"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)

martes, 17 de noviembre de 2020

España: prisión para “el Hijo de Satán”, líder de una pequeña secta, por estafar a sus adeptos

 

FUENTE: Diario de Cádiz

El juicio al Hijo de Satán, acusado de estafar más de 450.000 euros a través de la captación ‘espiritual’ de personas a las que exigía elevadas cantidades de dinero para evitar que la maldición del maligno recayese sobre ellas, arrancó el pasado 26 de octubre en la Audiencia Provincial de Cádiz (España). Carlos Javier Rojas, también procesado por vender coches de alta gama con el kilometraje trucado, rindió cuentas ante el tribunal de la Sección Cuarta, según informaba Julia Alarcón el mismo día en el Diario de Cádiz.


 


Rojas se encontraba entonces en prisión. Ya fue condenado anteriormente por la Audiencia Provincial de Cádiz a 6 años de cárcel por estafar a más de una veintena de personas en torno a 400.000 euros con la compra-venta de vehículos en el concesionario que regentaba en San Fernando, Autos Desi. En el nuevo procedimiento ahora señalado, el Hijo de Satán se enfrentaba –a petición de la Fiscalía– a otros 6 años de prisión. La acusación pública procesó igualmente a la pareja de Rojas y a su socio. Pedía 5 años y 3 meses de cárcel para ella y 4 para el compinche.


 


Detalles de los hechos


 


En sus conclusiones provisionales, el fiscal sostenía que desde mediados de 2008 y durante el año 2009, Carlos Javier Rojas mantuvo distintos contactos con terceros, sobre los que consiguió ejercer “una gran influencia”, logrando así que le entregasen importantes sumas de dinero. Dentro de esa labor de captación llevada a cabo por el Hijo de Satán en connivencia con su pareja, ambos llegaron a instalar a algunas víctimas en su domicilio, ubicado en la calle Buitre de la urbanización Los Gallos, en Chiclana. “Allí practicaban rituales satánicos y utilizaban a tal efecto una vestimenta específica, un altar, velas, bálsamos y tridentes. En ocasiones, incluso sacrificaban animales”, apuntaba la Fiscalía en sus conclusiones provisionales.


 


Las exigencias de dinero por parte de los procesados, proseguía el fiscal, a menudo venían precedidas de la advertencia de que era el mismo Satán quien pedía dichas entregas. Otras veces los encausados les infundían tal terror a sus víctimas “augurándoles una enfermedad o muerte seguras, una ruptura sentimental o la inminente pérdida de su empleo si no les proporcionaban las cantidades requeridas, que los captados, en el estado de sugestión en el que se encontraban, acataban las instrucciones recibidas”.


 


Una vez que estas personas se instalaban en la vivienda de Los Gallos, la pareja les hostigaba a permanecer en la misma “haciéndoles saber que, de lo contrario, el trabajo espiritual no se iba a poder terminar”. Además de lo anterior, el autoproclamado líder de la secta satánica se sienta en el banquillo junto a su socio M.A.V.A. por ofertar vehículos de alta gama en internet, exigir una señal a los compradores para su entrega y traer coches desde Alemania para su posterior venta no si antes manipular el kilometraje, “haciendo constar uno notablemente inferior y obtener así una ganancia considerable”, señala la Fiscalía en su escrito de acusación. Cuando el Hijo de Satán fue detenido el 4 de octubre de 2009, conducía un Mercedes Clase E también con el kilometraje manipulado.


 


“Soy un santero y lo seré siempre”


 


“Soy santero. Me dedico a esto. Lo haré hoy, mañana y toda la vida. Hasta en prisión. Nadie me va a quitar mi religión”. Carlos Javier Rojas, más conocido como el Hijo de Satán, admitió el 26 de octubre ante el tribunal de la Sección Cuarta de la Audiencia de Cádiz que es un “profesor brujo” que realiza “trabajos espirituales” a personas que quieren prosperar en el amor, la salud o el trabajo. “Yo no hago daño a nadie”, aseveró en la primera sesión del juicio.


