"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)
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viernes, 25 de agosto de 2017

Rusia: proyecto de ley para ilegalizar las prácticas ocultistas, consideradas estafas.



El diputado de la Duma Estatal Vitali Milónov, conocido por promover la Ley contra la propaganda homosexual ante menores, ha decidido ahora encargarse de los magos, brujos, hechiceros, curanderos y cualquier persona que diga tener capacidades sobrenaturales. Según leemos en Sputnik News, el legislador ha presentado ante la Cámara Baja de Rusia un proyecto de ley que quiere convertir en ilegales las prácticas ocultistas que se hagan por dinero y que califica este tipo de 'servicios' como estafas. No es la primera vez que el esoterismo está en el punto de mira de Milónov: en 2016, exigió prohibir los programas de carácter místico que se emiten por televisión.

Cada año son más los casos relacionados con estafas, manipulaciones o daños directos a la salud de personas que confían en este tipo de ocultistas. Además, habitualmente, sus víctimas suelen ser los más desprotegidos: enfermos graves, discapacitados, pensionistas o personas con trastornos mentales o de luto por la pérdida de sus seres queridos. La propuesta presentada por el diputado prevé penas de hasta cinco años de prisión para los que se enriquecen a costa del dolor ajeno.

Pero Milónov no es el primer político que llama la atención sobre esta problemática. Vladímir Petrov, diputado de la Asamblea Legislativa de la óblast de Leningrado, también ha promovido iniciativas legislativas en la misma dirección, aunque no tan radicales como las de su colega Milónov. El proyecto de ley de Petrov se centra no tanto en la prohibición total de estas prácticas, sino en la regulación de los 'servicios' místicos, como obligar a todas las personas que se dediquen a ello a registrarse como empresarios autónomos y a someter su actividad al control de las leyes vigentes.

Pero la fe en el ocultismo no es solo cuestión de estafas. En diferentes épocas, varios seguidores de las artes esotéricas han intentado infiltrarse en las filas del poder y, desde ahí, promover sus ideas. Personas cercanas al poder comentan que, mientras ocupó el cargo de jefe adjunto del Servicio de Seguridad del primer presidente de Rusia, Borís Yeltsin, el general Georgui Rogozin favorecía todo tipo de prácticas místicas, por lo que llegó a recibir el apodo de 'El Merlín del Kremlin'. Se dice incluso que él mismo hacía horóscopos para Yeltsin. La era de los magos en el Kremlin culminó con el despido de Rogozin en 1996, después de que se hiciera público un caso de corrupción y financiación ilícita conocido como 'el proceso de la caja de Xerox'.

Sputnik News publica también una foto de la ocultista Eugenia Davitashvili, más conocida como Juna, junto al primer presidente de Rusia, Borís Yeltsin, tomada el 14 de febrero de 1994. Juna afirmaba que podía curar el cáncer, sanar a los inválidos y prolongar la vida de sus clientes hasta los 100 años.

Diputados paranormales

En otoño de 2016, la médium Ana Shérshneva, de 26 años, fue elegida por el Partido Liberal-Demócrata de Rusia (LDPR) como diputada en uno de los consejos rurales de la óblast de Briansk. Shérshneva ganó popularidad entre la comunidad ocultista cuando logró acceder a la final del concurso televisivo 'Batalla de Médiums', después de pasar pruebas como dar información sobre una persona sólo viendo su foto o encontrar un objeto oculto en una habitación. A pesar de sus éxitos, decidió finalmente abandonar el proyecto para dedicarse plenamente a la política.

El LDPR, del polémico Vladímir Zhirinovski, es el que más amantes del misticismo ha tenido en sus filas. En 1993, Anatoli Kashpirovski, conocido por enriquecerse realizando masivas sesiones de psicoterapia, consiguió un escaño en la Duma Estatal con ese partido. En la Cámara Baja del Parlamento, Kashpirovski no se pronunciaba muy a menudo, aunque cuando lo hacía destacaba por su estilo excéntrico.

El estrafalario Gleb Yakunin, un místico cristiano y también diputado por aquel entonces, se mostró preocupado por el hecho de que, en sus discursos, Kashpirovski podría haber hipnotizado a los legisladores para que éstos votaran a favor de sus iniciativas. Sin embargo, el propio Kashpirovski tachó de absurdas las acusaciones con las siguientes palabras: “Si hubiese tenido esa posibilidad, hace rato que hubiese hipnotizado al señor [Gleb Yakunin], no sólo para que dejase de andar en sotana, sino para que dejase incluso de ponerse ropa interior y jamás apareciera por aquí”.

