué no tenemos los textos que el ángel reveló a José Smith, ellos responden citando a San Pablo: “la fe es certeza de lo que no vemos”, y también citando su propio libro: “hay muchas cosas de Dios que no las vas a ver”.
»En realidad, como comprobé después siendo misionera mormona, a los jóvenes misioneros mormones no les enseñan muchas respuestas a las objeciones. Muy pronto responden a todo con esta frase: “Te invitamos a que ores a Dios esta noche y que Él te hable y verás que es verdad lo que enseñamos”.
»Y oré esa noche. Y no sentí nada, Dios no me dijo nada. Y lo escribí así en mi diario, sinceramente. Pero a ellos, sugestionada o por lo que sea, les dije: “sí, siento que es verdad”. Yo quería pertenecer a ellos. Sólo me pedían ser buena, y yo quería ser buena, y pensaba que la Iglesia verdadera sería simplemente la obediente a las cosas buenas, virtuosas, y parecían ser ellos.
»Era 2005, se acababa de morir Juan Pablo II, salía Benedicto XVI como nuevo Papa, y algunos me decían que si era feo, que vaya aspecto, que cómo iba a seguir yo en la Iglesia Católica. 

Rebautizada mormona
»En fin, en esa fase, después de 4 o 5 charlas, te invitan a bautizarte como mormón. Para eso, te hacen antes una entrevista previa. Has de decir que crees en el Libro de Mormón y que aceptas al profeta Joseph Smith. También te preguntan si has matado a alguien, si has abortado, si has tenido relaciones sexuales. Creo que ellos no quieren aceptar a cualquiera, a gente que ha tenido una vida muy poco virtuosa, excepto si son parientes de alguien. Pueden rechazarte. Me parece que a las personas con inclinaciones homosexuales las rechazan a todas o casi todas, por ejemplo.
»A mí me aceptaron y organizamos mi bautismo mormón. Mi papá no vino: les dijo que éramos católicos “de la Virgen y del Señor de los Milagros”. De mi familia solo vino mi mama ¡y mi madrina del bautismo católico! Hoy digo: ¿qué barbaridad, no? Mi madre lloraba: “hija, pero si yo te di los sacramentos en la Iglesia católica”. Y yo le respondía: “¿prefieres que me vaya de discoteca cada sábado, por ahí?”. Con eso la presionaba. Ellos me veían feliz, y veían que los jóvenes mormones parecían gente buena. Era una falsa elección: o ellos, o el mundo de la noche y las discotecas.
»En el bautismo mormón entras en una piscinita de cuerpo completo, con una túnica blanca. Tú escoges qué hombre te bautiza: yo escogí a los dos misioneros que conocía. Te echan para atrás, como hacen los baptistas y otros protestantes, y te sumergen y dicen: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, pero, atención, porque ellos no piensan que es un único Dios; para ellos son tres dioses distintos. A Joseph Smith se le aparecieron el Padre y el Hijo en un bosque, hay un dibujo típico que lo ilustra, como dos cuerpos distintos. Cada vez que en el Antiguo Testamento se dice que Moisés vio la cara de Yahvé, o que Dios señaló con su dedo, o dio la espalda al pueblo, etc., ellos interpretan que Dios Padre tiene cuerpo, con dedos, cara, espalda, etc.
»En cuanto empiezas a ir a los mormones te animan a pasar con ellos mucho tiempo. Te hacen estar cómodo, es como tener otra familia. Ellos no creen que Dios habita en ti y te transforma y hace santo. No, ellos creen que por sus propias fuerzas serán perfectos, que ya lo están siendo, porque cada uno va a ser un dios. Y claro, esa perfección es imposible, pero esa es la fachada que intentan dar.
»Son muy exigentes en el control de la sexualidad: cualquier encíclica católica sobre el tema es mucho más humana, más comprensiva. Ellos son más tajantes, te controlan demasiado, como un robot. A las chicas las animan a estudiar, sí, pero lo ideal que plantean es que enseguida se casen y que tengan muchos hijos. 

