"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)

sábado, 21 de marzo de 2015

Messi, Cristiano Ronaldo, Tevez, más importantes que Jesucristo… al menos para los seguidores de la IFU (Iglesia Futbolera Universal)


El fútbol como religión neo-pagana que aparta a los católicos de la Iglesia

         Es obvio que no estamos aquí hablando del simpatizante de un equipo de fútbol que asiste, de vez en cuando, al estadio; tampoco consideramos que “está mal” ver un partido de fútbol por televisión con un grupo de amigos y una “picada” de cerveza fría, salamines, papas fritas, aceitunas y muchas otras cosas más de por medio, cada tanto. No se trata de estigmatizar la pertenencia a un equipo de fútbol ni el sano y necesario esparcimiento, en medio de las agobiantes tareas cotidianas, puesto que la eutrapelia –la sana diversión- es una necesaria y recomendable virtud cristiana. De lo que hablaremos en este artículo, es de la idolatría del fútbol, que resulta de colocar al fútbol –tal como se lo entiende hoy, con su programación diaria, que se hace omnipresente por los medios de comunicación, con torneos de toda clase, a toda hora y de todo tipo, en todo momento del año y todos los días del año-, como el valor primero y exclusivo de la vida, que desplaza a los demás valores, hasta suplantarlos y eliminarlos a todos, empezando por Dios, continuando con la familia, y finalizando por la totalidad de los valores del hombre.
Es un hecho que, para la gran mayoría de los fieles católicos de hoy, es más importante el fútbol –el club, el equipo, los jugadores, los colores del club- que la parroquia, los sacramentos, la Misa, la confesión, la Eucaristía. Es un hecho que, para la inmensa mayoría de los católicos, son más importantes las declaraciones, no ya semanales, sino diarias, de las estrellas de fútbol, de los directores técnicos, de los periodistas deportivos especializados en fútbol, de los programas especializados en fútbol, que la prédica dominical del sacerdote, o que el Evangelio; es decir, es más importante, para estos católicos, lo que dice el fútbol –hablando en forma genérica-, que lo que dice Jesucristo, el Hombre-Dios, domingo a domingo, en su Iglesia. Con respecto a esto último, hay que recordar que faltar a Misa el Domingo sin un motivo verdaderamente grave, serio, es un pecado mortal, y así lo enseña el Magisterio de la Iglesia, en el Catecismo, en el Número 2181: “La eucaristía del Domingo fundamenta y ratifica toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio (cfr. CIC, can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave (mortal, N. del R.)”. Es decir, faltar a la Santa Misa dominical, atenta contra la santificación personal; esta es una verdad que enseña el Catecismo y así lo dice en el Compendio: “Los cristianos santifican el domingo y las demás fiestas de precepto participando en la Eucaristía del Señor y absteniéndose de las actividades que les impidan rendir culto a Dios, o perturben la alegría propia del día del Señor o el descanso necesario del alma y del cuerpo. Se permiten las actividades relacionadas con las necesidades familiares o los servicios de gran utilidad social, siempre que no introduzcan hábitos perjudiciales a la santificación del domingo, a la vida de familia y a la salud”. Sin embargo, este precepto, es tenido por cosa de poca o nula importancia por la casi totalidad de los católicos de nuestros días. Es un dato que se puede comprobar, sin mayores esfuerzos, en la gran mayoría de las parroquias de casi todos los países llamados “católicos”, que la casi totalidad de niños y jóvenes que finalizan la Primera Comunión y la Confirmación, abandonan la Iglesia, es decir, no asisten nunca más a la Misa dominical, ni acuden a la Confesión sacramental. Algunos, los menos, lo harán al momento de casarse; otros, cuando deban oficiar de padrinos de bautismos; otros, al momento de la muerte; la gran mayoría, nunca. Sin embargo, todos estos, en su gran mayoría, asistirán puntualmente al estadio de fútbol. Es decir, mientras en lo nominal seguirán siendo “católicos”, en la práctica habrán abandonado a la Iglesia Católica, para pasarse en masa y pertenecer a la “Iglesia Futbolera Universal” (IFU).