 


El autoproclamado líder de una secta satánica, acusado de estafar más de 450.000 euros con la captación espiritual de personas a las que alojaba en su domicilio de Chiclana entre 2008 y 2009, declaró que esas personas contrataban sus servicios voluntariamente. “Les practicaba ritos, baños con corazones de vaca, les echaba las cartas... una serie de trabajos por los que ellos pagaban un precio ya pactado”, afirmó. “Un baño costaba unos 60 o 70 euros”, ejemplificó.


 


Sobre las cuantiosas donaciones recibidas por algunos de sus “clientes”, Rojas explicó que también fueron aportaciones voluntarias. “La gente estaba contenta con mi labor y yo las acepté. Eso no es delito. Si nos ponemos así, también sería ilegal que la Iglesia recibiese donaciones de sus fieles”. En cuanto al destino que dio a esas importantes sumas de dinero, el Hijo de Satán dijo: “Lo invertí todo en mi dios Satán. Le compré oro, flores, altares... qué tiene de malo eso. He recibido mucho dinero en los últimos años porque tengo muchos clientes, presumo de eso y de mucho más, eso sí, no tengo bienes”.


 


En cuanto a la venta de coches de alta gama adquiridos en Alemania para su posterior venta en España por debajo de su precio de mercado, Carlos Javier manifestó que se dedicaba a este negocio porque le gustaba. “Era como un hobby. Sabía que los vehículos tenían el kilometraje manipulado, sin embargo, yo no los truqué, no participé en eso”. Asimismo, el Hijo de Satán resaltó que nadie lo denunció por la compra-venta de vehículos de lujo. “Los coches se pagaban y se entregaban sin problemas. Fue la Guardia Civil la que incitó a los clientes a querellarse contra mí”. “Llevo once años deseando venir a declarar por esta causa. La verdad sólo tiene un camino y ahora se va a demostrar”, concluyó Rojas.


 


Los otros dos acusados en este caso, Marisa, la ya ex pareja de Carlos Javier, y Mario Abel, su socio en el negocio de los vehículos de alta gama, también prestaron declaración ante el tribunal de la Sección Cuarta. Ella señaló que ayudaba a su entonces pareja en las ceremonias satánicas que se celebraban en su domicilio pero que no participaba en la actividad. Ni hablaba con los clientes ni manejaba el dinero, aseguró. Marisa también relató que todas las personas que acudían a su casa no eran coaccionadas ni maltratadas. “Podían entrar y salir libremente del domicilio. Estaban allí porque lo deseaban”. Por su parte, Abel, el socio del Hijo de Satán, reconoció que gestionó la compra-venta de siete u ocho coches en Alemania para su posterior venta en España, una labor por la que cobró una comisión.


 


“Este hombre me ha destrozado la vida”


 


En esta primera jornada también acudieron a juicio varias personas que fueron captadas por Carlos Javier Rojas entre 2008 y 2009. Todos coincidieron en apuntar que estaban bajo un estado de sugestión anormal cuando se sometían a los trabajos espirituales del santero y creían que tanto Rojas como su pareja les introducían droga en la comida para doblegar su voluntad.


 


C., una mujer que visitó todos los fines de semana durante un año la casa del Hijo de Satán, entró en sala visiblemente afectada al reencontrarse con Carlos Javier. Detrás de un biombo para evitar el contacto visual, la testigo indicó que vendió dos pisos, uno suyo y otro de sus padres, porque el acusado la amenazó. “Me dijo que, si no lo hacía, mi hijo iba a morir atropellado por la rueda de un camión. Me hizo un daño terrible, me engañó, tenía mi mente manipulada y yo no era consciente de lo que estaba sucediendo. Era un cordero detrás de su madre”.