Muchos manuales para estudiar
»Una vez bautizado, te dan muchos manuales para estudiar, algo que haces cada domingo en su escuela dominical. Mi experiencia, y lo vi con otra gente poco dada a los estudios, es que los primeros meses al menos hay mucho interés y se leen los libros. Ellos ofrecían también un servicio para ayudar a encontrar y ayuda a la gente.
»Enseguida te dan un “llamamiento”, que es un cargo, en mi caso era una función con jóvenes. Un año después me hicieron misionera de barrio: a tus ratos libres acompañas a los misioneros en sus visitas a las personas interesadas, que en su vocabulario se llaman “investigadores”. Los acompañantes sirven para hacerse amigos de los “investigadores” (es decir, las personas no mormonas), invitarles, tender lazos, etc…
»También aprendí a rezar al estilo mormón, siguiendo un tríptico que lo explicaba. Hay que hacer una breve oración al levantarte, otra al acostarte y otra en cada comida. La estructura es siempre igual: “Padre Celestial, te damos gracias por tal cosa, te pedimos tal otra, en el nombre de Jesucristo”. En las comidas, das gracias por la comida. Se dice siempre “Padre Celestial”, no “Padre nuestro”.

El culto mormón
»El domingo hay una reunión de unas tres horas. La llaman “reunión sacramental”. Se juntan todos los miembros de una zona. No hay un oficiante sino un par de conferenciantes o discursante, los que les toque ese día. Uno habla del ayuno, otro del diezmo (un tema muy insistente). Otro día pueden hablar del bautismo de los muertos o del “sellamiento”, como llaman al matrimonio. Al final, siempre alguien “da testimonio”, pero eso no consiste en contar su experiencia sino simplemente en exponer, de una forma muy repetitiva, que dé seguridad, semana tras semana, que crees en Joseph Smith, en el Libro de Mormón y en su iglesia.
»Después me tocó ser misionera en el extranjero. Es algo que todos han de hacer: 2 años los hombres; uno y medio, las mujeres. Se realiza poco antes de acabar tus estudios. Te mirarían muy mal si no lo haces. Normalmente uno se casa después, a las chicas les animan a casarse con jóvenes que ya han misionado, porque son más maduros en la fe.
»Los misioneros mormones son, sobre todo, esos chicos y chicas jóvenes. También hay adultos ya jubilados que van como misioneros unos años al extranjero. Y hay además matrimonios mayores, a veces pre-jubilados, que pueden ser presidentes de misión. No hay misioneros “de por vida”. Tampoco hay “pastores”. Lo más parecido es el “obispo”, pero no se mantiene con los diezmos, sino con un oficio. Los diezmos son para mantener las “capillas” (centros locales) y el resto va todo a la central a Estados Unidos. Por eso no hay escándalos de pastores con vehículos o gustos lujosos. 

Pagar las misiones a tu hija
»En 2006, yo llevaba ya un año y medio de miembro, y mi novio era un mormón peruano que ya había sido misionero. Quedamos en que yo haría la misión y quizá luego nos casaríamos. El me animó a ir a la misión. Es caro: parte lo pagas tú, otra parte tus padres y otra la iglesia. Yo tenía ahorrados como 500 euros, mucho para Perú, que gasté en esto. Mis padres debían comprometerse a 100 euros mensuales. Mi madre lloraba: les quitaban a la hija y además había que pagar por ello. Y había que comprar mucha ropa y materiales, gastos que impacientaban a mi mamá. “Es una vez en la vida”, le decía yo.
»Primero me mandaron a Colombia casi un mes a formarme. Era como un internado donde estábamos muchos muchachos y muchachas de Perú, Colombia, Venezuela… Nos enseñaban cómo convencer a la gente, con unos vídeos, cómo hablar, qué hacer si te sale mal. Era muy pesado, pero yo estaba contenta. Te enseñaban las escrituras que hemos comentado y cómo responder las preguntas de los “investigadores” (la gente no mormona).
»Los mormones no quieren que les refutes mucho; el mormón da sus citas, y si le hacen preguntas dicen lo de “récelo y verá que es verdad”. Ellos dicen que no tienen que perder tiempo refutando doctrinas. Apenas intentan tapar dudas con la Biblia o el Libro de Mormón. Nos enseñaban a hablar sólo de Joseph Smith, de la nueva revelación completa, del Libro de Mormón.
»Nos explicaban que la enseñanza cristiana se pervirtió con Constantino en el siglo IV, que se corrompió el cristianismo. Luego aprendí que esto lo tomaron de otros protestantes. Allí nos enseñaron que Calvino y Lutero apenas “prepararon” el camino para la recuperación del cristianismo, que llega con Joseph Smith. 