         ¿A qué se debe este fenómeno, que no es privativo de una sociedad o un país, como dijimos, sino que es de alcance universal? ¿Qué es lo que sucede?
         La respuesta no es fácil, pero trataremos al menos de esbozar un análisis de la situación. Como dijimos, en la práctica, esta gran masa de “católicos”, incapaces de practicar su religión católica, apostatan de la misma, para comenzar a practicar otra “religión”, una religión secular, profana, pagana, que los atrae en masa –como un gigantesco imán atrae a pequeños trocitos de hierro-, la religión del fútbol, por la cual son capaces, literalmente, de dar la vida. Es triste y penoso decirlo, pero se puede constatar cómo –literalmente- se iluminan las caras de los niños y de los jóvenes cuando se pronuncia el nombre de “Messi”, mientras que si se dice “Jesús”, la indiferencia, el hastío, el hartazgo, y hasta el enojo, son más que notorios. Lo mismo, en una conversación, o en una homilía: si el tema gira en torno a los goles de Messi, o de Cristiano Ronaldo, o de Riquelme, o de Osvaldo, o de Tévez, o de Teo, o del goleador de turno; o si el interés se centra en la Champions League, o en las clasificaciones para el próximo Mundial, o en los partidos de la Libertadores, o en la liga inglesa de fútbol, o en la liga de fútbol local, en la que intervienen equipos de décima categoría, no importa, siempre que sea fútbol, acaparará la atención de todo el mundo, y el futbolista, por ser futbolista, adquirirá un halo de semi-dios, cuyas opiniones, por banales que sean –“merecimos ganar, porque pateamos más al arco”-, ocupan grandes titulares de los medios de comunicación; cuando se retiran, por ser futbolistas, reciben el homenaje del Senado, les levantan estatuas, les dedican homenajes y discursos y los cubren de montañas de dinero. Todo esto sucede, no porque el fútbol sea malo, o porque los futbolistas sean malos, sino porque el fútbol ha sido desvirtuado y ha sido convertido en una religión secular, la “religión del fútbol”, que ha desplazado a la verdadera religión, la religión católica, y es esto lo malo, porque muchos, muchísimos católicos, por adorar a la falsa religión del fútbol, han dejado de adorar al Dios verdadero, Jesucristo, el día Domingo, cometiendo pecado mortal, al faltar a la Santa Misa, por asistir al estadio o por ver el partido por televisión.
         Este hecho, que el fútbol se haya convertido en una religión pagana, no es algo percibido (solo) por los sacerdotes; es algo tan evidente, que incluso hasta quienes no son sacerdotes, e incluso, hasta quienes son abiertamente hostiles a la religión, lo perciben y lo reconocen y lo manifiestan abiertamente. Como prueba de lo que decimos, reproduciremos un artículo periodístico -tomado de un medio secular, elmundo.es, hostil al cristianismo-, en el cual se publica, como llamativa por lo blasfema, una propaganda del club de fútbol español Getafe, y luego analizaremos a dos autores en donde se analiza este mismo fenómeno, el fútbol como religión secular.