 


Otra mujer, M., narró que contrató los servicios del Hijo de Satán a través de Cambalache. “Me encontraba mal y los médicos me decían que no tenía nada, por eso le pedí una consulta. Entonces Carlos Javier me advirtió que tenía un muerto dentro y que por eso no avanzaba. Para sacarlo, me obligó a quedarme en su casa cuatro o cinco días, de lo contrario, ese espíritu me llevaría por delante”. M. afirmó que durante su estancia en el domicilio del procesado estaba mucho tiempo dormida y no podía despertar. “Seguro que me echó algo. Yo estaba en el sofá sin poder moverme y él me insultaba. Incluso me dio con un palo en la cabeza”.


 


“Carlos me aseguró que el problema de mis males tenía su origen en un piso que yo tenía en Sevilla. Lo vendí y parte del dinero de la venta, unos 30.000 euros, se los di. Yo le tenía mucho miedo”, añadió M. “Este hombre me ha destrozado la vida. Acabé derrotada psicológicamente. Desde entonces, no he podido levantar cabeza”, concluyó su declaración.


 


E. y D., una pareja que también fue captada por el Hijo de Satán, aseveró que estuvo “retenida” en la vivienda del supuesto líder espiritual. “Nos quedamos a la fuerza, amenazados. Me pidió dinero para sanarme y si no se lo entregaba, me auguró que mi madre caería enferma y moriría”, manifestó E. “Nos tenía sugestionados, creo que nos drogaba para anular nuestra voluntad”. D, por su parte, indicó al tribunal: “Físicamente, no nos obligan a estar allí; psicológicamente, sí”. “No sé cómo caímos ahí, pero lo cierto es que Carlos Javier nos pedía dinero para quitarnos maleficios y se lo dábamos. Yo incluso compré una especie de plataforma de oro y se la entregué a modo de ofrenda para Satán”.


 


Condena al gurú


 


Finalmente, la Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a 3 años y medio de prisión a Carlos Javier Rojas, conocido como el Hijo de Satán, por estafar más de 350.000 euros a una decena de personas que captaba, bien para someterlas a trabajos espirituales en su domicilio de Chiclana, bien para venderles coches de alta gama con el kilometraje manipulado. El tribunal de la Sección Cuarta, encargado de juzgar el caso, ha dictaminado que el supuesto santero indemnice a todas sus víctimas en el importe total defraudado.


 


Asimismo, la Audiencia de Cádiz ha condenado a la ex pareja de Carlos Javier, Marisa, a un año y nueve meses de prisión como cómplice de un delito continuado de estafa y a su socio en el negocio de la compra-venta de vehículos, Mario Abel, a un año de cárcel. A la hora de fijar las penas, el tribunal de la Sección Cuarta ha tenido en cuenta las dilaciones indebidas “muy cualificadas” que ha sufrido este procedimiento. Y es que la instrucción de la causa comenzó en septiembre de 2009 y no se remitió a la Audiencia hasta diciembre de 2019.


 


La resolución judicial recoge como hechos probados que desde mediados del año 2008 y durante 2009 Carlos Javier se autopublicitaba en la revista Cambalache con el siguiente anuncio: “profesor vidente brujo de Satán, experiencia y seriedad, poder en todos los ámbitos para solucionar problemas, especialmente de amor, recuperar pareja, quitar mal de ojo, impotencia sexual...”.


 


De este modo, contactó con diversas personas a las que realizó “ceremonias” o “trabajos” para la supuesta solución de dichos problemas a cambio de una retribución. En el curso de esa actividad, el Hijo de Satán localizó a personas que, ya fuese por tener personalidades influenciables o por hallarse en una situación problemática, eran fácilmente manipulables, de manera que con ánimo de beneficiarse y en connivencia con la que era su pareja, Marisa, decidió ejercer una influencia sobre ellas que le permitiese mediante engaño obtener que le entregasen bienes o dinero.