La compañera inflexible
»Llegué de misionera a Guayaquil, Ecuador, en marzo de 2007. Me pusieron una compañera chilena, de mi edad, muy reglista y exigente, que no admitía ningún decaimiento ni cansancio. Era hija de mormones, con nueve hermanos, crecida en familia mormona, no como yo. Los misioneros van en parejas, a todas horas excepto al baño. Espanta peligros, pero también “tentaciones”.
»Cada día a las 6,30 de la mañana nos levantábamos a estudiar lo que hablaríamos en la calle. A las 9,30 salíamos, tratábamos a la gente, de pie, caminando, con el calor de Guayaquil. Un descanso para almorzar, y seguir hasta la noche. De noche nos arrodillábamos y rezábamos pidiendo más “investigadores”. Si nos peleábamos entre nosotras, ese era un momento para pedirnos perdón. Aunque los lunes era día de descanso y otros misioneros hacían turismo, ella me ponía a estudiar. Y así, siendo misionera en Guayaquil, se quebró mi confianza en la fe mormona. 

La anciana católica resistente
»La primera “caída” fue por una señora de unos 75 años, que era muy católica, aunque uno de sus hijos era evangélico y el otro era obispo mormón. Este obispo nos insistía y mi compañera se había encaprichado con conquistarla, y le llevaba postres y la visitábamos mucho.
»Cuando un católico se pone muy firme, nos habían enseñado en que hay que insistir en que la Iglesia católica ya no era de Cristo, que no lo era desde Constantino, que todo era malo desde entonces: las imágenes, la Virgen, el bautismo de niños, etc.
»Y mi compañera insistía tanto que yo recordé mi propio pasado católico y me emocioné. Y se lo dije a ella, a la compañera chilena, llorando: “si convenzo a esta señora siento que estoy traicionando algo mío”, dije. Mi compañera quedó de piedra. “Es normal, hace poco que eres miembro, eres de familia católica, yo hablaré con la señora”, respondió ella. No sirvió de nada: la señora llegó a la entrevista bautismal por insistencia de su hijo y sin convencimiento, pero como dijo que no pensaba ni dejar de fumar (algo importante), la rechazaron. Y la dejamos. 

Evangélicos y testigos, ¡mucha Biblia!
»El caso es que descubrí que casi no teníamos argumentos ni respuestas. Los testigos de Jehová nos ponían cabeza abajo, no aceptaban ni a Joseph Smith ni su libro y no estábamos preparadas para refutarles nada. Y también los evangélicos nos refutaban y yo pensaba: ¿somos misioneras, entrenadas, pero no sabemos responder cosas supuestamente básicas de la Biblia? Y empecé a dudar. Esa era mi segunda “caída”, ver que no teníamos respuestas. Y lloré otra vez: “estoy dudando de la fe”.
»La misión, que debía reforzar mi fe mormona, la estaba destruyendo. Y me preguntaba: “¿estaré haciendo bien al querer cambiarles su fe?, ¿tengo derecho a cambiar su vida? ¡Si hasta yo dudo!”.
»Yo ya me había empezado a fijar en cosas: que los mormones casi no usan la Biblia, que habían tenido poligamia en un pasado reciente, que había doctrinas ocultas. Y yo me di cuenta que me gustaban y me emocionaban las campanas en las iglesias católicas, y ver la gente que salía en procesión, devota del Divino Niño. Y la Virgen. Me preguntaba: “¡cómo voy a decir que esto es malo y pagano!”.
»Y en un encuentro con el obispo mormón le dije: “siento que miento cuando hablo”, y dije que quería dejar la misión. Pedí a mi compañera: “Dile al presidente de la misión que me vuelvo a mi país, que me siento un robot”. 