En la mencionada propaganda del diario elmundo.es, se blasfema abiertamente, puesto que los personajes bíblicos –incluido el mismo Jesucristo-, se rebelan contra Dios, porque antes que Dios, primero está ¡EL EQUIPO DE FÚTBOL! Ahora bien, lo llamativo, con todo, en el spot publicitario, no es, lamentablemente, la blasfemia en sí misma, sino el “acierto” publicitario, es decir, la agencia publicitaria ha logrado captar lo que está en el ambiente católico: la apostasía. Lo único que hace el spot publicitario es reflejar el ánimo generalizado de la inmensa mayoría de los católicos: primero está el fútbol y después Dios; primero está el equipo, y después la Misa; primero está el partido, y después, o mejor nunca, la Misa. Eso es lo que refleja el anuncio publicitario blasfemo y sacrílego del Getafe: la apostasía masiva de la inmensa mayoría de los católicos, que prefieren acudir en masa a los estadios, o apoltronarse en sus sillones para ver los partidos por televisión, con cervezas frías y papas fritas de por medio, antes que acudir a la Santa Misa. Aunque parezca una irreverencia de la agencia publicitaria, en realidad, no es ni siquiera un “hallazgo” ni una idea original; es, simplemente, una mera constatación de la realidad; por eso, la queja posterior de la Iglesia española[1] hacia la agencia publicitaria estuvo de más y fuera de lugar porque en realidad, la queja debía dirigirse hacia sus propios bautizados. En la propaganda mencionada, los personajes bíblicos anteponen el equipo de fútbol antes que a Dios, que es lo que hacen, exactamente, domingo a domingo, millones y millones de católicos, a lo largo y ancho del planeta. Lo único que hizo la agencia publicitaria fue ponerlo de manifiesto. A continuación, el artículo del diario elmundo.es[2], en donde se analiza la propaganda del Getafe, y el análisis que de él haremos, de parte nuestra:
“¿La religión del fútbol? El spot hace una provocativa reinterpretación de la Biblia. ‘Hemos intentado no ofender, pero siempre se enfada alguien’, dicen los creativos. 11/07/2007. RAQUEL QUÍLEZ MADRID.-
“Negarás a Dios... y a tu padre y a tu madre, y a quien ose ponerse por delante si esa noche juega tu equipo. Ese es el mensaje que quiere transmitir la campaña de captación de socios del Getafe F. C. para la próxima temporada, pero a sus responsables se les ha ido un poco la mano. O quizás todo lo contrario”. Nada más acertado: el spot publicitario quiere transmitir la idea de que el fanático hincha de fútbol es capaz, LITERALMENTE, de negar a Dios –secundariamente, a la familia o a quien sea-, porque antes está el equipo de fútbol. Lo dice claramente el articulista del diario elmundo.es: “Negarás a Dios… Ése es el mensaje que quiere transmitir la campaña (del Getafe)”. Pero luego dice que “a los responsables se les ha ido la mano”, lo cual no es cierto, porque la negación de Dios por el fútbol, es una realidad; una triste realidad, pero realidad al fin y al cabo.
Continúa el artículo: “En publicidad, el principal objetivo es no pasar desapercibido y el nuevo anuncio del club madrileño impacta desde el primer segundo. Religión mediante. El spot, que se presentó en el Coliseum Alfonso Pérez, hace una provocativa reinterpretación de la Biblia. Uno tras otro se escenifican pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamento, mientras personajes como Abraham y su hijo Isaac, e incluso Jesucristo, van negando su devoción a Dios (¡Jesucristo se resiste a morir crucificado! N. del R.) para entregarse a divinidades paganas. Lo dejan claro: su equipo es lo primero”. Se vuelve a reafirmar la idea primera, pero con el agravante de que quienes niegan a Dios, prefiriéndolo por el equipo, son personajes bíblicas. Lo volvemos a repetir: no hay blasfemia “inventada” por el equipo de ideas de la agencia publicitaria: es una descripción de la realidad de cientos de miles de católicos, aficionados al fútbol, dispersos a lo largo y ancho del planeta, que dan la vida y se entregan a sus “divinidades neo-paganas”, las estrellas, los equipos y los clubes de fútbol.
Continúa el articulista, analizando a su vez al spot publicitario. En este tramo de la propaganda, viene la parte más dura, la blasfemia propiamente dicha: “Es la última maniobra del presidente del club, Ángel Torres, que ha puesto a esta localidad madrileña en el mapa gracias al excelente resultado de su equipo en la pasada temporada. ‘Escúchame bien, quién te crees que eres para pensar que mataría a mi propio hijo sólo porque tú me lo pidieras. Cómo puedes creer que condenaría a mi alma a vagar durante 40 años por el desierto...  Estás loco, loco, si piensas que arrancaría una costilla de mi propio pecho sólo por un capricho tuyo. Escúchame bien, por ti no... Antes está mi equipo’, dice una contundente voz en off, mientras se suceden escenas apocalípticas como la de un hipotético Adán lamiéndose la herida bajo el Árbol del Bien y del Mal”. Tremendas, impactantes, diabólicas y luciferinas, las respuestas de los personajes bíblicos a Dios, que se niegan a cumplir su Voluntad, tratándolo de “loco”, literalmente, porque “antes está mi equipo” (sic). Lo repetimos: no se trata de exageraciones publicitarias, aunque los mismos creativos publicitarios crean que ellos mismos han caído en la exageración: es una constatación de la triste realidad de cientos de miles de católicos que, si bien no la expresan literalmente a la rebelión contra el mandato dominical, como en el anuncio publicitario, lo hacen en silencio, en el interior de sus almas, y lo expresan con los hechos, asistiendo al estadio antes que a la Santa Misa.
