"La humanidad no encontrará la paz hasta que no vuelva con confianza a mi Misericordia" (Jesús a Sor Faustina)

sábado, 16 de agosto de 2014

Homeopatía y energía vital


por Luis Santamaría 
12.08.14
A raíz de una reciente entrevista he empezado a recibir mensajes de queja por lo que los lectores suponen que es un ataque a la homeopatía. En las palabras dedicadas al tema, sobre el que paso por encima, simplemente me limito a decir que “es algo de lo que dudo mucho” y que “los científicos dicen que eso no sirve para nada”. Y no voy a profundizar más en el tema, del que otros podrán decir mucho más que yo en un debate la mar de interesante. Pero sí quiero llamar la atención sobre el hecho por el que yo me refería a la homeopatía, y que no tiene que ver estrictamente con esta peculiar medicina alternativa.
El pasado mes de junio, en medio de las fiestas patronales de Zamora, algunos carteles por las calles anunciaban de forma vistosa una conferencia –pública y gratuita, aclaraban– titulada “La homeopatía y la fuerza vital”, a celebrar en un salón de actos municipal. Echando una ojeada por Internet podía verse que no era sino el aperitivo para un evento de más consistencia: el denominado “Primer encuentro hispano-portugués de homeopatía avanzada y sensación vital”, previsto para el fin de semana siguiente en la sede de la Fundación Rei Afonso Henriques, dedicada precisamente a promover las relaciones entre España y Portugal (y en cuya web, por cierto, no encontramos ni rastro de esta actividad).
Uno oye la palabra “homeopatía” y piensa automáticamente en ese objeto de controversia que se basa en unos medicamentos muy concretos, efectivos para unos e inservibles para otros muchos (recientemente ha tenido lugar en varias ciudades de España un original acto de protesta conocido como “suicidio homeopático”, con el que se pretende demostrar la inutilidad de esta práctica terapéutica). Sin embargo, la publicidad de esta conferencia y su curso concomitante se salía un poco de lo estrictamente médico para hablar de “sensación vital” o “fuerza vital”.
En el díptico informativo del encuentro leemos, por ejemplo, bajo el epígrafe de la metodología: “ser parte de este camino divino; todo nuestro objetivo está dirigido hacia la comprensión de la persona que acude a la consulta en búsqueda de ayuda para curarse”. En cuanto al contenido del curso, tres puntos fundamentales: “Presenciarse a sí mismo a través de meditación. Entendimiento profundo de los principios homeopáticos y de la sensación vital. Introducción a la sensación”.
El encargado de estas actividades, bien publicitado en el material de propaganda, era el doctor Shekhar Algundgi, “uno de los profesores de la reconocida Academia Internacional de Homeopatía Avanzada The Other Song (Mumbai, India)”. Y allí estaba, en el edificio propiedad del Ayuntamiento, presentando su forma de ver la enfermedad y, en el fondo, el mismo ser humano. Antes habló una homeópata francesa, que contó su experiencia de cómo llegó a este mundo alternativo tras pasar por los estudios científicos y la industria farmacéutica.
Explicó el sufrimiento de la gente al tomar su medicación y su acercamiento a las terapias “con enfoque holístico”. Además, señaló el objetivo de la conferencia y del curso: “estamos aquí porque estamos preocupados y queremos compartir con vosotros nuestra experiencia para que podáis opinar vosotros mismos. Nos gustaría cuidar de vuestra salud tal como la entendemos, con un entendimiento más profundo”.
Y este “entendimiento más profundo” es el que expuso en inglés el homeópata indio, estrella invitada del evento. Comenzó aludiendo a la importancia de nuestros pensamientos premeditados y, por extensión, del poder de nuestra mente, para preguntarse sobre el ser humano: quién soy yo y qué quiero en la vida. Así, planteó algunas cuestiones a los asistentes, más de carácter metafísico que médico, como puede observarse: “¿cómo funciona el hombre en relación con el universo? ¿Cuáles son las leyes que rigen su salud y enfermedad?”. Muchos sufrimos –afirmó– por no afrontar la realidad y pedir ayuda, por miedo al qué dirán… Ante esto, “el darnos cuenta es la cura. Para entenderlo hay que descubrir el centro de donde surge todo, el gobierno del ser humano”.
A partir de aquí, Shekhar Algundgi puso las bases de su propuesta, citando un aforismo del Organon de la medicina, obra del alemán Samuel Hahnemann (1755-1843), considerado padre de la homeopatía: “en el hombre en estado de salud, la fuerza vital que dinámicamente anima el cuerpo material (organismo), gobierna con poder ilimitado y conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital”. Lo fundamental para el ser humano es, pues, la “fuerza vital espiritual”, y la vida no es más que una forma de energía. “No importa cómo la llamemos: alma, atman, etc.”, aseguró el indio. Desde estos presupuestos hay que entender la medicina: “lo que tenemos que ver en el paciente es la energía. ¿Y cómo verlo? Sólo podemos observarlo cuando nos quedamos en silencio y observamos a la otra persona, escuchando toda su conversación”.