Defendiendo al Papa
»El presidente de la misión intentó disuadirme para que no marchase. Pero yo no le dije simplemente “añoro a mi familia” o “estoy cansada”. Yo defendí a la Iglesia católica. Le dije que ya no quería hablar mal de la Iglesia católica, que yo pensaba bien del Papa, y que en la Iglesia católica hay santos y gente buena. Y eso le enfadó.
»Él me insistió, que la Iglesia y el Papa son la Ramera de las escrituras, que mis sentimientos venían del demonio, que si volvía al catolicismo mi vida sería un desastre en todos los sentidos. Durante una semana cada noche mi compañera me intentaba convencer; le daban instrucciones de cómo convencerme. Y le dije: “sal de mi cuarto que me confundes”. Y esos días, después de varios años, empecé a rezar a la Virgen, a pedirle que me protegiera, porque mi compañera se ponía muy sectaria y tenía miedo de que llegara a pegarme. Me dije: “en cuanto llegue a Perú con mi familia lo del mormonismo se va a acabar”. Ya sabía que no podría encajar.

De vuelta a casa: un año de insistencia
»Al final me pagaron el vuelo a Perú. Y fui a mi casa. Allí los mormones me enviaron a mi novio, a los amigos, a mi mejor amigo. Yo dudaba. ¿Volver? Pero ahora ellos me daban miedo, no seguridad. Ya mi hermano me había dicho: es una secta. Insistieron casi un año. Pero yo ni les recibía, ni a mi antiguo novio: no quería recaer por amistad. Mis papás me dijeron: corta con todos ellos. Mis padres cobraron la fuerza que antes no habían tenido.
»Estuve un buen tiempo aislada en mi casa, sólo con Internet, leyendo de gente que salía de sectas. Hablé con el párroco de mamá, pero sólo me dijo: “bienvenida, no te sientas mal”. No me dio más formación. Yo necesitaba una atención especial, acababa de salir de un grupo muy cerrado e intenso.
»Mis padres se estaban convirtiendo, avivando su fe católica en las catequesis del Camino Neocatecumenal, pero tampoco ellos me daban respuestas. Yo creía que la Iglesia católica era verdadera, y que la evangélica también lo era, porque leía muchos testimonios de ex-mormones en Internet que eran evangélicos. No había ningún “carisma” católico que me limpiase de mi experiencia mormona. Pero los pastores evangélicos tampoco me inspiraban confianza.

Los que sabían de sectas
»Y un día mi madre me dio un folleto sobre sectas de los Apóstoles de la Palabra, un apostolado católico muy basado en la apologética, en la defensa de la fe. Busqué su dirección. “Viven aquí en la esquina”, me dijeron. Llegué en bici, y allí estaban las Hermanas de los Apóstoles. Mi historia les asombró. “Nunca nos había llegado alguien con esta necesidad. Ven con nosotras los sábados”, me invitaron. Y fui a sus charlas: entendí la enseñanza católica sobre las imágenes, Dios, la naturaleza de Cristo, me dieron libros, todo bien explicado. Y ahora, cuando venían los mormones, ya no los rehuía: los enfrentaba, les sacaba la Biblia, les refutaba.
»Hoy, mirando al pasado, creo que lo que mas me ayudó fue la presencia de la Virgen María, que he reconocido después. Al volver al catolicismo, vi películas sobre ella, le recé… María, creo, es lo que más me ha alegrado recuperar, y ella me ha atraído a través de sus imágenes.
Publiqué mi testimonio en algunas webs católicas, y conocí por Internet a quien hoy es mi esposo. Él también había estado cerca de los mormones por un amigo suyo y a mí me ayudó con argumentos y amistad. Él es español, de León. Después de tres años de novios “cibernéticos” nos casamos en Lima y ahora vivimos en Madrid. Somos catequistas de niños de Primera Comunión en la parroquia de San Romualdo. Y les damos pequeñas enseñanzas de una fe razonable, para defender la fe de la Iglesia de todo tipo de ataques.