Sigue el articulista de elmundo.es: “El anuncio es obra de una nueva agencia, El Ruso de Rocky, y sus creativos son Ángel Torres y Lucas Paulino. Ellos son los responsables de la idea, que, seguro, levantará polémica. “Es un ejercicio de exageración para mostrar el orgullo y sentimiento de un aficionado hacia su club, que supera casi a cualquier valor de la vida. Queríamos elevar a una escala superior los pequeños sacrificios que haces cada fin de semana por tu equipo, como inventarte una excusa para dejar plantada a tu mujer o dejar sin terminar el trabajo que tenías que entregar al día siguiente”, explica Lucas Paulino. Son muy conscientes de que su “metáfora” puede herir sensibilidades: “Está dirigida a los amantes del fútbol. Nosotros hemos intentado no ofender a nadie, pero con la publicidad siempre hay alguien que se enfada...”. El subrayado es nuestro: no es un “ejercicio de exageración” y no se trata de “pequeños sacrificios”: la dedicación al fútbol, en la gran mayoría de los casos, y en el contexto actual, requiere una alta dosis de sacrificio personal y existencial, porque además del dinero para las entradas y para pagar la televisión por cable, se necesita invertir en tiempo, para acompañar al equipo en sus desplazamientos y en sus partidos; por otra parte, en partidos importantes, o no tanto, los hinchas de fútbol son capaces de sacrificios que no los harían por su propia familia, como por ejemplo, pasarse horas y horas haciendo fila, para conseguir entradas para el estadio. Esto, sin contar que, en el fondo, el sacrificio mayor que impone el fútbol, es dejar de lado “amores menores”, como la familia –esposa, hijos, etc.- y, por supuesto, a Dios, porque primero “está el equipo”. Por esto decimos que no se trata de “pequeños sacrificios”.
Luego, el artículo finaliza con cuestiones menores, como que los actores son aficionados y no profesionales, y que la propaganda “valía la pena”, debido a la magnitud de los títulos logrados por el Getafe: “En la agencia creen que la ocasión lo merecía y han desarrollado una campaña a la altura del Getafe, que ha conseguido este año el hito de llegar por primera vez en su en su historia a la final de la Copa del Rey, y lograr la clasificación para la Copa de la UEFA”.
Para apoyar nuestra idea de que el fútbol se ha convertido en una religión neo-pagana que aparta a los católicos de la Iglesia, de la Misa dominical, del amor a Jesucristo y de la idea misma de Dios, continuamos analizando otros artículos relacionados con el tema.
Un autor sostiene que “en algunos países el fútbol ha llegado a ser casi una nueva religión. Mucha gente ha sustituido sus tradicionales lugares de culto y ahora asisten a los estadios para apoyar a su equipo con fervor. Su devoción incluye venerar a sus héroes futbolísticos, esperar horas para conseguir fotos o autógrafos, enfrentarse de forma pasional con quien menosprecie a su equipo, etc. En Argentina, incluso existe una parodia de religión alrededor del futbolista Diego Armando Maradona conocida como Iglesia Maradoniana. Para millones de personas el fútbol, el deporte que posiblemente moviliza a más gente en el mundo, ha ocupado el lugar que comúnmente tenía la religión”[3].