En este momento, el doctor interpeló al público sobre su experiencia particular: ¿por qué, ante un primer contacto con las personas, unas nos gustan y otras no? Los asistentes contestaban, lo suficientemente insertos en este ambiente y este lenguaje: por la energía vital, por vibrar de la misma forma, porque las energías del mismo signo se atraen… Algundgi explicó cómo las personas “emitimos en dos frecuencias diferentes”, y cuando, por ejemplo, en una relación de pareja el varón sólo está interesado por el dinero y lo material y la mujer lo que quiere es afecto y amor, esto traerá consigo interferencias y, en último término, estrés. Ojo a lo siguiente: “la consecuencia será que, por fuera, en uno se manifestará como problemas de tiroides o diabetes. Así que no hay que tratar la diabetes, sino lo que hay detrás”.
De lo particular a lo universal, lógicamente: “esto es todo: la energía nos gobierna, y cuando esta energía se mueve armónicamente, el cuerpo y la mente se encuentran en armonía, pero si suena como música rock, todo nuestro ser se encuentra mal”. El ser humano tiene dos energías, según el indio: la mental y la física. Y ambas están interrelacionadas de tal forma que “uno no puede decir que tiene una parte del cuerpo enferma y que él no lo está… ¿Se puede tratar sólo una parte del cuerpo sin tratarlo todo entero?”. De ahí la necesidad de un tratamiento holístico, que entienda al hombre en su globalidad: “si tenemos que tratar al individuo, hay que tratarlo a nivel físico, mental y espiritual”.
Y continuamos con las afirmaciones peligrosas: “la enfermedad no es más que una inestabilidad en la energía. Cualquier desajuste en mi mente influirá directamente en lo demás. Actuando en un nivel superficial… al final esto puede llevarme a la muerte. Para recobrar la salud debemos tender a un balance energético… así no tendremos ningún síntoma de nada y mantendremos nuestra salud”. Éste fue, en resumen, el contenido de la conferencia pública y gratuita. Por supuesto que no acudí al encuentro hispano-portugués, que ya no era público ni gratuito (con un coste de matrícula entre 150 y 200 euros). Lo reseño porque suele ser la técnica habitual: charla-anzuelo gratuita y actividad posterior normalmente no barata.
Visto todo esto, algunos dirán: ¿y qué tiene de malo? De hecho, muchas veces nos quejamos del enfoque de la medicina convencional (o alopática), por algunas de sus características: el abuso del recurso a los fármacos; la “parcelación” del paciente en órganos que, como si de compartimentos estancos se tratara, son estudiados por especialistas diferentes sin una perspectiva de la persona completa; la falta de atención a la relación psicofísica, entre el cuerpo y la mente (y no digamos el olvido de la dimensión espiritual de la persona), etc. Tenemos que reconocerlo: hay disfunciones en el sistema médico oficial, que a pesar de su buen hacer necesita dar pasos para mejorar.
Sin embargo, hay que estar alerta ante todas estas propuestas alternativas que nos pueden llevar al campo de la pseudociencia y a un terreno propicio para la manipulación y el fraude. Muchas personas acuden a estas técnicas y a estos sanadores como su última esperanza después de haber pasado por muchos médicos y consultas. Palabras rimbombantes, promesas de curación fácil y simplificación de las cosas por medio del recurso a energías, chakras, sintonía con la naturaleza, equilibrios y balances, suelen esconder tras de sí una falsa oferta que se aprovecha de la fragilidad humana promoviendo más bien un pensamiento de tipo mágico, de espaldas a la realidad.
¿Cuánto tiempo más tendremos que ver las consecuencias de todo esto? Familias destrozadas, esperanzas defraudadas, carteras vaciadas y personas desencantadas son, al final, el efecto de algunas de estas propuestas terapéuticas alternativas. Y eso cuando no acaban con la vida del paciente, en ocasiones debido al abandono del tratamiento “serio” por culpa de la elección –sugerida desde fuera– de “otras” opciones. No importa –podría decir el doctor Algundgi– porque, al final, la muerte “es porque sale el alma, la energía se va”. Y como la energía ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma… “el alma se va a la naturaleza, la transformamos de una forma a otra”. Así de sencillo. Ojo, pues, a todas estas propuestas alternativas.

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