En 2006, Anatoli Kashpirovski se vería implicado en casos de contrabando de sustancias tóxicas en la ciudad rusa de Cheliábinsk. Tras mantener varios enfrentamientos ideológicos con el líder del LDPR y tener problemas con la ley, Kashpirovski se mudó a EE.UU., donde a día de hoy continúa con sus prácticas esotéricas.

Un presidente para la eternidad

Durante la carrera presidencial de 1996, un ambicioso y extravagante aspirante presidencial llegó a prometer a sus futuros votantes la vida eterna y pagos mensuales de 12.000 rublos, cifra más que importante por aquel entonces. Se trataba de Grigori Grabovoi, un joven proveniente de Kazajistán que decía tener poderes sobre la muerte y que afirmaba ser la encarnación del mismísimo Jesucristo en su segunda venida a la Tierra.

El Ministerio de Justicia de Rusia acabó negándole la inscripción como candidato y más tarde las autoridades calificaron a su movimiento como una secta. En 2006 fue detenido y acusado de fraude a gran escala. Grabovoi llegó a prometer a los padres de los menores fallecidos durante el ataque terrorista a la escuela de Beslán que podía resucitar a sus hijos e hijas.

Uno de sus seguidores y lugarteniente de su movimiento afirmó tras la detención que no estaba preocupado ya que, según él, era conocido que Grigori Grabovoi “tiene la capacidad de teletransportarse” y “podrá desaparecer de su celda en cualquier momento”. Sin embargo, no fue hasta 2010 que pudo salir de prisión en libertad condicional y hoy día reside en Serbia. Tampoco pudo presentarse a las últimas elecciones presidenciales de Rusia Svetlana Peunova, partidaria de la teoría de que nuestro planeta será invadido por reptilianos de un supuesto planeta llamado Nibiru. Hoy día, Peunova se enfrenta a tres causas penales por fraude y lesiones graves.
(Fuente: InfoRies)

lunes, 31 de marzo de 2014


La Policía investiga hasta 48 crímenes relacionados con el ocultismo en los alrededores de Johannesburgo, mientras cunde el pánico entre la población, según explica Jaime Velázquez, el corresponsal del diario español ABC en Johannesburgo.
Thandeka Mogantesi y Chwayita Rathazayo, de 15 y 16 años, fueron encontradas sin vida el pasado 19 de febrero en un descampado de Dobsonville, Soweto, vestidas con sus uniformes del colegio. Presentaban cortes en las manos y en el cuello. Los investigadores hallaron velas negras y cuchillas de afeitar en la escena.
Dos compañeros de clase de las víctimas, Thiko y Tumelo, fueron arrestados en conexión con el asesinato. Desde la cárcel, declararon estar poseídos por el diablo. Fumaban porros, leían la Biblia satánica y sacrificaban animales. Bebían sangre.
Tumelo conoció el satanismo en un concierto, y comenzó a buscar información en Internet tras escuchar que esta práctica le traería poder y riqueza. Para los jóvenes de estos barrios marginales de Johannesburgo, víctimas frecuentes del maltrato y los abusos, salir de la miseria y el tormento parece obra de un pacto con el diablo.

Quemada viva
Es el último asesinato ritual que investiga la Policía sudafricana. En otro incidente separado, tres hombres fueron condenados a cadena perpetua el pasado jueves por el asesinato de una joven de 16 años. Hace meses, una menor fue quemada viva en un suceso similar.
Sólo en la comarca de Johannesburgo, la Unidad de Prácticas Religiosas Perjudiciales de la Policía investiga hasta 48 crímenes relacionados con el ocultismo en los últimos tres meses.
Los tabloides sudafricanos publican blanco sobre negro cada día nuevos supuestos casos, orgías satánicas de marihuana y sexo, acrecentando los temores de una sociedad donde las creencias en lo sobrenatural están profundamente arraigadas.