         Otro autor, esta vez un teólogo llamado Leonardo Boff[4], hace una analogía –utilizando un poco la ironía- entre los elementos que se encuentran en la liturgia, y el fútbol, para dar cuenta hasta qué punto el fútbol ha desplazado por completo a la religión. Dice así este autor: “Mirándolo bien, el fútbol para mucha gente cumple las características religiosas: fe, entusiasmo, calor, exaltación, un campo de fuerzas y una permanente apuesta de que su equipo va a triunfar. El espectáculo de la apertura de los juegos recuerda una gran celebración religiosa, cargada de reverencia, respeto, silencio, seguido de ruidosos aplausos y gritos de entusiasmo; ritualizaciones sofisticadas, con músicas y escenificaciones de las distintas culturas presentes en el país; presentación de los símbolos del fútbol (estandartes y banderas), especialmente la copa, que funciona como un verdadero cáliz sagrado, un santo Grial buscado por todos. Y está, dicho sea con respeto, la bola que funciona como una especie de hostia que es comulgada por todos. En el fútbol como en la religión, tomemos como referencia la católica, existen los once apóstoles (Judas no cuenta) que son los once jugadores, enviados para representar al país; los santos de referencia como Pelé, Garrincha, Beckenbauer y otros; existe demás un Papa que es el presidente de la Fifa, dotado de poderes casi infalibles. Viene rodeado de sus cardenales que constituyen la comisión técnica responsable del evento. Siguen los arzobispos y obispos que son los coordinadores nacionales de la Copa. Enseguida aparece la casta sacerdotal de los entrenadores, portadores del especial poder sacramental de poner, confirmar y quitar jugadores. Después vienen los diáconos que forman el cuerpo de los jueces, maestros-teólogos de la ortodoxia, es decir, de las reglas del juego, que hacen el trabajo concreto de conducir el partido. Al final vienen los monaguillos, los jueces de línea, que ayudan a los diáconos. El desarrollo de un partido suscita fenómenos que ocurren también en la religión: se gritan jaculatorias (estribillos), se llora de emoción, se reza, se hacen promesas divinas (Felipe Scolari, entrenador brasilero, cumplió su promesa de ir a pie, unos veinte km, hasta el santuario de Nuestra Señora del Caravaggio en Farroupilha si ganaba Copa ese año, como así sucedió), se usan amuletos y otros símbolos de la diversidad religiosa brasilera. Santos fuertes, orixás y energías del axé son evocadas e invocadas. Existe hasta una Santa Inquisición, el cuerpo técnico, cuya misión es velar por la ortodoxia, dirimir conflictos de interpretación y eventualmente procesar y castigar a jugadores o incluso a equipos enteros. Así como en las religiones e Iglesias existen órdenes y congregaciones religiosas, así hay ‘aficiones organizadas’.         
En el párrafo siguiente, el autor hace una observación muy interesante, que va a la esencia del asunto: el fútbol como religión falsa, secular, que reemplaza a la religión verdadera, al punto de condicionar la vida misma de los integrantes de la familia, lo cual se demuestra, entre otras cosas, que ya desde el nacimiento, los niños son incorporados, mediante el “bautismo”, al mismo club de fútbol de sus padres: “(las familias fanáticas del fútbol) Tienen sus ritos, sus cánticos y su ética. Hay familias enteras que se van a vivir cerca del Club de su equipo, que funciona como una verdadera iglesia, donde los fieles se encuentran y comulgan sus sueños. Se tatúan el cuerpo con los símbolos de su equipo y no bien acaba de nacer un niño que a la puerta de la incubadora ya es adornado con los símbolos del equipo, es decir, recibe ya ahí el bautismo, que jamás debe ser traicionado”.
El autor observa que, al igual que en la religión, en la que hay fanatismo e intolerancia, también se da en el fútbol, llegándose en este caso al extremo del fenómeno irracional de las denominadas “barras bravas”, en los que el prójimo es visto como un peligroso enemigo que debe ser agredido físicamente y eliminado, por el simple hecho de simpatizar con el club de fútbol rival: “En la religión existe la enfermedad del fanatismo, de la intolerancia y de la violencia contra otra expresión religiosa; lo mismo ocurre en el fútbol: grupos de un equipo agreden al equipo contrario. Apedrean autobuses y pueden ocurrir verdaderos crímenes, de todos conocidos, de hinchadas organizadas y de fanáticos que pueden herir y hasta matar a seguidores del otro equipo”.
