"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)

lunes, 11 de mayo de 2020

El Jardín de Buda: la secta que protagoniza la serie documental “Holy Hell”.


FUENTE: Página 7

Al defender la libertad religiosa a través de la Primera Enmienda, Estados Unidos debe de ser uno de los países con más cultos religiosos del mundo, lo que también se ha traducido en la proliferación de distintas sectas a lo largo del tiempo, según explica Pablo Cabeza en el diario chileno Página 7. Para los que no tienen certeza sobre lo que eso significa, una secta tiene, por lo general, un carácter religioso que se aparta de las doctrinas tradicionales y que se vuelve “secreta” para los que no pertenecen a ella. Además, casi siempre tienen a un líder carismático que es el encargado de traspasar las enseñanzas que maneja.

A lo largo de la historia, nos hemos enterado por la prensa o el cine de innumerables sectas en las que sus protagonistas terminan viéndose involucrados en casos de abusos sexuales, explotación e incluso crímenes. Todo justificado por alguna verdad divina que carece de toda lógica. En este contexto, en los años 80 surgió un culto en West Hollywod, California (EE.UU.), liderado por un sujeto llamado Michel Rostand y que con el tiempo se llamó “El jardín de Buda”. Su historia puede apreciarse a través de un documental que dirigió Will Allen (hoy disponible en Netflix), tras pasar 22 años como miembro de esa secta, que tiene por título “Holy Hell.”

En 1985 y tras verse obligado a abandonar su casa a los 22 años, después de que su madre se enterara de que era homosexual, Will fue invitado por su hermana a participar de una comunidad alternativa de meditación y crecimiento personal a la que ella asistía hace nueve meses. El grupo era dirigido por Rostand, un líder carismático de voz dulce y que usaba lentes de sol, shorts y sudaderas. Poco a poco el grupo fue creciendo hasta superar las 100 personas, quienes intentaban encontrar un lugar en el mundo y sanar sus almas de viejas heridas.

Will, al haberse graduado como cineasta, se transformó en el documentalista de Michel y sus andanzas, sin imaginar que ese mismo material lo utilizaría años más tarde para denunciar la serie de abusos cometidos por este mesías. Con el tiempo, la relación del guía con sus fieles se volvía cada vez más compleja, pues según relataron los propios ex seguidores de esa secta en el documental de Will, el hombre fue trasladando esa devoción espiritual de los jóvenes, hacia su persona. En un momento llegó a contar con sus propios masajistas, cocineros, encargados de la limpieza, y otros incluso lo trasladaban en una especie de trono cuando necesitaba moverse.

Poco a poco algunos miembros comenzaron a irse y otros a indagar en el pasado de Rostand del que poco y nada se sabía. Este ajetreo provocó que en 1992 se mudaran a Austin, Texas, donde construyeron una amplia casa y un teatro. Y es que antes de convertirse en un líder espiritual, Michel probó suerte en el cine como actor y consiguió un papel casi como ‘extra’ en la cinta El bebé de Rosemary (1968). También incursionó en la danza, una pasión que mantuvo en todos estos años y que aplicó mediante clases a sus fieles y en espectáculos que ofrecían en el teatro de manera privada.

Las dudas sobre el pasado de Michel continuaban existiendo, y se descubrió que en sus años de juventud Michel también había protagonizado varios filmes pornográficos. En paralelo, comenzaron a surgir acusaciones de abuso sexual, lo que alertó a los miembros de la comunidad, puesto que todos tenían prohibido intimar, aunque igualmente lo hacían a escondidas, y sin imaginar que por años Michel se había relacionado sexualmente con varios miembros varones de la comunidad aun en contra de su voluntad, es decir, los había violado.

Finalmente, fue tal el escándalo que causaron estas revelaciones en la comunidad que varios integrantes le pidieron explicaciones al ‘gurú’ y terminaron abandonándolo a su suerte. Lamentablemente, varios otros permanecieron a su lado. De hecho, el mismo documentalista reconoció haber conversado con el mesías para pedirle que por favor disolviera esta secta y dejara a las personas en paz.

Fue así como el hombre se mudó a Hawái para empezar una nueva vida; sin embargo, fue seguido por varios miembros de la secta. Una vez en esa isla, Michel cambió su nombre a Andreas y volvió a reclutar nuevos fieles. En 2016 fue visto con un grupo de seguidores que lo cuidaban día y noche, tal como había ocurrido los últimos 30 años.

En el documental, se ve cómo Will va con una cámara escondida a hablar con Rostand para preguntarle sobre lo que estaba haciendo en Hawái, a lo que él responde muy tranquilo que estaba “viviendo la vida y disfrutando”. En tanto, cuando Will le comenta que tiene varios discípulos, él sonríe y agrega: “No, la gente va y viene, la mayoría está de paso”.

Si Rostand sigue haciendo lo suyo en Hawái, después del estreno de este documental en 2016 (fue estrenado en festivales y luego lo compró CNN), nadie lo sabe, pero lo cierto es que en cualquier parte del mundo existen millones de personas que necesitan creer en algo para mantener viva su fe y esperanza; y, por consiguiente, existen muchos otros falsos guías espirituales dispuestos a aprovecharse de esa “debilidad” humana.

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