Aumento de jóvenes de raza negra en estas prácticas
El pastor evangélico Hennie de Jager, teniente coronel de la Policía y director provincial de la Unidad de Prácticas Religiosas Perjudiciales, convocó una rueda de prensa para alertar a los padres sobre el incremento del número de jóvenes, principalmente de raza negra, envueltos en prácticas ocultistas.
Según de Jager, los adolescentes son captados con promesas de riqueza y poder, se les administran drogas y se les obliga a participar en rituales que a menudo incluyen violencia y abusos sexuales.
De Jager pidió a los padres que estén atentos a cualquier signo de que sus hijos puedan haber caído en el satanismo. Los síntomas incluyen «rebelión, baja autoestima, consumo de drogas y alcohol, cambio de amistades, marcas en el cuerpo, maltrato animal, dejar de ir a misa con la familia o un interés inusual en libros o películas ocultistas».
La Policía no ha desarticulado hasta ahora ninguna secta que capte a adolescentes con estos fines y no ha aportado ninguna evidencia sobre la existencia de tales grupos. El coronel De Jager rehusó hablar con ABC para confirmar estos indicios y se remitió al contenido de su rueda de prensa. Pero los mensajes de las autoridades han desatado ya la psicosis colectiva.
«Es el pánico satánico», explica Nicky Falkof, doctora en Humanidades y Estudios Culturales de la Universidad de Witswatesrnad. «Es el pánico moral; un peligro imaginario en el que depositamos nuestros miedos. Nos facilita un enemigo que representa todos los males de la sociedad».
«Lo cierto es que no existe culto satánico en Sudáfrica. Los medios difunden la información y cuanto más hablemos de ello, más chicos emularán lo que oyen en las noticias, más chicos se llamarán a sí mismos satánicos. La mayoría encuentra la información en Internet, de grupos que se autodenominan satánicos o de propaganda ‘antisatánica’ de grupos evangelistas».
Pero los satanistas en Sudáfrica existen. Christina Engela, miembro de la Alianza Pagana de Sudáfrica y autora del estudio «Satanismo. La prueba del ácido», los cuenta entre sus amigos. El satanismo es una religión individualista, por lo que sus practicantes no suelen «reclutar» a otros miembros, asegura Engela. En Sudáfrica no existen iglesias satánicas y sus rituales suelen ser privados.
La asociación defiende los derechos en Sudáfrica de las religiones paganas, y rechaza que los ritos satánicos incluyan abusos sexuales, sacrificio de animales o violencia, aunque reconoce que puede haber grupos pseudo-satanistas que no conocen la religión y adultos que invocan el nombre del diablo para atemorizar o embaucar a sus víctimas.

Los satanistas se defienden
«La mayoría de los signos, como la cruz invertida o el número 666, no tienen en realidad nada que ver con el satanismo», asegura Engela a ABC. «Gente fácil de impresionar o con problemas sociales o psicológicos se identifican con la imagen que propagan los medios y comienzan a actuar de acuerdo con la leyenda creada por ellos, cometiendo abusos, asesinatos, porque eso es lo que se supone que hacen los satánicos».
Aunque sólo sea por algo que leyeron en Internet, aunque esas marcas que se dibujan en los brazos no tengan fundamento alguno, lo cierto es que algunos jóvenes sudafricanos han encontrado en el satanismo el vehículo para cometer las más terribles atrocidades.
«Los chicos del crimen de Dobsonville fueron víctimas de abusos. La gente con fuertes creencias místicas pueden llegar a identificar todo el mal que han vivido con el diablo. Creerán en ello realmente. Pero no se trata de eso. Lo que debemos preguntarnos es por qué tenemos una sociedad tan violenta, por qué nuestros jóvenes son capaces de estas atrocidades. Hay algo profundamente enfermo en este país».
«Es más fácil para nosotros no asumir la culpa. Si todo esto está ocurriendo porque nuestros jóvenes crecen en una cultura de violencia, entonces somos responsables. Si ocurre porque han sido envenenados por el satanismo, entonces no es culpa nuestra».

Al final de apartheid
La alarma por los crímenes rituales en Sudáfrica comenzó en los años 80, en los últimos años del régimen racista del apartheid, principalmente entre la minoría blanca que no se ajustaba a las reglas. El satanismo se asociaba con el divorcio, la homosexualidad; con la degeneración moral que traería el final de la segregación racial: el desmoronamiento de los valores minoría blanca sudafricana.
Hoy, apunta Falkof, es un mecanismo para «demonizar» a la juventud negra. «Es una buena manera de disciplinar a la juventud. En este país hay una gran tensión entre la modernidad y la tradición. Existe la percepción de que la juventud negra está fuera de control. No respetan el sistema, no respetan a sus padres como debieran. Los jóvenes son peligrosos y deben ser controlados», explica.
El «pánico satánico» ha cundido en los «townships» (municipios) azotados por el consumo de drogas, la violencia y la falta de expectativas de los jóvenes de la Sudáfrica post-apartheid. Lo utiliza, incluso, el gubernamental Congreso Nacional Africano. «La oposición es satánica», publicaron recientemente los tabloides, con enormes letras blancas sobre fondo negro.