Sin embargo, el extremo de la irracionalidad de la religión secular del fútbol se alcanza cuando el fútbol se convierte en una “cosmovisión”, esto es, en una “forma de entender el mundo y de dar sentido a la vida”, como sostiene el autor, porque eso significa que el desplazamiento de Dios como centro del alma ha sido total y absoluto: “Para muchos, el fútbol se ha vuelto una cosmovisión, una forma de entender el mundo y de dar sentido a la vida. Hay quienes sufren cuando su equipo pierde y están eufóricos cuando gana”. Mucho más que eso, hay quienes sufren depresión en distintos grados, hasta el extremo de quitarse la vida, cuando el equipo pierde, o bien, manifiestan buen ánimo, hasta la euforia, si su equipo gana. Es decir, el fútbol condiciona su vida, su existencia, su estado espiritual, emocional, y su equilibrio psíquico-social y afectivo.
Luego, el autor trae a colación el argumento de la religiosidad de algunos jugadores de fútbol, como un hecho positivo, lo cual, para nosotros, no tiene fundamento, porque se trata de un epifenómeno sin relevancia dentro de la religión secular del fútbol: “Pero la religión en sí misma también está presente dentro del fútbol. Diversos jugadores muestran su religiosidad de forma pública y hacen la señal de la cruz antes de los partidos. En África, se usan rituales tradicionales para ayudar a ganar los partidos importantes. Un caso particularmente notable es el de los futbolistas brasileños, que suelen ser muy religiosos y son conocidos como “atletas de Dios” por sus frecuentes referencias a la religión (algunos de ellos incluso regalan Biblias a sus compañeros y rivales)”. Sostenemos que esto no debe verse como un aspecto positivo, puesto que, por un lado, estos futbolistas son la minoría; por otro, muchos, utilizan “religiones” que, en realidad, son sectas animistas, como el umbandismo o santería; por último, en sí mismo, como afirmamos al inicio, este hecho no tiene ninguna incidencia en la utilización del fútbol como sustituto religioso falaz de la verdadera religión.
Para finalizar, sostenemos lo que dijimos al inicio: no estamos ni en contra del fútbol en sí mismo, ni en contra de los simpatizantes de fútbol, ni en contra de los futbolistas (por el contrario, somos los primeros simpatizantes de nuestra selección, ¡y estamos orgullosos de que nuestra Selección Nacional esté entre las mejores del mundo, y de que Messi sea el mejor jugador del mundo!): estamos en contra del fútbol tal como está organizado en nuestros días, en el siglo XXI, siglo caracterizado por el ateísmo, el hedonismo, el materialismo y el relativismo: estamos en contra del fútbol organizado, como dice Leonardo Boff, como religión secular, como religión neo-pagana, idolátrica, que aparta a los católicos de la adoración del Único y Verdadero Dios, Jesucristo, Presente en la Eucaristía, al robarle su día, el Día Domingo. Estamos en contra de la IFU (Iglesia Futbolera Universal) que roba los corazones de los hombres, para hacerlos adorar al ídolo neo-pagano de nuestros días, el fútbol.



[1] Cfr. http://archivo.marca.com/edicion/marca/futbol/1a_division/getafe/es/desarrollo/1015484.html; “La Iglesia pide la retirada del anuncio del Getafe. El Obispado de Getafe consideró "ofensivas" las imágenes de la campaña de publicidad del Getafe y confió en "el buen criterio y el sentido común" de los responsables de la entidad para que  suspendan su emisión. En un comunicado, el obispado señaló que el vídeo promocional, en  el que figuras como Cristo, Abraham, Moisés y Adán, entre otros,  niegan su devoción a Dios y reconocen que sólo se sacrificarán por su equipo de fútbol, "no es acertado" y consideró que ha causado "un  malestar generalizado" entre la población de Getafe. "Tanto es así que, junto al clamor popular, que considera las  imágenes claramente irreverentes y blasfemas, los medios de  comunicación nacionales, coinciden en señalar su carácter polémico y  provocativo", añadió. Por último, aseguró que si bien comprende que el contenido "es  responsabilidad" de la empresa publicitaria y que, "ni ellos ni los  directivos" del Getafe tienen "la pretensión de ofender a los  cristianos", el hecho es que las imágenes resultan "ofensivas".
[2] http://www.elmundo.es/elmundo/2007/07/10/comunicacion/1184084365.html
[3] http://www.granfutbol.com/religion.html
[4] El fútbol como religión secular universal; http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=649

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