 


Carlos Javier practicaba junto a su ya ex pareja rituales supuestamente satánicos en los que se adoraba a una figura demoniaca, se sacrificaban animales, se utilizaba sangre u órganos de esos animales para embadurnarse y se rezaban letanías. “Rojas aprovechaba la ascendencia que le confería sobre los participantes la creencia en dichos rituales y les hacía creer que si no se le entregaba dinero o bienes materiales para ofrecerlos a Satán, sufrirían desgracias tales como enfermedades propias o de familiares, muertes propias o de parientes, problemas laborales”, expone la resolución judicial.


 


Las víctimas


 


En esta dinámica, M., una de las víctimas, se fue a vivir a la casa que tenía el Hijo de Satán en Chiclana durante determinadas temporadas. M. llegó a vender su vivienda en Sevilla y le hizo entrega a Rojas de la suma de 60.000 euros entre los meses de marzo y octubre de 2009. E. y su entonces novio A. también se instalaron en la vivienda del supuesto santero, donde se sometieron a rituales desde diciembre de 2008 a mayo de 2009. En ese periodo, Carlos Javier convenció a E. de que iba a sufrir una enfermedad y de que su madre iba a morir, lo cual únicamente podía solucionar mediante entregas de dinero a Satán. De ese modo, el hipotético brujo logró que la mujer le entregase 7.500 euros, de los que 5.000 procedían de un préstamo y 2.000 de la venta de un coche en el que, según el Hijo de Satán, habitaba un fantasma que pretendía matarla.


 


Por su parte, A. fue persuadido de la necesidad de hacer ofrendas a Satán para que su negocio funcionase, por lo entregó a Carlos Javier una placa de oro valorada en 1.500 euros, así como 12.000 euros procedentes de préstamos de familiares. Otra damnificada, C., contactó con el ahora condenado tras perder su empleo en mayo de 2008. El Hijo de Satán le practicó a C. ritos tanto para poder encontrar trabajo como para supuestamente curar una enfermedad de su hijo menor. Como a otros perjudicados, Rojas la manipuló y la convenció de que sobre ella y sobre su hijo pesaba el riesgo de morir en un accidente y que para evitarlo había que hacer una serie de sacrificios económicos. C., a fin de eludir ese peligro, vendió su casa sita en Lepe por 174.000 euros y otra vivienda ubicada en la localidad de Cartaya por el precio de 65.000 euros. Los 239.000 euros procedentes de la venta de sendos inmuebles acabaron en las manos del Hijo de Satán.


 


En el verano de 2008, M., una de las perjudicadas, compró a Carlos Javier un BMV modelo X5 por 22.600 euros. Para ello, le abonó una señal de 1.463 euros, si bien no llegó a recibir ni el coche ni el reintegro del adelanto anticipado. El 15 de septiembre de 2009, M. compró a Rojas un Mercedes CLS 320 CDI por 35.000 euros. Pagó 8.750 euros como señal, un importe que los encausados hicieron suyo sin llegar nuevamente a entregar el vehículo.


 


En septiembre de 2009, L. compró a Carlos Javier un Mercedes CLS 360 por 36.000 euros. Los procesados habían manipulado antes el cuentakilómetros, de modo que, en lugar de los 145.069 kilómetros que acumulaba, marcaba solo 21.300. Por lo tanto, el valor del coche con los kilómetros reales era de 23.728,78 euros. En las mismas fechas, M. entregó al Hijo de Satán 4.200 euros para la compra de un Mercedes E 320 CDI y un Volkswagen Touareg 3.0-TDI-V6 que no llegaron a entregarse al ser incautados por la Guardia Civil en estas diligencias.


 


En el mismo mes, F. compró a Rojas por 33.000 euros un Volkswagen Touareg al que se le había manipulado el cuentakilómetros: en lugar de 116.230 kilómetros, registraba solo 18.000, por lo que su valor de tasación era de 16.640,76 euros, prácticamente la mitad del precio de venta pactado. Esta sentencia no es firme y puede ser recurrida en casación ante el Tribunal Supremo.

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